Ampliamos en dos programas nuestro análisis de la inmortal, súper-épica, Cuarta Sinfonía de Anton Bruckner (versión de 1881).
Bruckner realmente inventó una nueva perspectiva sonora en el mundo de la sinfonía: es lo que Byung-Chul Han llamaría "el demorar contemplativo", y Eugenio Trías (sobre Bruckner mismo) denominó "espacio extraordinariamente ampliado [...] tiempo empujado hasta sus más remotos confines [...] hacia celestiales longitudes"...
El inicio de esta Sinfonía es legendario: la trompa anuncia la llegada del amanecer (según Bruckner mismo), uno de los amaneceres más gloriosos de todos los tiempos, y le sigue un tema heroico, como de un John Williams espiritualizado o decimonónico. Hay un Tema B en este primer movimiento, que él llamó "murmullos del bosque, la canción del pájaro carbonero". Y tras la Exposición se despliega un Desarrollo cósmico, que parece celebrar un renacimiento desde las cenizas hasta el lento estallido de la vida. La Reexposición confirmará esta magnificación de la existencia, como un Resurrexit.
Hermann Kretzschmar dijo que era "una sinfonía del bosque", con el bosque "consolador en tiempos de tribulación". Esto se cumple en el segundo movimiento, que tiene algo de marcha fúnebre en la inmensidad nocturna del bosque, tiene una "serenata" (según Bruckner mismo") y una plegaria.
La próxima semana completamos esta memorable Cuarta Sinfonía. En Bruckner siempre encontraremos certidumbre, quietud, y serenidad majestuosa, junto con ese "aroma del tiempo" que vindica Byung-Chul Han y que nos redime del "burnout". Felices grandezas contemplativas, queridas y queridos,,,