La primavera ya está aquí, y entre ataques de alergia entramos en el último trimestre de la temporada. Hoy seguimos maravillándonos con el contrapunto, pero esta vez nos centramos en su forma aparentemente más sencilla, aunque esconde un auténtico rompecabezas matemático: el canon.
¿Qué es exactamente? Una sola melodía que se persigue a sí misma. Como corredores que salen de la meta con unos segundos de diferencia, la voz original se solapa y tropieza consigo misma, pero está tan bien calculada que genera una armonía perfecta en lugar de un caos incomprensible.
Lo ilustraremos desgranando desde el famosísimo canon de Pachelbel o Frère Jacques, hasta los asombrosos cálculos a distintas distancias de las Variaciones Goldberg de Bach. Pero también habrá tiempo para el humor escatológico e irreverente de los cánones que Mozart cantaba con sus amigos, la elegancia romántica de César Franck, y la apabullante bestialidad matemática de Josquin des Prez, capaz de tejer un monumental coro de 24 voces a partir de tan solo cuatro líneas escritas.