Últimas preguntas La 2

Últimas preguntas

Domingos a las 10.00 h.

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5727138
Para todos los públicos Últimas preguntas - Mi Nadir - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

¿Qué tal, amigos? Muy buenos días.

Qué gusto estar una semana más aquí en "Últimas preguntas".

¿Saben? Hace unos meses me llegó un mensaje

en el que me contaban que había una persona

que es quien hoy nos acompaña y que en seguida les voy a presentar,

que había tenido COVID

y que había tenido una experiencia en la UCI

que nos iba a interpelar,

que nos iba a interpelar, efectivamente.

Entonces, me puse en contacto con esta persona,

efectivamente, me mandó el texto en el que contaba esta experiencia,

pero me decía...

Igual que decía a todas las personas

a las que se lo enviaba:

"Te lo mando, pero me gustaría

que también visitases esta página web:

'Proyecto Karibu Sana'".

Oye, pues qué curiosidad.

Y ahí me encontré con otra historia,

una historia que nos lleva a Kenia.

Bueno, pues al final me llevé dos regalos

y hoy me gustaría compartir los dos con todos ustedes.

Está con nosotros Javier Aranguren,

que es profesor de Filosofía

en la Universidad Francisco de Vitoria.

Y es el protagonista de esta historia

y quien nos ha llevado a la otra.

Javier, buenos días. Muy buenos días.

Protagonista a su pesar. A su pesar, desde luego.

Lo primero, ¿cómo estás?

Nos vamos a tutear, si me permites. Por favor.

Gracias. ¿Cómo estás, Javier? De salud.

Pues de salud estoy... Estoy a punto de estar bien,

porque antes del COVID

estaba pasando por la experiencia de un cáncer,

de un tumor de colon,

estaba justo en la sexta quimioterapia,

la había tenido, que era la última,

iba a tener una operación el 25 de marzo

y con el COBIT todo se retrasó porque yo estuve a punto de morir

y el cirujano también enfermó, así que, bueno,

ya ninguno podía dedicarse a operarse.

Entonces, al final me operaron el 9 de septiembre

y digamos que la última fase de la operación

va a ser ahora en noviembre.

Así que a punto de estar bien,

que es una maravilla después de un año de enfermedad.

Pues sí, te agradecemos si cabe más especialmente

que estés con nosotros,

porque estas últimas semanas han sido complicadas también

y te agradecemos que hayas sacado un ratito

para estar hoy aquí en el programa.

Javier, ese texto al que yo aludía y que, bueno, vamos a decirlo,

fue tu hermano Miguel Aranguren,

al que saludamos con muchísimo cariño,

quien me lo presentó.

Tú lo has titulado "Mi Nadir",

la experiencia de 36 días en la UCI por coronavirus.

Lo primero, por situarnos, ¿qué significa "Nadir"?

"Nadir" es una palabra que me contó mi oncóloga,

es una médico extraordinaria,

me dijo el 1 de marzo que tuviera mucho cuidado

porque me encontraba en mi nadir.

Es un término técnico oncológico

que significa el momento

en el que uno está más bajo de defensas.

Pero a mí la palabra me gustó, me sonaba muy árabe,

que, efectivamente, es literalmente árabe.

Entonces, busqué en Internet

y descubrí que, sobre todo, en el lenguaje de la astronomía,

el nadir es lo contrario al cenit.

El cenit es el punto más alto,

las estrellas, los planetas que brillan sobre nosotros.

El nadir sería el punto más lejano,

quizá el más oculto bajo nuestros pies.

¿Y esa es un poco la sensación que tú tuviste?

¿Por eso lo has titulado "Mi Nadir"?

Digo la sensación en ese momento de enfermedad.

Además, cuéntanoslo tú mejor, por favor,

de un modo sorprendente.

Entonces, nos situamos a primeros del mes de marzo,

donde bueno, pues sí sabíamos que existía,

pero ni por asomo nos podíamos plantear

y podíamos llegar a imaginar

lo que está suponiendo esta pandemia, claro.

Efectivamente.

Yo empecé a tener los primeros síntomas

en torno al 6 de marzo,

que empecé con unas fiebres que me llevaron a ingresar.

Pero digamos que o no había suficiente información

o era el momento en el que no se podía hablar

de COVID o lo que fuera.

A los tres días, me dieron de alta,

porque parecía que la fiebre remitió.

Pensaban que era una consecuencia de la propia quimioterapia,

la falta de defensas.

Unos días más tarde, el día 12,

como la fiebre seguía yendo y viniendo,

me animaron a volver y me dijeron:

"Bueno, mejor vuelve directamente por urgencias".

Y ya cuando llegué al hospital estaba en unas Urgencias que parecía

la película "2001: Odisea en el espacio"

y me ingresaron.

Me llevaron a la UCI.

Digamos que mi último momento de recuerdo

es esa llegada a Urgencias,

que lo tuve olvidado luego durante casi un mes,

porque no fue hasta el 8 de abril, coincidiendo con mi cumpleaños,

que me vino a la memoria

que yo había entrado en el hospital por mi propio pie,

lo cual me dio mucha tranquilidad,

porque estuve muchos días muy perdido.

Pero sí sé que esa noche del 12 la pasé en la UVI

y que el 13 mandé un WhatsApp a mis hermanos

y a mi familia contándoles con mucha tranquilidad:

"Bueno, me dicen que tengo COVID, pero estad muy tranquilos,

que seguro que me tratan fenomenal".

Un hermano mío llamó a los 20 minutos para hablar conmigo

y ya estaba sedado,

que iba a ser mi situación durante los siguientes 25 días más o menos.

Bueno, es estando sedado cuando de pronto...

yo no sabía que estaba sedado, porque yo estaba sedado

y no sabes nada, pero de pronto, empecé a tener...

Yo, en el relato distingo entre distintos niveles de vida.

La vida uno es el enfermo que está en la cama

y que están intentando salvarle la vida, mi situación,

que estaba en un muy momento muy delicado;

y la vida dos,

yo le llamo ahí lo que están sufriendo

la familia o los amigos;

la vida tres, lo que hacen los médicos

que intentan atajar la enfermedad como sea,

en mi caso, gracias a un chat con médicos italianos y chinos

que les iban contando las cosas que funcionaban en aquellos países

y que me fueron aplicando una tras otra;

y, por último, la vida cuatro,

que sería mi propia experiencia interior.

Una cosa que yo he descubierto, yo soy filósofo,

entonces, siempre tengo esa inquietud por saber.

Una cosa que he descubierto es que yo estando sedado,

he seguido viviendo, digamos, una vida interior,

no digo espiritual,

sino una serie de imágenes y algunos recuerdos

como el que ahora comentaremos, que para mí son clarísimos.

Estando en esa situación,

y quizá coincidiendo con los dos momentos

en los que los médicos

estaban a punto de mandarme a cuidados paliativos

porque daban por hecho que me moría,

pues es cuando yo aquello lo estaba viviendo

como una aventura apasionante de un filósofo

que había descubierto que el concepto más importante

para la felicidad humana era el nadir,

un concepto que en España era desconocido.

Entonces, yo había decidido escribir un libro.

Y solo algún autor norteamericano sabía del tema.

O sea, aquí empieza, es todo una especie de ensueño.

Yo iba a ver o a alguien que me podía ayudar,

este alguien me llevó a un pueblo costero en Maine,

donde no he estado nunca,

donde había un autor que escribía unos textos

sobre el nadir que acababan siempre con la palabra "nadir".

Y esta persona me recomendaba ir a conocer a un autor literario,

Tim O'Brien, que yo había leído en el año 2000.

Y te vino su recuerdo.

Su recuerdo de "Las cosas que llevaban

los hombres que lucharon", que es una novela,

un conjunto de cuentos apasionantes sobre los luchadores en Vietnam.

Y siempre buscando el nadir,

que era esa palabra que dos semanas antes mi médico me había comentado.

En un momento, dado me doy cuenta de que esa búsqueda

es demasiado teórica,

que no basta con escribir un relato filosófico

sobre qué es el nadir, sino que debería buscarlo yo mismo.

Y ahí me encontré en el famoso túnel.

En mi caso, era una especie de túnel hecho con setos de árboles

que acababa en un foco de luz.

Te refieres al famoso túnel del que tantas personas

que han tenido esto que se viene diciendo

una experiencia cercana a la muerte...

describen, ¿no? Efectivamente.

¿Te refieres a eso, Javier? Eso, lo de "he visto el túnel".

Pues yo he visto el túnel.

Y digo lo he visto porque, a diferencia de pesadillas

o sueños que tuve después,

la gran diferencia de esta experiencia era

la constante serenidad,

mientras que después, fueron tiempos más bien inquietos.

Veía ese túnel. Yo avanzaba por él.

Llegaba hasta el umbral.

Y lo crucé.

Lo crucé.

Yo nunca digo cuál es la realidad de mi experiencia,

digo lo que yo experimenté.

Lo crucé y me encontré en un paraje nevado.

En un paraje, una especie de pueblo alpino,

tampoco he estado nunca en un pueblo alpino.

Pero he estado en Pirineos y con sus casas,

con los tejados como en punta,

con un ruido de fondo de canciones infantiles,

que estaban jugando, que a mí me daban muchísima paz.

Con un bosque como de abetos, o sin el "como"; de abetos.

Total, un lugar que a mí me pareció, no sé por qué, precioso.

Y, a la vez, que producía en mí una inmensa serenidad.

Yo creo que creo que quizás esa es la gran experiencia

de mi experiencia.

Un momento en el que yo estaba muriéndome,

que, objetivamente, en mi vida real, mi vida uno, me estaba muriendo.

Es quizá el momento en el que yo he experimentado

mayor serenidad en mi vida y mayor equilibrio y mayor idea de:

"Oye, qué bonito es esto.

Yo me quiero quedar aquí".

Lo digo también porque se ha hablado mucho de la soledad

de los que han muerto de COVID,

especialmente, en esa primera ola,

por ese aislamiento de los familiares.

Pues yo he vivido esa situación. Claro.

Y para mí no ha sido traumática. Sino al contrario.

Total, que yo sabía que ese lugar se llamaba nadir.

Ni idea de por qué.

Quizá porque, frente a todo el brillo de las estrellas,

o de la apariencia,

o de lo que nos pasamos la vida buscando:

el éxito, el triunfo y tal,

digamos que había llegado como a una situación

o a una realidad mucho más fundamental o mucho más real.

A mí, como filósofo,

me gusta decir "una situación casi platónica",

de haber llegado a lo realmente real.

Y, estando ahí, estando... me tumbaba en el suelo,

me ponía a contemplar. ¿Tú solo?

Yo solo.

No recuerdo haber visto a nadie,

pero sí recuerdo que, de pronto, me llegaba una voz.

Que no sé de quién era, que me decía:

"¿Te quieres quedar?".

Que yo digo que ese sería mi momento más, digamos, más límite.

"¿Te quieres quedar aquí?".

Claro, la idea primera que a uno le viene es:

"Pues creo que sí, porque oye, es que estoy pasando de la inquietud

que produce vivir a la serenidad completa".

Pero, de pronto, lo vi muy claro y dije: "No".

Y dije "no" por dos motivos.

Un primer motivo era que me daba cuenta

de que no estaba preparado

para aceptar o para querer bien tanta bondad y tanta belleza.

Uf. ¿Vale?

Que supongo que...

Luego se me ha ocurrido un ejemplo un poco más,

digamos, de andar por casa, más pedestre.

Imagínate que un amigote me invita a beber un vino

y me dice: "Este es un burdeos, es una botella de 1.500 euros,

no me importa porque eres tú...".

Y le digo yo: "Es que a mí me basta con un Don Simón.

Quizás sería malgastarlo. Por favor, no la abras.

Esto no es para mí".

¿Vale? Pues algo parecido,

como lo que tengo delante es tan valioso

y yo soy tan limitado que creo que debería prepararme mejor.

Y el segundo motivo que se me ocurrió

directamente es: "No me puedo quedar,

porque antes me gustaría rehacer...

No cosas en mi vida, sino rehacer relaciones de mi vida".

O sea, pedir perdón a alguna persona,

querer mejor a alguna persona de rectificar,

pero no tanto por mi propia, digamos, búsqueda de perfección,

sino porque no he tratado a la gente o a gente,

no la he tratado como debería.

Total, que debieron ser argumentos convincentes,

porque, instantes después, me veía de vuelta en ese túnel.

Me veía alejándome de allí

y eso vino a coincidir con el momento

en el que me hicieron una traqueotomía

que permitió que mis pulmones, que tenían una neumonía bilateral,

volvieran a funcionar un poco y, digamos,

que devolvió a los médicos la esperanza

de que podía salir de aquello.

Coincide también con el inicio de mis pesadillas, de una situación,

de unos sueños ya mucho más... mucho más extraños

y con la pérdida de esa paz.

Como si, digamos, volver atrás te llevara a decir:

"no sé si debería haberme quedado y hubiera estado mejor".

Todo el rato has estado hablando y lo haces

así en ese texto de experiencia, no de sueño.

¿Lo tienes claro, lo diferencias bien, Javier?

Yo la tengo muy clara.

Tengo muy claro, primero, que salía de allí con la idea neta

de que eso tenía que contarlo.

Segundo, que a diferencia de eso,

de otras situaciones que he tenido de alucinaciones,

alucinaciones, por ejemplo, o sea muy reales.

O sea, por ejemplo, durante muchos días,

yo no sabía que estaba en un hospital,

pero sabía que estaba tumbado, sabía que no me podía mover,

pensaba que estaba en un almacén,

que me acompañaba una especie de muñeco,

de marioneta gigantesca y de ojos tristes

con pinta de gondolero,

que luego resultó que era una máquina

que ponían para hacer presión en unas tomas

que había en mis arterias.

Pero bueno, entre que soy miope y estaba medio "gagá",

pues yo veía aquello, construí aquella imagen.

Durante muchos días, me cuidaban unas mujeres

vestidas de negro con pañoletas negras

que, en un momento dado, me meten en un avión

lleno de cristianos coptos.

Bueno, una locura.

Madre mía, la mente, ¿eh? Sí, sí.

Y toda esa... que debe ser es algo muy habitual en gente

que se viene recuperando de una situación de sedación,

pues todo eso yo lo recuerdo, pero sé que eran visiones,

que eran locuras, que eran sueños.

Esto otro lo recuerdo de un modo totalmente distinto.

Y, desde luego, lo recuerdo con eso, con paz, con objetividad.

Y con, digamos, ese compromiso de "no me lo puedo quedar para mí".

Que es lo que estás haciendo hoy, por ejemplo.

Sí. Oye, Javier y esa...

Vuelves a la vida uno,

por seguir utilizando la terminología que tú empleas,

vuelves a esta vida.

Tú, como filósofo,

te habrás planteado en muchísimas ocasiones,

obviamente, el sentido de la vida, de la muerte,

del paso de una a otra.

Ahora ya, bueno, como filósofo siempre,

por supuesto, pero es que lo has vivido.

¿Cómo lo vives ahora?

¿Cuál es esa experiencia ahora, en tu día a día?

¿Ha cambiado algo? Pues ha cambiado algo.

A mí me gustaría que sí, desde luego.

Un consejo de nuevo de mi oncóloga.

Ya cuando salía de todo este túnel y hablaba con ella, me decía:

"Bueno, intenta no olvidarlo,

intenta hacer esfuerzos por no olvidarlo".

De hecho, mi relato, el relato "Mi nadir",

lo escribí a la semana de salir del hospital,

todavía con las manos temblorosas por las lesiones neuronales,

todavía sin fuerza casi para sostener el ordenador,

pero veía claro que era el momento en el que iba a ser más objetivo.

Entonces, qué ha cambiado o qué me gustaría que hubiera cambiado?

Desde luego, crecería mi capacidad de agradecer,

de agradecer la experiencia tenida,

también de agradecer la suerte de la vida

y la maravilla de la vida,

y también de la experiencia, de la responsabilidad.

Es decir, de entender la vida como un momento de formación

para aprender a querer.

Qué bueno. ¿Vale?

Que es, quizás, lo que yo echaba de menos allí.

Claro, de esa experiencia,

también me gusta subrayar que no es que yo fuera juzgado.

¿No te sentiste juzgado? No me sentí juzgado,

no me sentí juzgado desde fuera, o sea, por otra persona,

sino que yo me juzgué a mí mismo y dije: "Todavía no".

Creo que eso también tiene que dar, o a mí me da mucha paz.

O sea, esa idea de que no es que haya alguien

que te va a poner,

te va a señalar tus límites si eres un desgraciado.

Sino que uno mismo dice: "Oye, es que estoy llegando a esta boda,

tengo un lamparón en los pantalones,

me gustaría intentar limpiarlo".

Y alguien muy comprensivo te dice: "No te preocupes".

¿Vale?

Entonces, esa idea tan a menudo que tiene la gente de la muerte

como algo angustioso, que tiene su punto angustioso,

porque estamos hechos para vivir, y el hombre es un cuerpo vivo.

Pero ahí me metería mucho en Filosofía.

Tenemos que ser con nuestro cuerpo. Yo soy mi cuerpo.

Esa idea de angustia, desde luego,

en mi caso, yo la veo muy desaparecida.

Quizás no de ahora, quizá viene de antes.

Yo recuerdo cuando yo perdí a mis padres,

a mi padre en la adolescencia, con 17 años,

y a mi madre, cuando cumplí yo los 30 y ella tenía 60.

La muerte de mi padre fue un trauma.

La muerte de mi madre me produjo una inmensa serenidad.

Quizá...

Bueno, quizá por una gracia de Dios que dices: "Oye, tranquilo,

que es que esta vida es justo eso".

Ese período de formación para...

para esa existencia mucho más perfecta,

mucho más pacífica y mucho más entera.

Te iba a preguntar precisamente como creyente,

¿qué te... no sé, cómo lo vives ahora?

Te iba a preguntar qué te aporta, no, ¿cómo lo vives ahora tú

tu fe después de esta experiencia?

Pues la vivo como... un don,

un regalo que le han dado a un inútil.

(RÍEN) Quizá porque...

Primero, porque creo que podría ser mucho mejor de lo que soy,

evidentemente.

Porque me gustaría que mi relación con Dios

y mi modo de rezar, etcétera,

fuera mucho más consciente

o se diera mucha más cuenta de la realidad

de que tenemos a Dios siempre con nosotros,

tanto en el sagrario como en el interior del alma.

Y, a la vez, que todo eso tuviera muchas más consecuencias

en mi modo de actuar entre la gente que me rodea

y entre la gente que a lo mejor tengo más lejos.

O sea, me parece que el camino por recorrer

pues sigue siendo inmenso,

pero eso está muy bien.

Porque es que resulta...

Eso de San Agustín de "Nos hiciste, Señor, para ti,

mi corazón está inquieto hasta que descanse en ti",

pues resulta que, si no estuviera inquieto

y todavía no hubiera llegado,

significaría que me había rendido.

Si dices "basta", también de San Agustín,

es que me gusta mucho. "Si dices basta, estás perdido".

Es decir, crece siempre, mejora siempre.

Me encantaría que eso fuera uno de los lemas de mi vida.

Javier, y esta historia que hoy tan amablemente nos has vuelto,

de algún modo, a revivir aquí con nosotros en el programa,

tú la quieres compartir, nos lo has dicho en ocasiones,

por supuesto.

¿Cómo podemos acceder a ella? ¿Está publicada en algún sitio?

Pues mira, por ahora, la estoy distribuyendo bajo demanda.

(RÍE) ¿Qué significa eso?

Que a cualquier persona que me la pide,

pues yo se la envío encantado.

Es un texto breve,

son 60 páginas y creo que se puede leer

de una sentada o de una sentada y media,

por lo cual, se puede hacer así.

¿Cómo ponerse en contacto conmigo?

Pues mira, quizás lo mejor es encontrar el correo electrónico

que tengo en la web del Proyecto Karibu Sana,

que es un proyecto que inicié en Kenia.

Es un proyecto educativo y allí, tanto el teléfono

como el email que aparecen de contacto,

pues son los míos.

Entonces, cualquier persona que quiera mandarme un WhatsApp

o un correo electrónico a ese teléfono o ese correo,

pues eso, que entre en Proyecto Karibu Sana,

bueno, www... Lo vamos a poner de todas formas.

Y yo encantado, porque es una historia que me gusta compartir

y que me gusta que la gente comparta

con aquellos que creen que les pueden servir.

Como se dice ahora, que se haga viral,

hablando de virus,

que hemos empezado hablando de virus,

que se haga viral esa historia.

Habíamos dicho al principio del programa, Javier,

que íbamos a hablar de ese proyecto,

pero el tiempo ya no nos lo permite.

Si podíamos en un minuto contar algo, pero no,

se trata de que nos detengamos un poquito,

así que te invito a que vengas otro día.

Yo encantado. Muchísimas gracias, Javier.

Nos alegramos mucho de tu mejoría y nos encontramos pronto,

si Dios quiere. Muchas gracias.

Y con todos ustedes nos vamos a encontrar también

tan pronto como la próxima semana, si lo desean,

aquí, en "Últimas preguntas".

Les agradecemos, por supuesto,

que hayan formado parte de esta conversación

y que tengan una semana estupenda.

El domingo nos lo contamos, hasta entonces.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Mi Nadir

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Últimas preguntas - Mi Nadir

29 nov 2020

El filósofo Javier Aranguren fue de las primeras personas en España que tuvieron que ser ingresadas a causa de la Covid19. Tras 33 días en la UCI a punto de morir, hoy nos narra cómo vivió esos días desde el aspecto espiritual.

ver más sobre "Últimas preguntas - Mi Nadir" ver menos sobre "Últimas preguntas - Mi Nadir"

Los últimos 615 programas de Últimas preguntas

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios