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Paulo Coelho publica 'Aleph', una novela espiritual basada en experiencias personales

  • Narra un viaje en el Transiberiano que se convierte en una odisea espiritual
  • Coelho es uno de los autores más leidos y con más seguidores en internet
  • 'Aleph' tiene los ingredientes para convertirse en un nuevo best-seller

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Un escrito de éxito en las redes sociales

Paulo Coelho (Río de Janeiro, 1947) autor de best sellers como El peregino de Compostela o El Alquimista (uno de los 10 libros más vendidos en el mundo en el año 1998) es uno de los autores más populares de nuestro tiempo. Su obra ha sido publicada en más de 170 países y traducida a 73 idiomas

Ha vendido más de 135 millones de ejemplares de sus novelas y es, según Planeta, la "segunda celebridad más influyente" en Twitter donde le siguen más de 2 millones de personas. Además cuenta con más de 6, 5 millones de "likes" en Facebook.

Su propio blog www.paulocoelhoblog.com forma parte del argumento de su última novela, Aleph.

Aleph

264 páginas

Editorial Planeta

Publicado en septiembre de 2011

Un escritor mundialmente famoso, creyente, cristiano  -la nota final del autor deja dudas de que es el propio Coelho- decide tras una conversación con su maestro espiritual, pasar a la acción para conectar con el universo espiritual "paralelo" en el que él cree.

Y así propone, en vez de realizar la típica gira promocional, en este caso por Rusia para dar a conocer su libro, realizar un larguísimo viaje de dos meses en tren (el transiberiano) para detenerse en muchas ciudades y mantener encuentros con lectores. Hasta aquí todo más o menos normal.

Un viaje espiritual de 9.288 kilómetros

Pero nuestro protagonista no es un hombre del montón. Por su relato en primera persona, sabremos que ya anteriormente retrocedió hasta vidas pasadas. Sabe que en siglo XV fue un dominico cuyo testimonio podría haber salvado a varias mujeres acusadas de brujería por lnquisición, pero calló y eso le atormenta ahora.

Casi nada en el larguísimo viaje de 9.288 kilómetros, entre Moscú y Vladivostok -pasando por siete usos horarios diferentes- entra dentro de lo común. El escritor viajará con una pareja de editores un tanto anodina y Yao, un traductor chino-brasileño  que será un gran apoyo para el famoso escritor; con él mantendrá largas charlas filosóficas y luchas de aikido.

Ya desde Moscú, se unirá a la expedición una jovencísima violinista llegada expresamente de Ekaterimburgo:  Hilal. Podría ser una fan enloquecida ya que se presenta diciendo que sabe que un texto que él escribió en su blog estaba destinado a ella y que quiere unirse al peregrinaje promocional.

El autor brasileño aceptará que les acompañé. Y ella será pieza clave en sus ejercicios para retroceder a través de los siglos, hasta Córdoba en 1492  y explicarse ese episodio que ahora turba su mente.

Experimentos con el tiempo y el espacio

Así resumido, está claro que lo mejor de la novela no es su argumento, en el que encontramos algunas tramas cogidas por los pelos. Será esté sin duda, el que "enganche" de nuevo a millones de lectores en todas las lenguas.

Pero, quizás lo más destacado de la nueva historia de Coelho es la experimentación que emprende su doble en la novela para conectar con el mundo trascendente. El viaje espiritual de esta novela -mejor narrado si cabe que el físico- hará que interese además a otros lectores; aquellos que creen en la existencia de un universo espiritual paralelo al nuestro.

"Aleph Interesará a todos los que creen en un universo espiritual paralelo al nuestro"

Acompañado de Hilal encontrará en el tren ese Aleph que da título a la novela y que  la Tradición mágica define así: "un punto en el Universo que contiene todos los demás, presentes y pasado, pequeños y grandes". Una increíble experiencia trascendente a la que sumará la práctica del Anillo Dorado (imaginar tumbados que un anillo recorre nuestro cuerpo para soñar con el pasado).

La eternidad es el presente

El propio tren en el que viaja el literato con su pequeña corte de asesores sirve de metáfora para explicarnos la existencia humana o el futuro después de la muerte. "El tiempo no pasa", asegura Coelho y concluye "solo es el momento presente. Aquí, en este momento en el que escribo está mi primer beso y el sonido del piano que mi madre tocaba (...). Y soy todo lo que fui y todo lo que seré"

Para consolar al traductor Yao de la pérdida de su mujer, Coelho le regala una teoría muy hermosa: "Imaginemos un tren: no puedo ver lo que hay en el vagón de delante, pero hay gente viajando en el mismo tiempo y en el mismo espacio que yo. El hecho de que no podamos hablar con ellos, saber lo que ocurre en el otro vagón, es absolutamente irrelevante, están ahí".

Y confirma su creencia en "otras vidas" con estas palabras: "La vida es un tren con muchos vagones. A veces estamos en uno, a veces estamos en otro. A veces pasamos de uno a otro, cuando soñamos o nos dejamos llevar por lo extraordinario"

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