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Para todos los públicos Últimas preguntas - Me enamoré de un leproso - ver ahora
Transcripción completa

que como digo,

es sacerdote en la Diócesis de Getafe,

en la actualidad

está en una Parroquia en Móstoles

y ha plasmado esta historia, este testimonio suyo,

en un libro que se llama: "Me enamoré de un leproso"

y que está publicado en la editorial Nueva Eva.

Está con nosotros, como digo, Ramón Mirada Muñoz.

Bienvenido.

Muchas gracias.

Muchas gracias a tí.

Nos vamos a tutear si me permites.

Fenomenal, muy bien.

Muchas gracias por estar con nosotros.

Bueno,

seguro que hay muchas personas que te conocen como Pachús.

Yo al menos lo dejo ahí

para si alguien le conoce

pues que le identifique y sí, es él,

es Pachús, es Ramón.

Ramón, yo hablaba al comienzo,

cómo de que en tu vida de algún modo,

sí que has experimentado una resurrección.

¿He sido muy exagerada o no?

Bueno,

estoy experimentándola todavía.

Yo creo que no es exagerado

porque el amor de Dios hace resurgir lo que estaba muerto

y yo

hubo un momento en mi vida

en el que sentía que estaba muerto.

Muerto por varias circunstancias.

Me sentía muerto por la ira,

muerto por la soberbia,

por la lujuria,

por la pereza, por la envidia ...

cada uno de los pecados

habían hecho mella en mi corazón

y habían hecho pues que ...

... me hubiera convertido

en la persona más egoísta del planeta.

Y sin embargo,

en esa vida,

El Señor se manifestaba

como alguien

que también había entrado en la muerte,

para a mí hacerme entrar en la vida.

En una vida

que ya solo se puede llamar "eterna".

Pues, si te parece

-y yo creo que sí,

porque es lo que haces en este libro-

sí que estás de algún modo

abierto a contar

cómo era esa vida

que te llevó, pues eso,

a la soberbia, a la ira,

a no estar bien en definitiva contigo mismo

y a no estar bien con Dios.

Al menos, tú, aparentemente,

Dios seguía ahí esperándote, como tú muy bien cuentas.

Y estamos hablando de una situación

que por desgracia

les pasa a muchos jóvenes,

-estamos hablando de cuando tú eras más joven-

lo sigues siendo,

pero te metiste en historias muy complicadas

que te llevaron incluso a la droga, a la violencia ...

y no estoy siendo para nada exagerada, ¿verdad Ramón?

No, desgraciadamente.

Pero bueno,

aún así,

también creo que es por Gracia.

Porque Dios también se encuentra.

Yo creo que

Dios me hizo experimentar

que aún siendo la persona que, como dice el título,

"más leprosa de la tierra"

aún así

Dios tenía una mirada sobre mí de conquista.

A mi me impresiona

cuando un chico

se siente conquistado por una chica.

Porque normalmente

le sorprenden sus ojos, su rostro,

le sorprende su belleza.

Pero enamorarse de la más fea del baile

eso no lo había visto jamás.

Hasta que eso me sucedió a mí.

¿Te considerabas la fea del baile?

¡Huy la fea!

¡me consideraba la bestia!

Me consideraba, pues eso, un leproso.

Y sin embargo

Dios no había buscado a la más guapa,

al revés,

había buscado a la más fea.

¿Cómo era?

¿Qué pasó en esos momentos?

Cuéntanos un poco.

La historia es larga, la historia es dura,

pero ...

ponnos en situación, Ramón.

Bueno, es fácil.

Yo creo que,

por resumirlo de alguna manera,

sería ...

que yo buscaba ser Dios.

Y aunque Dios buscaba exactamente lo mismo,

lo buscábamos de manera distinta,

porque Él también buscaba que yo fuera Dios,

pero no de la manera en la que el mundo o el demonio

me habían "vendido" que era Dios.

Me habían vendido

que era algo grande,

que pisaba,

que era algo que estaba por encima de los demás,

aplastando.

Y Dios no era eso.

Dios era algo pequeño,

siendo sublime,

se había hecho infinitamente humilde.

Precisamente

para encontrarse con los que son pequeños.

Por eso es bellísimo en la Escritura,

cuando Jesús manifiesta

que sólo los que son como niños

entran en el Reino de los Cielos,

porque el Cielo es el lugar de Dios.

Y Dios no es algo grande, Dios es un niño.

Sinceramente es

la imagen que verdaderamente pienso,

de hecho,

algunos que han tenido visiones sobre el Cielo,

siempre me han parecido muy hermosas

las que

han visto a Dios, también a Jesús y a María,

niños en el Cielo.

De hecho,

a vces les digo a los niños de la Parroquia:

El Cielo es un patio de recreo,

y lo mejor de todo

es que Jesús siempre se deja ganar.

Así que siempre vas a ganar.

Y por eso

yo tenía la concepción justa totalmente contraria.

Que había que ser grande,

la fama,

el poder,

el honor,

el éxito,

me habían vendido ...

Y entonces

yo estaba desesperado porque la gente me quisiera

y estaba dispuesto a pagar cualquier precio.

El precio del éxito me salió caro,

precisamente porque me metí en drogas,

en delincuencia,

en todas esas cosas.

También movía la envida frente a mis hermanos,

a los cuales veía

vestidos de dones que yo no tenía.

Yo me consideraba bajito, gordito, feíto, tontito,

todos los "itos" estaban en mi vida.

Y todas esas cosas que yo despreciaba de mi mismo

eran las que a Dios

manifestaba que más le gustaban.

Todas mis pobrezas, mis miserias,

y entonces yo por eso fui cayendo en todas esas cosas,

un poco también

por buscarme a mí mismo, por proyectarme,

por, en el fondo,

pretender que los demás me quisieran

pero, claro,

yo me iba poniendo un disfraz.

Aun cuando

podía sentirme querido por alguien,

no era lo que se me quería a mí,

se quería al disfraz.

Pero claro

llegaba un momento en la noche

que yo me quitaba el disfraz.

Entonces entraba en mí la desesperanza.

Porque,

¿cómo podía yo sentirme feliz

si la gente no me quería a mí por lo que yo era,

sino por lo que yo pretendía ser,

o mostraba.

Pero no era quien era yo.

Entonces

era imposible

que yo pudiera sentirme querido así.

Era imposible.

Por eso,

hubo Uno que sí lo hizo posible.

Que incluso

lo que a mí me daba verguenza manifestar,

mis pecados, mis miserias,

todas mis pobrezas,

¿quién se puede enamorar

de un lujurioso o de un soberbio,

o de alguien que está lleno de ira?

¿Quién dice:

"hay, qué maravilla,

fíjate, si es que es un envidioso, cómo le quiero ...

¿Quién se puede enamorar de alguien así?

Pues el Señor.

Esa es mi respuesta, el Señor,

que entró en esa muerte,

se manifestó Él, con todas mis culpas,

para que yo pudiera caer rendido en Sus brazos,

diciendo:

"Señor, pues yo también Te quiero querer a Tí".

Todavía no le quiero, pero estoy en ello.

Ahora veremos cómo fue ese encuentro

además,

es muy significativa esta imagen,

después nos lo va a contar Ramón.

Pero ...

claro, tú venías, como nos has contado,

de consumir drogas, de vender droga,

te habían echado ... yo no se,

leyendo el libro

ya perdí la cuenta

de en cuántos colegios te habían echado ...

De cuatro colegios,

porque no se hacían contigo, en definitiva.

Habías entrado en el mundo de la delincuencia,

habías llegado incluso

a injuriar a sacerdotes

y a la propia imagen de Cristo,

¡eso es muy fuerte, claro!

Sin duda

es uno de los capítulos que me encantaría cambiar.

Cuando miro a Dios,

Él no lo cambiaría,

eso es lo que más me sorprende.

Que todo el desprecio

que yo he podido manifestar a Dios

Él no lo quiere cambiar,

porque ahí me muestra más

aún más,

cómo me quiere.

Para que no se me olvide.

Y para que pueda mostrar al mundo

que esa es la misión,

que Dios es capaz de querer a los últimos,

a los más pobres,

a los más débiles.

Sin duda,

Creo que,

muchas veces,

como que perdemos el tiempo

en hablarle a la gente de lo importante que es Dios.

Yo creo que hay que cambiar la mirada

y es

decirle a la gente

lo importante que son ellos para Dios.

Solo así puedes conquistar el corazón de un hombre.

Si todos nos miráramos solo un segundo

en el Corazón de Cristo,

nos moriríamos de la ilusión.

¡Nos moriríamos!

Es que es alucinante

cómo siendo tan pobres

Dios se haya fijado en nosotros.

¿Qué tengo yo que ofrecer, Señor?

le digo todos los días.

Y sin embargo Él

siente que le ha caído el gordo.

¡Nunca mejor dicho!

Y efectivamente,

es que ¡Le ha caído el gordo!

al Señor Le ha caído el gordo conmigo.

¿Será al revés?

¿Seré yo el que he recibido un premio?

Y sin embargo, el afortunado es Él.

¿Cómo fue ese encuentro con Jesucristo?

Porque no se,

pero yo creo que muy abierto no estabas ...

En ese momento,

además fue un momento

en una circunstancia

en la que te acababan de expulsar de otro colegio.

Vamos,

que no era tu mejor momento ni para ir a una parroquia,

ni para encontrarte con Jesús, ni nada por el estilo.

¿O quizás sí, lo estabas buscando?

No sé Ramón ...

Cuéntanos.

Pues tal vez sí que era el mejor momento

porque cuando has perdido la esperanza en los hombres,

cuando has perdido la esperanza en la vida,

te encuentras

que Dios se ha hecho "vida" y "hombre"

para llenar tu esperanza.

Y tal vez ese era mi punto, ese era mi momento.

En el momento en el que Dios

se manifiesta de una manera muy sencilla.

Yo creo que mi encuentro con Él fue en el calvario.

Lo que pasa es que

para entrar en ese momento

hace falta entrar en un confesionario.

Y en ese momento

yo me encontré con un Sacerdote

que me mostró todo el Amor de Cristo.

Yo le iba contando mi historia,

con más "pelos y señales" que te la cuento a tí,

porque no se si entonces me vuelves a invitar ...

y el caso es que cuando estaba contándoselo,

él me sonreía

y yo decía:

una de dos,

o este tío no se entera, o no me hace caso.

Porque le estoy diciendo que me he drogado,

que he hecho tal cosa ...

Claro,

y el sonreía, sonreía, sonreía ...

y yo decía:

pero este tío, ¿de qué va?

De hecho,

entraba como una rabia en mí, por dentro,

casi de estrangularle y decirle:

pero ...

¿me estás haciendo perder aquí el tiempo?

Y él respondió:

¿Y qué?

O sea,

después de dos horas de confesión,

después de dos horas

de contarle absolutamente todo,

la primera persona en mi vida a la que no le miento.

Y la respuesta es:

¿Y qué?

A mí eso, de verdad,

me hundió.

Fue como un poco como a Pablo,

que dice que le tiró del caballo,

bueno,

no sabemos si del caballo,

pero vamos, que se derribó, se cayó.

Eso fue ...

Es que nunca me hubiera esperado una respuesta así, ¿no?

Ante una vida

como la que yo manifestaba ...

Es como si a un terrorista, le dicen:

"El Cielo es para tí".

¿Cómo el Cielo va a ser para mí?

Si para mí,

el único lugar es el infierno,

si es que

no hay otro lugar para mí.

¿Tú lo veías así, Ramón?

Efectivamente.

Porque yo mentía a todo el mundo,

pero era incapaz de mentirme a mí mismo.

Lo intenté durante muchos años, pero ...

también el demonio

te quita el disfraz para que te hundas,

para que te desesperes.

Para que veas

que no hay posibilidad, que no hay esperanza.

Para que veas

que es imposible que alguien te ame.

Si te manifiestas tal y como es,

es imposible que alguien te pueda querer.

Claro, si te pones el disfraz, fenomenal.

Te quieren por el interés.

Efectivamente.

Bueno, todos por el interés no,

porque ahí estuvieron tus padres,

cuéntanos esa historia.

Porque ...

se habla mucho

de San Agustín y Santa Mónica

pero de Ramón y su madre ...

yo creo

que habría que hablar también ...

¿Cómo se llama tu madre? Amelia y Ramón.

Amelia y Ramón tus padres.

Pues yo creo

que habría que hablar también de ellos

porque ...

hombre,

que tú llegases a casa expulsado de colegios,

que llegases

después de haberte metido

en historias muy complicadas con la droga,

¡que te abrieran la puerta y te dieran un abrazo ... !

Es curioso lo que dices

porque hace un tiempo

hemos tenido una presentación del libro

en mi Parroquia

Se hizo la presentación,

estaba el Obispo,

estaba mi Párroco, muy majo, Antonio ... y tal,

y luego yo dí una intervención,

Marta Moreno

que es la que ha llevado el libro a la luz,

que es la editora,

la coeditora -como dice ella- en Nueva Eva,

porque la que lleva la empresa es la Virgen

y entonces llega el momento del turno de preguntas

y la primera pregunta no fue a mí, fue a mi madre,

y la segunda, fue a mi madre,

y si dejo, pues la tercera y la cuarta,

porque claro,

a la gente en el fondo le interesa eso,

porque detrás, como tú bien dices,

de esta historia,

estaba la oración y la penitencia de mi madre.

De hecho,

ahí es donde está la clave

para enamorar un alma.

¿De qué se sirvió Cristo para enamorar la mía?

De la oración de una madre,

que no desesperó y que fue fiel.

Fiel cada día a la oración.

Hace ...

creo que lo cuento también en el libro,

hace tiempo escuché en Radio María

una anédota que me pareció divertidísima

en un programa

en el que todo el mundo llama, pues para pedir cosas y tal ...

Llama una mujer y dice:

Yo no llamo para nada, para pedir algo en concreto,

llamo para dar gracias.

¿Cómo?

Si, llamo para dar gracias por la conversión de mis dos hijos.

Y entonces la locutora le dice:

Oye, cuéntanos más detalles, eso es muy interesante.

Y le dice:

No, si es que todavía no ha sucedido.

Dice -¿cómo?.

Dice:

Si.

Pero como se que Jesús me lo va a conceder,

para qué pedir.

Yo ya doy gracias.

Pues esa es con la fe

con la que todos los días mi madre pedía este milagro

porque se había fiado de Jesús

que dice en el Evangelio

que si pedimos con fe, se nos concederá.

Y ella todos los días,

rezaba, hacía penitencia, ayunos, tantas cosas ...

De hecho,

ojalá pudiera mostrar en esta televisión

las rodillas de mi madre

para que se vieran hasta los callos ...

de lo que cuesta un alma.

El alma de un hijo.

Mi madre incluso había llegado a decir:

"Que no entre yo en el Cielo si no entra él".

Pues así de maravilloso es el Amor de Dios,

que se sirve de personas concretas, sencillas

pues para manifestar toda la omnipotencia de Dios

y Él no manifiesta su omnipotencia a través de un milagro,

sino a través de una madre que reza.

Ese es el milagro,

que es capaz de mover el corazón

de la persona más soberbia del planeta

para que caiga rendido

en los brazos del Dios que más le quiere.

Fíjate, no hace mucho tiempo

hablábamos aquí en el programa

precisamente con dos madres

que hacen la oración

y además una de ellas

es la responsable a nivel nacional,

de la oración de las madres,

una de las cosas que decían:

Hay un momento en el que los hijos ya no les puedes decir mucho,

ya les has dicho todo

y por uno le entra y por otro le sale.

Al que se le queda siempre es a Dios.

Y eso lo habéis experimentado en tu familia, ¿verdad?

¿Cómo era tu relación

cuando ...

¿te planteabas la presencia de Dios en tu vida,

en esos años tan complicados

que además fueron muchos,

porque tú empezaste muy jovencito

a tener problemas

por lo que ahora quizá llamaríamos bulling.

Sin duda.

Y claro que me planteaba la presencia de Dios,

de hecho,

yo de pequeño era súper amigo Suyo,

o sea,

y Jesús era un tío fantástico al que yo quería querer ...

Y de hecho

yo creo que de pequeño Le quería de verdad.

Lo que pasa es que te falla.

Claro,

tú te has hecho un esquema de lo que Dios tiene que ser

y Dios tiene que cumplir una lista de deseos,

casi como los reyes magos, efectivamente.

Pero es que Dios

quiere hacer algo más importante que cumplir tu lista de deseos,

que es:

hacerte feliz.

Y en esa felicidad entra la cruz

Y la cruz no te interesa.

Mi cruz no me interesaba

porque aun cuando la cruz

manifestaba en mi vida que Dios me quería,

porque me hacía más humilde,

me humillaba, me hacía más pequeño

y no hay mejor tamaño para ir al Cielo

y en el fondo

para salir del amor a uno mismo,

del amor propio

y entrar

en la realidad del amor hacia el otro.

¿Cómo podemos amar al otro

si no es saliendo de nosotros mismos?

Y esa es la puerta que hay que pasar,

la puerta de la cruz.

Y por eso yo no quería un Dios con cruz,

igual que cuando están en el Evangelio

y dicen:

"Bájate de la cruz"

Yo era ese.

Que decía:

Bájate de la cruz,

no me des cruz, no quiero cruz,

no quiero cruz.

No quiero un Jesús con cruz.

Y sin embargo

con el tiempo me di cuenta

de que la cruz era

el mayor tesoro que Dios te puede dar,

que en el sufrimiento

está verdaderamente el secreto de la felicidad.

Luego

acompañando de Sacerdote

a personas que han sufrido mucho,

incluso me estoy acordando ahora

de una niña que cuento con cáncer

en el libro,

ella, sin duda,

me ha enseñado

que el sufrimiento NO es una maldición,

al revés,

el sufrimiento es

la puerta pequeñita

por la que vamos entrando en el Cielo

y, sin duda,

no hay nada más maravilloso que hacernos como niños.

El sufrimiento nos hace humildes,

nos humilla,

nos achica.

Y Dios estaba manifestándome eso.

Pero yo no quería entrar en el sufrimiento.

Por eso dí de lado a Dios.

Y en principio

hubo un momento en el que no creía.

Ateo, ateo, ateo

yo creo que no te puedes hacer nunca.

De hecho,

ese fue mi gran problema,

que como al final de mi vida era casi totalmente ateo,

ya quería quitarme la vida,

porque no entendía

una vida en la que no pudiera existir Dios,

en la que

mis anhelos y mis deseos

no pudieran ser cumplidos en plenitud

porque mi corazón estaba hecho

no para las cosas temporales, o caducas,

sino para las cosas eternas.

Y por eso

mi corazón no terminaba de saciarse jamás ...

Hasta que entraba en la realidad de Dios.

Ese leproso ...

¿quién es el leproso, Jesucristo o tú?

Bueno,

está hecho así a posta ...

Porque el libro se llama:

"Me enamoré de un leproso"

ya no se si Dios se enamoró de tí o tú de Dios.

Está un poco así hecho aposta

para que se vea

que no terminas de saber

si es Ramón o si es Jesús, ¿no?

Pero lo que sí es verdad

es que

un poco los dos.

O sea yo, por supuesto,

que entré ese día con lepra en el confesionario

pero me encontré con un "Jesús leproso"

por eso son las dos cosas

y por eso

se ha querido plasmar también esa imagen.

Y esta imagen es la que te interpela ...

Es como me imagino al Señor.

Al Señor me lo imagino ...

bello porque se ha hecho repugnante.

Y no repugnante en el sentido de desprecio

sino en el sentido

de que ha querido desnudarse

y enseñarme

que su cuerpo y el mío son exactamente iguales.

Que al hacerse hombre,

asume absolutamente todo lo que hay en el hombre,

incluso su culpa y su pecado,

para cargarla

y para manifestar que Él no me da de lado.

Donde nadie me aceptaría,

donde todo el mundo me rechazaría,

donde nadie querría entrar,

han entrado Él y la Virgen.

Y abre la puerta a la resurrección.

Por eso

comenzábamos también el programa un poco de ese modo

porque tú has vuelto a nacer para la vida,

después de esa experiencia.

Tú y tantas personas,

estoy pensando también

en tantas personas que ahora nos puedan estar viendo

o madres

de personas, de jóvenes, de chicos, de chicas

que ahora puedan estar viendo y decir:

es que queda la esperanza, ¿no?

Es que no es la última palabra.

De hecho,

Jesús así le dice a Nicodemo:

El que no entre otra vez en un nacimiento nuevo

no entrará en la vida eterna.

Y Nicodemo se sorprende

porque no entiende ese nuevo nacimiento.

Yo creo que el nacimiento es todos los días,

desde que me levanto hasta que me acuesto.

No solo por despertar

sino especialmente

cada vez que voy a la Eucaristía,

cada vez que perdonan mis pecados,

cada vez que Le veo presente en los niños, en los pobres,

en los últimos.

Cada vez que veo cualquier cosa de mi ministerio

estoy entrando otra vez más en la vida.

Y todos los días son

un poquito menos hacia la vida eterna,

que verdaderamente es LA VIDA con mayúsculas.

Cada vez que estoy con Jesús

y sobre todo,

cada vez que celebro la Misa

y sobretodo

cada vez que Le comulgo,

ahí sí verdaderamente me siento como Lázaro

y siento que resucito.

Pues Ramón Mirada Muñoz,

gracias de verdad por haber estado con nosotros,

por habernos contado un poco de esa historia

que es tu historia, que es tu vida

que has plasmado en este libro.

Has sido muy valiente también contándola y compartiéndola

y reganándonosla diría yo,

porque yo creo que ...

a todos nos interpela

y nos abre esa puerta que comentábamos

de la esperanza también.

Muchísimas gracias.

Gracias a vosotros,

aunque el valiente ha sido Jesús por quererme.

Bueno,

tanto te quiso

que hasta te llamó para que fueses Sacerdote,

que eso no lo hemos contado

pero vente otro día

y podemos contar esa segunda parte también.

Gracias Ramón.

Y muchas gracias también, por supuesto,

a todos ustedes,

que nos han acompañado

y han participado

de esta conversación, de este encuentro.

Gracias.

Hasta la próxima semana.

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Últimas preguntas - Me enamoré de un leproso

21 jun 2020

Este domingo hablamos con el sacerdote Ramón Miranda. Recientemente ha publicado un libro "Me enamoré de un leproso" en el que recoge su experiencia de encuentro con Jesús, después de haber vivido una adolescencia de rebeldía que le llevó al mundo de las drogas.

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