Testimonio La 2

Testimonio

Domingos a las 10.25 h.

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Para todos los públicos Testimonio - Humanizar la muerte - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Accesibilidad de TVE.

- Me llamo Javier Antolín, soy religioso agustino,

y desde hace unos años trabajo aquí, en Madrid,

en la parroquia de Santa María del Bosque,

encantado de saludaros.

- Yo soy José Luis del Castillo, también soy agustino, como Javier,

estoy en una parroquia en San Sebastián de los Reyes,

Nuestra Señora de La Vid

y también soy el arcipreste

de Alcobendas, San Sebastián de los Reyes.

Y, bueno, estamos un poco con la idea de presentaros

este último servicio que hemos tenido,

que nos pidió la delegación de La Pastoral de la Salud,

de aquí, de Madrid,

de acercarnos al tanatorio de Valdebebas,

donde han estado, y siguen todavía,

sepultados, de momento, pues los féretros

de los que han muerto de Covid, unos,

de los que han muerto de Covid este tiempo.

- Bien, pues fue la delegación de La Salud,

pero hay un servicio de asistencia religiosa católica urgente,

que se llama SARCU,

un teléfono que funciona desde las 10 a las siete de la mañana

José Luis y yo somos voluntarios de este servicio,

y nos pidieron a todos si podíamos colaborar

en la morgue de Valdebebas,

y, bueno, salió, de los que nos ofrecimos,

tres somos agustinos, y uno cura diocesano,

y esta ha sido la razón de colaborar en este servicio de,

de rezar un responso por los que han muerto.

- Sí, siempre ha sido un rezar, también desde el respeto, ¿no?

somos conscientes de que no todos los que pueden estar allí fallecidos,

pues son cristianos, ¿no?, o su nivel de religiosidad,

pero sí nos parecía el deber este,

de respeto de la Iglesia

y eso es lo que hemos tratado de mantener,

desde una oración sencilla, lo más englobante posible,

para todos,

y también, yo creo que es importante decir,

pues, con el respaldo de las personas que están allí,

los funcionarios del Ministerio de Justicia,

la UME, que se han portado extraordinariamente

y los guardias de seguridad, que también,

pues nos acompañan, o están, nos han abierto,

entonces, ha sido siempre una cosa muy sencilla,

de rezar un poquito,

de valorar la vida de estas personas

que han muerto, fundamentalmente solas.

- El primer día pues siempre te impresiona,

después de haber visto un poco lo del Palacio de Hielo,

pues yo me imaginaba que iba a encontrar,

pues, todo lleno de ataúdes, pero después no,

el ambiente es mucho más sereno allí, porque cada uno tiene su frigorífico,

quitando unas cámaras, donde estaban,

en ese sentido, impresiona,

claro, el primer día, pues sí, ¿no?

- Bueno, pues en estos días especiales,

sí que hemos tenido la oportunidad, con este servicio,

al menos a nivel así, personal,

pues de acercarnos un poquito más a la muerte, ¿no?

es decir, una cosa son las noticias de los que mueren

y otra es ver los ataúdes, ver a la gente que etá allí muerta

y tratar de ponerles nombre y rostro, ¿no?

Quizás, pues eso ha sido siempre lo más impactante,

o sea, tratar de que no son números, ninguno son números, ¿no?

personalmente hay una forma muy sencilla, ¿no?

pues he tratado de pensar en la vida de la persona,

rezarle

en dar gracias también por la vida, ¿no?

Es decir, eres anónimo para mí, pero tu vida ha tenido sentido,

tendrás una edad u otra, tampoco lo sabemos,

no te podemos poner rostro, pero, doy gracias a Dios por tu vida.

Yo creo que eso es importante.

- Bien, realmente han sido prácticamente tres meses,

porque empezamos un poco más tarde,

no íbamos todos los días, porque éramos un grupo,

pero sí ha sido algo que, continuamente, ¿no?

pues pidiendo por las personas que nos han dejado, ¿no?

Ese encuentro definitivo con la muerte,

pero, claro, el cristiano, aunque la muerte está ahí,

la muerte, como el pecado, lo mismo,

yo me acordaba un poco de lo que dice san Pablo:

donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.

Es, precisamente, la muerte no es la última palabra,

no tiene lo último,

el cristiano lo mira desde la esperanza

de que también Cristo murió y ha resucitado.

- Es verdad que ha habido un rostro de muerte,

porque ves los féretros,

pero también ha sido, especialmente en tiempo de Pascua,

y yo creo que este tiempo de confinamiento

ha sido un tiempo que nos ha secuestrado la primavera

y eso hacía sentir, también, esa nueva primavera

que nadie nos puede quitar, ¿no?

Nos ha ayudado a querer la vida eterna

y a respetar y amar esta vida

y, al final, pues el rostro de la muerte aquí

nos hace respetar, querer la vida que tenemos

y saber que la vamos a encontrar transformada,

pero igual o más pujante, en Jesús.

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Testimonio - Humanizar la muerte

12 jul 2020

Javier Antolín y José Luis del Castillo, religiosos agustinos, nos cuentan su experiencia durante la pandemia, en la morgue madrileña de Valdebebas.

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