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No recomendado para menores de 12 años Versión española - El ciudadano ilustre - ver ahora
Transcripción completa

(Voz en inglés)

(Aplausos)

Hablaré en castellano.

Dos sensaciones encontradas me invaden al recibir

el Premio Nobel de Literatura.

Por un lado me siento halagado.

Muy halagado.

Pero por otro lado,

y esta es la amarga sensación que prevalece en mí,

tengo la convicción

de que este tipo de reconocimiento unánime

tiene que ver directa e inequívocamente

con el ocaso de un artista.

Este galardón revela

que mi obra coincide con los gustos y las necesidades

de jurados,

especialistas,

académicos

y reyes.

Evidentemente,

yo soy el artista más cómodo para ustedes.

Y esa comodidad

tiene muy poco que ver con el espíritu

que debe tener todo hecho artístico.

El artista debe interpelar,

debe sacudir.

Por eso mi pesar

por mi canonización terminal como artista.

La más persistente de las pasiones, sin embargo,

el mero orgullo,

me impulsa hipócritamente

a agradecerles por haber dictaminado el fin

de mi aventura creativa.

Pero, por favor,

no quiero que con esto interpreten

que los estoy responsabilizando a ustedes.

Nada más lejos.

Aquí hay un único responsable,

y ese soy yo.

Muchas gracias.

(Pocos aplausos)

(OFF) "Entrega de la Orden del Águila Azteca en México.

Otorgamiento de la Orden del Mérito

de la República Italiana.

Firma de la Carta por la Paz junto a otro artistas en Israel.

Entrega de la medalla de honor

de la Academia de Letras en Berlín.

Asignación de la Excelentísima Orden del Imperio Británico.

Apertura de la Biblioteca Daniel Mantovani en Barcelona.

Firma de ejemplares en el XI Encuentro

de escritores de Viena. Cancelado.

Lanzamiento del premio de novela Daniel Mantovani en México.

Reunión con el primer ministro italiano.

Gala de víctimas civiles en Irak

en el Palacio Real de Estocolmo. Cancelado.

Otorgamiento de la Orden del Mérito de Italia. Cancelado.

Entrevista para Diario de Argentina. Cancelado.

Cóctel en su honor en la embajada de Holanda. Cancelado.

Venta de libros en Estambul. Cancelado.

Inauguración de auditorio con su nombre en España. Cancelado.

Distinción de la Orden de las Artes y las Letras de Francia. Cancelado.

Cena para víctimas de terrorismo en España. Cancelado.

Disertación en la Feria del Libro de Guadalajara. Cancelado.

Gala en Johannesburgo con el presidente. Cancelado.

Distinción por la Universidad de Yale. Cancelado.

Entrega de la Orden de las artes y las letras en Lisboa. Cancelado.

Medalla de la Academia de Letras Brasileña. Cancelado".

Perdón, Nuria, me retrasé.

Un té para mí, Aida, por favor.

Se lanza la obra completa en mandarín en Pekín.

Charla y firma de ejemplares.

No.

¿Zagreb? ¿Lectura en el orfanato de St. Stephen?

No. ¿Qué más?

Ahmed Elcott, el director pakistaní.

Ganó todos los premios.

Los derechos de "El rostro perdido" para una película.

¿Qué le digo? Que no.

¿No hay nada para contar en Pakistán?

Que se ponga a escribir. Esa historia ya está contada.

¿Qué más?

Esto es lo de la Universidad de Osaka. Debería asistir.

Ah. La tercera vez que lo cancela.

Ellos reacomodan todo por su agenda.

Lo vemos después.

Está pendiente la nota a los de la BBC.

No, por ahora no.

Ah, llegó esto de Argentina.

De su pueblo, de Salas.

¿Salas? ¿Estás segura? Quieren que dé unas charlas.

Darle una distinción. No, charlas.

No, y en Argentina menos.

Mandan esto de la Academia de Letras de Varsovia.

¿Para cuándo es? ¿Qué cosa?

Lo de Argentina. ¿Para cuándo es? A ver...

Déjame ver.

La invitación...

para la semana que viene. Ah, la semana que viene.

Del 11 al 15 de abril. 4 días.

Quieren nombrarlo Ciudadano Ilustre de Salas,

que dé unas charlas.

Todo en el marco del aniversario del pueblo.

Salas.

A ver. ¿Me permites?

Hace muchísimo que no va, ¿no?

¿Hace mucho que no va?

Sí, casi 40 años.

Me fui a los 20 y no volví más.

Creo que hice una única cosa en toda mi vida,

escapar de ese lugar.

Mis personajes nunca pudieron salir y yo nunca pude volver.

¿Y piensa ir?

No.

De ningún modo.

Sigamos.

Recibí un montón de mails y llamadas de su editor.

¿Vicente? ¿Qué dice?

Eh... Lo de siempre,

da rodeos, pero lo que quiere saber, de manera elegante,

es si usted está escribiendo.

Dígale que sí, que siempre estoy escribiendo.

Cartas, conferencias, prólogos, recomendaciones, necrológicas.

Que si quiere le junto todo eso y se lo mando.

Dígale que cuando yo tenga algo

él va a ser el primero en enterarse.

¿Sí? Yo le digo.

Ah, llamó varias veces su contable.

Quiere reunirse con usted antes de fin de mes.

Tiene cerrado lo de EE. UU., de Canadá. Falta cerrar España.

(VOZ LEJANA) Tiene problemas con los operadores alemanes...

(Música triste)

(Teléfono)

(Teléfono)

Richard Anvil. Anvil Books, Nueva York.

No, no.

¿Terminamos acá? OK.

(Música triste)

Hola, Nuria.

Perdón. No, no, no. Nada, nada.

¿Podrá venir ahora?

No, no, No pasó nada.

Ahora mismo, sí.

Bueno, lo antes que pueda.

Bien.

Gracias.

Voy a ir.

Voy a ir.

¿Adónde va a ir?

A Salas.

¿Piensa ir a lo de Argentina? (ASIENTE)

Es la semana que viene. Sí.

¿Sí? Tenemos todos los compromisos absolutamente confirmados.

Ábrame la agenda en esos días.

¿Seguro que va a ir? Sí, seguro.

¿Seguro?

Sí. Sí.

Bien, bien, cancelo todo, compro los billetes y vamos.

Voy a ir solo.

¿No sería mejor que le acompañe yo como siempre?

Por si necesita alguna cosa. Esta vez prefiero ir solo.

¿No será mejor que le acompañe yo? Solo.

Y no se tiene que enterar nadie,

ni acá ni en la Argentina.

Nada de periodistas.

¿Seguro?

Solo.

Asunto cerrado.

(Avión en vuelo)

(MEGAFONÍA) "Señores pasajeros,

les habla nuevamente el comandante Caporosi".

"Quería informarles que compartimos vuelo

con el escritor Daniel Mantovani, premio Nobel de Literatura".

"Señor Mantovani, en nombre de la compañía y la tripulación,

es un honor haberlo transportado". "Muchas gracias".

(Aplausos)

(Megafonía inaudible)

Por acá.

Suba delante, por favor, que no lo tengo habilitado.

No, le voy a pedir que no fume en el auto, por favor.

Bueno.

(Música triste)

Son unas siete horas hasta Salas, ¿no?

No, son seis, por un atajo que conozco.

(RÍE)

(Estruendo)

Reventamos.

¿Y va a cambiar la rueda?

No, hace tiempo que ando sin auxilio, che.

¿Y cómo sale sin auxilio?

¿Puede llamar a alguien? ¿Tiene un móvil?

No, no uso. ¿Usted tiene?

No, tampoco uso.

¿Estamos cerca?

No, 100 kilómetros, estimo.

¿Y qué se le ocurre que podemos hacer?

Nada.

Cuando vean que no llegamos, van a salir a buscarnos.

Claro.

Si nos buscan en este camino secreto que no conoce nadie.

Joder.

Tome.

A lo mejor con papel prende.

¿Ese libro lo escribió usted?

Sí, sí, pero úselo.

Tengo varios, son para regalar.

Ahí está.

Qué imagen cursi, por favor.

Quemando mis propios libros para sobrevivir.

¿Cómo dice? No, nada, nada, nada.

Cuéntese un cuento, Daniel.

¿Que le cuente un cuento?

(RÍE)

Uno de los suyos.

Dos hermanos gemelos vivían en el mismo pueblo.

Como estaban enfrentados desde hacía años

y no querían ser confundidos,

uno de ellos llevaba siempre barba y el otro no.

El de barba vivía muy modestamente.

En cambio, el otro era rico.

Y vivía en un hermoso chalet que quedaba justo enfrente

de una enorme fundición que era de su propiedad.

Cada tanto recibía la sospechosa visita

de lujosos autos negros que venían de la capital.

Ambos hermanos...

visitaban con frecuencia el único cabaret que había en el pueblo.

Es así que durante el último año

lo único que los unía

era la obsesión por una misma mujer,

una prostituta pelirroja que había venido del Paraguay.

Y compartir esta relación era un tormento para ambos.

El rico...

convenció a la paraguaya para que se casara con él

y se fueron a vivir juntos.

El otro entonces quedó sumergido

en un dolor inmenso.

Fue así que una noche, imprevistamente,

se presentó en la casa de la feliz pareja con la excusa

de zanjar las diferencias que tenía con su hermano.

Salieron a caminar y a charlar por el predio,

pero, sorpresivamente, el de barba

tomó un hierro que encontró por ahí

y le asestó un golpe terrible, seco,

en la cabeza a su hermano,

que cayó muerto al instante al piso.

Después de eso acarreó el cuerpo y lo incineró

en uno de los hornos que tenía la fundición.

Finalmente,

se afeitó con mucho esmero

y se vistió con la ropa de su hermano.

A la media hora

estaba abriendo la puerta de la casa

donde la paraguaya lo esperaba para cenar.

La pelirroja no notó ninguna diferencia.

O vaya uno a saber,

se hizo la distraída por conveniencia.

Lo cierto

es que dicen que...

pasó los mejores meses de su vida,

los más felices, junto a esta mujer.

Hasta que... un día

llegaron los hombres que venían de la ciudad en sus autos negros

y confundiéndolo con su hermano,

¡bum!,

lo liquidaron.

Al parecer para ajustar algunas cuentas pendientes

que tenían con él,

y que él, por supuesto, desconocía por completo.

Y al igual que el de su hermano, su cuerpo...

no fue encontrado...

jamás.

Fin. ¿Terminó?

La pelirroja se quedó con todo.

Eran los gemelos Remoneda, ¿no?

Es un cuento.

Y el cabaret era El Volcán.

Señor.

Señor, despiértese, por favor.

Vámonos, che, no aguanto más.

Ya vuelvo.

(Claxon lejano)

¡Eh, acá!

¡Vamos!

-No, iban a pie por el camino de los patos,

cerca del campo de los Ostrowski.

Quédate tranquilo, Cacho, que está bien.

Sí, ya le digo.

Chao, Cacho.

-Mi intendente le pide disculpas y le da la bienvenida a Salas.

Dice que en un ratito pasa a visitarlo por el hotel.

No, no, mejor paso yo después por la municipalidad.

Perfecto. -¡Chao, Daniel!

Muchas gracias. Muchas gracias a usted.

(Puerta cerrándose)

(Canto de pájaros)

(Música suave de piano)

Hola.

(Ladridos)

Bueno, hasta acá llegamos. (RÍE)

Gracias por la compañía. A usted, Daniel.

Hasta luego. Hasta luego.

(Teléfono)

(Teléfono)

(Pasos acercándose)

Ahí viene.

¡Daniel!

Che, te pido mil disculpas por lo que te hizo el chófer.

Ya está, ya pasó.

También nosotros, mandar a Ramón, pobrecito...

Está bien. Fue todo una experiencia.

Ah, pero, muchas gracias.

Qué honor y qué lindo.

Por la tarde, tu primera clase pública.

Luego, entrevista en la tele.

A la noche, gran cena y baile en la Sociedad Rural.

Jueves, por la mañana sos jurado del concurso de pintura

acá, en la municipalidad.

Después, la segunda clase. Ya me perdí, ¿eh?

No importa, nosotros te vamos avisando.

Ah, de la lista que mandó tu secretaria,

no pude conseguir el colchón de látex

porque acá no había por ningún lado.

Lo mandé a pedir a Santa Rosa, todavía no llegó.

A ver, ¿qué es lo que te pidió?

"El colchón del hotel debe ser de espuma de látex,

nunca de poliuretano o de resortes".

¿Y qué más te puso?

"La dieta del señor Mantovani incluirá pescado frescos

al vapor o grillados, verduras de estación crudas,

nada de fritos ni conservas...". Perfecto, eso ya está.

"Se evitará todo tipo de encuentros

y/o ceremonias religiosas, cualquiera sea el credo.

Respecto a las reuniones sociales, el señor Mantovani

prefiere saludar con la mano, evitando besos y abrazos.

No le gustan la fotos, ni firmar ejemplares

y eviten preguntas relacionadas a su vida privada".

Todos avisados, perfecto.

(Sirenas y claxon)

Llegaron los muchachos.

¿Qué muchachos?

Los bomberos,

lo llevan a la Sociedad de Fomento para tu primera clase.

No, no, no.

No soy un jugador de fútbol, mejor vayamos caminando.

Daniel,

los bomberos prepararon algo muy lindo para anoche, ¿viste?,

con la reina de la belleza, que esto y lo otro,

y como no lo pudieron hacer, insistieron para hacerlo ahora.

(Llaman a la puerta)

Llegaron los bomberos.

(Cláxones y sirena)

(Ladridos)

(Cláxones y sirena)

(Cláxones)

Cuánta gente.

Bueno, vamos.

Empiecen, no más.

(Música de piano)

(LOCUCIÓN) "El mundo entero conoce a este hombre,

pero muy pocos saben cómo se inició todo

un 5 de febrero de 1954".

"En la República Argentina,

en un pequeño pueblo a 734 kilómetros de Buenos Aires,

llamado Salas,

nació un niño de nombre Daniel llamado a trascender".

"Siendo un muchacho, Titi, como lo llamaban sus amigos,

se arriesgó a todo o nada y partió con lo puesto

al viejo mundo para cumplir su sueño,

convertirse en escritor".

"Libro a libro fue abriéndose paso para, finalmente,

convertirse en un destacado literato

de renombre internacional".

"Pero aún faltaba más,

el punto "cúlmine",

el Premio Nobel de Literatura".

"Así, nuestro querido Daniel pasó a integrar

el parnaso de los grandes maestros de la literatura mundial

de todos los tiempos".

"Sus obras dieron a conocer

la cultura y los personajes de nuestro pueblo

en todos los puntos del globo".

"Pero estos laudos sobresalientes

no hicieron mella en su personalidad,

que sigue manteniendo los valores de humildad y respeto

inculcados en su niñez en nuestro querido pueblo".

"Su madre, la querida doña Clara,

que partiera de este mundo hace ya 40 años,

y su padre, el recordado don Víctor,

que la siguiera al más allá casi una década después,

donde quieran que estén, sin dudas,

estarán orgullosos aplaudiendo de pie a su único y querido hijo".

"Nuestro hijo".

"El hijo de Salas".

(Aplausos)

-¡Grande, Daniel! -¡Grande!

Sin llorar, Daniel, sin llorar, con alegría.

Yo tuve un sueño,

una idea loca que quise hacer realidad.

Todos me decían que estaba loco,

que era imposible que una figura así no me llevaría el apunte y tal,

pero les quiero demostrar que con tesón,

con esfuerzo, con imaginación,

a veces los sueños se convierten en realidad.

Y entonces, nosotros, gente común, gente de trabajo,

lo hemos logrado.

Yo digo:

"Qué orgullo para todos los argentinos", ¿no?

Diego, el papa,

la reina de Holanda, Messi,

y ahora vos, Daniel, querido.

(Aplausos)

Es un honor para mí hacer entrega

de la máxima distinción que otorga la comunidad salense,

la Medalla de Ciudadano Ilustre

de la mano de nuestra Reina de la Belleza.

(Aplausos)

Y ahora sí,

con ustedes... el Premio Nobel de Literatura

y flamante Ciudadano Ilustre de Salas,

Daniel Mantovani.

Ah, bueno. (RÍE)

Queridos amigos,

eh... ¿Lucía? ¿Sos Lucía?

Sí, sí. (RÍE)

Es mi maestra de sexto grado, Lucía De Agostini.

Ahora charlamos.

Hola a todos y gracias.

Y...

sí, soy el que hizo famoso a Salas,

lo admito, soy el culpable.

(Risas)

Ahora, en serio,

es muy fuerte para mí recorrer

nuevamente mi pueblo, nuestro pueblo,

vivirlo,

porque si bien llevo casi cuatro décadas viviendo en Europa,

yo sigo siendo de Salas,

aunque no lo quiera.

Es por eso que este premio es diferente y único

y, en cierto sentido,

quizás es mucho más importante que el Premio Nobel

porque el Nobel

se lo negaron a escritores geniales como Borges,

y, entre nosotros,

los de la Academia sueca querían que, al recibirlo,

yo me pusiera un traje de etiqueta bastante ridículo...

(Risas)

...y que le rindiera pleitesía

a un rey y a una reina en pleno siglo XXI.

Por supuesto que me negué,

no tengo el menor respeto por las monarquías.

Aunque esta vez voy a hacer una excepción

con la maravillosa reina de belleza que nos acompaña.

(Aplausos)

Me siento muy honrado de ser Ciudadano Ilustre de Salas

y espero llevar...

con dignidad este galardón.

Salud a todos y muchas gracias.

(Aplausos)

No, no, fotos, no. Eh, dejalo, dejalo.

Ah, ¿fotos, sí?

Entonces, fotos, sí.

Atentos todos, a la cuenta de tres decimos: "Whisky".

Uno, dos, tres.

(TODOS) ¡Whisky!

Una más, por favor.

Más juntitos.

Listo.

-¡Bien! ¡Bravo!

Podría esgrimir argumentos profundísimos,

sin embargo, solo puedo escribir cuando tengo algo para decir.

Justamente por eso que no escribo desde hace casi cinco años.

¿Alguien quiere hacer una pregunta?

¿Sí?

¿Es verdad que la infelicidad es el mejor estado

para la creación artística?

No, no creo que el sufrimiento garantice la producción

de grandes creaciones artísticas, no.

No sé, Rimbaud o Van Gogh tuvieron vidas tortuosas

y dejaron una gran obra artística,

pero podría citarte grandísimos artistas

que tuvieron vidas apacibles, pacíficas.

Sin ir más lejos, Jorge Luis Borges.

¿Alguien más?

Yo leí un reportaje donde usted dijo lo contrario.

Dijo algo así como que los países con mayor bienestar

tienen una producción artística menos interesante.

No, no creo haber dicho eso para nada,

es el mito del artista torturado y yo no creo en eso.

Gracias de todos modos, ¿eh?

Gracias porque es una muy buena pregunta.

Bueno, si les parece, terminamos por hoy.

Muchas gracias por venir, los espero mañana

y espero que lo hayan pasado tan bien como yo.

Gracias.

Muchas gracias. Muchas gracias, don Requina.

Es un escultor del pueblo fantástico, tiene...

-Daniel. -Ovidio, la trajiste.

Ah, Deportivo Salas. Muchas gracias.

Epa, epa ahí.

Ah, mira, mira, mira.

Hola. Uno, dos, tres.

Su atención, por favor, al señor Daniel Mantovani.

Tenga mucho cuidado,

no se deje secuestrar por esos políticos

que lo único que quieren es la foto.

¡Son unos chantas!

¿Quién es? Dame, te llevo las cosas al hotel.

Titi. ¡Antonio!

Titi, qué lindo. No lo puedo creer.

Titi.

Hace miles de años que no me dicen Titi. ¿cómo estás?

Bien, acá en el campo, trabajando, yendo y viniendo.

Y vos, mirá cómo estás, qué bien que estás, estás igual.

No, qué voy a estar igual. Te lo juro.

¿Te casaste? ¿Tenés hijos?

No, casarme, casarme, no. Tuve algunos amores.

Hijos tampoco, ¿y vos?

Yo me casé con Irene.

¿Con Irene?

¿Viste vos lo que son las cosas? Mirá, vos.

Vos te fuiste y yo me quedé con tu novia.

Veinticinco años hace que estamos casados.

Uh.

Te gané. Con Irene, mirá qué bien.

¿Y está acá Irene ahora?

No, no, Irene está en el campo,

armó en el campo, en el medio de la nada,

un taller para chicos pobres y va y viene, y trabaja de eso.

Sí. Ah, mirá.

¿Por qué no venís esta noche a comer a casa?

No puedo, tengo una cena en la Sociedad Rural,

pero mañana puedo. Ah, dale, dale, dale.

Te voy a hacer un asado "premium", ¿eh? Ahí está.

Susana, todo tuyo, cáchele.

Va a ser un gusto. Chao, Titi.

Le quito unos minutitos.

Dígame. Le cuento...

(Ladridos)

Daniel, buen día. Toca TV Cooperativa.

Pero... Buenas tardes, disculpe.

¿TV Cooperativa no quedaba cerca, antes de Sarmiento?

Sí. Ah, entonces voy caminando.

Sé perfectamente dónde es. Vaya. No más, gracias.

OK.

(AMBAS) Buenas tardes. Adiós.

(Música suave)

Hola.

¿Nombre y profesión?

¿Perdón?

¿Nombre y profesión? Daniel Mantovani.

Escritor.

(INAUDIBLE)

Yo hice la locución del video que pasaron hoy.

Ah, quedó buenísimo, gracias.

Daniel, una pregunta simple, pero creo interesante,

¿por qué sos escritor?

Bueno, no es simple.

Es una pregunta de muy difícil respuesta.

Yo creo que...

un escritor, un artista en general,

es alguien que no acepta el mundo tal como es,

alguien a quien la realidad

no le alcanza o no lo satisface

y necesita crear, inventar,

cosas nuevas para incorporar al mundo.

Una persona común, digamos, normal,

no necesita eso, es feliz en el mundo tal como es,

no sé qué es mejor.

Y además, soy escritor porque no me quedaba otra,

en todo lo demás he fracasado.

Eh, Daniel,

¿por qué en 40 años nunca te dieron ganas de volver,

al menos un "finde"?

Yo quería volver, pero...

como una mirada sin cuerpo,

volver como quien ve una película,

quedar reducido a un par de ojos, a un par de oídos,

más allá del dolor, digamos,

ver el pueblo como quien entra a un cine.

Pero bueno, más allá de todas esas elucubraciones,

lo importante es que estoy aquí. Ajá.

¿Qué toma el Premio Nobel de Literatura,

Daniel Mantovani, cuando tiene sed?

¡Toma... Jugosa Miguel, de Ricardo y Felipe Vicentini!

Naranja, pomelo y durazno.

Si tiene sabor hasta la última gota,

es Jugosa Miguel,

el jugo que no puede faltar en la mesa familiar.

Bueno, Daniel, tengo que despedirte.

Muchísimas gracias por tu visita.

Realmente un honor, un lujazo para nuestro programa

el haberte tenido, gracias.

Muy bien.

Bien, continuamos.

Estamos en línea con el coordinador

de los chicos de tercer año del colegio Don Bosco,

quienes han viajado a Bahía Blanca...

¿Señor, un jugo? No, muchas gracias.

Maestro, ¿sabe quién soy?

Renato Privitelo, el hijo de Aurelio Privitelo.

Encantado, mucho gusto. Mucho gusto.

Papá era Tomasito, el chico de la bici,

que se lo pasaba repartiendo los pedidos.

¿Quién? En su novela,

"El gigante de arena",

hay un chico que va en bici repartiendo.

Aparece en varios capítulos, ese chico era mi viejo.

Me alegro, de todos modos, me acuerdo del personaje, pero...

Papá trabajaba con don Gregorio, que lo tenía de aquí para allá.

Quiero decirle que soy su admirador

y estoy muy orgulloso de que papá haya estado en una de sus obras.

Muchas gracias. Papá ya no está entre nosotros,

pero estoy seguro que sería un privilegio para él.

De alguna manera, usted lo ha hecho inmortal.

Bueno. Se lo agradezco. ¿Me firma?

Pero sí, claro, por supuesto.

Permítame.

Muchas, muchas gracias.

¿Le molestaría darme un abrazo?

No, hombre, claro.

Muy bien. En realidad, Daniel...

Me tengo que ir.

Estaba acá para invitarlo a almorzar a mi casa.

Mamá hace unos raviolis de sesos que son únicos.

Y le queremos hacer un homenaje, para nosotros es un lujo.

Imagínese. Debería ser el viernes,

que es el día que tengo franco en el trabajo.

¿Le paso le paso la dirección? Es Casteli. Casteli, 111.

Acá, está pegado a la comisaría, del otro lado hay un baldío.

Le entrego el papelito, quédeselo usted.

Lo espero el viernes a las 12:30-13:00, ¿eh?

En realidad va a ser difícil, yo le diría imposible,

porque dependo de un itinerario que me han armado acá

y que está apretadísimo.

Le agradezco mucho de todos modos. Renato, fue un gusto conocerte.

Me tengo que ir.

(MEGAFONÍA) "Encendemos nuestro fuego

para la V Fiesta Nacional del Asado,

los 4 días de fiesta alrededor del fogón

más caliente de América...".

Llamó Nuria de Barcelona,

de una radio y un diario de Buenos Aires

que preguntaron por usted.

Pero tranquilo, hice lo que usted me pidió,

les dije que no sabía de quién hablaban.

Perfecto. Ah.

Recién llegaron unos regalos y se los llevé a su habitación.

Muchas gracias.

Bueno, gracias.

(Música suave)

(Ladridos fuera)

"Estamos 'adelgamatendo' con yerba ¡Adelga Mate!,

única yerba adelgazante del país.

¡Adelga Mate!

Adelgace tomando mate con yerba... ¡Adelga Mate!".

(Televisión de fondo, publicidad)

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

¿Sí?

Decile que ya bajo.

¿Irene?

Tenemos una hija,

vivimos en una casa muy linda.

Qué bueno.

No te digo que Salas se haya convertido

en un pueblo interesante. No, para nada,

pero con Antonio construimos una vida agradable y...

¡Huy!

Agradable.

Qué adjetivo horrible que dijiste.

¿Y por qué no viniste a mis clases?

No te interesa escucharme ni un poquito, ¿no?

¿Para qué voy a ir a tu show?

Además, a esa hora no puedo,

doy clases en una escuelita en Colonia Rawson.

Es acá a 30 kilómetros... No me trates como a un gringo.

Conozco Colonia Rawson mejor que vos.

Mi vieja y mis tías eran de ahí.

Fui miles de veces cuando era chico.

Doy Geografía.

Les leo cuentos también y...

Soy consejera, psicóloga, cocinera...

Son chicos que viven aislados.

Sí. Son hijos de peones, necesitan...

estímulo. Claro.

Sí, servicio.

¿Qué? Digo que hacés servicio, que...

está muy bueno, que ayudás a la gente.

No seas cínico, te conozco.

¿Estás con auto? Sí.

Me gustaría ir a la laguna.

(Motor intentando arrancar)

Es original la laguna sin agua, ¿eh?

Tiene su atractivo.

(Motor intentando arrancar)

Hola, sí. ¿Para pedirte un auxilio mecánico?

No sé, no arranca.

Sí, nunca pude escribir nada de mi vida en Europa.

Nada me resultó inspirador.

La fuente de mis relatos se quedó acá, en el pueblo,

mi infancia, mi adolescencia, mi juventud...,

la gente, este paisaje...,

vos.

Me vas a hacer llorar.

No vienen más estos tipos, ¿eh? Ajá.

(SUSPIRA)

(Coche acercándose)

Ay. Cacho.

¿Qué Cacho? El intendente.

A ver, Irene. Probá.

(Motor arrancando)

¡Ah, bueno! (RÍE)

Grande.

Disculpe, Daniel, quería hacerle entrega de esta carpeta.

Eh... son cuentos míos cortos. Si usted los podría leer,

o lee alguno, la verdad, sería un honor para mí.

Así que sos escritor.

Va a ser un gusto leer a un coterráneo.

Bueno, mil gracias y disculpe.

No hay por qué disculparse. ¿Cómo es tu nombre?

Ramiro. Ramiro.

No, gracias a vos por confiarme tu material.

(Llaman a la puerta)

¿Sí?

(Llaman a la puerta)

"La democracia y la felicidad

producen una literatura mediocre y sin vuelo.

La gran literatura

aparece en comunidades injustas y violentas

donde el ocio existencial se llena de creación.

Firmado, Daniel Mantovani.

Berlín, mayo de 1991".

Me rindo.

A ver, ¿qué te pasa, nena?

Me parece que estás un poco confundida.

No hace falta que te explique que puedo ser tu padre, ¿no?

No, me siento fatal, fatal.

Un dolor de cabeza. No sé.

Tengo que descansar, ¿viste?

Sí. No, si yo entiendo, entiendo.

Pero es imposible,

la verdad es que no, no voy a poder ir.

Ay, mirá qué lástima, qué lindo.

Sí, bueno, me lo pierdo, ¿qué voy a hacer?

Lo que te pido, por favor, es que...

me disculpes ante todos allí.

¿Eh?

Gracias, Cacho.

Gracias. Y disculpame vos también, pero voy a tener que descansar.

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

¿Hola?

¿Las 9:00 ya?

Gracias. Muchas gracias.

Nena.

Nena.

Disculpame, te vas a tener que ir.

¡Viva la patria, Daniel!

Bueno, gente, ¿apuramos un poco?

(MUJER) Este, ¿no?

Méndez, el siguiente.

Ah...

¿Daniel? No.

¿Méndez?

No.

Rechazado, entonces.

(RÍE)

¿Este no? (RÍE)

No.

Pero es el cuadro de la esposa del contador.

Empate. Define Méndez.

Afuera. El siguiente.

(AMBOS) Rechazado. -Pero es el papa.

Y...

Bueno, Méndez.

Oh...

Sí, la técnica es muy pobre. Sí.

Bueno, si todos estamos de acuerdo, este está rechazado.

El siguiente... Ah, no, ya este es el último.

A ver, esperá, esperá, esperá. Volvé a darlo vuelta.

¿Se dan cuenta?

Lo que pasa es que acá hay gente que pinta con lo que tiene a mano.

Pobrecitos, yo les digo que se consigan telas,

bastidores, pero...

Pero justamente, el autor de esta obra,

lo quiera o no lo quiera,

está poniendo el dedo en la llaga.

Porque con el cartel que hay del otro lado,

logra que una obra con un motivo intrascendente

y mal resuelta,

adquiera un sentido distinto.

Involuntariamente está proponiendo un punto de vista crítico.

Discúlpeme, Daniel, pero yo conozco al muchacho,

conozco mucho a sus padres,

y la obra que él hizo es el paisaje de adelante,

lo otro no.

Ya, pero...

¿qué importa lo que el artista haya querido hacer?

Esta obra habría que colgarla,

no contra una pared, sino en la mitad del salón,

para que la gente pueda apreciar a ambos lados.

Para mí es el primer premio indiscutidamente.

Un soplo de aire fresco.

Es verdad.

De acuerdo totalmente con Mantovani.

Primer premio.

Bueno, yo ahora me voy a preparar las actas.

Voy a tardar un tiempito.

Eh... Ya vengo.

Gente con pocas inquietudes, nadie hace nada...

Pero eso no es privativo de Salas, gente así hay en todas partes.

En Nueva York, en Ámsterdam, en Berlín...

(Puerta abriéndose)

Doctor Florencio Romero, presidente de la AAPS.

¿AAPS? ¿Qué es eso?

La Asociación de Artistas Plásticos de Salas, ¿eh?

Ah, qué bien. Los felicito. Bueno, gracias.

Puede ser que, según usted,

mi cuadro no sea lo suficientemente bueno.

Lo encuentro entre los rechazados

y, tal vez, no sé, hubo una confusión o algo.

Perdón, a ver si entiendo bien. Está participando del concurso

y al mismo tiempo,

¿quiere opinar sobre lo que nosotros elegimos?

No, perdón por osar emitir opinión

porque obviamente no estoy a su altura

como para decir absolutamente nada.

Esto es lo que yo me imaginé,

porque sus gustos pictóricos, evidentemente,

están completamente subordinados a los usos y costumbres de afuera.

Y eso es lo que está tratando de imponer acá,

junto con su literatura, que está...

plagada de resentimiento

y de rencor contra su propio pueblo,

contra sus orígenes.

Usted es un mediocre, ¿eh?

Disculpe, pero le voy a pedir que se retire

antes de que se me empiece a acabar la paciencia.

Ya está, basta.

Ya está. Sí, sí, ¿cómo no? Ya me voy.

Vamos a ver quién tiene la última palabra.

¿Eh?

¿Qué...?

(Vehículo acercándose)

(Motor acelerando)

(Motor acelerando)

(Motor acelerando)

(Motor acelerando)

Va.

¡Va!

No te puedo dejar solo. ¿Dónde vas?

Al hotel. Vamos, te llevo.

Esto son los matones de Romero, pero saben que conmigo no se jode.

Ah, Romero, ya tuve el gusto.

¿Y de dónde apareciste vos?

(RÍE)

Titi, me avisás si te llegan a molestar estos tipos, ¿está?

Gracias. Nos vemos. ¿La viste a Irene?

Ayer, sí, nos vimos.

Charlamos un rato, nos pusimos al día.

Muy bien.

¿Y cómo la viste? Bien, bien.

¿Cómo la viste?

La vi muy bien, Irene es una mujer muy valiosa.

Ajá.

Me costó mucho, ¿sabías?

Me costó mucho, mucho, mucho.

Hacía tres años que te habías ido y...

y ella seguía enganchada.

Me acuerdo un día, estábamos casados ya,

llego a casa y la vi llorando.

Mal.

Estaba leyendo tu libro. Lo escondió, yo me di cuenta.

Ella leyó todos tus libros.

Se iba a Buenos Aires a buscarlos, se los hacía traer.

Te siguió como pudo...

toda la vida.

¿Por qué te digo esto?

Porque sos mi hermano, mi amigo,

y quiero que sepas que todo esto que te conté

ya está superado,

ya está pasado, pisado, allá atrás, enterrado.

Seguro. ¿Me entendés lo que digo?

Perfectamente. ¿Me seguís?

Somos muy felices, Titi. Y así se los ve.

Te espero hoy, no llegues tarde, ¿eh?

El Grano, 45.

Nos vemos.

Gracias. Eh, disculpe, Daniel.

Esta silla, de la que le hablo, además funciona a batería,

lo que le permitiría valerse por sí mismo.

¿Sabe qué significa para un chico en la situación de Julián?

Vayamos al grano, por favor.

Sí, necesitamos 9800 dólares para poder comprar esa silla.

Es importada.

Se imagina que para nosotros es una cifra inaccesible

directamente, ¿no?

Yo desocupado, mi mujer maestra.

Hemos peregrinado atrás de esa silla,

recorrimos todos los organismos

que usted se puede imaginar y más también.

Pero nada, nada, señor.

Por eso me atreví, bueno, por eso nos atrevimos a venir.

Lo que para nosotros es inalcanzable,

tal vez para usted sea poco. Y ese poco para Julián es todo.

Serían 9800 dólares, señor.

Le cuento ahora un poquito de Julián, ¿me permite?

Hincha del San Lorenzo, como el padre, obvio,

cariñoso, sensible, una voluntad de hierro, ¿eh?,

le gusta mucho estar afuera, le gustan los días de sol,

pero lo que más le gusta es escuchar música en la compu.

Horas. ¿Cómo se llama? Decile al señor la chica esa

que te gusta tanto que está de moda.

¿Cómo se llama? Decile al señor. -Taylor Swift.

Esa, Taylor Swift. Siempre de buen humor.

Así como lo ve ahora, siempre. A pesar de todo, es un ejemplo.

Pura voluntad, puro corazón, ¿eh? Un luchador.

Aunque le parezca mentira,

es él el que nos sostiene a nosotros.

Yo le dejo mi tarjeta, señor Daniel,

acá tiene todos mis datos. Y desde ya, muchísimas gracias.

Ahí está.

Mire, lamento lo que está padeciendo su hijo,

pero yo no los puedo ayudar.

Yo... no se trata de si es mucho o es poco dinero,

pero yo no soy una ONG.

Para ayudarlo están los organismos del Estado.

Y no es que su caso me resulte indiferente.

Yo soy una persona muy comprometida,

pero mi compromiso como escritor pasa por otro lado.

Y le vuelvo a aclarar,

si necesitaran un dólar o 100 000, sería lo mismo.

Supongamos que yo acepto.

Es una suposición, no lo voy a hacer.

Y le doy los 10 000 dólares.

Es verdad lo que usted dice, a mí no me costaría nada.

Pero sería una actitud perversa y contraria a mis principios.

¿Qué pasa con el resto de las personas

que tienen la misma necesidad que su hijo?

Sería sumamente injusto. Lo siento, pero no.

Pero, señor, ayudar a uno ya es algo.

Aunque sea, está ayudando a uno.

Ya sé, está claro que hay mucha gente que necesita.

Sí, en todo el mundo.

¿Pero no es mejor que haya un millón de personas que necesitan

y no un millón uno?

Somos todos de Salas, señor, a usted no le cuesta nada.

Ayudarlo sería como si yo fuera una deidad,

un salvador,

que decide de manera, no sé, milagrosa

sobre los que, providencialmente, se cruzan en su camino.

El problema es que yo no soy una persona religiosa,

ni quiero tener esa posición frente a nadie.

Mi respuesta... es no.

Y además,

me parece extorsivo el modo en que lo plantea.

Buenas tardes.

Disculpe.

La creación artística es independiente

de la ética o de la moral.

Los grandes pintores del Renacimiento,

como Rafael o Miguel Ángel,

crearon obras geniales al servicio de la propaganda de la iglesia.

O buena parte de la magnífica obra cinematográfica

de Leni Riefenstahl

fue realizada como publicidad del nazismo.

Sí, ejemplos así hay cientos. Buenas tardes.

Ah, bueno.

Hola a todos.

Soy el doctor Florencio Romero.

Seguramente todos me conocen y saben muy bien quién soy.

Me van a permitir una muy breve interrupción.

Ahí les van a repartir a todos fotocopias con fragmentos

de un libro de este sujeto... No se puede creer.

...que se llama "El gigante de arena".

Ahí ustedes van a poder comprobar

cómo se encarga de ensuciar a nuestra comunidad,

tratándonos de brutos y pervertidos.

Pero no solo ahí, en toda la obra de este personaje, de este sujeto,

no hace otra cosa más que tratarnos como la peor basura.

Sí, no te hagás, no te hagás. Vos sos la peor basura.

Porque tratás de endilgarnos a nosotros

de todas las peores conductas humanas.

Estimado custodio de las buenas costumbres,

si no te interesa escucharme, cosa que me honra enormemente,

te invito a retirarte de la sala,

porque aquí hay gente que sí me quiere escuchar.

Te pido respeto, no conmigo sino con ellos.

No te hagás el demagogo.

No jugués a eso, acá la gente no sabe quién sos.

No saben lo que escribís, no jugués con la ingenuidad de la gente.

Por algo no volvió nunca a su pueblo.

Toda la obra de este millonario

está montada sobre la calumnia a su propia comunidad,

si eso no es ser una rata, la verdad es que yo no sé qué es.

Vos sos un sirviente de lujo de los europeos.

Sos un bufón de los europeos.

No tenés conciencia de tu pertenencia.

Sos un desclasado. Mirá...

Sí, por algo Dante Alighieri

ubica a los traidores en el último círculo del infierno,

porque considera que la traición es el peor de los pecados.

Y la razón es muy simple.

Para traicionar, primero hay que conquistar

la confianza y el afecto de la víctima.

¡Este tipo es un Judas!

¡Bravo! Sí, sí, sí.

Bravo, bravo, bravo.

Si me quieren acompañar y si no yo leo en voz alta.

Cuento "El paso a nivel", página 120.

"Aparte de los caballos criollos, el ingeniero,

el gigante de la circunvalación, como le decían los criollos,

tenía otra afición.

En un galpón de su estancia esclavizaba a pobres y analfabetos

para que los sirvieran.

Familias enteras hacinadas bajo su yugo por...".

No hace falta, me parece, que les aclare a quién se refiere.

Al ingeniero Gagliardi, Tulio Gagliardi,

un querido vecino de Salas.

El Lungo Gagliardi.

Medía dos metros de alto, dueño de los galpones

a la salida de la ruta.

Lamentablemente, como sabemos,

no está vivo para defenderse de las injurias de este personaje.

Si estuviera acá, estoy seguro que lo ubicaría

como un hombre como corresponde. Ah, bueno.

No es solo eso, hay mucho más. ¡Vos sos una rata!

¡Porque huiste como una rata cuando las papas quemaban!

¿Sí? ¡Sí, señor!

Y venís a hacerte ahora, ¿qué venís a dar cátedra?

Encontraste la fórmula perfecta.

Denigrás a tu pueblo y lo cobrás y lo facturás en euros allá.

¡Vos sos un lameculos de los europeos!

¡Que los premios te los den ellos, porque trabajás para ellos!

¡Muy bien, muy bien, muy bien!

¡Muy buena la performance!

Muy convincente e incluso mejor que la que hiciste a la mañana.

Muy buen "acting", te felicito.

Y te agradezco la idea,

a lo mejor la incluyo en una próxima novela.

Aunque no creo que me sea útil,

porque es demasiado idiota y payasesca.

Ahora sí, se retiran de la sala porque acá hay gente

que quiere escucharme a mí y no a ustedes.

Tranquilos, tranquilos, ya terminé.

Ya nos vamos, ¿qué pasó? Te asustaste, ¿eh?

No te vamos a hacer nada.

¿Qué se puede esperar de un tipo que no tuvo la dignidad

de volver a su pueblo para enterrar a su propio padre?

¿O miento?

Va.

Una vez más, la realidad supera a la ficción.

Vamos a suponer que es verdad lo que dicen,

¿eh?,

que es cierto que yo soy ese monstruo que ellos describen.

¿Eso me invalidaría como artista?

Yo escribo literatura,

escribo novelas, escribo ficciones,

no escribo panfletos sobre comportamiento ético.

Y muchas de las conductas deleznables

de algunos de mis personajes,

lamentablemente forman parte del mundo en el que vivimos.

Y que mis personajes hagan lo que hacen,

no quiere decir que yo apruebe o desapruebe esas acciones.

¿Aprueban los asesinatos los autores de novelas policiales?

Sí.

¿Pero por qué no escribe sobre cosas lindas?

Me rindo.

Me rindo.

Su pregunta pone en entredicho

toda una vida dedicada a la literatura.

(Ladridos)

(Música triste de piano)

El hotel parece de una película rumana.

Ah, además me subieron a un camión de bomberos

para saludar a la gente.

Sí.

Junto con la reina de belleza. Ya le voy a contar.

Nuria, la llamo por lo siguiente.

Quiero comprar una silla de ruedas a un chico que la necesita.

Es una silla especial que no hay acá.

La voy a poner en contacto con el padre y usted, no sé,

le manda la silla o el dinero.

No sé. Lo que sea más práctico.

¿Le doy el teléfono?

Tenés un hogar hermoso. ¿Hermoso?

Qué adjetivo horrible elegiste.

¡Eh!

Beso.

Mirá lo que es esto.

Cabecitas de cordero. Es su comida preferida.

Una vez superada la impresión, doy fe que son riquísimas.

Una para cada uno.

A mí lo que me llama la atención es que seas tan ingenuo...

o tan ególatra. No sé.

No haber pensado que, a lo mejor, alguno acá, en Salas,

se podía ofender con lo que escribís, ¿no?

Más allá que Romero es el tipo más asqueroso de Salas.

Eso ya lo sabemos.

¿Qué pasa?

¡Oh! ¿Vas a comer algo así en Europa?

Impresionante.

Pero que conste que el asado argentino,

o sea, el asado como invento argentino, no existe.

¿No existe? Hace 2000 años

los chinos ya comían carne a la brasa.

Si se llega a enterar un gaucho de estos,

se hace un harakiri. ¿Cómo se dice?

Eso japonés. Uno se corta la verga con un facón.

Y las vacas tampoco son argentinas, las trajo Colón.

Argentinos son los avestruces, las perdices...

Increíble. La misma retórica de hace mil años, vos, ¿eh?

Vos también estás igual.

Bueno. Bueno. Bueno, ¿qué?

No. Chinchín.

Ah. Primero, el chinchín.

Ustedes saben que yo no soy sentimental, ¿eh?

Me cago en todas esas boludeces, en la solemnidad y todo eso,

pero quiero brindar por vos, Daniel.

Quiero brindar por vos, que...

mirá de dónde saliste.

de dónde saliste y a lo que llegaste.

Te rompiste el orto para llegar a lo que llegaste.

Me siento muy orgulloso de vos, Daniel. Muy orgulloso.

Una persona digna,

honorable.

Bien, Daniel.

Irene. ¿Qué decir de Irene?

La mujer con la que espero pasar el resto de mi vida,

con la que hice una familia

basada en el respeto.

Con la que comparto...

todas las noches la cama.

¿Qué más?

Chinchín.

Soy un boludo.

Beso a papi.

Belleza.

Vamos a comer.

Impresionante.

Y todavía falta la cabecita de cordero.

¿Qué hacés, Daniel, lavando?

Dejá, que después lavo yo. No. Dejame ayudar.

Dejalo, que le gusta.

¿Y entonces? Bueno.

Yo abro la puerta y la veo.

Una chica hermosa. Era casi una nena.

Pero con una actitud muy de puta, ¿viste? Muy decidida.

Se metió de "prepo" en la habitación.

Una "groupie" profesional.

Desinhibida, guarra, dispuesta a todo.

La pendeja estaba decidida...

¡Llegaron los chicos!

¡Hola!

Hola. Es Julita. Nuestra hija.

Sí. Ya nos conocemos. Fui a su clase.

Es "refán" de tu obra. Se leyó todo, ¿eh?

Beso. Beso.

Y él es Roque, el novio.

¿Por qué no vas a preparar unos whiskicitos para todos?

Vamos.

Vamos.

Whisky, Roque.

¿Y te la cogiste a la piba? No.

¡Boludo! No, no.

Vienen los gringos de afuera a cazar chanchos salvajes,

los llevamos con Roque, Roque tiene una camioneta 4x4,

con reflectores, con toda la parafernalia.

Le proveemos a los gringos todo, las armas,

las municiones, la comida..., todo,

y empieza la cacería de chanchos salvajes.

Los chanchos salvajes por ahí vienen y por ahí no vienen.

Roque le larga,

le largamos esos chanchos domésticos que comen de la mano.

Y entonces, los gringos tiran

y pifian porque son burros, ¿me entendés?

Entonces, Roque, desde arriba de la caja de la camioneta,

con su rifle mira telescópica,

le tira sincronizadamente cuando tiran los gringos.

¿Me entendés? Así.

Así. Así tira.

Y, entonces, cuando ellos pifian, este le da.

Y ellos creen que ellos le dan, ¿me entendés?

Es todo satisfacción garantizada. Cierre.

Y comieron perdices.

Y ahí termina.

Hacele el chancho. (RÍE)

Ay, papá. Una, una, una.

Hacele el chancho salvaje. No, Antonio. ¡Antonio!

Hacéselo. Basta, papá.

Bueno, está bien. No quiere.

¿Cuándo te vas?

Pasado mañana.

¿Querés cazar chanchos salvajes con nosotros mañana a la noche?

Total, aunque seas gringo, no te vamos a cobrar. (RÍE)

Y mirá. Ahí tenés historias de gente rústica y de campo

para tus lectores europeos. Está bien.

¿Eh? Está bien. Vamos.

¡Bien! ¿Escuchaste? Va.

Prepará todo que mañana a la noche...

vamos a ir a cazar chanchos salvajes con el amigo. ¿Está?

Bueno, y ahora, nos vamos a ir a tomar un traguito

a otro lado, un poquito más para...

¿Eh? No, no. Yo estoy muy cansado.

De verdad. No duermo casi desde que salí de Barcelona.

Vamos, amigo.

(Música disco en el interior)

¡Hola!

¿Cómo vas? Dale un besito a mi amigo.

Dale un besito a mi amigo. Hola.

Ahí está. Muy bien.

A estas pibas me las debo haber cogido...

veinte, treinta veces a cada una.

(INCOMPRENSIBLE)

Yo soy de la teoría que...

uno puede tener una aventura con una mina,

con una piba que no es la mujer de uno,

y puede tener un desliz.

¿Eh?

Pero sabe que vuelve a la casa de uno,

donde está la mujer de uno,

la que le pertenece,

la de la familia, la del respeto.

(INCOMPRENSIBLE)

La mujer de uno también puede tener alguna aventura

con algún... paracaidista.

¿Qué pasa?

(Música disco)

(Fin de música)

(Aplausos de unos pocos)

(VOMITA)

¡Eh, Roque! ¡Eh!

Roque, ahora que no están las brujas,

hacele a Daniel, hacele el chancho.

Escuchá, escuchá.

(GRUÑE COMO UN CERDO)

Hacéselo de nuevo.

Pero con ganas, boludo.

(GRUÑE)

Es un hijo de puta. Es un chancho. Sí.

Ay, disculpad, muchachos, pero yo me voy a ir, estoy muerto.

Hace tres días que no duermo, de verdad.

Llevalo. Me quedo un rato charlando con la psicóloga.

No, dejalo a Roque, que acaba de llegar.

Yo me voy solo, camino, cualquier cosa, me tomo un taxi.

Boludo. Boludo. No hay taxi acá.

Y el hotel queda muy lejos.

Llevalo, Roque.

Roque.

¿Qué miras, vasco? ¿Qué es esa risita de pelotudo?

¿Qué estás mirando? ¿Algún problema?

¿Qué hacés acá dentro? ¿Cómo hiciste para entrar?

Hola. Andate ya mismo, por favor.

Vos sabías la relación que yo tengo con tus padres.

Pará con todo esto.

Vale. No me rechaces. Quiero que te vayas.

Están tus padres y tu novio también.

No es más mi novio. Cortamos. Es un bruto y un imbécil.

No me interesa.

Vestite y andate.

Me quiero ir de este lugar. No me quiero quedar acá

y tener la vida de mierda de mi vieja.

Te vestís y te vas.

¿No me vas a hablar?

¿Hola?

Hola.

Puto.

(Llaman a la puerta)

¡Terminala!

(Llaman a la puerta)

Andate. Basta.

(Llaman a la puerta)

¡Basta!

Antonio.

¿Querés que hablemos, Antonio?

¿Antonio?

(TODOS) # ¡Oh! Juremos con gloria a morir.

# ¡Oh! Juremos con gloria a morir. #

(MICRO MUY ALTO) Muy bien. Ahora sí.

Vamos a ver qué tenemos por acá.

¿Unas palabras de nuestro Ciudadano Ilustre?

¿Se oye bien?

Eh... Me siento muy honrado por este gesto

que perpetúa mi figura.

O al menos algo ligeramente parecido a ella.

Debo reconocer que es un retrato muy personal.

Un amigo mío escritor,

Premio Nobel también, me dijo una vez:

"Ser Premio Nobel te convierte en una estatua".

Por lo visto, no era solo una metáfora. Muchas gracias.

Muy bien. Muy bien.

Estuvieron muy bien, muy bien. Los felicito.

En tu última clase, la de hoy, no vas a tener problemas.

Te lo aseguro, te lo garantizo, andá tranquilo.

Sí. De todos modos iba a ir. Tranquilo.

En todos los pueblos hay gente resentida, Daniel.

No se van con tus éxitos, tus logros,

que el Premio Nobel, que esto, lo otro..., no se lo bancan.

Además también es una forma de pegarme a mí.

Interno del pueblo, un tiro por elevación... Los conozco.

Daniel, eh...

una última cosita con respecto al concurso. Mirá.

Creo que vos tenés razón en todo. No tengo ninguna duda, pero...

te pido que incluyas algunos de los cuadros que dejaron afuera

de la selección que hicieron.

Me dijeron que rechazaron a todos los pintores del pueblo.

No lo tomes a mal, pero...

qué sé yo, yo de arte no entiendo nada.

Pero vos te vas mañana de Salas y no volvés más.

Yo me tengo que quedar acá, ¿entendés?

"¿Por qué me dejaron afuera?

Que esto, que lo otro...". ¿Entendés?

Es una ahuchada que yo te pido.

Es agregar unos cuadritos.

Así, en la inauguración, podemos tener la fiesta en paz.

Hagan lo que quieran, si es una cuestión de Estado.

¡Daniel!

Te esperamos hoy a las 7, ¿eh?

¡Esta vez no nos falles!

¡Daniel!

¡Daniel!

Cómo nos cagó, ¿eh? No vino al final.

Esta noche, ¿cómo la ve?

¿Cómo era tu nombre?

Renato. Renato.

Sí. Mirá.

Yo ni fui ni voy a ir a tu casa,

porque no te conozco, no sé quién sos. ¿Está claro?

Y vos tampoco me conocés a mí.

No tenés ni la más mínima idea de quién soy ni de cómo pienso.

Los personajes de mis libros

son justamente eso, personajes de ficción.

No tienen existencia real. Si vos te ilusionaste

creyendo que tu papá era uno de esos personajes, lo lamento.

Pero... Vos y yo no tenemos nada en común.

No... Salvo haber nacido acá,

o sea, nada. Yo no los cagué, como vos decís.

No tengo la obligación de ir a tu casa

por el solo hecho de que me hayas invitado.

No soy un objeto del cual vos podés disponer.

¿Está claro? Vos tenés que invitar a alguien

a quien realmente le interese tu invitación.

Pero... No funciona como vos creés.

Escuchame. Te estoy hablando. Sí, sí.

No funciona como vos creés.

Tiene que ser de ida y vuelta, recíproco. ¿Entendés?

Sí. Yo normalmente no me tomaría

este trabajo, no te daría tantas explicaciones.

Pero hoy, no sé por qué,

tengo ganas de decir lo que pienso de verdad,

como si nos conociéramos realmente.

Pero se trata de mi padre, por favor.

Buenos días.

No entiendo qué carajo estás haciendo.

No sabía que te habías convertido en un viejo decadente.

No sabía quién era. Te imaginás que de haber sabido...

¿Interrumpo algo?

¿Qué te pasó en la cara a vos? ¿A quién?

Ah, no. El vasco habló una boludeces y...

lo mandé en ambulancia.

¿Y dónde dormiste anoche?

Estuve con el Titi toda la noche.

Estuvimos hablando de...

de la vida, de la vida.

Ya está. Bueno, andá pa' casa. Dale.

Dale. Andá pa' casa.

Vamos.

¿Te llevo a algún lado? ¿Vas para un lado?

No, voy a la Sociedad de Fomento, tengo mi última clase hoy.

Vamos, te llevo. (CARRASPEA)

No, no, no, no.

No.

(Coche alejándose)

Prefiero ir caminando, así me aireo un poco.

No te olvidés que después cazamos chanchitos, ¿eh?

Ya. ¿Eh?

(Motor arrancando)

Hoy soy... una figura ilustre,

aunque muchos no sepan muy bien por qué,

una clase de prócer

a la que se saca del ropero y se le "aplumerea"

para que asista a algún acontecimiento cultural

y diga alguna frase de ocasión

para después volver a guardarla en el ropero, ¿no?

Un destino definitivamente pueblerino

para alguien que hace más de 30 años

intentó escapar justamente... de eso.

Pero, de todos modos, para prócer me falta algo fundamental:

Mi propia muerte.

Y por último,

un aplauso para ustedes

por seguir viniendo.

(Aplausos)

Para ustedes.

Daniel, ¿le llevamos?

No, no, gracias.

Disculpe, buenas tardes. Estaba mirando nada más.

Esta fue la casa de mis padres, mi casa.

Yo pasé toda mi infancia aquí.

¡Está cerrao'! Este era el "garage".

(Música triste)

(DESDE LA CALLE) ¡Vende patria! -¡Hijo de puta!

(Explosión)

(Ladridos y alarma)

Suerte.

(Conversaciones cruzadas)

Bueno, amigos,

es un gusto para mí inaugurar este concurso de pintura.

Y un honor, además, de que el presidente del jurado

sea nada más y nada menos que Daniel Mantovani,

artista salense que ha conquistado el mundo

y que desde hace dos días es Ciudadano Ilustre

de nuestro querido pueblo.

Ha sido jurado, además, Emilse, nuestra secretaria de Cultura,

y Méndez, que no está aquí por razones personales.

Él ya no trabaja con nosotros.

Estoy convencido...

de que la cultura es central

en el desarrollo de toda sociedad.

Y que desde el Estado tenemos la obligación de promoverla.

Les quiero agradecer a ustedes

que nos ayuden a defender nuestra cultura.

La mejor política cultural...

La mejor política cultural es no tener ninguna,

defender a nuestra cultura.

Siempre se considera a la cultura como algo débil, frágil,

como algo raquítico que necesita ser custodiado,

protegido, promovido y subvencionado.

La cultura es indestructible.

Es capaz de sobrevivir a las peores hecatombes.

Hubo una tribu salvaje en África

en cuyo lenguaje no existía la palabra libertad.

¿Saben por qué?

Porque eran libres.

Creo que la palabra cultura

sale siempre de la boca de la gente más ignorante,

más estúpida y más peligrosa.

Yo, personalmente, no la uso nunca.

Señores,

estas no son las obras que habíamos premiado.

Ni siquiera son las obras que habíamos seleccionado.

(Voces de protesta)

Y tampoco habíamos elegido, ni mucho menos premiado,

la obra del doctor aquí presente.

¡Callate, apátrida!

¡Sorete! ¡Invertido! -¡No! ¡Pará!

-¡Cagón ¡Cagón! Ven acá, cagón.

¡Burro!

-¡Cagón! -¡Pará! ¡Pará!

-¡Te voy a agarrar! ¡Vení afuera!

¡Mantovani! ¡Ciudadano Ilustre!

¡La puta que te parió!

-¡Por favor! -¡Vení acá!

(Cristales rotos)

¡Demuestra si sos hombre! ¡La concha de tu hermana!

¡Ciudadano ilustre! ¡Te voy a dar!

(Golpe)

¡Vení a la calle si sos hombre!

¡Traidor de mierda!

¡La puta que te parió!

¡No me toqués! ¡Salí a la calle, te espero fuera!

¡Ciudadano ilustre, te voy a dar!

(Portazo)

(Murmullos)

Ya me voy, pero quiero decir algo más.

Confieso que no me cae tan mal tener detractores que me repudien

con tanta vehemencia.

Y a pesar...

de la tremenda brutalidad de estas acciones,

siento una íntima satisfacción

ante una expresión del pueblo en contra de lo instituido,

o sea, yo mismo.

Pero vayamos al punto.

Como curtido observador de la comedia humana

siento como una obligación

tratar de hacer de este mundo un lugar menos horrible.

Sé que es una batalla perdida,

pero eso no significa que abandone la lucha.

Ustedes sigan así,

sigan igual, que aquí nunca cambie nada.

Sigan siendo una sociedad hipócrita

y estúpidamente orgullosa

de su ignorancia y de su brutalidad.

Lamento haberles causado tantos trastornos.

Sigan con su apacible vida,

sigan haciendo de Salas...

este paraíso entrañable.

Nada más.

(Murmullos)

No, Daniel, salga por la puerta de atrás.

Venga. Venga. Venga.

Ni se te ocurra irte de cacería con Antonio, ¿eh?

Te tenés que ir ya de Salas.

¿Qué te pasó?

Daniel, haceme caso por primera vez en tu vida.

Vamos al hotel a buscar la valija.

Te tengo que sacar ya mismo de acá.

(Motor ahogado)

No anda. (SUSPIRA)

Voy a buscar la camioneta.

Prepará tus cosas y te paso a buscar por ahí.

Okey.

Daniel, llegó el colchón de látex. Ahora lo reemplazo.

Y le trajeron esto de la Escuela 39.

Llegó un periodista de Buenos Aires preguntando por usted.

Está en el hotel.

Llamaron de Presidencia de la Nación.

Quieren saber si es cierto que usted está alojado acá.

¿No se iba mañana?

Cambio de planes.

Ramiro, me parecieron muy buenos tus cuentos.

El que más me gustó es el de la pareja que espera

en el hospital. Me parece el más logrado.

Es un estilo terso, fluido, sin estridencias,

sin recursos tramposos.

Una prosa... simple, clara.

¿Demasiado simple? No.

Lo simple y claro puede ser subversivo y perturbador.

Pensá en Kafka.

No hay frases más simples y transparentes que las de Kafka.

Y al mismo tiempo, nadie más perturbador.

Hacerlo simple es un acto de generosidad artística.

¿Te parece que lo publiquemos en una antología que preparamos?

Eh...

Sí, claro. Muchas gracias. Nunca pensé...

Me lo quedo entonces, así se lo acerco al editor.

Y te lo cambio por uno mío.

"Para Ramiro, unidos por Salas y la literatura. Daniel Mantovani".

Muchas gracias, maestro. Gracias a vos por todo.

Te escribo en cuanto llegue a Barcelona.

Y si alguna vez andas por allá, sos mi invitado.

No, no. Esto no. Tómalo como un adelanto

por el cuento que te van a publicar.

Mucha valija para ir de cacería, ¿no?

Vamos, amiguito.

Vamos.

Ah, Titi, Irene no pudo venir, ¿sabés?

Pero te manda saludos.

(Música intrigante)

(RECUERDA) "Bueno, buenas tardes a todos.

Yo tuve un sueño, una idea loca que quise hacer realidad".

(Conversaciones cruzadas)

-"Pero ¿por qué no escribe sobre cosas lindas?".

-"Conquistar la confianza y el afecto de la víctima,

este tipo es un Judas".

-"Viva la Patria, Daniel". "Me casé con Irene,

te fuiste y me quedé con tu novia".

"Tenés historias de gente rústica y de campo

para tus lectores europeos".

-"Somos todos de Salas, señor".

-"Muy orgulloso de que papá haya estado en una de sus obras.

De alguna manera, lo ha hecho inmortal".

"No quiero la vida de mierda de mi vieja".

-"Necesitamos 9800 dólares".

"Se imagina que para nosotros es una cifra inaccesible".

-"Toda la obra de este millonario

está montada sobre la calumnia a su propia comunidad".

"Te tenés que ir ya de Salas". "Vamos, amiguito".

Roque, alcanzale las cosas. Escúchame, Antonio.

Callate, no digas nada. Está todo clarísimo.

Agarrá tus cosas y andate del pueblo, ¿estamos?

Chao, rata. Chao.

¡Corré, carajo!

Bien cerquita de los pies

a ver si te cagas bien en las patas,

hijo de una gran puta.

¡Corré!

(Disparo)

(RÍE)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

¿Qué hiciste, boludo?

(Música de intriga)

(OFF) "La muerte".

"Todo se aplana y se ordena".

"Mi nombre en el cristal de la eternidad".

Fin.

(Vehículo arrancando)

(Murmullos)

(Música triste)

(Aplausos)

Hola a todos, buenas tardes.

Soy Vicente Arestizábal, editor de Daniel Mantovani.

Gracias por venir a la conferencia de su nueva novela,

"El ciudadano ilustre".

Daniel va a hacer una breve lectura y después contestará sus preguntas.

"'El ciudadano ilustre'. Capítulo 1: La invitación.

Irse no es dejar de estar.

Durante años, cuando acá llegaba el invierno,

yo sentía el verano de mi pueblo en el cuerpo.

Ya no es así.

Esta historia empieza con una carta.

Una carta de papel. Proviene de mi pueblo,

Salas.

Creo que hice una única cosa en toda mi vida:

escapar de ese lugar.

Mis personajes nunca pudieron salir...

y yo nunca pude volver".

Dos últimas preguntas.

Allá.

-Sí, Álex Busart, de Canal+.

Primero quiero felicitarlo por la novela.

Y ahora va la pregunta: Si bien "El ciudadano ilustre"

transcurre en Salas como sus obras anteriores,

la novedad más saliente, en este caso,

es que usted es el protagonista.

¿No considera demasiado egocéntrica esta decisión?

Todos los escritores somos egocéntricos,

autorreferenciales, narcisistas y vanidosos.

Creo que eso constituye una herramienta

absolutamente imprescindible para la escritura.

El lápiz, el papel y la vanidad.

Sin eso no se puede escribir nada.

Última pregunta, por favor. -Carlos Ramírez, de La Vanguardia.

¿Cuánto hay en su novela de verdadera creación

y cuánto de realidad?

¿Importa eso, mi amigo?

¿Eh?

La realidad no existe.

No hay hechos, hay interpretaciones.

La verdad, o lo que llamamos la verdad,

es una interpretación que ha prevalecido sobre otras.

No me contesta a lo que le pregunto,

usted elude la pregunta. Para usted, con respecto

a lo de las interpretaciones.

Esta cicatriz, ¿qué es?

(Murmullos)

¿La ve? ¿Qué es?

¿Una antigua cirugía?

¿La marca por la caída de una bicicleta?

¿O una herida de bala?

Tarea para el hogar.

Muchas gracias.

(Aplausos)

Y ahora sí, las fotos.

(Música triunfal)

(Música suave de piano)

Somos cine - El ciudadano ilustre

27 abr 2020

Daniel Mantovani, Premio Nobel de Literatura argentino, vive en Barcelona desde hace décadas. Sus novelas retratan la vida de su pequeño pueblo natal, Salas, del que partió para no volver, cuando tenía 20 años. Un día llega una carta de Salas invitándole a recibir la distinción de Ciudadano Ilustre.

Contenido disponible en España hasta el 10 de junio de 2026.

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