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No recomendado para menores de 12 años Somos cine - Llueven vacas - ver ahora
Transcripción completa

¡Nena!

¿Qué pasa?

Llueven vacas.

No fastidies.

Sí, mujer. Mira.

Llueven vacas.

Sí, es verdad.

Mira esa qué grande.

Es enorme, ¿no?

Sí. La blanca con... No, ya no la ves.

Qué rápido caen.

Voy a por el chubasquero.

¿Vas a salir con este tiempo?

Coge la escoba por lo menos.

¿Dónde has puesto el chubasquero?

Donde siempre, nena, donde siempre. Ahí encima.

No, aquí encima no está.

¿Para qué me casaría contigo?

Ni la casa ordenada puedes tener.

No olvides la escoba.

¿La escoba para qué?

¿Cómo que para qué?

Para no caerte.

Para apoyarte en ella.

Tu pierna.

Ah.

Sí. Sí.

¿Lo ves? Ya te has vuelto a olvidar.

Eres más despistada...

Me estoy hartando. No, no, no, no. No te enfades.

Ya me acuerdo.

El accidente, sí.

En el accidente ¿qué?

(TARTAMUDEA) En el accidente...

la pierna.

¿Cuál?

No... no sé. La...

La derecha. No, la izquierda. No, la derecha. Eso, sí, la derecha.

(SUSURRA) La derecha.

¿Qué accidente?

Era la derecha, ¿no?

Sí. La derecha.

Eres un desastre.

Perdóname.

Ya me acuerdo, ya.

(SUSPIRA) ¿Te duele?

No sé, de vez en cuando noto como...

Es que no sé cómo decirlo. ¿Te duele o no te duele?

(DUDA) Sí.

No, no, a veces.

Me duele justo cuando va a llover.

Por ejemplo, hoy no he notado nada.

Supongo que solo me duele cuando llueve...

(TARTAMUDEA) Cuando llueve...

agua.

(SUSPIRA) Se va a estropear la cosecha.

Va a ser nuestra ruina.

Qué desastre.

Y qué agujeros en el suelo.

Peores que los topos.

¿Lo ves?

(ASIENTE)

Ruina total.

Voy a... ¿Dónde vas si puede saberse?

Afuera. ¿A qué?

A ver la lluvia.

Anda... Anda, no seas tonta. Puede darte una vaca en la cabeza.

Sí, no lo había pensado.

Si es que estás llena de manías.

No, manías no, no digas eso.

No digas eso, que yo ahora no he hecho nada.

Nos estamos arruinando y tú solo piensas en salir a pasear.

¿Te crees que todo se soluciona paseando? ¿Eh? ¿Eh?

Llueven vacas y tú a pasear.

Se te quema la comida y tú a pasear.

No puedes dormir y a pasear.

Me gusta pasear hasta la carretera.

Me relaja ver los coches pasar.

Que no se te ha perdido nada en la carretera.

(Trueno)

Solo hasta el arcén.

Me quedo de pie en el arcén.

Solo.

Un rato.

Mirando los coches.

Los coches me miran.

Nena.

¿Cómo te lo hago ver?

¿No te das cuenta de que no puedes salir

con este tiempo?

Si no hace malo. Llueven vacas, pero no hace malo.

Hay estrellas y se ve la luna.

Tú eres tonta.

(Trueno)

No me digas eso, por favor. No me digas eso, por favor.

Cariño. Cariño.

¿Qué? No, que estaba pensando que...

¿Qué?

¿Puedo sacar unas fotos a las vacas?

No... no bajaré del porche, lo prometo, desde el balancín.

Y así llevas el carrete a revelar

porque es un día muy especial. No todos los días llueven vacas

y hace una noche tan bonita.

¿Sí?

Venga, vale.

Ve.

¡Qué bien! ¡Qué ilusión! Qué ilusión. No bajaré del porche,

te lo prometo. Te lo...

No des esos brincos, que vas a hacerte daño. Y coge la escoba.

Es verdad, la pierna, sí. (IMITA) Es verdad, la pierna, sí.

Gracias, mi amor. Eres más bueno.

Te la has colocado en el brazo que no es.

Pero por hoy tiene un pase.

Nena.

¿Dónde vas?

La cocina está para allá.

Es verdad.

Se me había olvidado.

Eso es.

Allí.

Así me gusta. A veces me pregunto qué vería en ti.

Por favor, sabes que no me gusta que me digas esas cosas.

Me hacen daño.

"Me hacen daño".

Tonta.

Tonta. (LLORA)

Anda.

Venga, date prisa,

que algunas vaquitas ya se escapan campo a través.

(LLORA) (MUGE)

(MUGE) (RÍE)

(Martilleo)

¿Qué te dijo el abogado? ¿Otra vez?

Sí, es que no termino de entenderlo.

Que el seguro no cubre los daños ocasionados por vacas.

¿Cómo que no? No. El seguro solo cubre

algunas lluvias y fenómenos climatológicos

como un ciclón, una tempestad...

Fue una tempestad. De vacas, pero una tempestad.

No había relámpagos, pero mugían.

Mugir es como tronar, ¿no? Puede parecerse.

Un poco, ¿no?

(MUGE)

Un poco sí.

Que no nos darán nada, nena. Qué desgracia.

Por eso rompiste los papeles. Pues sí, delante de sus narices.

Vaya un abogado, con su corbata rosa.

Un mariquita es lo que era. Todo repeinado como un mariquita,

ahí con la raya en medio.

Si hubiéramos capturado alguna vaca,

ahora tendríamos un poco de leche fresca por las mañanas.

¿Y quién iría a cazarlas? ¿Tú a lo "cowboy"?

(RÍE)

¿No ves que son silvestres? ¿Las moras?

¡Pueden arrancarte el brazo de un bocado!

Lo que me faltaba.

Mientras me dejaran un trozo de axila para apoyar la escoba.

Eso, y se lo pides a la vaca antes del bocado.

Señora vaca, por favor, ya sé que quiere arrancarme

el brazo de cuajo, pero mire, muerda solo hasta aquí, ¿eh?

Si no le importa. Yo le hago una marca con el dedo.

¿Ve mi dedo? No me lo vaya a zampar.

(RÍE) Pero ¡déjeme un poquito de sobaco!

Así cuando me levante no me caeré en redondo.

(RÍE) En redondo y de lado.

(GRITA)

(RÍE)

Qué ocurrencias tienes, nena. (RÍE) Y tú qué gracioso, cariño.

(RÍE)

Cariño.

¿Qué?

Lo que has dicho antes, lo del abogado que es mariquita.

¿Qué?

Que, con lo de mariquita, que... ¿Quieres decir que es...

algo así como retorcidillo?

Tú no te enteras, ¿no?

Es que mariquita puede ser tantas cosas.

Y yo ya no sé lo que es animal y lo que no.

Perdona, cariño.

¿Volverán a llover vacas?

Tal vez. Por favor.

Seguramente.

¡Qué alegría!

Me gustó mucho verlas, fue tan emocionante.

Lástima por los manzanos, pero fue tan bonito.

Tan extraño. No es tan extraño.

Llueven vacas por todo el mundo.

Qué increíble.

No me imagino una lluvia de vacas en el Polo Norte.

Pobres esquimales, con sus casitas de hielo.

Iglús. Iglús, ¿es otro animal?

Nena... ¡Es broma!

¿Volverán a llover vacas pronto?

Sí.

Qué ilusión.

(RÍE) ¿Te gustaría?

Cariño. ¿Qué?

Tienes carmín en el cuello. ¿Qué dices?

En el cuello de la camisa, carmín rojo.

Que no es carmín.

¿No?

Es sangre.

¿Te has cortado al afeitarte? Sí, me he cortado al afeitarme.

Pero si hoy no te has afeitado. Será carmín.

Será sangre de ayer.

Seguramente.

Pero esta mañana cuando he planchado la camisa estaba inmaculada.

Óxido de la plancha.

Es inoxidable. La camisa no.

La plancha. Hasta que se demuestre lo contrario.

También podría ser sangre.

Hasta que se demuestre lo contrario.

Porque rojo... sí es.

Óxido rojo...

carmín rojo...

Son cosas rojas, como ejemplo.

Es óxido porque lo digo yo y punto.

Y si fuera carmín ¿de quién podría ser?

No sé,

¿del mariquita? ¿El abogado?

No.

Es óxido.

Óxido rojo. Seguro.

¿Qué has ido a hacer a la ciudad? Hoy no he ido a la ciudad.

Yo de pequeña era alérgica a muchas cosas.

¿Lo sabías?

A la vida en el campo,

los animales, los golpes, mi padre...

¿Te lo he contado alguna vez? ¿El qué?

Lo de las alergias.

No, nunca me has preguntado nada. De mí, de antes de conocernos.

¿Para qué querría yo saberlo?

No sé.

Bastante tengo con saber cada día de ti,

como para saber cómo eras antes de conocerte.

Y no digamos de aguantarte.

A ver si tengo que aguantarte

los días que no tenía que aguantarte. El acabose.

¿Tan pesada soy? No, sabes que no, no eres pesada.

Molesta.

Eres molesta. Vaya.

Pero eso está bien. Eres molesta sin llegar a ser pesada.

Eso es bueno.

¿Me quieres?

Vaya preguntitas, nena, hoy estás inspirada.

(RÍE) Gracias.

A veces se me ocurren cosas,

como lo de antes, lo de las alergias.

Tú no tienes alergias. No, no tengo alergias.

Pero a las ostras sí. A las ostras...

Sí, y a la piña.

¿Cuándo has comido tú ostras?

De pequeña, con mi madre.

En una terraza de la playa.

Era un restaurante muy bueno.

Con terraza y un toldo gigante a rayas blancas y azules,

desde donde se veía el mar. Nena.

Soplaba la brisa. Yo era muy chica, muy chica, así de chica.

Y vestía de blanco y azul.

Y tenía un pequeño quitasol también blanco y azul.

Y el mar, con sus olas. ¡Tantas olas!

También era a rayas blanco y azul.

Nena. Y las ostras baboseando por la boca.

Me sentaron tan mal. Mamá las abría con un cuchillo corto.

Nena. ¿Qué?

Tú nunca has tenido madre.

(Martilleo)

"¿No me has visto?

No.

¿Qué haces?

Ojeas un álbum de fotos.

Pareces incluso feliz.

¿Todavía no me has visto?

Bien."

(RÍE)

"¿Te ríes?

¿De qué te ríes?

Hoy estás de buen humor, ¿eh?

Pues a mí no me hace ninguna gracia.

Un paso más y a ver qué dices que haces."

¿Qué haces?

No te he oído entrar.

-¿Dónde estabas? -Aquí, en el salón.

Ah, claro, en el salón. El salón está ahí.

-Y el dormitorio ahí. -Donde siempre.

Claro, donde siempre.

-¿Qué haces? -Pues...

Mirar fotos.

¿Quieres verlas? ¿Las vemos juntos?

Ven, siéntate aquí.

¿Quién es esta niña?

Yo.

¿Qué dices?

Sí. ¿Nunca has visto esta foto?

Tenía tres años. Haciendo equilibrio sobre una piedra.

Era tan niña. La piedra todavía anda por ahí fuera.

Se me daba muy bien hacer equilibrios.

Si de mayor quería ser...

¿Cómo se llaman estas mujeres

que con una cuerda, desde muy alto...?

Ahorcadas.

No, hombre, no.

¿Estás segura?

¡No me líes!

Que van por encima de la cuerda,

de una punta a otra o de un árbol a otro y...

Y dan volteretas en el aire en los circos

y unos saltos impresionantes. Dobles mortales, triples mortales,

-cua... -Cuartos mortales.

Eso, cuartos... mortales.

Pues eso, que de pequeña quería ser...

¿Cómo dijiste?

Ahorcada.

Sí, ahorcada. Ahorcada con... con faldellín de gasa

y zapatillas de punta.

Es que de pequeña era tan frágil, tan ligera.

Para volar más alto,

para hacer tonterías de niña.

Suerte que mi padre sabía lo que me convenía

y me sacó todas esas burradas de la cabeza.

Mira, te... Aquí está esta otra foto.

Sabes que no me interesa.

Solo esta. Solo... solo esta.

Mira, aquí estoy en la puerta del último colegio donde estudié.

Papá les decía a todos los profesores que tenían que tratarme con cuidado,

que era muy sensible.

¿Tú sabes que yo soy muy sensible?

-Tienes que tratarme con cuidado. -No tendrás queja.

No.

Entonces cállate.

-¿Qué te pasa? -Que me aburres. Tú y tus fotos.

Un día cogeré el álbum y lo tiraré por el balcón.

¡No!

Era una broma. Solo una broma para enfurecer un poquitín

a mi niña sensible.

Idiota.

A ver el cuello.

¿Ves? No hay nada como el agua oxigenada

para quitar el óxido.

Por estas cosas te quiero.

Por estas pequeñas cosas que haces por mí,

para mí,

solo para mí.

Pero a mí me gusta hacértelas.

¿Te he enseñado las fotos de las vacas?

-Míralas. -No, no. Dijiste que solo una foto.

Ya van a ser dos.

Pero ¿no tienes curiosidad por ver cómo las he colocado? Mira.

Muy bonitas, haces unas fotos muy bonitas.

Gracias.

(MUGE)

(MUGE)

(MUGE)

(CROA)

(MUGE)

-(CROA) -(MUGE)

(CROA)

La próxima vez que llueva sacarás más fotos.

¿Será pronto?

Lo intento, coño, ¡lo intento! Pero ¡me irritas!

¿Quién es esa mujer?

Era de mi padre, pero ya no.

No sé.

¿Por qué no se abrazan?

¿Cómo que "por qué no se abrazan"?

Ella...

No sé, ¿no lo ves? Está...

ladeada como rehuyéndole.

¿Pues si no lo sabes tú, quién lo va saber?

Me acuerdo.

¿No le dijiste una vez que tenías una tía a la que querías mucho?

¿Tía?

Sí, una hermana de tu padre.

Hace poco me enseñaste esa foto y me dijiste que era tu tía.

¿Te dije cómo se llamaba?

Está puesto detrás de la foto.

Siempre escribes los nombres detrás de las fotos para no olvidarte.

Es verdad.

¿Y qué pone?

Ma... Ma...

Ma... Ma... Margarita.

-Margarita. -Sí.

Eso es, ahora me acuerdo.

Margarita, mi tía, se llamaba como yo. Margarita.

Es que... me emociono.

Hacía mucho que no miraba estas fotos.

Me gusta mirarlas.

Me pongo triste, pero me gusta mirarlas.

Cariño,

dentro de poco volverán a llover vacas.

Qué bien.

Sí. He leído en el periódico que la tormenta ha girado

y está de vuelta.

Qué alegría. ¿Me traerás un carrete de la ciudad?

Dalo por hecho.

Entonces mi padre se llamaba Kodak.

(SILENCIA)

(RÍE)

(RÍE)

Te he traído un regalito.

¿Un regalito para mí?

Claro. ¿Para quién sino?

Para ti, solo para ti.

¿Un regalito... pequeño?

Un regalito...

Un carrete de fotos.

Es pequeño, pero no tanto.

¿Hoy es mi cumpleaños?

Que yo sepa no.

-¿Y qué día cumplo yo años? -No lo sé, Margarita.

-Sí, hombre. ¿Cómo no lo vas a saber? -El 29 de febrero.

No, no. Es más a principio del otoño. Es...

el...

-¡Es un carrete de fotos! -No.

¿Entonces qué es? Dímelo. No sé, me rindo.

¿Qué es? ¿Qué es?

Míralo.

Ahí lo tienes.

¿Para mí?

Pero no es un regalito.

-¿Qué es? Dime qué es. -¡Ábrelo!

Una piedra.

La piedra.

Tu piedra.

Si cuando la vi fuera, me dije: "Es su piedra".

La piedra de la foto.

Y te la he traído. Fíjate que yo no suelo fijarme en las piedras,

pero te la tenía que traer.

¿Te gusta?

¿Te quieres subir?

Sí.

Ten cuidado.

Recuerda: la pierna.

La derecha.

Sí, la derecha.

Venga.

A ver si todavía te queda equilibrio.

Es que ahora me da miedo

porque de pequeña tenía las dos piernas.

Venga, no seas miedica.

No, no, no soy miedica.

Me subo.

No me sueltes.

Mírame.

"Pareces la niña de tres años que nunca más volverás a ser."

(RÍE)

"Y qué lejos estás de esa niña,

aunque a ti te parezca que estás tan cerca.

Qué vergüenza."

(RÍE)

"Nunca te he visto una sonrisa tan amplia.

Y caes al suelo.

En redondo y de lado."

(RÍE)

Me duele.

¿Dónde, en la pierna mala?

No, no. Esta es la buena.

Creo que me he hecho daño. (RÍE)

Qué tonta eres. Qué tonta eres.

Ayúdame, mi amor.

Venga, Margarita. ¿Para qué tienes las manos, mujer?

Es que me duele, ¡que no puedo!

(Teléfono)

"El teléfono.

No.

Tus ojos.

El sonido.

No.

El teléfono no está sonando."

(Teléfono)

"¿Qué miras?

No me inmuto.

El teléfono no suena por tercera vez."

(Teléfono)

"Me estoy poniendo nervioso.

El teléfono no vuelve a sonar."

¡Ah!

Gracias, cariño.

-Venga, no pasa nada. Ya está. -No, si pasa.

-Ya está. -Sí pasa que me...

pues que me duele la pierna. Pero no me quejo.

No me quejo.

¿Has oído?

¿El qué?

Hace un momento.

-Si estábamos... -Mira, mira.

Mira qué cielo tan extraño.

¿Lo ves?

Se aproxima la borrasca.

¿Pequeña o que llovían vacas?

Mi amor, escúchame. Luego te veo.

Te tengo dicho que no me llames aquí. No puedes llamar.

¿Nena, te estás volviendo loca? No puedes llamar...

-¿Qué haces? -Nada.

-Estabas... -Estaba comprobando que...

-Hablabas. -Pero con nadie, solo comprobaba.

¿Y?

Sigue sin funcionar.

Vale.

-¿Cómo estás? -Triste.

La lluvia de ayer fue preciosa, ¿no crees?

Sí.

Fue preciosa, pero duró muy poco.

-¿Y por eso estás triste? -¡No!

-No. -¿Entonces qué es?

Que estoy triste por otra cosa.

Estoy muy feliz pero estoy triste por otra cosa.

-Porque no puedes hacer fotos, ¿no? -Sí.

Sí porque... es que no tengo carrete.

Bueno, pues...

yo voy a ir a la ciudad y te voy a comprar un carrete.

Un carrete no, te voy a comprar dos carretes

para que tengas muchas lluvias de vacas en álbum de fotos.

-¿De verdad, cariño mío? -Sí.

Gracias. Gracias. Gracias, mi amor. Gracias.

¿Cómo está la pierna?

¿Qué?

La pierna.

Pero si nunca me preguntas cómo está la pierna.

Que cómo está la pierna.

Duele.

Normal.

Podía haber sido peor.

Te podías haber matado.

¿Sí?

Pues sí. Con la caída te podías haber matado.

He tenido suerte.

Bastante. Pero a quién se le ocurre a tus años.

Es que me hacía ilusión.

Pero perdóname, cariño, que he estropeado tu regalo.

-Bueno, no pasa nada. -No volveré a subir, te lo juro.

-Es que me hacía ilusión. -¡Que no pasa nada!

Me hacía ilusión.

Lo sé.

¿Dónde lo has guardado?

-¿El qué? -La piedra.

¿La piedra?

En el horno,

porque no sabía dónde guardarla y digo: "La voy a dejar en el horno".

Sí, no. Ahí está muy bien.

El teléfono sigue sin funcionar.

Sí, sigue sin funcionar.

Podías llamar... a ver si lo arreglan.

Voy a ir ahora a la ciudad, voy ahora.

Si vas a la ciudad, por favor, no te olvides de traerme

mi carrete de fotos. Bueno, no, los carretes de fotos.

Y... y llama al técnico para a ver si arregla el teléfono.

-Pero cada vez que voy nunca está. -Pero llámale antes... ¡No!

(LLORA) No me pegues.

¿Cómo que no te pegue?

Pero ¿cuándo te he levantado yo la mano?

¿Yo cuándo te he levantado la mano?

No me hacen falta motivos, ¿me oyes? ¡No me faltan ganas!

Perdóname.

Perdóname.

Ya sé que me lo merezco, me lo merezco todo pero...

Fernando, Fernando.

-Fernando. -¿Qué?

-Que hace mucho que no... -¿Que no qué?

-Que tú y yo no... -¿Que no qué?

Que ya no...

Que ya no me tienes ganas.

Ganas de...

Pero ¿qué barbaridades dices? Claro que te tengo ganas.

Ah, ¿sí?

Otra vez.

¿Otra vez?

Sí, otra vez, Margarita. Esta mañana lo hemos hechos dos veces.

¿Tú con...?

Pero cómo que "tú con".

Ya, pero no me acuerdo. Sería con otra...

(DOLORIDA)

Perdona.

-Vale, para ya. -Perdona. (LLORA)

-¡Para ya! ¡Para ya! -Me asustas.

Pero ¿cómo que te asusto? ¡Te asustas tú sola!

Perdóname, cariño, perdóname.

No tienes ninguna consideración conmigo, ninguna.

Yo no sé cómo te aguanto, Margarita, ¡no lo sé!

¿Alguna vez has pensando todo lo que yo hago por ti?

¿Te lo tengo que recordar otra vez?

Claro que sí, claro que te lo tengo que recordar

porque eres idiota. No te acuerdas de nada.

-Que sí... -¿Sí qué?

Sí que... que sí me acuerdo. (LLORA)

Eres una irresponsable.

¡Una irresponsable como no hay otra en el mundo!

Y yo tengo una santa paciencia, Dios mío, tengo una santa paciencia

porque tengo que cargar contigo.

¿Tú alguna vez te has pensado, has pensado alguna vez

lo duro que es para mí tener que cargar con mi vida y con la tuya?

-¿Eh? -(LLORA)

¡Qué coño vas a pensar! ¡Qué vas a pensar si no has pensado nunca!

¡Sí, soy tonta! ¡Tonta! (LLORA)

Tonta es poco.

Toda tu irresponsabilidad es una responsabilidad extra para mí.

No puedo más, no puedo más.

El que diga que no me esfuerzo, el que diga que no me esfuerzo

contigo yo lo mato. Lo mato, ¿me oyes?

¿Tú sabes por qué hago esto? ¡Mírame!

¿Sabes por qué lo hago?

¿Porque... porque me quieres?

¿"Porque me quieres"? ¡Sí, porque te quiero, imbécil!

Porque te quiero y así me lo pagas.

Soy mala.

-Sí, mala. Muy mala. Y culpable. -Soy mala, soy muy mala...

Eres culpable. Culpable de todo lo que nos pasa.

Todo es por tu culpa, Margarita, por tu culpa.

Esta discusión que estamos teniendo aquí es por tu culpa.

-No... -Porque siempre equivocas

y yo ya estoy harto, harto, ¿me oyes? Harto, Margarita.

Nos casamos, tú y yo nos casamos.

¡Nos entregamos el uno al otro!

Y tú no haces más que.. me cargas de...

(LLORA)

¡De rabia!

¡De rabia!

¡De compromiso y de peso!

Yo no puedo más. ¡No puedo más!

Yo no soy tu padre.

No, no. No eres mi padre. No eres mi padre...

Encima quieres que te haga el amor.

Pero ¿cómo quieres que te haga el amor?

¡Yo no puedo hacerte el amor con todo lo que me lanzas!

No tengo ganas de hacerte el amor.

Esta mañana lo hemos hecho.

Dos veces.

Sí, dos veces.

Qué bien.

Me he quedado muy a gusto, sí.

-Cariño. -¿Qué?

Yo también me he quedado muy a gusto.

Mami.

"No debí dejarte a solas."

-¿Eres tú? -"Me confié."

Mamá.

¿Estás ahí?

Soy...

"Por suerte, llegué en el momento preciso."

-No si no... -¿No crees en mí?

Sí, sí que creo en ti.

-Claro que creo en ti, sí, sí, sí. -¡No crees en mí!

"No sé si es la primera vez que lo haces,

quiero creer que sí.

Si lo hubieras hecho antes,

me habría dado cuenta.

Tarde o temprano me habría dado cuenta,

pero te aseguro que será la última vez que lo haces.

Ahí, de pie,

sin nada que te sostenga.

Sostenida por las dos piernas,

por tus dos piernas,

aferrada al teléfono."

¿Quién te quiere más que yo?

Nadie.

¿A quién quieres más que a nadie?

(SUSURRA) A ti.

¿Y no confías en mí?

¿Totalmente?

-Sí. -¿Solamente?

Sí.

¿Y así me lo pagas?

No me lo demuestras.

-Pero vas a esforzarte, ¿verdad? -Sí.

-(GRITA) ¿Verdad? -¡Sí!

Sí, sí, sí.

Te voy a ayudar a esforzarte.

Vamos a asegurarnos de que hacemos las cosas bien.

-Cariño. -Espera un momento.

-¿Ahora qué? -¿Qué vas a hacer?

Volarte la pierna.

"Me miras como nunca me has mirado, ¿qué estás viendo?"

¿No lo entiendes?

Así nunca más volverás a dudar de qué pierna te falta.

(Martilleo)

La derecha.

¿Fernando?

¿Fernando?

¿Cariño?

¿Qué?

Que creo que se ha salido una rueda.

Se habrá aflojado, habrá que apretarla.

Mala pata.

-Es lo que pasa por ir con prisas. -Ya.

"Qué bajita pareces, qué pequeña."

Es que quería cocinar.

Voy a por un destornillador.

¿Me has construido la escalerilla?

¿Qué escalerilla?

Para poder cocinar.

No, no he tenido tiempo.

Es que tanta comida fría sienta muy mal en el estómago.

Pero he hecho algo mejor.

¿Sí?

-Sí. -¿Qué?

He bajado los fogones.

¿Qué?

Sí, al ras del suelo para que puedas cocinar.

-¿Eso has hecho? -Sí.

¿Y mi piedra?

¿El qué?

El horno, ¿qué has hecho con el horno?

Margarita, ¿tú quieres cocinar o no quieres cocinar?

-Sí. -Pues te he bajado los fogones.

Muy bien.

Eres un manitas.

No quiero que uses la escalerilla.

Si te da vértigo, ¿qué hacemos?

-¿Vértigo? -Sí.

Tienes vértigo, te mareas.

Es verdad.

Sí, así no tendré vértigo.

Mientras cocinas aprieto lo de las ruedas, ¿vale?

Luego iré a la ciudad a la colchonería para que no tengas

-que dormir en el suelo. -Vale.

¿Has visto cuántas cosas hago por ti?

-Oye. -¿Qué?

¿Y otra escalerilla para poder subir?

A ver, a ver, Margarita.

Mírame.

No quiero que te subas a escalerillas.

Tengo miedo de que te caigas,

-además... -Tengo vértigo, sí.

Es verdad, es verdad.

No me lo recuerdes que solo de pensarlo...

-No te pongas histérica. -No, no.

Además, no hace falta que vayas a la ciudad hoy,

si puedo dormir en la alfombrilla suave y peludita.

-¿Suave y peludita? -Sí.

Nunca me has pedido que me quede.

-¿No? -No.

Es que siempre vas a la ciudad por mí.

Estás yendo siempre a la ciudad por mí.

Me lo haces todo, Fernando.

Me consientes.

Me consientes como una princesa y yo no quiero molestarte tanto.

Son mis responsabilidades, puedo prescindir de ellas.

Nena,

soy tu marido.

Tus responsabilidades,

son mis responsabilidades.

Eres tan grande.

-No quiero que bajes al sótano. -Vale.

Y tampoco que subas al piso de arriba.

-Vale. -¿Vale?

Sí.

Tenemos dos días juntos, ¿verdad?

Para variar.

¿Quieres que vaya por el destornillador

o quieres arrastrarte por toda la casa?

Perdona por ponerme triste.

No me gusta que estés triste.

-Perdona. -Nena, me das grima.

Perdóname.

Tápate la cara, tápate la cara.

Ahí, ahí.

No te entiendo nada, nena.

Mejor estate calladita.

(SUSURRA) Un, dos, tres.

(SUSURRA) Un, dos, tres,

palomita blanca es.

Un, dos, tres, palomita blanca es.

Un, dos, tres,

palomita blanca es.

Un, dos, tres,

palomita blanca es.

"Confías en que vuelva,

no lo haré.

Iré directamente a la ciudad."

Un, dos, tres,

palomita blanca es.

¿Dónde estás?

"Estoy lejos,

muy lejos.

Cuando vuelva, te encontraré tirada en el suelo,

abrazada a mis zapatos, harta de llorar,

de sufrir por pensar que te he abandonado."

¿Fernando?

"Cuando regrese."

¿Cariño?

"Te pondrás tan contenta."

Fernando.

Cariño, ¿dónde estás?

(LLORA) ¡Fernando!

¡Fernando!

¿Qué haces con mis zapatos?

¿Te has quedado dormidita?

Sí, me he quedado dormida.

Qué frío está el suelo, me ha cogido el frío.

¿Cariño?

¿Qué?

¿Quién es ella?

Me llamo Coral.

Qué labios más bonitos tienes.

Es el carmín.

"Megareflection".

Coral va a pasar unos días con nosotros.

-Pero... -No rechistes que está hablado.

La casa está muy desordenada,

está todo sin limpiar, no he tenido tiempo.

Disculpe el desorden.

La habitación de invitados está arriba

y no he podido subir así.

No he podido.

-Margarita. -¿Qué?

¿Qué te ha pasado?

La rueda, que se ha aflojado la rueda.

Cariño, ¿has ido por el destornillador?

Estaba en el porche.

¿Y me vas a apretar la rueda?

(RÍE) Sí.

Tenemos una invitada, nena.

No voy a estar apretándote la rueda ahora.

Mañana, ¿de acuerdo? Seguro que hay un momento para apretarla.

Sí.

Mañana habrá un momento también, pero es que quería ir a la cocina.

Bueno,

pues ve.

Arrastrándote, no pasa nada por un día que te arrastres,

nadie se ha muerto por arrastrarse.

No.

No, nadie se ha muerto, pero no sé si a ella le molestará.

A mí no me importa.

Arrástrate todo lo que quieras, como en tu casa.

Venga.

Pues nada, me voy a la cocina.

Permiso.

Hemos traído la cena.

Voy a la cocina.

A ver, a ver,

¿qué ha dicho Coral?

¿Qué ha dicho Coral?

Coral ha dicho que hemos traído comida.

Voy a buscarla.

Qué ilusión,

cariño, la comida preparada.

La comida

y una botella de champán.

¿Champán y comida?

No hacía falta, de verdad.

Fernando me ha preparado los fogones para que pueda cocinar.

Es un tesoro mi Fernando.

¿Tienes el regalo?

-Sí. -¿Un regalo?

Qué ilusión.

Qué bien que cenes con nosotros, Coral.

¿Qué hay para cenar?

Ostras.

¿Te gusta tu regalo?

Ya está.

Prueba.

¡Prueba!

Prueba.

Así, así, ¿lo ves?

Gracias.

Gracias.

Gracias, cariño.

¿Qué te pasa?

-Te noto cansada. -Sí.

Estoy cansada, casi no dormí esta noche.

Ya, es que apenas cenaste.

No se puedo uno ir a la cama con el estómago vacío.

Fueron las ostras.

¿El qué?

Que me sentaron mal.

Nena, hay que cambiar la alimentación.

Nada de carne.

Las ostras son carne.

-Pero ¿qué dices? -Sí.

No, las ostras son marisco.

Fruto del mar.

Claro que sí.

Mira Coral,

Coral es vegetariana

y come ostras.

Si las ostras fueran carne, Coral no las comería.

Eso lo sabemos muy bien tanto Coral como yo, nena.

Tiene razón.

Tienes razón.

Además, estaban deliciosas.

¿Entonces de qué te quejas?

Y estás cansada porque anoche apenas cenaste.

Por eso estás cansadita.

¿Cansadita?

Pues cansadita, no pasa nada.

Otro día cenarás mejor.

Además, hicisteis mucho ruido.

¿Nosotros? ¿Cuándo?

Por la noche.

Intentamos no hacer ruido.

¿Os quedasteis hablando hasta muy tarde?

No.

Pues me lo pareció desde la alfombrilla.

Aunque algo dormiríais,

porque no parecéis tan cansados como yo.

Incluso tenéis buena cara.

Se duerme bien en la cama, ¿no?

-Mucho. -Ya.

¿Sabes lo que creo?

Que estabas excitada y por eso no podías dormir.

Como teníamos una visita.

Puede ser.

Qué ilusión.

Cariño, a veces solo ves las cosas negativas, nena.

Llega a cansar

tanto pesimismo.

Mira Coral.

Mírala, ¿eh?

¿Has visto qué alegre es?

Gracias.

Y si por lo que sea me siento triste, me pongo a bailar.

(RÍEN)

-Ya -Oye..

¿Y si bailamos?

-¿Ahora? -Sí.

¡Sí!

Vamos, pon un disco, nena.

-¿Cuál? -No sé, el que quieras.

¿Me dejas elegir a mí?

(Música lenta)

Nena, ven aquí a bailar con nosotros.

¡Vamos!

Qué bien se os ve bailando juntos.

Gracias, nena.

No la llames nena. Solo yo la llamo nena.

A mí no me mires así.

Lo siento.

Nena.

Nena.

(Martilleo)

Ya hemos llegado.

¿Habéis comprado algo?

¿No lo ves?

-¿Cómo te encuentras hoy? -Mal.

Pero ¿tan mal tan mal como ayer?

-Pero. -Vaya.

Sí y me pongo a pensar en mi padre...

-Cariño, ¿quieres que te ayude? -No, no hace falta.

Tuvo un final muy triste. Su ataúd no entraba en la fosa.

Habían hecho un agujero demasiado pequeño.

Fernando lo construyó con sus propias manos.

Recuerdo la luz del atardecer entrando por las ventanas,

el aire lleno de serrín,

Fernando con la mascarilla y sus ojos...

de animal.

Al entierro fue poca gente.

Fernando me acompañó a casa.

Durante todo el camino...

no dejó de mirarme.

Sus ojos se clavaban...

dentro, dentro. Aquí.

-¿Sabes cómo mira? -Sí, claro.

Nunca había sentido nada parecido.

Y al llegar al porche, ahí mismo,

en el balancín,

me pidió la mano.

Margarita, ¿puedo preguntarte algo?

-Sí. -Íntimo.

¿Tienes algún deseo, algún capricho particular

para el día en que mueras?

Ya me lo preguntó, antes.

¿El qué?

Tu capricho.

¿Mi capricho? ¿Y te lo dijo?

-Sí. -Y ¿qué te pareció?

Muy bonito. Solo quiero escucharlo de tus labios.

Es muy bonito mi capricho.

Flores.

Muchas flores, muchísimas flores.

Quiero que me entierren rodeada de flores.

Pero no flores en ramo, no.

Quiero que todo el campo esté cubierto de flores,

hasta donde alcance la vista.

¿De qué estabais hablando?

De la casa.

De lo pequeña que se me ha quedado ahora que no tengo piernas.

Como solo me puedo mover por la planta baja.

De lo pequeña y de lo grande.

No me mientas, nena.

Estábamos hablando de los caprichos.

¿Qué tal estás hoy, nena?

Bien, con tantas flores alrededor... me animan.

¿Para qué son?

Acabas de intoxicarte.

No, no.

-No. -¿No te duele la barriga?

-Será un empacho. -"Un empacho" dice.

-Si no has probado bocado. -Igual eres alérgica a las ostras.

No tengo alergias, pero a las ostras sí.

No, no, no puede ser.

Yo nunca he probado las ostras.

De pequeña con mi madre.

Nunca he estado con mi madre.

Yo era muy chica, muy chica. Así de chica.

A las ostras.

-Y a la piña. -Otra de mis manías.

¿Qué tienes ahí?

-"Megareflection". -Le dejé mi pintalabios.

Pareces una mona.

-No digas eso. -¡Digo lo que me da la gana!

Fernando tiene razón, estás más guapa sin maquillar.

Si quieres podemos ir un día a la ciudad, a comprar ropa.

-¿A qué? -A comprar ropa.

¿Sabéis qué? ¿Sabéis qué? Se me acaba de ocurrir ahora mismo.

-Otro capricho. -Otro.

Sí, sí.

Os lo voy a contar, pero no se lo digáis a nadie, ¿eh?

-Vacas. -¿Vacas?

-¿Qué? -Sí, vacas.

Me gustaría que el día que muriera...

llovieran vacas.

(Truenos)

¿La ves?

-No. -Es enorme.

Que no la he visto.

¿No estarás quedándote también ciega, nena?

¿También?

Las ostras te intoxicaron.

Igual te están afectando también a la vista.

Además de a la vida.

¿Quieres decir que...?

Te estás muriendo.

No.

No puede ser.

¿Cómo que no?

Que no he visto las vacas.

Pues más vale que las veas.

Estás en tu funeral.

(Truenos)

Fernando.

¿Qué?

Llueven vacas.

Y yo.

Yo también.

Ven.

Estás muerta.

No puedes llorar si estás muerta.

No, Margarita.

Puedes morir.

Puedes morir por mí.

-Que lo sepas. -Sí.

Puedes morir de verdad.

Mueres.

Has muerto.

Estás muerta.

Cariño, ¿quieres estar solo?

No.

¿Sabes?

No vio las vacas.

Quería ver las vacas y no las vio.

Pero murió igualmente.

Me quería tanto.

-Salgo. -¿Adónde?

Afuera, necesito aire.

Pero está lloviendo, muy fuerte.

Puede ser peligroso.

Me da igual, ¿no lo ves?

"Llueven vacas.

Qué poco a poco sucede todo.

Da la impresión de que la luz viaje más lentamente.

La realidad tiembla.

Se desprende el papel de regalo que la cubre

para descubrir que solo existe la relatividad.

Nuestra relatividad.

Y tú... permaneces ahí.

El suelo a tu alrededor inundado de flores.

Y Coral.

Y tú.

Las dos.

Lluvia.

Felices.

Te veo.

Un instante.

Porche.

El balancín chirría.

La lluvia y tú...

y yo corro entre las vacas que caen, corro.

Qué difícil es hablar del dolor."

Qué difícil es hablar del dolor.

Cariño.

¿Cómo estás?

Mírame a la cara, por favor.

¿Por qué te has pintado así?

Nena.

No sé qué me pasa.

Es el luto.

Cuesta, ¿lo entiendes?

Me gustaría que pensaras más en mí, ya es hora de pensar en los vivos.

No en los muertos.

-Fue mi mujer. -Ya no.

Qué sabia eres cuando quieres.

Pero con esa cara pareces una puta.

Que sepas que sigo pensando que deberíamos enterrarla.

Nena.

Siempre lloverán vacas.

¿Qué haces?

-Voy a la ciudad, ¿necesitas algo? -Me voy contigo.

-No. -Sí.

-Coral. -Me da igual.

-Coral. -¡Me voy contigo!

(GRITA)

(GRITA)

Perdona, necesito que me quieras más.

-Necesitas quererme más. -Lo haré.

Dame tiempo.

-No sé cuánto tiempo puedo darte. -Lo haré.

-De verdad. -¿De verdad?

De verdad.

Déjame que la entierre.

Hazlo.

Empezaremos de cero.

Empezaremos de cero.

Sé que es difícil.

-Imposible. -Sé que es imposible.

Pero podemos conseguirlo. Me lo dijiste tú,

antes de traerme a esta casa, ¿te acuerdas?

Todo está al alcance de la mano, de nuestras manos.

Es verdad.

Puedo llegar a quererte tanto.

A ver.

Lo haré.

¿Cariño?

¿Qué?

¿Verdad que llovieron vacas de verdad?

Claro.

Claro que sí.

Llovieron vacas.

Llovieron vacas de verdad.

Y volverán a llover.

(Música emotiva)

Somos cine - Llueven vacas

25 nov 2020

Fernando y Margarita son una pareja que vive en un hogar en el que él manda y ella obedece. De aquí nace un juego perverso en el que Fernando propone y Margarita acepta. Los dos llevarán este juego hasta sus últimas consecuencias.

Dirigida por Fran Arráez, cuenta con un genial reparto (Víctor Clavijo, Maribel Verdú, Laia Marull, Secun De La Rosa, Gloria Muñoz, Pedro Miguel Martínez, María Barranco, Asier Etxeandia, Mónica Regueiro, Sergio Peris-Mencheta, Carmen Mayordomo, Gemma Charines, Eduardo Noriega).

Contenido disponible en España hasta el 6 de Abril de 2026.

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