Shalom La 2

Shalom

Domingo a las 09:45 horas

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5560230
Para todos los públicos Shalom - Anette Cabelli, sefardita en el holocausto - ver ahora
Transcripción completa

Muy buenos días. Shalom.

Nosotros hoy les decimos shalom desde la quietud de nuestro hogar

y hacemos lo que nos han indicado hacer.

Quedarnos en casa para que esta epidemia,

si Dios quiere, se pase lo antes posible.

En el calendario judío, además,

estamos a muy poquitos días de la conmemoración

del día dedicado a las víctimas del holocausto nazi.

Para esto hemos elegido hoy algunos retazos

de la vida de Anette Cabelli, una sobreviviente del Holocausto.

No debemos olvidar que algunas ideologías,

desgraciadamente,

como son el antisemitismo, la xenofobia,

la intolerancia al otro,

a veces pueden ser tan letales como el peor de los virus.

Tenemos con nosotros a una superviviente, Anette.

Anette, buenos días. Buenos días.

Anette, ¿qué edad tenía usted cuando empieza la guerra?

Yo tenía 17 años... Y vivías...

Cuando empezó la guerra italiana.

Y así conocí las dos.

Porque, en pocos días, los alemanes entraron en Grecia.

Usted vivía con su madre... Ymis dos hermanos.

Era una familia... Unida.

Unidos. Llegan los nazis,

llega la invasión nazi, y ¿cómo cambia su vida?

Había mucha gente que se moría de hambre,

porque teníamos un tique de unos 300 gramos, creo,

que era como una pasta, todo agua.

O el maíz... ¿Se dice el maíz? Maíz.

Entonces, cuando se come esto, la persona se infla

y, entonces, se muere.

A uno de sus hermanos usted ya no lo vuelve a ver

y a otro lo consiguen rescatar

a cambio de una suma de dinero importante, ¿verdad?

Yo, cuando fui al campo,

era que tenía mi tío que venía a trabajar.

Y le digo: "Tío Isaac, ¿cómo está Alberto? ¿Y Charles?".

Porque era el hijo de mi tía.

Y eran bien importantes, porque eran grandes...

Me dice:

"Están bien, se come bien, no trabajan...".

Charles estaba contentísimo.

Después ya vería una, porque había entre nosotros,

en el campo, había una "oficiala", ella era la jefa.

Le demandé: "Señora...", se llamaba señora Junio,

"¿Cómo es esto, que no trabaja, que no...?".

"Ah", me dice, "dime, señora, ¿cuál es?".

Yo no sabía, pero veníamos de entrar al campo.

Y esto era tres meses después.

Entonces, me dice:

"¿Sabes? No sé si te lo va a decir, pero ya soportó todo".

Dice: "Tu hermano estaría para hacer experiencias".

Y, claramente, después, en tres meses de tiempo,

a mi hermano le hicieron experiencias.

Experimentos médicos. Sí.

No se puede contar, porque cuando vine a Auschwitz,

la noche... No era ni noche ni día.

Entonces, me estaba yendo,

porque los alemanes tenían una política que decía:

"los viejos, las viejas, las criaturas..."

Entonces, tú tienes que tener este camino y hay camiones,

ya va a ver, con la "croix rouge", la cruz...

La cruz roja. Sí, la cruz roja.

Entonces, la gente se iba automáticamente.

Estaban juntas porque decían, porque en el tiempo

que venimos al campo nosotros,

se tenía que andar tres kilómetros para ir a Birkenau.

Entonces, cuando bajamos del tren, el tren era de bestias...

De animales.

Y no podía una persona normal...

No yo, porque era jovencita,

había otras que se caían y también se caían otras y así.

Y mi mamá dice:

"Mejor iremos con el camión".

Y también no vi más a mi sobrina ni a mi tía,

no vi más, porque mi mamá siempre me tenía la mano así.

Entonces, vino uno, un...

Un soldado, que para mí tenía dos metros y estas gafas

y este manto hasta abajo.

Entonces, yo...

Mi mamá, como, no que era vieja, porque tenía 40 años...

Entonces, ya sabe usted, tenemos respeto.

Le digo... Me dice: "Súbete tú primero".

Y había otros que le daban la mano para subirse.

Y yo estaba por detrás, y en este momento,

vino este soldado, ese soldado.

Sacó a mi mamá y me fui.

Y le dije a mi mamá:

"Adiós, mamá, no te preocupes. Todo va a ser bien".

(Música)

En este momento, desde la estación,

había 1.500 judíos en un transporte.

El problema de los alemanes era que necesitaban

una mano de obra que viene y que puede trabajar.

Claro.

Porque los otros que están en fábricas,

cuatro meses después, ya no vivían más.

Entonces, tenía que cambiar.

Claro, entonces, por eso ancianos, mujeres,

embarazadas, niños...

Sí, para otra parte. Los sacaban directamente.

Y también, cuando estábamos las mujeres con aquellos hombres:

"Tú, tú, tú, tú, tú, tú, tú".

Eran 200, 300, y el resto se iban a pie.

A pie para ir a las "chambre à gaz".

A las cámaras de gas. A las cámaras de gas.

Esto era otro, los camiones era otro...

Su madre no la volvió a ver. No la volví a ver más, no.

Y los que se iban en el camión de la Cruz Roja

tampoco sabían a dónde iban.

Esta gente se iba, como iban a pie.

Los primeros eran ellos.

Y después, estos que venían por detrás a pie,

los tres kilómetros a pie.

Y a nosotros nos llevaron a una barraca y,

entonces, allá...

Era la última vez que sabía cómo me llamo.

Porque después no oí más el nombre mío.

Y nos tatuaron.

Tengo el número.

Después, era todo con número, no había más nombre.

No supe más lo que era el nombre.

Y así, entonces nos llevaron al baño...

Nos... El pelo de todas las partes.

Y también en la ducha.

Esta ducha, puedo acordarme, me he acordado ahora,

cada día cuando toma la ducha,

porque había seis mujeres

y ponían agua caliente, muy caliente, para quemarse.

Entonces, chillamos.

Después metían el agua fría,

muy fría y ellas estaban contentísimas,

riendo.

Y cuando pasábamos por una pequeña camarera,

nos daban...

No teníamos para cambiar,

estábamos mojados y nos daban este pijama de rayas.

En 24 horas ya no éramos más humanos.

Era... No, la "dignité", ¿cómo se...?

La dignidad. Sí.

Ya no éramos más nadie. Nadie.

Y después vino el tiempo para trabajar.

Usted tenía 17 años. Sí.

¿Y trabajaba dónde?

Este doctor,

cuando vinieron a coger a las otras para los trabajos,

me llevó a un hospital...

Que se dice hospital.

Ella era...

Las mujeres polonesas prisioneras de comuna.

¿Cómo se dice? Que eran comunistas.

Comunistas polacas. Comunistas, sí.

Entonces,

me topé con estas mujeres y yo, para mí...

Me respetaban mucho.

Cuando me llamaban, no me decían "judía",

me decían "grechinca".

Es en polonés griega... Griega.

Estaba tocada porque me querían bien.

Mi sobrina, el mal que tuvo, que se murió,

porque estaba siempre, siempre llorando.

Pobre. Sí.

Yo le decía: "No llores". Pobre.

No están ya nuestras mamás,

pero no hay más ni papá, ni mamá, ni hermanos.

Esto es lo que la mató, la pobrecita.

¿Cuánto tiempo estuvo usted en Auschwitz, Anette?

Yo no subí solo a Auschwitz, después del camino de la muerte.

También Ravensbrück. Ravensbrück.

Y de Ravensbrück me fui a Malchow, otro campo.

Auschwitz era...

Era un campo que era para los soldados y era...

Y era mejor, porque en Birkenau no se podía vivir ahí.

Era eso y lo que hay...

Que vimos...

Veíamos a los hombres cómo los trataban y les pegaban

y les decían: "No tienes que bailar".

Y también, los pobrecitos...

"Jabad". ¿Cómo se dice?

Un sabio, un rabino. Un sabio...

Le cortaban la barba y ellos se van riendo,

y desnudo, el pobre,

y tenía que bailar y saltar.

No, ya le dije a usted, cuando entras ahí,

ya no sabes ni quién eres.

No sabías más.

Y ellos lo iban riendo, y pegándole, y: "Baila"

y "otro, y otro", hasta que no podía más.

Cuando acaba la guerra, Anette, ¿usted a dónde va?

Cuando acaba, abrimos la marcha de la "mort" cinco días.

Pusieron trenes abiertos y la nieve...

Cayendo. Cayendo.

Entonces los alemanes estaban huyendo.

Y lo teníamos, cuando las rayas del tren...

Los raíles. Sí, estaba...

No estaba ocupada para los alemanes.

Entonces, hacíamos unos cuantos kilómetros...

Y la marcha de la "mort",

el 50 % se murieron por las calles. Seguro.

Porque, si no avanzabas, entonces el alemán te tiraba

y te dejaba.

Así fue que o se morían, que no podían más...

O los mataban o se morían.

Y cuando acaba esa guerra, ¿usted se va dónde?

¿Cómo retoma su vida, Anette?

Por decirle a la señora,

los primeros meses y también los primeros años

estaba muy deprimida, no quería más vivir.

Porque en el campo no lloré nunca.

Después que salí,

que fui a Francia, no tenían ningún...

No tenía una persona.

Porque yo tenía 20 años, 20 años,

necesitaba un poco de calor, un poco de amor.

De familia, normal.

Y eso era que mi marido era un poco más fuerte también,

él sufrió bastante, porque no se quería ir al trabajo

y tenía toda la espalda...

Los bastones que les daban, como si fuera fresco...

Y "no", "que sí", "verás"...

No. Y lo peor es que lo transmití

a mi hija la mayor.

Siempre me decía: "No me quieres bien.

No me quisiste nunca bien. ¿Por qué?".

Puede ser.

Porque no tenía yo,

yo no tuve personas que me querían bien.

(Música)

La primera vela en memoria de los seis millones de judíos

asesinados en guetos, persecuciones y campos de concentración,

encendida por Anette Cabelli,

superviviente del campo de exterminio de Auschwitz.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Anette Cabelli, sefardita en el holocausto

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Shalom - Anette Cabelli, sefardita en el holocausto

19 abr 2020

Hoy es YOM HASHOA en el calendario judío: el día de conmemoración de la SHOA. Anette Cabelli es uno de los testimonios vivos del horror que fue la SHOA y uno de los pocos supervivientes que aún pueden hacer valer su testimonio. Superviviente del campo de concentración Auschwitz-Birkenau al que llegó con 17 años y salió con 20.

ver más sobre "Shalom - Anette Cabelli, sefardita en el holocausto" ver menos sobre "Shalom - Anette Cabelli, sefardita en el holocausto"

Los últimos 634 programas de Shalom

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios