Las cuñas de RNE   Los santos inocentes: capítulo 4, El cárabo 07.05.2021 00:49

El señorito Iván siempre ha alardeado de habilidades y posesiones ante sus invitados. Símbolo de posición económica y social, la caza es, además, una de sus grandes pasiones. Así que en cuanto se abre la temporada, Iván aprovecha las cacerías -habituales en el cortijo- para lucir su destreza ante los invitados y deslumbrarles con la pericia de la mejor de sus posesiones: el olfato infalible de su “secretario”, Paco el bajo. Fue precisamente Paco el que le instruyó en el arte de cazar, y poco tiempo pasó hasta que Iván le marcó la raya que nunca debía traspasar: la que separa al que dispara del que se arrastra para recoger las piezas. Igual que en la sociedad, en la caza cada uno debía ocupar su lugar.

El señorito Iván utiliza estas reuniones para sus intereses personales; por eso invita a políticos, a nobles y e incluso a embajadores. Mantiene su presión y control sobre lo que está pasando en España porque la estabilidad de la dictadura le beneficia, y defiende las grandezas del régimen ante el embajador francés, al que pretende dar una lección de cultura y modernidad…

Pasan los días y Azarías cuida con cariño de la grajilla, su nueva Milana. Su presencia desaliñada y salvaje molesta a la Marquesa, que calma su moral cristiana y su conciencia dando unas monedas al servicio. Sin embargo, su hija Miriam sí sentirá cierta compasión por el pobre diablo de Azarías, por la niña chica y por esas pobres gentes que trabajan para ellos.

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