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Para todos los públicos tres14 - Satélites - ver ahora
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Subtitulado por TVE.

El espacio es un mundo silencioso pero muy transitado.

Lo hemos llenado de satélites, de basura, de cámaras

y telescopios que miran al espacio y también a la Tierra.

Nos ven desde arriba y cada vez a mayor resolución.

Los astrofísicos Jordi Torra y Xavier Luri participan

en la creación de un mapa 3D de la Vía Láctea;

el físico José Luis Casanova traduce imágenes de satélite en datos;

Juan José Ramos construye mini satélites;

y los artistas Clara Boj y Diego Díaz usan el GPS

para contar historias sonoras.

Un sinónimo de satélite.

Amor. -Océano.

Sonda espacial. -Observador.

Observación. -Luna.

¿Una hora sin satélites sería...?

Una hora sin televisión y sin comunicaciones.

Imposible. No puede ser. -Libertad.

Sería terrible. -Exploración.

Aburrida.

Este pequeño e inofensivo mosquito podría ser un espía.

Militares y científicos de los Estados Unidos

están desarrollando estos pequeños drones.

Pronto serán capaces de ver y escuchar

a pocos centímetros del objetivo.

También imitarán a pájaros que, en realidad,

enviaran lo que vean a un sistema de satélites,

aún más preciso que los actuales sistemas de teledetección

con los que hoy se observa la Tierra.

Los satélites tienen una resolución muy variable.

Hay satélites meteorológicos en los que la observación importante

son las nubes y, lógicamente,

no tiene mucho sentido observar una nube con una resolución muy alta.

Tienen una resolución, en este momento, de 3x3 kilómetros.

Es decir, que el píxel, elemento básico de la imagen,

pues tiene 3x3 kilómetros, es decir, 9 kilómetros cuadrados.

Después, hay otros satélites que tienen una resolución de 1 Km,

otros 250 metros, y así hasta los que tienen

una resolución menor de 1 metro.

Pero se supone o se espera

que, teóricamente, se pueda llegar hasta los 15 centímetros.

La idea de que un gran ojo nos vigila es antigua.

Este es el primer anuncio de Apple.

Está inspirado en la novela de George Orwell, "1984",

en la que el ojo del Gran Hermano lo vigila todo

a través de un sistema de cámaras de vídeo y satélites.

Orwell publicó el libro en 1948,

diez años antes de que los rusos lanzasen el primer satélite,

el Sputnik.

En plena carrera espacial,

Sputnik fue una victoria para la Unión Soviética.

Un año después, Estados Unidos ponía en órbita su primer satélite,

el Explorer-1.

Hoy, Rusia y Estados Unidos todavía poseen

la mayoría de los más de 3.000 satélites que hay en órbita.

Aunque buena parte se dedican a las telecomunicaciones,

nadie, absolutamente nadie, controla lo que miran estos satélites.

Una cosa que yo nunca he entendido es como un avión volando a 3.000 m

tiene que pedir permiso a un país para sobrevolarlo,

y un satélite, a 800 kilómetros de altura,

que te está observando con 20 centímetros de resolución,

puede volar tranquilamente y es totalmente legal.

Simplemente, no lo entiendo.

Casanova participa como investigador

en los primeros satélites espía españoles, los Deimos.

Él ha impulsado varios proyectos con otros satélites

para vigilar de cerca la Tierra

y, por ejemplo, controlar incendios, pescar mejor

o pagar seguros a los ganaderos.

Uno de los aspectos que ha desarrollado nuestro laboratorio

es el seguro de pastos.

A lo largo del año, el pasto crece, disminuye, desaparece por sequía,

crece rápidamente por la lluvia.

Es decir, tiene unes evoluciones muy rápidas.

La única forma de asegurar una observación continua del pasto

es mediante observación de satélite, que nosotros hacemos todos los días.

Nosotros podemos decir si hay suficiente pasto o si no lo hay,

y si hay que indemnizarle o no hay que indemnizarle,

en función de cómo observamos el estado de este pasto.

Sin los satélites, no sabríamos que en los últimos 30 años

se ha derretido la mitad de la superficie del Ártico,

ni que en el Amazonas se han arrasado bosques enteros.

Los satélites nos vigilan, pero nosotros todavía no los vigilamos.

Son sin duda las grandes fuentes de información sobre la humanidad.

Hay quien no descarta futuras guerras de satélites.

Por el momento, China y EE.UU. ya han hecho sus ensayos

destruyendo viejos satélites con misiles.

En 1962, la NASA lanzó un pequeño satélite

y el mundo se hizo más pequeño.

Se llamaba TELSTAR y fue el primer satélite de comunicación

en conectar ambos lados del Atlántico desde el cielo.

Nunca antes, las ondas de la televisión, la radio o los faxes

habían cruzado el charco.

Telstar fue un éxito tecnológico y despertó la imaginación popular.

Incluso llegó a tener una canción a su nombre.

Pero no duró en el aire más de un año.

Las pruebas nucleares que los rusos y americanos hacían en es época

rompieron sus transistores y lo convirtieron en basura espacial.

Las fotos nocturnas de la Tierra son fascinantes.

De noche, podemos ver claramente

cómo los humanos nos hemos expandido por el planeta.

La luz eléctrica es un signo de la civilización.

En estas fotos del Observatorio de la Tierra de la NASA

vemos qué zonas son las más pobladas

y en qué lugares apagan la luz por la noche.

La distribución de la riqueza también queda clara.

Corea de Norte, por ejemplo, vive casi completamente a oscuras.

El primer satélite de la Historia fue literario.

Arthur C. Clark se anticipó al futuro.

Su idea de un sistema de comunicación basado en satélites

se publicó 17 años antes

del lanzamiento del primer satélite de comunicaciones.

Pero la idea original no era suya.

Él se inspiró en el escritor George O. Smith

que, 3 años antes, había publicado "Venus Equilateral",

una colección de historias cortas de ciencia ficción

sobre un sistema de comunicación interplanetario.

En las historias de George O. Smith,

los satélites estaban habitados por científicos locos y malvados

al estilo de la ciencia ficción de bolsillo de los años 40.

El cielo está lleno de ciencia.

No paramos de lanzar satélites y naves para intentar conocerlo

y controlarlo todo.

El GPS cambió primero el modo de hacer la guerra

y, después, la vida de todos, incluida la de los artistas.

Clara Boj y Diego Díaz realizan experimentos sonoros

de narrativa geolocalizada.

Veamos qué ven ellos en un mapa.

¿Y qué pensáis de esto de que de la misma manera que llevar

la agenda del móvil, llevar los contactos de todo el mundo,

las direcciones de todo el mundo

y, tal vez, nuestra memoria se está apagando por ahí?

¿Creéis que el GPS cambia también a la sociedad de esta manera,

que uno se va a deslocalizar,

si uno no tiene el dispositivo, ya no sabe dónde está?

Vosotros contáis historias que vienen desde lo digital,

que se localizan con lo digital.

Parece que el cerebro de cada uno es cada vez menos importante.

Bueno, nosotros precisamente todo el uso que hacemos con las tecnologías

en nuestro trabajo, que no es solamente con GPS.

Y tratamos de incorporar e investigar el cómo todas las tecnologías

están afectando a la manera en la que nos relacionamos

con el espacio público, ¿no?

Entonces, todo gira un poco entorno a hacer que las tecnologías no sirvan

para esa idea de aislarnos y de ir perdiendo facultades,

sino al contrario, para potenciar la relación con la ciudad,

con el contexto y con los demás, con el otro, ¿no?

Y provocar el encuentro.

Descríbeme cómo funciona esta aplicación

de la que estábamos hablando ahora.

Pues Las Calles Habladas propone un paseo aleatorio.

En función del lugar en el que estás, te propone una ruta.

Una ruta en la que tú sabes el principio, pero no sabes el final.

Cuando la vas siguiendo y vas caminando por ese recorrido,

vas escuchando toda la información que hay en internet actualmente

relacionada con ese lugar.

Toda, cualquiera, aleatoria.

Cualquiera, sin ningún tipo de filtros,

sin ningún tipo de separación o clasificación.

(Móvil): Se han generado las calles habladas.

Te invitamos a recorrerlas.

Esta iniciativa pionera le permite disponer

de una pequeña parcela de terreno de Nuestra señora de Atocha.

Lo que tratamos de generar es un cúmulo sonoro,

una especie de colapso, en el que, bueno, vas caminando

y vas realmente tomando conciencia de que el espacio físico

ya no es solamente...

El paisaje de la ciudad ya no es solamente físico,

sino que hay mucho más que no vemos y que está ahí.

(Voz de móvil en inglés).

El vídeo en alta calidad o HD ya ha llegado a los satélites.

Estas imágenes de aviones aterrizando en Beijing

se tomaron a 600 km del suelo

por una empresa que vende 90 segundos de video

de cualquier lugar de la Tierra en cualquier momento.

Hasta ahora, solo los militares y los servicios de inteligencia

podían espiar desde el cielo.

Estos nuevos micro-satélites abren la puerta

al mundo del espionaje a cualquiera que pueda pagarlo.

Sin embargo, no hay suficiente resolución

para identificar a una persona. De momento.

A finales de los años 60, una serie de misteriosas esferas de metal

aparecieron en las playas del Oeste de Australia.

Pronto empezaron a correr rumores sobre su posible origen alienígena.

Las esferas sí venían del espacio, pero no eran de otra civilización.

Eran los depósitos de agua desprendidos del satélite Gemini.

Se habían caído al océano Atlántico, tras el despegue.

En 1997, un trozo del satélite Delta 2 impactó

en la cabeza de una mujer de Oklahoma, en Estados Unidos.

La basura espacial también puede llegar a la Tierra.

Los satélites de comunicaciones que rodean nuestro planeta

se mantendrán en órbita a unos 36.000 kilómetros

de la superficie de la Tierra durante miles de millones de años.

Cuando la humanidad desaparezca, como prueba de nuestra existencia,

permanecerá un anillo de astronaves muertas.

Entre ellas, estará un satélite de comunicaciones

que contiene un artefacto con 100 imágenes,

creado por el artista Trevor Paglen, del colectivo Creative Time.

Su destino es mantenerse en órbita de forma perpetua.

The Last Pictures es una colección de imágenes lanzadas

a la inmensidad de los tiempos.

Podrían ser, perfectamente, nuestras últimas imágenes.

¿Qué os parece que los satélites sigan siendo cosas

que dominan normalmente gobiernos, grandes empresas,...?

Los usamos todos, dependemos,...

Vuestros proyectos participan de ellos,...

Ya, bueno, claro.

Pero no son de ninguno de los de aquí presentes.

Claro.

Pues de hecho, hay cada vez más iniciativas para hacer,

construir, lanzar y gestionar satélites ciudadanos, ¿no?

Yo creo recordar que hay algún proyecto de crowdfunding también,

incluso, para que la gente pueda participar

en la construcción de satélites y demás.

Entonces, yo creo que en esta sociedad, la ciudadanía,

en el momento actual, la ciudadanía está ganando terreno cada vez más.

Y entonces, en el mundo de los satélites, también está llegando.

Yo os quería contar sobre mapas antiguos, muy antiguos.

¿Y esto qué es?

Esto es, según dicen, el mapa más antiguo de la humanidad.

Está en las paredes de la cueva del Castillo, aquí en España,

y es el mapa de una constelación.

Y luego, si pasas, lo que veis es el primer plano de una ciudad que hay,

que está en Çatalhöyük, en Turquía.

Es la primera vez que hay una vista, si os fijáis,

mirando desde arriba hacia abajo.

La primera vista de satélite que hay en la historia de la humanidad,

hace 10.000 años.

¿Tú crees que es un cambio tan importante

como el momento en el que se inventa el punto de fuga

y empezamos a pensar que así se ordena el espacio?

Bueno, yo creo que sí, porque ahora estamos en contexto.

Cuando nos vemos en el mapa y nos desplazamos

y el mapa se desplaza con nosotros,

tenemos una idea mayor del contexto y de cómo todo está, está conectado.

De hecho, es muy curioso cuando buscas un lugar

en alguna de estas aplicaciones y te hace ese viaje desde lo macro.

Sí.

Estás en el planeta, estás en Europa, estás en España,

estás en Barcelona y estamos aquí, en esta terraza.

Y al contrario, lo que yo he hecho ha sido venir caminando

desde ras del suelo y mi percepción ha sido otra.

Pero mi construcción mental va más hacia la representación satelital.

¿Os aventuráis a imaginar cómo es el siguiente mapa,

el mapa del futuro?

Pues a lo mejor ese mapa se expande mucho más o...

Tiene más dimensiones.

Yo creo que podría ser un mapa espacial, ¿no?

Teniendo también un poco, linkando con la historia,

la idea de los satélites y demás, ¿no?

Imaginaos en ese futuro en el cual ya conseguimos realizar esa anunciada

y siempre prometida conquista del espacio,

donde realmente ya tenemos esos dispositivos

y podemos viajar por el espacio, visitar otros planetas, satélites

o ya hasta las estrellas, otros sistemas solares y demás, ¿no?

Entonces ese plano, ese mapa, ya sería tridimensional

o sería multidimensional, ¿no?

Hay, de hecho, un mapa muy bonito que está inscrito

en una lámina de oro y platino, en una de las Voyager

que se fue en el año 70 y pico, gracias a Carl Sagan

y que lleva un mapa de la Tierra en el Universo.

Y que está hecho de una manera que ninguno, yo creo, de nosotros

podría entender ahora mismo.

28 años de fotos de la Tierra.

Desde 1986, hasta hoy, no hemos parado de hacerle fotos a la Tierra

desde diferentes satélites.

En este mapa, las zonas rojas son las que más han sido retratadas

y las negras las que menos.

Asia, Europa y América del Norte ganan en visibilidad.

Los océanos son los grandes olvidados.

Este video muestra cómo ha ido cambiando

nuestro álbum de fotos de la Tierra en los últimos 28 años.

El planeta oscuro se ha convertido en un planeta iluminado

por millones de datos.

Si lográramos repostar combustible en el espacio,

los satélites tendrían una vida útil más larga

y podrían llevar consigo más instrumentos de medición.

La NASA ya está desarrollando robots gasolineras

que recorrerán las órbitas terrestres abasteciendo

a los satélites que lo necesiten y reparando sus desperfectos.

El sistema de recarga podría servir también

para abastecer naves con destino a la Luna.

De momento, estos robots existen sólo en papel,

pero son una buena solución contra el derroche energético.

La basura espacial amenaza a los satélites

que dan vueltas a la Tierra.

Hay medio millón de trozos de metal en órbitas bajas

y los ingenieros deben sortearlos para que sus sistemas no choquen.

Se busca urgentemente una forma de acabar con toda esa basura.

La Agencia Espacial Europea tiene un proyecto

de enviar pequeños robots equipados con redes, tentáculos y arpones

en busca de trozos de antiguos satélites.

Los australianos, por su parte, proponen un método basado

en un sistema de rayos láser infrarrojos para limpiar los restos.

La basura espacial da vueltas a 28.000 kilómetros por hora,

mucho más rápido que la bala de un revólver.

Mariner 9 es el satélite del amor que inspiró a Lou Reed.

Corría en 1971, cuando en la cabeza del protagonista de esta canción

se mezclaba su propio desengaño amoroso,

con las imágenes del lanzamiento de este satélite de la NASA.

Mariner 9 también sufrió una vida tormentosa.

Aun así, entre tormentas de polvo logró retratar la superficie marciana

por primera vez.

Los satélites sirven para inspirar canciones,

para fotografiar la superficie de otros planetas

y también para lanzar telescopios que rastrean el Universo.

Observando desde la Tierra, tenemos un problema.

El problema es que hay algo entre nosotros y las estrellas

que es la atmósfera terrestre, que es muy útil para respirar,

pero que para la observación astronómica es una molestia.

¿Por qué? Porque introduce perturbaciones.

Es decir, absorbe la luz o parte de la luz.

Su turbulencia hace que las imágenes de las estrellas se muevan,

aparentemente se muevan,

y además, absorbe luz en diferentes longitudes de onda

de manera que alguna no la recibes, otra la recibes menos.

Gracias al satélite Gaia,

podremos recoger datos de mil millones de estrellas

y construir el mapa en 3D de la Vía Láctea

más completo que jamás se haya hecho.

Su precisión es tal, que si Gaia estuviese situado en la Tierra

y orientado hacia el espacio,

se podría distinguir un euro sobre la superficie de la Luna.

A ver, Gaia está en órbita alrededor de un punto

que se llama el punto de Lagrange L2.

Ese punto está a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra

en la dirección opuesta al Sol.

O sea, tenemos el Sol, la Tierra, y Gaia está aquí detrás,

a 1,5 millones de kilómetros, y gira alrededor de este punto.

Digamos, gira más o menos, la órbita no es exactamente una circunferencia.

Se mueve alrededor de ese punto.

El satélite tiene básicamente dos telescopios

y cada uno de ellos lleva una serie de espejos,

de manera que las imágenes,

las estrellas observadas por un telescopio y el otro

terminan encontrándose en un plano focal conjunto.

Este gran ojo no ve directamente.

Barre el espacio para recoger señales que le permiten calcular cosas

como la distancia entre las estrellas, sus velocidades

y la luz que emiten.

Durante más de 5 años,

va a estar generando toneladas y toneladas de información

que más de 400 científicos analizarán.

Para hacer un símil fácil:

tenemos un catálogo de mil millones de estrellas,

si dedicásemos solo un segundo de ordenador a procesar cada estrella,

tardaría 30 años.

Por ello usamos, no un ordenador de sobremesa, sino superordenadores,

como el Mare Nostrum, aquí en Barcelona,

y ese procesado, aun así, con superordenadores,

lo más potente que hay ahora disponible,

nos cuesta meses de trabajo

y estaremos procesando durante 5 años, no todo el rato,

pero en etapas, hasta producir el catálogo final.

La crisis económica también afecta al espacio.

Tanto la NASA, como la ESA, necesitan conseguir satélites

mucho más económicos.

Con unos trozos de cinta métrica, la misma con que mides los muebles,

una batería de móvil y unos circuitos de un PC,

se puede crear un satélite.

Son los CubeSats, nanosatélites de 10 centímetros de arista

con los que investigan científicos de todo el mundo.

Un nanosatélite, pues, a la altura a la que está,

a unos 400 kilómetros de altura,

el tiempo que tarda en hacer una órbita completa son unos 90 minutos.

Si no funciona, lo barato puede salir caro.

Por eso, antes del lanzamiento,

el nanosatélite se somete a las condiciones

que deberá aguantar en el espacio.

El coste de lanzamiento de un satélite actualmente

está entre los 50.000 y los 100.000 euros.

El precio de lanzamiento va por el peso:

estamos hablando que un nanosatélite pesa 1 kilogramo.

Un satélite de comunicaciones puede pesar varias toneladas y, por tanto,

los costes de lanzamiento pueden ser millones de euros.

Los experimentos que podemos hacer son experimentos sencillos, pequeños,

pero aun y así podemos hacer experimentos realmente sofisticados.

Desde la misma estación internacional se han liberado nanosatélites

con experimentos.

La NASA incluso ha utilizado estos pequeños cubículos

para alojar a miniastronautas, pequeños microbios,

para entender así cómo se desarrolla la vida lejos de la Tierra.

¿Llegará la guerra de los satélites?

Lamentablemente, es posible que sí.

Sí, ya está llegando.

Ya ha llegado.

Espero que no.

Espero que no.

Espero que no, pero seguramente sí.

En resumen, insectos con cámaras, satélites ínfimos,

calles que hablan solas y espías por todas partes.

(Canta en inglés).

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tres14 - Satélites

19 oct 2014

En el tres14 conversamos con los artistas Clara Boj Y Diego Díaz, que usan el GPS para contar historias sonoras. 

Poco a poco, se están desarrollando nuevos satélites y sistemas de observación más precisos y pequeños. Así, el ejército estadounidense está desarrollando espías del tamaño de un mosquito, mientras que ingenieros en todo el mundo trabajan en nuevos satélites con una resolución de hasta 15 centímetros. Y no solo se están desarrollando para observar la Tierra, sino también el espacio.

El físico José Luís Casanova, los astrofísicos Jordi Torra y Xavier Luri y el investigador Juan José Ramos, nos acercan al mundo de los satélites.  

 

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