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Para todos los públicos Somos Cine - ElCano y Magallanes, la primera vuelta al mundo - Ver ahora
Transcripción completa

¡Capitán! ¡El cabo de las Tormentas!

¡A la maniobra!

¡Trataremos de mantenernos aquí!

¡Oh, no! ¡Es más grande que una montaña!

Tenemos que rodearla.

¡Sujetaos fuerte!

¡Esto se va a poner muy serio!

Per favore, no tan rápido...

La velocitá in mare non e buona.

Dice que la comida de su madre no está buena.

No ha dicho eso...

Tranquilidad, que solo es un poco de viento.

Cuidado. El agua no mata.

¡Adelante!

Santa Madonna, señor Elcano, arriad las velas.

De esta si que no salgo vivo.

¡Io sono Antonio Pigafetta, escribano del rey!

Tranquilo, llegaremos al puerto a tiempo.

¡Vaya, maldito cabo!

¡Sujetad el timón!

¡Santa Madonna, vamos a hundirnos!

No os preocupéis, no dejaré que os coman los peces.

Palabra de capitán.

¿Capitán?

¿Lo estáis diciendo en serio?

Elcano, más que capitán, sois inconsciente y gañán.

Capitán gañán.

Capitán gañán, con mucho afán y cara de pan.

Muchas gracias.

El Guadalquivir. ¿Qué os dije?

¡Llegaréis a tiempo a Sevilla!

Este es el último.

¡Vale, ahora hay que subirlos al barco!

¡Una limosna, mi señora!

¡Oferta de hoy!

¡Leo dos futuros por el precio de uno!

Pero ¿a dónde va todo el mundo con esta calor?

En mi vida he visto a Sevilla tan viva.

Señor, con este romero le predigo su futuro entero.

Lo siento, no tengo dinero. Voy a embarcarme.

¡Paso al almirante!

Oye, ¿pero ese quién es?

El que cojea es Fernando de Magallanes, navegante.

¿El portugués?

Magallanes está reclutando, ojalá coja a mi marido.

Señor Magallanes,...

por una moneda, con este romero le digo su futuro.

¡Maldita niña, no molestes al almirante!

¡Oye!

¡Será descarado...!

Dicen que es un hombre temerario y muy apuesto.

Es una fiera. Cojea por una herida de los árabes.

Pobre hombre.

Una caridad para un viejo marinero tullido.

Gracias, noble señor, gracias.

Pero... ¡si son de oro!

¡Me ha dado monedas de oro!

¡De oro!

Siempre va acompañado por su indio de las Molucas.

¿Ha estado allí?

Magallanes ha estado en todas partes.

Dicen que el diablo le mostró un mapa del mundo.

¡Míralo, allá va!

¿Es tan buen navegante como dicen?

El mejor.

Está tan acostumbrado al balanceo del barco,...

que en tierra no es capaz ni de mear derecho.

No sabemos aún la ruta.

¿Cuándo va a llegar ese escribano?

Silencio o te vas de la fila.

Pues dense prisa, que aquí nos mata la calor.

¿Por qué no están alistando la tripulación?

¡Señor Gómez!

El señor Pigafetta, el escribano, no ha llegado.

Pues mira que empezamos bien el viaje.

Puedo adivinar dónde está. ¿Os leo el futuro?

No hace falta, ya lo sabemos.

Vamos a las Molucas, a por especias.

¡Largo de aquí, pordiosera!

¡No molestes al almirante!

Pero...

¿No queréis conocer el destino de la expedición?

¿Cómo te llamas?

Inés.

Bien, Inés...

Deberías devolverle la bolsa al capitán Cartagena.

¡Mi bolsa!

Ha debido caérsele.

¡Niña ladrona!

Yo no he sido, en Sevilla pasan cosas muy raras.

Una ramita de romero, simpático.

Tranquilidad, Cartagena, es solo una niña.

Y ahora a mis capitanes y a mí...

nos gustaría saber qué nos va a deparar este viaje.

Vamos a ver...

Sepa que el romero no se equivoca nunca. Huélalo.

-Venga, dinos. -¿Tendremos buenos vientos?

Tranquilos, señores, que llegarán a buen puerto.

Y de este viaje se hablará durante mucho tiempo.

¡Olé! Yo me alisto.

¡Alto! ¡Alto en nombre del rey de Portugal!

Os prohíbo que zarpéis.

Son órdenes del rey Carlos de Castilla, embajador.

No podéis ir a las Molucas y lo sabéis.

Portugal posee la ruta al cabo de las Tormentas.

Tenéis razón, la ruta del este es portuguesa.

Por lo tanto,...

solo nuestros barcos pueden traer especias.

¡Para venderlas a precios abusivos!

¡Sois unos piratas!

¡Somos comerciantes!

Pero nosotros no seguiremos la ruta portuguesa.

Buscaremos una nueva ruta hacia el oeste.

¡Eso no puede ser!

-¡Qué va! -¿Ha dicho oeste?

Imposible.

Almirante, no entiendo nada.

¡No hay ruta al oeste! ¡Encontraréis la muerte!

¡O la gloria!

Prometo llevaros a las Molucas. ¿Venís conmigo?

No sé...

Seguro que Magallanes sabe cómo llevarnos. Yo voy.

Castilla tiene derecho a comerciar con las Molucas.

Gritad conmigo.

-¡A las Molucas! -¡A las Molucas!

-¡A las Molucas! -¡A las Molucas!

Sois un ingrato y un traidor, Magallanes.

La ruta a las Molucas es nuestra.

El mar no tiene dueño, señor embajador.

Y ahora, si me permitís, tengo mucho trabajo.

Zarparemos mañana.

Vamos a bordo, Enrique, tenemos mucho que hacer.

Nunca llegaréis a las Molucas, lo juro.

Cuidado, embajador. Tanto enfado pasa factura.

¡Romero, quién me compra romero!

Buenos días, señor.

Esas naves no deben llegar a su destino.

Tienes que alistarte y conseguir información.

¿Sobre la ruta que seguirá Magallanes?

Si tiene un mapa con esa ruta, hazte con él.

Si lo consigues, te cubriré de oro.

Es una misión muy complicada...

Necesitaré algo más para aceptarla.

Está bien, toma.

-No me basta. -Eres buen espía,...

pero demasiado caro.

Sabéis que podéis confiar en mí, señor embajador.

¡Un barco entra a puerto!

¡Eh, mira allí!

¿Allí dónde?

¡Vamos!

¡Apartaos!

Signore Elcano...

-Sono Antonio... -Sí, Antonio Pigafetta,...

escribano del rey...

Definitivamente está loco, più piano, per favore.

Mirad, mirad ahí...

¡Socorro!

¡Ahí está otra vez Juan Sebastián Elcano!

¿Quién?

Nadie más que él entraría así en el puerto.

Attento, Madonna, no hay sitio para pasar.

¡Ese capitán está loco!

Pero ¿qué hacen?

¡Van a hundir el barco!

¡Elcano, dad la vuelta!

Pasaremos.

¿Está loco?

Se van a matar.

¡Ánimo!

¡Sí, lo tengo controlado!

Es un gran piloto, sin duda.

Pero ¿qué hace?

Será energúmeno... ¡ha destrozado mi barco!

-Esto no quedará así. -Bonito barco.

-¡Me las pagarás, cretino! -Menudo salvaje.

¡Ese tío está loco!

¿Tú qué opinas?

Disculpe, escribano.

¡Qué apuesto que es!

¿Os digo la buenaventura?

Trátame de tú.

¿Cuál será mi futuro?

Creo que...

sin dudarlo,...

la cárcel.

¿Sois Juan Sebastián Elcano?

Así me llamo.

Vuestro barco queda confiscado en nombre del rey.

Y en el nuestro. Nos debe mucho dinero.

Os dije que os pagaría.

¡Palabras, palabras!

Hace meses que debías pagar y no lo has hecho.

Ahora vamos a cobrar.

No, el barco es mi medio de vida.

¿Tenéis otros bienes con que pagar vuestras deudas?

No tengo más que esta nave,...

si esperáis a que haga otro viaje con mercancías...

Un momento, el pasaje del escribano.

Ma que cosa sta diciendo, stolto...

Casi hundís la nave y a mí con ella.

Por favor,...

concédanme un poco más de tiempo,...

prometo saldar mis deudas.

Basta de esperas. Proceded, señor alguacil.

Bien, el barco es vuestro ahora y vos...

daos preso.

Eso nunca.

¡Alto en nombre del rey!

¡Apresadle!

¡Alto!

Ya me las pagarás, niña estúpida.

¡Se escapa!

¡Escapa, Juan Sebastián!

Tenemos un banquero en un banco de peces.

¡Maldita rata, te cogeremos!

¡Eso ya lo veremos!

Quietos, parad.

¡Saltad!

¡Media vuelta!

¡Responderás por esto, gañán!

Mira, ese es el escribano real, Di Mofeta.

Se dice Pigafetta.

¡Ya era hora!

¡Vamos, que es para hoy!

Se lo está tomando con calma.

Ya no aguanto más.

¡Vamos, hombre, que es para hoy!

Vado più veloce che posso.

Por el amor de Dios...

Juan de Lombardía.

Marinero de La Trinidad.

Los despisté...

Pero ¿qué es ese ruido?

¡Quieto ahí! ¡Ya eres mío!

¡Alto! ¡No tienes salida!

-Debe de estar por aquí. -¡Eh, está ahí!

¡Rayos!

Ya te tengo.

Yo creo que no.

¿A dónde crees que vas, alimaña?

¡Vuelve aquí!

¡Seguidlo, seguidlo!

Seguirlo... ¿por dónde?

Mira, ahí.

Los gatos de esta ciudad cada día son más atrevidos.

Dejen paso a la guardia.

¿Dónde estás?

¿Dónde te has metido? ¡Te encontraremos!

A ver cómo bajo de aquí sin que me atrapen.

No podrás hacerlo.

-¿Ibas a alguna parte? -Esto no acaba aquí.

¡Se escapa!

¡Ya te cogeremos!

¡Maldito gusano!

¡Maldición!

A lo dicho, ahora a bajar de aquí.

¡La niña del romero!

¡Hola!

No te preocupes, estoy bien.

Ahora bajo.

Deprisa, deprisa,...

si te alistas en la expedición no podrán apresarte.

¿Qué expedición?

La de Magallanes.

¿El almirante portugués?

Me toca.

Apunte mi nombre. Juan Sebastián Elcano.

Signori Elcano, sois un loco.

El capitán Magallanes no quiere locos a bordo.

Lo que él quiere es...

¡Grandes marineros!

Capaces de cruzar tormentas con los ojos cerrados.

Ese soy yo, hacedme capitán.

No os confiaría ni el mando de una canoa.

Ya lo ha oído. ¡Siguiente!

Apunte a Elcano como maestre de La Concepción.

A las órdenes del capitán Juan de Cartagena.

¡No quiero que él lleve mi barco!

¡Lo hundiría antes de salir del puerto!

No hay tempestad que hunda el barco que yo pilote.

¡Elcano, quedas detenido en nombre del rey!

Alguacil,...

Elcano es maestre en la expedición del rey.

-No se le puede detener. -Pero...

Y ahora, si nos disculpan, mañana salimos de viaje.

Lo siento, señor alguacil, no puedo acompañarles.

Yo no estaría tan contento.

Vas a tener un viaje muy duro.

Pero ¿por qué me odia? No me conoce.

Lo entiendo bien. Hay intuiciones que no fallan.

Yago... grumete de La Concepción.

¿Grumete? ¿No hay otra cosa?

Juan Sebastián, partiré con vosotros mañana.

Me alegro de oírlo, amigo. Nos quedan unas horas.

Y las emplearemos en algo muy importante.

¿Esto es todo?

Es el fruto del clavo.

¿Por algo tan pequeño daremos la vuelta al mundo?

De las Molucas se traen también canela y pimienta.

Sin ellas, la comida no es lo mismo.

Por un cargamento así, vale la pena ir.

Y hasta cruzar el cabo de las Tormentas.

¿Tú lo has hecho?

Dos veces, y sigo vivo.

La tradición dice que...

si doblas ese cabo, te pones un pendiente.

Nadie puede considerarse marinero hasta hacerlo.

Pues él no lo ha hecho y es el mejor.

Solo quien no conoce ese paso puede hablar así.

¿Quién ha doblado el cabo de las Tormentas?

-Yo. -Yo también.

-Lo vi de lejos, ¿cuenta? -Yo he estado.

Si alguien tan enclenque lo ha hecho dos veces,...

no creo que sea tan peligroso.

¿Me estás llamando flojo?

Si Magallanes no nos llevara en dirección contraria,...

te lo demostraría.

Cuidado con lo que dices. ¿Cómo te atreves?

¡Esto no va a quedar así, desgraciado!

¡Mi bandeja!

¡Quieto! ¿Qué haces?

¡Aparta!

¡No peleéis!

¡Las especias! ¡Seréis animales!

¡Es la hora de cenar!

¡Qué buena pelea!

Y que lo digas.

Buena la habéis liado.

Buen provecho, amigo.

Vamos, carpintero, está amaneciendo ya.

La vía de agua era grande.

Señor Dacosta.

¡Yago! ¿Qué te ha pasado?

Ya me he integrado en la tripulación.

¿Qué noticias traes?

Nadie sabe nada del mapa de Magallanes,...

pero es un viaje tan largo,...

que quizá le ocurra algo malo al almirante.

No es mala idea.

Esto es más peligroso de lo que creía.

Os aguardaré en las Molucas, por si algo fallara.

¿Nos seguiréis con vuestro barco?

¿Estás loco?

Yo iré por la ruta conocida.

Carpintero, déjalo como está, fuera de aquí.

Tenemos que zarpar cuanto antes.

Dejadme terminar, señor, os lo ruego.

El barco aguantará, no tenemos más tiempo.

Atención, debemos zarpar a las Molucas.

¡Marineros a sus puestos y a toda vela!

¡Soltad amarras!

¡Ahí está la señal, vámonos!

¡Tened cuidado!

¡Chapuceros! ¡Acabaréis en el fondo del mar!

Sevilla... Te echaremos de menos.

¿En qué estáis pensando, señor Elcano?

¿Cómo?

Mire la cubierta.

¡Están todos holgazaneando!

¿Así piensa manejar un barco?

Ya habéis oído al capitán, a trabajar.

El capitán es un aguafiestas.

¡Si te oye, te meterá en la sentina!

No me toquéis, bestias.

Si no me soltáis os maldigo.

Una polizona, señor capitán.

Suelta ya.

Soltadla, ha venido a despedirse.

Le gustas.

Ayer no pude leerte el futuro.

Solo quiero saber es si volveré a mandar un barco.

Veo aventura. Y veo...

Amor.

Para mí, ser capitán lo es todo.

Qué mono...

Y esto ¿para qué es?

El romero te dará suerte en el viaje.

Y quizá te haga capitán.

Tú devuélvemelo cuando regreses.

"Cuando regreses..."

Gracias, pero para eso falta mucho.

Esperaré.

Juan Sebastián Elcano.

Capitán.

¿Debemos esperar mucho para que ocupe su puesto?

No, señor, estoy preparado, capitán.

¡Levad anclas!

¡Soltad amarras!

Larguen velas,...

¡los de estribor al palo mayor!

Rumbo a las Molucas.

¡A las Molucas!

¡Nos vemos pronto, Sevilla!

¡Echaré de menos a mi Carmencita!

Timonel, atento al rumbo.

Hay que aprovechar el viento de levante.

Le voy a tener bien vigilado.

Ni se le ocurra hacer una locura de las suyas.

No tendréis queja, señor, os lo aseguro.

¡A toda vela!

¡A toda vela!

¡Será estúpido!

Capitán, siento haberle asustado.

¿Está bien?

Maldito presuntuoso, haréis la guardia esta noche.

Y espero que no os durmáis, por vuestro bien.

Me odia.

Las islas Molucas.

Unas tierras riquísimas,...

pero inalcanzables navegando hacia el oeste.

Si consideráis así el mundo, es imposible,...

pero hay otras formas de ver las cosas.

¿Cómo que otras formas? Qué tontería.

Permítanme.

El salvaje habla nuestro idioma.

Yo no soy un salvaje, señor.

En las Molucas, mi tierra, no hay salvajes.

Enrique nos hará de intérprete en su tierra.

Así, puede llegarse a las Molucas desde el oeste.

No me creo que exista un paso...

que nos lleve desde América a esas islas.

Se dice que los últimos que fueron a buscarlo,...

fueron el aperitivo de unos caníbales.

Y si os dijera que estoy completamente seguro...

de que ese paso existe, ¿me creeríais?

Se rumorea que disponéis de un mapa con esa ruta.

¿Es cierto?

En ese caso, debe seguir siendo un secreto.

Los portugueses matarían por hacerse con él.

Ah, disculpe, vos sois portugués.

Lo soy, pero sirvo al joven rey Carlos de Castilla.

Me ha dado el mando de esta escuadra, recordadlo.

En ese caso, si sois leal a Castilla,...

enseñadnos el mapa con la ruta.

Somos vuestros capitanes y debemos conocerla.

Para estar más seguros.

No será necesario. Las cinco naves irán juntas.

En hilera, una tras otra.

Mi nave irá la primera y las demás, tras ella.

¿Nadie, salvo vos, sabrá dónde vamos?

Es un plan disparatado.

¿Qué pasará al anochecer? ¡Nos perderemos!

Encenderé un farol para guiar a la siguiente nave.

Esta encenderá otra para guiar a la tercera,...

y así sucesivamente.

Confiad en mí, no nos perderemos.

Las estrellas no son como las de mi tierra.

Pronto lo serán.

Ya casi no se ve.

Está oscureciendo,...

encended el farol para que no se pierdan las naves.

A la orden, almirante. Vamos, ayúdame.

-Ya está. -Hecho.

Han colocado el farol. Pongamos el nuestro.

Esto está hecho.

¿Has visto? Estrellas fugaces.

No puedo más.

Necesito descansar.

Ve, yo me encargo.

Se os ve despierto, señor Elcano.

¡Sí, capitán!

¡Pues haréis la guardia de mañana y pasado mañana!

¡Gracias, capitán!

¡Pero si es el favorito del capitán!

Necesito mandar otra vez un barco.

Ser capitán es lo único que para mí tiene sentido.

Esta nave ya tiene capitán. Y os detesta.

¡Suerte con la guardia, capitán!

Si me dieran el mando, haría correr a este barco.

Y, así,...

fuimos cruzando el océano en dirección oeste.

siguiendo una ruta desconocida para todos,...

excepto para el almirante Magallanes.

El taburete, por favor.

Aquí tiene, señor. Tenga cuidado.

Gracias, mi fiel Enrique.

Veamos...

El compás, señor.

Pronto estaremos en las Indias de América.

Llevamos cinco días avanzando a ciegas,...

temiendo por nuestras vidas.

Parece que hemos entrado en una eterna tormenta.

¡Sujetad los cabos de la mayor y tirad fuerte!

Creo que voy a dar de comer a los peces.

¿Arriamos velas, Elcano?

¿Arriar velas, dices?

No. No hace falta. Solo es un poco de viento.

Mostraré a Magallanes que soy un buen marinero.

Vas a hacer guardias de aquí hasta las Molucas

si el capitán Cartagena se despierta.

Firme el rumbo.

¿Nos siguen las otras naves?

Un momento.

Sí, ahí están, almirante.

-¿Y la que se acerca? -Es La Concepción.

Ese condenado Elcano va demasiado rápido.

-Qué mareo. ¡Permesso! -¡Aparte!

Escribid que llevamos cinco días con tormenta.

Ya lo hice, almirante.

Creo que vamos demasiado deprisa. ¡Vamos a chocar!

Los esquivaremos.

Por todos los diablos,...

¿qué está sucediendo?

¿Qué hacemos pegados al barco del almirante?

¡Va a hundir el barco!

Ahora sí que va a haber tormenta.

¡Hemos pasado a La Trinidad!

Es usted un imprudente.

Me las pagará, señor Elcano.

Capitán Cartagena... América.

¿América?

¡Tierra a la vista!

¡Tierra!

Las Indias de América.

Y, así,...

tras sesenta días de lluvias y tormentas,...

llegamos a las costas de Brasil,...

donde abundan toda clase de provisiones.

En Brasil hicimos grandes tratos con los nativos.

Por un anzuelo o un cuchillo, seis gallinas.

Dos gansos por un peine.

Por un espejo pequeño o por un par de tijeras,...

teníamos pescado para alimentar a diez personas.

Las cabezas de los indígenas, adornadas con plumas,...

se parecían a los extraños pájaros del lugar.

¿Ves cómo llegar a las Indias no era para tanto?

Tú no tienes remedio, ¿no?

La generosidad y simpatía de estos salvajes...

hicieron que nos sintiésemos realmente cómodos.

A pesar de los problemas de comunicación,...

nos hacíamos entender con raros y graciosos gestos.

¿Qué es lo que queríais consultar, señor Cartagena?

Nos adentramos en tierras desconocidas, ¿no es así?

En cuanto nos hayamos aprovisionado.

Todos somos buenos capitanes, pero...

¿seguro que podremos seguir sin conocer la ruta?

Si continuamos navegando a ciegas,...

acabaremos por perdernos.

Un momento, ¿qué es lo que estáis proponiendo?

Que exijamos a Magallanes que nos entregue el mapa.

¿Sugerís sublevarnos contra el almirante?

Si se empeña en conducirnos al desastre...

Hasta ahora el sistema de Magallanes ha funcionado.

¿Por qué no seguir dejando que nos guíe?

Un motín es algo muy grave.

Antes debemos estar bien seguros.

¿Os parece bien esperar un tiempo, señor Cartagena?

Pero no demasiado. Magallanes es portugués, ¿no?

¿Seguros que no trabaja en contra de Castilla?

Continuamos nuestro viaje hacia el sur,...

paralelos a la costa por mares desconocidos.

¡Mirad allí! ¡Ballenas!

Navegan más deprisa que nosotros.

¡Son impresionantes!

Cuanto más nos adentrábamos en los meses de verano,...

mayor era el frío que soportábamos.

Lo cual nos parecía inexplicable.

Con el frío, también llegó la niebla.

El temido manto gris, cada vez más abundante,...

envolvía las cubiertas de los barcos.

Los marineros mostraban miedo e incertidumbre.

¿Estamos en verano o en invierno? ¿Tú qué dices?

Que es un verano invernal, creo yo.

A esto en mi tierra se le llama invierno.

Y de los buenos.

No lo entiendo, si estamos en verano,...

¿por qué hace cada vez más frío?

Es porque hemos cruzado el ecuador.

Y cuanto más al sur vamos...

¿Qué queréis decir con eso del ecuador?

Dejadlo, no lo entenderíais.

"¿Qué queréis decir con eso de "no lo entenderíais"?

Almirante, hay un gran canal frente a nosotros.

Finalmente, ¡un canale!

El paso hacia las Molucas.

¿Será ese el paso que buscamos?

¿Un paso?

No puede ser.

Informa a La Concepción para que lo exploren.

Sí, señor.

-¡Explorad el canal! -¡A la orden!

No se ve el final.

¿Qué opináis?

No tiene pinta de ser un canal,...

seguro que no lleva a ninguna parte.

Paco, sujeta el timón. Disculpe, capitán.

Yago, el cubo.

El cubo es mío.

Buena idea.

¿Qué pasa?

¿Qué están haciendo?

Hay demasiada niebla, almirante.

Descuidad, yo lo apunto todo.

No se ve nada.

Agua dulce.

Es un río, no es el paso que buscamos.

Vaya... qué mala suerte, ¿no?

Ya sabía yo que sin mapa no iríamos a ninguna parte.

¡Señor Elcano, id a bordo de La Trinidad...

y comunicad al almirante la noticia!

¡A la orden, capitán!

Ya habéis oído. Demos media vuelta.

Boga fuerte, grandullón.

Al menos así entro en calor.

Yago, prepara otra barca.

Tengo que hablar con los capitanes.

Sí, capitán.

Rápido, colocad una escala.

Gracias, ya puedes parar.

Malas noticias, almirante.

¿Qué habéis descubierto?

No es ningún paso, es un río.

¿Cuáles son vuestras órdenes, almirante?

Esperad.

Ya lo has oído.

No puede ser.

Dale, botarate, con más ímpetu.

Teníais razón.

Vamos a ciegas.

Magallanes debe enseñarnos el mapa con la ruta.

Veamos, todos distraídos.

Los de las barcas también, perfecto.

Tengo que averiguar lo que traman los capitanes.

A mí cada vez me preocupa más la situación.

¿Alguien ha pensado en que, quizá, no haya mapa?

Entonces estamos perdidos en el mar.

Si no existe, daremos la vuelta e iremos a casa.

No veo otra opción.

¿Alguien se opone?

Si es así, daré la señal cuando llegue el momento.

Hasta entonces, todos preparados.

Dejémoslo aquí,...

y volvamos a nuestras naves.

No aguanto más, voy a hablar con el almirante.

¡Per niente, parad!

Quiero ver al almirante.

Ma que cosa fai... Tu sei un bruto, Elcano.

Mi señor...

-Pero, qué rayos... -¿Está bien, señor?

¿Sois calvo?

En efecto, soy calvo.

Su sombrero está muy caliente.

No me gusta pasar frío en la cabeza.

Lo siento, almirante.

-No importa. -¿Sus órdenes?

Seguimos hacia el sur.

Seguimos hacia el sur en condiciones tan malas,...

que buscamos un puerto donde pasar el invierno.

¡Mirad, son trozos de hielo!

Sí, son enormes.

Almirante, veo luces en la costa, parece fuego.

Son hogueras, almirante.

¿Cómo las mantienen encendidas?

A esta costa la llamaremos Tierra del Fuego.

Lo apunto inmediatamente, "Del fuego".

¿Por qué hacéis el indio?

¿Por qué crees? Para entrar en calor.

Cinco meses pasamos allí inmovilizados.

Todos creíamos que aquel invierno no acabaría.

Esto es insufrible.

Este frío no terminará nunca.

El invierno ya se está acabando, almirante.

Así es, afortunadamente.

Hay que ir más al sur, Enrique.

El paso debe de estar muy cerca.

El inusual invierno...

había pasado factura a las tripulaciones.

No tiene buena pinta.

Se acabó, hay que poner fin a esto.

Botad una barca, señor Elcano.

¿Sucede algo?

¡No pregunte y obedezca!

Pero ¿se puede saber a dónde vamos, capitán?

¡Que no pregunte!

Vamos hacia La Trinidad, esto no pinta bien.

¡Quietos todos! Que nadie se mueva.

Pero, pero...

Desde ahora, tomamos el mando del barco.

¿Quiere usted que lo anote?

Venga, arriba esas manos.

Aparta, yo me ocupo.

Vamos, a por Magallanes.

Oye, ¿qué hacemos?

Obedecer, por ahora.

¡Alto!

Muévete y será lo último que hagas, esclavo.

Pero ¿qué broma es esta?

Señor Magallanes, daos por preso.

¿Os habéis vuelto loco?

Soy el almirante de esta flota.

¡Sacadlo a cubierta!

Mira, Paco, han detenido al almirante.

Vamos, entremos.

Por fin, aquí está. ¡El mapa de Magallanes!

Pero...

Solo está lo que hemos recorrido. No lo que falta.

¿Qué burla es esta, Magallanes?

¿Dónde está el verdadero mapa?

En mi cabeza.

Aquí se va a montar una gorda.

¿Qué queréis decir? ¿No hay mapa?

Cada día anoto la ruta del día siguiente.

Prometo comunicaros cada mañana la ruta del día.

Deteneos, bribones. No vamos a permitir un motín.

Quieto todo el mundo.

No quiero derramamientos de sangre.

Deponed las armas, he dicho.

Está bien, hagamos lo que dice el almirante.

Os lo ruego, volved a vuestros puestos.

En ese caso...

Es un poco tarde para eso.

Ahora sabemos que no hay ningún mapa,...

ni tampoco ningún paso hacia las Molucas.

¡Magallanes está loco!

¡Nos perderá sin remedio!

¡Volvemos a casa!

¡Levamos anclas, señor Elcano!

¿Qué decís, almirante?

¡Soy el nuevo almirante y os ordeno levar anclas!

De acuerdo.

¡Levad anclas!

¡A Sevilla!

Si volvemos con Magallanes vivo, nos condenarán.

¡Soltadme!

Yo me hago cargo.

Navegamos muy cerca de la costa. Vamos a encallar.

¡Cuidado!

¡Los barcos se acercan peligrosamente a la costa!

¡Hemos destrozado el casco por estribor! ¡Nos vamos a hundir!

¡Nos estamos escorando!

¡Se hunde La Santiago!

¡Mi nave!

¡Sálvese quien pueda!

Son aguas peligrosas,...

estamos poniendo en peligro a nuestros hombres.

Se hunde sin remedio.

Vamos, preparad los botes, tenemos que ayudarlos.

Se ahogan y las otras naves pueden naufragar.

Volved a vuestras naves, obedeced mis órdenes.

Socorred a quien podáis, cuidado con la corriente.

¡Van directos a los acantilados!

La corriente nos arrastra a nosotros también.

Hay que hacer algo.

-¡Hay un estrecho ante nosotros! -¿Un estrecho?

Por fin, ese es el paso que buscamos.

Estoy seguro, confiad en mí, os lo ruego.

¡Magallanes nos conduce a la muerte!

Juramos lealtad a Magallanes y a Castilla,...

Bajad las armas.

Soltadle, Magallanes lo ha prometido, y le creo.

Y yo también.

Y yo.

Todos moriremos si continuamos sin un mapa.

¡Muerte a Magallanes!

¡Aparta!

Almirante, salvad las naves.

Yo me ocupo de él.

Debemos estar unidos, hay que salvar las naves.

¡Yo no admito más el mando de un portugués!

Ni yo.

¡Todos a sus puestos!

¡Tiene razón, a salvar las naves!

Enrique, ¿estás bien?

A vuestras órdenes, almirante.

Amigo mío, temía por vuestra vida.

Yo no sigo adelante.

Nos apoderaremos de una de las naves.

La San Antonio es la más cercana.

Daos preso, capitán.

¿Cómo os atrevéis a ponerme las manos encima?

Ha sido un error y lo ha pagado mi tripulación.

Vamos, date prisa, ¿es que no vienes?

Será mejor que me quede.

Jamás podría traicionar a mi almirante.

¡Andiamo! ¡Detened a los demás, que se escapan!

¡Volvemos a Sevilla!

Dejadles,...

no tenemos ninguna necesidad de traidores.

Y con este, ¿qué queréis que hagamos?

Ya basta, dadle una barca para llegar a la costa.

Quizás tenga suerte.

¿Cuáles son vuestras órdenes?

No hay tiempo que perder, volved a los barcos.

En el mío ya no hay capitán, nombradme a mí.

El señor Serrano será vuestro capitán.

Bien.

A vuestras órdenes, capitán.

¡Insensatos!

¡Todos los que sigáis a Magallanes moriréis!

Al adentrarnos en lo que parecía un canal natural,...

la incertidumbre crecía en la tripulación.

El paisaje cambió, los farallones y los acantilados...

mostraban su grandeza y su peligrosidad.

La corriente aquí es más fuerte.

En efecto, piloto, estad atento.

Tenía que haberme marchado.

Jamás hubiera imaginado un lugar tan terrible.

Entonces debería conocer el cabo de las Tormentas.

Es peor todavía.

Seguid adelante.

El mar abierto debe estar al otro lado.

¡Madonna! ¿Qué rumor es ese?

¡Cuidado a estribor!

¡Dios mío, la tripulación! ¡Protegeos, a cubierto!

¡Cuidado!

¡Coged los remos y apoyadlos contra el muro!

El canal aquí es más estrecho.

Será difícil pasar por esas rocas.

Lo conseguiremos.

¿Y si no lo conseguimos?

¡Sujetaos bien fuerte!

¡La Trinidad ha encallado!

¡Cuidado, cuidado!

¡No voy a poder conseguirlo!

Nos van a embestir.

-¡Vamos a chocar! -No puedo.

¡Gira todo a babor!

Es nuestra única opción.

¡El agua retenida nos arrastra!

¡Eso no será un problema!

¡Elcano lo ha conseguido!

Treinta y ocho días y treinta y ocho noches...

llevamos tratando de atravesar el estrecho.

Enrique, por fin lo hemos logrado.

¡Lo hemos conseguido!

¡Sí, lo hemos hecho!

Hoy, hemos descubierto un paso...

hasta este océano al que llamar mar del Sur.

¡Rumbo a las Molucas!

El mar del Sur.

Elcano, ¿a qué viene esa cara tan larga?

Toma.

Cógelo tú.

Esta vez he estado a punto de hundir la nave.

Lo has hecho muy bien.

Tan bien como el mejor.

Pronto serás un magnífico capitán.

En mitad del paso, tuve miedo.

Yo que creí que podría pasar el cabo de las Tormentas.

Todos tuvimos miedo.

Hoy has aprendido el valor de la prudencia.

Y yo me alegro mucho.

Ahora es más probable que volvamos enteros a casa.

¿A qué esperas? Coge el timón.

Hoy es 28 de noviembre,...

salimos del estrecho para entrar en el gran mar,...

al que dimos enseguida el nombre de Pacífico,...

por el que navegamos durante 3 meses y 20 días...

sin probar ni un alimento fresco.

¿Alguna vez habías visto un mar tan tranquilo?

Que va, para nada.

Creo que este océano no tiene fin.

Casi cuatro meses sin ver tierra.

Tenemos más de 25 marineros enfermos, almirante.

Tendremos muchos más si no conseguimos provisiones.

Tenemos que estar muy cerca.

¿Dónde diablos estáis, Molucas?

Para no morirnos de hambre,...

tenemos que comer pedazos de cuero y serrín.

El pan que comíamos...

ya no era más que polvo mezclado con gusanos,...

el agua también estaba podrida, nos hacía enfermar.

¿Os queda algo de cuero?

Hasta las ratas eran un alimento tan delicado...

que se pagaba medio ducado por cada una.

¿Qué es esto? ¿Ratas volando?

¿Son peces voladores?

Milagrosamente, la comida llegó del cielo.

¡Tierra! ¡Tierra a la vista!

¡Tierra, Paco! ¡Tierra!

¿Serán las Molucas?

¡Preparaos para desembarcar!

No conozco su lengua.

Entonces no son las Molucas.

Soy el almirante Magallanes y os saludo.

¿Quién será ese Samar?

No lo sé, pero no va a haber forma de entenderse.

El rey dice que sois bienvenidos a la isla de Cebú.

¿Habláis mi idioma?

Lo aprendí en las Molucas, no están muy lejos.

Pregunta si sois portugueses.

No, venimos en nombre del rey de Castilla.

¿Qué dice?

Dice que toda nave que pase debe pagar un impuesto.

¿Impuesto?

Tenemos una importante misión,...

no pagaremos peaje por atracar en una isla.

Pero nosotros somos dioses, mira, toca.

¿Cómo que dioses?

No creo que vayan a cobrar impuestos a unos dioses.

¿Qué? ¿Qué ha dicho?

Dice que, en ese caso, los dioses pagarán el doble.

Esto es un robo. De ningún modo.

Señor Elcano, ¿alguna otra idea brillante?

Dele un regalo, le gusta la túnica del escribano.

¿Por qué? ¿Por qué mi túnica?

No sea tacaño,...

seguro que en el barco tiene otra túnica.

Dice que son buenos impuestos, muy buenos.

Los salvajes de estas islas gustan de los impuestos...

tanto como un rey o un arzobispo de nuestro reino.

En mi opinión, un robo.

Lo de la túnica ha sido una gran idea.

Le felicito.

Gracias, almirante.

Mantengan una buena relación con los nativos.

Necesitamos descansar aquí unos días.

Espero que la tal Samar llegue pronto,...

aquí no hay quien se entienda.

Mira, ahí llega.

Ahí la tienes.

¡Ma che bella signorina, mis respetos!

Dice que el rey de la isla vecina, Mactán,...

no le paga los impuestos.

Ese rey es un peligroso enemigo y le...

le gustaría saber si nos ayudarían a vencerlo.

Dile que si nos proporciona un buen piloto...

que nos guíe hasta las Molucas, le ayudaré.

¿Quién será ese piloto?

Seguro que es algún pirata temible.

Esto debe ser una broma.

En fin, señor, no creo que ella pueda...

¡Elcano!

Bastaría con que nos indicasen la dirección.

Aquí no solo navegan los hombres.

Te daré una dirección, allá está nuestro enemigo.

¡Traigo obsequios!

Aquí no hay nadie.

¿Qué pasa?

Tengo collares, pulseras, espejos,...

brazaletes, navajas, colgantes, pendientes...

Cogedlos.

Joyas no queréis, vais en cueros, ¿algo de ropa?

No me hagas daño.

Unos zapatos casi nuevos,...

unas medias con buena ventilación,...

esta camisa de rayas, un pantalón de muy buen paño.

¿Los calzones?

Calzones, te gustan, ¿eh?

Entonces, escúchame...

Ha llegado el momento.

¡A los botes!

Que todo el mundo lleve su armadura por si acaso.

¡Tened cuidado!

Seguidme, estad atentos.

Avanzad con cuidado.

No se oye nada.

No me gusta tanta tranquilidad. Aquí no hay nadie.

¿Dónde estarán los nativos?

Hay demasiado silencio.

Hemos sido traicionados, preparaos para atacar.

¡Fuego!

¡Nos estaban esperando, almirante!

¡Volved a cargar los arcabuces!

La que he liado.

¡Fuego!

¡Vamos, volved a los botes!

¡Aquel es Magallanes!

¡Has sido tú, traidor!

Mirad, los nuestros huyen.

¡Tendremos que ayudarlos o nunca saldrán de ahí!

¡Fuego!

¡Hacia La Concepción!

¡Os teníais que haber puesto el casco, almirante!

Mi cabeza es más dura que un casco.

¡No, el capitán Serrano ha caído!

-¡Almirante! -¡A los remos!

No hay nada que hacer.

¡Esperad al almirante!

¡Almirante!

Llegó tu hora, Magallanes.

¡Traidor!

Me las pagarás.

¡Eh, nos atacan!

¡Coged las armas que podáis y todos a la borda!

Pero ¿qué hacéis?

Ahora veréis.

¡Tonterías a mí!

Salgamos de aquí o nos matarán a todos.

Pero, ¿y el almirante?

No hay nada que hacer, está todo perdido.

¡Eh! ¡No os vayáis!

¡Seguid disparando! ¡Fuego!

¡Eh, malditos!

¡Es Samar!

¡Aguantad, almirante!

¡No, almirante!

Guardad esto, señor Elcano. Es muy importante.

-¡Juan Sebastián! -¡Es Samar!

¡Deprisa, no tenemos tiempo!

-¡Samar! -¡Salta!

El almirante ha muerto.

Ya no podemos hacer nada.

¡Yago, Yago! ¿Dónde estás, sabandija?

Tranquilo, ¿qué pasa?

¡Me dan ganas de echarte a los tiburones!

Hemos perdido a muchos compañeros por tu traición.

Yo no he hecho nada, han sido esos caníbales.

Ah, ¿sí? Pues echémosle al agua si es un traidor.

Esperad, lo encerraremos hasta llegar a casa.

Allí lo entregaremos a la justicia.

¡Estúpidos, sois unos ilusos!

¡Nunca conseguiréis llegar a las Molucas!

¡Sois idiotas!

Sin el mapa de Magallanes, estáis todos perdidos.

¿Perdidos?

Entonces yo también estoy perdido.

De haber estado con él, podría haberle salvado.

Ha sido culpa mía. Debí acompañaros.

Hicisteis lo imposible por Magallanes.

Lo que importa ahora es curar a los heridos.

Tienes razón, Paco.

Hay que cuidarlos. Necesitamos víveres.

Deberíamos llegar a las Molucas cuanto antes.

Yo os llevaré.

Samar es el mejor marino de a bordo.

Decidido entonces.

Hoy lo ha demostrado.

Te llevaremos a casa, te lo prometo.

Hay que llegar a las Molucas cuanto antes.

Los heridos no pueden esperar.

¿A qué estáis esperando?

A un capitán que dé la orden.

¿Quién quiere que nuestro capitán sea Elcano?

-¡Elcano capitán! -¡Sí!

Si el almirante te lo dio,...

es porque quería que tú lo llevaras.

Otra vez es capitán. ¿Qué va a ser de nosotros?

Tú serás mi maestre,...

¿crees que La Concepción puede seguir navegando?

Imposible.

El boquete ha dejado inútil la nave.

Yo me haré cargo de La Victoria,...

y el capitán Espinosa, de La Trinidad.

Atención,...

nos trasladamos a La Victoria.

Espero que lleguemos pronto a las Molucas...

Necesito un buen descanso.

El romero me ha hecho capitán después de todo.

Tuvimos que abandonar La Concepción,...

quedándonos con dos naves de las cinco originales.

La tripulación, extenuada y diezmada,...

solo quería llegar a las ansiadas Molucas.

Preparaos para zarpar. ¡Levad anclas!

Todo listo.

¡Largad las velas!

¡A las Molucas!

-Es por ahí. -Ah, lo siento.

¡Todo a estribor!

Mira.

Serás...

Calma, escribano. Pronto llegaremos a las Molucas.

¡Tierra!

¡Por fin las Molucas!

¡Tierra!

¡Se acabó el balanceo!

¡Olé, olé y olé!

Las Molucas.

Hemos llegado.

Arribamos a las Molucas...

el 7 de noviembre del año de nuestro Señor de 1521.

Los marineros,...

acostumbrados a la monotonía del mar,...

y cansados de tantos sucesos y penurias,...

se maravillaron con el verdor del entorno,...

el bullicio en las calles,...

y la majestuosidad de los edificios.

Sobre todo, el rico palacio del rey Almanzor.

Almanzor y su hijo os dan la bienvenida.

Dice que hace tiempo soñó con vuestra llegada.

Quiere saber qué ha motivado tan largo viaje.

Dile que venimos en nombre del rey de Castilla.

Hemos venido a comerciar.

Le hace muy feliz comerciar con los castellanos.

En su honor, esta isla se llamará Castilla.

También es un honor para nosotros.

El puerto de Tidore, la capital de las Molucas,...

era un continuo ir y venir de gentes...

que llevaban ricas y valoradas mercancías...

transportadas en pesados carros.

Señor, 380 fardos de clavo y 100 de canela.

¿Cien fardos de canela? ¡Cien!

¡Es una fortuna!

Todo esto vale miles de escudos de oro.

Clavo, canela, nuez moscada...

¿Seguro que las naves aguantarán tanto peso?

No sé.

Señor Elcano.

¿Es tu familia?

Debéis marcharos pronto,...

los portugueses consideran suyas estas islas...

y pueden aparecer en cualquier momento.

Habrá que darse prisa en cargar las naves.

Tenéis razón, señor Elcano.

Andiamo, a cargar los barcos.

¿Qué ruta tomaremos? ¿La que nos trajo aquí?

Ese camino es demasiado largo.

¿Qué proponéis?

Seguir hacia el oeste.

Ahora sabemos que la tierra es redonda,...

seguro que llegaremos más rápido.

Esta vez no puedo ayudaros.

No conozco las aguas que llevan a Europa.

¡Estáis locos, siempre hacia el oeste y sin mapa!

¡Definitivamente locos!

¡Las Molucas a la vista!

Muy bien,...

mañana al amanecer llegaremos a puerto.

Te noto muy callado, ¿sucede algo?

Si necesitas ayuda...

Tal vez...

Llevo mucho tiempo fuera de mi casa.

¿Por qué no te quedas?

¿Quedarme?

El mar es también ancho aquí.

Juntos haríamos grandes navegaciones.

Pero tengo una deuda con este barco.

Debo llevarlo de vuelta, mis hombres me necesitan.

Yo también te necesito.

Lo siento mucho.

Entonces monta en tu barco y vete. Y no vuelvas.

¿Qué? No soy andaluz, soy vasco,...

y los vascos no dominamos el arte con las mujeres.

Zarparemos mañana, sin mapa. No sé qué hacer.

Prométele que volverás, es lo correcto.

Eso tienes que hacer.

Pero, pero... ¿aquí también vais a meter carga?

¡Me niego!

¡Tú te callas, gusano traidor!

Ahora, la travesía será por territorio portugués.

No podremos hacer escalas,...

eso sería nuestra perdición.

No nos apresarán.

Hay que cargar tantas provisiones como podamos.

Además de las especias, claro.

Samar...

Capitán, toda la carga preparada.

Capitán, ¿me oye?

¡Largad las velas!

Hay una vía de agua. Zarpad sin nosotros.

Esperad, os ayudaremos a repararla.

¡Capitán!

¡Capitán Elcano!

¡Los portugueses están casi entrando en el puerto!

¿Qué?

Si os descubren, os apresarán a todos.

El rey dice que cuidará de vuestros amigos.

Me quedo con ellos.

¡Rápido, levad anclas!

¡Tensad un poco más la vela de gavia!

¡Un momento, esperad! ¡Juan Sebastián!

¡Juan Sebastián!

¡Samar!

Para doblar un cabo difícil...

¿El cabo de las Tormentas?

Para pasar ese cabo, aléjate de la costa,...

o te llevará la corriente,...

pero no la pierdas de vista.

¡Así lo haré!

Ahora que lo sabes, vuelve.

Volveré.

¡Te lo prometo!

Rumbo al oeste, Paco.

Deberías estar contento, Juan Sebastián.

Hemos escapado.

Anote eso, señor Pigafetta.

Lo apunto tutto, presto.

Ella me quiere, así que... debería estar contento.

No te preocupes, volverás a verla.

Durante varios meses,...

recorrimos islas y mares donde había gentes,...

animales y plantas de todo tipo, tamaños y colores,...

y de nuevo,...

nos vimos en un océano inmenso

donde agotamos todas las provisiones.

El último pan y el último trozo de queso.

Algo es algo.

Bebed y comed despacio. Así engañaréis al estómago.

Pero si esto tiene más agujeros que mis medias.

Yo no tengo fuerzas ni para llegar a los obenques.

No se puede comer. Prefiero comerme mis medias.

Necesitamos comida.

Esa bruma indica que estamos cerca de tierra.

Grumete, suba a la cofa y eche un vistazo.

¡A la orden!

¡Capitán, el cabo de las Tormentas!

No hay tiempo que perder, a la maniobra.

Es el momento de ver si somos verdaderos marineros.

Ayuda, rápido.

¡No hay fondo en esta zona!

¡Cuidado, esto está lleno de rocas!

Vamos demasiado deprisa para controlar el barco.

Te has vuelto prudente, Juan Sebastián.

Aléjate de la costa o te arrastrará la corriente.

Tenemos que alejarnos de la costa.

Pero no la pierdas de vista.

¡Tened cuidado, no se ve nada!

Trataremos de mantenernos aquí.

Es una ola enorme.

¡Firme el timón, tenemos que virar en redondo!

¡Rápido!

¡Oh, no! ¡Es más grande que una montaña!

Nos va a tragar.

¡Sujetaos fuerte! ¡Esto se va a poner muy serio!

¡Allá vamos!

¡Cuidado!

¡Sujetaos!

¡No, el barco no va aguantar tanto envite!

¡Viremos, todo a babor!

¡Anda, sigo vivo!

Bien, Elcano.

¡Lo hemos conseguido!

Por poco.

Puede que no.

Capitán, la corriente nos arrastra.

¡Acantilados a proa, capitán!

¡Volvemos derechos a las rocas!

Todos estábamos enfermos y agotados.

¿Qué hacemos?

Rezar, la corriente es demasiado fuerte.

¡Tenemos que pensar algo!

Recoged las velas y cuando os avise, ¡soltadlas!

Pero hicimos un último esfuerzo,...

y el seis de mayo doblamos ese terrible cabo.

¡Ahora, soltad las velas!

¡Escollo a babor, otro a estribor!

Los veo.

El barco estaba deshecho,...

nosotros, agotados.

A pesar del peligro de cruzar territorio portugués,...

decidimos poner rumbo a Cabo Verde.

¡Lo hemos conseguido!

Pollo asado, jamón serrano,...

un pucherito...

¿Cuánto hace que no comemos?

¡Cabo Verde a la vista!

¡Al fin podremos comer!

Un momento,...

son islas portuguesas, habrá que tener cuidado.

Tranquilo, tengo un plan. Prepara las cazuelas.

¡A la orden!

Algo está pasando arriba.

Cabo Verde...

Todo saldrá bien.

Paco, disimula. Y tú rema y sonríe.

Nos estamos metiendo en la boca del lobo.

Qué extraño, un navío español.

Deben haberse perdido.

Tienen el barco destrozado.

¡Atención, el gobernador!

Él sabrá qué hacer.

¿Ahora qué te pasa?

Mi pobre barriga...

Creo que he comido demasiado.

¿Cómo es posible?

Alguien se equivocó...

y dejó aquí mucha comida en lugar de especias.

¿Comida?

¡Toma, tu comida!

Soy el gobernador de estas islas.

¿Quiénes sois vosotros?

Marineros castellanos, excelentísimo señor.

Una tormenta nos desvió y nos dejó sin provisiones.

¿Y qué transportáis en...

esa especie de nave?

-Vamos cargados de... -Esperanza.

Solo nos queda la esperanza.

Lo perdimos todo en la tormenta.

Sois unos pobres náufragos.

Hace días que no comemos nada, mi señor.

Está bien.

Que les den comida.

Por un momento pensaba que podríais ser parte...

de esa expedición castellana a las islas Molucas.

Qué idea tan descabellada.

Todo el mundo sabe que son portuguesas, eminencia.

Cuánta comida.

-Pan, vino, jamón... -¡Fruta, queso!

¡Venimos de las Molucas!

¡Vamos cargados de especias! ¡Apresadles!

Cargad lo que podáis.

¡Apresadles!

¡No te levantes, descansa!

Son ellos, ¡preparad los cañones!

Nunca saldrán de aquí.

¡Quieto!

¡Por el otro lado!

¡Rápido, que no escapen!

Esto pesa demasiado.

¡Que no veo nada!

¿Qué ha pasado?

¡Toma piña!

¡Piñas para todos!

Ya estoy...

Porras.

¡A los remos!

¡Os alcanzo enseguida!

Paso, disculpe, buena cabeza.

-¡Sujetadme, que voy! -Cuidado, capitán.

¡A los barcos!

Los cazaremos como a conejos.

Casi me mato.

¡Eh, los de la nave portuguesa!

Estoy aquí, en el palo mayor. Soy Yago.

Soy Yago, su fiel servidor.

¡Eh, señor Dacosta, estoy aquí!

¡Señor Dacosta!

Maldito espía inútil.

¿Están listos los cañones?

¡Vamos a hundirles!

¡Baja de ahí!

¡Señor embajador, esperadme!

Vaya, parezco un loro.

¡A volar!

¡Fuego!

¡Fuego!

Cuidado.

Remad fuerte.

No hay salida, ¡estamos rodeados!

Primero tienen que cogernos.

¡Tripulación, largad velas!

Timonel, todo a estribor.

¡Vienen muy deprisa, nos destrozarán!

Tranquilo, Elcano nos sacará de esta.

¡Fuego!

¡Fuego!

Señor embajador, esperadme.

Un portugués que se hace el sueco.

Esto va a ser pan comido, se mueren de hambre.

El barco de Dacosta les corta la retirada.

Cuando los entregue, podré volver a Portugal.

Esperad a mi señal.

Que nadie se mueva.

Qué extraño, ¿qué pasa aquí?

No entiendo. ¡No hay nadie a bordo!

¡Es un barco fantasma!

¡Ahora, disparad!

El barco del gobernador está en la línea de tiro,...

no podemos disparar los cañones.

¡Los abordaremos!

¿Esto no iba a ser pan comido?

¡A cubierto!

¡Bien! ¡Se retiran!

Gobernador, ¿seguimos tras ellos?

No, tanto alboroto no le conviene a mi peinado.

Que se encargue Dacosta.

El gobernador ha desistido de seguirnos.

Ahora a por el otro.

En cuanto intenten salir, morirán.

Señor Dacosta, tienen el mapa de Magallanes.

Nadie volverá a hacer nunca más ese viaje.

¿Va a atravesar la nave de los portugueses?

Tranquilo, quillo, ese es su estilo.

¡Así, estaremos fuera del alcance de sus cañones!

¡Al abordaje!

Señor, eso es muy peligroso.

Tú cállate. ¡Adelante!

Los tenemos encima.

¡A las armas!

¡No hemos llegado tan lejos para acabar aquí!

¡Al agua!

¡Qué mal, son muchos más que nosotros!

¡Qué importa! ¡A por ellos!

¡Toma!

¡Eh, mira eso!

En esa parte reparada debería estar el polvorín.

Quizá tengamos una oportunidad.

Entiendo. ¡Allá voy!

Hay que aguantar.

¡Preparad los cañones!

Vamos, no aguantaremos mucho más.

Sitio, dejadme pasar.

Ayúdame a subir.

Vamos.

¡Ahí estás!

¡Reviéntalo!

Sayonara, baby.

¡Lo sabía!

¡Le hemos dado en el polvorín!

Tenemos que separarnos de ellos.

¡Nos hundimos, señor Dacosta!

¡Imbécil...!

¡Tú tienes la culpa de todo!

¡Eh! ¡Estoy aquí!

Juan Sebastián, la explosión ha abierto una vía.

La bodega está inundada.

Pues tendremos que achicar el agua.

En Cabo Verde preguntamos qué día de la semana era,...

y los portugueses nos dijeron que jueves,...

aunque según mi diario, era miércoles.

Por haber navegado hacia el oeste, ganamos un día.

¡Tierra a la vista!

¡Ahí está el Guadalquivir! ¡Pronto veremos Sevilla!

Sevilla.

De los 240 hombres que formaban la tripulación,...

no quedamos más que 18. La mayor parte enfermos.

Hemos recorrido más de 14.400 leguas,...

y hemos dado la vuelta al mundo entero,...

yendo siempre en dirección oeste.

Mirad, ¿qué nave es esa?

¡Es uno de los barcos de Magallanes!

¡Lo conseguimos, hemos dado la vuelta al mundo!

¡Ahora sí que eres un auténtico capitán!

Y ahora mismo, vamos a colocarte la prueba de ello.

Quieto ahí.

Eh, ¿qué hacéis...?

¡Paco, mi Paquito!

¡Eh, Carmencita mía!

Ay, mi Paquito...

¡Mi alma, estás vivo!

¡Cómo has cambiado!

Tú también. Todavía tengo esta rama de romero.

Me trajo de vuelta.

Y te hizo capitán. ¿Encontraste el amor?

La magia del romero es muy poderosa.

-¿Volverás con ella? -Un marino vuelve siempre al mar.

Pero antes... ¡A celebrarlo! ¡Sí!

Suerte.

¡Sí! ¡Gran trabajo!

Somos Cine - Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo

10 abr 2020

Una de las aventuras más emocionantes jamás contadas: la primera vuelta al mundo. Un viaje que se inició bajo el mando de Magallanes pero que fue concluido por Juan Sebastián Elcano. Tormentas, hambre, frío, enfermedades, tribus, traiciones y todo tipo de increíbles aventuras se interpondrán en el camino de nuestros protagonistas. Cinco embarcaciones partieron del puerto de Sevilla. Tres años después solo una consiguió volver, completando así una aventura redonda alrededor de un planeta cuya redondez quedó finalmente demostrada.

Contenido disponible en España hasta el 4 de enero de 2030.

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