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Para todos los públicos Últimas preguntas - Vuelta al interior - ver ahora
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Saludos amigos, muy buenos días

y bienvenidos una semana más a "Últimas preguntas".

Les invito a que se queden con nosotros,

porque creo sinceramente

que van a disfrutar de esta conversación.

Hoy está con nosotros Pablo D'Ors.

Él es sacerdote, es escritor,

fundador de la asociación Amigos del Desierto.

Pablo, buenos días.

Buenos días, encantado de estar con vosotros.

Muchas gracias de verdad por estar, aunque sea así,

en la distancia con una pantalla por medio.

Pero bueno, benditas tecnologías

también que nos permiten mantener conversaciones

en estas circunstancias.

Me gustaría comenzar comentando

porque ahora que estamos empezando a salir de casa y demás,

hay muchas personas que hace dos meses

cuando se declaraba el estado de alarma,

pues les angustiaba tener que estar en casa

y en principio iban a ser 15 días.

Y ahora, sin embargo, dos meses después,

muchas personas reconocen que no ha sido tan malo,

incluso que ha estado muy bien.

¿Esto qué reflexión, reflexión nos puede llevar?

A mí me parece que es una buena noticia,

porque una de las enfermedades en nuestra sociedad

es que estamos siempre hacia fuera y casi nunca hacia adentro,

que luego degenera en activismo, degenera en estrés,

degenera en la incapacidad de recibir y precisamente,

quedarnos en casa y, sobre todo, como suelo decir a menudo,

entrar en la propia casa,

pues es toda una aventura que merece muchísimo la pena,

y si la gente empieza a sentir

las ventajas de beneficio de todo esto,

pues bueno, yo no diría solamente a la gente,

diría yo mismo.

Yo mismo he podido tener una vida más ordenada

y más monacal,

como me gusta y más silenciosa de la que habitualmente tengo.

Si bien es cierto que he tenido muchísimo trabajo,

esto también es verdad, pero es distinto hacerlo en casa

no te estás yendo de aquí para allá continuamente.

Claro.

Y podemos entender también este tiempo un poco de,

iba a decir de parón, claro, es que depende de los casos.

Estoy pensando en padres,

madres de familias que han tenido que hacer de padres,

de profesores,

seguir adelante con su trabajo, parón ahí desde luego poco.

Pero bueno, es verdad que también hemos vivido durante este tiempo,

hemos vivido el tiempo de Cuaresma, hemos vivido la Semana Santa

desde el ámbito espiritual de relación con Dios

y puede haber sido, cuanto menos,

una puerta abierta

a iniciar un camino un poco más de intimidad.

Yo creo que sí,

yo te pongo un ejemplo de lo que me ha pasado a mí,

mi trabajo pastoral como sacerdote

es animar una red de meditadores que se llama Amigos al Desierto.

Y esto estos grupos, que hay como 50-60 grupos en España,

pues normalmente se reúnen semanalmente

para su práctica de meditación y ahora, lo que ha pasado,

es que ellos han continuado reuniéndose

vía Zoom precisamente

como estamos hablando también nosotros ahora.

Pero además de eso,

se ha planteado un encuentro semanal para todos.

Y bueno,

pues digamos que se ha intensificado la práctica meditativa,

la práctica espiritual.

Y luego no cabe la menor duda

de que cuando uno tiene una situación socialmente adversa,

pues casi de manera automática uno se remite hacia su interioridad

o hacia su fe religiosa si la tienen.

Yo creo que...

Yo creo que una cosa muy significativa

es que los templos vacíos, los templos vacíos,

son un claro signo, son un claro signo

de que de alguna manera hemos de replantear

o renovar o mirar cierta perspectiva,

nuestra vida religiosa y espiritual.

Ciertamente,

la ausencia exterior en cierta medida ha estimulado

y ha incentivado un trabajo interior o sea que yo soy bastante,

digamos, esperanzador en este punto.

También nos hemos planteado,

yo creo y ha surgido ahora un poco en esta contestación,

esta respuesta que nos daba, algunos interrogantes.

Por ejemplo, el tema...

Yo creo también que durante este tiempo

se han dado distintos contrastes.

Por un lado, en esa oportunidad de hacer cosas

que en otro momento no habíamos hecho

en el interior de nuestra propia casa

y tal vez en el interior de nuestra propia vida,

crear un ambiente.

Se ha creado incluso un ambiente a las personas en las familias

donde directamente no les había tocado

ningún caso de personas enfermas e incluso fallecimientos,

pues a veces hemos visto también incluso un ambiente festivo.

Pero por otro lado, empatía, de decir:

"A mí no me ha pasado nada. En mi casa no ha pasado nada".

Desde el punto de vista sanitario estamos hablando,

pero está pasando en el mundo.

Le está pasando a mucha gente que está a mi alrededor,

como que hay muchos contrastes.

Este es solo un ejemplo que se me ocurre.

Yo creo que, por ejemplo, lo que está pasando

de a las 20:00 de la tarde aplaudir

y el canto este, "Resistiré", ¿no?

Para mí reflejan que hay una gran necesidad

de una ritualidad social,

de expresar colectivamente lo que nos está pasando.

Yo creo que eso es muy bonito y muy necesario.

También corre el riesgo, como todo lo que se repite,

de vaciarlo de contenido, de que no sea un rito,

sino una rutina, que degenere en ritualismo y que, por tanto,

se pierda su función y su sentido,

o sea que también ahí hay que estar,

los agentes sociales han de estar, o hemos de estar atentos

para, de alguna manera, renovar, insuflar y seguir creando.

Se habla, se está comenzando a hablar,

aparte de lo que está por venir desde el punto social.

Desde el punto de vista social, económico, sanitario.

Hay voces que ya hablan de un nuevo orden social.

¿Estamos abiertos a nuevos desafíos o al final,

dentro de un tiempo,

cuando ya haya una vacuna y un tratamiento eficaz,

volverá todo a ser lo mismo? ¿Qué impresión te da?

Esa pregunta la traslado a la Iglesia,

que es el ámbito en el que yo me muevo,

fundamentalmente aunque también trabajo

con mucha gente alejada de la fe cristiana.

Pero la Iglesia está dispuesta a que haya un antes y un después

de este acontecimiento.

Es decir, va a entender la Iglesia

que los templos vacíos son un signo de los tiempos.

La realidad es que los templos no es que se hayan vaciado ahora

sino que llevan vaciándose décadas

y se seguirán vaciando en el futuro.

Entonces, este vacío puede ser la otra cara de la moneda

de la plenitud?

Esta es la cuestión. La única respuesta posible es:

Lo será si somos capaces de inhabitada en ese vacío

y entrar en él, no intentar volver a llenarlo

como si aquí no hubiera pasado nada.

Y en ese vacío

pues saber, saber esperar, saber mirar.

Yo creo que la reforma o la renovación

o la nueva evangelización, como como decía el Papa,

va por la vía de la contemplación, va por la vía de la espiritualidad.

De lo que más necesitados estamos es de espíritu.

Y para mí, esta ocasión de ahora es clarísima para insuflar,

una nueva manera de trabajar

que no sea tan de acción, de actividad tras actividad.

Porque yo creo, fíjate, que no hay que hacer muchas cosas,

sino que hay que hacer las cosas que hay que hacer.

Es distinto.

Y las cosas que hay que hacer seguro que no son muchas

y son las que tienes que hacer realmente.

Entonces yo me auguraría una iglesia

y por analogía también un Estado.

O sea, que realmente hiciera lo que hay que hacer,

no tantas y tantas cosas.

Al final, pierde.

Yo, por ejemplo, en estos días creo que...

Veo que ahí, en el fondo de donde tú estás,

hay un montón de libros, también en donde yo estoy

hay un montón de libros, pero no hay tantos.

Una de las cosas que he hecho en estas semanas

es empezar a limpiar y ver qué libros son más importantes

y cuáles menos.

Y aquí ves, justamente la parte de atrás,

que hay algunos huecos vacíos, porque...

Porque menos es más, menos es más.

No sé, que yo diría,

yo resumiría todo lo que me gustaría transmitir

en tres palabras, que son la palabra "interioridad",

sobre la cual hemos hablado poquito.

La palabra "solidaridad".

Que también hemos hablado al hablar de la ritualidad

y de significado social, y todo esto, y la palabra...

La palabra "austeridad",

es decir siguiendo lo mismo de "menos es más".

Esta experiencia nos puede ayudar a la integridad,

a la solidaridad y a la austeridad.

Pero claro, si no es sostenida, sino es alentada, difícilmente.

Y para eso estamos los agentes espirituales,

para alentar ese movimiento hacia el "menos es más".

Una reflexión interesantísima y como muy bien decía

para el propio seno de la propia Iglesia,

que al igual que las madres en nuestras casas

hemos reorganizado muchas cosas

y nos hemos quedado con lo esencial.

Al fin y al cabo,

a pesar de que al principio se nos proponían un montón

de actividades con los niños,

al final creo que hemos puesto sentido común

y hemos dicho: "Vamos a lo esencial".

Que es una convivencia y también en nuestra Madre Iglesia

podríamos hacer esa analogía.

Yo creo que lo esencial para un cristiano

es tener un contacto personal con Dios.

Esto es lo prioritario.

Si no hay eso. Todo lo demás.

No digo que necesariamente sea, pero puede ser negativo.

Entonces, ¿qué es lo importante cultivar uno?

Ese tiempo que le dedicas a Dios, o sea, entra en tu habitación,

cierra la puerta y ahí, en lo escondido, ora tu padre,

y te escucha.

A partir de ahí, evidentemente,

eso luego se refuerza con formación se refuerza con trabajo en grupo,

se refuerza con sacramento, con todo lo que tú quieras.

Pero si no hay un trabajo interior personal,

pues es que no estamos trabajando sobre roca firme.

¿Esta interioridad se puede, debe educar?

Sí, yo tengo la convicción

de que todos tenemos una llamada a la interioridad

porque nadie está llamado a vivir solamente hacia afuera.

Nosotros tenemos que, en analogía con la respiración,

que inspirar y expirar,

pues hay tiempos para volver a casa y tiempos para salir,

tiempo para estar con Dios y tiempos para comunicar a ese Dios

esa plenitud que has experimentado.

Es decir que vamos,

creo que la educación es lo fundamental,

no solamente para, evidentemente,

los niños o los jóvenes, que eso desde luego,

sino también para los adultos.

Es decir que lo que nos salva como personas es ser discípulos,

es aprender.

Es por tanto,

no se puede hacer si no hay alguien que de alguna manera te eduque,

te enseñe.

Yo creo que adolecemos de maestros

de personas que tengan la autoridad espiritual

o autoridad moral, autoridad vital

para que su palabra no sea una palabra vana

que se va como si fuera cualquier cosa,

sino que tiene su peso específico.

Yo creo que el Evangelio es una escuela de discipular.

Y por tanto, solamente metiéndonos en esa escuela

podremos extraer el tesoro que hay para nosotros

ciertamente es un faro de luz.

Me ha gustado mucho, y va un poco en esta línea también

un artículo que ha escrito durante estos días,

un artículo de opinión en el diario ABC

en el que habla, a ver, si me permite,

recomiendo a los espectadores que de verdad

que lo busquen, que lo lean,

porque a mí personalmente me ha encantado, Pablo.

Un artículo en el que habla de dos actitudes

o dos realidades, como es llorar y mantener la calma.

Comenzamos por el llanto.

Ha habido y va a seguir habiendo por distintas cuestiones,

mucho llanto.

No sé si en físico solamente, o físico...

Pero va a seguir habiendo mucho llanto.

Y llorar purifica.

Sí, sí.

Yo creo que para que pueda haber un trabajo espiritual

tiene que haber previo y en paralelo,

pero desde luego previo, un trabajo emocional.

Es decir, si nosotros abortamos nuestras emociones,

si no permitimos que salgan, o si no salen,

porque realmente no hemos sido educados

en expresarlas y están ahí tan profundas,

entonces, difícilmente se va a poder construir

un trabajo espiritual sólido.

La reacción natural ante el dolor y ante el mal es protestar,

es llorar, es gritar, es presentarle cara a Dios,

pelear con él.

Esto es lo debido.

Lo otro, o sea,

si tú automáticamente ya estás en el nivel espiritual,

resulta raro.

Tiende uno a desconfiar, quien se salta la parte humana

ya directamente se pone en la parte mística.

Como que no me lo creo del todo. No tienen una base humana.

O sea, llorar es maravilloso,

aunque pueda ser también doloroso, o sea, porque saca fuera físicamente

lo que de otra manera no se podría sacar.

O sea, y necesitamos sacar y necesitamos soltar,

necesitamos de alguna manera que corra.

Donde hay flujo, hay vida, donde está estancado, hay muerte.

Entonces las lágrimas que corren hablan de la vida que hay dentro.

Por tanto,

yo creo que una buena pregunta para quienes estén escuchando es:

¿he llorado yo de esta pandemia?

Y si no he llorado, ¿por qué no he llorado?

O sea, ¿porque realmente soy indiferente al drama social?

¿Porque si no me toca personalmente a mi familia

ya no me siento afectado?

Es una buena pregunta, ¿no?

Y luego la segunda parte.

Las calma que tenía apuntado en ese artículo del ABC.

La calma no puede ser un imperativo, no puede ser: "Mantente en calma",

no estoy calmado como para mantenerme calma.

No puede ser imperativo, sino que tiene que ser el resultado,

como decía antes, de un trabajo interior.

¿En qué consiste ese trabajo interior?

Pues ese trabajo interior consiste fundamentalmente

en tres cosas.

Una, mirar, mirar la realidad, mirar.

Segundo, en no reaccionar,

porque nosotros reaccionamos intentando resolver

lo que no nos gusta o escapar.

Eso hay que sostenerlo,

hay que no intentar resolver y no intentar huir.

Y tercero,

además de mirar y no reaccionar, descubrir la compasión.

Si miramos algo atentamente y no reaccionamos,

necesariamente se suscita la mirada compasiva

¿y qué es la mirada compasiva o solidaria como decimos hoy?

Pero me gusta a mí la palabra "compasión".

La compasiva no es simplemente ese movimiento descendente

de sentir lástima por el pobrecillo que lo está pasando mal,

sino compasión significa asunción el dolor ajeno,

¿pero para qué lo asumes? Para que el otro sufra menos.

Esa es la cuestión.

Si tú no sufres, entonces el otro no puedes sufrir.

Seguirá sufriendo igual.

Asunción del dolor ajeno

y segunda parte que solemos olvidar siempre

y que es igualmente importante entrega del propio,

entrega del propio,

el compasivo entrega también lo suyo.

Es decir, que eso significa que no se ayuda desde arriba,

sino se ayuda desde abajo, como hace Jesús de Nazaret,

desde abajo, sufriendo él mismo, entregando su propio dolor.

Es decir que nosotros,

el trabajo espiritual fundamentalmente es darse cuenta

de la propia fragilidad,

pero cómo en la entraña de esa fragilidad hay una roca,

que es Cristo, lo que es el ser,

si queremos decirlo en términos más laicos.

Pero para llegar a esa roca, para llegar a ese ser,

para llegar a ese Cristo,

hay que atravesar la fragilidad y hay que mostrarla

no esconderla como si fuese indigna.

¿Qué es el perdón? El perdón es amor a la imperfección.

Es decir que hemos de reconciliarnos

con lo que somos,

abrazarnos en ese acto de abrazar la propia sombra.

Ahí viene la salud. Ahí viene la sanación.

Eso es la redención la redención es abrazar la sombra

y así su veneno queda exorcizado, queda eliminado.

Ese es el trabajo espiritual.

Pero todo eso, cuando llegas a eso, sí que puedes estar en paz.

Sí puedes estar en paz.

Yo no podría hablar en esta entrevista

con esta desfachatez con la que lo estoy haciendo

si no estuviera en paz,

si no estuviera en paz conmigo mismo.

Creo que por supuesto que tengo miles de errores,

pero que en lo fundamental, pues estoy encarrilado.

Y eso te hace hablar con serenidad.

Más allá de que efectivamente pueda haber cosas

que puntualmente te pongan nervioso.

Pero tienes recursos para trabajar eso.

Realmente, todos los podríamos tener.

O sea, es maravilloso ser discípulo.

Es maravilloso estar en una escuela de aprendizaje,

pero hemos de meternos en ella, esa es la cuestión.

Yo he hecho aquí un speech tremendo.

Y le hemos escuchado con auténtico, con auténtico gusto, Pablo.

Muchas gracias.

En este recorrido, ¿dónde queda la esperanza?

¿Hay lugar para la esperanza?

La esperanza es una virtud.

No es como el optimismo,

que es simplemente una nota caracterológica

o temperamental, que sea que sea una virtud

significa que es algo que se puede cultivar.

¿Y cómo se cultiva la esperanza? Pues trabajando en la espera.

Es decir que normalmente las esperas nos ponen nerviosos.

Por ejemplo, he ido a la compra y he tenido que esperar

la fila del pan,

porque hay una panadería muy rica de barrio.

Y claro, a nadie le gusta estar tanto tiempo esperando,

que es una cola larga, pero bueno,

ahí tienes una oportunidad en las esperas,

en cada espera que hay que hacer, a trabajarte,

porque en la medida en que lo haces se va generando esperanza.

¿Y qué es la esperanza?

La esperanza es la convicción, la convicción firme,

la incertidumbre interior,

aunque no tengas datos externos que lo verifiquen,

es esperar contra toda esperanza, muchas veces,

de que todo irá bien.

Y que todo saldrá bien.

Es una frase de Juliana de Norwich, una mística.

"Todo irá bien, todo saldrá bien en todos los sentidos".

Decir esto puede ser una solemne estupidez

o un buenismo ingenuo,

o puede ser algo muy profundo,

saber que realmente no estamos alejados de la mano de Dios.

Por eso todo va a ir bien, porque, en definitiva,

él no pierde los hilos de la historia.

Pero para llegar a eso, a esa convicción profunda

a esa incertidumbre interior,

pues evidentemente hay que llevar mucho cultivo.

Pero bueno, vivimos para cultivar,

para cultivar una semilla que nos cultivamos,

podemos dar el culto que Dios quiere,

que es que el hombre viva en plenitud.

Pablo D'Ors,

me pasa cuando le escucho, igual que cuando leo sus libros,

que no quiero que se acabe nunca, pero tenemos un tiempo limitado,

tenemos un tiempo limitado de programa,

ponemos el punto y seguido si le parece,

para poder volver a encontrarnos en otra ocasión,

que será fabuloso.

Sin ninguna duda.

Le agradecemos muchísimo de verdad este tiempo

que nos ha dedicado con tanta generosidad, gracias.

Faltaría más, ha sido un placer y saludo a todos

los que nos están escuchando y viendo.

Estamos los que salimos en televisión.

-Los que acompañamos en la sombra.

-Los que cocinamos, o lo intentamos.

-Los que trabajamos con ayuda de otros.

-Los que informamos sobre los demás,

-Los que queremos llegar a muchas personas.

-O muy lejos. -O muy rápido.

-Todos alguna vez necesitamos ayuda en nuestra vida.

-Es muy gratificante saber

que siempre tendremos a alguien a nuestro lado.

-Para ayudarte en cualquier situación.

-Ayudas son palabras.

-Ayuda es una sorpresa.

Ayuda es una cara amable.

Ayuda es un consejo.

-Un comentario en el momento oportuno.

-Ayuda es para muchas personas, Cáritas.

-Especialistas en dar, en proteger.

-Auxiliar a quienes más les hace falta.

-¿Y qué pintamos los demás en todo esto?

-Pues también somos muy importantes.

-Porque de nosotros depende que Cáritas

realice esta labor tan esencial.

-Es nuestro turno.

-Es el momento de ayudarlos.

-Para que puedan seguir sirviendo al prójimo.

-Para que esa acción caritativa y social continúe.

-Ayúdanos a ayudar.

-Ayúdanos a ayudar. -Ayúdanos a ayudar.

-Ayúdanos a ayudar.

-Ayúdanos a ayudar.

-Ayúdanos a ayudar. -Ayúdanos a ayudar.

-Ayúdanos a ayudar. -Ayúdanos a ayudar.

-Ayúdanos a ayudar. -Ayúdanos a ayudar.

Bien, pues así nos vamos,

ha despedido y hemos dedicado más el programa

a la reflexión con el deseo de que haya sido del agrado

de todos ustedes,

les decimos que el próximo domingo, si lo desean, tienen,

y tenemos una cita aquí en "Últimas preguntas"

para hablar de otros asuntos.

Muchas gracias por este tiempo

que nos han dedicado, hasta la próxima semana.

# Volverán los abrazos y los besos, # las caricias, volverán,

# el bullicio y la alegría # de las calles, volverán.

# Y la risa de los parques # y un "te quiero" en un café.

# Volverán a sentir mis manos libres # imprudentes a tocar,

# Volveremos a mirarnos # sin temor a respirar

# en el mismo espacio y tiempo # de la cotidianidad.

# Volveremos a sentirnos, # no habrá metros de distancia,

# nuestros pasos # no tendrán más vigilancia

# que los sueños aparcados # mientras pasa la tormenta

# que jamás doblegará # mi fortaleza...

# Volverán...

# Volverán los abuelos y los nietos # entre abrazos, a jugar.

# Las canciones, las miradas, # mientras cerramos un bar.

# Volverán la noche, el día, # las mañanas y su afán.

# Volverán los atascos y las prisas, # pero ya no será igual.

# Abriremos bien los ojos # a otra forma de mirar,

# y a las ocho de la tarde, # sabré bien por quién luchar.

# Volveremos a sentirnos, # no habrá metros de distancia,

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Últimas preguntas - Vuelta al interior

17 may 2020

Esta semana hablamos con el sacerdote y escritor Pablo D'Ors. Con él queremos reflexionar sobre la importancia del cuidado de la vida interior y de la oración, en las que muchas personas han tenido ocasión de profundizar más durante el tiempo de confinamiento.

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