Identidad, insistencia, memoria, desplazamiento, resto o permanencia. Si hay algo que une a muchas poetas españolas nacidas en las últimas décadas, no es una escuela, no es un manifiesto. Es, quizá, una manera de mirar. Una escritura que desconfía de las grandes afirmaciones, que se acerca a lo íntimo sin exhibirlo y que trabaja con lo mínimo: el cuerpo, la memoria, lo cotidiano, como si en lo pequeño se jugara todo. Andrea Bernal, Elena Medel, Berta García Faet, Luna Miguel o Lorena Llorente, entre otras. Poéticas de la no imposición acompañadas de música de la no imposición: Olafur Arnalds y sus grabaciones de cerca, donde se escucha cada roce, cada respiración; Johann Jóhan Johannsson y su sonido que aparece sin imponerse; Händel (bien interpretado) supone siempre una emoción contenida. Bruch y ese canto que no estalla, sino que se sostiene o Bach interpretado por Vikingur Ólafsson, puro pensamiento.