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Para todos los públicos Últimas preguntas - Coronavirus en clausura - ver ahora
Transcripción completa

Y ante el dolor, ante la muerte,

(Música)

Saludos amigos, muy buenos días,

bienvenidos una semana más a "Últimas Preguntas".

Hoy les proponemos algo diferente.

Vamos a irnos a dos conventos de religiosas de clausura

porque queremos conocer

cómo están viviendo ellas desde la clausura

este tiempo de pandemia.

Pero en lugar de ir al convento o de abrir el locutorio o el torno,

vamos a abrir una videoconferencia.

En primer lugar,

con el convento de las monjas de la Orden de las Monjas Mínimas,

en Daimiel, en Ciudad Real.

Está con nosotros Sor Rocío de Jesús.

Muy buenos días, Rocío. Buenos días.

Háblenos un poco de la Orden de las Monjas Mínimas

que, por cierto, comenzó en España hace 525 años,

en concreto, en Andújar.

Sí, exactamente.

Nosotras somos parte de la Orden de los Mínimos.

Hay frailes.

En los fundadores, San Francisco de Paula,

que nació en Italia, en Paula, en 1416.

Y entonces las monjas nacieron

mientras que vivía el fundador en España,

en Andújar, hace 525 años.

Hoy, precisamente, cumplimos ese aniversario,

así que las Monjas Minimas empezaron en España.

¿Cuál es el carisma que viven ustedes?

¿Cuál es el carisma de las Monjas Mínimas?

Bueno, pues tenemos un carisma penitencial,

porque tenemos un cuarto voto que se llama vida cuaresmal,

Entonces, lo que los cristianos vivimos durante la Cuaresma,

que es un espíritu de conversión, de fuerza,

de un camino hacia la Pascua,

eso lo vivimos los Mínimos toda la vida,

ese esfuerzo lo tenemos todos los días, toda la vida.

Tenemos un aspecto también en la ascesis física,

por decirlo de alguna manera,

una alimentación que es...

especial, ¿no?,

lo que los cristianos vivían hace muchos años,

durante el tiempo de San Francisco de Paula.

Los cristianos durante la Cuaresma

no tomaban ni leche, ni carne ni huevos.

Entonces, San Francisco lo cogió como voto,

un cuarto voto de vida cuaresmal, y eso lo vivimos nosotros.

Pero el espíritu es el espíritu de la conversión,

o sea, conversión de mente y corazón.

Un camino de configuración con Cristo crucificado

hacia la Pascua, ¿no?

La meta es la resurrección.

Es un camino muy alegre, aunque es de penitencia, pero...

El lema es...

Tenemos tres tres pilares en la Orden:

la penitencia, la humildad y la caridad.

El lema es "Cáritas".

A veces relacionamos la Cuaresma como algo triste

e incluso tenemos en nuestros dichos populares

aquello de "llevar cara de Cuaresma"

cuando vamos así, un poco tristones por la vida.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad.

La Cuaresma es un tiempo de conversión

y ustedes lo viven así durante todo el año.

De hecho, si te encuentras con alguna persona

que ha vivido un proceso de conversión,

es que la vida le ha cambiado, ¿no?

¿Por qué?

Porque es que te encuentras con una persona, con Jesucristo.

Tú descubres que Jesús, el Dios, que ha muerto por ti,

entonces a ti te cambia la vida.

Te transforma.

Dices: "Si me ama, yo me quiero entregar a él.

Entonces lo mismo, el mismo camino que ha vivido él,

yo lo quiero vivir",

y eso te produce mucha alegría, porque...

Te hace superar muchas cosas que tenemos en la vida,

y sólo la superas unida a él.

Entonces, si tengo un sufrimiento,

yo lo puedo superar porque Jesús está dentro de mí,

porque Jesús lo ha vivido primero.

Entonces, mi dolor Jesús lo ha asumido.

Entonces tiene sentido.

y si yo hago un esfuerzo por una persona

que a lo mejor incluso no la conozco,

eso me produce alegría,

porque yo sé que a su persona le estoy ayudando,

y ella, esa persona, el mejor no lo sabe, ¿no?

Entonces todos necesitamos siempre esa cosa

de saber que yo estoy pidiendo

y que esa oración va a llegar a otros sitios.

La penitencia me une a Cristo crucificado

y todo lo que me una Jesús me une al mundo,

y con Jesús pues redimimos el mundo,

salvamos al mundo, pero unidos a Jesús.

Ese es el sentido de la penitencia, si no, no tendría sentido.

hacer una penitencia, por ejemplo, dejar de comer

o simplemente por guardar la línea,

eso, bueno, tiene sentido para ciertas personas,

pero no para el sentido que vivimos los religiosos.

Tiene un sentido trascendente,

o sea, que supera las cosas de este mundo,

nos lleva a una trascendencia, a la otra, a la otra.

A otra dimensión que llevamos todos dentro.

En realidad es muy sencillo, muy sencillo,

y, como tú dices, es fuente de alegría verdadera,

una alegría que no te la quitan las cosas

ni los sufrimientos de este mundo.

Es... Bueno, quién lo experimenta lo sabe.

Y eso ustedes lo saben bien.

Hay otra cuestión relacionada con la vida de clausura

que, tal vez por desconocimiento,

pues a veces se piensa que ustedes no están en el mundo,

que están en sus oraciones,

en sus trabajos,

pero que no están en la realidad.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad,

si me permite la redundancia.

Ustedes están, como nos dice, en completa unión con Jesucristo,

con los hombres, con el mundo.

Están y saben lo que pasa, están en medio del mundo.

Estamos en el corazón del mundo, tú lo has dicho.

Hay una hermana mayor que aquí, en el convento dice,

y siempre lo cuenta a las personas cuando vienen,

dice que aquella cuando entró entraba con la convicción

de que entraba en el corazón del mundo.

Y esa convicción se le ha acrecentado con los años,

y ahora que es mayor, más todavía,

porque yo puedo decir a cualquier persona

que me encuentre por la calle, cuando salimos,

pero a cualquier persona le puedes decir:

"Hoy he rezado por ti".

Sí, he rezado por ti, porque mi vida está...

vivimos en un convento de clausura, no salimos,

pero nuestra vida está entregada a Dios

y estamos entregadas a Dios por la salvación de todos.

Ahí entran todos, conozcamos o no conozcamos.

Esa dimensión de la oración,

que llega donde las palabras incluso no llegan

o las acciones externas no llegan,

esa es la que vivimos nosotros y estamos convencidos de que es así,

y es una gracia,

es una gracia que el Señor nos concede.

Cada uno tiene su vocación

y cada uno tiene que realizar su misión, ¿no?

Pero nosotros tenemos esta,

pues la realizamos con todo el cariño que queremos,

que podemos y que el Señor no concede,

pero que, efectivamente,

sabemos que estamos aquí, en el corazón de todos.

Somos como el corazón que bombea,

el corazón bombea la sangre y nos da la vida.

Nosotros en la Iglesia somos eso,

como una raíz que no se ve, pero que está ahí.

Tiene que estar escondida para dar vida al árbol.

Esa es la vida contemplativa.

Algunos decían: "Bueno, que sea la vida contemplativa,

que salgan y la vean".

Digo: "Bueno, haces eso en un árbol...

Tú saca las raíces para que se vean.

Si no, no tiene sentido que no se vean".

¿Qué le pasa? Pues se muere el árbol.

Un poco así para explicar a los que no entienden.

Eso es una cosa muy bonita, muy hermosa.

La Comunión, como has dicho,

la Comunión en la Iglesia es lo más grande que tenemos.

Y no sé si somos conscientes de la gracia que tenemos

al saber que hay personas, que hay religiosas como ustedes,

que están rezando por nosotros,

por los espectadores de este programa, por ejemplo,

que ustedes están rezando, como decimos,

por todas las realidades.

Se lo tenemos que agradecer y mucho, y mucho.

Ustedes están en el corazón de la Iglesia, como decimos,

pero también están en el corazón de La Mancha, en Daimiel,

una población, una tierra, La Mancha,

que se ha visto especialmente golpeada

por la pandemia del coronavirus.

¿Cómo han vivido ustedes esta realidad?

Pues nosotros hemos rezado mucho, hemos estado en comunión con todos,

y también Daimiel, nuestro pueblo,

pues ha sido también muy azotado por la pandemia.

Principalmente la oración, ¿no?, rezar por todos.

Y luego también pues...

hemos tenido la gracia de poder colaborar también,

haciendo mascarillas.

A través de nuestro alcalde,

que ha hecho con muchos voluntarios, por supuesto,

nos han metido también en ese equipo de voluntarios

y hemos ayudado a...

a hacer las mascarillas de pantalla y de tela,

de lo que nos han pedido, pues hemos colaborado.

Y luego nuestra oración.

Nosotros hemos seguido nuestro ritmo normal de oración,

de trabajo diario.

Lo único fue que no teníamos la celebración de la misa,

porque la teníamos que ver a través de la televisión,

cosa que nunca lo habíamos hecho.

Yo creo que incluso hemos estrenado la televisión

precisamente solo para ver la misa.

No la vemos, la televisión.

Y, bueno...

Hemos colaborado como podido,

y con mucha alegría, la verdad.

Las jóvenes pues también se han alegrado

de que nos dieran esta posibilidad de poder participar

y ayudar a los voluntarios.

Y una cosa muy bonita que he descubierto, vamos,

y que pienso que la gente ha descubierto

es la colaboración fraterna que ha surgido en la sociedad,

en nuestro pueblo, y en todos sitios.

Eso es una cosa muy hermosa,

un valor que a lo mejor estaba un poco perdido o olvidado

y que lo tenemos que redescubrir.

O sea, ahora que lo hemos redescubierto,

pues que no se pierda.

Todos nos necesitamos, todos nos necesitamos.

Pues Sor Rocío, muchísimas gracias, de verdad,

por haber estado con nosotros.

Gracias por su misión.

Gracias por estar ahí,

en el corazón de la Iglesia y del mundo, como hemos dicho,

y gracias por abrirnos las puertas siempre del locutorio,

siempre del torno,

y ahora también las puertas del ordenador

para haber podido mantener esta conversación

a través de videoconferencia.

Muchísimas gracias.

Me gustaría decir un mensaje final, decir a todos los que nos escuchen,

que confíen en Dios,

que confíen en la misericordia de Dios,

que estos días nos han ayudado a descubrir

unos valores muy importantes

y, sobre todo, que nuestras vidas están en manos de Dios,

no depende de nosotros, hay muchas cosas que nos superan.

Es Dios el que nos va a ayudar a superar todo esto.

Y nada más.

Pues con estas palabras nos quedamos, Sor Rocío.

Hasta pronto.

Y nosotros nos vamos ahora a otro convento,

en esta ocasión a Valladolid,

al monasterio, al convento de la Inmaculada Concepción.

Allí nos estaba esperando la madre Nuria,

religiosa concepcionista franciscana.

Muy buenos días, madre Nuria. Buenos días, ¿qué tal? ¿Bien?

¿Vosotros bien?

Pues encantada de que esté con nosotros

y de que a través de videoconferencia

podamos encontrarnos

y podamos mantener esta conversación,

porque queremos conocer cómo viven ustedes

este tiempo tan diferente, tan especial.

¿Cómo lo están viviendo en el convento?

Con mucho dolor, unidas al dolor de la humanidad.

Sin ninguna duda.

Hemos experimentado también la comunión con la gente que sufría,

pues enfermos, familiares, los médicos,

todas las personas que trabajaban por intentar solucionar...

Y hemos estado muy en comunión.

No era algo que estaba fuera de nosotras

ni lo hemos visto con indiferencia, todo lo contrario.

Y lo hemos visto también con esperanza,

porque también confiamos en que hay alguien

que lleva nuestras vidas y que está por encima de todo,

y también en oración.

Hace algunas semanas manteníamos una conversación

en el programa de radio En Frontera de Radio Nacional,

con una médico que nos decía: "Tengo compañeros que me dicen

que no sé de dónde estamos sacando estas fuerzas".

Y ella me decía: "Yo sí sé de dónde la estamos sacando,

de la oración de tantísimas personas

que están rezando por nosotros".

Hemos tenido una experiencia muy bonita hace poco,

porque yo leía con mucha emoción una carta de una enfermera,

que escribía a mí personalmente para agradecerme la oración,

porque antes había hecho un vínculo por correo electrónico

y nos pedían que rezásemos.

Rezábamos por ellas sabiendo que existen,

pero no les conocíamos,

y ha sido muy emocionante leer la carta

y sentir el testimonio de ella,

que decía que sentía la fuerza de Dios,

que le estaba ayudando,

y de los que orábamos por ella, estábamos en comunión.

Ha sido muy bonito ese testimonio.

¿Cómo ven desde un monasterio de clausura esta situación?

Ustedes miran hacia afuera,

mirar más allá de los muros del convento,

¿y cómo interpretan este tiempo tan atípico que estamos viviendo?

¿Qué reflexión se hacen?

Yo creo que habido mucho la tentación de preguntar

¿por qué ha pasado esto?, ¿de dónde viene y cuál es el origen?

Yo creo que la pregunta clave para sacar algo de ello

es el "¿Para qué? ¿Para qué todo esto?"

Nosotras lo primero que pensamos fue pensar en la debilidad,

en la pobreza del ser humano.

Hoy en día los hombres nos creíamos tan poderosos

y nos creíamos que lo podíamos solucionar todo,

y, sin embargo, un virus que ni siquiera vemos

ha evolucionado el mundo,

ha cambiado muchas vidas, ha cambiado familias.

Yo creo que nos tiene que hacer reflexionar un poco

sobre nuestra pequeñez y nuestra pobreza.

Y quizá sea una lección, en primer lugar, de humildad,

de saber...

Luego, pues, una lección de solidaridad,

que todo lo que yo pueda hacer repercute en el mundo entero,

en los demás.

Por tanto, una llamada a la responsabilidad también.

"Lo que yo haga puede repercutir a todo el mundo".

Y, bueno, la confianza en que hay alguien

que está por encima de todo,

que lleva la vida y la historia del mundo,

y que no va a permitir que esto se le escape de las manos, ¿no?

Hay una providencia.

Y ante el dolor, ante la muerte,

la muerte no tiene la última palabra,

sino que es Cristo,

el que ha vencido el mal, el sufrimiento y la muerte,

y, por tanto, por eso decía con esperanza.

ustedes son religiosas de vida contemplativa,

son religiosas, de clausura.

Su ministerio, por tanto, principal es la oración.

¿Pero qué más hacen? ¿Cómo es su vida?

(RIENDO) Nuestra vida es una vida sencilla,

en la que el centro es Cristo, el centro de la oración.

Las hermanas somos una familia espiritual

y en la que convivimos estrechamente

en un clima de cariño, de fraternidad, también de escuchar,

de sencillez y de fraternidad.

Pues bueno...

La vida es fundamentalmente oración

Liturgia de las Horas y Eucaristía,

y después las tareas de la casa,

que todas nos repartimos y compartimos.

Las mas jóvenes ayudamos a las más mayores,

es una vida de familia, muy estrecha.

Y después, además de eso,

otros trabajos para poder sostenernos

y para poder vivir.

Hay jóvenes que también están en formación

y dedican tiempo especial también al estudio.

Y, bueno, vamos alternando actividades, trabajo,

oración, estudio...

¿Qué trabajo realizan ustedes?

Porque nos consta que ha habido...

que hay comunidades de religiosas y de religiosos

que su principal modo de manutención

para sostener su vida cotidiana, para sostener los edificios,

pues realizan determinados trabajos

que ahora se han visto interrumpidos.

Hay comunidades que lo están pasando realmente mal

y nos gustaría, en próximos programas,

estar también con ellos.

¿Ustedes qué trabajo realizan en Valladolid?

Hasta ahora no teníamos trabajo.

llevamos bastante tiempo sin tener trabajo

y viviendo mucho de la providencia que nos iba llegando

y experimentando, que Dios nos cuida,

y siempre pone personas buenas en nuestro camino

que nos han ayudado mucho.

Por otro lado,

cuando apareció toda esta pandemia nos ofrecimos a coser mascarillas,

a trabajar desinteresadamente por colaborar y ayudar.

Y en este momento estamos haciendo ese trabajo solidario.

También necesitamos unos ingresos

y en este momento lo fundamental son donativos,

y teníamos en un proyecto con el cultivo de flores,

el tema de la floristería,

pues para poder también obsequiar

a las personas que nos ayudan de esa forma.

Teníamos a jóvenes muy hábiles para los trabajos manuales.

Estábamos empezando a ponernos en marcha

para trabajar en iconos,

para hacer algunas manualidades muy bonitas,

pero todo esto se nos paró porque, de repente,

cesó la actividad y ya nuestros jardines se pararon,

ya no pudimos seguir y ahora estamos un poquito en marcha

e intentando retomar otra vez toda la vida que se quedó ahí.

Sí... Estábamos en proyecto...

Perdón, teníamos proyecto de grabar un CD

con música que se ha elaborado aquí, en el monasterio,

con escritos de una hermana

que está en proceso de beatificación

y que vamos a celebrar el centenario de ella.

Entonces habíamos compuesto unas canciones

sacadas de sus escritos,

estábamos ensayando para grabar,

y se suspendieron ensayos y se suspendió todo.

Ahora esperamos poder retomarlo, pues, al ritmo que vayamos.

Hablemos un poco de esa hermana

que está ahora en proceso de beatificación.

Háblenos de ella.

Bueno, se trata de Sor María de los Ángeles Solazo.

Y ella es vasca

Ingresó en nuestro monasterio a finales del siglo XIX

y falleció en 1921.

Esta hermana, cuando llegó a la comunidad,

se encontró una comunidad muy pequeña,

con grandes limitaciones,

y ella tuvo la...

Por gracia de Dios

y por dones naturales y sobrenaturales que tenía

pues la levantó,

tanto en lo material como en lo espiritual.

Y la fuerza le venía de hablar con Dios.

Ella vive intensamente nuestro carisma Mariano,

que seguimos a Cristo,

pero imitando las actitudes de la Virgen, de la Inmaculada,

y haciendo como una opción por el misterio de la Inmaculada,

que se vive de la gracia,

en esa libertad y en esa luz que nos trae la gracia de Dios,

y que la disfrutamos con más gente.

Ella vive esto, este carisma, con mucha intensidad,

con unión a la Virgen,

y va entrando y entrando en la vida mística.

Y ve el matrimonio espiritual y escribe sus experiencias;

entonces tenemos en el monasterio un gran fondo

en el que se conservan casi todos sus escritos.

Creo que es una riqueza

para que la gente también la conozca,

porque bueno..

Personas así un poquito... un poquito en agenda.

bien introducidas en la teología mística

la valoran mucho y nos piden que la demos a conocer.

Y una manera estupenda de conocerla

es a través de sus escritos

a los que ustedes están poniendo música,

como nos decía hace unos instantes.

Y si la verdad es que la iniciativa que salió así, un poco...

pues con mucha ilusión, con mucho cariño,

sin ninguna pretensión,

solamente por disfrutarlo nosotras en casa.

Después nos dimos cuenta de que nos ayudaba a orar

y hemos tenido ayuda,

de personas que los han cantado,

otros que nos han ayudado a interpretarlo...

Y ahora mismo, fundamentalmente, son canciones para ayudar,

para ayudarnos a entrar en el misterio que ella vivió

y que disfrutó mucho.

Tienen hermanas jóvenes en el convento.

¿Sigue llamando Dios a la vida religiosa de clausura?

Bueno, si no llama más quizá es por el desconocimiento que hay.

Es muy frecuente que se acepten jóvenes a nuestro monasterio,

a orar, pasen por nuestra capilla, compartan oración con nosotras,

y después dicen: "Aquí hay algo, aquí hay algo".

Entonces, bueno, se van como muy impactadas,

muy tocadas,

y eso creo que es la fuente...

La raíz, en el fondo, está en el encuentro con Cristo.

Entonces, si no hay más vocaciones

es porque muchos jóvenes no se han encontrado con Jesús

y ahí tenemos nosotros nuestra misión evangelizadora

de anunciar con nuestra vía

que Jesús puede hacer feliz un corazón,

que verdaderamente vale la pena, que nadie te va a amar más que él.

Que él siempre tiene un proyecto grande y bonito

para cada uno de nosotros.

Si descubrimos ese proyecto y entramos en esa dinámica,

pues tenemos la felicidad segura.

Si es así, porque Cristo puede llenar un corazón.

Ustedes, Sor Nuria, son felices.

(RIENDO) Sí, la verdad es que sí.

Disfrutamos de encontrarnos con el Señor cada mañana,

de abrir los ojos

y saber que tu vida está sostenida por alguien.

Cuando hay una dificultad puedes indagar

y lo puedes mirar dentro de tu corazón,

y decir: "No estoy sola, porque estoy contigo".

Bueno, pues nuestra vida está llena de amor

y es una vida espiritual

y con todo lo que significa el encuentro con Jesús.

Y es una aventura.

Una aventura con final feliz. Sí, sí.

He conocido muchas hermanas mayores a lo largo de mi vida religiosa

y siempre, siempre, me han dejado el testimonio

de sentirse realizadas plenamente,

de sentir que no les falta nada.

Será que hemos elegido una vida de pobreza,

entonces no tenemos nada,

pero no nos falta lo esencial, y esto es suficiente para decir:

"He caminado bien en mi vida,

me siento realizada, me siento llena",

que busca tanto la gente, ¿no?,

pero que a veces no lo saben buscar algunas personas,

pues es el amor y es Cristo

el que te va a llenar en la vocación.

Pues, madre Nuria, de verdad,

ha sido un gusto conversar con ustedes.

En nuestro caso personal,

habernos podido reencontrar después de muchos años

a través de las tecnologías.

Y ha sido un gusto, desde luego,

constatar como, gracias a su oración,

a la de tantas comunidades de religiosas, de religiosos,

tantas comunidades de vida contemplativa,

pues en estos tiempos tan difíciles estamos siendo sostenidos.

Gracias de verdad.

Muchas gracias a vosotros también por vuestra acogida

y por acercarse a nuestros monasterios.

Un saludo, hasta pronto.

Y nosotros también lo vamos a despedir.

Terminamos el programa, vamos a salir a la calle,

nos vamos a poner la mascarilla,

Pero esta que tengo yo aquí hoy es muy especial,

porque está hecha por los misioneros en Togo.

Podía estar hecha en cualquier lugar del mundo,

porque lo que queremos con ella

y lo que quieren desde Obras Misionales Pontificias

es que pongamos el foco no solamente

en lo que estamos viviendo en nuestro país,

que es importante,

sino lo que ocurre en todo el mundo.

Así que hoy, más que nunca,

estamos con los misioneros con esta mascarilla.

Nos despedimos hasta la próxima semana,

si Dios quiere.

Hasta entonces.

(Música)

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Últimas preguntas - Coronavirus en clausura

12 jul 2020

Esta semana entramos en dos conventos de clausura. Las religiosas de la Orden de las Monjas Minimas de Daimiel y de la Inmaculada Concepción de Valladolid nos cuentan qué reflexión hacen desde la fe de esta situación provocada por la pandemia.

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