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Últimas preguntas

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Para todos los públicos Últimas preguntas - Propuestas para el encuentro - ver ahora
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(Música)

Muy buenos días y bienvenidos, como todas las semanas,

a Últimas Preguntas.

En el programa de hoy,

les proponemos un tiempo para la lectura y la reflexión

y el encuentro,

porque vamos a recuperar

una conversación que manteníamos con José María Rodríguez Olaizola,

a propósito de un libro que acababa de ver la luz,

En tierra de todos.

Vamos a ver esta entrevista.

Encantado de estar otra vez por aquí.

Un gusto, de verdad que sí, José María.

Yo creo que ya apuntábamos, hace unos meses,

cuando estábamos hablando de los libros sobre los...

El Rezando vamos. ...los distintos ciclos,

Rezando vamos,

ya nos apuntabas que, bueno,

estabas ultimando un trabajo que, como digo,

ya podemos tener en nuestras manos: En tierra de todos.

Hace unos años, no sé si hace unos quince años o así,

José María, escribiste En tierra de nadie.

Esto no es una segunda parte, no es una continuidad, no es...

...pero sí que llama la atención estos dos títulos:

En tierra de nadie y En tierra de todos.

¿Qué pasa?

Bueno, es verdad,

En tierra de nadie, de hecho, fue el primer libro que publiqué

y nació de una pregunta.

Y era: "Por qué seguir en esta Iglesia"

Una pregunta que se hace mucha gente, a veces,

pues ante cuestiones polémicas, ante la difuminación de la fe,

ante muchos conflictos.

Pero la verdad que en aquel momento eran unas intuiciones, eh...

bueno, pues primeras; también yo era mucho más joven.

Tampoco hablaba con la misma, yo creo, profundidad

de algunos temas de los que no sé si puedo, me atrevo

o lo hago ahora, pero lo hago.

Pero en aquel momento

intenté hacer un mapa de cómo entendía yo la Iglesia

en aquel momento ¿no?

Ya desde entonces,

como que tuve la sensación de decir “hay que volver”,

es decir, hay que volver,

porque, entre otras,

porque el mundo cambia ¿no?

Han pasado pues el pontificado de Benedicto XVI entero

y lo que llevamos del pontificado de Francisco.

Ha cambiado la sociedad, ha cambiado la percepción de un montón de temas.

Se habla de otros de temas también hoy.

Entonces, bueno, pues ya llevaba tiempo queriendo volver

y volver a repensar ese mapa,

porque en el fondo es un mapa ¿no?

En el fondo, es decir, un mapa de actitudes, de opiniones,

de posiciones, de maneras de estar,

y algunas pistas para ver, bueno, dónde nos encontramos cada uno, ¿no?

Entonces, es verdad

que hay cierta continuidad entre los dos proyectos,

pero, al mismo tiempo, son independientes.

Y lo cierto es que, bueno, pues eso,

En tierra de todos es una mirada al presente

volviendo a esa misma pregunta "por qué seguir".

Ahora trataremos de responder a esa pregunta

o que nos des algunas pistas,

porque, como digo,

este libro es para leerlo con serenidad,

para darle vueltas,

para reflexionar,

para dialogar...

Que, al fin y al cabo, es lo que haces también.

Intentas, yo creo, un encuentro,

un diálogo entre todas las posturas, posiciones... que se dan

dentro de esta Iglesia tan heterogénea,

porque, para mí, eso es una riqueza. Claro.

Lo que pasa es que, a veces, es lo que provoca el conflicto.

Bueno, pero porque yo creo que, en ese sentido, desgraciadamente,

estamos reproduciendo un poco una dinámica de la sociedad,

y es que, hoy en día,

se percibe la diferencia como enfrentamiento,

se percibe la diferencia como problema,

o se percibe la heterogeneidad como heterodoxia ¿no?

Cuando, en realidad, si algo tiene la idea de comunidad,

por lo menos, tal y como la entendemos desde la Iglesia,

es una comunidad en la diversidad.

Y, en ese sentido, la gran riqueza es

que no estamos todos cortados por el mismo patrón.

Y que, bueno, pues hay quien me empuja más,

hay quien es más reticente a los cambios,

y nada de eso es absolutamente bueno, es decir,

es que es bueno que haya gente

como intuyendo que hay cosas que tienen que cambiar

y también es bueno que haya gente diciendo

"ojo, vamos a valorar una tradición milenaria", ¿no?

Entonces, y en medio de todo eso, pues claro, ¿cuál es la trampa?

La trampa es que hoy en día estamos en una sociedad

donde, cada vez más,

uno se rodea y habla con gente que piensa como uno mismo,

y eso es un monólogo a muchas voces, en lugar de ser un diálogo, ¿no?

Pero esto, como digo, es que está ocurriendo,

si lo vemos en nuestra sociedad,

por ejemplo, en el panorama político,

es tremendo.

De hecho,

alguna gente que ha leído ya En tierra de todos me dice:

“Bueno, pero es que esto, esto aplica a todo”.

A todo.

A todo, es decir,

porque es un análisis que, bueno, pues en el...

desde la perspectiva creyente, pues yo toco ciertos temas,

pero es que hay...

...hay muchas maneras de percibir eso,

el decir, bueno, ojalá, yo creo que uno se pueda examinar

y decir "mira, lo que no quisiera ser una persona rígida",

que es lo que, al final, nos termina pasando muchas veces ¿no?

Efectivamente, tú hablas en este libro que,

como mencionabas antes,

nos ponías esa imagen visual de un mapa,

y es que, efectivamente, es así.

Yo creo que, a mí, al menos, me captó la atención el libro

desde el planteamiento ese que haces de "estos 'ue' unos vértices,

donde hay unas posturas rígidas, intransigentes".

Otro, que es una actitud líquida: "Yo me adapto,

adapto el tema de la fe a como mejor me convenga en cada momento".

Y, luego, por otro lado, otro vértice,

generalizando mucho, ¡eh!

sería el de: "Mira, yo ya paso; esto a mí lo de la Iglesia...

es cosa, esto ya no es mío".

Y, en medio de esos tres, de ese triángulo, podríamos decir,

está esa tierra de nadie, de todos.

Vamos a ver en qué situación nos encontramos.

Pero, efectivamente, tú hablas, por ejemplo,

de esas posturas rígidas, intransigentes.

Qué difícil es a veces diferenciar esas cuestiones que no cambian,

porque están en la base,

en la esencia de nuestra religión, del catolicismo.

A esas otras de decir: "Bueno, vamos a escuchar a los demás".

Esto lo vemos, por ejemplo,

tú, que te mueves mucho por Twitter,

y además muy bien,

vemos mucho ese enfrentamiento que se produce,

que, si alguien lo ve desde fuera,

dice: "Madre mía, cómo están en la Iglesia católica,

tirándose de los pelos".

Claro, si estos se quieren, que baje Dios y lo vea, ¿no?

Si estos se quieren... Efectivamente.

Sí, sí, yo, sobre todo, que, o sea,

en los últimos años, se ha empezado a hablar mucho,

y yo creo que ya se ha popularizado,

y esta idea del mundo líquido

que el sociólogo Bauman, bueno, pues generalizó ¿no?

Lo que pasa que lo que yo creo que...

la contraposición, claro,

la inmediata es "hombre, lo deseable".

Lo deseable es que algunas cosas sean sólidas,

pero la trampa es que hay mucha gente que confunde sólido con rígido.

Ya. Porque la solidez puede ser flexible,

es decir, lo sólido es

que hay ciertas cosas en la vida que es verdad que son innegociables,

pero no todo es innegociable, no todo es inamovible, no todo...

Entonces, de alguna manera,

yo creo que hay una trampa en esas posturas rígidas.

Otro de los puntos es, lo que tampoco es justo, creo, es

como señalar siempre en una sola dirección y decir:

"Ahí están los rígidos". Ya.

Porque yo creo que rigidez cabe en todos los ámbitos.

Entonces, yo, una de las cosas que digo,

que también alguna gente me ha dicho: “Anda, esto me sorprende” ¿no?

Digo que se puede ser muy rígido, porque estás anclado en Trento,

pero se puede ser muy rígido, porque estás anclado en los años 80,

diciendo: “No, es que aquello era maravilloso”.

Bueno, pues, a lo mejor, hay cosas que tienen que cambiar hoy en día

y recuperar otras ¿no?

Entonces, creo que, de hecho,

creo que todos tenemos a veces, que esa es la paradoja,

que podemos ser líquidos en unas cosas y rígidos en otras.

Cuando lo deseable sería que seamos sólidos ¿no?, pero bueno.

Y ¿cómo se llega a esa solidez? No sé si tienes la fórmula.

Bueno, yo creo que hay muchos caminos.

Lo primero es creo que necesitamos formación,

de verdad que la necesitamos.

Formación un poco sólida, formación, o sea, de...

Sobre la fe hay tantísimos estereotipos,

y yo creo que, hoy en día, hay...

lo mismo que hay un ateísmo infantil, o sea, a ver,

voy a intentar explicarme bien,

hay gente que es atea por opción, después de muchas búsquedas,

y es muy respetable,

es decir, quien dice: “Mira, ya está”.

Pero también hay muchísima gente que dice “yo no creo en Dios”,

sin haberse dedicado ni medio minuto

a pensar exactamente a qué está diciendo que no,

por una serie de generalizaciones, etc.

Bueno, pues de la misma manera que hay un ateísmo infantil,

yo creo que hay una fe infantil.

Que es, o sea, hay mucha gente que es que...

que de la fe se ha quedado con las tres cositas

de la catequesis de la primera comunión,

en el mejor de los casos.

Entonces, yo, lo primero que digo es que necesitamos formación.

Necesitamos formación en temas un poco de fondo,

de contenido de teología, de moral, de lo que es la Iglesia, de...

porque es que si no...

de cómo entender las Escrituras.

Si no, claro,

nos encontramos a veces, por ejemplo, con unos fundamentalismos

de gente que te cita un versículo de la Biblia

y ya parece que con eso está la verdad absoluta.

Hombre, vamos a ver en qué contexto, cómo está dicho, cómo se entiende,

porque si no...

Entonces, yo lo primero que diría es formación ¿no?

Formación con un punto de reflexión, con un punto de diálogo.

Creo que también hay una parte que es, bueno,

el cultivo de la propia fe.

Y el cultivo de la propia fe es, pues una vida espiritual,

una práctica de oración, una práctica sacramental,

en la que uno no se conforme con el cumplimiento,

sino con encontrar sentido en lo que va haciendo,

es decir, que hay toda una vida en la cual pues vas creciendo.

Y yo muchas veces digo, o sea,

lo mismo que vas creciendo en muchos ámbitos de la vida,

pues la pregunta es

si en esto de la fe vamos creciendo o no,

o nos quedamos atascados en los siete años.

Has dicho una palabra que a mí me parece que es clave:

Búsqueda, la búsqueda.

Una búsqueda tanto para el que dice no creer,

como para los que decimos que creemos,

porque ¿en qué momento tenemos que acabar de buscar? ¿No?

Pues supongo que el último día. El último día.

Pero a veces acabamos mucho antes. Sí, bueno,

porque hay gente que parece que lo tiene todo claro ¿no?

Y que dices tú "jo, pues qué suerte,

qué suerte tú que lo tienes todo claro".

Porque, la verdad, yo, hace años, como que... bueno... dando,

pensando un poco en cómo definir a los cristianos hoy,

pues decía, mira, así como ha habido épocas

en las que se ha hablado en términos pues mucho más contundentes ¿no?

Y que si apóstoles o cruzados o una mentalidad de cristiandad

o todo lo que se quiera,

yo decía: "Hoy, creo que una buena definición del creyente,

por lo menos en nuestra sociedad, es 'el buscador de Dios'".

Es decir, somos buscadores, buscadores de respuestas,

buscadores que, bueno, a veces, encuentras

y tienes que seguir buscando ¿no?

Entonces hay un montón de cuestiones

sobre las cuales estamos en plena búsqueda.

O sea, en toda la primera parte del libro, que como, bueno,

pues habrás visto, claro...

el índice puede asustar, porque entras en...

yo entro, lo digo,

en muchos temas que para mucha gente pueden ser polémicos,

pero el afán no es polémico,

el afán es ir mostrando pues esto,

es que hay muchas cuestiones

en las que la Iglesia está en búsqueda.

La Iglesia está en búsqueda en la cuestión del lugar de la mujer,

sin reducirlo todo a dos simplezas, ¿no?

Sí, porque esa yo creo,

disculpa que te interrumpa, José María,

esa yo creo que es tanto en el tema

de la presencia de la mujer en la Iglesia,

del celibato,

de las personas homosexuales,

de la presencia de los jóvenes, de los laicos...

Al final, nos quedamos con dos ideas:

es que tiene que ser así y así,

y dices: "¿Y por qué no de muchas más maneras?

Es la sensación que tengo ¿no? Que al final vamos a dos argumentos.

Claro, y esa es la gran trampa,

porque entonces, al final,

siempre encontramos las dos etiquetas para polarizar los discursos

y ya no se puede hablar. Sí.

Yo, ahí, lo cito con varios ejemplos, ¿no?

O sea, como el tema de la mujer,

y es que no es

el único tema que tiene que ver con la mujer en la Iglesia,

no es la ordenación.

Sin embargo ,es muy fácil: ya lo reducimos ahí, y ya está.

Con las cuestiones de orientación sexual,

ya hemos encontrado la etiqueta de ideología de género, y ya está.

Hombre, bueno, pues hay muchas cosas que decir ¿no?

Que hay muchas, muchas, muchos matices.

Mucha gente creyente, dentro de la Iglesia,

buscando su lugar.

Lo mismo con los jóvenes.

Entonces, reducirlo todo a blanco o negro,

sí y no; así sí, así no; se puede, no se puede...

Son simplificaciones tan tremendas

que, al final, lo que terminan generando es

que el único discurso es maximalista ¿no?

Y es "o todo o nada".

Y, encima, si dices lo contrario, la acusación que te llega es:

"Ya están, la equidistancia..."

O sea, luego es de la otra parte ¿no?

Y es que también se ha conseguido desarmar

a cualquiera que quiera decir,

o se intenta desarmar,

a cualquiera que quiera decir algo distinto

con "es que tú eres un equidistante", "es que eres un tibio",

"es que eres un relativista".

Y mira, pues no, no soy equidistante,

es decir, creo que sé donde estoy.

No soy un tibio, sino que tengo bastante pasión,

y mucha, ciertamente, por Jesús, por su Evangelio,

por el mundo en el que vivo

y por intentar que las cosas en este mundo pues sean

lo más parecidas a lo que uno intuye que es

el mensaje que descubres en las bienaventuranzas ¿no?

Y no soy un relativista, o sea, yo tengo cosas

que creo que son sólidas e incuestionables;

lo que no soy es un dogmático que dogmatiza lo que no es dogma.

Entonces, y como yo, pues otra mucha gente.

Y creo que esto hay que decirlo, porque, si no, al final,

lo que termina ocurriéndonos,

también hablo ahí, en el libro,

es que solo se oye hablar a la minoría estridente.

Cuando la mayoría, silenciosa, es muchísimo más... capaz de matizar,

de razonar, de intentar buscar, bueno, pues, respuestas.

Pero esa mayoría, quizá, es la que, a veces,

podemos sentirnos en tierra de nadie.

Claro. Yo, mira, una de las cosas que fue bonita es,

para mí ¿no?

Yo, cuando empecé este libro, bueno,

teniendo en la memoria primera el En tierra de nadie,

el primer título que tenía pensado era En tierra de muchos.

Pero al final, después de haberlo escrito,

a lo que llegué es, no, En tierra de todos.

Si es que estamos todos, o sea, si es que estamos todos.

O sea, unos con unas posiciones, otros, con otras.

Unos con una educación, otros, con otras.

Unos con una sensibilidad, otros, con otras.

Pero, al final, qué vamos a decir: "No, ¿Jesús es solo para unos pocos?"

Pues si es que nos desborda, o sea,

querer apropiárselo de una sensibilidad...

Es que iba a decir, porque, a veces,

yo creo que nos apropiamos al pobre Jesús.

Jesús hubiera hecho lo que yo estoy haciendo,

en lugar de decir:

"¿Jesús es mío? No, yo soy de Jesús, yo soy de los suyos".

Claro, eso es, sí.

Esa frase, además, tú la pones, no es que Jesús sea de los nuestros,

sino que yo soy de los suyos.

Claro, porque yo creo que una de las preguntas es:

"Bueno, pero entonces, ¿Jesús estaba donde estoy yo?

¿Jesús es de los nuestros?"

Pues eso es una pregunta pretenciosa e injusta.

Más bien, lo que uno tiene que preguntarse es:

"Bueno, ¿yo estoy siguiendo a Jesús?"

Porque es que otra mucha gente,

a lo mejor, desde sitios muy distintos,

pero también lo está siguiendo ¿no?

Entonces. no voy a pretender

tener yo el patrimonio o el monopolio de algo que me desborda

y en lo cual, pues, afortunadamente, es bastante mejor de lo que soy yo.

Creo que todo ese tipo de cosas son

las que tenemos que ir empezando a hablar, a plantear, a decir.

Y hay mucha gente muy herida necesitando que alguien le diga:

"No tienes que pedir perdón por ser quien eres".

Claro, es que, esa es, José María, otra de las cuestiones.

A veces hablamos de Iglesia, o pensamos en Iglesia,

pero en realidad estamos pensando en jerarquía:

papa, obispos, cardenales, sacerdotes...

los metemos dentro de la jerarquía...

Pero ¿qué pasa con todos los demás?

Yo creo que también se trata, quizá, un poco, de encontrar esa posición,

reivindicar, si es necesario, esa posición,

y creernos que somos Iglesia. ¿no? Sí, sí.

Yo, una de las cosas que,

porque toda la segunda parte pues es esta descripción más amplia ¿no?

De decir, bueno, es que la Iglesia es mucho más.

Ya no solamente la descripción conflictiva del principio.

Yo lo que suelo decir es

que demasiadas veces en el discurso público,

de unos y otros,

pero reducimos,

que cuando hablamos de Iglesia,

como que inmediatamente nos vamos a jerarquía y magisterio ¿no?

Que es parte de la Iglesia, o sea, no digo que eso no sea Iglesia.

Lo que pasa que hay como, pues otras muchas realidades,

y ahí, por ejemplo, pues claro, yo hablo del tema de la comunidad.

La comunidad como comunidad muy plural,

muy variada, muy diversa...

El tema de la diaconía o el servicio, ¿no?

O sea, de esta Iglesia que sirve en tantos lugares,

tanta gente, de tantas maneras...

El tema del testimonio, claro,

es que el testimonio no lo tenemos...

no tenemos el patrimonio del testimonio

unos pocos, supuestamente, ministros de la fe ¿no?

O sea, es que tú das testimonio cada domingo,

pues con tu vocación del periodismo al servicio de la Iglesia,

y, como tú, tanta otra gente, más pública o más anónima,

pero todo ese tipo de...

Entonces, hay como tantos ámbitos, tantos caminos y tanta realidad,

que reducir lo eclesial solamente a una parcela es muy pobre.

O sea, porque la Iglesia es una realidad diversa, compleja,

llena de detalles, colorida, bueno, con sus luces y sus sombras.

O sea, yo tampoco quiero mitificar, o sea, creo que tiene...

Bueno, pero, al final, tampoco me lo invento yo,

o sea, que la Iglesia es santa y pecadora,

pues esto es un lugar muy común ¿no?

Pues en ello estamos, claro.

Antes comentabas una cosa, y no quiero que se me pase,

hablabas de que hay muchas personas que están necesitando que les digan:

"Que no, que no pasa nada..."

¿Necesitamos sanación dentro de la propia Iglesia?

Sí, sí, porque hay mucha gente muy herida.

Yo, una de las experiencias que me encuentro es,

y eso, en redes, ¿no?

Muchas veces, mucha gente que, incluso sin acritud, pero...

cuenta historias, te cuenta, pues,

cosas que les han dicho en algún determinado momento,

en un espacio en el que fueron buscando acogida

y lo que se encontraron fue juicio,

y, a veces, un juicio terriblemente inmisericorde.

Sí, creo que, de verdad, sí hace falta sanación.

Bueno, y, de hecho, si algo es el Evangelio,

también es este Jesús que pasó sanando y tocando

a mucha gente que estaba herida, ¿no?

Bueno, las heridas a veces son provocadas por la propia...

o provocadas por dinámicas de la propia Iglesia,

otras veces, provocadas por la vida,

pero es que ¿quién va a llegar al final de la vida sin cicatrices?

Nadie, ¿no?

Entonces, pues también estamos para cuidarnos y acompañarnos.

Yo creo que otra de las figuras, yo creo, del cristiano hoy,

debería ser el sanador.

Pero ahí tiene un título muy bonito Henri Nouwen,

el autor espiritual este, que,...

muy conocido por su libro de El regreso del hijo pródigo,

pero tiene otro libro que es muy bonito.

El título a mí me parece que es una joya que es

El sanador herido.

Pues si es que, en el fondo,

esto no se divide en sanadores y heridos.

Si aquí todos tenemos que, de alguna manera,

abrir nuestras heridas a la confianza de que alguien pueda acompañarnos

y, al mismo tiempo, estar dispuestos a cuidar unos de otros.

Si fuéramos capaces de hacer esto,

nos iría bastante mejor, la verdad, como Iglesia.

Hablábamos antes de esa frase que tú utilizas, o sea,

“Jesús es de los nuestros, no; nosotros somos de los suyos”.

Vamos a remontarnos a los inicios de la Iglesia,

hace más de dos mil años.

Hay que ver con qué Iglesia o cómo comenzó la Iglesia ¿eh?

Claro, es que...

Es que a veces que es necesario pararse y mirar hacia atrás ¿no?

Sí... sí, sí, es que es verdad, es decir, eran...

¿Qué grupo eligió Jesús?

Pues un grupo de gente normal...

de, creo que perfiles bien diferentes y que, probablemente, bueno, digo,

si además es que lo vemos, o sea, lo vemos en los Evangelios,

que entre ellos tenían sus roces, sus conflictos, sus envidias,

sus reproches, sus ambiciones... No se entendían muchas veces.

Lo que pasa que el vínculo de unión era, justo, ¿no? El amigo común.

Bueno, pues como hoy, como hoy...

O sea, es que este empeño

en que estemos todos cortados por el mismo patrón

a mi me parece de una pobreza...

Si a mí me parece fenomenal

que haya gente con una sensibilidad muy distinta de la mía

en determinados temas.

¿Por qué? Porque, entre otras cosas,

me ayuda a no pensar que yo tengo la verdad absoluta en todo.

Que no la tengo.

Y a intentar entender, a ver, dónde pueden estar sus razones.

Si esto lo convertimos

en un concurso de gritos y descalificaciones personales,

entonces no vamos a ningún sitio.

¿Qué dirá el amigo común, verdad? Cuando nos vea.

No, claro... pues dirá "vaya plan". La clave es esa, ¿no?

Volver los ojos hacia ese amigo común,

que, al final, es el que nos une. Pues sí.

Me gusta mucho, en la segunda parte de este libro,

cómo hablas de esta Iglesia como comunidad, como celebración,

como servicio, como testimonio, buscadores,

como decíamos antes, de respuesta ¿no?

Es que la Iglesia es tanto... Es tanto... Y tan rica...

Claro, yo una de las preguntas que es el hilo conductor ¿no?

Que la planteo al principio,

la voy poniendo en el medio,

y doy mi propia contestación, más personal quizá, al final, que es:

"¿Por qué seguir?"

Pues en el fondo tiene que ver con todo esto, porque si, claro,

si solo nos quedamos siempre en los temas un poco complejos,

o polémicos,

pues al final dices "mira, es que de verdad,

que la vida es breve

como para estar todo el día en esta especie de efervescencia

y de...

Pero, claro, lo bonito es

vamos a aprender a mirar lo mucho bueno ¿no?

Es que hay, en el fondo, digo,

si algo es el Evangelio, es buena noticia

y hay mucha buena noticia en la realidad de la Iglesia, mucha.

A pesar de las cosas que se puedan mejorar,

pero hay mucha, muchas vidas heroicas,

mucho amor verdadero,

muchos espacios de encuentro,

mucha pluralidad aceptada, muchísimo.

O sea, es decir, porque, claro,

es que hay mucho que merece la pena poner de relieve.

Entonces, yo, buena parte del libro la he querido dedicar a eso.

Y así como en la primera parte pues hablo de los temas un poquito

que a lo mejor pueden generar más... ¡uff! Vértigo,

en la segunda parte, como que voy diciendo, bueno,

pero, ojo, que estamos caminando juntos

en una dirección que el horizonte merece la pena,

y es este ¿no?

Entonces, bueno, por ahí va.

Pues es un libro,

yo lo comentaba al principio, José María,

me parece que es un libro que a todos nos puede venir muy bien

porque yo creo que todos, en algún momento,

no sé si de esa o de otra manera,

sí que nos hemos planteado 'bueno, ¿qué hago aquí?'

Pero no solamente en el tema de la Iglesia,

por supuesto,

sino en muchos más ámbitos, ¿no?

Yo creo que este es un libro que nos da algunas pistas,

nos orienta hacia la reflexión,

porque, al final, yo creo que la respuesta a esa pregunta...

tú das la tuya,

pero creo que cada uno vamos a dar la nuestra.

Y eso me parece maravilloso, ¿no? Sí.

Que cada uno vamos a dar esa respuesta

de ¿por qué sigo aquí? ¿Qué hago aquí?

¿Cuál es mi lugar? ¿Cuál es mi posición?

¿Cuál es ese futuro al que yo quiero tender?

O ese granito de arena que yo puedo aportar, ¿no?

Pero aquí sí que, al menos,

aunque la respuesta tengamos que darla cada uno,

pero nos está invitando a que nos paremos,

que siempre es bueno en la vida que nos paremos un poquito,

y pensemos, reflexionemos y cojamos impulso ¿no?

Sí, y seamos capaces de encontrarnos.

Yo, la verdad que algunos amigos me decían:

“Pero ¿en qué berenjenales te vas a meter con este libro?”

Y, bueno, en parte, pues a lo mejor sí, pero...

Yo, ¿de qué me fío o de qué me quiero fiar?

Que la gente lo lea.

O sea, no que opine de oídas, no que diga:

"Ah, es que he leído que dice..."

Mira, pero si esto ya sabemos cómo es esa dinámica,

o sea, cualquier titular...

O sea, yo podría sacar cuatro titulares escandalosos

de aquí. Perfectamente.

Perfectamente. Pero no es lo que pretendo,

no es lo que pretendo.

Pero lo que yo sí quisiera es que la gente lo pueda leer,

y no pretendo que todo el mundo esté de acuerdo con todo lo que digo.

Pero que, desde el desacuerdo y el respeto,

pues podamos ir creciendo.

En tierra de todos, José María Rodríguez Olaizola,

gracias por haber estado con nosotros,

por habernos abierto este aperitivo,

podíamos decir, en forma de conversación en la tele,

y que ahora podamos continuar, con serenidad,

hablando contigo a través de tus palabras,

de tus pensamientos, de tus reflexiones.

Gracias, José María.

Muchísimas gracias a ti, y de verdad,

por la oportunidad de contarlo.

Y a todos ustedes, amigos, gracias también

por este tiempo que nos han dedicado.

Y si lo desean, ya saben,

la próxima semana tenemos una cita aquí, en Últimas preguntas.

¡Hasta entonces!

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Últimas preguntas - Propuestas para el encuentro

23 ago 2020

Reflexionamos con el sacerdote jesuita José María Rodríguez Olaizola sobre la necesidad del diálogo y el encuentro en el seno de la Iglesia católica.
 

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