Presentado por: Diana Dzhalalova Dirigido por: Alexey Motorin

Serie concebida para que el viajero pueda -en tan solo 24 horas- visitar lo más significativo y llevarse una impresión completa de una ciudad.

Serie concebida para que el viajero pueda -en tan solo 24 horas- visitar lo más significativo y llevarse una impresión completa de una ciudad. ¿Qué merece la pena visitar? ¿Dónde comer bien sin gastar demasiado? ¿Qué rincones sorprendentes no aparecen en las guías? Tan solo un día para conocer parques, museos, restaurantes, mercados¿

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Para todos los públicos Visítame en un día - Episodio 7: Bolonia - ver ahora
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Bolonia.

Te puedes enamorar de una ciudad en un solo día. ¿No me creéis?

Os he preparado un recorrido que podréis seguir con facilidad

y que no requiere demasiado tiempo ni dinero.

Hoy me sumergiré en un torbellino de aromas y sabores.

Qué delicados son.

Súper sabrosos.

Visitaré Hogwarts.

Tienes la sensación de que aparecerá Dumbledore

y pronunciará el conjuro Lumos.

Me sentiré como Cenicienta en manos de un hada madrina.

Antiguamente, esta ciudad se llamaba Bononia,

que significa “tierra rica en bienes”.

Y se la conoce también por “la roja, la gorda y la docta”.

Que la llamen roja es comprensible.

Soy Diana Dzhalalova,

y estoy aquí para averiguar por qué la llaman gorda y docta.

Vamos allá.

Supongo que ya habréis averiguado que estoy en Bolonia.

Si os pregunto dónde está la torre inclinada más alta del mundo,

seguramente me diréis que en Pisa.

Pero no es así, está en aquí, en Bolonia.

La torre Asinelli mide 97 metros de altura.

A su lado se levanta la torre Garisenda.

Estas dos torres gigantes

son los monumentos más emblemáticos de Bolonia.

Por algo la llaman la ciudad de las torres.

Y por esa razón mi recorrido comenzará aquí.

Cuentan que estas torres fueron construidas

por dos poderosas familias de Bolonia:

los Garisenda y los Asinelli.

Por supuesto,

cada familia quería que su torre fuera la más alta y las más bella.

Los constructores tenían prisa,

y cuando una de las torres empezó a inclinarse,

tuvieron que detener los trabajos.

En la Edad Media había mucha gente en la ciudad

que competía entre si de formas muy peculiares.

En aquella época no existía la televisión ni Internet.

En ese contexto,

construir torres parece un entretenimiento bastante razonable.

Llegó a haber unas 180, pero solo 20 han sobrevivido.

Se puede subir a la torre Garisenda por 4,50.

Hay 500 escalones, así que como solo dispongo de un día,

creo que me lo voy a saltar.

Además de las torres,

Bolonia también es la ciudad de los soportales,

que en su centro histórico se extienden a lo largo de 40 km.

Caminar por ellos es muy agradable.

No tienes que preocuparte del calor en verano

ni de la lluvia en invierno.

Cuando se fundó la universidad,

llegó a la ciudad una avalancha de estudiantes.

Necesitaban alojamiento, y para poder alojarlos se les ocurrió

ampliar el espacio interior de los pisos altos,

y así surgieron los soportales.

La única condición era que un jinete pudiera pasar por debajo.

Los soportales de Bolonia han sido candidatos para obtener

el reconocimiento de patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Hemos llegado a la plaza Mayor.

Hay mucho que ver aquí:

el Palacio del Podestá o la Basílica de San Petronio,

pero en realidad busco otra cosa.

Y ahí está, es la fuente más emblemática de Bolonia.

La están restaurando,

pero eso no impide que podamos admirar a Neptuno.

Hubo un tiempo en el que los residentes de la ciudad

se congregaban en esta plaza para discutir sobre asuntos candentes,

como poner o no ropa a la estatua de Neptuno,

ya que el escultor fue acusado de indecencia.

Pero la gente votó en contra, y Neptuno permanece desnudo.

La estatua de Neptuno está en la plaza Mayor de Bolonia

desde mediados del siglo XVI.

Después de que terminara la construcción de la fuente,

se aprobó una ley que prohibía terminantemente

lavarse las manos en ella.

Los infractores serían castigados con 50 latigazos,

lo que casi equivalía a una pena de muerte.

Los estudiantes dan vueltas alrededor de la estatua

antes de los exámenes porque les da buena suerte.

Lo justo sería que a cualquiera que de vueltas alrededor de la fuente

le favorezca la suerte, sea estudiante o no.

Bolonia es una de las capitales culinarias de Italia.

También es la ciudad más importante de la Emilia-Romaña.

Y de esa región proceden el queso parmesano, el jamón de Parma,

el vinagre balsámico y muchos otros manjares gastronómicos.

Por eso, los italianos llaman a Bolonia “la gorda”.

En el centro de la ciudad hay muchas tiendas de alimentación históricas.

Esta charcutería está abierta desde 1932,

y se toma muy en serio su reputación

Estas estanterías repletas de productos cárnicos trufados

son una auténtica maravilla.

Entiendo perfectamente porqué apodan a Bolonia “la gorda”.

Y aquí tienen un producto muy especial: mortadela.

Es un embutido que adoran en Bolonia, vamos a probarla.

Huele casi como la salchicha rusa.

Y de hecho, el sabor es bastante similar.

La mortadela lleva carne de cerdo, sal y pimienta.

La receta es sencilla.

Aunque a mí no me gusta demasiado el embutido

y en mi país no suelo comprarlo, la mortadela me encanta.

Pero lo que sí me vuelve loca es el queso.

Así que tengo que probar el famoso parmigiano reggiano.

Es el rey de los quesos italianos,

y dicen que cura todas las enfermedades.

Dios mío, cómo huele.

Increíble, tiene la textura perfecta.

Ni demasiado seco, ni demasiado acuoso,

como debe ser el auténtico parmigiano reggiano.

Ya me he decidido, voy a comprar la mortadela y el parmesano.

Me han prometido que estos manjares llegarán a Moscú

en perfectas condiciones;

los demás productos que he comprado los enviarán a mi hotel.

Ya sabemos porqué se conoce a Bolonia como “la roja y la gorda”.

Y ahora vamos a descubrir porqué la llaman también “la docta”.

Alma Mater studiorum: la madre que nutre los estudios.

Ese es el lema de la universidad de Bolonia.

Por cierto, es la más antigua de Europa.

La Universidad de Bolonia se fundó en el año 1088.

En la época era conocida como Studium,

y para poder estudiar aquí,

los alumnos contrataban a los profesores que impartían las clases.

Actualmente,

es una de las universidades más prestigiosas del mundo;

y sin embargo, no es excesivamente cara.

La atmósfera del lugar es increíble, casi mística.

Tienes la sensación de que aparecerá Dumbledore,

y pronunciará el conjuro Lumos.

El edificio de la universidad es cautivador y enigmático,

con sus largos y oscuros pasillos, sus volúmenes de libros antiguos

y sus emblemas decorando las paredes. Me recuerda a Hogwarts.

El palacio del Archiginnasio,

antigua sede de la universidad de Bolonia

y que hoy acoge una biblioteca,

cuenta con uno de los mayores legados heráldicos que existen,

con alrededor de 7000 escudos, pintados o esculpidos,

que han sobrevivido a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial,

y que son todo un testimonio del paso de los alumnos

por la Universidad.

Curiosamente, la universidad no tiene un símbolo representativo,

como el que posee la Universidad Estatal de Moscú.

Y aunque la de Moscú no es tan antigua como la de Bolonia,

también tiene carácter y belleza.

Todo esto me hace sentir nostalgia de la facultad de periodismo,

de mi alma mater,

y de cuando era estudiante de primer año y me perdía por los pasillos.

Tengo que visitarla cuando vuelva a mi país; la echo de menos.

¿Sabéis por qué no se ve a muchos estudiantes por aquí?

Porque están todos en via Zamboni.

Es la calle más animada y bulliciosa de Bolonia,

el corazón de la vida estudiantil.

Y ahora mismo voy hacia allí.

Pero, en el trayecto os enseñaré un lugar secreto.

En el número 18 de la calle Piella

se encuentra una pequeña joya algo menos conocida de Bolonia.

Aquí, hay una ventanita desde la que se ve el canal de la pícola Venecia.

Dicen que si te asomas por ella con tu pareja,

vuestro amor se fortalecerá.

En cuanto llegué a vía Zamboni, desapareció mi sensación de soledad,

porque está llena de gente.

En general, los estudiantes son iguales en todas partes,

da igual en qué universidad estudien.

Cuando el aire huele a primavera, están deseando salir a la calle.

La gran mayoría de estudiantes de la Universidad de Bolonia

son de izquierdas,

así que las reuniones antifascistas son muy habituales.

Se percibe el espíritu de resistencia.

Aún me quedan muchas cosas por hacer hoy pero, un momento, ¿qué ocurre?

¿Por qué aplaude todo el mundo? Este joven acaba de graduarse.

Enhorabuena, te deseo lo mejor en tu carrera.

¿Qué has estudiado? Derecho.

Un futuro abogado, y recién graduado en la universidad de Bolonia.

Así es como se debe celebrar una graduación,

con fuegos artificiales y todo.

Me siento muy afortunada por poder presenciar

cómo se celebra una graduación en Bolonia.

Es súper divertido. Me dan ganas de participar a mí también.

Resulta que la canción más que una felicitación es una maldición,

porque la letra es un tanto obscena.

Pero todo forma parte de la tradición.

De hecho, en muchas culturas,

te maldicen para no gafar tu buena suerte.

La letra de la canción dice:

“Licenciado, licenciado, te puedes ir al carajo.

Espero que el graduado no se haya ofendido.

Me gustaría brindar a su salud, y sería fantástico comer algo.

Sé que por aquí cerca hay un restaurante magnífico

donde sirven la mejor pasta de la ciudad.

En Bolonia no veréis estudiantes hambrientos.

La ciudad está llena de restaurantes

que se adaptan a cualquier gusto y presupuesto.

He elegido este por una buena razón.

Sus clientes son cantantes, escritores, poetas y actores.

Incluso Angelina Jolie y Brad Pitt han probado su pasta especial.

Ahora me toca a mí.

¿Y qué es obligatorio comer en Bolonia?

Me diréis que espaguetis a la boloñesa, cómo no.

Pues creo que os voy a decepcionar: ese plato no está en el menú.

En Bolonia,

la salsa de carne se sirve siempre con tagliatelle al huevo.

Deliciosos, los tagliatelle están tiernos

y muy bien acompañados por la salsa de carne.

A mí me parece una combinación maravillosa.

Y ahora entiendo porqué a la gente del lugar le encanta este plato.

Creo que sería increíble agasajar a mis amigos con este plato

y pienso hacerlo.

Bolonia es famosa por su pasta,

así que no olvidéis llevaros un poco a casa.

Y tratad de buscar algún lugar donde la hagan a mano, como este.

Hola, me gustaría comprar pasta, ¿cuál es la más típica de aquí?

Los tortellini, por supuesto, puedo enseñarte a hacerla.

Me van a enseñar a hacer pasta con mis propias manos.

Haremos auténticos tortellini,

siguiendo la receta tradicional italiana.

Me recuerdan a los dumplings o a los pierógui.

Solo que en vez de carne picada utilizan mortadela.

Coge un pedacito.

Miradme, soy como una “mamma” italiana.

Me siento como la típica matriarca de una familia italiana.

Ven a aprender este verano. Quiere que haga un curso de verano.

Aunque aquí en verano hace mucho calor.

Pero aunque haga muchísimo calor, me enseñarán a hacer tortellini.

Para nuestros pequeños Giuseppes. ¿Quién es Giuseppe?

Quién sabe, a lo mejor mi futuro hijo.

Los tortellini no deben cocinarse más de un minuto

para que la masa quede tierna y el relleno no pierda su sabor.

¿Tan rápido?

Ahora entiendo por qué todo el mundo compra tortellini.

Te los llevas ya preparados

y lo único que tienes que hacer es hervirlos 30 segundos, y listo.

Es una gran chef.

Qué delicados. Y súper sabrosos.

Me dan ganas de quedarme en Italia.

Exquisitos. Probadlos.

Os aconsejo que en Bolonia compréis alimentos en vez de otro suvenir.

La gente aprecia mucho los regalos comestibles.

Están tan ricos que me da igual engordar un kilo más.

Habréis observado que en Bolonia no paro de comer.

Está todo tan rico que es imposible resistirse.

Es evidente que cogeré algo de peso,

así que será mejor que vaya caminando

hasta la siguiente parada de mi itinerario.

Casi todos los lugares emblemáticos están muy cerca unos de otros,

se puede ir a pie.

Mirad con quién me he encontrado.

Es un auténtico bichón boloñés, otro emblema de Bolonia,

que no hay que confundir con el bichón maltés.

Qué preciosidad, ¿Es un boloñés? Sí.

Es un perrito boloñés.

Aquí no existe lo que llamamos pasta a la boloñesa,

pero sí crían perros boloñeses.

¿Puedo acariciarlo? Sí.

¿Cómo se llama? Appi.

Eres un buen chico. Qué bonito.

Estos perros tienen un temperamento muy dulce y amistoso.

Mirad, qué gracioso es.

Qué ricura, es un cachorrito boloñés.

Creo que me he perdido.

Me he dejado llevar un poco por mi entusiasmo.

Pero sé dónde ir en busca de ayuda.

Quiero ir al Museo de la Música, pero no sé la dirección exacta.

Hay un centro turístico por aquí, me podrán orientar.

Admito que los mapas no son lo mío, pero la simpatía te lleva muy lejos.

¿Sería tan amable de decirme cómo llegar al Museo de la Música?

Está aquí mismo, en la Plaza Mayor.

Vaya hacia las Torres, y después de pasarlas, gira a la izquierda.

Es fácil. Muchas gracias.

¿Puedo llevarme el mapa? Sí.

Te puedes llevar el mapa. Es gratis.

Este hermoso palacio del siglo XVI

alberga numerosos instrumentos de compositores europeos famosos,

y cientos de partituras de incalculable valor.

Este museo estaba en mi lista de tareas pendientes.

Debería preguntarle a uno de los funcionarios

qué es lo que no me puedo perder.

¿Podría decirme qué es lo más importante de la exposición?

Es que tengo poco tiempo.

¿Tiene diez minutos? Sí, claro.

Le mostraré lo más interesante.

Aquí está el hombre que reunió esta colección excepcional.

El Padre Giovanni Battista Martini

fue el mejor profesor de música de su tiempo.

Nació en el siglo XVIII, y jóvenes músicos de toda Europa

venían hasta aquí para que él los instruyera.

El padre Martini tuvo gran influencia

en los músicos de su época.

Christoph Gluck, Johann Sebastian Bach, Giuseppe Tartini y otros

consideraron un honor figurar en su galería de grandes músicos,

y enviaron ellos mismos sus retratos a Martini.

Este instrumento tiene dos filas de teclas.

Es lo que lo distingue del piano o el clave convencional.

Para poder tocarlo se necesitarían siete dedos en cada mano.

¿Y por qué lo construyeron? Porque en el siglo XVI,

la teoría era más importante que la práctica.

Se conoce como el archicémbalo de Vicentino,

y lo inventó el compositor y teórico musical del Renacimiento

Nicola Vicentino.

De esta especie de clavicordio sólo existe un ejemplar, por cierto.

Y tiene 125 teclas.

Tenemos el manuscrito original de El barbero de Sevilla.

La ópera más importante e influyente de Gioachino Rossini está aquí.

Y está escrita a mano ¿verdad?

También guardan la primera partitura impresa

que apareció en Venecia en 1501.

No me extraña que por conservar tales tesoros,

la UNESCO declarara a Bolonia "Ciudad de la Música”.

Gutenberg inventó la imprenta para imprimir textos.

Y el italiano Ottaviano Petrucci fue el primero que imprimió partituras.

Si os decidís a venir a Bolonia,

os recomiendo que dediquéis más tiempo a este museo.

Sobre todo, teniendo un recepcionista

tan encantador y amante de la música.

Gracias, adiós. Adiós.

Acabo de recordar que todavía no me he comprado ropa, ni zapatos.

Y eso no puede ser porque esto es Italia,

un país con productos de calidad y exclusivos.

No me iré de aquí con las manos vacías.

He encontrado algo realmente único: una tienda de zapatos hechos a mano,

y que se adaptan perfectamente a la medida de nuestros pies.

Los zapatos italianos son célebres por su calidad.

Hasta el país tiene forma de bota. Voy a probármelos.

Buenos días. ¡Hola!

¿Qué número calza? El 37.

¿Le gusta este modelo? Me gusta, sí.

La historia de muchas marcas italianas se asemeja bastante:

Una pequeña empresa familiar que se convierte en un imperio

con cientos de tiendas en todo el mundo.

El volumen de producción de esta es muy pequeño,

pero cada par de zapatos es único.

Madre mía, qué zapatos tan cómodos, son como zapatillas.

Para mí, que camino todo el día por tantas ciudades,

son la solución perfecta.

La última vez que mi madre me ató los cordones yo era una chiquilla.

Pero aquí se esfuerzan tanto en complacer a sus clientes

que te miman como a un niño.

Tiene una piel muy suave, parece terciopelo.

No sé de qué tipo de piel se trata, pero es súper suave.

Además me queda perfecto. Es un 37 justo.

El servicio es impecable,

se esmeran con cada cliente y te hacen sentir especial.

Normal que la gente venga aquí.

Aquí, unos zapatos cuestan unos 225 euros,

y si queréis que os los hagan a medida algo más de 300.

No son baratos, pero estos zapatos, además de cómodos,

son una auténtica obra de arte.

Todo el mundo debería tener unos zapatos como estos.

Yo también hacía esto cuando era pequeña

pero perfilaba la silueta de mis manos, nunca de mis pies.

Es la primera vez que hago esto.

Me enviarán los zapatos directamente a Moscú.

Y ahora voy a conocer al maestro zapatero que los hará.

Mirad qué belleza, puede que no tenga un aspecto muy glamuroso,

pero para mí todo esto es un auténtico tesoro.

Los zapatos hechos a mano hoy en día son una rareza,

y poder ver cómo los hacen me parece increíble.

¿Por qué hace zapatos de mujer? ¿De dónde le viene la inspiración?

Mi padre empezó a hacerlos en 1930.

Lo hacía tan bien que sus zapatos se llegaron a vender en Hollywood.

Los compraban actrices famosas; a Marilyn Monroe le encantaban.

Y yo, viendo trabajar a mi padre, me enamoré del oficio.

Murió hace mucho tiempo,

pero todo lo que él me enseñó se lo he transmitido a mis hijos.

Aunque han pasado muchos años, Otello sigue fabricando zapatos

con los mismos materiales que usaba su padre, es una tradición familiar.

Esperaré con anhelo a que lleguen mis zapatos.

Siempre me recordarán a Bolonia

y, por supuesto, a este maravilloso taller.

He cumplido el programa que tenía previsto para hoy,

y ha llegado el momento de divertirse.

Pero antes iré a arreglarme al hotel, está en el centro.

Los italianos aman la música, y Bolonia no es una excepción.

He planeado algo especial para esta noche, pero tengo que darme prisa.

A los boloñeses les encanta el jazz, incluso se celebra un festival.

He encontrado un sitio

donde por lo visto se escucha el mejor jazz de la ciudad.

Y será verdad, porqueestá lleno.

Al hablar de música italiana, lo primero que nos viene a la mente

son las arias de La Traviata de Verdi

o las bandas sonoras de Ennio Morricone.

Pero aquí también aprecian el jazz. Lo vais a comprobar vosotros mismos.

Parece que la velada está llegando a su fin.

Ha sido una experiencia increíble.

Realmente os recomiendo que si venís a Bolonia

no dejéis de escuchar jazz.

Tengo que decir que he disfrutado muchísimo este viaje,

y que siempre guardaré el recuerdo de Bolonia en mi corazón.

Y os aseguro que un día es suficiente

para sentir y amar esta maravillosa ciudad.

Bolonia se despide de mí con lluvia,

y casi parece lo más apropiado porque siento ganas de llorar.

Creo que es una de las ciudades más infravaloradas de Europa.

Al principio me parecía un lugar apacible y tranquilo,

con una intensa actividad artística y cultural

pero descubres otra Bolonia, sientes su espíritu rebelde y apasionado.

Me voy porque me espera otra ciudad. Soy Diana Dzhalalova.

Nos vemos muy pronto. Hasta la vista.

Visítame en un día - Episodio 7: Bolonia

25:04 18 mar 2021

En Bolonia nos reciben las majestuosas Torres Assinelli y Garisenda y su espectacular centro histórico está reconocido por la Unesco. Diana hace un recorrido por la Plaza Mayor, el Palacio de Justicia y la Basílica de San Petronio, y por supuesto la imponente fuente de Neptuno.

Contenido disponible hasta el 14 de diciembre de 2023.

En Bolonia nos reciben las majestuosas Torres Assinelli y Garisenda y su espectacular centro histórico está reconocido por la Unesco. Diana hace un recorrido por la Plaza Mayor, el Palacio de Justicia y la Basílica de San Petronio, y por supuesto la imponente fuente de Neptuno.

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