Shalom La 2

Shalom

Domingo a las 09:45 horas

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Para todos los públicos Shalom - Las mujeres me dieron alas - ver ahora
Transcripción completa

Muy buenos días.

Un domingo más, les decimos "shalom"

y les damos la bienvenida a nuestro programa.

En una época en la que estamos viviendo,

entre gran número de confrontaciones,

se hace más necesario que nunca buscar las cosas que nos unen

y entender que las diferencias no solo son algo positivo,

sino que además tenemos que afrontarlas y compartirlas

para que nos ayuden en nuestro desarrollo personal.

De esto y de otros temas habla el libro de Verónica Nehama,

que ha venido hoy a presentarlo aquí, a "Shalom".

Muy buenos días, Verónica, y bienvenida.

Buenos días. Muchas gracias por invitarme.

Siempre es un placer estar aquí.

Es tu segunda obra en un tiempo más o menos prudencial,

vamos a decir.

"Las mujeres me dieron alas y los hombres raíces",

¿por qué este título?

Bueno, en realidad, el libro tenía el título permutado,

era "Los hombres me dieron raíces y las mujeres alas".

Y fue gracias a mis editores, a Rubén y a Susan de Nagrela,

que tuvimos la idea de permutarlo porque en el fondo el mensaje

que yo quería transmitir era primero un mensaje de liberación.

Es un libro que quiere destacar

que las mujeres han podido conquistar la libertad,

que no es una prebenda, es una justicia.

Y como judía, la justicia, creo que está muy marcada,

muy, muy interiorizada en nuestro acervo cultural.

Y quizás el título lo puse al principio primando los hombres,

porque yo soy el producto de una generación

que hoy se tilda de heteropatriarcado,

aunque creo que no hay que renegar de nada del pasado.

Pero también quería reivindicar

no solamente los derechos de las mujeres,

pero que nunca fueran en detrimento,

porque tengo nietos y nietas

y no quiero que los derechos de uno

vayan en detrimento de los de los de otros.

Fue bastante difícil porque entre la pandemia,

el aislamiento, o sea,

casi todo lo tuvimos que hacer por medios tecnológicos,

que también tuve que aprender

y al final me gusta que se destaquen las alas,

porque yo creo que, al final, he descubierto

que las mujeres han sido mi verdadero arquitecto emocional,

mis abuelas, mi madre, mis hijas, mis nietas.

Y que las raíces tienen también una importancia

porque me permitieron recuperar la identidad.

Pero creo que es muy importante también soñar y reinventarse

cuando tienes una cierta edad. Por supuesto que sí.

En el libro, en el título, hablas de las mujeres en general,

pero luego los personajes que aparecen son muy específicos,

son distintos modelos de mujer.

¿Qué es lo que quieres transmitirnos

con estos modelos diferentes que aparecen en el libro?

Bueno, indudablemente yo repito mucho que la...

La... Lo que sabemos, la diversidad del mundo

no la apreciamos lo suficientemente

y que al final, más que la sapiencia,

es la experiencia lo que te permite

apreciar todo eso puesto a nuestro alcance.

Y quizás también porque nos enseñan muchas veces que la pertenencia es

casi una oposición,

para pertenecer a un grupo hay que estar en contra de otro.

Y esa deriva social que hay ahora me molesta,

de enfrentamientos constantes, de atizar rencores.

Entonces me pareció importante

definir la pertenencia de otras maneras,

utilizando precisamente esa diversidad.

Siempre me recuerdo el chiste del judío

que en la isla desierta construye dos sinagogas,

porque a esa no va.

Entonces a mí me parece que es

esa riqueza puesta a nuestro alcance.

Tenemos que transmitir a nuestro alrededor

que hay que no solo tolerarla,

porque parece que tiene siempre una connotación negativa,

sino verdaderamente fomentar la empatía,

porque entonces vamos a tener la tolerancia que buscamos,

pero vamos a tener también afectos, ¿no?

Y el libro realmente se basa en construir afectos.

Precisamente las relaciones entre las diferentes mujeres.

Quizás a lo mejor rompen un poco los estereotipos,

no precisamente son las mejores relaciones

con las personas que podrían tener mayor proximidad,

en ideología en forma de vida, ¿no?

¿Cómo son estas relaciones que se dan entre las mujeres

en el libro?

Yo creo que las relaciones...

Cuando la vida pasa es un tren.

Tú te subes, no sabes ni dónde va ni qué trayectoria va a tener.

Entonces,

el ser el mejor ser humano posible dentro de tus posibilidades,

me parece casi la única meta que debiéramos de tener.

Porque cuando se es joven, pues estás en un río y flotas,

no buscas ni remontar la corriente muchas veces,

ni cambiar de rumbo porque no tienes tiempo,

porque esa vida productiva y reproductiva

es un poco castrante respecto a las trabas que te pone.

Pero, bueno, es necesario tener unas pautas muy, muy marcadas.

Cuando tienes tiempo de reflexionar es muy importante.

Yo creo que en el libro, he intentado hacer un ejercicio.

Es como un viaje iniciático de tres mujeres muy diferentes,

pero al mismo tiempo es también un ejercicio de sororidad,

que está tan de moda el vocablo.

Y es muy importante descubrir

que las mujeres tenemos una ventaja respecto a los hombres.

Hoy cualquier cosa que digas que no parezca

que somos exactamente iguales.

Yo creo que no somos exactamente iguales.

Tenemos una biología diferente

y tenemos capacidades que son más masculinas que femeninas.

La intuición en un caso, la fuerza física en otro,

entonces es valorizar.

Y también el intentar explicar que no es ser mejor feminista

o peor feminista.

O que los hombres se piensen

porque tienen unos gramos más de cerebro

o un apéndice diferente, son mejores.

No presupone nada de esto.

Entonces, hacer ese ejercicio

que a las mujeres se nos da muy bien,

las mujeres tejemos unas redes

que al mismo tiempo son de comunicación,

pero también son de soporte cuando te vas a caer.

Y en eso yo creo que ganamos a los hombres por goleada.

Porque tenemos esa capacidad de comunicar sentimientos

y no solamente hechos.

Entonces ha sido un poco esa búsqueda.

¿Y las raíces de los hombres?

A mí, por ejemplo, que me he sentido toda la vida desarraigada.

Yo no quería raíces. O sea, yo me...

Me hice una especie de síndrome del Nenúfar

para poder flotar.

Y, bueno, va en detrimento de unas cosas. Intentas volar.

Hemos elegido precisamente en el libro,

entre dos portadas que me ofrecieron,

una de pájaros y una de mariposas;

junto a mis hijas, elegimos la de mariposas.

Porque esa misma fragilidad que tiene la mariposa,

que si se desprende desde su polvo, pues ya no puede volar,

esa misma fragilidad hace que te organices en grupos,

que formes equipos.

Y nos pareció más emblemáticas, por decirlo de alguna forma.

Porque "alas" siempre sugiere pájaros.

Pero nos gustó mariposas y mis hijas

quisieron hacerme este pequeño centro para traerlo.

Nos hablabas de tu situación de inmigrante, ¿no?

Desde niña, que repercute

en eso que decías tú del síndrome de Nenúfar,

de no querer arraigar en ningún sitio.

¿Eso te lleva a entender más, y por eso está esta novela,

el hecho de que es necesaria la convivencia de las personas

que vienen de lugares diferentes

y que hay que acoger de una manera abierta y honesta

a que se incorporen a la sociedad?

Una frase que me define, o sea, fuiste extranjero en Egipto.

Yo nunca entendía por qué precisamente en Egipto,

donde yo había nacido.

Y en el fondo, dentro de la novela,

hay un personaje en el cual, que has ido un poco el bastidor,

donde yo he vertido mis frustraciones, mis emociones.

La Virna de la novela,

es una niña que con diez años descubre por primera vez el rechazo,

pero el rechazo a los judíos,

a algo que ella no se puede desprender de ello,

pero sin llegar a los extremos de Irène Némirovsky,

que es una de mis escritoras favoritas,

ella esconde durante mucho tiempo esa identidad

porque lo único que quiere es ser una gota de agua,

una gota de líquido dentro de la masa.

Odia las diferencias y se pasa la vida

suscitando curiosidad por su apellido raro,

por su lugar de nacimiento exótico,

porque estudia ciencias viniendo de letras.

Bueno, ya cuando decía que era judía era como una naranja informativa,

pero te sentías exprimida y luego desechada

y veías curiosidad pero no simpatía.

No, no empatía.

Y yo quisiera dar también

el mensaje a mi descendencia,

a los que me siguen,

que en el fondo lo único que dejas cuando te vas

son los afectos que has cultivado, porque sembrar amor,

al final, la cosecha que vas a recoger

es que el día que tú ya no seas el cuidador de la gente

y la gente te tenga que cuidar,

que lo haga por amor y no por obligación.

Me parece un mensaje importante.

Mensaje muy bonito, desde luego que sí.

Cada libro que has escrito, tenemos dos,

escribiste primero "Las turquesas mágicas"

y posteriormente este otro.

Ha sido una necesidad que tú tenías.

¿Cuál ha sido la necesidad que tenías de escribir este libro?

La verdad es que escribir, para mí, me gusta,

me gusta, me apasiona,

pero soy muy obsesiva y tardo años en...

O sea, escribo muchos artículos.

Colaboro con una revista judía, la revista Salomón.

Pero son cosas puntuales.

En cambio, cuando te embarcas en una novela, para mí, son años.

Y la primera vez que escribí que escribí "Las turquesas mágicas",

fue porque descubrí la historia de mi familia

y yo debía, en cierta forma, ese legado a los que venían detrás

de toda mi familia asesinada en Auschwitz.

Y esta vez es porque necesitaba hacer como una catarsis,

de muchos años de no haber dicho cosas,

de no haber mostrado cosas,

de haber escondido para integrarme mejor,

para asimilar mi necesidad de gustar a todo el mundo.

El ponerte un caparazón

porque un caparazón te protege de muchos dolores,

pero también te impide disfrutar de muchas alegrías.

Entonces, esa especie de guata que había entre el mundo y yo,

decidí un momento de despojarme de ella.

Y tardé mucho en editar el libro

porque no soy ni prolífica ni...

Ni tampoco una escritora temprana, empecé muy tarde.

Yo tenía que despojarme un poco de ese caparazón

que en el fondo me impedía vivir plenamente.

Y cuando mi marido falleció, le escribí una carta

y esa carta me impidió durante mucho tiempo

continuar con el libro,

porque decidí que sería lo que terminaría

un poquito esa etapa de mi vida.

Me ayudó a restablecer prioridades,

a recuperar una identidad que yo había escondido,

porque yo, el querer parecerme a todo el mundo,

nunca pude entender que, a veces,

la especificidad de las personas hace también que te quieran.

Entonces, en el fondo,

el descubrir eso y el pensar...

Una frase que encontré que me encantó

y que me gustaría ponerla

es el... el...

El suspiro es el aire que te sobra por una persona que te falta.

Y es verdad que, cuando lees,

descubres facetas del mundo

y facetas interiores que ni siquiera sabías que existían.

Dirías tú a algunos de tus alumnos,

cuando estabas en tu época de directora del colegio Gabirol,

que fue una etapa importante de tu vida,

algunos alumnos te decían que eras feminista.

¿Dirías que este libro es un libro de defensa del feminismo?

Bueno, me tildaban de feminista porque era una época, hace 40 años,

en que estábamos todos todavía muy marcados

y yo oía muchos comentarios de prepotencia y de machismo,

pero no era su culpa,

era un poco lo que el ambiente en el que se vivía en la época.

Insisto, el feminismo me parece maravilloso cuando conquista,

pero me parece terrible cuando opone.

Entonces quiero...

Por eso el título es largo, pero yo lo quería completo.

Yo quería decir que las mujeres

necesitan seguir con esas conquistas,

pero ir de la mano de nuestros aliados naturales,

que, al final, somos las dos partes de la humanidad,

aunque las mujeres somos el 51 %.

Pero yo creo que es importante hacer las cosas en conjunto, insisto,

pertenencia pero no por oposición.

Se nos acaba el tiempo, Verónica,

y nos gustaría que nos compartieras por qué tendríamos que leer

tu novela.

Tener que, no.

Me gustaría que la eligieran por...

Y que la encontraran además amena e interesante.

Porque yo no he pretendido...

Las lecciones no se aprenden más que cuando uno las experimenta.

Pero que no es un libro de duelo y de consuelo,

es una novela de ilusión y de esperanza.

Entonces el poder descubrir

ese triunvirato de mujeres

y la persona que está...

Siempre a tu lado tienes una realidad peor que la tuya.

Y la diferencia entre las dos es cómo la asumes.

O sea, es la actitud más o menos positiva.

Yo creo que en estos tiempos, insisto, de pandemia,

actitudes positivas y empatía

y amistad, conciliación.

O sea, hoy dirían los jóvenes "buen rollo".

Me parece fundamental para poder superar este momento

que pasará porque pasa lo bueno y pasa lo malo.

Por supuesto que sí.

Yo estoy deseando leerlo en cuanto tenga un rato.

Gracias.

Los amigos del programa también están deseando.

Un placer, como siempre, Verónica. Gracias a vosotros.

Nos quedamos con estas inspiradoras palabras de Verónica

que nos habla de comprensión, de empatía, de compartir,

de intentar hacer un mundo mejor.

Como siempre, desde "Shalom", respetando la libertad individual

y reconociendo los derechos de cada persona.

Lo haremos y lo hemos hecho durante todos los programas

y esperamos que este sea un canto más

a la libertad de cada uno de los seres humanos.

Les esperamos aquí el domingo que viene.

No nos falten, "shalom".

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Shalom - Las mujeres me dieron alas

10 ene 2021

Presentamos hoy en SHALOM el nuevo libro de Verónica Nehama de Linder "Las mujeres me dieron alas y los hombres raíces".

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