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Para todos los públicos Últimas preguntas - San José - ver ahora
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Saludos, amigos, bienvenidos, una semana más, a Últimas preguntas.

Estamos casi en la víspera de la fiesta de San José

y este año queremos celebrarlo de un modo muy especial.

Entre otras cosas, porque el Papa Francisco ha querido

que este año 2021 esté dedicado de un modo especial a San José.

El motivo, el ciento cincuenta aniversario

desde que el Papa Pío IX le declaró patrono de la Iglesia universal.

El Papa Francisco, con este motivo,

ha escrito una carta apostólica, bueno, pues realmente bonita,

que se llama Patris corde,

y que, si no lo han hecho, yo sugiero que la lean,

porque realmente merece la pena.

Nosotros hoy queremos fijarnos en la figura de San José

y para ello hemos invitado a una persona

que ya he estado con nosotros en otras ocasiones,

pero que, como escritor que es,

en una de sus obras yo creo

que a muchos nos descubrió a San José,

de un modo diferente, quizá, a como le habíamos visto hasta el momento.

Está con nosotros el escritor Miguel Aranguren.

Bienvenido, es un gusto que estés un día más con nosotros.

Pues para mí, también. Muchísimas gracias por la invitación

y, sobre todo, por esta ocasión, para hablar de San José,

que para mí, en efecto, es un personaje y un santo

y un intercesor.

Le hHe descubierto en la elaboración de una novela.

Una novela que es, si recuerdan ustedes,

JC, el sueño de Dios

y que, bueno, cuando ya estaba Miguel aquí,

pues hace un par de años,

que es cuando se publicó esta novela,

que ha tenido un éxito tremendo, tremendo,

pues sí que hablábamos un poco de San José

y comentábamos esto,

que nos lo había descubierto de un modo muy especial.

Así que hoy, bueno, pues hemos dicho

'que sea Miguel quien nos vuelva a hablar de San José'.

Si me permites este juego de palabras,

la novela se titula, la titulaste, JC, el sueño de Dios.

Cuál fue el sueño de... o que soñó Dios para San José,

cuál fue el sueño que tuvo para él.

Me cuesta arrogarme

la capacidad de saber cuál fue el sueño de Dios respecto a San José.

Sin embargo,

al pensar en toda la historia de la salvación,

sobre todo en ese momento de la historia de la salvación,

me da la seguridad

de que el sueño de Dios se adaptaba perfectamente

a las dos personas con las que contaba

para que Dios se encarnase

y fuera uno más, uno de nosotros.

Y el sueño de Dios fue un sueño en susurros.

Fue un sueño aprovechando la noche.

Fue un sueño aprovechando la inconsciencia de San José,

porque estaba dormido.

Y que, bueno, concretaba, me imagino yo, todo el...

los buenos...

los buenos propósitos de este...

de este hombre que fue niño, que fue muchacho,

que después fue joven

y que después descubrió a María

y que, tal vez, sin darse cuenta, pues iba recibiendo esas gracias...

por parte de Dios

y poniéndolas en obra en cosas tan sencillas

que ni siquiera sus contemporáneos eran capaces de percibirlas.

Esos sueños de... esos sueños de San José

hemos querido a propósito también traer esta figura

que, bueno, el Papa en una ocasión habló de ella.

Dice que la tiene en su escritorio

y que cuando tiene algo realmente complicado,

le pone un papelito debajo de la figura

para que San José lo sueñe.

Y, a propósito, hemos querido que también fuese de algún modo

la que presidiera hoy el programa.

Esos sueños a los que, bueno, pues San José iba diciendo 'sí',

sin saber nada. Sin saber nada.

Me imagino que con muchísimos miedos,

todo eso también lo reflejas en la novela;

claro es que es su plan de vida era ser carpintero,

ser obrero allá, en su pueblo.

Y no solamente eso.

Él, siendo judío,

y siendo además descendiente del árbol de David,

su sueño sería formar una familia, tener hijos,

entre ellos, hijos varones,

y sobre todo que ese primogénito, ese hijo varón primogénito,

tal vez fuese el llamado, ¿no?

Y, sin embargo, Dios lo trastoca todo.

Y, sin embargo, a partir del sí de José,

que es un sí sin saber nada,

es un sí sin hacer preguntas,

es un sí sin poner condiciones,

pues resulta que, bueno, se hace posible el sueño de Dios.

Se hace posible la historia más maravillosa de la historia,

que es la salvación del género humano.

Pensaba yo antes

que en esa frase que también el Papa Francisco ha dicho

en alguna ocasión,

e incluso le ha dedicado más de un documento,

más de una intervención,

a esos Santos de la puerta de al lado,

yo me lo imagino, pues eso,

como un santo de la puerta de al lado,

un hombre bueno, pero...

que podía pasar desapercibido entre sus semejantes.

Pasaba, seguro, desapercibido.

Entre otras cosas,

porque todo nos da que pensar

que fue un hombre de un estrato social más bien bajo,

con una proyección laboral muy limitada.

Un artesano, un artesano, además, en una zona, bueno,

pues donde ni siquiera era un artesanía especializada.

Haría de todo.

Porque le vemos como carpintero,...

Claro, era un chapucillas,

un chapuzas que haría muy bien su trabajo.

Pero lo mismo levantaría un muro que construiría un arado,

que también construiría una artesa para poder amasar el pan...

Pero era un hombre totalmente fuera de todo lo esperable

que pudiera ser el padre, en este caso, bueno,

con una paternidad distinta,

del que iba a ser el Mesías.

Pero ¡qué responsabilidad! Sin duda.

Hablando de paternidad,

si ya a ser padres es una responsabilidad, obviamente,

bueno, es que 'de quién estoy siendo padre'.

Totalmente. Mira.

En mi novela hay un momento en el que, bueno,

coincidiendo con la presentación del Niño en el templo,

José se va haciendo esas preguntas en su interior.

Él ve el templo

y entiende que el templo se ha construido para su hijo.

Pero, a la vez, los planes de Dios no están, o parece que no,

Dios no quiere proclamar que el templo es para su hijo;

es más, que el hijo es el templo.

Todo esto José se lo va preguntando a sí mismo,

pero no pide una respuesta a Dios.

Y qué responsabilidad.

Y, a la vez, que misterio,

saber que el rey de reyes es un niño que va creciendo con los demás niños,

que no apunta en ningún rasgo a nada especial,

porque Jesús era también uno más.

Así, se sorprenden después sus vecinos.

O sea,

cómo es posible que este señor que ha estado con nosotros,

este chico que ha estado con nosotros desde niño,

que le hemos conocido apenas volvió esta familia

o apareció en Nazaret.

Cómo es posible que esté haciendo milagros,

que esté predicando,

que tenga esta facilidad para conectar con la gente.

Y yo creo que, bueno,

pues José ese amoldó perfectamente a ese sueño tan curioso de Dios

por repetir otra vez la idea.

Así, a grandes rasgos, cómo es ese San José que tú has descubierto,

porque nos lo decías antes

que para ti también fue un descubrimiento,

y que has presentado a los lectores.

Empiezo por el final. Venga.

Lo he descubierto de tal manera,

y tal vez desde aquí también hago una llamada

a los telespectadores que así lo deseen,

que le he puesto enseguida, en cuanto le conocí,

dije, 'mi familia tiene que estar en sus manos';

y yo a San José le pido muchas veces por mi mujer y por mis hijos.

Y como también... como responsable de mi casa,

y que me ayude a mí a ser buen marido y buen padre.

Y, dicho lo dicho, pues yo, cuando elaboro una novela,

contemplo mucho a los personajes,

les doy vueltas, les pregunto...

Y mi San José era un hombre bondadoso,

pero no especialmente llamativo,

quiero decir entre sus congéneres.

Sí que estaba dispuesto a echar una mano

en todo lo que fuera posible.

Sí que era capaz de trabajar sin cobrar

para aquellas personas que estaban pasando un mal momento

para a la vez era a un hombre que entendía muy bien la justicia.

Y entonces entendía que si, de repente,

surgía la oportunidad de poder recibir el precio de su trabajo,

pues también lo reclamaba, ¿no?

Y, luego, yo también tenía una intención clara

de que no fuese un San José relamido.

Claro, estamos acostumbrados a la iconografía,

pues a que haya auténticas maravillas,

pero que no es el José que yo me imagino;

es decir, no era un hombre mayor,

como también el arte y la cultura nos lo han querido mostrar

en siglos pasados,

sino que era un hombre vigoroso.

Era un hombre con una simpatía natural llamativa.

Era un hombre con un defecto físico en mi libro,

porque, justamente, yo quería

que fuese un santo de la puerta de al lado.

Es decir, no era un hombre perfecto, ni muchísimo menos.

Era un hombre que sentía miedo con frecuencia,

ante los avatares que iban surgiendo en su vida.

Frente a María, que no tenía ese miedo,

porque vivía siempre confiada en Dios.

Y era un hombre, además, que por una razón familiar

llevaba el peso

de una deuda económica que le lastraba

y que le hacía sufrir mucho.

Y, curiosamente, así pude resolver también

uno de los misterios que yo tenía,

una de las preguntas que me hacía desde que era pequeño:

Si los Reyes Magos acudieron al portal

o acudieron a la casa de Belén y le dieron oro, incienso y mirra,

¿cómo es que después no fueron ricos?

Pues porque José tenía pendiente una deuda familiar

que venía de generaciones,

y, gracias a eso, pues Dios le libró de un problema más.

Cómo ha sido, cómo fue, en su momento,

esa labor de documentación,

porque qué difícil es...

es que estamos hablando de la Sagrada Familia.

Tenemos los Evangelios,

pero, claro, dicen muy poco los Evangelios.

Dicen tan poco, dicen tan poco,

que José no tiene ni un solo diálogo en los Evangelios,

no se recoge una sola palabra pronunciada por él,

pero...

la economía divina, es decir,

esto visto desde mi incapacidad, desde mis limitaciones,

pero sí que me hace pensar qué bien hace Dios las cosas,

porque basta con esas pequeñas pinceladas

para cincelar al personaje.

Y, además,

para cincelar a un personaje que no es fruto de la devoción,

sin más.

Es decir, Jesús, el Jesús que conocemos,

el Jesús adulto, tiene mucho de José,

o sea, esa personalidad recia

y, a la vez, esa capacidad de rendirse a la ternura

o esa ira positiva contra las personas calculadas,

esas personas que a todo le ponen peso, precio y medida.

Eso tenía que venir mucho de José.

Jesús aprendió a rezar de sus labios.

Claro.

Jesús aprendió las costumbres judías de manos de sus padres y, es más,

les vio funcionar como judíos piadosos.

Y todo eso a mí me conmovía

y me hizo también dibujar a un José concreto.

Y, por lo menos para mí,

también para muchísimos lectores,

muy atractivo.

El Papa dice en esta carta a la que antes aludía,

en Patris corde,

habla de la valentía creativa de San José,

de saber transformar un problema en oportunidad,

porque así, si me permiten un poco el tono de broma,

y siguiendo a un amigo que alguna vez hace esta broma también,

cada vez que se le aparecía un ángel en sueños, era para darle un susto.

Venía algún problema detrás.

Y a mí me hace pensar

que José debió de ser el primer santo que dijo aquello

de 'qué bien hace Dios las cosas'.

Es decir, frente a lo que parece un sin sentido, fíate, fíate,

porque de allí surgirá algo bueno.

Entonces, José es un hombre que vive fiándose,

es un hombre abandonado a la voluntad de Dios.

También supongo que hablaría mucho con María

y que María le ayudaría a perfeccionar

ese vivir rendido a lo que Dios sugiere.

Claro, los Evangelios nos hablan de los sueños.

Los sueños son muy inquietantes

y, como dices, no son sueños finalizados,

sino que simplemente se le presenta la situación

y la situación se le presenta muy oscura.

Yo, sobre todo en el libro,

me detengo especialmente en el embarazo de María.

Para él supone un... se le rompe el corazón;

y tiene la nobleza, tiene la gallardía de decir

'bueno, pues voy a cargar yo con la posible falta',

que María, de manera inocente, va a tener que asumir,

porque en lo que piensa es que María,

posiblemente en un viaje comercial,

y el lector entenderá por qué,

porque su padre vende telas por toda Palestina,

pues él supone que alguien ha forzado a María.

Es la única explicación que encuentra

y él decide asumir la culpa.

Y sabe que la única manera de asumirla es desapareciendo,

imagínate dejar su hogar,

dejar a su familia y a su madre, a sus hermanos,

pensando además la importancia que tiene para un judío

toda la comunidad familiar.

Y empezar de nuevo vete a saber dónde.

Y él dice 'me cargo yo este peso'.

Y después pensaría '¡qué bien hace Dios las cosas!'

Le basta un gesto de generosidad para resolverlo.

A San José, le...

popularmente, le tenemos como el patrón de la buena muerte.

Qué bonito, qué bonito nos explicas por qué.

En el libro,

Acompañado de la Virgen y de Jesús.

Claro, porque los Evangelios sí que dejan entender

que José murió antes de que Jesús iniciará su vida pública.

Incluso cabe la posibilidad

de que Jesús esperara el inicio de la vida pública

a que San José falleciera.

Y eso le daba a su madre la capacidad de acmpañarle en algunos momentos.

No lo sé.

Pero lo que sí está claro es que Jesús murió

en las manos, en los brazos, de José y María.

Y por eso su muerte, aun siendo nuestra muerte,

es decir, padecería la misma angustia,

padecería los mismos miedos,

pero también se beneficiaría de la de la paz y de la gracia

que dan la presencia de Cristo y de su madre,

en el momento crucial de nuestra existencia.

Y él tiene, en este sentido,

una muerte muy no solamente ejemplar, sino muy deseosa, es decir,

ojalá pudiéramos morir así.

Con ese consuelo, con esa mirada, con esos susurros...

qué no le diría a la Virgen y qué no le diría a Jesús al oído.

Incluso anunciándole lo que te vas a encontrar.

Y a partir de que cruces la frontera

qué eficaz vas a ser para tantísima gente

y la gente te buscará en el último momento de su vida.

Yo pienso que todo esto surgió

en esos momentos tan dramáticos de la vida de José,

del final de la vida de José.

Tú mismo dices que...

comentabas al comienzo,

que el acercarte a la figura de San José

para crear esta historia de la novela

pues te ha hecho tenerle muy presente también en tu vida.

Me imagino también pues como, yo creo, que la mayoría,

como padre, como trabajador, como patrono de la Iglesia.

Claro. Y además, fíjate,

también mientras escribía El sueño de Dios,

pensaba que San José tuvo que ser un padre muy divertido,

porque no le quedaba más remedio.

O sea, en esa casa tuvo que haber muchas risas.

Tuvo que haber muchas canciones.

Tuvo que haber bailes,

Tuvo que haber fiestas familiares.

Es decir, claro, vuelvo otra vez

a la imagen que a veces tenemos asumida de una familia,

de una Sagrada Familia un poco hierática,

acartonada... Todo lo contrario.

Y entonces,

José resolvería los problemas de un modo optimista.

Hablaría bien de la gente.

Bueno, le enseñaría a trabajar,

le enseñó a trabajar.

A Jesús le pasaría

sus secretos técnicos en el empleo de las herramientas,

en el reconocimiento de la madera,

en un montón de cosas que a mí me hacen pensar

que tiene que ser el patrono de las familias,

pero con toda seguridad.

Cuánto le debemos, yo creo, a Santa Teresa de Jesús.

Fíjate, en el caso de Santa Teresa, yo creo que ella da un paso más,

porque le trata como amigo.

Es verdad. Y le fía, además,

todas las inquietudes que ella tiene.

Antes hablabas de que el Papa Francisco,

en efecto, deja sus problemas

escritos debajo de la figura de San José durmiente.

Pues Santa Teresa también le deja, le abandona todos sus problemas

y ella dice, y lo repite el Papa en la carta,

ella dice que siempre se lo resuelve.

Y, por lo tanto, tiene...

Y es muy divertido leerla.

Tiene un trato con José a veces, incluso, exigente.

Como que le reta. Le reta

y le pideque no tarde tanto en solucionar esto. Y esto otro.

Entendemos la ternura en un padre de pleno siglo XXI,

en España, por ejemplo, sí,

pero nos cuesta encontrar esa ternura,

al menos, por lo que cuentan los libros de Historia,

en un nombre de hace dos mil años.

Y fíjate, además, el pueblo judío en aquel tiempo.

El niño no tenía ningún interés para el padre

hasta que entraba con plenitud en el pueblo.

Doce o trece años.

Y, sin embargo, yo estoy convencido de que José vive una ternura que,

por ejemplo, yo si me he encontrado en algún viaje a países lejanos,

en culturas que podríamos llamar

que no van a nuestro ritmo de evolución

y que están todavía ancladas

en formas de vida que se nos antojan muy antiguas

y que, sin embargo, sí que existe esa ternura,

distinta en sus manifestaciones.

Pero, sobre todo José, sabiendo quién es el niño,

cómo no se va a enternecer, ¿no?

¿Cuántas horas pasaría José contemplando el sueño de su niño?

Es decir,

volviendo otra vez a la idea de los sueños,

Jesús en una hamaquita o en una buena cuna

y José mirándole y escuchándole respirar.

Y esos hipidos y esos suspiros que a veces les entran a los bebés.

Se le conmovería el corazón.

Y también se le conmovería al ver que él tenía esa responsabilidad

de enseñarle sus primeras oraciones.

Pero al Hijo de Dios.

Al hijo de Dios.

Es que a mí eso me...

Si a cualquiera de nosotros yo creo que eso nos sobrecoge,

imaginemos a él,

que es una criaturita aquí, indefensa, tierna,

pequeños de...

todo lo que sepa se lo tengo que enseñar yo.

Pero es que estoy hablando del Mesías.

Claro, el Mesías que, por ejemplo, a los dos años y medio,

empezaría con ese momento que viven todos los niños,

del 'por qué'.

Por qué, por qué, por qué

y a San José no le quedaba... y a María,

no les quedaba otro remedio que contestar.

Y sería asombroso.

Para ellos sería sobrecogedor.

Por ejemplo, cae la noche.

Se asoman, ven la bóveda celeste llena de estrellas

y saben que ese mundo creado, esa inmensidad,

ha venido de de las manos, del amor de Dios,

que está de manera real continua en ese niño.

Y, sin embargo,

pregunta el porqué, por qué brillan las estrellas.

Es muy bonito y, a la vez, nos sobrepasa por todos los lados.

Pues, Miguel Aranguren, yo te agradezco

que hoy nos hayas acercado un poquito más, desde luego,

y de esta manera tan tan estupenda, la figura de San José,

que, si cabe, este año, pues la tenemos aún más presente.

La figura de San José, por cierto,

has hecho alusión

a cómo el arte ha representado a San José a lo largo de la historia,

pues vamos a ver este breve reportaje que nos ha presentado,

nos ha preparado Margarita García

para ver cómo ha sido esa imagen de San José a lo largo,

sobre todo, de los siglos,

a lo largo o plasmado en las artes plásticas.

Miguel Aranguren, gracias una vez más,

hasta pronto. Gracias.

Vamos a conocer un poquito más a San José en el arte.

(Música)

La devoción a San José ha variado a lo largo de los siglos

y, con ella, su representación artística.

A pesar de tener un papel crucial

en episodios como el nacimiento de Jesús,

las referencias al padre terrenal de Cristo

en los Evangelios

son muy escasas.

Por eso, las fuentes apócrifas la lectura patrística

y los protoevangelios han marcado la pauta

para su representación artística,

que en la Edad Media se muestra como un hombre anciano.

Por ejemplo, en escenas como la Natividad,

podemos verle medio dormido,

o, un poco más activo,

recibiendo los regalos de los pastores.

Pero, en cualquier caso, en un papel secundario,

casi como de sirviente.

Este modelo de San José anciano y en segundo plano quería preservar

y confirmar la virginidad de María,

al mostrar a un hombre incapaz de engendrar.

La imagen de San José cambia en el siglo XVI.

San José comienza a adquirir protagonismo

e incluso colabora con María para mostrar el Niño a los pastores.

De la mano de los Carmelitas,

adquiere una gran relevancia en el arte cristiano

y se convierte en protagonista.

En El libro de la vida,

Santa Teresa explica la protección recibida de San José,

recomendando así extender esta devoción

y el hecho de que el Carmelo tome a San José

como protector de su reforma

fomentó su difusión,

y, con ella, el crecimiento de las obras artísticas.

Durante el Barroco, San José rejuvenece.

Si hasta entonces

su edad podría rondar los 60 o 70 años,

pinturas como la de Sebastián Martínez,

en 1650,

le quitan diez años

y, sobre todo, comienza a ser visto como padre y esposo fuerte,

capaz de llevar a la familia a Egipto,

como lo vemos en esta Huída a Egipto, de Murillo,

La mayoría de los pintores le visten con manto marrón

y, en la mano, una vara florida de azucenas,

que hace presente

dos asuntos importantes en la figura de José.

En primer lugar,

responde al anuncio del Mesías de la profecía de Isaías,

cuando narra que brotará un renuevo del tronco de Jesé,

pero también hace referencia a su pureza y castidad.

De época parecida es este San José y el niño,

de José de Ribera,

cuya edad podría rondar los 30 o 40 años.

Las miradas se dirigen al padre, en quien confían ambos,

Jesús, hijo de Dios y su padre en la Tierra.

(Música)

Su imagen continua rejuveneciendo

para trasladar la del padre protector,

como vemos en San José con el niño dormido en brazos,

de Francisco Camilo,

en el convento carmelitano de Toledo.

Junto con la devoción carmelita,

su elevación a patrón universal de la Iglesia por el Papa Pío IX,

en 1870,

hace que resurja su figura, su devoción y sus representaciones.

(Música)

Bien, pues así nos despedimos,

les damos las gracias, por supuesto,

por este tiempo que nos han regalado.

Y ahora, como nos gusta decir siempre,

a seguir la conversación en casa,

a seguir dándole alguna vuelta a este sueño

del que hoy hemos querido ser partícipes.

Gracias por habernos acompañado

y, si lo desean, la próxima semana tenemos de nuevo una cita aquí,

en Últimas preguntas.

Que tengan una estupenda semana.

(Música)

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Últimas preguntas - San José

14 mar 2021

Este domingo nos visita Miguel Aranguren para hablar de San José, de quien escribió mucho en su libro "J.C. El sueño de Dios". Nos detenernos en la figura de San José, porque el Papa Francisco le ha dedicado este año con motivo del 150 aniversario de su declaración como patrón de la iglesia universal.

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