Tesoros de la tele La 2

Tesoros de la tele

Jueves a las 22.00 horas

Programa del Archivo de TVE con el que se quiere rescatar los momentos más importantes, en versión íntegra, de los programas que son parte de la historia de nuestra televisión

Dirigido por Pedro Santos el espació repasara, a través de ocho entregas, los espacios que han sido punto de referencia en los diferentes géneros. Serán un total de ocho entregas dedicadas a los programas más emblemáticos que se han visto por la pequeña pantalla a lo largo de su historia. .

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Tesoros de la tele - Aplauso - ver ahora
Transcripción completa

La finalidad de este programa, "Con las manos en la masa",

que empieza hoy, es la de informar, relacionar y salvar.

"Con esta declaración de intenciones,

comenzaba el programa 'Con las manos en la masa'

el 10 de enero de 1984.

Dirigido y presentado por Elena Santonja,

cumplía varios objetivos.

Por ejemplo, acercar la cocina a todos los públicos

y normalizar la presencia de los hombres entre fogones."

Un bocadillo de bonito.

Eso es.

Muy bien. El peine, guapa.

Muchas gracias.

Para hacerlo más atractivo,

por el espacio desfilaron cantantes, actores, escritores,

presentadores, que además de ponerse el delantal,

se prestaban a otro tipo de situaciones

nada convencionales."

# Con las faldas remangadas.

# Luciendo la pantorrilla.

# Yo prefiero merecer.

Brazo ahora.

# Otro amor, otro querer.

Eso se nos ocurrió de repente, no estaba en el guion.

Vamos a cantar. Nos pusimos a cantar.

"Así contaba la madre de Pedro Almodóvar

la repercusión que tuvo la intervención de su hijo

en el programa."

Me llaman por teléfono.

"Paca, que hemos visto a Pedro.

Que te hemos visto a ti haciendo pisto".

"'Con las manos en la masa' fue realmente el pionero en su género."

Sí, una cocina.

Además, doble; teníamos la cocina real

en la que estábamos haciendo las cosas mientras hablábamos,

y otra cocina que adelantaba tiempos.

"Hoy, en 'Tesoros de la tele', hemos seleccionado

los mejores momentos de un espacio que estuvo siete años en antena

y que merece la pena contemplar a fuego lento."

-Ustedes... -¿Pero ustedes qué miran, hombre?

¿De qué se ríen, hombre?

# Siempre que vuelves a casa, # me pillas en la cocina.

# Embadurnada de harina.

# Con las manos en la masa.

Buenas tardes. Mi nombre es Elena Santonja.

Y espero estar con ustedes todas las semanas

durante una temporada.

Y digo esto porque este es un programa de cocina.

Para hablar de cocina, se necesita tiempo.

# Desde que se fue.

# Triste vivo yo.

# Seguiré tus pasos.

# Caminito a Dios.

# Desde que se fue.

# Triste vivo yo.

# Caminito, amigo.

# Yo también me voy.

"Caminito" ha sido la única manera de traer al programa

a un viejo amigo.

Sí, aunque les parezca mentira,

él es algo alérgico a las cámaras y me dijo:

"Si me recibes cantando 'Caminito'

y me despides cantando 'Adiós con el corazón',

entonces, voy al programa".

Claro, es que debió pensar que yo no me atrevería a hacerlo.

Pero Fernando, ¿no me conoces hace 30 años?

Pero pensé que precisamente por eso, por el paso de los años,

a lo mejor habías sentado algo la cabeza.

No, eso nunca.

Mira, leyendo tus memorias, que es un libro precioso,

que se llama "El tiempo amarillo",

-que por cierto, qué bonito título. -El título no es mío.

Es un fragmento de un poema de Miguel Hernández.

"El rayo que no cesa".

-Sí. -Yo sé que algún día,

se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía.

Me pareció que era como muy adecuado para un libro de memorias.

Claro, leyéndolas, me he dado cuenta

de una cosa, y es que hablas mucho de la familia.

Mucho de las cocinas, mucho de la comida.

-Por ejemplo. -Sí.

Más bien de la falta de comida.

-Sí. -Sobre todo en mi adolescencia.

Aquellos años de la guerra civil.

Sí, aquellos años de la guerra civil,

que todo el mundo me ha contado, que en cambio había muchas lentejas.

Había muchas lentejas,

pero no es que hubiera muchas en las casas.

No, en la casa lo que ocurría es que no había más que lentejas.

Donde sí había muchas lentejas era en las reservas

del Gobierno, porque cuando terminó la guerra,

todavía quedaban reservas para alimentar durante un año

a la población de Madrid.

¿Y tú por qué te hiciste actor?

Durante la guerra, era obligatorio trabajar.

Incluso para andar por la calle,

había que llevar el certificado de trabajo.

Además, en casa hacía falta el dinero.

Y lo natural de trabajar en algo es que siguiera el oficio familiar.

El oficio de mi madre, teatro.

Pero me has explicado que al principio lo hacías mal.

No, yo nunca que he creído... No.

Yo siempre, en aquella época, sobre todo a los 16 años,

creía que era uno de los mejores actores del mundo.

-Fue el primer día que trabaje. -Ah, ya.

Como profesional; no es que lo hice mal,

es que no lo hice.

-¿No lo hiciste? -Mi papel era cortísimo.

Lo despreciaba, tenía que decir solo tres frases.

Un camarero que entraba en la habitación de un hotel

y decía: "¿Qué van a tomar los señores?

¿Los señores lo quieren con hielo?

¿Quieren que les traiga agua de Seltz?".

Y nada más. Entonces, en cuanto salí al escenario,

la luz de la batería, la oscuridad de la sala,

aquella boca negra enorme, me produjeron

como un momento de parálisis, de silencio,

en el que yo oí que el otro actor, un hombre ya mayor,

muy experimentado, me dijo:

"¿Viene usted a preguntarnos que qué queremos tomar?".

A mí me sorprendió que él dijera mi frase.

Y claro, durante un momento, no contesté nada.

Entonces él dijo: "Pues queremos dos güisquis con hielo".

Aquello ya me trastornó del todo.

Yo no sabía si tenía que decir mi primera frase, la segunda.

Y le oí a él que decía: "Y traigamos también agua de Seltz".

Muy amablemente, me volvió de espaldas,

me empujó y me echó del escenario.

-Solucionó. -Yo me quedé un momento

pensando que a lo mejor nunca en la vida

conseguiría hablar en el escenario.

Afortunadamente, al día siguiente, ya aunque fuera mal,

sí hablé, sí conseguí decir...

-Conseguiste decir las tres frases. -Aquellas tres cosas.

# Adiós con el corazón.

# Que con el alma no puedo.

# Y al despedirme de ti.

# Al despedirme, me muero.

# Tú serás el bien de mi alma.

# Tú serás el bien de mi vida.

# Tú serás el pájaro pinto

# que alegre canta cada mañana. #

Charo, ¿cuándo empiezas tú a hacer régimen?

Pues empiezo prácticamente con el cine.

Cuando empiezo a verme en pantalla, y me horrorizo.

-Me veo grandísima. -Anda que no eres exagerada.

No, qué va, yo doy un tamaño poco corriente.

-Uy. -Entonces...

-Empiezo a hacer régimen. -Sí.

-¿Qué tipo? ¿Inventado? -Mal siempre, inventado.

Me parece que lo que dicen las mujeres del régimen,

-a mí no me valía. -Ya.

Hice el de los astronautas.

Me puse de fea...

-Seca, no tomas verduras ni frutas. -Qué horror.

-Horrenda. -¿Todas de carnes?

Carne, sí.

Adelgazas, pero te pones espantosa.

Claro, no compensa.

Luego hice otro que era ese de "todos los días melón".

"Todos los días patatas". Fatal.

-"Todos los días uvas". Ese sí. -Todo el día uvas.

De verdad, es un tueste.

Total, que un día tuve que plantearme

que como lo tengo que hacer el resto de mi vida,

lo de no engordar y tal y cual,

pues comer con un poco de inteligencia.

Comer pescados hervidos, verduras hervidas.

-Como has dicho antes. -Sí.

Cosas sanas, naturales, zumos.

¿Tomas mucho zumo de zanahoria crudo?

Muchísimo.

Eso es buenísimo para la piel.

-Qué rico están. -Están de miedo.

Bueno, y mientras dejamos que se haga este tomate...

-Anda, estás tomando vino y yo no. -Pues venga.

-Qué fresco, espera. -El invitado.

Por el éxito de las croquetas.

Por el éxito de las croquetas.

No quiero decir por un futuro previo

-porque me das una bofetada. -No, ya no.

A mí es que me gusta mucho, Gonzalo, estar en la cocina

y poder guisar y charlar con un amigo

-y beber un poquito. -Se debe hablar siempre

cuando no se está en silencio.

Mucha razón tienes.

Podemos parecer tarabillas hablando todo el rato.

No, hay cuidado, lo que pasa, es que tengo la voz un poco ronca.

No importa, pero tu voz es siempre una voz preciosa.

-No, pero no debe salir bien. -Sí.

Los espectadores deben pensar que me pasa algo

-en las cuerdas vocales. -Qué va.

¿Preferías este vino o el tuyo de Ribeiro?

No, yo el Ribeiro no lo puedo tomar porque es muy ácido.

-Sí, es una lástima. -Yo tomo Valdepeñas,

Rioja, catalanes.

Vallisoletanos, vino de Toro; en fin, vino siempre del centro.

-A mí me parece, Gonzalo... -De poca acidez.

Perdona, cambiando un poco el tema,

que tú vives algo tus propias historias.

Y esto, un escritor muy amado por ti,

que es Fernando Pessoa, también lo decía.

Que no hay mayor aventura para un hombre

que amar con verdadero amor y directamente a lady Macbeth.

Sí, bueno, pero lo que pasa es que Pessoa,

cuando hablaba de vivir, hablaba de vivir imaginativamente.

-Ya. -No esa vulgaridad

-que es la realidad. -Sí.

-En él todo era imaginación. -Lo dice en el quinto, sexto verso

-de "Tabaquería". -Sí.

Que dice "todos los sueños del mundo".

Yo no soy nadie, no tengo nada, no sirvo para nada,

pero tengo en mi cabeza todos los sueños del mundo.

Qué bonita frase.

Yo creo que a muchos les pasa.

Es uno de los grandes poemas de este siglo.

Hace poco has ido a un homenaje de Fernando Pessoa.

Sí, hace tres días estuve en Lisboa.

Todo no, parece que va a ser mucho.

-Te iba a decir eso, que si cuánto. -Sí.

-¿Así? -Bueno, sí.

-Así. -Así.

Que se dore con tomate y la cebolla.

Que se dore con tomate y cebolla, que se dore un poco.

Por cierto, que el año pasado estuve en Lisboa

y me contaron la historia de que el cadáver de Pessoa,

para trasladar a los Jerónimos, había aparecido incorrupto.

-¿Qué dices? ¿Incorrupto? -Sí, incorrupto.

Y este año han dicho que era mentira.

¿Pero eso era un milagro?

No, fue un bulo.

Un bulo, más que milagro, fue bulo.

Este año me han dicho que no era cierto.

-Ya. -Que era un cadáver normal.

Se había corrido el bulo, que como tomaba tanto alcohol...

Sí, ese era el bulo.

¿Sabes qué pasa? La comida no sale bien

-si no se canta. -Eso creo yo.

Es algo importante.

Y entonces, sobre todo, si haces una fabada.

Es lo que vas a hacer tú hoy.

-Sí, exacto. -Como buen asturiano.

La fabada, en contra de lo que dice la gente,

-no engorda, todo lo contrario. -Por Dios.

-Arturo, no digas tonterías. -En absoluto. No.

-En absoluto. -¿Cómo no va a engordar?

Ahora existe un médico muy importante americano

que a las americanas les ha puesto como dieta la fabada.

Para adelgazar.

-Una vez a la semana. -Les ha puesto... Uy.

Mucha crema y mucha fabada.

Creo que legumbres, no hechas con tanto cerdo.

Vamos a decir las cosas como son.

El cerdo todo depende cómo esté criado.

-Eso también. -El cerdo de casa

es muy distinto al que se cría a la intemperie.

Digamos que ese está cabreado todo el día.

-Sí. -El cerdo de casa,

-está mimado. -Está contento.

Tú ves, por ejemplo, en esas carnicerías,

esas cabezas de cerdos fantásticas, sonrientes.

Ese se ha criado en casa.

El otro, el que está cabreado,

-es el que ha ido detrás... -Tiene que comer.

Un perro, lo tratan mal, la nieve, el calor.

-¿Comprendes? -Ese cerdo engorda.

Ese es el que engorda.

¿Estás de acuerdo con Luis Buñuel...?

Me acabo de acordar que decía una cosa de la fabada.

Decía que era el plato creado

-por un pueblo hambriento. -No, en absoluto.

-Ya me parecía a mí. -Luis Buñuel es un gran director.

Ha sido un gran director, pero creo que en cuanto al pueblo asturiano

-y la fabada... -No sabía.

No sabía absolutamente nada.

Pienso que la fabada es digna de la mesa de un rey.

-Creo también eso. -Esto ya por supuesto.

Vamos a hacerla, ¿te parece?

-¿Empezamos ya? Encantado. -¿Pasamos a la cocina?

# Embadurnada de harina, # con las manos en la masa.

-¿Aprieto así mucho? -No, perfecto.

¿Crees que te está bien el delantal?

Lo mío son los trapos, cocina y trapos es lo mío.

-Ah, ¿sí? -Por favor.

Ah, muchas gracias.

Un espejo es importante. No, yo te ayudo.

-Gracias. -Yo pongo muy bien los delantales.

-A ver cómo me lo pones. -Así, perfecto.

-Perdóname. Es que llega el espejo. -No te preocupes, sigo yo.

-Sí. -Y el espejo es importante.

Eso es.

Muy bien. El peine, guapa.

Muchas gracias.

-Muy bien. -¿Te encuentras bien?

-No, fantástico. -Sí.

¿Sabes qué pasa? Para cocinar, hay que mirarse al espejo.

-No sé yo; a veces sí, otras no. -¿No?

Bueno, las mujeres, en realidad, siempre os estáis mirando al espejo.

Así como los hombres, es una mirada nada más,

-y basta. -Con eso basta.

Bueno, muchísimas gracias. Espérate, la última.

Porque sí, muy bien.

Para la fabada, hay que prepararse muy bien.

-Creo que sí, vamos a ello. -La cocina.

Yo quería ser cantante, y canto como los perros.

Entonces, esas cosas que no acabé nunca de entenderlas.

Entonces, yo era un gran fanático, casi como toda España,

-de Antonio Machín. -Hombre.

-Maravilloso. -Las canciones de Antonio Machín,

todavía las pongo cuando cocino en casa,

con los perros y estoy solo, entonces, pongo a Machín.

"Esas dos gardenias".

-Todas las canciones. -Lo iba a decir.

"Ya sé que tiene novio", "En la acera de enfrente".

-"Ya sé que no me quieres". -Esas canciones.

¿Te acuerdas de "Dos gardenias"?

Entonces, yo fui... Claro, lo he bailado mucho.

-Sí. -Casi las inventé yo.

-Uy. -Además, las susurraba.

-Las susurraba. -¿Sí? ¿Así al oído?

Sí, a tu lado vivirán,

y te dirán, como cuando estás conmigo.

# Dos gardenias para ti.

# Con ellas quiero decir.

# Te quiero.

# Te adoro.

# Mi vida.

# Ponles toda tu atención.

# Porque son tu corazón.

Cantaré toda mi vida, que a llorar tiempo me queda.

Chavalina, te voy a dar un culín de sidra.

-Porque esto... Toma. -Bueno, ¿por qué no hacemos un dúo?

-Gracias. -Nos íbamos a morir de hambre.

-Cantamos muy mal. -Eso creo yo.

-Por ti. -Lo que sea hablar, me va muy bien.

Pero el cantar... Bueno, pues yo vine a Madrid...

-¿Brindamos? -Sí.

Por nosotros.

"Se marea suavemente."

¿Se marea?

"Se añade un poquito de pimentón."

Pimentón.

Justo.

"E inmediatamente, para que no se arrebate..."

¿Para que no se arrebate? A mí esto no me lo arrebata nadie.

Bueno.

"Ponemos la cebolla."

La cebolla.

"La cebolla hay que trabajarla duro, porque así pierde su orgullo."

¿Que pierde su orgullo?

¿Pero qué orgullo?

Orgullosa, creída, vanidosa.

Descarada. Pero bueno, cretina.

¿Pero quién te has creído que eres?

Te vas a enterar de lo que vale un peine.

¡Soberbia!

-Qué tonto eres, Fernando. -¿Pero por qué?

Porque sí.

No, de verdad que a mí me pasaban estas cosas al principio.

Hoy tenemos con nosotros a un director de cine.

A Fernando Colomo, que es autor de películas

como "Tigres de papel",

"¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?",

"La mano negra", "Estoy en crisis",

"La línea del cielo", "El caballero del dragón",

y últimamente "La vida alegre".

-Bueno, las has dicho todas. -Me las sé de memoria.

Memorión.

Oye, ¿pero de verdad tú has tomado así afición a la cocina

-viendo este programa? -Sí, palabrita del niño Jesús.

-¿Sí? -Sí.

"Con las manos en la masa" me ha pillado

con manos en la masa.

-Uy, ¿pero qué es esto? -Esto es una cosa

que he preparado siguiendo las fórmulas de mi abuelo.

-Magistrales, supongo. -Bueno, no te lo puedes imaginar.

Qué preciosidad, si es un laboratorio.

Sí, bueno, esto son las dos copas.

-Sí. -Que he preparado.

-Ay, qué bien el licor. -Sí.

-¿Cómo se llama? -Esto, según tengo aquí escrito,

es el licor de aguacate al aroma del estragón.

-Sí. -Al "bouquet" del nardo.

Con el toque misterioso del almizcle al ámbar gris.

Lo podemos tomar, ¿verdad?

-Debemos tomarlo. -Vamos a tomarlo.

-¿Qué tal? -Bien.

-Te gusta, ¿no? -Me parece que está bien.

-Lo noto... -Tiene retrosabor.

-Como un retrosabor. -Sí.

-Cosas un poco... -Así como... Uy, Fernando.

-¡Ay! -Espera.

Ay, por Dios. ¿Qué me he bebido?

Espera, algo ha fallado.

-Por Dios. -Algo ha fallado.

La fórmula.

La fórmula ha fallado.

(TOSE)

No sé muy bien qué ha pasado.

He sentido algo así como una pérdida de sentido

-del espacio y del tiempo. -¿Verdad que sí?

Yo también he notado una cosa rara.

-¿Cómo qué? -Como eso.

Como una pérdida del sentido del tiempo, no sé.

-Muy raro. -De todas formas, estaba bueno.

Bueno, a mí me ha encantado.

Si quieres, te puedo prestar las fórmulas

-de la abuela. -¿De verdad?

-Qué ilusión. -No me cuesta absolutamente nada.

Bueno.

Algún día con un invitado para tu programa,

-te vendrá bien. -Lo daría, sería muy divulgativo.

-Sí. -¿Verdad que sí?

Muy bien, te lo voy a prestar.

-No te preocupes. -Gracias.

De nada.

Bueno, pues ya solo nos queda dar las gracias

a Fernando, que siga con su vida alegre.

Y nosotros, amigos, despedirnos hasta el próximo día, gracias.

Voy a poner estas tres sardinitas,

bien frescas, bien vivas, las he guardado para ti.

Qué ricas. Toma, cóbrate.

Son 100 pesetas, 900 que me debías del otro día,

las 1.000, ¿eh? Chato, estamos de acuerdo. Acuérdate.

Qué desmemoriado. ¿Tú qué quieres?

¿Tienes merluza fresquita?

-Bien fresca, mírala. -Ponme una chirla.

-¿Una chirla? ¿Cuántas te pongo? -100 gramos.

No te empaches, ¿eh? Con 100 gramos.

-Ponme 50. -50.

Te las regalo, porque desde luego....

¿Estas qué? ¿Te las apunto?

Apúntamelas, hazme el favor.

Tienes una cuenta aquí pendiente de aquellas larguísima.

Estoy... Bueno, la cosa.

-A ver si trabajas, majo. -Adiós, guapa.

Adiós, guapo. Un tío tan grande y sin trabajar, ¿quién lo mantendrá?

Madre mía de mi vida. Reina, tengo todo el pescado

-que anda solo. -Hola, Loles.

-Hola, Elena. -¿Qué tal?

-Muy bien, chata. -Quiero algo así

-como para sopa. -Uy, mira lo que tengo.

-Esto es una joya marinera. -Ya. No, mujer.

Lo veo, pero somos pocos, necesitaba hacer sopa.

¿Alguna cabeza que haya sobrado de la clienta?

-De esas que tiran todo, ya sabes. -Hija mía.

-Y parte así de la cola. -Tengo esta raspa, chata.

-Pero hija mía. -Estas me sirven, bárbaro.

Pónmelas.

(AMBAS) Un, dos, tres.

# Desde Santurce a Bilbao.

# Vengo por toda la orilla.

# Con la falda remangada.

# Luciendo la pantorrilla.

# Vengo deprisa y corriendo.

# Aunque me oprime el corsé.

# Voy por las calles gritando.

# Sardina fresca.

(Aplausos)

# Embadurnada de harina # con las manos en la masa.

La familia no era toda catalana.

-Bueno, nací en Barcelona. -Sí.

Además, claro, como este es un programa gastronómico...

Nací sobre una mesa.

¿Cómo que sobre una mesa? ¿Pero igual que Jaime?

-Jaime nació en una mesa. -Debe ser cosa de la época.

No sé, por la altura, yo qué sé.

Las mesas servían para todo.

-Para todo. -Se comía, se daba a luz, se nacía.

Se jugaba al tresillo, yo qué sé.

Jugaba uno debajo de la mesa.

-Bien. -Cosas muy divertidas.

Tu madre, la recuerdo muy bien, era valenciana.

Era valenciana, sí.

Porque también su padre era valenciano.

Su padre fue lo que se llamaba, bueno, se sigue llamando,

un hombre que se había hecho a sí mismo.

Fue de Valencia a Barcelona, empezó vendiendo periódicos.

Acabó teniendo un café, un teatro, unas casas.

Y luego, el abuelo paterno,

-el padre de mi padre. -El padre de tu padre.

Ese era crítico de teatro.

-Como mi padre. -Por eso te viene a ti.

Desde pequeño has vivido un ambiente teatral

-bastante serio. -Sí, creo que yo he sido

lo que ellos hubieran querido ser y no fueron.

-Puede. -Creo que todos querían ser actores.

-Al final lo fui yo. -Eran empresarios.

-Eran críticos. -Sí.

Recuerdas mucho, además, yo también lo recuerdo,

-los arroces de tu madre. -Sí, mi madre era buena cocinera.

-Hacía arroces estupendos. -Estupenda.

Lo que pasa, muy curioso, venía gente a comer esos arroces,

que me parecen exquisitos,

yo sigo creyendo que nunca he comido arroces

-como aquellos. -Sí.

Supongo que es pasión de hijo.

Pero recuerdo que mi madre, cuando se encerraba a cocinar,

no dejaba entrar a nadie.

-Que nadie descubriera su secreto. -Sí.

Bueno, a mí, por supuesto, porque en aquella época parecía

que un hombre dentro de la cocina era una actitud más bien sospechosa.

En tu época, a los niños se les decía

-"no seas cocinilla". -Claro.

Con lo cual, se fomentaba, evidentemente,

-el machismo. -Esto...

Yo recuerdo a un tío abuelo mío que era aficionadísimo

a estar pelando patatas delante de la radio

mientras la escuchaba, porque era un gran aficionado

a los partidos de fútbol.

"Señores oyentes.

La famosa campeona de habilidad en hornos y fogones, Elena Santonja,

después de haber trinchado primorosamente

en cuatro segundos una cebolla de reglamento,

y haber hecho acopio de huevos, queso, perejil,

jamón, sal y pimienta, con destino a unas patatas rellenas,

se ocupa ahora en montar los susodichos orondos tubérculos,

que con toda seguridad, va a ser objeto

de sabia manipulación culinaria.

Daríamos a ustedes, si tuviéramos tiempo,

el frondoso árbol genealógico de esta gran estrella

de la cocina hispánica.

Pero en este momento, nos llega un cablegrama desde Londres

en el que la peña titulada 'patatas calientes a la inglesa',

nos envía dos hermosos pareados,

que debidamente traducidos, dicen así:

'No hay cocinera más buena que nuestra querida Elena'.

Y el otro:

'Es verdad que no lisonja nadie como la Santonja'."

Por Dios, está todo el rato hablando de mí.

Qué vergüenza me da. Voy a apagar la radio.

Uy, yo creo que todos ustedes

habrán reconocido perfectamente esta voz,

con la cual hemos crecido y vivido muchísimos españoles.

Y supongo, también, que todos ustedes sienten

una gran admiración y respeto por este gran profesional,

dueño de esta magnífica voz. Hola, Matías.

-¿Qué tal? -Bien.

Antes que nada... Bueno, te doy la mano llena de patata, perdóname.

Ennoblecida con la patata.

Antes que nada, quiero agradecer

esta pequeña broma radiofónica de retrasmisión

de peladura de patata, que ha estado muy bien.

No es una tomadura de pelo, ni mucho menos.

La peladura de la patata, ya decía Ramón Gómez de la Serna,

era darle cuerda a la patata.

-Es verdad. -Y ahora, verás.

Con la cuerda dada a la patata, la clase de plato que te va a salir.

No, sé una cosa, que eres un gran gastrónomo,

pero no sé muy bien si eres un gran cocinero.

-Me han dicho que sí. -Sí.

Fue un imperativo de la circunstancia.

Yo soy de pueblo, de Villa del Río, en la provincia de Córdoba.

En el valle del Guadalquivir.

Y en casa estaba el fogón encendido

durante todo el día, las 24 horas.

-Qué suerte. -Era una tentación

-no hacer cosas con aquel fuego. -Claro.

-Y aceitunas. -Aceitunas, negras las que quieras.

-Andaluzas, por supuesto. -Sí.

Así, mira qué bonito color.

Me estoy acordando de un chiste, es malísimo,

ha dicho el guionista que no lo cuente,

-pero lo voy a contar. -Cuéntamelo.

Va un niño y le dice a su padre: "Oye, papá,

¿tú sabes si hay unas aceitunas que son así redondas,

que tienen como cuernecillos y patitas?".

Y dice el padre: "No".

Dice: "-¿Hay aceitunas negras?. -Sí.

-¿Con cuernos y patitas? -No.

Me parece que el abuelo se ha comido una cucarachita".

-Qué malo. -Malísimo.

Es un chiste de guionista.

Tengo uno mucho mejor.

Pero ha dicho "no lo cuentes".

Era un restaurante especialista en mayonesas

de un día para otro, y llega una pareja

y le dice: "¿Qué nos recomienda?

Bueno, hoy tenemos unas urticarias extraordinarias

y unas salmonelas increíbles".

Para ser ese tu primer recuerdo culinario,

es muy violento.

Claro, fíjate tú en aquellas épocas, en el año 1950, aproximadamente,

pues que una tía de Venezuela, la tía Filo,

nos trajo una olla a presión de aquellas enorme que había.

Pues metimos toda una fabada de aquellas épocas,

que era bastante problemático conseguir,

estalla la valvulita que hay,

y se queda toda la fabada en el techo, nos quedamos mirando.

-Increíble, una cosa tremenda. -Qué horror.

Yo tengo uno amigos, los Gamboa,

que les pasó lo mismo con una lengua de vaca.

Imagínate. Al saltar la tapa,

la lengua de vaca al techo, se quedó...

Colgando haciéndoles burla.

Tengo otro recuerdo.

En este caso, no es culinario. Es erótico televisivo.

-Cuéntame. -Fuiste la primera mujer que vi

-con pantalones, fíjate. -No seas exagerado.

Vamos a parecer viejísimos.

Palabra del niño Jesús. Venías tú del colegio.

Ibas a televisión a ensayar un papel.

-Sí. -Y entonces, te vi yo

con unos pantalones, ensayando el papel,

y yo me creía que o estabas enferma,

y te habían puesto un pijama o algo rarísimo.

Yo me quedé muy asustado.

-Pero además, de verdad. -Siempre me ha gustado.

-Yo soy muy moderna, oye. -Y también eres la primera mujer

y persona que he visto imitar el cheli.

Extractar el cheli.

-Entonces no se llamaba. -Como fenómeno lingüístico.

-Pero no se llamaba cheli. -Qué va.

Se llamaba paleto, o algo así, no me acuerdo exactamente.

Los tonos paletos son de otro tipo.

Es un tono que yo tenía un compañero en la escuela

que es que era de Vallecas.

-¿"Yes"? -Sí, hablaba siempre así.

-A ver, di cebolla. -Cebolla.

Siempre me chocó el nombre Alaska, ¿por qué un nombre tan frío?

No, no tiene nada que ver con la frialdad, realmente.

Ni porque yo quiera dar una apariencia de este tipo.

Fue sencillamente, que cuando yo tenía 12 años,

y empezaba un poco a conocer este mundo,

que luego sería el mío, mi mundo de trabajo,

pues yo empecé a traducir unas historietas

para una revista,

-una especie de fanzine. -¿A los 12 años?

A los 12 años; eran comics, no tenían ninguna importancia.

Pero claro, aquello había que firmarlo.

Y yo aquello de firmar como Olvido,

nombre que nunca me gustó especialmente,

me horrorizaba a mí eso de llamarme

no de manera normal y corriente, como todas las niñas,

nunca me hizo ninguna ilusión, ni ninguna gracia.

Sobre todo porque, quizá en México no sea tan común como en España.

-Olvido. -Es un nombre asturiano.

-Olvido es muy asturiano. -Entonces, claro, Olvidos no había.

En España he conocido a más Olvidos después,

pero en México, para nada.

Entonces, yo casualmente un día escuchando un disco

de uno de mis ídolos de entonces,

de aquella gente que me motivó a iniciarme.

-En tu vida musical. -Exacto.

Escuché dentro de una canción, en el contexto,

se hablaba de que a una chica le llamaban Alaska.

Y me gustó el nombre, me gustó porque sí.

No porque tuviera ninguna relación

ni con el personaje de la canción, ni por la frialdad.

Bueno, pues está muy bien puesto, a mí me gusta.

Tú naces en México en 1963.

Me parece que eres tan pequeña para ser ya un personaje, Alaska.

No, yo me encuentro... Me parece que los años pasan rapidísimo.

-Eso sí. -Parece que hace muchísimo tiempo

que empecé y muchísimo tiempo que pasan las cosas

y me encuentro tan mayor a veces.

¿Cómo vas a ser mayor? Qué tonterías dices.

En México, vas al colegio como todos los niños,

como es natural, y de repente,

-tu familia se traslada a España. -A España, sí.

Cambiáis la residencia, sigues yendo al colegio.

Esto lo digo porque un día tiras el uniforme,

te pones unos trapos, para lo cual tienes muchísima gracia,

organizas una imagen tuya

y de repente te conviertes en Alaska con una guitarra.

-Sí. -¿Dónde empiezas? Perdóname.

¿Con qué conjunto?

Bueno, empiezo con el primer grupo en el que estuve, fue Kaka de Luxe.

-Sí. -El hecho de dejar el colegio,

fue una consecuencia bastante lógica.

Creo que no era el colegio en sí.

Los estudios, el hecho de querer de dejar de estudiar.

No era eso, a mí eso es una cosa que no me disgusta.

Era el entorno, el tener que ir a un colegio donde, bueno,

al fin y al cabo, la gente tenía la misma edad que tú.

Pero no tenías nada que ver con ellos.

Absolutamente nada.

Habías entrado en un mundo de trabajo, vamos a decir,

-un trabajo... -Aunque no lo pareciera.

Y claro, las niñas de 14 años, que tenías entonces,

era imposible que te comprendieran.

Creo que fue la razón, lo tuve que dejar

por no encontrarme a gusto.

Además, como pronto grabé un disco,

fue excusa para llegar a casa con el disco y decir:

"Grabé un disco, ¿puedo dejar el colegio?".

Fue lo que me salvó.

¿Es que se te caen los anillos, Olvido?

No, mujer, pero es que, no sé,

¿no te parece impropio estar cocinando con anillos?

Bueno, no me he atrevido a decírtelo,

pero me parecía un poco impropio.

Más que impropio, es una cosa incómoda.

Lo de los anillos está muy bien, me gusta mucho,

pero soy bastante práctica.

-Para esto no viene a cuento. -En efecto.

Fíjate qué productos más maravillosos de tu tierra.

A ver, por ejemplo, ¿los caracoles tienen algún nombre especial?

-Bueno, se llaman "cargols". -"Cargols"

"Cargols" y hay distintas variedades.

Hay caracoles de viña, en fin.

No sé. Ahí hay un plato típico,

no sé si en otros pueblos de España se hace,

supongo que también, el conejo con caracoles picantes.

Es muy bueno. Pero ese creo que es típicamente catalán.

-En otros... -Y aragonés.

-Aragonés puede. -En alguna zona lo he visto.

Luego, un plato que se llama caracoles a la brutesca.

Se ponen los caracoles bocarriba, encima de la pinaza.

Se incendia la pinaza, y cuando desaparece el silbido

de la deshidratación del caracol,

-quiere decir que está cocido. -¡Ah!

No lo he tomado nunca, me apetece mucho.

Se hace en la parte de la herida.

Los pescados, tenemos un mero.

-Langosta. -Este otro.

-Langosta, por supuesto. -Esto se llama escórpora

en algunas zonas, en otras "cap-roig".

En Andalucía le llaman polla de mar o gallina de mar.

Gallina de mar, lo he comprado en algún mercado.

-En el centro. -Esto, los salmonetes.

-Esto son doradas. -Un par de doradas.

¿Para qué se usa esto?

-No lo sé. -Son carquiñones.

-Carquiñones. -Es un dulce típico

de zonas determinadas de Cataluña.

Y se utilizan como postre.

Ah, bueno, es un postre, no lo sabía.

Tiene almendra, ya veo.

Sí. Eso es un postre. O avellana.

Pero también a veces en las picadas.

Para hacer las picadas, para dar masa.

-Sí. -Se utiliza este tipo de...

Usáis muy a menudo, he leído en recetarios,

-unas galletas. -Galleta María.

-Galleta María, sí. -Con las picadas.

Aquí tenemos los "galets", que ya usamos la escudella.

La escudella, sopa típica de Navidad.

Estos son los fideos, en la "cassola".

Se hacen con costilla de cerdo.

Costilla de cerdo y en cierta ocasión,

los probé en un convento.

Con costilla de cerdo y butifarra negra.

-Ah, qué bueno. -Y son riquísimos.

# Embadurnada de harina, # con las manos en la masa.

Cuéntame, ¿cómo empezaste? Debió ser difícil para ti.

Pues mira, difícil pero me he sabido siempre adaptar

-un poco a la circunstancia. -Sí.

Yo, a los 14 años, murió mi padre,

y me tuve que poner a trabajar porque había que ayudar en casa.

-Sí. -Entonces, dejé mis estudios

con mucha pena, pero como sabía taquimecanografía

y bastante bien, para hacerme la inmodesta al decírtelo.

Dilo si es verdad.

-¿Por qué no lo vas a decir? -Me buscaron colocación

en la Organización Nacional de Ciegos.

Ahí trabajaba, como todavía no era suficiente,

éramos cinco hermanas muy pequeñas,

-todas más pequeñas que yo. -Fíjate.

Pues luego iba a una heladería, vendía helados por la noche,

dependienta de una heladería.

Después, como me ha gustado siempre todo esto del maquillaje,

-del espectáculo. -Sí.

Arreglaba novias, vestía a una niña que hacía la comunión.

Eso lo he visto en un programa, hace muchos años,

-con Oliveras. -Sí.

-¿A que sí? -"Verdad o mentira" se llamaba.

Justo lo explicaste, y entonces, habías encontrado

a una chica que estaba en Madrid,

-que ya era mayor. -Sí, que vende cupones.

-Era hija de un ciego. -Fíjate.

-Y ella era semiciega. -Y tú la habías vestido

-para la primera comunión. -De comunión.

-Qué casualidad. -Qué recuerdos más bonitos.

Cantaba, porque me encantaba cantar.

-Me gusta. -Todavía.

Tienes una voz que me gusta mucho. Desgarrada y bonita.

Un poquito grave.

-¿Qué cantabas? -En aquella época,

se llevaban mucho los romances.

"María de la O" me gustaba.

-Qué bonito. -Rocío.

Me gustaba mucho esta de... Ay.

# Ay, Mari Cruz, Mari Cruz, # maravilla de mujer.

# Del barrio de Santa Cruz.

-¿Te la sabes tú? -Sí.

# Tú eres un rojo clavel.

# Mi vida solo eres tú, # y por jurarte yo eso,

# me diste en la boca un beso # que aún me quema, Mari Cruz.

¡Ole!

¿Qué te es más difícil? ¿Hacer reír o llorar?

Hacer reír, es mucho más difícil.

Mira, una situación para hacer llorar,

no tienes más que ponerte triste o decir "se ha muerto mi madre".

No puedes decirlo "ay, se ha muerto mi madre".

-Claro. -Lo dices con un sentimiento.

En cambio, decir una frase para que rían,

-pues, figúrate. Mucho más mérito. -Siempre lo he creído.

Muy buenas tardes, amigos. Creo que es innecesario presentarles

a ustedes a Rafaela Aparicio,

puesto que en España, todo el mundo la conoce.

Todo el mundo la conoce y la quiere.

Porque Rafaela es de esas personas que se hacen querer inmediatamente.

-Rafaela, tú eres malagueña, ¿no? -Yo soy de Marbella.

-Sí, el propio Marbella. -El propio Marbella.

Todavía mi padre llevaba el correo de Melilla a Málaga.

-Fíjate tú. -Porque mi padre era marino.

Y todavía nací en Marbella, porque a mi padre le gustaba más

vivir en un pueblecito de pescadores que vivir en la capital.

Entonces era pueblecito de pescadores, no ahora.

Entonces era de verdad de pescadores.

Rafaela, siempre hacemos una primera pregunta.

y es: ¿cuál es tu primer recuerdo relacionado con la cocina?

¿Con la cocina? Pues la mesa de la cocina,

que es el recuerdo mío que yo tengo de mi primer escenario.

-Así grande, como esta, de madera. -Más grande que esta.

Y allí subía yo a una silla para decir de todo.

O bajaba la silla y bailaba el garrotín.

O lo que se llevaba entonces.

En mi niñez era el garrotín. Ese de...

# Ay, garrotín, ay, garrotán.

Las manos no son así,

-sino garrotín... -No, lo haces divinamente,

-Rafaela. -Claro.

-¿Eras una niña difícil para comer? -No, comía muy poquito, de todo.

Pero de todo me gustaba.

-¡Ay! -El primer hervor.

El primer hervor, Juan, es como el primer amor.

Te voy a dar con la tapadera, de verdad lo digo.

Oye, ¿sabes lo que te digo? Que este plato

solamente en 15 minutos más.

Nada, 15 minutos, y no hace falta mirarlo ni nada.

Dentro de 15 minutos apagamos, dejamos reposar

y dentro de un día, dos días, lo comemos.

Te has buscado un plato bien sencillo.

-Así tenemos tiempo de hablar. -Lo sencillo es muy bueno.

-Claro. -Para eso estamos, charlar un poco.

Hay una cosa que me espanta, supongo que a ti también,

que es comer, y a ti te hacen comer mucho, en el cine.

Lo peor que te puede pasar en el cine

es que te hagan comer, fumar y beber. Eso es lo peor.

Te puedes beber cuatro litros de manzanilla.

O comerte 80, 85 croquetas.

O fumarte siete paquetes de tabaco.

Pero además, en un día.

Es verdad, es horroroso.

La verdad es que tú imagínate lo que es eso.

-15 tomas. -Horrible.

De esa toma de paella, y paella, y paella,

que no sale del plano, más paella, viene uno y te echa un cucharón.

"Venga, come un poco.

Que se note que tienes ganas de comer".

Hasta que por fin conseguimos hacer la toma

y cuando ya cortaron para hacer otro plano,

me encuentro que tenemos que rodar el desayuno.

-Ay. -Estamos ante una mesa

con un tazón inmenso de café con leche,

dos paquetes de magdalenas, y a mojar con café con leche.

Y venga magdalenas.

Y no salía la toma. Y otro paquete de magdalenas.

Y más magdalenas. Y claro, acabé el día harto de paella y magdalenas.

Yo hubiera preferido paella a magdalenas, de todas formas.

-¡Uf! -Imagínate todo junto.

-Bueno, no lo quiero ni pensar. -Espantoso.

¿Y has representado...? No sé, ibas con una compañía,

-pero no por capitales de provincia. -No, por pueblos.

Íbamos además así descubriendo un poco la gastronomía

de todos los pueblos y autonomías y tal.

Íbamos haciendo esta función que se llamaba "Inmortal Quevedo",

una forma dramática de recitar los maravillosos poemas de Quevedo.

-Fantásticos. -Bueno.

Nos pasaban anécdotas; en pueblos pasan que en ciudades.

Hay que decir que el alcalde convida a la compañía.

El alcalde casi siempre convidaba

a la compañía a comer. Me acuerdo que en un pueblo,

que se llama Campaspero, que luego tocó la lotería

de Navidad uno de los años, el pleno.

-Tocó en el pueblo Campaspero. -Sí.

Nos invitaron a comer en un restaurante tomado

por una boda.

Una boda de todo el pueblo, había allí 200 invitados.

Nos metieron en la boda. Aquel día,

-invitaron a langostinos, cabrito. -Bueno.

Tarta, café, copa, puro; hasta las seis de la tarde.

-Para unos cómicos. -A las 19:00 de la tarde,

en Campaspero haciendo la función más borrachos que cubas.

Bueno, después de una comilona así, a lo mejor, vete a saber.

De Quevedo recitaríais la "Oda al gas".

Bueno, realmente lo que recitábamos es "El soneto al pedo".

Si tú quieres llamarlo "La oda al gas", bueno.

-Por ponerme fina. -Ningún problema.

Hay un soneto que me tocaba recitarlo a mí,

era un soneto divertidísimo, que a la gente le encantaba.

Decía, no sé si me acuerdo bien...

Dime un poquito, me gusta mucho.

"La voz del ojo que llamamos pedo, ruiseñor de los putos detenida,

da muerte a la salud más presumida

y el propio Preste Juan le tiene miedo.

Más, pronunciada con el labio acedo,

y con pujo sonoro despedida, con puyas y con risas,

da la vida; y con puf y con asco, siendo quedo.

Cágome en el blasón de los monarcas

que se precian, cercados de tudescos,

de dar la vida y dispensar las Parcas.

Pues en el tribunal de sus greguescos,

con aflojar y comprimir las arcas, cualquier culo

lo hace con dos cuescos".

-¿Qué te parece? Maravilla Quevedo. -Una maravilla.

Era el tío más listo.

El aceite.

Cuando aparecen los problemas por el horizonte matrimonial,

-uno puede hablar de ello. -Creo yo, vamos.

Sí, se puede hablar de los problemas y tratar de solucionarlos,

por ejemplo, echando a la otra persona de la casa.

-O yéndose ella de la casa. -Sí.

Voy a hacer un ejemplo, no solo puede hablar de ello,

sino puede también cantar sobre ello.

-Ah, eso me gusta a mí mucho. A ver. -Sí.

-Pero no sirve de nada. -¿Tú crees que no?

# Desdichadamente fui de ti

# por mucho tiempo.

# Desdichadamente fui

# porque tú lo sabrás.

# Y lo mucho que sufrí.

# Por ti es lo que siento.

# Y la pérdida total

# de mi felicidad.

# Aun así, como me ves,

# no iré por tu sendero.

# Aunque tenga que implorar,

# de Dios la caridad.

# Antes que volverte a ver.

# Yo prefiero merecer.

# Otro amor, otro querer.

# Y no tu falsedad.

Es un modo de renunciar a alguien, ¿te ha gustado?

-Me ha gustado una barbaridad. -Si quieres rechazar a alguien,

puedes hacerlo. Levanta y canta conmigo.

-¿Yo? No. Yo no. -Sí, debes cantar, Elena.

-Estás llamada a cantar. -No me atrevo. No me lo sé.

-Estás preparada para ello. -¿Sí?

-Sí. -¿Tú crees?

Lo único que necesitas, si no insistes en pisarme el cordón,

-imítame. -Te imito.

Recuerda que soy un gran director de estrellas.

-Sí. -Empieza moviendo el culín así.

Sugerente.

-Sí, fantástico. -¿Bien?

Muy bien, pareces Irán Eory.

# Aun así, como me ves,

# no iré por tu sendero.

# Aunque tenga # que implorar de Dios...

Mira para arriba.

# La caridad.

Cadera.

# Antes de volverte a ver.

# Yo prefiero merecer.

Brazo ahora.

# Otro amor, otro querer.

Negativa.

# Y no tu falsedad.

Ay, qué bien nos ha salido, Pedro.

-¿Lo ensayamos un día? -Sí.

¿Y nos presentamos en un musical?

¿Cómo está la carne de tigre?

-¿La carne de tigre? -Sí.

No he comido carne de tigre nunca.

¿Cómo que no? En la película "Entre tinieblas".

Te referirás a la carne que estaba preparada para el tigre.

-Exacto. -Tampoco la comí.

-Ah, ¿no? -No.

La carne de tigre estaba en un cubo, una palangana, una cosa,

que vamos, el tigre no ponía remilgos.

-Pero tú sí. -A mí no me gustaba.

Me prepararon, porque un grupo de producción

me cuidaba mucho y me preparaba

unos pinchitos morunos, recién hechos,

-en el bar de al lado del convento. -Qué rica.

-Qué suerte. -Es que yo hacía de monja.

Me llamaba sor Rata de Callejón, fíjate qué nombre.

Un nombre muy bonito para monja.

Bueno, yo hacía de vegetariana, estaba cansada de comer verduras,

entonces, a Carmen Maura, que era otra monja, le decía:

"Dame un poco de la carne del tigre".

Me daba un poco de la carne del tigre, la llevaba en las manos.

-Pero que eran pinchitos morunos. -Sí.

Allí se convertía, lo que me comía eran pinchitos morunos riquísimos.

Y entonces, me llenaba la boca, porque estaba hambrienta de carne.

Me acuerdo que entraba Marisa Paredes.

-Marisa Paredes, que era otra monja. -Exacto.

Decía: "¿Qué comes?". Y yo decía para disimular:

-"Espinacas". -Porque tenías que ser vegetariana.

Sí.

Todo el mundo habrá visto esta película estupenda

de Pedro Almodóvar en la cual interviene

María Jesús Lampreave, o Chus Lampreave,

la cual lleva una trayectoria de actriz esporádica

a lo largo de su vida.

Chus, trabajas mucho ahora con Pedro Almodóvar.

Sí, trabajo mucho con él y me encanta.

Y verás, a él le gusta que yo trabaje con él.

Lo cual me parece magnífico; a mí, si fuera director de cine,

-te llamaría siempre. -Me encanta trabajar con él.

-Así que me llama, yo acudo. -Y ya está.

(CANTAN EN LATÍN)

Mira que es precioso el latín, ¿verdad?

-Precioso. -Cómo ha perdido la liturgia

en castellano.

En cambio, la ciencia, no ha perdido el latín.

-No. -Porque las plantas, los animales,

todos tienen su nombrecito en latín.

Fíjate que la espinaca, se me ha olvidado decirlo antes,

es "hortus", o "holius hispalense".

-O sea que, latín. -¿Ves?

Vamos a probarlo, no vaya a ser que se enfríe.

Qué rico está, por Dios.

A mí me encanta el potaje de vigilia.

-¿Verdad? -Exquisito.

Qué buena mezcla; espinaca, garbanzo.

Bacalao y las otras gracias que le hemos echado.

Qué bonita era esa escena, bueno, más que bonita, graciosísima,

cuando tú, con la boca llena, te sorprende la superiora

y te dice: "Madre, ¿qué come usted?".

Potaje de espinacas.

En la antigua Roma, la col llegó a tener muchísima importancia.

Tanto es así, que el emperador Claudio,

sí, el de la serie de Robert Graves, tartamudo,

llegó un momento en que consultó al Senado

a ver si delucidaban qué era mejor, si el buey o la col.

Claro, aquellos dignos senadores, en aquel momento,

no se atrevieron y dejaron todo en tablas.

Porque era mejor no comprometerse ante...

-Uy, Claudio. -No te hagas ilusiones.

-Ah, Carmen, ¿qué tal? -Este es tu programa de cocina, ¿no?

-Sí. -Te estabas enrollando tanto,

que creí que era cosa de historia.

Me gustaba contar cosas mitológicas

-sobre la col. -Está bien.

-¿Me he puesto pesaba? -No te preocupes.

Ah, bueno.

-Yo sobre el repollo sé cosas. -¿Qué sabes?

Sabiendo que iba a venir, me he orientado.

Lo primero es que es muy bueno para el acné.

-Ah, ¿sí? -Haces jugo de repollo.

Te lo extiendes por la noche y duermes con él,

-que hace falta tener valor. -Bueno.

Pero duermes quietecita y por la mañana te lavas la cara

-y mano de santo. -No estoy en época de acné.

Se lo diré a mi hija, por ejemplo.

-¿Sabes también para qué es bueno? -¿Para qué?

-Para la voz. -Si tomo repollo,

-¿puedo cantar como la Caballé? -No.

No creo.

Es muy bueno para la voz, para las actrices,

que nos quedamos afónicas y todo eso.

Yo una vez me quedé y me recetaron lo del jarabe de repollo,

que haces un jarabe con mitad de jugo de repollo

y mitad de azúcar, lo pones a cocer cinco, seis minutos,

y luego lo dejas enfriar, porque te puede dar algo.

Te tomas una cucharada cada dos horas,

y se te pasa la afonía.

¿El jugo de repollo lo extraes una vez cocido?

-¿O en crudo? -No, en crudo con licuadora.

Bien, estupendo.

Hoy nuestro invitado son tres y se los voy a presentar a ustedes.

Carlos Sanz, Juan Gracia.

Y Paco Mir.

Los tres forman "Tricicle".

Los tres son catalanes.

Son barceloneses, para más señas, y nos van a hacer un plato típico

de la cocina catalana.

Este plato es pollo con cigalas.

-Efectivamente. -Puede ser con langosta, también.

-Pero ustedes lo hacen con cigala. -Con cigala.

Lo primero que necesitamos es un pollo.

-El pollo. -Carlos.

Carlos, el pollo.

-¿Sí? ¿Lo hace bien? -Carlos,

-lo de cazar el pollo, fantástico. -Sí.

Cacarea casi cada día. Carlos.

-Mátalo ya. -Suerte.

Pobre pollo.

Bien.

Bueno, pues un pollo. Después, necesitamos también

-como unas cigalas terciaditas. -¿Cigalas?

-Sí. -Cigalas.

-Un momento. -¿Es necesario?

Es todo muy fresco.

Bueno, la comida es lo más importante.

-Cigala. -Bueno, unas cigalas.

Está muy bien, pero así, todos los ingredientes,

debe de ser un poquitín lento de hacer.

-Porque es lanzamiento a un bate... -No te preocupes que voy por eso.

-Irá a cavar la huerta. -Todo preparadito.

-Sí. -¿Qué tal esto?

-Cangrejos de mar, cebollas, tomate. -¿Lo ves?

Almendras, avellanas.

-Garrapiñada. -Mira los cangrejos cómo corren.

¿Está todo entonces? ¿Tenemos todos los ingredientes?

-Todo. -Ajos, cebollas.

Tomates, laurel.

Cangrejos vivos de mar.

Avellanas, almendras, harina, pimienta negra.

Vino rancio seco y aguardiente.

Hace falta ponernos a trabajar

-y ponernos antes los delantales. -Venga.

-Delantales. -Vamos a buscarlo.

Pero estos chicos...

¿Pero qué hacéis? ¿A dónde vais?

# Embadurnada de harina, # con las manos en la masa.

(CANTA EN CATALÁN)

-Así no se puede trabajar. -Ya está.

Un delantal unido, no.

Muy unidas nosotros.

Buenísimo.

He hecho lo que me habéis pedido,

que es dorar el pollo con harina, sal y pimienta.

Voy pasando aquí, ¿y vosotros qué hacéis?

-¿Está bien caliente esto? -Sí.

Ahora lo que tenemos que hacer es, las cigalas,

echarlas en el misma aceite y las vamos a dorar.

Bien doraditas.

-Pasen. -En el mismo, para que tenga sabor.

Exacto, que coja sabor.

Mientras hacéis esto, os hago unas preguntas.

(GRITA)

Bueno, por ejemplo, ¿qué os gusta comer?

-Bueno, Paco es un poco melindres. -¿Sí? ¿Eres melindres?

-Un poquito melindres. -¿Sí?

-¿Qué te gusta comer? Anda, dímelo. -Todo.

-Por ejemplo, canelones. -Sí, ¿qué más?

Va a decir canelones.

Canelones, huevos de la José.

Me gusta muchísimo, por ejemplo. ¿Qué son huevos de la José?

Huevos de la José son huevos que hacía una tata que tenía Paco,

-que son... -Se llamaba José.

-José, exacto. -Sí.

Son con bechamel, envueltos en oblea,

entonces, así rebozaditos.

Complicado, ¿no?

-No pasa nada. -Oye, donde se come bien

-es en casa de Juan. -Ah, ¿sí, Juan?

Calidad.

-Calidad. -¿Sabes dónde se come muy bien?

-¿Dónde? -En casa de Carlos.

-Bueno. -Mi mamá cocina muy bien.

No, explica.

(HABLAN A LA VEZ)

Bueno, mientras seguimos friendo estas cigalas,

vamos a cantar lo que estaba tarareando antes.

A ver ¿quién empieza?

(CANTAN EN CATALÁN)

¿A qué edad os hubiera gustado a vosotros inventaros?

Porque parece que están todos ya inventados así del cine.

Del cine, el humor está todo inventado.

Ya no del cine, sino de toda la vida.

Prácticamente todo el mundo ha repetido siempre el mismo "gag"

o variaciones.

Es muy difícil hacerlo bien, repetirlo bien.

-La única diferencia que hay. -¿Hay alguno en especial

-que os guste mucho? -"Gags" hay muchísimos.

Quizá el más antiguo y con más séquito sea este.

(GRITA)

Este, concretamente, se llama el "gag" de la tarta,

que yo lo voy a repetir.

-Sí, lo conozco. -¿Y tú de qué te ríes?

Lo conozco muy bien, sí.

-Bueno, si están ustedes ahí... -No ha tenido gracia esto.

Hombre, no.

¿Qué? ¿Usted es...?

Ustedes.

-¿Pero ustedes qué miran, hombre? -¿De qué se ríen, hombre?

-Es el momento de mirar esto. -¿El qué?

Debemos de mirarlo, a ver cómo está la cosa.

Sí. Uy, por Dios.

Chiquilla, echa un olor buenísimo esto.

-Espérate un momentín. -A ver.

-A ver cómo están las patas. -Las patitas están divinas.

Échale la "chancina". Hay que echarle la "chancina".

-¿Cuánta? -Una morcillita.

-Una morcillita. -A ver, échale el choricito.

-El choricito. -¿Los dos?

-Échale los dos. -No.

-No, si no, nos va a dar mucho... -Mucho cante.

-Sí. -Y yo estoy aquí bajando esto.

El majadito también hay que echarle.

Me parece que las patatas no tienen que ser tantas como estas.

-No. -Porque luego, al llevar macarrón...

Eso, pues mira, unas seis patatas.

Muy bien, centradas, así, divinamente.

Qué bonito, qué bueno está esto, madre mía.

-¿Qué lleva el majadito? -Lleva, pues mira,

perejil, lleva el ajito.

-Sí. -Lleva sal.

Y lleva el "anzafrán".

El "anzafrán", que, hija mía, yo esto ya no sé nunca

qué cantidad echarle, porque como está a millón.

-Claro. -A millón está, hija.

¿Qué crees que hay que echarle?

Para mí, una preocupación

-Beatriz, qué quieres que te diga. -Muy grande.

Me has puesto en un aprieto.

-¿Qué le echamos? -Que le eches todo eso.

Hay gente que no lo puede echar.

Vamos a hacer una cosa, le echamos,

porque como paga la televisión, pues le echamos lo que sea.

-Digo. -Por ejemplo, un puñadillo.

Quien no tenga "anzafrán", pues le echa colorante.

Una miajita.

Claro, es que eso puede ser el "sortituto"

-de esto. -"Sortituto".

El "sortituto" totalmente.

-Pues venga, échale. -Y a majar.

-¿Le echo más? Venga, más. -Sí.

-Por Dios. -Me gusta mucho eso

-del "sortituto". -Voy a hacer una peluca.

Me gusta más a mí que sustituto, que queda más cursi.

Fíjate lo que te digo.

Lucía, vamos a hacer una ensalada. He traído un poco de todo.

-Tú has traído de tu huerta. -Sí.

Es así. ¿Qué vamos a hacer? ¿Empezar?

Sí, si te apetece.

-Vete mezclando. -Fíjate, la ensalada me encanta.

Pero así, pequeñita, yo la siembro.

Y yo la recojo, ¿ves? Aquí se toma más...

-Más grande, hecha. -Más grande.

Así está toda mezclada, hay de todo.

-Dime qué es lo que hay. -Mira hay...

Son toda clase de lechugas.

La lechuga roja, la lechuga romana, la lechuga francesa,

le lechuga italiana.

Y después, hay "rughetta".

A mí me encanta la "rughetta".

"Rughetta" es ruta, no sé qué.

-Es un sabor muy fuerte. -Muy fuerte.

No a todo el mundo le gusta. Después, mucho basílico.

-Que aquí es albahaca. -Sí.

Sí, la albahaca, es muy tradicional.

(AMBAS) Albahaca.

Es un nombre árabe.

-Que le da un sabor muy bueno. -Fantástico.

Pondría también cebolla.

-Si quieres ponemos cebolla. -La pongo siempre.

Vamos con tu historia.

Tú llegas a España y haces "Muerte de un ciclista".

-Con Bardem. -Sí.

¿Te gusta la cocina española al llegar?

Bueno, al llegar me quedé un poco sorprendida.

También me quedé sorprendida porque primero me llevan a Segovia,

me presentan un cochinito así.

-Y eso ya te asustó. -Me asustó, claro, un poco.

-Después lo comí y me encantó. -Sí.

Pero siempre me he quedado un poco con... No sé.

-Un poco sorprendida. -Prefieres la tuya.

Yo prefiero la mía.

Yo creo que a todos, prácticamente, nos gusta nuestra cocina.

-Sobre todo la de nuestras madres. -Sí.

-¿No crees que es los sabores? -Creo que sí.

-Y los olores. -Los sabores de la infancia,

-los vas recordando. -De la infancia...

Los mejores. No quiere decir que la italiana es mejor.

-O que la española es peor. -No.

Simplemente, a lo que estás acostumbrado.

-Entonces, te casas con Luis Miguel. -¿Pongo?

-Sí, pones vinagre. -Yo el vinagre,

lo preparo, siempre yo le pongo ajo dentro.

-Ah, eso está bien. -Y le da un sabor.

-Claro, lo tienes aliñado con ajo. -Eso, sí.

-Es un consejo. -Entonces, te casas.

¿Y te deja Luis Miguel cocinar? ¿Tenéis un tipo de cocina especial?

No me dejaba cocinar, porque entonces, como sabes,

las señoras no entraban nunca en la cocina.

-No sé por qué. Ni los hombres. -Gran error.

Vamos, los hombres españoles,

como tú sabes, no saben hacer ni el café.

-Sí. Bueno, algunos. -La mayor parte.

-Digamos la mayor parte. -Sí, la mayor parte

Me ha contado tu madre, que hizo un programa con nosotros,

acuérdate, creo que hace dos años.

Sí, hace bastante tiempo.

Que de pequeño, te gustaba muchísimo estar en la cocina.

-Me encantaba, pero ¿sabes por qué?

-¿Por qué? -Porque, como vivíamos en el campo,

vivíamos en Cuenca, la casa,

que era un caserón de campo del típico...

-Sí. -Tenía una cocina inmensa,

por lo menos, así la recuerdo, porque es esa dimensión que tienes

cuando eres pequeño,

que todas las cosas te parecen mucho más grandes,

y me acuerdo de una cocina muy grande

y era una cocina que estaba situada

en el centro de la habitación que tenía los fogones de leña

o de carbón, de esos de círculos concéntricos

que se quitaban con varilla de hierro

para regular...

-La arandela con, ¡chas!, una varilla.

-Exacto. Y el horno, lejos de ser microondas,

la puerta era como de porcelana blanca,

esas cocinas antiguas

con alrededor toda una barra de hierro

para colgar los paños. -Que estaban siempre calentitos

y secos. -Exacto, superpensado.

-Qué bien. -Calentitos y secos.

-(RÍE) Sí. -Y me encantaba

porque, aparte, era grande y se podía patinar.

-Claro. -Muchas gracias, Elena.

-¿Con estos vas a tener suficiente?

-Sí. Espérate, voy a apartar esto.

-Creo que es más 0,5 kg para hacer este paté primero.

-Sí, un poquitín más. Yo la verdad es que las medidas...

Ahora te he dicho las medidas que necesito.

-Lo que veo es que eres ordenadísimo

porque enseguida de que te estorbaba la botella

y la has retirado.

-Sí, sí. -Así me gusta,

que seas muy ordenado en la cocina. -Soy un poco maniático con el orden.

-¿Incluso? -Soy un poco pesado.

¿Sabes lo que hacían en casa cuando me ponía pesadito?

"El niño, que no se queda tranquilo"

cuando era pequeño

porque era bastante...

-¿Revoltoso? -No me estaba quieto un segundo,

estaba para arriba y para abajo siempre.

Me daban la llave de la despensa y decían:

"Anda, dale al niño la llave de la despensa".

Y la gente que no sabía alucinaba.

"¿Cómo que la llave

de la despensa?". Me encantaba meterme en la despensa

y ordenarlo todo. -Y lo dejabas todo muy ordenadito.

-Como si fuera un computador: las latas, el atún con el atún,

el tomate con el tomate. -La harina con la harina.

-Pero era como un puzle.

-Sí. -Y eso era otra cosa

que me gustaba mucho: los puzles.

-Como de versiones. -Vamos a echarlo ya.

¡Uy, que se nos va a pasar!

-No, no, ya está perfecto.

-Miguel, cada vez que te miro...

# Cada vez que yo te miro,

# se te pone en la mirada # un brillito muy bonito,

# muy bonito para ti.

# Cada vez que me sonríes,

# se te pone en las... #

En los labios. Lo que sea.

# Dos hoyitos muy bonitos.

# -Muy bonitos para mí. # -Muy bonitos para ti.

# Y, cuando bailo contigo,

# siento una nerviosidad. #

Ya no me acuerdo de la letra.

# Que no sé cómo bailar. #

-La "mousse". -Uy, la "mousse".

-¡Ay! Hija, mujer.

-No las tocas, que están escasas.

-¿Qué pasa, son de atrezo?

-No son de atrezo.

-Uh. -Todo el mundo conoce a Amparo Baró.

Es una gran actriz de cine, teatro y televisión.

No necesita la menor presentación.

-Hola. ¿Qué? ¿Qué pasa?

-Que sí, pero... -Tú has levantado la veda.

-Se van a arrebatar. -Me distraigo y se me arrebatan.

-Se arrebatan. -¡Que te vas a quemar!

-Ah, qué buenísimas.

Se ha levantado la veda.

-Puedo. -Sí, pero ¡no comas tantas!

-¿Por qué? -Que luego nos faltan.

-Bueno, las dejo. -¿A que tu madre también

te tenía que dar con la espumadera?

-No, mamá era muy buena,

vamos, es buenísima.

-Ya. -Yo me acuerdo

de que me tenía que subir a una sillita

para ver cómo ella cocinaba de lo mucho que me gustaba la cocina

cuando era muy pequeña. -¿Sí? ¿Y así aprendiste?

-Aprendí con mi madre

y con mi tía Pilar. -Yo también tenía una tía

que se llamaba Pilar. ¿Te acuerdas de ella?

Me acuerdo. Maravillosa. La mía también es.

-Me enseñó a hacer bacalao al pilpil.

-A mí, mi madre, arroz, muchos arroces;

mi tía Pilar, otros muchos platos.

-Amparo, para pollos, los de antes.

-Ay, sí.

Esos pollos pera con su bastón

y su sombrero canotier.

-Sí. -¿Sabes por qué se llamaba "pollos"

a los pollos? -Ah, yo no, no tengo la menor idea.

-Te lo cuento: en esas tertulias salón de antes,

hablo de antes, de principios del XIX.

-Ah, principios del XIX.

-¿Sabes qué te digo? -Sí, cuando se decía:

"Fulanita de tal abre salones". -Exacto. El marqués de Santiago

designó con ese nombre a los niños bien porque le molestaba

la bulla de sus conversaciones.

-Ah, en aquellas tertulias, los que metían bulla eran

los niños bien.

-Claro. -Y no las mujeres.

-No, no, si hemos llevado siempre la fama,

pero la bulla la metían los chicos.

-¿A que no sabes otra cosa? Que el animal doméstico más antiguo,

antes que el perro, es el pollo.

-Hombre, claro que lo sé.

-¿Lo sabías? -Sí. Fíjate si será viejo el pollo

que los sibaritas, esos griegos que sabían vivir

tan bien, dictaron una ley que prohibía

su presencia en la ciudad

porque no querían que les despertaran

con el quiquiriquí.

-¿Así que Atenas estaba llena de pollos?

-De pollos helenos, Elena.

-¿A que no sabes otra cosa tú?

-A ver. -Que Napoleón III,

una de sus gracias era trinchar bien el pollo.

-¿Napoleón III?

-Sí. -¿El de Eugenia de Montijo?

-El de Eugenia de Montijo.

# Eugenia de Montijo,

# qué pena pena

# que te marches de España

# para ser reina.

# Por las lises de Francia,

# Granada dejas.

# Y las aguas del Darro,

# por las del Sena.

# Eugenia de Montijo,

# qué pena pena. #

¿Por qué no dejamos

esto de los pollos y nos dedicamos al cante?

-(SUSPIRA) ¿A que no sabes lo que es esto?

-¿El qué? -Alto, altero,

gran caballero, gorro de grana y espuela de acero.

-Napoleón III. -Ay, mujer, ¡el pollo! El gallo.

# Embadurnada de harina # con las manos en la masa. #

"'¡Oh, habla', suplicó prima Mildred.

Evidentemente, el hablar era una parte necesaria de la función.

Guillermo se preguntó si los fantasmas hablarían inglés

o algún idioma especial. Decidió que debía ser esto último

y se lanzó".

-"¡Honk! ¡Ponk! ¡Yonk!"

-"Prima Mildred se quedó maravillada.

'¡Oh, explícate!', suplicó.

'Explícate en nuestro pobre lenguaje humano'".

¡Ah!

Habrán comprendido todos ustedes

que estos renglones pertenecen a "Guillermo, el incomprendido",

que es uno de los personajes predilectos

de nuestro invitado de hoy y también mío, por supuesto.

Fernando, ¿qué sería de nosotros sin Guillermo?

-Nada, seríamos fantasmas, no existiríamos.

-(RÍE)

Amigos, muy buenas tardes. No les he presentado a ustedes,

pero creo que es innecesario,

a Fernando Savater, filósofo, profesor de Filosofía,

escritor, autor de funciones, por supuesto, de piezas teatrales.

Y, ahora que he dicho "filósofo"

al principio, te quiero preguntar una cosa,

Fernando: no he estudiado filosofía

y no sé exactamente qué es ser filósofo.

-Exactamente, es difícil.

Creo que es, no sé, una gente que hace unas preguntas raras

a las que da unas respuestas sencillas

o viceversa. -O viceversa.

-Pero, de todas maneras, dice el libro por excelencia,

el diccionario, dice algo así como que es

buscar las esencias y causas de las cosas naturales

o algo así. -Ah. Aquí, en las cosas naturales,

puede que entronquemos un poquito con la cocina,

porque la cocina es una cosa natural,

es un acto natural de todos los días.

-No siempre, porque ahora hay unas cocinas

como bastante complicaditas, la "nouvelle cuisine" y todo esto.

-Tienes toda la razón. Y nosotros, en cambio,

no tenemos que hacer ninguna cocina complicada,

¿no te parece? -Prefiero las cositas a la plancha

o aquello que decía Borges un día aquí,

en televisión, cuando nos pidió una copa

el hombre antes de empezar un rodaje:

"Yo quiero tomar algo".

Y le dijimos: "Sí, Borges, lo que usted quiera.

-¿Quiere usted un coñac? -No tengo erudición sobre ese tema,

algo breve y contundente".

-(RÍE) -Creo que la cocina debe ser

algo breve y contundente.

-Dime una cosa, Fernando, en un momento dado,

la familia, porque sigo con tu historia,

os trasladasteis a Madrid y allí empiezas a estudiar

y vas al Colegio del Pilar.

-Sí y luego mira, me terminé metiendo en Filosofía,

ya ves. -Sí, es lo que te iba a preguntar,

que una vez terminado de ser pilarista,

que he conocido a muchos niños pilaristas.

-Soy pilarista. -Entonces, en un momento dado,

vas y decides estudiar Filosofía,

pero ¿por qué? -Porque quería ser escritor,

realmente; lo de filósofo no se me había ocurrido nunca

porque parece una pedantería.

Por fidelidad a lo que le causa a uno placer,

que es leer novelas y libros de aventuras y esas cosas,

me pareció que lo más parecido era meterme en una cosa como Filosofía

porque estaba relacionado con la literatura

o creía yo, y es verdad. -Cómo, cómo que sí es verdad.

Tú, desde pequeño, además, has leído muchísimo, ¿a que sí?

-Sí, hombre, Salgari, Stevenson, Julio Verne,

todo ese mundo de la aventura

con argumento, siempre con argumento.

-Todo eso está recopilado en un libro tuyo

que adoro absolutamente,

que es "La infancia recuperada".

-Sí. -Nunca mejor dicho.

-Ahí sí, por lo menos, nostálgico.

-Nostálgico total. Tu madre lloraría con esto.

-Hombre, imagínate tú, vamos, quiero decir, cómo no.

-Pero es que realmente todo lo que hemos leído

entre los cinco, tú y yo, que hemos aprendido a leer

a los cinco, porque hay otros que no,

pero leer con consciencia de 5 a 12 años

tiene que ser lo que has dicho. -Es que te marca ya para siempre.

El placer de la literatura te marca

en ese momento o no te marca ya nunca.

Todo lo demás ya es obligación,

es erudición el resto. -Exactamente, nunca vuelves a leer

con la misma ansia y con el mismo placer.

Chicho, he leído en alguna parte

que el género de terror, que tanto cultivas, bueno,

me refiero a cinematográficamente

y literariamente, depende mucho de los utensilios

y de los ingredientes y que pasa lo mismo en la cocina.

-Sí, efectivamente, es absolutamente necesario contar

con ingredientes, si no, no podrías cocinar,

contar con los utensilios...

La gente de atrezo me ha dejado aquí otros utensilios.

-A ver. -Mira, una maza y una estaca,

pero esto no creo que sea para hacer curry.

-¿Será para matar el pollo? -Si el pollo es vampiro, sí.

¿Sabes que hay pollos vampiro que le chupan la sangre a los patos?

-Son los murciélagos. Creo que vampiros, en esta cocina,

no tenemos ningún miedo a que vengan los vampiros.

-¿Por qué? -Porque estamos rodeados

de cabezas de ajos. -De enormes y maravillosos ajos.

-Cabezas de ajo. -Lo que hay que hacer ante todo,

ahora que... -¡Ay, cómo está el aceite!

-Pero tiene que estar caliente. Vamos a bajar el fuego un poquito.

-Sí, un poquito porque nos va a salpicar.

-Sí.

El curry lo que necesita es un fondo,

una especie de... Al mismo tiempo que vas a freír

el pollo, ahora explicaremos,

necesita un caldo con una sustancia, con un sabor.

-Creo que lo he hecho con uno.

-Esta por aquí. -Aquí han puesto otra cosa.

-¡Ay, por favor, Chicho, quita eso de ahí! ¡Uy!

-Los chicos de atrezo.

-Ay, qué asco. Quítalo, no pienso mirarlo.

-Pero ¡si no es de verdad!

-¡Oh! Seguro que sí es. -Y, además, no se debe nunca,

nunca jamás, usar cabezas humanas en la cocina

y en sopas. ¿Sabes por qué? Porque luego quedan pelitos.

-Ay, cállate. -Y es muy desagradable.

-Te gusta muchísimo asustar a la gente.

-No, no creo.

-Sí. -No, lo que pasa es que el terror

les gus...

Ay, mira los chicos de atrezo las cosas que hacen.

-¿Cuáles? -Nada, son vampirillos,

murcielaguillos que al olor del curry acuden.

-¡Ay! -Pero no te asustes, mujer.

¿No crees que a las setas les faltan algunos ingredientes?

-Sí, por ejemplo, perejil.

-Perejil.

-Ay, pues sí, el perejil, lo está pidiendo.

-Un poquitín de eneldo.

-Eneldo.

-Lo está pidiendo. -Sí. Y, fíjate, una cosa curiosa:

unas gotitas de Pernod. -¿De Pernod? Ay, le encantará

porque lo está pidiendo.

¡Mm, qué aroma!

-(SUSPIRA) Ay. -Yo creo que ya está...

-Fíjate que yo... Antes me ha pasado una cosa

que no te lo puedo ni explicar. Qué programa tan raro, por Dios,

Chicho. -¿Tú crees?

-He visto algo que no tenía...

-No sé qué habrás visto,

pero estas setas tienen un aroma estupendo.

-Están muy bien. ¿Vamos a probarlas?

-Bueno, probémoslas.

-Sí, tú primero.

-Yo primero. -Vamos a ver, este trocito.

-Yo primero...

Yo primero invito a todo el equipo a probarlas.

Por favor, Miguel, Álvaro, Belén, hija mía, ven aquí,

Pilar también, ven, acércate.

-Y probad estas... -Qué buena cara tienen.

-¿A que sí?

-Qué rico. -Os doy bastantes

para que alcance para todos.

-Qué bien huele. -Y, por favor, Belén,

encárgate tú de repartirlo. Probadlas, veréis qué bueno,

vosotros, los cámaras, queridos compañeros, los de sonido,

los eléctricos también probad los... ¿Cómo se llaman?

-"Pleurotus ostreatus". -Los "Pleurotus ostreatus"

que tienen...

Tienen algo especial,

algo muy especial.

# Una venta donde sirve

# una mocita morena.

# (AMBOS) Y riñen los arrieros

# porque la niña es muy loca.

# Y se matan los valientes

# por los besos de su boca.

# A todos hace caso

# la alegre ventera.

# -Y a todos ha jurado... # -A todos les promete...

# Su firme querer.

# Y todos han besado

# su boca hechicera.

# Mas nadie ha logrado

# su amor de mujer. #

Deje usted eso por ahí.

-Sí, señora. -Usted es nuevo, ¿verdad?

-Sí, soy nuevo. -Yo no le había visto nunca.

-No me había visto nunca de esta guisa, naturalmente.

-Ni de esta guisa ni de ninguna otra.

-¿Cómo que no? De momento, con su permiso,

usted me ha podido ver a mí

de abogado laboralista, de ingeniero, de médico,

de cura, incluso...

(SUSURRA) Incluso de marica, alguna que otra vez, de marica.

-¿Yo?

-Sí. -¿Por qué le tenía que ver

de todas esas cosas? -¿Me permite que me siente?

-Sí. -¿Y se lo cuento en un momento?

Aquí, con el debido respeto y sin que sea hacerla de menos,

para nada, pero soy cómico.

-¿Que usted es cómico con esa cara de acelga?

-No empecemos, porque no quise hacer referencia

a lo que me parece su cara, porque hay alguna que otra fruta

y ver... -Si le apetece,

puede empezar a contarme sus recuerdos.

-¿Sí? Pues mire usted.

Nací en Chinchón y me llamo Pepe Sacristán.

-Anda, por eso me sonaba su cara.

-Claro. -Siga, siga con los recuerdos.

-Los recuerdos. Hace ya algún que otro tiempo,

qué barbaridad, cómo pasan los años,

cómo pasan las acelgas, qué barbaridad, terrible.

-(RÍE) -Mire, allí, en Chinchón,

de pequeñito, uno imaginaba

y creía la posibilidad de algún que otro día dedicarse

a esto del cine

y allí vio uno sus primeras películas

y allí se comió uno los primeros, ¿cómo le llaman?,

los cebitos, hechos con harina de almortas.

-¿Cebitos con harina de...?

¿Por qué no nos tuteamos? Uh, cómo ha salido el hilo.

Ha sido precioso, ¿verdad?

-Nos tuteamos. -Sí, mucho mejor.

-Allí yo recuerdo,

a propósito del sitio, gastronómicamente hablando,

recuerdo las patatas de tostorrón que me hacía mi abuela.

-Ay, qué ricas son, esas sí que me gustan.

-Es que mi madre iba a ver a mi padre a la cárcel,

porque mi padre estaba en la cárcel por rojo, malísimo.

-(RÍE) -Y mi abuela, la pobre,

me acuerdo de que yo le pedía que me hiciera

unas judías que se ponían coloradas en el plato,

que eran las simples judías.

-Pero te gustaban mucho porque te las hacía tu abuela.

-Claro, y las patatas de tostorrón,

esos son los primeros recuerdos.

-¿Tu madre te dejaba solo con la abuela,

iba a Madrid y volvía para ver a tu padre?

-El padre era un preso viajero

porque no estaba en Madrid, estaba en Ocaña, estaba en Toledo,

no estaba quieto un minuto

o no lo dejaban quieto.

-(RÍE) -Era un preso turista,

pero que se movía.

-¿Desde muy chico has querido ser actor, Pepe?

-Yo entonces no sabía que aquello se llamaba "ser actor".

Uno tenía la idea de la posibilidad de vivir

otras vidas y de disfrazarse y de inventar historias y todo eso.

-Claro. -Después ya supe que eso se llamaba

"ser actor" y aquí estoy.

-Antonio.

-¿Sí? -¿Te parece lícito

hacer un ensayo general de la cena de Nochevieja?

-¿A mí? ¿Lícito?

-Sí. -Hombre, pero si no lo han prohibido

recientemente, naturalmente,

si en la vida todos son ensayos generales.

Mira, tú te enamoras.

-Sí. -Y todos los amores anteriores tuyos

son como unos ensayos, con traje, con todo,

pero ensayo general es para el nuevo, que es el estreno.

Entonces mi vida toda es un ensayo general, creo que sí.

-Ah, bueno. Me has convencido absolutamente.

Venga, ensayemos. Voy a hacerte la primera pregunta

que hago siempre al invitado.

-Sí. -¿Cuál es

el primer recuerdo relacionado con la comida,

con la cocina?

-Es un recuerdo un poco raro.

Yo tenía tres años

y mi familia iba a veranear a Pedregalejo,

una playa de Málaga.

Entonces era la más dura de las posguerras,

porque la posguerra duró mucho

pero la primera fue tremenda.

Y los niños lo que hacíamos era comprarle

a los hijos de los pescadores

que estaban sacando el copo, les comprábamos los boniatos,

que ellos comían crudos.

-Anda. -Y luego, cuando nos paseaban

en los coches de caballos,

no en los caballitos, sino en los coches de caballos,

como los caballos comían unos saquitos de algarrobas,

les robábamos las algarrobas a los caballos.

-Qué buen alimento para unos niños pequeños.

-Claro, y, además, había esa cosa de la transgresión,

de comer justo lo que no te daban en casa.

-Otra pregunta, que no tiene nada que ver con el alimento:

¿cuándo te sientes más inspirado

o cuándo escribes mejor,

cuando estás en amor, "in love", que dicen los ingleses,

o en desamor?

-Se canta siempre lo que se pierde.

Creo que, cuando se está desenamorado,

se echa de menos el amor

y entonces escribe mucho más cómodamente.

Cuando estás en amor, no, porque el amor no se dice, se hace,

y la literatura es al contrario:

no se hace, se dice.

Entonces es mejor estar saliente de guardia, diría yo.

-Para así estar inspirado francamente.

-Sí, sí. -¿Y estás inspirado con este cóctel?

¿Cómo va?

-Creo que fatal, pero vamos.

-Ya verás. -Vamos a ver.

¿Qué me vas a hacer? Porque veo aquí limón...

-Te voy a hacer un martini seco.

-Ah. -Que es muy agradable.

Y luego le vamos a poner unas gotitas de...

Sabes que soy muy famoso en Nueva York como barman.

-Bueno, eso...

-No me mientas. -Te lo digo de verdad.

-Será como escritor.

-No, como barman. Entonces yo en Nueva York

era famoso porque hacía un martini y luego lo completaba con una gota

según la persona a la que se lo hacía.

-Ah. -Entonces ponía Arpes,

ponía Chanel n. 5, ponía Zarabanda de Elio Berhanyer.

-Ah, ¡qué bonito! -Y ahora, como es Nochevieja,

voy a poner una gota de Parfait Amour.

-Ah, muy bien, para que entremos en "parfait amour"

el nuevo año. A ver cómo que...

Lo tiñe, pero no lo tiñe.

-No, no. -Es una cosa ligerísima.

-Ligerísima.

-Pero un poco cursi maravilloso.

-Sí, lo veo ligeramente cursi. -Ligeramente, no; francamente cursi.

-¿Esto para qué? -Toca la madera primero.

¿Por qué te crees que llevo bastón?

Para estar tocando madera permanentemente.

-Qué buena idea. Voy a probarlo.

-Está la vida como para no dejar de tocar madera.

-Le da ese aroma exactamente raro

que no se sabe nada.

-Lo que es. -Ni lo que es, pero es curioso.

Con el Parfait Amour,

pasa siempre eso; con el amor perfecto, también.

En un no sé qué que queda balbuciendo.

-(RÍE)

Antonio, ¿qué comida te gusta más de tu tierra?

-(CARRASPEA)

-El salmorejo me gusta muchísimo.

# Embadurnada de harina # con las manos en la masa. #

¿Qué podemos hacer en este ensayo para que el año 89

sea mejor que el 88, Antonio? -Con que no hagamos nada, será mejor

porque el 88 ha sido un bisiestazo espantoso.

-Sí. -Pero, de todas maneras,

hay un ritual infalible. -¿De verdad? Enséñamelo.

-Primero, hay que tomarse las uvas,

tú, especialmente, que acostumbras a engolliparte,

de una en una. -Hombre, no me las voy a echar

todas en la boca. -No, pero de campanada, uva,

campanada, uva. -Eso se sabe. ¿Qué más?

-En segundo lugar, tienes que tocar madera

mientras tomas las uvas. -La tabla, la cuchara, por ejemplo,

que estoy todo el rato en contacto.

-Pareces una "geisha",

pero está bien.

-Así. -Luego,

para que el amor o venga o no se vaya,

hay que tener algo rosa en la mano.

-No, no, a mí no me hace falta, ya tengo.

-Ah, ¿no te hace falta?

-No. -¿Dónde lo tienes? No te lo veo.

-No te importa.

-Qué particular.

Luego, una moneda.

-Moneda. Espérate.

-Préstame. -No puedo, no me da la gana,

pero no por ordinariez, sino porque que tiene que ser propio

el dinero. -Ah, en el delantal suelo llevar

por si viene alguien con un paquete. Mira, moneda.

-¿Es en la mano también? -En la mano, con la madera.

Y luego en la copa debe haber algo de oro.

-¿En la copa, algo de oro?

-Sí. -No tengo anillos,

el reloj no es de oro.

-Vaya, por Dios.

-Llevo siempre una pepita porque me da suerte.

-Pepita Jiménez. -No, Jiménez no, de oro.

-(RÍE)

-Dentro. ¿Qué más?

-Y ahora lo único que nos falta es servir el cava.

-¿No había algo más si te quieres ir de viaje?

-Ah, claro, si te quieres ir de viaje,

tienes que tener una maleta preparada en la puerta

para que el año sea viajero.

-Pondré un baúl porque me apetece viajar mucho

este año. -¿Tanto como un baúl?

-Sí, ya te contaré. -¿Como el baúl de la Piquer?

Y luego hay que darle el primer sorbo a la tierra.

-Eso es bonito.

-Perdóname. Hay que darle a la tierra lo que es suyo.

Ella nos lo ha dado todo.

-Así. -Anda.

Entonces ahora, simplemente las copas,

como siempre, con nuestro cava.

¿Y no hay más ritos?

-Hombre, podías hacerlo boca abajo,

pero no creo que fuese empezar bien el año,

ya tuyo es de circo.

-¿Y lo de que los pies toquen tierra o no toquen tierra,

igual que...? -Eso es esencial, perdóname,

eso te lo debía haber dicho desde el primer momento. No.

O te tienes que subir a una silla

o tienes que tener la pierna izquierda levantada

para entrar en el año con el pie derecho.

-Bueno, bien. -Es decir, así.

-Estoy bien de equilibrio. -Un poco cigüeñal la cosa.

-No sé si aguantaré mucho.

(AMBOS) Y ahora...

(AMBOS) Feliz año nuevo.

¿Te acuerdas de la canción, Amparo?

-Espera, espera. -Que la cantabas, además,

con un figurín que había hecho yo,

yo era figurinista entonces.

-Y con una pluma aquí.

-Rosa. -Exacto.

-Guapísima estabas. -Rosa, así, sin mangas,

con un escote. -Y con una cosa que cruzaba.

-Con volantes. Era como del 30 o por ahí.

-Sí, 1920 y tantos.

-20 y tantos, 30. ¿Tendrás memoria para acordarte

de la canción? -Me parece que sí. Venga, va.

# Café del liceo.

# Café de la risa.

# Café del liceo.

# Café del amor.

# Café del liceo.

# Café del café.

# Café del liceo.

# Café del tenor. #

Qué bonita canción. Qué bien nos ha salido.

Ahora que el aceite está bien,

empiezo por echar la cebolla, porque esto se puede convertir

en un programa de cante. -Con lo que nos gusta a ti y a mí

cantar. -Lo que más.

Antonio, ¿tú cuándo empiezas a cocinar?

-Me voy de casa por la cosa esa de la edad y eso

y entonces me empiezo a hacer platos muy sofisticados

del tipo huevos con patatas, fritos los huevos y las patatas,

filete empanado, que también lo sabía hacer.

-Frito. -Frito también, sí, claro,

con patatas fritas y luego...

-Muy variado no era tu menú. -No, prácticamente comía eso.

Entonces me di cuenta de que como muy mal.

-Sí. -Y decido una cosa

que es fundamental en mi vida: vuelvo a comer a casa de mis padres.

-Con tu pobre madre, que no le gustaba nada guisar.

-Pero, como ya se habían ido más hermanos míos, eran menos cosas.

-El hijo que vuelve.

-Mamá. Perdona. -Estaba diciendo una tontería,

el hijo que vuelve a casa,

uno quiere halagarle,

ese tipo de cosas. -Y, además, si no me hacían

lo que yo quería, no volvía más,

y, como los tenía cogidos en un puño...

-Te aprovechabas de tu situación.

# Embadurnada de harina # con las manos en la masa. #

-¿Esto cómo se llama? -Eso se llama en Asturias "bugre".

-Te pregunto en Asturias porque yo sí sé cómo se llama.

-Es el bogavante.

-Pero es curioso cómo van perdiendo los nombres

o cómo van ganando otros, según nadan alrededor de las costas,

¿verdad? -Cambian muchísimo,

cada pocos kilómetros. -Por ejemplo, esto estoy segura

de que es el "roballo". -"Roballo", que es la lubina.

Traducción simultánea.

-(RÍE) En traducción simultánea.

-El bonito. -El bonito no cambia.

-Eso es igual. El bonito más fino, sin embargo,

creo o me han dicho, no sé si esto será cierto,

que está entre La Coruña y Santander.

-Dicen que el más rico, el más fino,

y así nos pilla... -Con lo cual pilláis...

-Asturias nos pilla un trozo larguísimo, 300 km.

-¿Sabes lo único que siento? No tener hoy un salmón fresco.

a Rosy Ugarte con el equipo, pero no nos ha pescado ninguno.

(RÍEN)

Es una pena porque realmente sería ya un bodegón supercompleto.

-Uy, lo completábamos de miedo.

Después tenemos las morcillas.

-Las morcillas, la morcilla asturiana.

-Pero no se duce así tampoco.

-"Morciella". Son violentísimas estas morcillas.

Son muy fuertes, son de cebolla y, además,

no se concibe la fabada si no es con esta morcilla.

Las de fabes con otra morcilla es otra cosa.

-Tienes toda la razón, porque el sabor es tan único

que solamente esta pieza es la que le da sabor a toda.

-Para la fabada y para el pote asturianos,

son imprescindibles. -Luego tenemos unas truchas

que no sé de qué río han venido.

-Puede ser...

(RÍEN)

-¿El Nalón crees?

-Del Nalón. -Y nuestro besuguito,

que es precioso, porque tiene su mancha.

-Está bien el ojito. -El ojo surgente y maravilloso.

Nos lo enseñó Fernando Quiñones,

a mirar bien un besugo. -Es fundamental el ojo.

-Es lo que más. -Cuando lo tiene vivo,

así, listo y tal, es que está perfecto.

-Mirando fijamente. -Se está viendo todo.

-Y, por último, tenemos algo que realmente

solamente se hace en tu país,

me parece a mí. -Se hace ahí y también en El Bierzo,

que en El Bierzo se llama "botillo"

y en Asturias se llama "botiellu"

o también se llama "antroxu".

Y es una tripa de cerdo.

-Es la parte del estómago, creo que la parte más gorda.

-Sí. Y entonces lo que lleva dentro, generalmente,

en Asturias por lo menos,

es la lengua del cerdo con una mezcla de lomo

y de solomillo de cerdo,

de alguna parte también grasa del cerdo.

-Todos los embutidos hay que mezclarlos siempre

con tocino porque, si no, secan mucho.

-Claro. Tiene después pimentón, sal y ajo normalmente.

-Esto sí que me gustaría probarlo

porque creo que no lo he tomado nunca.

-Es muy rico, es riquísimo. -¿"Botiellu" dices que se llama?

-"Botiellu". -¿Y "antroxu" por qué?

-Porque "antroxu" significa "hartazgo",

que es cuando la gente se fartaba bien, se llenaba bien,

que solía ser cuando la matanza antiguamente.

Por eso también asociamos...

-A lo mejor lo que pasa es que guardaban un "botiellu"

del año anterior para abrirlo el día de la matanza.

-La diferencia de Asturias con El Bierzo

es que en Asturias se suele curar el "botiellu",

mientras que en El Bierzo

no sé si se cura, es más costumbre comerlo

por San Martín y fresco generalmente.

(Música)

Me gusta mucho bailar en las verbenas, Joaquín, ¿y a ti?

-A mí mucho, además, vivo en Las Vistillas,

así que cuando quieras estás invitada a la Verbena de la Paloma.

-Perfecto, me gusta muchísimo.

Yo quisiera hoy... Muy buenas tardes.

¿Dejas aquí la chaqueta?

-Sí. -¿No te va a dar un poco de calor?

-Bueno, estaremos poco tiempo.

Buenas tardes otra vez.

Quisiera empezar despistándoles un poco,

diciendo, por ejemplo,

que vamos a hablar de cocina andaluza o gallega,

pero me parece que nadie me iba a creer, ¿verdad?

-No lo sé, creo que no.

-(RÍE) ¿Cuánto tiempo llevas viviendo en Madrid?

-Llevo siete años.

Lo que ocurre es que, a pesar de llevar

tan poco tiempo, hay mucha gente que opina

que soy de Madrid. Creo que eso no es virtud mía,

sino virtud de Madrid, que acoge a todo el mundo muy bien,

que hace que todos nos sintamos de aquí

al mes de estar aquí.

Se puede ser andaluz, como es mi caso, y madrileño

sin dejar de ser ninguna de las dos cosas.

-A todo esto, es Joaquín Sabina.

Muchos de ustedes lo habrán reconocido ya

porque una de las figuras más relevantes

en nuestra música actual.

Has dicho una cosa muy bien, Joaquín,

y es que Madrid acoge a todo el mundo.

Y hoy, para hablar de la gastronomía

o de la cocina madrileña, te hemos traído a ti precisamente,

aunque no seas de Madrid,

por esta causa. -No, soy de Úbeda,

soy de la provincia de Jaén, y, además, en mi pueblo están

enfadadísimos conmigo por culpa de tu programa.

-Como cantas la sintonía junto con Gloria van Aerssen...

-Exactamente. -Dices muchos nombres de platos.

-Como hago letras, creen que la letra es mía

y me acusan, con toda la razón del mundo,

de no hablar de las gachas y de los andrajos,

que son platos típicos de Úbeda.

Lo que ocurre es que la letra no es mía.

Si no, por supuesto que estarían ahí.

-Que no se ofenda nadie en Úbeda porque el pobre Joaquín no tiene

más remedio que decir los platos que se le han puesto.

Me gustaría situar un poco al Madrid gastronómicamente hablando

dándote un dato histórico gracioso:

en 1531 solamente hay una carnicería

para un Madrid que cuenta con 6.000 familias.

Debería ser un lujo espantoso comer carne.

-O sea, los pobres no tenían ni la posibilidad de pecar,

estaban en abstinencia perpetua.

-Exactamente. Ahora, los ricos sí podían pecar

y luego se les quebrantaba la abstinencia

porque podían comerse

un gallo asado la noche del Jueves Santo.

-Es que los ricos se lo montaban de fruta madre.

-(RÍE) Creo que siempre se lo han montado muy bien.

Y después ocurren otras cosas;

por ejemplo, Madrid es capital de España

gracias a Felipe II de 1561,

pero después Felipe III se lleva la capital a Valladolid.

-Y antes, a Toledo. -Antes había estado en Toledo.

Después se la vuelven a llevar a Madrid, con lo cual,

con este trasiego, los madrileños, que son muy jocosos

y muy dados...

-A la chanza. -A la chanza y al chiste,

se inventan unas coplillas que te voy a leer.

"Siempre a lomos de su mula,

siempre de acá para allá.

No sabemos nunca dónde la mula del rey está".

# Embadurnada de harina # con las manos en la masa. #

¿Te importa que te culturice mientras tú haces el rehogado?

-Me importa, pero bueno...

-El chile lo trajo Colón y, ya en su primer viaje,

se empezó a cultivar en Andalucía.

O sea, que desde 1493 se conoce el chile en España.

Y fíjate hasta qué extremo se conocía

que hay una carta de Mártir de Anglería

que la envía al cardenal vicecanciller vizconde

Ascanio Sforcia y le dice...

-Perdona, las pasas, que tienen que estar un poquito...

-Las he puesto remojadas antes en vino,

para que te enteres.

-Perfecto. -¿Te puedo leer la carta?

-Sí. -"Si se te ocurre,

príncipe ilustrísimo, gustar ya los granos,

ya ciertas pepitillas

que observarás, se han caído de ellos",

de los chiles, ¿eh?,

"tócalas aplicando suavemente el labio;

pues, aunque no son dañinas, sin embargo, por el demasiado calor,

son fuertes y pican en demasía

si se les aplica a la lengua.

Por si acaso esto te pasase,

bebiendo agua desaparece aquella aspereza".

-Es mentira. -¿Que es mentira?

-Bebiendo agua no se desaparece la aspereza.

¿Sabes por qué se llama "guindilla" a la guindilla?

-No, no lo sé. -Porque en Perú había un ají,

que es como llamaban el chile... -¡Ah! De ahí vendrá "ajilimójili".

-Vendrá. Que era más fuerte que los demás.

Como decía Garcilaso, que también era buen cocinero:

"Y hay un chile que quema más y es, por ende, más apreciado"

y este chile o ají parece que era del tamaño

y de la forma exacta de una guinda

y por eso se llama...

-"Guindilla". -"Guindilla".

(Música)

-Algo parecido fue tu vida durante muchos años, Victoria.

-Ay. -Contemplar así, con ansia,

el escaparate de las pastelerías, ¿a que sí?

-Calla, no me hables. Como con ansia, con drogadicción.

-(RÍE) ¿Sí? -Yo lo de La Casa de las Tartas,

la milhoja, que, además, era malísima,

pero me la compraba porque, por cinco pelas,

era el pastel más grande

que te podían dar. -Mayor cantidad por menos dinero.

-Además, salía ciega, con toda la milhoja puesta por aquí,

con toda la nata, que salía por todos los lados.

-¿Y al llegar a casa qué comías?

-Huevo duro y bronca de Ana Lázaro

por haber engordado 50 g.

-Es que el baile es el aprendizaje más duro.

-Es muy duro. -Absolutamente, porque tienes,

aparte de todas las clases, que son serias, estar tan delgado,

porque 200 g en un "fouetté" te pesan muchísimo.

-Te caes. -(RÍE) Te caes.

-Y a la última, siempre te ponen la última.

Cada vez que te caías del "fouetté",

la última de la fila

y humillación de todos tus compañeros.

"Niña, la última por comerse milhojas".

"La última por comerse milhojas".

-Hola, Antonio.

-Hola, Elena.

-Creo que es completamente inútil presentarles

a ustedes a Antonio Ferrandis. Es uno de nuestros mejores actores

y creo que el más popular.

El otro día nos pasó una cosa muy curiosa, ¿te acuerdas?

Comimos los dos en un restaurante del centro

de Madrid y, al salir, coincidimos con un colegio,

que mira que también es mala suerte.

(RÍE) Entonces salieron todos los niños dando gritos:

"¡Chanquete! ¡Chanquete!".

-También gritaban: "¡La masa! ¡La masa!".

-Pero muchas menos veces,

has de reconocerlo.

Oye, Antonio, tanto tiempo que nos conocemos

y nunca te he preguntado exactamente por qué eres actor

si en tu familia no hay antecedentes.

-No, en mi familia, antecedentes penales no hay.

-No digo penales. -Bromas aparte, mi familia era

y es una familia de la llamada "normal".

El único rarito que ha salido he sido yo.

Pero creo que soy actor de herencia, fíjate,

porque mi madre era una mujer que estuvo vendiendo

en el mercado desde los 12 años hasta los 80.

Decía todo lo que le parecía, no sentaba nada mal lo que decía,

no riñó nunca con nadie.

-Eso es un mérito. -Pero, aparte del mérito,

creo que era porque era una gran actriz

y de ahí creo... -Y tú has sacado ese carácter

de extrovertido y de poderte dirigir a la gente.

-Y también que es que soy mediterráneo.

-¿Cuándo saliste la primera vez

a la pista de un circo?

-Verás, es gracioso. Resulta que mi tío Thedy,

creo que todavía hay muchas personas,

personas adultas, por supuesto, que lo recuerdan,

Thedy usaba un chaleco enorme enorme

con unos bolsillos grandísimos, dos bolsillos en el chaleco enormes.

Entonces me sacó en la pista del circo de Price,

que ya no existe, estaba en la plaza del Rey.

-Qué me vas a contar, hemos ido todos de niños,

todos los que tenemos

una cierta edad. -Dentro de la historia de Madrid,

el Price... -Era único.

-Entonces me sacó en una función de gala,

me sacó del bolsillo como una gran sorpresa.

-¿Así de chiquitín? -Yo tenía un año de edad.

-Me puso en medio de la pista y la orquesta tocó un charlestón

y yo bailé un charlestón. Eso, lo que me cuentan a mí.

Yo, por supuesto, ni me acuerdo.

-¿Ni siquiera lo recuerdas? -Ni idea. Sí hay por ahí todavía

una fotografía bailando yo el charlestón en el Price,

pero fíjate, hace tantos años. -Que cosa tan bonita, por Dios,

qué forma de salir por primera vez.

Y valga este programa que hemos grabado hoy contigo

como homenaje a todos los artistas que trabajáis

en el circo, ese circo que todos amamos tanto

y que, no sé si soy un poco pesimista,

pero me parece que está desapareciendo.

-Yo no quiero, ni muchísimo menos,

verte tan triste como te has puesto en este momento

y puedo asegurarte que, mientras haya

estos maravillosos niños

en el mundo que necesitan de un payaso,

siempre habrá un payaso que levante su voz para decir:

"¿Cómo están ustedes?".

-¡Bien!

-¿Cómo están ustedes?

-¡Bien!

# Embadurnada de harina # con las manos en la masa. #

Álvaro, ¿qué es lo último que has hecho,

un trabajo profesional no de cocina?

-De cocina, se ve que estoy fatal, sí.

-Mira, ya va haciéndose.

-Acabo de terminar un personaje en la biografía de Goya

y solo falta doblarlo.

-¿Y qué personaje es?

-Es Tiburcio, es un liberal de la época muy amigo de Goya

enamorado de su pintura y enamorado de su figura humana.

-Me gusta mucho, hablando de figuras,

la figura o el personaje que incorporaste

en la película de "Septiembre".

-Hombre. -Era muy distinto

a todos tus personajes anteriores.

-Sí, la verdad es que creo que ese personaje

marcó un poco mi carrera artística.

Pasé de hacer los personajes

solo de los caballos y de los altos a hacer un personaje

con un entorno más intelectual. Además, le tengo un gran recuerdo

a esa película. -Cómo me alegro.

Todo el reparto, siempre que nos vemos, decimos:

"¿Te acuerdas de cuando hacíamos 'Septiembre',

qué bien lo pasábamos en la sierra?".

Volvíamos a nuestra juventud

un poco. -Hacíais excursiones de verdad.

-Jaime ya sabes que tiene una varita mágica,

nos lleva a todo el mundo

de una forma especial,

tiene un talante, lo debes saber bien.

-Sí, lo sé porque es mi marido.

Tiene muy buen carácter;

en cambio, yo no, así que no me pongas nerviosa

echando demasiado aceite, que igual de repente te grito.

-Agradezco la invitación de estar un rato contigo

y estar muy tranquilo divirtiéndome

y quizás ha despertado en mí un poco la afición a guisar

por esta cosa relajada,

porque yo creía que era como más empeñativo,

más preocupante. Y me doy cuenta de que no,

que es divertido.

-En efecto. Lo que me gusta es que digas eso precisamente

porque la intención de este programa es

que todo el mundo se dé cuenta de que pueden guisar

relajadamente y que no lo tomen como una obligación penosa

y que, con un poco de invención

y de fantasía, los platos son más bonitos,

como esas rodajas de naranja que has hecho,

por ejemplo, de repente. -Sí, la verdad es que son difíciles.

Yo, de todas formas, a partir de este momento,

como he estado en este programa, que es uno que tiene mucho éxito...

-Gracias.

-Los elogios hay que hacerlos siempre.

Pero voy a poder competir con una serie de amigos que tengo,

que son todos gente muy conocida

y que presumen mucho de que entienden muchísimo.

Manolo Vicent hace unos arroces maravillosos.

-Ay, por cierto, voy a llamar a Manolo.

Fernando García Tola sabe hacer cocochas.

Sancho Gracia hace una carne a la brasa maravillosa.

Y, a partir de ahora, le explicaré esta receta

que me has dicho. -Es bueno saberlo

porque todos ellos van a pasar por el programa.

Pues casi...

Vas deshojándolo, como dice la receta.

-Sí. -Que hay que dejarlo sin espinas.

-Tengo las manos muy limpias porque la cocinera tiene que tener

siempre las manos muy lavadas.

-Exacto. -Para manipular.

-Es que tenemos... Yo igual, voy a quitarle la piel.

Y, mientras hacemos estos dos trabajos,

¿por qué no me cuentas aquella niña del Campo de Criptana

cómo llega a Madrid,

cómo empiezas tu carrera? -Ay, hija mía, hace tanto tiempo

que ya ni me acuerdo. -Claro que te acuerdas, Sara.

-Venga, va, cuéntamelo todo.

-Yo era muy pequeñita, porque también he sido pequeñita.

-(RÍE) A ver, si no...

-Claro, he sido pequeñita.

Y entonces me presenté a un concurso.

-Ah, ¿lo primero fue presentarte a un concurso?

-Sí, un concurso infantil

que se tenía que hacer en el Retiro de Madrid.

-Anda, qué bonito, eso no lo sabía yo.

-Sí, y entonces me eligieron por la provincia de Alicante

porque yo vivía en Orihuela. -¿Vivías entonces en Orihuela?

-Sí. -Perdona, voy a echar la cebolla,

como me has dicho: primero, cebolla.

-Cebollita. -Bastante cantidad

porque tenemos que recubrir esa fuente

con el bacalao y los pimientos, ¿eh?

Así que estás...

-(CARRASPEA) -Por la provincia de Alicante,

vienes a concursar a Madrid.

-A concursar a Madrid y entonces me llevé el premio.

-¿El concurso en qué consistía?

-Cantar, cantaba eso de....

# Morena, # la de los rojos claveles. #

Yo qué sé, una canción así.

# La de la alegre guitarra.

# La reina de las mujeres. #

-Esa, esa. -Esa, esa.

Me llevé el premio y entonces el premio consistía

en un contrato para la productora,

que era muy famosa la productora entonces, Cifesa.

-Anda, toma que si era famosa.

-Era la mejor. -Y entonces me llevé el premio

y eran 500 pesetas al mes, que se las mandaba, por supuesto,

a mis padres y entonces estaba en Madrid.

Vine a Madrid con una señorita de compañía

y entonces empecé a tomar clases

de arte dramático con doña Anita Martos,

que estaba en el conservatorio.

Que decía que yo era un animal del teatro

porque no sé. -¿Te lo dijo así nada más empezar?

-Te echo la vista encima. -Me echó la vista encima.

-Se dio cuenta de tus dotes.

-Enseguida. -Toma. Ahora voy a echar...

-Espérate que voy a quitar aquí los...

-Perejil, uy, digo, ajo, pero no toda la cantidad

que tenemos aquí porque es excesivo.

-Nada más que le dé un poquito de sabor.

-Así. -Yo le quito estas espinas.

-¿Qué tal vas con las espinas?

-Está bien. -Y perejilito.

-Y perejilito. -Porque todo esto forma

el sofrito con el cual vamos luego a rehogar también el tomate.

-Como te dije, entonces me llevé el premio

y entonces doña Anita Martos me preparó

para que hiciese la primera película.

Y entonces me ofrecieron una película

que se llamaba "Empezó en boda".

-Con Fernando Fernán Gómez. -Con Fernando Fernán Gómez.

-Ay, divino, que lo adoro.

-Sí. -Sensacional.

Y entonces... Aunque se rio de mí en la película.

Se rio de mí porque había una escena donde...

-Se lo habrás perdonado, ¿no?

-Teníamos que darnos un beso y yo fui y decían:

"Cámara. Preparada, al beso"

y hacía así.

Le daba el beso sin saberlo.

-(RÍE)

-Y Fernando decía: "Pero ¿es que no sabes besar,

hija mía, no sabes besar, hija mía".

Decía: "Pues no, no sé besar".

Imagínate, con 15 años, ¿cómo iba a saber yo besar?

-Qué bonito. Era como si besaras

a tu padrino de repente.

-Imagínate, claro. Me tiraba y decía Matarazzo, el director:

"Corte, otra. Mira, Sarita, se llega y haces así,

¿ves?, en los labios y besas.

-Sí, sí". Yo me ponía tan nerviosa, decían:

"¡Cámara!" y hacía...

Y Fernando: "A ver si acabas de una vez

porque son muchos besos estos".

-(RÍE) -Mucha gracia.

-Y esa fue tu primera película,

"Empezó en boda".

Siguiendo con México, cuando rodaste "Vera Cruz",

¿qué le gustaba comer a Gary Cooper?

-Uy, a Gary Cooper

le encantaban los taquitos mexicanos,

los taquitos, que llevan carne de cerdo,

puestos en... -En las tortillitas.

-Me chiflan -En las tortillitas de maíz dobladas

y dentro llevaba queso, trocitos de carne de cerdo,

pero hecho a la... -Y lleva un poquitín

de cebolla también, me parece.

-Claro. -No, tomate.

-Jitomate. -Jitomate.

-Y entonces...

Eso sí, no podía faltar el chile.

-El chile y el cilantro.

-Y entonces comías esto y el Gary Cooper se volvía...

Y frijolitos, que están riquísimos también.

-Que hayas comido unas enchiladas con Gary Cooper,

me das una envidia.

-Ah. -¿Y las canciones mexicanas

te gustan? -Ay, me encantan. Empiezan...

# Me cansé de rogarle.

# Me cansé de decirle

# que yo, sin ella, de pena muero.

# Ay. #

Fíjate, aquí las dos con el tomate, con el jitomate,

y con las canciones. -Y con el vino manchego.

(CANTA EN INGLÉS)

-Esta chica es un portento, ¿eh?

Muy bonito, la vamos a meter en el grupo.

-No quiero entrar en vuestro grupo porque seríais

un trío. -Un trío, estupendo.

-Antes que nada, voy a presentaros.

Ellos son José Miguel Monzón

y Ángel Muñoz Alonso.

-Encantado. -Mucho gusto.

-Tanto gusto.

Los dos componen un dúo y se presentan ante el público

con un "show" que se llama "El Gran Wyoming y el Reverendo".

-Sí, "El Gran Wyoming y el Reverendo, a pesar suyo"

es el título. -Pero, vamos a ver,

¿este nombre, José Miguel, de "El Gran Wyoming y el Reverendo"

de qué viene? -Lo de "Gran Wyoming" viene...

"El Gran" me lo puse yo

lo de "Wyoming" las circunstancias me lo pusieron.

Yo antes cantaba en inglés porque, como no sabía cantar

y, además no tenía textos que decir,

cantaba en inglés y un amigo mío que se llama el Pocho

me dijo: "Tú, Wyoming a partir de hoy".

Y "el Reverendo" viene de una doble vida

que lleva la criatura,

que es a la vez místico y vicioso.

-Uy. -Por las mañanas tocaba

en la iglesia San Antón el órgano

y, por las noches, en una casa de mala nota

cuyo nombre no se puede decir porque sería doble publicidad.

-No, por favor, José Miguel, Chechu, cállate.

-De ahí le viene el título de Reverendo.

Además, como se le ha puesto el pelo blanco a temprana edad.

-Tiene un aspecto muy severo. Además, has estudiado Medicina,

incluso has llegado a ejercer.

-Soy médico, sí.

-¿Sí? -Además.

Pero, vamos, anecdóticamente. Luego hice algunas sustituciones

en la Seguridad Social y en un pueblo estuve un mes

y la gente quedó muy agradecida.

Los que quedaron vivos quedaron muy agradecidos.

-Y tú, Ángel, eres músico, eso por supuesto.

-Creo que sí.

-Y, además, músico con la carrera completa.

-Espero que sí. -¿Cómo que esperas que sí?

Estoy segura porque eres un profesor de Armonía

o, por lo menos, has estudiado mucha armonía,

si no eres profesor.

-Sí. -La prueba es que has hecho incluso

los arreglos de nuestra sintonía,

eso de... -Tiene un mérito.

# Papas con arroz. #

Lo grabaste tú, ¿verdad?

-Es verdad. -Tocaste el piano.

-Correcto. -Ay, qué pocas palabras.

Siempre contesta nada más que con monosílabos.

-Habla conmigo. -Más vale que hablemos tú y yo.

Vamos a ver una cosa, ¿vas a guisar tú conmigo?

-Sí, porque este ni habla ni guisa ni hace nada,

solo toca el piano y bebe.

-Pero con eso basta, tocar el piano es maravilloso.

¿Qué vamos a hacer exactamente, Chechu?

-¿Qué te sugiere mi palmito y mi presencia?

-A mí, absolutamente nada.

-¿Cómo que nada? ¿Estoy perdiendo encantos o qué?

Te voy a dar pistas.

-A ver. -Pista número uno.

-Un chico entre dos panes.

-¿Y eso qué es?

-Nada. -Un bocadillo de bonito.

-(RÍE) Ah, un bocadillo de bonito.

-Bocadillo de bonito. Segundo.

-Un chico que apoya la cabeza en un pan.

-¿Y eso qué es? -Tampoco lo sé.

-Un canapé de bonito.

-¿Entonces? -Yo soy el del especial bonito.

(Música)

# Y oiga, camarero, # no sé de qué me habla usted.

# Y solo por un whiskey, # no, es mucho, no puede ser.

# Pero ¿qué me dice? # ¿Que han sido diez?

# No llevo dinero, # mañana le pagaré. #

Arsa, otra vez.

# Y perdona, María, # pero no me encuentro bien.

# Y me pegó muy fuerte # el camarero de ayer.

# Ya se ha perdido todo,

# total, un desliz # o también era cierto

# que no pensaba volver.

# Llevo diez días # sin dormir y sin comer

# y entre bebidas # nunca me ha sentado bien.

# Y llevo diez días # sin dormir y sin comer

# y entre bebidas # nunca me ha sentado bien.

# Dígame, gerente, # yo sé que no me afeité.

# Yo vengo a suplicarle # que me adelante otra vez.

# Ya no tengo ni un duro, # estamos a 6 y, como no me fían,

# ¿usted no sabe qué?, # ¿usted no sabe qué?,

# usted no sabe que es sed.

# Que es sed.

# Que es sed.

# Que es sed. #

-¿Por qué has traído esa hacha tan grande,

aparte de para partir

la cabeza del pollo que te has guardado?

-Es tu último programa este, ¿no? -Hombre, es que eso nunca se sabe.

Sí, creo que sí, a lo mejor sí.

-Pero los últimos programas me gusta destruir el decorado.

-¿Qué dices? ¡Ay, no, por Dios, Juan Luis!

¡No, un momento! ¡Ay!

¡Juan Luis! Pero ¡estate quieto!

¡Dios mío, mis acelgas! Pero este hombre es un terrorista.

¡Ay, el horno no!

# Siempre que vuelves a casa,

# me pillas en la cocina

# embadurnada de harina

# con las manos en la masa.

# Niña, no quiero platos finos.

# Vengo del trabajo

# y no me apetece pato chino.

# A ver si me aliñas

# un gazpacho # con su ajo y su pepino.

# Papas con arroz, # bonito con tomate,

# cochifrito, caldereta,

# migas con chocolate, # cebolleta en vinagreta,

# morteruelo,

# lacón con grelos,

# bacalao al pilpil # y un poquito de perejil. #

# Siempre que vuelves a casa,

# me encuentras en la cocina

# embadurnada de harina

Tesoros de la tele - Con las manos en la masa

09 jul 2020

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