Detenido un ingeniero de OpenAI acusado de ocultar una grabadora en una sala de reuniones
- La compañía presume de que con sus propios modelos de inteligencia artificial identificó al empleado
- No hay indicios de extracción de código, filtración de datos de clientes o de parámetros de modelos de IA
Agentes federales han detenido a un ingeniero de OpenAI acusado de colocar en la sede principal de San Francisco una grabadora oculta en una sala de reuniones de directivos. Tanto la Fiscalía como la compañía de inteligencia artificial no han hecho público el arresto, ocurrido el 9 de octubre, hasta ahora, ya que el trabajador ha comparecido el 13 de octubre ante un tribunal. La empresa sostiene que sus modelos de inteligencia artificial ayudaron a su identificación. Después se le despidió.
El detenido se llama Abdulrahman Alfozan, de 35 años y nacionalidad saudí, llevaba trabajando en OpenAI desde 2025. Ha sido acusado de intentar "utilizar un dispositivo para interceptar comunicaciones orales". Bajo custodia federal, tiene audiencia prevista para el 19 de octubre, según el comunicado del FBI.
Una grabadora escondida detrás de un televisor
A finales de septiembre, alguien del personal de la compañía descubrió la grabadora, conectada al puerto USB en la parte trasera del televisor de la sala de reuniones. Según la información recopilada por la Fiscalía, estaba escondido en papel higiénico. La sospecha es que llevaba allí desde el 28 de septiembre. El comunicado afirma que el contenido estaba cifrado, pero no se especifica en ningún momento qué información ha sido recuperada. La versión coincide con la facilitada por la empresa tecnológica que recurrió a sus modelos de inteligencia artificial para investigar la procedencia del aparato.
Según la agencia Reuters, el dispositivo tiene el tamaño de un pulgar, lleva micrófono y puede conectarse a una cámara, que no se sabe si estaría activada. Según las fotos publicadas en X, se trata de un aparato de grabación minúsculo. Se puede comprar en internet por unos 12 euros.
El análisis mediante IA de OpenAI
Lo más curioso de este caso es cómo ha conseguido OpenAI dar con el supuesto culpable de espionaje. En un comunicado publicado en X, se expone cómo un caso en el que la inteligencia artificial ha ayudado a resolver una amenaza de seguridad interna y, de paso, sacar pecho de lo que es capaz su propia tecnología. Apenas se han dado detalles de qué procedimiento se ha seguido ni las comprobaciones realizadas, por lo que es difícil evaluar hasta qué punto los sistemas de IA identificaron al trabajador.
Ante la publicación de OpenAI, han salido voces a cuestionar los publicado. Es el caso de Marco Figueroa, responsable de programas de detección de fallos de seguridad en IA generativa de Mozilla, que ha afirmado que “encontraste un dispositivo de espionaje en tu oficina y, de alguna manera, has hecho de la investigación del FBI una demostración de tu producto de inteligencia artificial”. El comentario critica abiertamente que se haya comunicado el asunto públicamente.
Y el famoso Jacob Coxon, el ingeniero que advirtió del fin del mundo en redes sociales tras abandonar Anthropic, también ha querido dejar un breve comentario en redes sociales: "La IA lo planeó (mal, la IA lo resolvió. Pronto todo se verá así, con niveles crecientes de sofisticación".
A falta de saber qué datos se podrían haber filtrado
Todo está en el aire. Desde OpenAI nadie ha revelado si hay indicios de que el empleado identificado como causante del intento de espionaje haya accedido o extraído código fuente, datos sensibles de clientes o parámetros internos de sus sistemas de IA. Por parte del FBI, Kash Patel, su director, ha afirmado que la intención de esconder el dispositivo era captar conversaciones privadas sobre la tecnología de “superinteligencia” de la compañía de Sam Altman. Aun así, todavía hay que constatar el contenido registrado, si es que al final ha sido así.
Según la denuncia, como se ha hecho eco la agencia Reuters, el ingeniero utilizó un asistente de productividad inteligente para recabar datos sobre las salas de reuniones, desde ubicaciones y aforos hasta calendarios de reservas. A principios de octubre, el personal de seguridad encontró un dispositivo de grabación similar en una bolsa de Alfozan, el empleado acusado. En caso de ser culpable, se enfrentaría a un máximo de cinco años de cárcel, 225.000 euros de multa y tres años de libertad supervisada.
Tras semanas de noticias de agentes de IA descontrolados y anuncios apocalípticos a causa de la tecnología, parece que ahora toca el turno a las tramas de espionaje industrial.