Nos lo temíamos: el teletrabajo nunca llegó para quedarse. Teniendo en cuenta que los Servicios Públicos prestados por funcionarios deben ser atendidos de manera presencial, existen otro tipo de actividades susceptibles del trabajo en remoto. Analizamos la caída de las cifras del teletrabajo tras la pandemia con Lucía Velasco, del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad, con David Blay, periodista deportivo y autor del libro "Por qué no nos dejan teletrabajar", con Mireia de las Heras, profesora de Gestión Humana en IESE Business School, con José Varela, responsable de Digitalización de UGT y con las voces de dos trabajadores con realidades distintas que han optado por uno u otro modelo.
Visitamos las oficinas de ING, un banco holandés que ya estaba probando esta modalidad antes de la pandemia y que ha decidido apostar definitivamente por un sistema de confianza en el trabajador basado en la flexibilidad, el trabajo por objetivos y la libertad..
Un triángulo de confianza en el empleado que pivota sobre la base de la conciliación y su salud física y emocional, y que además, según sus estudios internos, ha derivado en una mayor productividad. Nos lo cuentan su actual director general de Recursos Humanos, José Amoretti, y dos trabajadores de la firma que comparten con nosotros cómo esta fórmula ha cambiado, para bien, sus vidas, y ha mejorado su compromiso con la empresa.
A pesar de que son numerosos los informes en los que los empleados aseguran que desearían teletrabajar más días a la semana en los puestos que así lo permiten, la mal entendida cultura presentista instaurada a fuego en nuestro país sigue yendo en sentido contrario a la natural evolución digital de los países más avanzados. En España pasamos muchas más horas en la escuela y en la oficina que la media europea, pero eso no se traduce más que en uno de los mayores índices de fracaso escolar y en una escasa productividad, en un alto absentismo laboral y en un buen número de bajas que deriva en gasto para la Seguridad Social. Un modelo que, de momento, pocos se han atrevido a cambiar.