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Para todos los públicos Shalom - Violeta Friedman: el peso de 40 años de silencio - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Muy buenos días, Shalom. Nosotros nos encontramos hoy

conmemorando 20 años

del fallecimiento de Violeta Friedman

y diez años de la fundación que lleva su nombre.

Una jovencita que con 14 años vivió en Auschwitz,

perdió a toda su familia y que al final,

en los últimos años de su vida,

decide que España es su lugar de residencia.

Nunca habló de su historia, nunca contó su pasado,

hasta que empezaron a haber voces negando el holocausto.

Y Violeta Friedman dice:

"Quizá por eso me quedé en vida".

Hoy, recogemos el testimonio

de las personas que se han impuesto sobre sí

mantener su legado vivo.

Centro Sefarad-Israel acoge hoy la producción de un documental

con testimonios activos de personas

que fueron parte de la vida de Violeta.

Nosotros no fuimos parte de esa vida,

porque somos posteriores,

pero creemos que la figura de Violeta es esencial

y en esta fecha cercana

del 20 aniversario de su fallecimiento

y en el décimo aniversario

de la creación de su fundación actual,

que además, yo tuve el privilegio asistir,

creíamos que era muy importante dar este paso,

porque Violeta es un referente, es un referente de cara

a lo que son los supervivientes al Holocausto.

Sabemos, y sabéis vosotros, por nuestra larga amistad,

que nosotros valoramos muchísimo el testimonio de los supervivientes.

Y en el caso de Violeta, aunque no la conocimos,

como decía, es anterior.

Pero no es solo el testimonio de una superviviente,

permaneció en el anonimato y en un momento de su vida,

decidió dar un paso adelante.

Y ese paso adelante es no permanecer indiferente

ante la sinrazón.

Que casi lo equipararía al paso adelante

de los justos ante las naciones,

no pasar de largo frente al sufrimiento humano.

Hoy compartimos la doble conmemoración,

que es el fallecimiento de mi madre, Violeta Friedman,

que fue el 4 de octubre del año 2000,

cuando ella nos dejó para siempre.

Y hace diez años creamos la Fundación que tiene su nombre

para seguir luchando por la verdad

y contra el negacionismo,

que era lo que ella había emprendido.

Cuando yo era pequeña y la veía que lloraba,

que no podía dormir por las noches y que sufría en silencio,

yo nunca, nunca entendí eso.

Y no fue hasta después,

un segundo momento muy importante de mi vida,

que fue en 1985,

cuando después de casi 40 años, después del Holocausto,

por fin, rompió este silencio

y fue cuando escuchó a Léon Degrelle

negar el Holocausto y las cámaras de gas.

Y ahí es cuando ella rompió el silencio,

cuando empezó a hablar en público y cuando yo, ya a una edad madura,

porque además, coincidió con el año que nació mi hijo mayor,

pues ya empecé a escuchar

y a entender muchas cosas que no entendía

porque ella nunca nos había hablado en casa de este tema.

Nosotros vinimos a España

cuando yo tenía como ocho o nueve años,

y fui a un colegio que era un colegio católico,

porque claro, en aquel tiempo,

yo vi que era diferente porque yo daba clases de ética,

yo no... No daban clase de... Vamos, no había un colegio judío

y era la única que iba a clase de ética.

Mis padres estaban divorciados,

que en aquellos tiempos, en España eso era muy muy raro.

O sea, si había padres separados,

no era comunicado y yo me sentía ya diferente.

Y luego, todos mis amigos tenían su pueblo,

todos mis amigos, compañeros, tenían abuelos,

todos tenían tíos, y yo mi familia era superpequeña

y encima, estaba aquí sola con mi madre y mi hermano,

y mi hermano, luego, se fue con mi padre

a vivir a Venezuela. Entonces, de repente,

saber que no tengo familia, que toda mi familia

yo no sabía por qué...

Sabía que habían muerto muy jóvenes,

pero fue a partir de 1985 cuando entendí

que todos habían sido asesinados en las cámaras de gas.

Para mi madre fue una ayuda psicológica importante.

Empezó a hablar en público.

Fue muy querida. Todo el mundo la adoraba.

Se hacía querer mucho.

Empatizaba mucho cuando contaba su historia

y eso, desde el punto de vista psicológico,

la ayudó mucho, pero siempre, claro, el haber perdido a toda su familia,

ella siempre decía que eran heridas que nunca cicatrizarían.

Y eso, los recuerdos los tenía ahí,

pero le ayudó mucho a expresar sus sentimientos.

Yo creo que desde el punto de vista psicológico

le ayudó mucho.

Mi madre era una persona muy luchadora, muy dura,

muy absorbente, muy...

Siempre tenía que ser lo que ella dijera

y yo recuerdo sus últimos años, era como más comprensiva,

se podía dialogar más con ella.

Yo como hija, al principio, tenía más problemas

porque no tenía forma de comunicarme,

era un poco difícil la comunicación.

Y vi que cada vez era más comprensiva

y empezó como a comunicarse con el mundo, ¿no?

Evocar a Violeta para mí es muy emocional.

Yo la conocí en los años 90, en el 90.

90-91.

La conocí a raíz de las campañas contra el racismo,

el antisemitismo, la intolerancia.

A una mujer que era sencilla, que era luchadora,

que me había impactado

por cómo había confrontado con un jefe nazi,

como era Léon Degrelle.

Y cuando coordinaba estas campañas,

pues me planteé tener contacto con ella

y ver cómo la podía incorporar.

Bueno, pues un amigo común me la presentó

y ella, vamos,

no hubo necesidad de convencerla mucho.

Es que estaba en la batalla,

estaba en la lucha contra el racismo,

el antisemitismo y toda forma de intolerancia.

A raíz de eso,

pues comenzamos un idilio que fue extraordinario

y que me ha marcado a mí de por vida

porque ella venía a todos nuestros actos,

incluso con la oposición de sectores de la comunidad judía,

porque estaba rompiendo con una ley, una regla no escrita,

que era que había que ser silenciosos,

que no había que salir mucho a nivel público.

Pero ella encontró en nosotros

a unos jóvenes que éramos muy echados para adelante

y que hacíamos multitud de actos en la universidad, en las escuelas,

en todos los sitios, e ir con ella era un lujo

porque levantábamos el centro educativo, donde fuera,

se paraban las clases y se hablaba del Holocausto,

que era una tarea,

la memoria del Holocausto, lo asumió perfectamente.

De hecho, nuestro maridaje fue de tal envergadura

que la nombramos presidenta de honor

de Movimiento contra la Intolerancia y fue nuestra referencia

hasta que falleció.

Ella en el campo de exterminio tuvo paludismo,

que era malaria y también tuvo el mal de Pott,

que es tuberculosis ósea.

Que esto le afectó la columna vertebral de por vida.

Y de hecho, mi madre siempre iba caminando torcida,

con una cifoescoliosis, con la columna torcida,

y tenía también... Había sido muy fumadora después,

y entonces, tenía EPOC, tenía mucha dificultad respiratoria

y la recordamos en sus últimos años de su vida,

desde que tenía 64 años, en una silla de ruedas,

que siempre iba con una bombona de oxígeno

para aliviarle la respiración.

¿Qué nos aportó?

Pues nos aportó, en primer lugar,

una perspectiva profunda de solidaridad.

Hay anécdotas

como que en uno de los juicios que libramos

contra criminales neonazis que habían matado a jóvenes,

en el caso de Aitor Zabaleta, que fue muy conocido,

yo estaba con el padre de Aitor Zabaleta,

recién presentada la sentencia,

en la cafetería, abajo de la Audiencia Provincial,

y la primera llamada que recibimos para felicitarnos por el éxito

fue, precisamente, de Violeta Friedman.

Luego, además, fueron unos años muy duros,

donde había mucha acción terrorista por parte de ETA

y era muy sensible Violeta con las víctimas.

Solidaridad, verdadero humanismo

y el gran aporte que yo creo que ayudó

a fijar el rumbo de Movimiento contra la intolerancia

fue hacernos entender el valor de la dignidad humana.

Para mí, ser la nieta de Violeta Friedman

significa un orgullo enorme,

porque aparte de ser una abuela supercariñosa,

nos dio todo el amor y cariño que se puede esperar de una abuela,

tenía una relación muy estrecha con ella

porque aunque ella fallece cuando yo tengo diez años,

vivíamos a escasos metros y me inculcó muchísimos valores,

como el respeto hacia los demás, hacia la familia,

y también, de alguna forma, me inculcó

el pensamiento crítico a través de la lectura.

Ella me regalaba muchos libros

y de hecho, me regaló su libro en mayo de 1998

y yo ahí tenía ocho años.

Y me dijo que este libro no,

que no lo leyera hasta que tuviera 14.

Yo la desobedecí un poco

porque ella fallece cuando yo tengo 10-11 años,

y lo empiezo a leer. Y efectivamente, fue muy duro.

Pero a raíz de eso, empiezo a generar y a despertar en mí

un interés hacia el Holocausto y también hacia su historia.

Y también despierta en mí un orgullo y un respeto profundo hacia ella

que ha ido creciendo día a día.

Eso como abuela, como la figura de Violeta Friedman,

representa muchos valores.

Que son, precisamente, lo opuesto al nazismo, ¿no?

Representa el amor,

representa la bondad que ella transmitía

y representa también la verdad frente a la manipulación

y a la mentira que se intentó hacer después del Holocausto.

Y sobre todo, significa para mí la lucha constante

de una manera cívica y ejemplar.

Cuando a lo largo de mi vida,

me enfrento a decisiones a día de hoy,

o creo que esos momentos difíciles, muchas veces, me viene a la cabeza

cómo fue la vida de mi abuela

y no se me ocurre nada más terrible que Auschwitz.

Entonces, todo lo que a mí me parecen problemas

o dificultades se queda en algo

muy poco y muy muy escaso a lo que ella tuvo que vivir.

Era evidente que mi madre nos había dejado el legado,

me había dejado el legado

de que debo seguir la lucha que ella había empezado.

Ella estuvo todos los últimos años de su vida

luchando para que no se olvide lo que ha pasado,

para luchar contra el negacionismo, contra la mentira,

para luchar por la verdad.

Y claro, esta lucha que tuvo ella siete años,

una lucha jurídica que termina en el Tribunal Constitucional

dándole la razón y que da lugar

a que se modifique un artículo del Código Penal Español,

era algo tan importante que ¿cómo voy a dejar...?

Bueno, ¿cómo voy a dejar que esto quede en el olvido?

Yo tengo...

Era un legado muy importante que tenía que seguir luchando.

Era muy importante transmitirlo a las generaciones futuras,

a nuestros hijos, a nuestras hijas,

para que ellos nunca más,

o que nunca puedan vivir momentos tan horribles.

Mi madre, efectivamente, ha tenido una vida muy dura

porque estuvo en Auschwitz, luego, se divorció,

ha estado sola y luego, la lucha.

Pero yo creo que ha tenido momentos, como todo el mundo, de felicidad

y puedo recordar momentos de superfelicidad.

Cuando me casé, cuando tuve a mis hijos,

cuando conoció a sus nietos, cuando mi hermano se casó,

también tuvo los nietos por parte de mi hermano,

que para ella era muy importante crear una familia.

Esa familia que ella nunca tuvo.

Ella se quedó huérfana con 14 años, la hermana se quedó en Rumanía.

Tampoco tuvo mucho contacto. Murió joven también la hermana,

aunque también fue superviviente del Holocausto.

Entonces, la familia de mi madre era muy poca

y el tener familia,

que era el deseo, yo creo, de todos los supervivientes,

el poder volver a tener familia,

el crecer y que no se extinga el mundo judío también.

Una de las cosas que yo creo que les ayudó mucho

a sobrevivir a los supervivientes,

que era, hay que mantener la familia, hay que crear.

Yo nací en España. Mi hermano y yo nacimos en España

y yo creo que mi abuela quería

que nosotros creciéramos con normalidad,

sin sentirnos diferentes,

porque, precisamente, ella pasó...

Para que no sintiéramos el estigma que ella padeció.

Entonces, el colegio o los colegios donde yo he ido no eran judíos.

Las universidades tampoco.

Y mi círculo de amigos más cercanos sí sabe, de toda la vida,

quién fue mi abuela

y de hecho, alguna vez me han acompañado

a actos o en cosas...

Pues que siempre me preguntan.

Pero no me he sentido nunca diferente por eso.

En cuanto a gente que acabas de conocer,

es algo que no oculto, pero tampoco lo pregono.

Cuando oyes esos comentarios,

y esos comentarios están a la orden del día.

O sea, eso que decía mi abuela de que las nuevas generaciones

no olviden, se olvida muy rápido

y además, se manipula aún más rápido.

Entonces, yo he oído comentarios

y en internet, comentarios despectivos

hacia los judíos, muy antisemitas

y también en cuestión del Holocausto, también.

Violeta añade otra cosa, que fue formadora de formadores.

Jóvenes que luchaban por la democracia,

por los derechos humanos, por la tolerancia,

se criaron al abrigo de Violeta.

Ella fue un referente para ellos, lo hablaba antes con Esteban Ibarra,

y sigue siendo un referente moral para ellos.

Creo que esto justifica más que nada este pequeño homenaje

que queremos hacer desde aquí a Violeta Friedman,

con vuestra ayuda, por supuesto.

con Televisión Española también.

(Música)

(Aplausos y vítores)

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Shalom - Violeta Friedman: el peso de 40 años de silencio

01 nov 2020

Este año se cumplen 90 años del nacimiento de Violeta Friedman y por ello hoy nos desplazamos a Centro Sefarad-Israel que, junto con la Fundación Violeta Friedman, han preparado una jornada homenaje para recordar su figura.

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