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Últimas preguntas

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Para todos los públicos Últimas preguntas - Amor sin fronteras - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

¿Qué tal, amigos? Muy buenos días. Bienvenidos una semana más

a "Últimas preguntas" Saben que el pasado 4 de octubre,

ya lo comentábamos en el programa, pues se publicó

la reciente Encíclica del Papa Francisco,

"Hermanos todos", "Fratelli tutti"

y bueno, pues estas cosas que tiene la vida,

yo ya había invitado a quien hoy nos acompaña

y que vamos a saludar, Fernando Vidal, bienvenido.

Hola, muchas gracias. Gracias.

Fernando Vidal, que es director de la Cátedra "Amoris Laetitia",

en la Universidad de Comillas y que recientemente

ha publicado un libro que se llama "Cuando el mundo paró".

Pues como digo, estas cosas que tiene la vida,

al final he leído los dos, tanto el libro

como la Encíclica del Papa Francisco a la vez

y hay tantos puntos de reflexión en común

que yo le pedí a Fernando que hablásemos de todas estas cosas

un poquito, muchísimas gracias de verdad.

Un placer estar aquí siempre. Por acceder y estar aquí

con nosotros, porque efectivamente, obviamente estamos hablando

de dos documentos totalmente distintos,

uno es Magisterio de la Iglesia, en tu libro recoges

un diario que comenzaste desde que se inició

el confinamiento, pero hay tantos puntos de reflexión

en común que a mí, de verdad, me ha parecido,

ha sido un regalo poder reflexionar

con estos dos documentos a la vez.

Bueno, pues porque "Cuando el mundo paró"

lo que es, es una reflexión día a día

sobre qué es lo que nos estaba pasando más allá de los hechos,

cómo nos afectaba, cómo nos impactaba,

creo que mucha gente puede sentirse identificada

con muchas de las cosas que contamos y el Papa lo que ha hecho

es recoger los anhelos, el sentimiento de la gente,

ha pulsado muy bien por dónde está el corazón de las personas,

por lo tanto tiene mucho sentido que "Fratelli tutti"

esté recogiendo, esté acogiendo y sintonicemos

con lo que está pasando en el fondo de nuestro corazón,

con los sueños rotos, con los anhelos,

con aquellas cosas a las que no queremos volver,

con aquellas cosas que son imprescindibles

y que sentimos en el alma.

Lo que pasa es que, a veces, da la sensación

de que vivimos, no sé cómo decirlo,

una disociación a veces, el Papa en la Encíclica

lo dice de un modo...

Se impone una cultura que por un lado, unifica al mundo,

pero divide a las personas

y en esto yo creo, tú en algunos de los textos

que recoges en el libro, de algún modo también lo comentas,

por una parte parece que vamos a estar muy unidos,

pero de pronto ves el enfrentamiento,

estamos en un momento, un poco, yo creo complejo en ese sentido,

a ver ¿dónde estamos?

Bueno, porque nuestro país y otros países

tienen una estructura muy dislocada, por una parte es una pirámide

en la cual la base es una base extraordinariamente rica,

llena de energía, comunitaria, familiar, vecinal,

profesional, de gente que entrega su vida

y en el medio de la pirámide, hasta que llegamos a la política

y a las grandes élites, no hay nada,

no hay sociedad civil ¿y eso qué significa?

Que la energía que hay abajo no se transmite hacia arriba,

a veces, ni siquiera la moral común, el sentido común,

se traslada hasta arriba y arriba van libres,

no tienen sujeción, no hay organizaciones,

sociedad civil, sociedades profesionales realmente fuertes,

vecinales, en las que poder procesar todo lo que está ocurriendo,

el llegar a dónde está la gente y por eso se producen

esas separaciones y dislocaciones tan fuertes

entre actitudes tácticas, actitudes no cooperativas

y el gran clamor popular de sirvamos juntos al bien común,

que es ya un clamor tremendo, el clamor por la colaboración,

por la concordia, por la cooperación,

por no seguir tácticas,

si no, realmente servir a esa casa común

y ahí es donde sentimos cierta desazón

y tenemos que construir ese cuerpo intermedio para que realmente

la sociedad esté más integrada.

Servir, además, cada uno dónde nos haya tocado estar,

porque el Papa, por ejemplo, dedica todo un capítulo

a la política con un llamamiento,

a mí me parece muy esperanzador, de lo que ha de ser

realmente la política, yendo al sentido original

de la política, pero también cada uno de nosotros

tenemos esa responsabilidad, llámese familia, por supuesto,

comunidad de vecinos, escuela, trabajo,

en nuestra propia vida individual de cada uno, incluso ¿no?

Sí, porque la pandemia nos dejó claro que había

trabajos esenciales y trabajos no esenciales,

pero en realidad todos hemos sido esenciales

durante la pandemia ¿no? Para nuestros hijos,

para nuestros mayores, para la memoria histórica,

los que son más mayores, para recordar,

también hemos pasado tiempos duros, podemos con esto,

pero todos hemos sido esenciales para alguien

y en ese sentido, ciertamente, yo creo que hay una gran llamada

a la responsabilidad, también es verdad que ha habido políticos

y hay políticos que están actuando de una forma muy responsable,

están llamando a la unidad, hacen pactos con otros partidos,

es decir, hay diferencia de posiciones,

diferencia de actitudes y lo que tenemos es que hacer

que los políticos se correspondan o actúen

según esa moral pública, ese capital moral

que tiene este país que se debe mucho a ese carácter

familiar, vecinal y comunitario.

En el trasfondo de todo al final está el amor,

a algunas personas les puede sonar la palabra amor,

fíjate lo que te digo, incluso cursi,

pero vamos a lo que realmente significa,

al final está el amor, ese título que el propio Papa

ha dado a esta Encíclica, "Hermanos todos",

o sea, vamos a entendernos desde esa esencia,

yo creo que ahí sí que hemos sido conscientes

y tú lo comentas mucho en el libro o le das muchas vueltas

al hecho de que de mi obediencia depende

la salud, el bienestar de mi vecino de enfrente.

Eso es amor, eso es hermandad, eso es fraternidad.

Sí, el Papa titula uno de los epígrafes:

"Hechos para amar" y yo creo que es algo que tenemos todos claro

y que está al principio y al final de nuestra vida,

estamos hechos para amar y lo único que al final nos queda,

lo esencial en nuestra vida es amar.

Cuando nos encerramos y nos confinamos,

nos hacíamos una pregunta: "¿Tengo lo esencial conmigo?"

"¿Me he llevado del trabajo lo esencial?"

y todos nos dábamos cuenta de la cantidad de cosas superficiales

con las que vivimos, accidentales y que realmente lo esencial es:

¿Estoy con los que amo?, ¿Puedo estar conectado

con aquellos que amo? ¿Puedo amar a la persona que está peor y ayudar?

Y cuando nos encontramos unas ciencias sociales

o una cultura que no tiene en el centro la palabra amor,

es que algo no funciona bien,

si la palabra amor nos suena cursi, pastoril, nos suena extraña,

es que algo está mal en la sociedad,

porque eso es el centro de la vida de todo el mundo

durante y al final de ella, por supuesto.

Y en ese sentido sí que es verdad que la gente ha actuado desde ahí,

no ha actuado ideológicamente, creo que la pandemia ha quebrado

los espejos ideológicos, ha quebrado incluso las identidades,

las barreras o fronteras que hubiera y la gente ha actuado de corazón

porque hemos sentido que verdaderamente esto era serio

y además, ha sido tal el desafío, el fenómeno, tan global,

tan disruptivo, tan a la vez, como un hachazo

que no hemos podido disimular, hemos actuado como somos

y hemos actuado desde dónde somos

y es verdad que la gente no se ha puesto la mascarilla

ni conserva la distancia social por la Policía ni por la ley,

si no, por ser él mismo y por querer a los demás.

A mí me ha gustado mucho, he disfrutado mucho con la lectura

de tu libro, "Cuando el mundo paró",

porque por una parte, Fernando,

claro, nos hacía revivir, además está escrito en forma de diario,

en él recoges esas reflexiones, que por cierto,

ya fuiste plasmando en la revista "Vida nueva",

que me pareció precioso, pero ahora me ha encantado

leerlo todo juntito, porque, a mí al menos,

me hacía recordar cómo vivíamos cada uno de esos días,

pero a la vez con cierta distancia,

dices: "Bueno ¿y de aquello qué ha quedado?"

Ahora que lo podemos leer desde una emotividad más pausada,

digámoslo así, quizá más desde la razón

que desde la emoción,

dices, bueno, ahora toca decir: "Y esto que nos tenía

tan enganchados ¿ahora qué? ¿Qué vamos a hacer con ello?"

Sí, efectivamente yo me lancé a la experiencia,

que al final me atrapó, de pensar en profundidad

cada uno de los días, lo que iba ocurriendo,

lo que íbamos viviendo y claro, el diario refleja mucho

una experiencia colectiva, no solamente la personal,

si no algo que todos vivimos y compartimos con lo que iba pasando

cada día, en el número de personas muertas,

en las cosas que se hacían bien, en los profesionales

que daban y entregaban todo de sí,

en lo que también nos horrorizaba y dónde veíamos

que había mal y la verdad

es que la experiencia de escribirlo fue una experiencia muy profunda

que tengo que reconocer que me invadió,

que me sumergí totalmente en la cuestión.

Y yo creo que ha ocurrido algo en el confinamiento

que todos hemos experimentado

y es que hemos tenido una cierta revelación,

cuando uno vive cosas de verdad,

cuando la historia se abre,

porque parecía que todo estaba abierto,

que podía pasar cualquier cosa, de hecho, muchas cosas era

la primera vez que ocurrían en la historia

y nuestra propia historia personal se abría

y se desfatalizaba, no tenía un fin ya que estuviera escrito,

las resignaciones se rompían

para poder ser pueblo y para poder realmente

superar esto o también en el sentido contrario,

para que nos fuera muy mal y en ese sentido,

es en esos momentos de la historia, cuando se abre,

cuando vemos las cosas de verdad

y pudimos respirar el aire puro

con un 60 por ciento de reducción en algunas ciudades

de la contaminación, pudimos escuchar a los pájaros,

los colores tenían más fuerza,

disfrutábamos con más lentitud de las cosas,

vivíamos más próximos a lo esencial

y el problema es que olvidemos eso,

por eso también hemos considerado importante el publicarlo,

porque haya ocurrido algo que debemos guardar memoria

de ellos, no solo de las víctimas, que veces eran como desaparecidos

y que están como una piedra dentro de nuestro corazón todavía,

si no porque realmente vimos esencial

a dónde iba yo con mi vida, a dónde íbamos con esta vida

y ahora qué es lo que quiero, qué es lo que anhelo,

qué es lo que no quiero dejar y lo que quiero realmente

que sea futuro en mi vida,

entonces, es importante no volver otra vez a la hiperactividad,

volver otra vez a perder el tiempo,

a llenar la vida de cosas, si no que ese corazón

que ahí se manifestó, sigámoslo viendo

mientras podamos ver, mientras podamos ver.

Yo creo que hay un resto de ese confinamiento

que nos ha dejado una huella indeleble a todos

y mientras podamos verlo, mientras podamos recordarlo,

cambiemos nuestras vidas.

Hay un párrafo, me lo he apuntado porque de verdad que me ha parecido

tan simbólico, escribes:

"Las ciudades parecen un gran Monasterio

donde cada uno vive, piensa, escribe, contempla,

quizá reza en su celda unidos como nunca,

como nunca a todos unidos, perdón,

como nunca a todos los demás".

Esta sensación de estoy solo en casa,

muchas personas han estado solas en casa,

pero hay algo que nos está uniendo a todos,

estamos haciendo, como decía aquella canción de Mecano,

estamos haciendo todos algo a la vez.

Sí y yo creo que es la experiencia que hemos tenido todos

y es curioso, porque una sociedad cada vez más fragmentada,

más individualizada, donde ya no vemos todos los mismos programas

de televisión, ni leemos el mismo periódico,

si no que todo se ha diversificado cada vez más,

el tener una experiencia tan común y tan profunda,

hace que en cuanto nos refiramos a ella digamos: "Yo también",

es que yo me acuerdo que un día en Madrid llovió

y abrimos las persianas y abrimos las cortinas

para ver, como si estuvieran echando algo en televisión,

como si estuvieran echando algo en el cine, está lloviendo

y decíamos: "Pero ¿llovía en esta época?"

Era impresionante el grado de cercanía con la realidad,

el grado de potenciación de nuestros sentidos

en un momento en el que la sociedad está siendo cada vez más irreal,

más idealizada, donde perdimos la capacidad de sentir las cosas,

donde perdimos la capacidad de conectarnos con lo material,

con el propio cuerpo, con la realidad

y en ese sentido es verdad que todos vimos

realmente cosas tremendamente esenciales en nuestra vida

y nos llevó a profundizar a todos, a meditar,

sencillamente porque el mundo paró y tu vida paró

y cuando paras, miras, aunque fuera solamente porque miras,

es muy extraño que haya habido nadie que no haya pensado nada,

a todos nos ha pasado algo por el corazón y muy profundo

y lo que tenemos que hacer precisamente

es dejar que eso fluya, dejar que ese dique se abra.

En esos días un embalse de Azerbaiyán se rompió,

lo contábamos en uno de los diarios,

y algo que parecía imposible, que era un desierto

al que se le había quitado el agua para poder embalsarla,

de repente empezó a florecer

por la cantidad de agua que había salido.

Bueno, pues esto también fue una rotura de dique

en la que teníamos parte de nuestra vida

que estaba desierta o estaba tomada por el sinsentido

o por una carrera como el conejo de Alicia

y de repente, vino el agua

y nos quedamos callados y miramos y floreció.

Entonces lo que no podemos hacer es echar de nuevo basura

encima de eso que floreció, si no que ahí está el centro

de nuestra vida, verdaderamente ahí se mostró tal cual éramos

y cómo nuestro corazón realmente quiere vivir de otra manera.

Por lo tanto, yo creo que es verdad que nos encerramos,

pero en ese encierro salimos de otros encierros

que quizás eran peores.

Y en ese mirar que comentas, mirar a nuestro alrededor

y quien dice alrededor, es al vecino de enfrente

al que nunca habíamos visto, pero ahora saludábamos

por la ventana, pero es también mirar a lo que estaba ocurriendo

en la otra punta del mundo donde también estaban metidos

en su casa, donde también tenían sus inquietudes,

pero donde también cada uno, el vecino de enfrente

y el de la otra punta del mundo,

mantienen sus diferencias, ahí el Papa Francisco

en la Encíclica, en "Fratelli tutti"

incide mucho de diversas maneras, o sea, ese ver al otro

en su esencia y con su diferencia,

pero a la vez hermano o siempre hermano.

Sí, él yo creo que recoge ese mundo de los balcones,

de dejar tu casa y de repente empezar a mirar fuera,

de salir a las ocho de la tarde a aplaudir

y ya no solamente reconocer a tu vecino de enfrente,

si no que ves allí uno lejos, recuerdo que había una persona

que estaba muy lejos aplaudiendo, simplemente con la luz,

cuando todavía era oscuro, solo se veía la sombra

y yo me preguntaba: "¿Quién es aquel vecino?"

Pero esto no fue algo que solo llegara a la frontera de los vecinos

o de nuestros barrios, si no que a la vez sentíamos como vecinos

a la persona que estaba en Guayaquil y que estaba en esos ataúdes

de cartón o en Tijuana, en tres meses se confinaron

todos los meridianos del mundo y nos sentíamos humanidad,

porque esto era algo que nos estaba pasando a todos y sabíamos

que de esta, como dice el Papa, o salimos todos juntos

o al final nadie sale por mucho que se encierre en un búnker.

Y en ese sentido, creo que el Papa recoge muy bien esta experiencia

que hemos tenido de fraternidad, de fraternidad en el dolor,

porque es verdad que nunca nos sentimos tan hermanos del otro

como cuando tenemos una pérdida, cuando vamos a un funeral

de un compañero de trabajo, todas las enemistades o adversidades

desaparecen ante algo tan, tan importante

y en este caso también fue así, todas las diferencias que teníamos

desaparecen, fronteras, diversidad de ideologías,

estéticas, religiones,

diciendo: "En realidad somos seres humanos

que queremos vivir de corazón la vida

y todos dependemos de todos". Yo creo que es una Encíclica

que realmente llega en un momento de tal gravedad.

El Papa empezó a escribirla antes de la pandemia,

él mismo lo cuenta al inicio, la pandemia llegó

cuando él ya la estaba... Quiero decir, que este pensamiento

va más allá de lo que es la pandemia.

Sí, porque la pandemia lo que hace es que pone de relieve

una situación que ya era inaguantable,

ya en enero nos habíamos dado cuenta que el mundo se nos había ido

de las manos, el Brexit ya nos hizo darnos cuenta

de que realmente se están tomando caminos bastante irreversibles

y esa sensación de que el mundo se nos ha ido de las manos,

de que la ciudadanía no puede controlar el mundo,

la recoge muy bien en su idea de los sueños rotos,

nosotros creíamos que Europa era el horizonte

hacia el que tenía que caminar todo el planeta,

un continente de derechos, de solidaridad

y de repente ha pasado de ser un horizonte a ser una isla

que nos preguntamos cuánto podremos arreglarla y cuánto aguantarla,

cuánto tiempo podremos seguir siendo Europa,

porque estamos rodeados de un neoliberalismo,

rodeados de una hostilidad en lo económico,

en lo político, incluso en lo cultural,

que es muy peligrosa.

Ciertamente es una carta de recivilización,

la Encíclica del Papa es como si fuera el preámbulo

de la nueva constitución de la humanidad

y la pena es que sea tan importante esta Encíclica,

¿cómo puede ser eso? Pues porque está sola,

porque no tenemos otros marcos, otros líderes mundiales,

otras cartas que realmente alcancen este nivel de conciencia planetaria,

que hagan un llamado moral de tal calado

a refundar esta civilización

desde la justicia, desde la hermandad,

más allá de las fronteras y ciertamente es una pena

que la Encíclica sea algo tan único,

pero verdaderamente también nos damos cuenta del alcance histórico

que tiene y creo que es verdad que el Papa ha alcanzado

tal legitimidad moral en el planeta, es el líder más valorado,

con mucho, frente al siguiente, que es Angela Merkel,

que todavía no alcanza el cinco, el Papa está por encima

en esa escala de cero a diez, pero yo creo que todo el mundo

lo ha sentido como un aldabonazo,

no sencillamente porque lo diga el Papa,

si no porque recoge el sentir, realmente del planeta,

de lo que está sintiendo este mundo,

lo que está sintiendo toda la gente en su casa.

Es lo que a mí me ha ocurrido y aconsejo, de verdad,

o sugiero, más que aconsejar, sugiero a los espectadores

si pueden, pues manejar estos dos textos,

porque efectivamente es esa visión global, ese sentimiento

como humanidad que transmite el Papa

y ese sentimiento aterrizado en los días de la pandemia

y en esas reflexiones que hace Fernando Vidal,

pero con ese denominador común que es decir, o unidos

o no hay manera.

¿Qué te gustaría? No sé, cuando ponías el punto y final

a ese diario, "Cuando el mundo paró",

ahora que estamos comenzando a andar de nuevo,

cada uno a su ritmo, más despacio, más deprisa,

teniendo que volver hacia atrás, dando otro empujón adelante,

¿qué te gustaría que pasara?

No sé, en una imaginaria reedición dentro de diez años,

¿qué te gustaría añadir?

Sí, yo creo que hay dos cosas realmente muy importantes,

una primera, que fuéramos capaces de vivir

más desde el centro existencial de nuestra vida,

nuestro corazón y nuestro centro

está, a veces, dominado por diferentes señores,

los señores del consumo, los señores de la cultura,

de la prevalencia entre prevalecer en determinado ambiente,

de intentar defender tu identidad y tienes que señorear tu corazón,

tu corazón tiene que ser liberado del poder,

de los poderes, por lo tanto, vivir desde el centro

y vivir más libre y vivir con los cinco sentidos,

aquí no estamos llamando a una cosa muy complicada,

si no a respirar, a saborear, a ver,

a escuchar, a escuchar a fondo, vivir más reales,

por lo tanto, seguir viviendo en ese modo contemplativo,

que es mucho más que mirar, es implicarte, participar,

sentir, compadecerte, vivir más a fondo cada uno.

En segundo lugar, necesitamos ser constructores,

necesitamos no ceder a la desesperanza

y el Papa nos llama a esto, no ceder a la desesperanza,

a una depresión cultural colectiva,

si no, bueno, cada día hacer algo,

cada día construir un poquito y si haces bien tu trabajo,

aunque sea un trabajo que te parece pequeño, es esencial,

todos los trabajos son esenciales para alguien,

quizás no puedan cambiar el mundo, pero le pueden cambiar el mundo

al alguien, al menos ese día y necesitamos trenzar

y construir sociedad civil, comprometernos

en nuestras asociaciones de vecinos, generar espacios vecinales,

las Parroquias son un lugar fantástico para crear,

necesitamos ser reconstructores, ser parte de la solución

y no parte del problema, pero para eso tenemos que vencer

la impotencia, la depresión, la desesperanza, el enfado,

la indignación, bueno, cojamos toda esa energía negativa

que lo que hace es llevarnos para atrás

y transformémosla en pedaleo,

aunque sea ir en bicicleta, aunque sea caminar,

por lo tanto, caminar el mundo poco a poco,

generar ese espacio, construir y por otra parte,

vivir serenos, vivir contemplativamente.

Yo quisiera, quedan muy poquitos minutos

y sí que me gustaría que en otro momento estuvieras con nosotros

y nos fijásemos en estas personas, las personas sin hogar,

han sido, no sé, voy a utilizar esta palabra,

igual no es la apropiada, Fernando, me disculpas,

ha sido tu obsesión durante este tiempo.

Bueno, sí, llevo muchos años comprometido en Hogar Sí,

que es una Fundación dedicada a personas sin hogar,

a los que están en la calle, como otras organizaciones,

como Bocatas, Cáritas, San Juan de Dios,

bueno, muchas organizaciones están comprometidas en ello

y yo creo que todos los que estamos en ese ámbito

pues hemos sentido la enorme contradicción

de poder refugiarnos en nuestra casa,

pero que otros ante esa llamada de quédate en casa,

dicen: "¿Qué casa? Estar en la calle ¿no?"

Hemos luchado para que tengan las mejores condiciones posibles,

no fue posible, yo creo que hubo una desatención fuerte

a las personas sin hogar, se podían haber encontrado

soluciones mucho más inteligentes y más seguras para ellos

y lamentablemente, la inmensa mayor parte de ellos siguió en la calle.

Hubo una reacción tremendamente generosa de la gente,

o sea, cientos de personas se ofrecieron como voluntarios

para poder estar con la gente, ha aumentado un 26 por ciento

el tráfico en internet de interés por las personas sin hogar,

pero yo creo que a todos, evidentemente, se nos presenta

como el perfil, la situación de personas,

las personas afectadas por sinhogarismo,

los que más sufren objetivamente algo como esto

y de hecho, en las cifras dentro de nuestra organización,

comparadas con la población general se multiplica doce veces

la incidencia en ellos y la mortalidad.

Por lo tanto, yo creo que hay una especial llamada

y esto lo sintió todo el mundo y también tengo que reconocer

que el los gobiernos fueron sensibles a ellos,

tanto los municipales como los autonómicos

y a nivel nacional para poder realmente poner el foco en ellos,

pero esto nos tiene que llevar a comprometernos con ellos más

y comprometernos ya por la erradicación del sinhogarismo,

porque es posible, porque es más barato que lo que pasa ahora mismo

y lo que estamos gastando, porque es absolutamente insostenible

e insoportable el que ellos estén en la calle,

entonces, para todos los que estamos sensibilizados con esto,

que sé que es mucha gente de la audiencia,

pues claro, te resulta tremendamente insoportable.

Y el Papa nos llama a esto,

nos llama a superar los espacios que nos diferencian

de la fraternidad, a ponernos con el otro, a estar con el otro

y ese sentimiento de querer estar con el otro,

de ahí surge un nuevo mundo, surge una nueva civilización,

por lo tanto, no lo veamos como un lugar de impotencia,

de desesperanza, de tristeza, si no digamos:

ese anhelo que tienes, la fuerza de tu anhelo,

la altura del deseo que tienes

es la energía para transformar este planeta.

Pues como siempre, un gusto, seguiríamos hablando,

pero si Dios quiere, tendremos ocasión

de volver a encontrarnos por aquí.

Muchísimas gracias, Fernando Vidal por este ratito

y por este libro, por este diario, "Cuando el mundo paró"

y por habernos aportado luz también a esta Encíclica

ya de por sí luminosa, "Fratelli Tutti",

Muchísimas gracias. Muchas gracias a vosotros.

Y a ustedes por haber formado parte, sin duda,

de este encuentro también, gracias y la semana que viene,

si lo desean, si Dios quiere, el próximo domingo

tenemos de nuevo una cita aquí, en "Últimas preguntas".

Feliz semana.

(Música)

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Últimas preguntas - Amor sin fronteras

18 oct 2020

El pasado 4 de octubre se publicó la encíclica del papa Francisco, "Fratelli Tutti". En el programa comentamos algunos aspectos de la misma con Fernando Vidal, Director de la Cátedra "Amoris Laetiria" de la Universidad Pontificia Comillas.

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