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Para todos los públicos Shalom - Ita Bartuv: la alegría de sobrevivir para contarlo - ver ahora
Transcripción completa

Muy buenos días, shalom.

Uno de los desafíos de Shalom es preservar la memoria histórica

de aquellas personas que sobrevivieron al holocausto.

Hoy les traemos el testimonio de Ita Bartuv,

ella era una niña cuando esto ocurrió, hoy tiene 77 años.

Ita nos cuenta como viviendo en Skopje,

en la capital de Macedonia del norte,

los nazis llegan a dar la orden de encarcelar a toda la población judía

Su familia se esconde en un armario,

en el taller donde su madre era modista

hasta que los descubren.

De allí llega a Kósovo donde sobrevive como musulmana

hasta el final de la guerra.

Cuando empieza la guerra, en el 41 yo no había nacido,

yo nací en el 43.

Mis padres se pudieron salvar porque la noche

que aprisionaron a todos los judíos de Macedonia, de Skopie,

que es la antigua Yugoslavia,

pudieron salvarse gracias a unos amigos, no judíos,

que los escondieron hasta que terminara la "razia".

La razia era el encarcelamiento de todos los judíos

que estuvieron en el Monopol.

Monopol, una fábrica en Skopje,

que fue un campo de concentración temporal.

Mis padres se arrancaron,

estuvieron escondidos gracias a unos amigos macedonianos,

que los pusieron dentro de un ropero

y cuando terminó todo y estaban todos ya encarcelados,

sus padres, sus hermanos, toda la familia,

son casi 60 personas de su familia primaria,

los padres, los abuelos, los bisabuelos, los tíos...

Y cuando ya pudieron salir y pasar la frontera,

con ayuda de amigos, por caminos y a pie, en pleno invierno,

pasaron y llegaron primero a Kósovo.

Mi mamá estaba ya embarazada de mí

y en Kósovo los identificaron como judíos

y los metieron en la cárcel.

Y gracias a un amigo albanés de mi papá,

los liberaron.

Mi papá tenía una cédula de identidad musulmana con otro nombre,

yo no sé cuándo la recibió porque nunca contó nada,

pero gracias a esa cédula pudimos salir de la cárcel

y de ahí se fueron a Albania,

porque Albania tiene un código de honor que se llama Besa,

que dice así

Si tú no salvas a cualquier persona que te pide tu ayuda,

no importa quién es, a costa de tu familia, tú no eres albanés.

Entonces hasta las casas de ellos están arregladas de cierta manera

que el patio de atrás está conectado uno con otro con puertas

para pasar gente.

Ellos llegaron a Skodra,

una pobreza, claro... por supuesto pobreza

y con ayuda de amigos albaneses se pudieron salvar

y les dieron una pieza,

donde yo nací,

nací en el suelo,

el 43 y con ratas alrededor,

con pulgas cayendo del techo,

sin doctor, sin matrona, con una amiga.

Estuvimos en Albania dos años, hasta el final de la guerra, el 45,

volvimos a Skopje

a esperar que alguien hubiese vuelto,

pero no sabíamos que Treblinka donde lo habían llevado,

no fue un campo de concentración,

Treblinka fue un campo de exterminio.

Es decir, llagaban,

los desnudaban, los metían en cámaras de gases

y los quemaban, el mismo día.

Así que nadie de Treblinka se salvó. Nadie.

Todos murieron.

Pero ellos esperaron un año y después con toda su experiencia

y toda su tristeza y toda su...

lo que había quedado de su vida,

recogieron las cuantas cosas que habían sobrevivido,

como unas cuantas fotos de familia, un... un...

cositas chicas.

Y decidieron llegar a Italia,

que los ayudaran en Italia y de allí empezar a buscar un país

donde empezar una nueva vida.

Llegaron a Italia, a Trieste

y gracias a la Cruz Roja les dieron 15 dólares,

boletos de tren, que el tren era...

había millones de personas que estaban buscando dónde irse,

era un loquería total.

Y llegaron a un campo de refugiados, al sur de Italia,

y estuvimos en tres diferentes campos por dos años,

esperando una visa para alguna parte.

Pero desgraciadamente, después de la guerra,

no había países que aceptaran judíos. Era muy difícil.

En Israel estaban los ingleses,

los que llegaron ilegales

y nosotros esperamos por dos años y no tuvimos...

hasta que mi papá se acordó que tenía en Chile una tía

que a principios del siglo XX había emigrado a Chile.

Y gracias a ella que los pidió se puede decir,

llegamos a Chile en un barco de hierro inglés,

estuvimos un año... un año no, un mes, hasta que llegamos,

pasamos por el canal de Panamá,

llegamos a Valparaíso y allí empezó una nueva vida.

Por supuesto que al principio, una pobreza tremenda.

Papá no habló nunca,

nunca, nunca, nunca nombró a su familia,

sus 8 hermanos, a su padre, a su madre, nunca.

Mamá a veces lo contaba, pero como un cuento de hadas

yo no me daba cuenta que era mi cuento,

y muchos años no me di cuenta que era mi cuento

porque tías, todas las mujeres que eran amigas de mamá,

yo le llamaba tías, eran mis tías.

Y los demás bueno...

Abuelos nunca eché de menos

porque no se echa de menos lo que uno nunca tuvo.

Y me negué a aceptar que yo había estado en el holocausto,

que había nacido en Skodra, en Albania,

hasta los 65 años.

A los 65....

porque todos los años de mi juventud, de mi trabajo,

hasta que me jubilé estaba ocupada en negar mi identidad.

Al principio hasta los 11 años estuve en un colegio católico,

hasta que me dijeron que era judía

y decían, como puede ser judía si le canta a la Virgen María,

no puede ser.

Y entré a un colegio, judío, hebreo,

y al principio me llamaban el pájaro raro,

porque yo era rara, la verdad.

También mi nombre, y al principio yo hablaba ladino,

así que...

entonces hice todo lo posible por ser como mis amigos.

Completamente no tengo identidad europea, soy chilena

y por eso cuando fui al Ministerio, fue un choque para mí.

Y a los 65 años, un día...

por una de esas casualidades,

a pesar de que yo soy la antorcha de mi familia,

cada familia tiene una antorcha que lleva...

la historia familiar

y yo no sé cómo yo fui antorcha

y todos me trajeron todos los recuerdos familiares

y estaban en mi casa.

Mi casa era el depósito,

el depósito nacional de los recuerdos.

Y decidí que había llegado el tiempo de decir a los albaneses,

gracias por salvarnos.

Y bueno... una historia larga, llegué a Skopje

y en público

les di gracias a los albaneses

y bueno, me aceptaron como la Reina Isabel, por lo menos,

porque una judía macedoniana, dando las gracias a los albaneses

era una cosa muy rara.

Entonces desde ahí empezó mi historia.

La historia de cómo traer el milagro de mi salvación

y de mi familia, de mis padres,

sacarlos del olvido,

porque de la gente de Macedonia quedó solamente el 2%,

el 98% murió, fue exterminado

y había quién no tenían voz,

quien los recordarse.

Y llego yo y tengo fotos originales,

y por supuesto que soy digamos, no una sensación,

pero, una cosa rara.

Llega una persona rara a dar las gracias.

Toda mi vida viví con unos padres que eran completamente fríos

en todo lo que se llama emociones, demostraciones de afecto.

Nunca tuvieron ninguna demostración de afecto,

por supuesto que nos querían, por supuesto que se preocupaban

de tener comida, de tener un techo,

de tener todas las comodidades posibles,

pero nunca de un afecto, ¿por qué?

Porque toda la parte afectiva de ellos fue destruida completamente.

Mi madre estando en la cárcel,

vio pasar el tren con su familia a Treblinka,

porque si está aquí, los rieles estaban ahí,

es decir, no era como yo me imaginaba que estaban lejos,

era cerca,

eso la marcó, podía escuchar los gritos,

era así porque estaba cerca,

yo los miraba, yo veía las manos, yo los oía gritando a la gente,

¡agua, comida!

Y mataron también a un soldado italiano que quiso darles agua.

Lo ametrallaron ahí mismo en el andén.

Y eso afectó emocionalmente

y no solo afectó, nos hizo lo que somos.

Los hijos de mis padres no somos personas afectuosas.

Y el miedo, ellos vivieron siempre con miedo,

yo hasta el final de su vida le dije,

papá, por favor, si la Gestapo y los SS ya no existen.

Me decía, no, no, no digas a nadie lo que vamos a hacer.

Cosas de comer, eso me quedó a mí también.

Mi papá tenía en la casa,

nosotros teníamos dos frigoríficos llenos de comida, llenos.

Si él no tenía los frigoríficos llenos, se ponía nervioso.

Y yo compro también más,

lo que más me gusta comprar hoy día, es comida,

ni ropa, ni nada, no, es comida.

Me acuerdo del sentimiento del hambre.

El hambre es algo que no se olvida,

el hambre es...

más que hambre, es algo, es un sentimiento, una sensación,

que si tú no comes, mueres.

Entonces yo de niña chica,

tenía que estar en fila para que me den algo de comer.

En el campo comía todo lo que pescaba.

Lo importante para mí es contar

el renacimiento, la continuación de una familia,

que toda la familia fue exterminada,

que quedaron dos personas solas que eran jovencitos,

tenían 25, 20 años

y pudieron reconstruir su vida, a pesar de todo,

reconstruyeron su vida.

Yo creo que la reconciliación con mi persona y con lo que pasó

es necesario para que mis hijos y mi nieto

continúen sin la sombra negra que es el holocausto.

Sin olvidar.

Subtitulación realizada por: Ana M Gil Fdez-Marcote.

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Shalom - Ita Bartuv: la alegría de sobrevivir para contarlo

09 ago 2020

Ita Bartuv fue una de las supervivientes del Holocausto que huyó junto con sus padres a Albania. Ita vivía con su familia en la capital de Macedonia del Norte hasta que los nazis dieron la orden de encarcelar a toda la población judía de la ciudad.

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