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Guadalupe, supervivente de violencia sexual: "No dije que no, tampoco que sí, no estaba en condiciones de decir nada"

  • Junts y PP retrasan la aprobación definitiva de la ley del 'solo sí es sí', que pone el consentimiento en el centro
  • Los sentimientos de culpa, las pesadillas y los problemas de rendimiento escolar y laboral son algunos de las secuelas más habituales

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14 horas - Ser consciente de una violación años después

Incomprendida, sola, aislada, rechazada, sucia o avergonzada. Cada una de estas palabras es alguno de los sentimientos que han acompañado a Guadalupe durante su vida. Hoy tiene 53 años, dice que ya se encuentra bien, pero durante muchos años no ha sido así. No es que no quisiera, es que no podía. Su historia es la de una superviviente de violencia sexual. Guadalupe sufrió abusos de un familiar cuando era muy pequeña y a los 15 años el chico que le gustaba la violó.

Durante toda mi infancia, mi adolescencia y una parte de mi juventud me daba igual morirme

"Durante toda mi infancia, mi adolescencia y una parte de mi juventud me daba igual morirme. Cuando me enteré de lo que me habían hecho, fue muy duro porque una nunca quiere creer que una persona que debería cuidarte te ha hecho daño de esa manera tan repulsiva. Después, cuando me enteré de que lo que viví de adolescente era una violación, sentí una especie de alivio porque yo pensaba que lo que me pasaba era porque estaba desequilibrada", reconoce.

Guadalupe supo que la habían violado cinco años después de que sucediera. Estaba mirando un diccionario y allí descubrió que, aunque no gritó ni se resistió, su amigo la había violado. "Yo no había dicho que no y por supuesto tampoco había dicho que sí, porque no estaba en condiciones de decir nada. Me sentí muy sucia, muy culpable... Después, al leer que cuando alguien se aprovecha de una persona que está bajo los efectos de las drogas o el alcohol es una violación, fue cuando entendí todo", nos cuenta.

Muchas al principio se cuestionan si lo que han vivido ha sido un abuso

La recuperación de las víctimas muchas veces requiere meses e incluso años. Por la consulta de la psicóloga Ángela París, especializada en violencia contra la mujer, han pasado cientos de mujeres. Mujeres con estrés agudo y con estrés postraumático, que son los diagnósticos que explican las secuelas más habituales.

"Muchas al principio se cuestionan si lo que han vivido ha sido un abuso. Además, hay mucho sentimiento de culpa y la idea de qué se podía haber hecho para evitarlo pulula durante mucho tiempo. También es habitual que revivan la situación traumática como si la estuvieran experimentando otra vez y muchas evitan sitios parecidos al lugar en el que sucedió. También suelen tener pesadillas, problemas con la alimentación y con el rendimiento escolar y laboral", apunta.

Terapia para aprender a vivir con ello

Muchas mujeres, explica París, llegan a la terapia queriendo olvidar lo que ha pasado y, aunque reconoce que no es posible, sí asegura que se puede aprender a vivir con ello. La terapia, un entorno que acompañe y un proceso judicial breve —si es que se recurre a la Justicia— son fundamentales. Además, muchas mujeres buscan, nos cuenta, otras formas de expresión. Guadalupe encontró su refugio en la naturaleza y los animales y más tarde en la lectura y la escritura. Y lo ha hecho a través de un poemario en el que no relata las experiencias, pero sí comparte sus sentimientos. A través de la escritura, ha encontrado una forma de canalizar un dolor que, al principio, le resultaba insoportable.

Las claves para recuperarse de una violación: apoyo, terapia y tiempo

Reconoce que la primera vez que ya no sintió ganas de morirse fue cuando conoció a su marido. Tenía 30 años y fue, cuenta, la primera persona que la creyó, escuchó y apoyó. "Recuerdo perfectamente tener ganas de vivir y pensar que ya no me quería morir. Y esa sensación me resultaba sorprendente porque no la conocía. Mi familia se había puesto de parte del abusador —en el caso de los abusos que sufrió de un familiar. Me dijeron que estaba loca, que era muy sensible y que exageraba y que no tenía ninguna importancia. Su actitud me hacía muchísimo daño, me resultaba insoportable y cuando rompí con ellos fui la mala de la película. La mayoría de gente dejó de hablarme y algunos incluso me increparon", reconoce Guadalupe con la voz entrecortada.

Me dijeron que estaba loca, que era muy sensible y que exageraba

La importancia del relato social

París destaca que se necesita, además, un relato que no ponga la mirada en cómo han actuado estas mujeres. Remarca también la importancia de formar a los profesionales y de crear recursos especializados como son los centros de crisis que contempla la 'ley del solo sí es sí'. Actualmente, hay dos en España, uno en Madrid y otro en Asturias, y se deberá crear uno por provincia.

En estos años, reconoce la terapeuta, ha vivido muchas situaciones particulares, pero hoy recuerda una: cuando el policía que tomaba declaración a una chica que acababa de sufrir una agresión, empezó a cuestionar su testimonio. "Nos encontramos en muchos casos traumas mucho más desarrollados por lo que ha pasado después que por la agresión en sí", lamenta. Es importante, dice, que entendamos que no existen patrones de comportamiento y que hay que respetar que cada mujer desarrolle su recuperación como quiera. "Cada persona es un mundo y muchas lo llevan como pueden, lo que significa que el sentido de la reparación puede ser diferente. Hay mujeres que necesitan el reconocimiento y reparación que les aporta un proceso judicial y hay otras mujeres que solo necesitan ponerle nombre a lo que ha pasado y entenderlo", explica.

El doble discurso, reconocen las dos, sigue muy presente. Por un lado, está el que apoya a las mujeres y por otro el que, en pleno año 2022, sigue apuntando su discurso sobre el comportamiento de ellas. Discursos que siguen poniendo la responsabilidad en las mujeres, en que no hay que salir solas ni hay que fiarse, lamentan.

Hay que respetar que cada mujer desarrolle su recuperación como quiera