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Últimas preguntas

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Para todos los públicos Últimas preguntas - Entre el puente y el río - ver ahora
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(Música)

Qué tal amigos, muy buenos días.

Bienvenidos, una semana más a "Últimas preguntas".

Vamos a hablar de un tema en el que yo creo

que nunca nos hemos detenido así expresamente,

sí que ha surgido en diversas conversaciones

en distintas entrevistas,

pero así que nos hayamos detenido en él y dedicarle todo el programa,

pues creo que no.

Y ya iba siendo hora porque es verdad que es un tema

del que apenas se habla.

Es verdad que hay que saber cómo se habla de este tema,

pero yo creo que hay que hacerlo.

Vamos a hablar del suicidio y está con nosotros,

Javier Díaz Vega, que es autor de un libro

que se llama "Entre el puente y el río".

Javier, buenos días.

Buenos días, María.

Gracias por estar con nosotros.

Javier, que es como digo, autor de este libro,

es licenciado en Psicología y es hijo de una mujer que se suicidó

y lo cuentas en tu libro.

Eso es.

Me imagino que no ha tenido que ser fácil.

No ha sido fácil porque el libro

pues como bien dices, no es un escrito intelectual,

un ensayo desde la psicología, o desde otra rama de la ciencia,

sino el testimonio de un hijo cuya madre hace ahora, 11 años,

se suicidó tras una larga enfermedad mental con la que convivió ella

y convivimos sus dos hijos, y su marido.

Y bueno en el libro cuento, todo el proceso del duelo,

que es tan complicado y que...

y que sobre todo por este silencio que...

con el que convivimos, se puede hacer incluso más complicado todavía.

Existe ese tabú.

Y bueno de alguna manera, el libro quiere romperlo

y quiere, sobretodo, ofrecer una mirada de misericordia

para dar esperanza.

Eso te iba a comentar, porque no lo he dicho a propósito

y ahora nos detenemos en ello,

tiene un subtítulo este libro que dice

una mirada de misericordia ante el suicidio.

Es que si el tema es tabú, digamos en la sociedad en general,

pues no nos engañemos, también dentro de la Iglesia,

yo creo que hay mucho desconocimiento,

el común de los cristianos, ¿no?

Sí, yo creo que hay que diferenciar

en lo que es una incomprensión que no es culpa de nadie, ¿no?

El mismo hecho de que todas las personas

que han hablado conmigo desde el primer minuto,

en el tanatorio,

pues me mostraban una cercanía y un apoyo,

pero también, lógicamente ese silencio aparecía

porque no sabían qué decirme.

Y de hecho, muchas veces

nos puede pasar a cualquiera, incluso a mí

que te comunican el suicidio de alguien

y te quedas sin palabras,

porque es una situación tan dramática

y plantea tantos interrogantes a la misma persona que lo cuenta

y a su alrededor, que ese silencio se hace normal.

Otra cosa es el tabú que es intentar que no se hable de ello.

En la Iglesia no creo que haya un tabú consciente,

pero sí que necesitamos hablar del sufrimiento.

Necesitamos hablar de la muerte

y sobretodo necesitamos hablar de la esperanza

que en este tema es tan urgente

tanto para las personas que pueden estar en riesgo de suicidio

como para aquellas personas que están viviendo un duelo por suicidio.

Un duelo que está marcado por la culpa,

pero que esa culpa necesita ser trabajada, necesita ser acompañada,

acompañada con esa mirada de misericordia

que quiero transmitir en el libro y con un testimonio de esperanza

de que es verdad,

yo lo he pasado mal escribiendo el libro,

pero cada lágrima vertida,

porque es verdad que escribir el libro ha costado,

ha merecido la pena.

Ha merecido la pena por la buena acogida que ha tenido.

Va por la segunda edición, ya en el momento de grabar el programa,

que de aquí a que lo emitamos igual estamos en la tercera.

Es decir, que el tema interesa.

Sí, sí, hay una necesidad muy grande de dar esperanza,

no simplemente con el tema del suicidio, sino en general,

cómo abrazar el sufrimiento.

Y esta es una historia que abraza el sufrimiento, nos libera de él,

no se evade de la realidad,

sino que gracias a la fe, puede abrazar el sufrimiento

y pueda sacar de ello un fruto grande.

Hasta hace unos años, incluso una persona que se suicidaba

era enterrada en un lugar distinto del cementerio.

Esto gracias a Dios, pues cambió.

La situación ahora mismo no es esa, pero sí que es verdad,

tú hablabas del sentimiento de culpa,

pues que desde el punto de vista humano lo cuentas en el libro,

a los propios familiares se les queda esa sensación

de quizá tenía que haber hecho algo más, cómo no me di cuenta,

cómo no intervine, cómo no...

Pero también ese dolor, por decir, es que se ha quitado la vida.

Es que ha cometido un pecado,

es que ¿se habrá salvado mi familiar?, todas estas cuestiones,

han pasado por tu cabeza sin ir más lejos, ¿no?

A mí el primer día una mujer consagrada me llamó por teléfono

y me dijo como... con una alerta tan grande que

que no se me ocurriese pensar que mi madre se había condenado

porque mi madre estaba enferma.

Su suicidio no era un acto libre, un acto voluntario,

la Iglesia sigue considerando el suicidio como un pecado,

pero lógicamente, y a la luz de la ciencia y a la luz de la propia fe,

puedes comprender y el Señor es el que mejor comprende el corazón humano

y puede saber juzgar,

si ese acto ha sido verdaderamente libre o no.

Yo personalmente pienso que nadie quiere quitarse la vida

y que si hay un suicidio o un intento de suicidio

es por querer dejar de sufrir o porque algo no va bien

en esa persona.

Llamémoslo un trastorno mental, llamémoslo una herida afectiva,

llamémoslo una situación de desesperación

que le lleva a cometer o intentar cometer

el suicidio de una forma casi sin pensarla,

de una forma inconsciente.

Solo Dios puede juzgar eso.

Por eso, el libro se titula "Entre el puente y el río",

porque es la historia del Santo Cura de Ars

que a la viuda de un hombre que se suicidó,

sin conocerla apenas le dijo, tu marido se ha salvado,

reza por él que está en el purgatorio,

pero tu marido, que tampoco era muy creyente,

a veces le rezaba a la virgen cuando lo hacías tú.

Y la Virgen le concedió el don del arrepentimiento,

porque entre el puente del río, cabe la misericordia de Dios.

Por tanto, es verdad que dentro de la Iglesia

puede haber todavía algunos prejuicios

y puede haber todavía una forma de entender esta realidad del pecado,

etcétera,

como algo de lo que no hay escapatoria ¿no?

Pero sí que es cierto que... y lo dice el propio catecismo,

que no debemos desesperar de la salvación,

de las personas que cometen suicidio.

Has mencionado a esta persona, está mujer consagrada que te llamó

pues en los primeros momentos,

también en el libro hablas

del obispo auxiliar de tu diócesis, de Getafe,

ese acompañamiento

y dices algo que a mí, me lo he escrito por aquí,

dices el día que murió tu madre, ahí estaba la madre Iglesia.

Sí,yo creo que mi madre tuvo mucho empeño

en que mi hermano mayor y yo viviésemos en un ambiente eclesial.

Sobretodo pasada la primera comunión,

que es el momento más complicado,

porque dejas de tener alguna cosa en la parroquia

o empieza esa tormenta de invierno duro que es la adolescencia,

a veces ¿no?, para los padres

y no solo lo consiguió, sino que caí en una parroquia,

en un ambiente en el que pude crecer

y que me pudo acoger incluso con lo que decía antes

con esa incomprensión,

pero sobre todo con ese ánimo de estar con nosotros

y eso es algo que queda,

que queda esa mirada maternal de la Iglesia,

y que no solo queda para esta situación, sino que continúan

en otra serie de cruces y sufrimientos ¿no?

y en la cual uno también se siente parte,

es decir, yo también formo parte de esa Iglesia

que acompaña al que sufre.

Por eso este libro también quiere ser una ayuda

para que nos acerquemos a estas auténticas periferias

del sufrimiento humano, que es pues los trastornos mentales,

las heridas afectivas,

las dificultades familiares y que causan los suicidios o que...

o que el suicidio provoca en muchas personas.

Tú como hemos comentado al comienzo,

de formación eres psicólogo y eres una persona de fe.

Qué importante, ¿verdad? esa atención,

desde el punto de vista de la ciencia,

desde el punto de vista humanístico, en este caso,

desde la psicología desde la psiquiatría,

cuando es necesario, lógicamente,

pero también ese acompañamiento al sufrimiento mental,

podríamos decir, a través de la fe.

Eso es. Yo en el libro cuento mi propia historia,

primero desde una mirada puramente humana,

para que estas personas que no tienen fe,

puedan ver cómo sufre una persona cuando ha habido un suicidio,

que este es uno de los grandes tabúes con respecto a este tema.

Pero luego le doy eso tan importante en mi vida,

mirada desde la fe, porque yo creo que sin la fe,

aunque muchas personas han salido adelante de un duelo por suicidio,

yo personalmente creo que sin la fe no habría podido ¿no?

Y esa es la mirada que también quería transmitir

y cómo gracias a la fe, uno puede saber que Jesucristo

está ahí, sufriendo conmigo,

sufriendo por mí y abrazando esa cruz.

Abrazar la cruz no significa resignarse

o no significa evadirse de la realidad,

porque doler me ha dolido cada día, ¿no?

pero cuando uno abraza la cruz,

resulta que pesa menos que cuando la arrastras.

Y esto te da una esperanza para seguir caminando,

que no... como te decía antes, que no te evade de la realidad,

pero que te permite sufrirla

y te permite darle sentido a ese sufrimiento.

Que importante es eso, Javier, porque es verdad

que a veces cuando se habla de la fe

o escuchamos testimonios, parece que...

como que el dolor no existe y no se trata de eso.

O sea sufrir, se sufre.

Precisamente tenemos fe en Cristo que muere en la cruz

que muere sufriendo.

No podemos convertir nuestra fe en una suerte de buenismo

en el cual pues gracias a ella,

como si fuese la fe una varita mágica, te libras de cualquier dolor,

porque lo ofreces o porque tal,...

ofrecer el dolor o cualquier tipo de dolor, un sufrimiento espiritual,

un trastorno mental, un duelo, una enfermedad física,

te permite sobrellevarlo bien y en muchos casos, ese ofrecimiento

también obtienes un descanso para el cuerpo y para el alma.

Pero eso no te quita que te siga doliendo...

pues lo que estás viviendo.

Y eso es algo que tenemos que considerar cada día,

que la fe no nos evade de la realidad,

pero que nos ayuda a abrazarla con toda su complejidad.

En el libro, comentábamos al comienzo

y me gustaría detenerme de nuevo, y es una...

una puerta abierta de par en par a la esperanza.

Puede resultar contradictorio, estamos hablando de suicidio,

de muerte voluntaria, por tanto, voluntaria entre comillas,

voy a poner, muerte voluntaria entre comillas.

Pero estamos hablando de esperanza. Esto ¿cómo es posible?

¿Tú has logrado encajarlo?

Yo lo he logrado encajar por... pura gracia de Dios.

Realmente me he dado cuenta a lo largo de estos años

que tanto para no callarme

o tanto para poder aprender a vivir con ello,

ha sido un don recibido y de ahí que también surgiese

el escribir el libro, de no guardarme este don para mí,

no guardarme esta esperanza recibida para mí,

pero sí es verdad que puede parecer una contradicción.

Sin embargo, la esperanza no es una ilusión

que todo va a salir bien, es prácticamente todo lo contrario,

porque cuanto más podemos obtener la esperanza

es cuando más oscura está la noche,

que es donde más brillan las estrellas, ¿no?

Me gusta pensar y así lo cuento en el libro que...

que la esperanza está más en la lucha,

cuando más la necesitas,

es cuando Dios te concede las gracias

justo en el momento en que las necesitas

Dios está al final y también nos acompaña en el camino.

Nuestra fe dice que al final,

tras tantas derrotas, seguramente tras tantos sufrimientos,

Dios ya ha vencido, al pecado, a la muerte.

Y nuestra esperanza hay que mantenerla, hay que pedirla

y hay que vivirla en esa lucha.

Y esa esperanza es la que también puede atravesar

estas situaciones tan complicadas.

Yo creo que hay camino y hay espacio para la esperanza

justo entre el puente del río,

justo en esas noches oscuras que viven las personas

con una tendencia, con una ideación o con intentos ya de suicidio.

Y para las personas que han vivido el suicidio de familiares, de amigos

y que tardan en encajarlo, porque verdaderamente el que sea un tabú,

pues tristemente contribuye a que no se comprenda bien,

no solo desde un punto de vista intelectual,

sino también en lo personal,

aprender a vivirlo es importante para que quepa esa esperanza,

porque si no lo que te cabe es la incomprensión perpetua

y la pregunta constante de qué hice, o qué deje de hacer.

La pregunta también me imagino

para personas que están pasando pues por una enfermedad.

Por ejemplo, una enfermedad mental que lógicamente bueno

pues la voluntad como comentábamos antes,

pues hay que ponerla muy entre comillas, obviamente.

Pero claro, es que estamos hablando de personas...

pues que a lo mejor tienen una fe aparentemente sólida,

que dices cómo puede ser, qué es lo que ocurre, ¿verdad?

O sea, esto es como para darle muchas vueltas a la cabeza

y no sé si encontraríamos una respuesta.

¿Qué es lo que ocurre en estas personas,

que no son capaces de ver esa esperanza a la que,

en teoría les tendría que llevar

o nos tendría que llevar nuestra propia fe?

O tendríamos que tener por nuestra propia fe.

Yo creo que y pienso que es el testimonio de mi madre,

mi madre era una mujer de fe, de oración diaria y eso es algo que

aunque uno en la adolescencia quiere, pues bueno decir, no,

yo voy por mi propia cuenta,

cuando uno ya madura, estamos en proceso,

pues se da cuenta de que esas cosas que te enseña

por lo que hace, más que por lo que te dice, quedan.

Y a mí me queda mucho el ver a mi madre,

incluso cuando su depresión estaba en los picos más profundos de tristeza,

agarrada al rosario.

Mi madre era una mujer de fe y hay mucha gente

con una fe muy grande, con una fe e incluso se podría hablar

de una santidad profunda en medio de la enfermedad mental.

Y esto es algo que solo Dios sabe, porque solo Dios conoce

verdaderamente el corazón del hombre.

A nosotros nos corresponde entender que no es una contradicción

que a veces,

pues las enfermedades mentales tienen sobre todo

un origen neurológico, un origen y unos procesos

que son muy complejos

y que a pesar de que tú puedas manifestar una fe muy profunda

o una convicción profunda de lo que te pasa y están en tratamiento,

no es tan sencillo que la fe pueda suponer una ayuda.

Es evidente que sí y de hecho, los factores de protección

respecto al suicidio, uno de ellos es

tener una vida espiritual activa concreta.

Y en esto también nos podemos valer para comprender

desde una mirada, no solo desde la psicología,

sino desde la fe,

entender que son apoyos, aunque son apoyos que puede tener una persona,

una terapia, una dirección espiritual,

no son, o una cosa o la otra, pueden ir de la mano

y de hecho, muchas veces deberían ir de la mano.

Oye, Javier.

Hablamos, lo hemos comentado a lo largo del programa,

pues que efectivamente el suicidio es un tema del que se habla poco.

Es un tema tabú.

En los medios de comunicación, siempre nos queda la duda,

cómo afrontar el dar estas noticias, cómo hacerlo bien,

mejor darlas, no darlas, bueno.

Sin embargo, de la eutanasia se habla con mucha más normalidad.

Tanta que en nuestro país

incluso ha sido aprobada recientemente una ley

que favorece la eutanasia.

Al fin y al cabo estamos hablando de morir por propia voluntad

de una u otra manera, o con uno o con otro nombre.

Y en muchos casos, el camino que lleva eso es el mismo,

una enfermedad.

A esto me imagino que le has dado alguna vuelta también.

Bastante, bastante, no lo suficiente, porque no he leído

lo que contiene la ley,

aunque lo que me ha llegado es que puede ser un auténtico coladero

para personas que están viviendo enfermedades graves,

enfermedades mentales incluso.

Por eso es importante reconocer ahí que...

de que se puede hablar tan fácil de la eutanasia

es porque previamente del suicidio se ha hablado poco y mal.

La gente... de la ley de la eutanasia

no va a contribuir a que el suicidio deje de ser un tabú.

De hecho, yo creo tristemente que va a seguir siendo,

porque no interesa hablar del suicidio.

Ni interesaba antes por vete tú a saber qué razones,

ni va a interesar ahora, porque plantearía un interrogante

y una paradoja, casi diabólica,

¿cómo es posible que queramos prevenir el suicidio

y que al mismo tiempo promovamos legalmente la eutanasia?

No tiene sentido.

No tiene sentido y por lo tanto, tristemente se va a intentar

dejar el suicidio en ese tabú.

Nos acordaremos un día al año el 10 de septiembre

y bueno si acaso cuando algunos locos como yo, pues

pues queramos llamar la atención,

y hay mucha gente que quiere llamar la atención

porque lo ha vivido de cerca

y porque gracias a Dios

no quiere participar de ese silencio tan doloroso

que muchas veces contribuye a la culpa

y que contribuye a que el suicido siga siendo....

tan mortal.

Es que estamos hablando de prácticamente 10 suicidios al día

de los últimos datos que tenemos y tristemente van a más.

Llevamos 10 años que va a más la cosa y no se hace nada a nivel nacional.

Hay pequeñas luces, pequeños faros que quieren ayudar a la prevención

desde muchos ámbitos,

también el periodístico,

para intentar tratar mejor este tema.

Pero queda mucho trabajo y tristemente,

con esta sensación que da el que ahora una persona

pueda elegir cuando muere,

no sabemos realmente de lo que estamos hablando,

porque hay gente que no elige morir, sino que elige dejar de sufrir

a través del suicidio.

Si ahora parte del suicidio puede tener una vía legal,

pues tristemente abocamos a que le empujamos a que se suicide,

pero de forma legal.

Pues es un tema, desde luego, fundamental,

porque estamos hablando de la vida, ni más ni menos.

Y yo te agradezco Javier

que hoy hayas estado con nosotros para contárnoslo,

pero que sobretodo hayas hecho ese esfuerzo que me imagino personal,

te ha costado lógicamente, pues poner en este libro

tu experiencia y dejar abierta esa puerta tan grande,

tan grande a la esperanza "Entre el puente y el río",

una mirada de misericordia ante el suicidio.

Muchísimas gracias, Javier.

Muchas gracias a vosotros.

Feliz paternidad.

Muchas gracias.

Igual cuando se emita este programa, ya eres padre, con tu niño en brazos

Eso es, ya lo soy desde hace 8 meses,

pero falta pues poder tenerlo en brazos,

que hay ganas, hay ganas.

Enhorabuena por ello, Javier.

Muchas gracía.

Y de todos ustedes también nos despedimos,

será si Dios quiere hasta la próxima semana,

pero lo vamos a hacer como nos gusta,

al menos una vez al mes, con un videoclip musical

que nos presenta como siempre, Migueli,

adelante, Migueli, cuando quieras.

Gracias, linda.

Un beso grande a todas y a todos. Hoy os traigo a Aaira.

¿No suena?, pues os va a sonar,

porque son uno de los grupos más interesantes,

con todo lo bonito de la palabra.

Más interesante por la de cosas que sugieren

uno de lo más emocionantes que me he encontrado en el último tiempo.

Son cuatro profesionales de la música,

con un rock absolutamente fuerte que les dio un flus,

les dio un golpe de decisión, querían cambiar

y se plantearon revolucionar la música religiosa,

revolucionar la música con valores cristianos.

Retocaron otra vez su forma de tocar, retocaron su composición,

retocaron todo. Tuvieron que reinventarse.

Ahora que se dice tanto, estos sí que se reinventaron,

pero mantuvieron la línea de un grupo absolutamente punta a punta

para hacer un pop rock espiritual en la línea de grupos,

pero del calibre de Coldplay.

Estamos todos muy felices,

de su arrolladora entrada en la escena musical,

de todo lo que lo que suena espiritual ¿no?

Os traigo el tema, "Si tú supieras", uno de los primeros de su primer EP,

que os animo a ir buscando.

Si tú supieras que tus cabellos están contados,

que te llevo tatuada.

Si tú supieras que sé de tus sustos, sé de tus anhelos,

y sé de los miedos que te impiden acercarte más a mí.

Todo eso,

de todo eso, con una calidad maravillosa,

con unos arreglos que arropan la interpretación y la voz

especialísima de Juan, con todo eso nos sorprende Aaira.

Buscadlos, que son una maravilla.

Bueno. Otro día os traigo más.

Un beso grande.

(Música)

# Si tú supieras que

# te tengo tatuado

# en el fondo de mi alma # y en mi piel,

# que amo todos y cada uno # de los cabellos de tu pelo

# igual que el viento ondea todos # sin distinguir.

# Y que conozco tus anhelos # a los monstruos y los miedos

# que te impiden acercarte más a mí.

# Y que me muero por que un día # quedes libre de tus ruinas.

# Dibujemos juntos lo mejor de ti.

# Si tú quieres de mi mano # mil bombas desactivamos.

# Y pisamos en la arena # los dos en la misma huella.

# Yo conduciré, # llevaré el volante de tus sueños.

# Tú verás amanecer, # en sitios que nunca imaginaste.

# Eres tú mi voz, mis manos.

# Yo seré tu luz, tus pasos.

# Sabes, sin ti # nada de esto es lo mismo.

# Vente junto a mí, # no te preocupes vamos despacito.

# No hay que correr,

# pero déjame, hacer, déjame hacer...

# Maravillas... #

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Últimas preguntas - Entre el puente y el río

21 feb 2021

"Entre el puente y el rio", ed. Nueva Eva, es el título del libro de Javier Díaz Vega, conocido en redes como @javiviendo. El libro trata de lanzar una mirada misericordiosa sobre el suicidio tras su experiencia vivida en su entorno familiar. Terminamos con la música que nos trae Migueli.

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