Si cierras los ojos y puedes mantenerlos así un ratito van a pasar varias cosas que vas a notar: la primera que el oído crece. Se agudiza. Capta más detalles. Y la segunda. Al crecer tu poderío de escucha, las imágenes acuden a tu encuentro, porque el oído, queridos amigos, está justamente relacionado con eso, con el recuerdo y con la imaginación. Con los ojos cerrados es como quiero que recibáis la interpretación del Nuevo Octeto de Viena del Septimino de Beethoven, o a la Academy of San Martin in the Fields con la Siciliana de la Suite Pelleas et Mellisande de Gabriel Furé; o que os metáis En la Noche de Schumann a través de la voz de Fatma Said, soprano egipcia de timbre claro, luminoso y flexible, para que veas -con los ojos cerrados que In Der Nach es lo contrario de noche oscura. Y no los abras hasta que veas cruzar el lago J a El cisne de Tuonela de Sibelius con la Berliner Phiharmoniker.