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Últimas preguntas

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Para todos los públicos Últimas preguntas - En tierra de todos - ver ahora
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(Música)

Hola amigos, ¿qué tal? Muy buenos días.

Bienvenidos una semana más a "Últimas preguntas".

Yo les animo de verdad,

les animo todas las semanas, obviamente,

pero hoy de modo especial que se queden con nosotros,

porque la conversación que hoy vamos a mantener,

yo creo que puede dejar abierto el debate,

la conversación después en casa

porque el tema es de lo más interesante.

Vamos a hablar, entre otras cosas, de nuestra Iglesia,

esta Iglesia tan variada, tan heterogénea,

tan difícil de entender en algunas ocasiones,

pero con ese deseo que yo creo que tenemos todos

y que nos une a todos, que es el del amor,

el amor de quien nos enseñó que las cosas había que hacerlas

de este modo.

Vamos a hablar de este tema a propósito de un libro

que se llama "En tierra de todos".

Es un libro que ha escrito José María Rodríguez Olaizola.

Se presentaba hace muy poquito tiempo,

ya está en las librerías y hoy está con nosotros su autor.

Siempre esto es un gusto.

Bienvenido.

Encantado de estar otra vez por aquí.

Un gusto, de verdad, José María.

Creo que ya apuntábamos hace unos meses,

cuando estábamos hablando de los libros

sobre los distintos ciclos...

Nos apuntabas que estabas ultimando un trabajo

que, como digo, ya podemos tener en nuestras manos,

"En tierra de todos".

Hace unos años, no sé si hace unos quince años o así,

José María, escribiste "En tierra de nadie".

Esto no es una segunda parte, no es una continuidad.

Pero sí que llama la atención estos dos títulos,

"En tierra de nadie" y "En tierra de todos".

¿Qué pasa?

Bueno, es verdad "En tierra de nadie", de hecho,

fue el primer libro que publiqué y nació de una pregunta.

Era: "¿Por qué seguir en esta iglesia?".

Una pregunta que se hace mucha gente,

a veces ante cuestiones polémicas,

ante la difuminación de la fe ante muchos conflictos,

pero la verdad es que, en aquel momento,

eran unas intuiciones...

Bueno, pues primeras también. Yo era mucho más joven.

Tampoco hablaba con la misma, yo creo que profundidad

de algunos temas de lo que "no sé si puedo",

"me atrevo o lo hago ahora, pero lo hago".

Pero en aquel momento, intenté hacer un mapa

de cómo entendía yo la Iglesia en aquel momento.

Ya desde entonces, como que tuve la sensación de decir:

"hay que volver".

Es decir, hay que volver,

porque, entre otras cosas, porque el mundo cambia.

No sé, han pasado el pontificado de Benedicto XVI entero

y lo que llevamos del pontificado de Francisco.

Ha cambiado la sociedad,

ha cambiado la percepción de un montón de temas.

Se habla de otros temas también hoy.

Entonces, ya llevaba tiempo queriendo volver

y volver a repensar ese mapa, porque en el fondo es un mapa,

un fondo, es decir, un mapa de actitudes, de opiniones,

de posiciones,

de maneras de estar y algunas pistas para ver

dónde nos encontramos cada uno.

Entonces, es verdad que hay cierta continuidad

entre los dos proyectos,

pero al mismo tiempo son independientes

y lo cierto es que eso, "En tierra de todos",

es una mirada al presente.

Volviendo a esa misma pregunta: "¿Por qué seguir?".

Ahora trataremos de responder a esa pregunta

o que nos dé algunas pistas, porque, como digo,

este libro es para leerlo con serenidad, para darle vueltas,

para reflexionar, para dialogar,

que al fin y al cabo es lo que haces también.

Intentas, yo creo, un encuentro, un diálogo

entre todas las posturas,

posiciones que se dan dentro de esta Iglesia tan heterogénea,

porque para mí eso es una riqueza. Claro.

Lo que pasa es que a veces es lo que provoca el conflicto.

Bueno, pero porque yo creo

que en ese sentido, desgraciadamente,

estamos reproduciendo un poco una dinámica de la sociedad.

Y es que hoy en día se percibe la diferencia como enfrentamiento,

se percibe la diferencia como problema

o se percibe la heterogeneidad como heterodoxia,

cuando en realidad si algo tiene la idea de comunidad,

por lo menos tal y como la entendemos desde la Iglesia,

es una comunidad en la diversidad y en ese sentido la gran riqueza

es que no estamos todos cortados por el mismo patrón

y que hay quien empuja más,

hay quien... Es más reticente a los cambios

y nada de eso es absolutamente bueno.

Es decir,

es que es bueno que haya gente como intuyendo

que hay cosas que tienen que cambiar.

Y también es bueno que haya gente diciendo:

"Ojo, vamos a valorar una tradición milenaria".

Entonces, y en medio de todo eso, pues, ¿cuál es la trampa?

La trampa es que hoy en día estamos en una sociedad

donde cada vez más uno se rodea

y habla con gente que piensa como uno mismo.

Y eso es un monólogo a muchas voces en lugar de ser un diálogo.

Pero esto, como digo, es que está ocurriendo.

Si lo vemos en nuestra sociedad, por ejemplo,

en el panorama político, es tremendo.

De hecho, alguna gente que ha leído "En tierra de todos",

me dice: "Bueno, pero es que esto aplica a todo, a todos".

Es decir, porque es un análisis que desde la perspectiva creyente,

yo toco ciertos temas,

pero es que hay muchas maneras de percibir eso.

El decir: "Bueno, ojalá".

Yo creo que uno se puede examinar

y decir: "Mira, lo no quisiera ser es una persona rígida",

que es lo que al final nos termina pasando muchas veces.

Efectivamente, tú hablas en este libro que...

Mencionabas antes, nos ponías esa imagen visual de un mapa,

y es que efectivamente es así.

Yo creo que... A mí al menos me captó la atención el libro

desde el planteamiento ese que haces de estos vértices

donde hay unas posturas rígidas, intransigentes,

otro que es una actitud líquida,

"yo me adapto, adapto el tema de la fe a como mejor me convenga

en cada momento".

Y luego, por otro lado, otro vértice, generalizando mucho,

sería el: "Yo ya paso, esto a mí de lo de la Iglesia,

esto ya no es mío".

Y en el medio de esos tres, de ese triángulo

podríamos decir está esa tierra de nadie, de todos.

Vamos a ver en qué situación nos encontramos,

pero, efectivamente...

Tú hablas, por ejemplo,

de esas posturas rígidas, intransigentes.

Qué difícil es a veces diferenciar esas cuestiones que no cambian

porque están en la base, en la esencia de nuestra religión,

del catolicismo.

A esas otras decimos:

"Vamos a escuchar, a los demás no vamos...".

Esto lo vemos, por ejemplo,

tú que te mueves mucho por Twitter y, además, muy bien,

vemos mucho ese enfrentamiento que se produce,

que si alguien lo ve desde fuera,

"Madre Mía, como están en la Iglesia Católica,

tirándose de los pelos".

"Si estos se quieren...". Efectivamente.

Sí, sí, yo sobre todo que...

En los últimos años,

se ha empezado a hablar mucho y creo que ya se ha popularizado...

Esta idea del mundo líquido que el sociólogo Bauman generalizó.

Lo que pasa es que lo que yo creo

que la contraposición, claro, la inmediata es...

Hombre, lo deseable, es que algunas cosas sean sólidas.

Pero la trampa es que hay mucha gente

que confunde sólido con rígido. Ya.

Porque la solidez puede ser flexible.

Es decir,

lo sólido es que hay ciertas cosas en la vida

que es verdad que son innegociables.

Pero no todo es innegociable, no todo es inamovible, no todo...

Entonces, de alguna manera,

yo creo que hay una trampa en esas posturas rígidas

o todos los puntos.

Es lo que tampoco es justo, creo,

es como señalar siempre en una sola dirección

y decir ahí están los rígidos,

porque yo creo que rigidez cabe en todos los ámbitos,

entonces, yo una de las cosas que digo

que también alguna gente me ha dicho:

"Anda. Esto me sorprende".

Digo que se puede ser muy rígido porque estás anclado en Trento,

pero se puede ser muy rígido

porque estás anclado en los años 80 diciendo:

"No, es que aquello era maravilloso".

Bueno, a lo mejor hay cosas que tienen que cambiar

hoy en día y recuperar otras.

Entonces, creo que de hecho creo que todos tenemos a veces,

que esa es la paradoja,

que podemos ser líquidos en unas cosas y rígidos en otras,

cuando lo deseable sería que seamos sólidos, pero bueno.

¿Cómo se llega a esa solidez?

No sé si tienes la fórmula.

Bueno, yo creo que hay muchos caminos.

Lo primero es creo que necesitamos formación,

de verdad que la necesitamos.

Formación un poco sólida, formación...

Sobre la fe, ahí tantísimos estereotipos.

Y yo creo que hoy en día hay,

lo mismo que hay un ateísmo infantil...

A ver, voy a intentar explicarme bien.

Hay gente que es atea por opción después de muchas búsquedas

y es muy respetable.

Dices: "Mira, ya está".

Pero también hay muchísima gente que dice:

"Yo no creo en Dios", sin haberse dedicado

ni medio minuto a pensar exactamente a qué está diciendo que no

por unas series de generalizaciones, etcétera.

De la misma manera que hay un ateísmo infantil,

hay una fe infantil que es...

Hay mucha gente que es de la fe

Se ha quedado con las tres cositas

de la catequesis de Primera Comunión,

en el mejor de los casos,

Entonces, yo lo primero que digo es necesitamos formación,

necesitamos formación en temas un poco de fondo,

de contenido, de teología, de moral, de lo que es la Iglesia,

porque si no...

De cómo entender la escritura.

Si no, claro, nos encontramos, por ejemplo,

con unos fundamentalismos de gente

que te cita un versículo de la Biblia

y ya parece que con eso está la verdad absoluta.

Hombre, vamos a ver en qué contexto, como está dicho,

cómo se entiende porque si no...

Entonces, yo lo primero que diría es formación,

formación, con un punto de reflexión,

con un punto de diálogo.

Creo que también hay una parte,

que es el cultivo de la propia fe y el cultivo de la propia fe, pues,

una vida espiritual, una práctica de oración,

una práctica sacramental en la que uno no se conforme

con el cumplimiento,

sino con encontrar sentido en lo que va haciendo.

Es decir,

que hay toda una vida en la cual vas creciendo

y yo muchas veces digo...

Lo mismo que creces en muchos ámbitos de la vida,

pues la pregunta es si en esto de la fe vamos creciendo o no,

o nos quedamos atascados en los siete años.

Has dicho una palabra que a mí me parece que es clave:

búsqueda, la búsqueda.

Una búsqueda tanto para el que dice no creer

como para los que decimos que creemos.

¿Por qué? ¿En qué momento tenemos que acabar de buscar?

Supongo que el último día. El último día,

pero, a veces, acabamos mucho antes.

Bueno, porque hay gente que parece que lo tiene todo claro

y dices tú:

"Qué suerte, que suerte tú, que lo tienes todo claro".

Porque la verdad yo hace años, como que, bueno, dando,

pensando un poco en cómo definir a los cristianos hoy

les decía: "Mira, así como ha habido épocas

en las que se ha hablado en términos mucho más contundentes,

que si apóstoles o cruzados,

o una mentalidad de cristiandad o lo que se quiera..."

Yo decía: "Hoy creo que una buena definición del creyente,

por lo menos, en nuestra sociedad, es el buscador de Dios".

Es decir, somos buscadores, no buscadores de respuestas,

buscadores que a veces encuentras y tienes que seguir buscando.

Entonces hay un montón de cuestiones

sobre las cuales estamos en plena búsqueda.

Toda la primera parte del libro, que, como habrás visto,

el índice puede asustar porque entras en muchos temas

que para mucha gente pueden ser polémicos.

Pero el afán no es polémico.

El afán es ir mostrando, pues esto, es que hay muchas cuestiones

en las cuales la Iglesia está en búsqueda.

La Iglesia está en búsqueda en la cuestión del lugar de la mujer

sin reducirlo todo a dos simplezas.

Sí, porque eso, yo creo, disculpa que te interrumpa José María,

eso yo creo que es tanto en el tema de la presencia

de la mujer en la Iglesia,

del celibato, de las personas homosexuales,

de la presencia de los jóvenes, de los laicos.

Al final nos quedamos con dos ideas.

Es que tiene que ser así. Y así.

¿Y por qué no, de muchas más maneras?

Esa sensación que tengo, que vamos a dos argumentos.

Claro. Y esa es la gran trampa,

porque entonces siempre encontramos las dos etiquetas

para polarizar los discursos y ya no se puede hablar.

Yo ahí lo cito con varios ejemplos, o sea, con el tema de la mujer,

si es que no es el único tema que tiene que ver con la mujer

en la Iglesia no es la ordenación.

Sin embargo, es muy fácil, ya lo reducimos ahí y ya está.

Con las cuestiones de orientación sexual,

ya hemos encontrado la etiqueta de ideología de género y ya está.

Hombre, bueno, pues es que hay muchas cosas que decir.

Muchas, muchas, muchos matices.

Mucha gente creyente dentro de la Iglesia buscando su lugar.

Lo mismo con los jóvenes.

Entonces, reducirlo todo a blanco o negro, sí, no,

así sí, así no, se puede, no se puede.

Son simplificaciones tan tremendas que al final

lo que terminan generando es que el único discurso es maximalista

y es o todo o nada.

Y encima, si dices lo contrario,

la acusación que te llega es ya está la equidistancia, o sea,

luego la otra parte.

Y es que también se ha conseguido desarmar

a cualquiera que quiera decir

o se intenta desarmar a cualquiera que quiera decir algo distinto.

Con: "Es que tú eres un equidistante, es que eres un tibio,

Es que eres un relativista". Pues no. No soy equidistante.

Es decir, creo que sé de donde estoy.

No soy un tibio, que tengo bastante pasión y mucha,

ciertamente por Jesús, por su Evangelio,

por el mundo en el que vivo y por intentar que las cosas

en este mundo sean lo más parecidas

a lo que uno intuye que es el mensaje

que descubres en las bienaventuranzas.

Y no soy un relativista,

o sea yo, tengo cosas que creo que son sólidas e incuestionables.

Lo que no soy es un dogmático que dogmatiza lo que no es dogma.

Y como yo, mucha gente, y creo que esto hay que decirlo,

porque si no, al final,

lo que termina ocurriéndonos, también hablo ahí en el libro

es que solo se oye hablar a la minoría estridente,

cuando la mayoría silenciosa

es muchísimo más capaz de matizar,

de razonar, de intentar buscar, buneo, pues, respuestas.

Pero esa mayoría, quizá,

es que quizá a veces podemos sentirnos en tierra de nadie.

Claro, yo mira, una de las cosas que fue bonita es, para mí,

yo cuando empecé este libro,

teniendo en la memoria "En tierra de nadie",

el primer título que tenía pensado era "En tierra de muchos".

Pero al final,

después de haberlo escrito a lo que llegas es

"En tierra de todos", si es que estamos todos.

O sea, si esto es... Si es que estamos todos,

unos con unas posiciones, otros con otras,

unos con una educación, otros con otras,

unos con una sensibilidad, otros con otras.

Pero, al final, ¿qué íbamos a decir?

"Jesús es solo para unos pocos", si es que nos desborda.

O sea, querer apropiárselo en una sensibilidad...

Porque a veces yo creo que nos apropiamos al pobre Jesús,

"Jesús hubiera hecho lo que yo estoy haciendo",

en lugar de decir: "Jesús es mío. No.

Yo soy de Jesús, yo soy delos suyos".

Eso es, sí. Esa frase, además tú la pones.

"No es que Jesús sea de los nuestros,

yo soy de los suyos".

Porque yo creo que una de las preguntas es:

" ¿Jesús estaba donde estoy yo

o Jesús es de los nuestros?".

Bueno, pues es una pregunta pretenciosa e injusta.

O sea, más bien lo que uno tiene que preguntarse es:

"Bueno, yo...".

Sí, estoy siguiendo a Jesús porque es que otra mucha gente,

a lo mejor desde sitios distintos, pero también lo está siguiendo.

Entonces, no voy a pretender tener el patrimonio o el monopolio

de algo que me desborda y en lo cual, afortunadamente, es

bastante mejor de lo que soy yo.

Creo que todo ese tipo de cosas son

las que tenemos que empezar a hablar,

a plantear, a decir.

Y hay mucha gente muy herida necesitando

que alguien le diga:

"No tienes que pedir perdón por ser quien eres".

Claro, es que esa es José María, otra de las cuestiones.

A veces hablamos de Iglesia o pensamos en Iglesia,

pero en realidad estamos pensando en jerarquía.

Papa, obispos, cardenales, sacerdotes.

Os metemos dentro de la jerarquía.

Pero, ¿qué pasa con todos los demás?

Yo creo que también se trata quizá un poco de encontrar esa posición,

reivindicar si es necesario esa posición

y creernos que somos Iglesia.

Si yo una de las cosas que porque toda la segunda parte

pues es esta descripción más amplia de decir:

"Bueno, es que la Iglesia es mucho más, ya no solamente

la descripción conflictiva del principio."

Yo lo que suelo decir es que demasiadas veces

en el discurso público de unos y otros,

pero reducimos que cuando hablamos de Iglesia

como que inmediatamente nos vamos a jerarquía y magisterio,

que es parte de la Iglesia.

No digo que eso no sea Iglesia,

lo que pasa es que hay como otras muchas realidades.

Y ahí, por ejemplo, pues claro,

yo hablo del tema de la comunidad

y la comunidad como comunidad muy plural, muy variada,

muy diversa.

El tema de la diacronía o el servicio de esta Iglesia

que sirve en tantos lugares, tanta gente, de tantas maneras.

El tema del testimonio, claro, es que el testimonio no lo tenemos.

No tenemos el patrimonio del testimonio,

unos pocos supuestamente ministros de la fe.

O sea, es que tú das testimonio cada domingo con tu vocación

del periodismo al servicio de la Iglesia Católica

y como tú, tanta otra gente más pública o más anónima.

Pero todo ese tipo de...

Hay como tantos ámbitos, tantos caminos y tanta...

Que reducir lo eclesial solamente a una parcela es muy pobre.

O sea, porque la Iglesia es una realidad diversa, compleja,

llena de detalles, colorida, con sus luces y sus sombras.

Yo tampoco quiero mitificar.

Creo que tiene...

Bueno, pero al final tampoco me lo invento yo.

O sea, que la Iglesia es santa y pecadora.

Pues esto es un lugar muy común, pues en ello estamos.

Antes comentabas una cosa, no quiero que se me pase.

Hablabas de que hay muchas personas que..

Que están necesitando que les digan:

"Que no, que no pasa nada".

¿Necesitamos sanación dentro de la propia Iglesia?

Sí, sí porque hay mucha gente muy herida

y una de las experiencias que me encuentro es, eso en redes.

Muchas veces mucha gente que incluso sin acritud,

pero cuenta, cuenta historias,

te cuenta cosas que les han dicho en algún determinado momento,

un espacio en el que fueron buscando acogida

y lo que se encontraron fue juicio

y a veces un juicio terriblemente inmisericorde.

Sí, creo que creo que de verdad sí hace falta sanación y de hecho,

si algo es el Evangelio,

también es este Jesús que pasó sanando y tocando

a mucha gente que estaba herida.

Entonces, las heridas, a veces, son provocadas por dinámicas

de la propia Iglesia, otras veces provocadas por la vida.

Pero es que quién va a llegar al final de la vida sin cicatrices.

Nadie, ¿no?

También estamos para cuidarnos y acompañarnos.

Yo creo que otra de las figuras del cristiano hoy debería ser

el sanador.

Pero ahí tiene un título muy bonito Henri Noun,

el autor este espiritual que es muy conocido por su libro

"El regreso del hijo pródigo",

pero tienen otro libro que es muy bonito.

El título a mí me parece que es una joya,

que es "El sanador herido",

si es que en el fondo esto no se diluye.

Esto no se divide en sanadores y heridos.

Si aquí todos tenemos que, de alguna manera,

abrir nuestras heridas.

La confianza de que alguien pueda acompañarnos

y al mismo tiempo estar dispuestos a cuidar unos de otros.

Si fuéramos capaces de hacer esto, nos iría bastante mejor, la verdad.

Hablábamos antes de esa frase que tú utilizas.

"Jesús es de los nuestros. No, nosotros somos los suyos".

Vamos a remontarnos a los inicios de la Iglesia, hace 2000 años,

más de 2000 años.

Hay que ver con qué iglesia o cómo comenzó la Iglesia.

Claro.

Es que es que hay veces que es necesario pararse

y mirar hacia atrás.

Sí, sí, es que es verdad.

Es decir, ¿qué grupo eligió Jesús?

Un grupo de gente normal.

Creo que perfiles bien diferentes y que probablemente...

Bueno, digo si además es que lo vemos.

O sea, lo vemos en los Evangelios, que entre ellos tenían sus roces,

sus conflictos, sus envidias, sus reproches, sus intenciones.

Lo que pasa es que el vínculo de unión era justo el amigo común,

como hoy, como hoy.

O sea, es que este empeño en que estemos todos cortados

por el mismo patrón, a mí me parece de una pobreza...

A mí me parece fenomenal que haya gente con una sensibilidad

muy distinta de la mía en determinados temas.

Porque, entre otras cosas,

me ayuda a no pensar que tengo la verdad absoluta en todo,

que no la tengo,

y a intentar entender a ver dónde pueden estar sus razones.

Si esto lo convertimos en un concurso de gritos

y de descalificaciones personales, no vamos a ningún sitio.

¿Qué dirá el amigo común cuando nos vea?

Claro.

La clave es esa, volver los ojos hacia ese amigo común

que al final es el que nos une. Sí.

Me gusta mucho, en la segunda parte de este libro,

cómo hablas de esta iglesia.

Como comunidad, como celebración, como servicio, como testimonio,

buscadores.

Como decíamos antes, de respuesta,

es que la Iglesia tanto es tanto y tan rica.

Una de las preguntas,

que es el hilo conductor que la planteo al principio,

la voy poniendo en el medio

y doy mi propia contestación más personal, quizás al final

que es "¿Por qué seguir?".

Pues en el fondo, tiene que ver con todo esto.

Porque si...

Claro, si solo nos quedamos siempre en los temas un poco complejos

o polémicos, pues al final dices: "Mira, es que de verdad,

que la vida es breve

como para estar todo el día en esta especie de efervescencia".

Pero lo único que vamos a aprender a mirar lo mucho bueno,

es que ahí, en el fondo,

si algo es el Evangelio es buena noticia

y hay mucha buena noticia en la realidad de la Iglesia.

A pesar de las cosas que pueden mejorar.

Pero hay muchas.

Muchas vidas heroicas, mucho amor verdadero.

Muchos espacios de encuentro.

Mucha pluralidad aceptada, muchísimo...

Es decir, porque claro,

es que hay mucho que merece la pena poner de relieve.

Entonces, buena parte del libro la he querido dedicar a eso,

y así como en la primera parte,

pues hablo de los temas un poquito

que a lo mejor pueden generar más vértigo en la segunda parte,

como que voy diciendo.

Pero ojo,

que estamos caminando juntos

en una dirección que el horizonte merece la pena y es este.

Por ahí va.

Pues, es un libro...

Yo lo comentaba al principio José María,

me parece que es un libro

que a todos nos puede venir muy bien,

porque creo que todos en algún momento,

no sé si de esa o de otra manera,

sí que nos hemos planteado: "¿Qué hago aquí?".

Pero no solamente en el tema de la Iglesia, por supuesto,

en muchos más ámbitos.

Creo que este es un libro que nos da algunas pistas,

nos orienta hacia la reflexión,

porque al final, yo creo que la respuesta

a esa pregunta, tú das la tuya,

pero creo que cada uno vamos a dar la nuestra.

Eso me parece maravilloso,

que cada uno vamos a dar esa respuesta de:

"¿Por qué sigo aquí? ¿Qué hago aquí?

¿Cuál es mi lugar? ¿Cuál es mi posición?

¿Cuál es ese futuro al que yo quiero tender

o ese granito de arena que yo puedo aportar?".

Pero aquí sí que al menos,

aunque la respuesta tengamos que darla cada uno,

pero nos está invitando a que nos paremos,

que siempre es bueno en la vida,

que nos paremos un poquito y pensemos, reflexionemos

y cojamos impulso, ¿no?

Sí y seamos capaces de encontrarnos.

La verdad que a algunos amigos me decían:

"¿Pero en qué berenjenal te vas a meter con este libro?".

Y en parte a lo mejor sí,

pero yo, ¿de qué me fío o de qué me quiero fiar?

Que la gente lo lea.

No que opine de oídas, no que diga: "Es que he leído que dice...".

Mira, pero si ya sabemos cómo es esa dinámica.

O sea, cualquier titular...

Podría sacar cuatro titulares escandalosos

de aquí perfectamente. Perfectamente.

Pero no es lo que pretendo. No es lo que pretendo.

Pero lo que sí quisiera es que la gente lo pueda leer

y no pretendo que la gente...

Que todo el mundo esté de acuerdo con todo lo que digo,

pero que desde el desacuerdo y el respeto podemos ir creciendo.

"En tierra de todos". José María Rodríguez Olaizola.

gracias por haber estado con nosotros,

por habernos abierto este aperitivo.

Podíamos decir en forma de conversación en la tele

y que ahora podamos continuar

con serenidad hablando contigo a través de tus palabras,

de tus pensamientos, de tus reflexiones.

Gracias, José María José. Muchísimas gracias a ti, de verdad,

por la oportunidad de contarlo.

A todos ustedes, amigos,

gracias también por este tiempo que nos han dedicado.

Y si lo desean, ya saben,

la próxima semana tenemos una cita aquí,

en "Últimas preguntas", hasta entonces.

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Últimas preguntas - En tierra de todos

01 mar 2020

En el programa de esta semana nos acompaña José María Rodríguez Olaizola, autor del libro "En tierra de todos", un ensayo en el que el sacerdote jesuita reflexiona sobre la sociedad contemporánea y cómo encaja en ella la Iglesia

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