Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 818 - ver ahora
Transcripción completa

¿Estás seguro de que este es el teléfono de esa tal Hanna?

Muy bien, gracias.

-No he oído ese nombre en mi vida. -Mientes.

-Márchate, Hanna. -Teníais una relación.

Hannah, te lo... ¡Miguel!

¡Miguel!

-El tío que pegué era un subinspector que me acosaba.

Y lo peor es que me denunció por insubordinación.

(GORDO) -Les he dicho... ¡Policía!

¡Yo no he hecho nada! ¡A la pared!

-Han cogido al Gordo. ¿Qué hacemos? -La madre que le parió.

-Si quieres, empieza mañana.

-Solo hay un delincuente al que los dos encerraran.

-¿Quién es? -Víctor Durán Ordóñez.

-¿Visteis a Durán y no lo detuvisteis?

-Víctor Durán ya no es sospechoso. -Le falta un brazo.

-Si no le doy el dinero, me darán una paliza.

Y si se lo doy, dará igual. Querrá más.

Estoy decidida.

(Música emocionante)

(Música instrumental)

Buenos días. Buenos días.

¿Has dormido bien?

¿Y tú? Bien.

Bien. Aunque llevo un buen rato dándole vueltas a lo de tu hermano.

Y creo que he encontrado la solución.

Vamos a adulterar la heroína que le pasas con fentanilo.

¿Con qué? Es un opiáceo sintético muy potente.

¿Como la morfina?

Sí, parecido, pero todavía más fuerte.

Se usa para paliar dolores en pacientes con cáncer,

y como complemento de la anestesia general

para potenciar la sedación.

¿Y podrías conseguirla? Precisamente.

La tengo en la clínica.

Nuestro anestesista usa de dos a cuatro ampollas por operación.

Voy a programar varias operaciones

para intentar que desaparezca una de esas ampollas.

Nadie se dará cuenta. No habrá problema.

¿Con eso bastará? Sí.

Con eso conseguiremos una dosis mortal.

(Puerta)

(PAULA) -Papá, soy yo.

(SUSURRA) Al baño.

(Puerta)

Voy. Un momento.

Pauli. Qué alegría verte.

Perdona que venga tan temprano.

No te preocupes. Pero pudimos quedar en La Parra.

Vamos, te invito a un café. No, no. Solo será un momento.

Debo irme a trabajar.

Como quieras.

Quería decirte que ayer me molestó

que olvidaras que quedamos a comer y que luego no me hicieras caso.

En otro momento de mi vida

habría dejado pasar el cabreo y listo.

Pero no quiero que tengamos esa relación.

Me gustaría que si tenemos un problema,

lo hablásemos y lo solucionásemos.

Sí, tienes razón.

Ayer fui muy egoísta, y querría... No, papá.

Escúchame. No quiero que me pidas perdón.

Quiero disculparme yo contigo.

¿Tú? ¿Por qué? Pues por enfadarme.

Sé que estás muy liado, y tengo que entenderlo. Ya está.

Que no, cielo.

Que soy yo el que lleva días más pendiente del móvil que de ti.

Así que lo de ayer es culpa mía.

Te pido perdón. Te enfadaste y con razón.

Bueno, pues con razón o sin ella, no quiero que estemos enfadados.

No, ni yo tampoco.

Bueno, cuéntame. ¿Qué tal con esa compañera tuya?

¿Eh? Con la que habías metido la pata.

Para que veas que lo recuerdo todo.

Pues ayer hablé con Lidia y solucionamos nuestras diferencias.

Por esa parte, todo bien.

Bueno, me alegro. Y nada, ya está, papá.

Solo quería decirte eso.

Voy a la comisaría, que tengo mucho trabajo.

Me alegro de que hablemos las cosas.

Sí, yo también.

Chao. Chao.

Que tengas buen día. Igualmente.

-¿Tu hija es policía?

(HANNA) -Miguel.

(MIGUEL) -Hanna.

-Justo iba a ir al centro cívico para hablar contigo.

-Ah, pues qué bien. Cuéntame. Tú dirás.

-He hablado con Mar y me confirmó que lo que dijiste era verdad.

Que ayudaste a esas chicas después de que la Policía

hiciese la redada y desmantelase todos los pisos.

-Bueno, es que ese es mi trabajo:

ayudar y apoyar a mujeres en este tipo de situaciones

para que puedan rehacer sus vidas.

-Me dijo que las trataste muy bien.

-Pues desde el respeto y la máxima dignidad

que debe tener cualquier persona.

-Quería agradecerte. Me salvaste el pellejo.

-Gracias, pero no tienes por qué dármelas.

(SUSPIRA) -Quintero me mintió.

Se hizo pasar por uno de mis clientes

y solo quería averiguar información sobre Vlado Khan.

Y apareciste tú y...

(SUSPIRA) Gracias.

-No tienes que darme las gracias.

Aunque no lo pareciera, Fernando es bueno.

-Pues yo pasé miedo. -Te entiendo.

Es normal.

Digamos que últimamente está... muy nervioso.

-Oye, ¿y él por qué quiere encontrar a Vlado Khan?

-Pues es una historia muy larga, Hanna.

Ni te preocupes por eso.

-Hombre, sí que me preocupo,

porque probablemente volverá a preguntármelo.

Porque no parece un hombre que desista a la primera.

¿Sabes? Entonces igual la próxima vez no estarás para ayudarme.

Necesito saber a qué atenerme.

-Me parece bien.

La historia de Quintero viene del día del asalto a la comisaría.

Ese día murió una inspectora de policía, Alicia Ocaña.

-Sí, vi algo por la tele. ¿Por qué?

-Alicia Ocaña era su hija. Hija de Fernando Quintero.

Por eso Quintero busca a Vlado Khan.

-Fue él, ¿no? Vlado la mató.

-Hanna, si tienes algún tipo de información,

si sabes algo acerca de Vlado Khan, es importante que lo digas.

Es importante que vayas a comisaría y que digas lo que sabes.

Khan es culpable de la muerte de muchísimas personas.

Del sufrimiento de muchas mujeres como tú

que lo han pasado muy mal. Debe pagar por ello.

-Que no lo sé.

No sé si está en España, si salió fuera... No tengo ni idea.

-¿Estás segura de eso?

-¿Por qué te cuesta tanto creerme?

-Porque hasta donde yo sé, eras su pareja.

(Pasos alejándose)

A ver, aún está en periodo de prueba,

así que técnicamente... Da igual si tiene el título.

Está en contacto con policías. No podemos seguir.

No va a investigar nada. En cuanto investiguen un poco

y sepan que mi hermano murió por ese medicamento,

no tardarán en saber que tú eres el responsable.

Eli, tranquilízate.

Nadie sospechará nada. Ni Paula ni ningún otro policía.

¿Cómo estás tan seguro?

La muerte de tu hermano no llamará la atención.

Nadie va a investigar.

Es mucha coincidencia. Sospecharán de ti, seguro.

Tranquilízate. Ven.

Ven, escucha.

Es muy habitual que la heroína llegue a la calle con fentanilo.

Cuando tu hermano aparezca muerto,

si por un casual le hacen un análisis de estupefacientes,

solo comprobarán que ha consumido de una partida adulterada.

Y eso es muy habitual.

Entonces morirá de sobredosis.

No. El fentanilo es una especie de acelerador.

Los efectos de sedación se multiplican.

Tu hermano simplemente dejará de respirar.

Ni siquiera sentirá dolor.

¿Seguro? Soy médico.

Sé lo que me hago.

Si este plan no fuera perfecto, yo no te lo propondría.

No quiero que nos pongamos en peligro.

Solo quiero que seamos felices.

Y aunque la solución sea dura, es la única manera.

Ay, mira, Paula.

Acaba de llegar el informe de Científica y Balística

sobre el arma que le incautamos al Gordo.

Es un arma modificada, una nueve milímetros de fogueo.

Había sido manipulada para convertirla en un arma real.

Ya. He leído que cada vez hay más armas de ese tipo en circulación.

Bueno, es normal.

Un arma real puede costar 3000 euros en el mercado negro

y una modificada debe rondar los 600 euros.

Ahora entiendo por qué triunfan tanto.

Bueno, las armas de fogueo son fáciles de conseguir.

Parecen auténticas y no entrañan riesgos.

Además, puede conseguirlas cualquier adulto por 100 euros

de manera legal.

Por eso las compran con identidades suplantadas o falsas.

Y luego van a talleres clandestinos para que las hagan armas reales.

Y ahí acaban en el mercado negro. En el caso de la del Gordo:

"Se reemplazó el cañón por uno de acero

con sus correspondientes estrías y recámara

para que admita cartuchos del 6,35". En este caso en concreto

ese arma ha sido manipulada por un experto.

Un tío que tiene mucho oficio y mucha habilidad.

(Puerta cerrada)

(Música de suspense)

Abel, disculpa por lo del otro día.

No debí apuntarte con la pipa. Perdóname, ¿vale?

-Eso está olvidado, hombre. No te preocupes.

¿Qué tal? ¿Cómo lo llevas por aquí?

-Bueno, ya sabes...

Me tocó un brasas de compañero de celda...

(ABEL RÍE)

Y lo dices tú, que no te callas ni debajo del agua.

-Imagínate.

Lo que no sé es cuándo será el juicio.

No me han dicho la fecha. No sé qué puro me caerá.

-Oye, ¿ha venido ya alguien a verte?

-No. Eres el primero.

-¿Ni siquiera tu hija?

-No. No recuerdo haberte dicho que tengo una hija.

-No te preocupes. Está muy bien.

Estos días la he visto especialmente guapa.

Le gusta cuidarse, como a su madre.

Ayer estuvo haciéndose las uñas en un local de la calle Rosario.

-Pero... ¿la has estado siguiendo?

-No. Solo a Iris.

Ayer fue a pilates y después quedó con unas compañeras.

Por cierto, le hice unas fotos porque pensé que querrías verla.

(Música tensa)

Esta es tu hija, ¿no?

-¿Por qué la has estado siguiendo?

No le pongas un dedo encima, o...

-¿O qué?

¿De verdad crees que me interesa tu hija?

Los tiros van por otro lado.

-Vale. Abel, muy bien.

¿Con qué me amenazas exactamente?

-Con rajarle su preciosa carita.

Aún no te he contado lo más interesante.

Ese tipo de arma, de nueve milímetros,

modificada, con el mismo cañón que la que tenía el Gordo,

han sido utilizadas en delitos por distintos lugares de España.

Y según los compañeros, al menos en tres ocasiones.

Atracos a una sucursal bancaria, a una gasolinera

y un ajuste de cuentas con delito de sangre.

Lamentablemente, la víctima no sobrevivió.

Pero Científica asegura que las armas utilizadas en esos delitos

fueron puestas en circulación por el mismo sujeto.

Bueno, tendremos las armas para relacionar los delitos.

Efectivamente.

En los tres casos se detuvo a los autores

y se recuperaron las armas.

Bueno, cuatro si incluimos el caso del Gordo.

¿Qué dijeron en el interrogatorio?

He solicitado las diligencias

para ver qué dijeron, pero tenemos poca cosa.

Por ejemplo: el autor del robo en la gasolinera

se negó a declarar. Pues sí que empezamos bien.

¿El del otro atraco dijo algo? Sí.

Dijo que había adquirido el arma en la Deep Web.

Y que él solo se limitó a ir a buscarla a un lugar prefijado.

Estupendo.

Y el del ajuste de cuentas,

que el arma se la dio el socio

con el que propinó la paliza a la víctima.

Pero al socio no se le pudo interrogar

porque salió huyendo.

Así que no tenemos información ni pistas del vendedor.

Pero con esta información, el caso da un giro de 180 grados.

Nuestro siguiente paso es ir a hablar con el Gordo.

Ayer le pusieron a disposición judicial.

El juez lo encarceló hasta que haya juicio.

Pero eso no me preocupa.

Hablaré con Instituciones Penitenciarias

para que nos den un permiso y podamos ir hoy a hablar con él.

Seguro que si le apretamos un poco,

le sacamos a quién le compró la pistola.

¿Sabes? Yo creo que esto va más allá de un atraco en una joyería.

Creo que podríamos estar ante un traficante de armas.

Abel, escúchame.

Mi padre y tú sois amigos desde que erais chavales.

No puedes hacerle eso a su nieta.

-Una cosa es mi amistad con tu padre y otra los negocios,

donde has demostrado ser un completo inútil.

No te confundas.

La jefa y yo te lo dejamos muy claro:

te pedimos que te mantuvieras lejos del barrio,

y tú, ni corto ni perezoso, cometes un atraco

y dejas a una mujer herida.

-Vale, tienes razón.

Si... te hubiera hecho caso, ahora no estaría en este marrón. Pero...

Pero a Iris déjala en paz, por favor.

Ella no ha hecho nada. No tiene nada que ver.

-Eso depende de ti.

-¿Qué quieres que haga?

De verdad, haré lo que quieras. -Bueno...

De entrada quiero que me digas la verdad.

¿Le has dicho algo a la Poli sobre la pistola?

-No. Tampoco me preguntaron nada.

Y si me hubieran preguntado, no habría dicho nada.

-Si me la juegas, no me dejarás alternativa con Iris.

Lo sabes, ¿verdad?

-Sí. No te preocupes.

De verdad, que mi hija es lo primero. No pienso ponerla en riesgo.

-Ah, y una cosa más:

no le hables a nadie de la pistola.

¿Eh? Ni a tu compañero el brasas ni a nadie.

Si quieres que a Iris no le pase nada,

mantén la boca cerrada.

¿Te ha quedado claro?

¿Eh?

Vale.

-Vale. ¿Te explico otra vez cómo se organizan las comandas?

-No hace falta. Ya lo tengo todo anotado.

-¿Seguro? -Sí.

-Es importante no confundirte con eso.

Si no, se puede liar parda.

-Yo espero no liarla,

aunque en el "catering" solo servía y nada más.

Pero bueno...

-Tú tranquila, que va a salir todo muy bien.

Y oye, si metes la pata al principio, pues es lo normal.

Así que tranquila. Anda que no la he liado yo veces.

Y no tan al principio.

-A mí me gusta el trabajo, y espero hacerlo bien.

-Seguro que saldrá todo muy bien.

De todas maneras, si pasa lo que sea, está María.

Ella está siempre al rescate.

-¿Y qué tal es María como jefa?

-Como jefa es la mejor.

A ver, es exigente,

porque es su negocio y quiere que todo salga bien.

Pero es increíble.

Tiene un corazón que no le cabe en el pecho.

Y es superflexible con los horarios, con los asuntos personales...

-Eso es de agradecer. -Sí.

Además, como te descuides será más tu madre que tu jefa.

Ya te lo digo. -Ya.

Ay, qué emoción. -Buenos días.

-¿Qué tal? -Hola. ¿Te acuerdas de Daniela?

-Sí. -Pues me sustituye en La Parra.

-Perfecto.

Felicidades. -Gracias.

-¿Café? -Por favor. Para llevar.

Tengo prisa. -Muy bien.

¿Quieres hacerlo tú? (DUBITATIVA) -Sí.

-Americano, para llevar.

-Vale, ahora mismo.

-Paty, ¿tú no me dijiste que te iba a sustituir un chico?

-Sí, yo también lo pensaba, pero cambio de planes.

-Bueno, bien. ¿Cuándo empiezas conmigo?

-¿Mañana mismo? -Genial.

-¿Ya tan pronto?

-Sí. Hoy sería mi último día en La Parra,

y mañana empiezo allí. Si te parece bien. Que sí, ¿no?

-Sí, por mí genial. Cuanto antes, mejor.

-O sea, que mañana ya estaré sola. -No. No vas a estar sola.

Vas a estar con María. No te preocupes.

No te agobies. Todo saldrá bien.

-Espero que me tenga paciencia.

Será difícil superar el listón que dejas, Paty.

-Anda ya. Lo vas a hacer muy bien. Ya lo verás.

Yo confío en ti.

-Eso espero. Ah, tu café.

(Timbre)

Estás muy callada desde que entramos.

Es tu primera vez en la cárcel, ¿no?

Sí. Y la verdad es que... da un poco de respeto.

Bueno, es normal. Nos pasa a todos.

Sientes una tristeza nada más pasar la puerta...

Es que solo con pensar que detrás de estas paredes

hay mucha gente privada de libertad...

Personas que han cometido delitos menores

al lado de personas que han cometido delitos muy graves.

Pero todos privados de libertad durante años, pues...

angustia. Angustia bastante.

Sí, sí.

Ahí lo tenemos.

(Puerta cerrada)

¿Cómo estás, Gordo?

Mira, Batman y Robin.

Las dos que me habéis arruinado la vida.

¿Qué, cuándo voy a salir de aquí?

Venimos para ofrecerte algo.

¿A mí?

-Descubrimos que tu arma es una pistola de detonación modificada.

Eso solo lo hace alguien que sepa mucho del tema.

Solo lo haría un buen profesional.

¿Quién te vendió el arma?

Venga, Gordo, cuéntanoslo, hombre.

Mira, si nos lo dices, yo hablo con el juez

y le digo que has colaborado, y así

probablemente te reduzca la condena.

Pues... ya lo siento, ¿eh?

De verdad que lo siento, pero qué va. No me acuerdo.

No... Hace mucho tiempo que tengo esa pipa.

Y... bueno, que la tenía.

Así que de verdad que no recuerdo cuándo la pillé, la verdad.

Venga, hombre. Haz memoria.

Cualquier detalle podría servirnos de ayuda.

-Bueno, déjame que piense.

Vamos a ver. Pues... (RESOPLA)

Pues... mira, sí. Ahora que me lo dices,

recuerdo... sí, que se la compré a un chaval del barrio, a un yonqui.

Sí.

Sí, fue eso. Él me hizo de intermediario.

A su vez él se la compró a otro.

-¿Y cómo se llama? -Sebas.

Sí. No me preguntes los apellidos. Todos le llamaban así.

Ya sé quién es.

¿Lo conoce? Sí, sí.

Era un habitual del barrio. Y digo "era" porque lamentablemente,

hace unas semanas apareció muerto en un descampado.

Pero Gordo,

eso tú ya lo sabías, ¿no? ¿Yo? Qué va.

Qué va, no. Para nada. No.

La verdad, me caía bien el chaval. Qué pena.

Sí.

El Sebas era un yonqui que robaba bolsos y móviles

para pagarse una dosis. No era un traficante de armas.

Bueno, eso lo dices tú.

Él me vendió la pipa que encontrasteis.

Mira, para comprar armas en el mercado negro

y luego venderlas hay que tener el riñón muy cubierto.

Y el Sebas malvivía en la calle.

¿Por qué utilizaste un intermediario?

¿Por qué no fuiste tú a comprar el arma, si era más barata?

-Bueno, yo qué sé.

Pues porque fui al primero que me dijo que me la podía vender.

Yo qué sé.

Alguien me dijo que el Sebas vendía, pues...

Pues se la pillé, así, sin más.

Así, sin más. Muy bien.

Pues dinos quién te dijo que el Sebas te podía vender un arma.

No me acuerdo. -Venga.

Piensa. Haz memoria. Ya recordaste al Sebas.

-A ver, que eso era algo que sabían todos en el barrio.

No me preguntéis quién me lo dijo. Es que no me acuerdo.

Muy bien. Pues preguntaremos por ahí.

¿Le diréis al juez que he colaborado?

Mira, Gordo.

Al principio no recordabas nada.

Después te has acordado bien de quién te vendió el arma.

Lo que pasa es que esa persona estaba fallecida.

Si yo le cuento todo esto al juez,

creo que te perjudico más que beneficiarte. ¿No?

Hemos terminado.

(Puerta)

¿Se puede? -Por favor.

(Puerta cerrada)

¿Va todo bien? -Logramos encontrar a Víctor Durán.

-¿Cómo consiguió dar con él?

-Gracias a Santiago Ríos.

Él recordó que Durán solía llevar los coches a unos talleres

a Aluche. A Obregón e Hijos.

Y lo localizamos y así pudimos trincarlo, sí.

-Es muy buena noticia. Enhorabuena.

-No tanta. A Durán le falta un brazo entero.

Lo perdió en un ajuste de cuentas.

-El hombre que vio Toni en el cementerio no tenía amputaciones.

-No pudo matar a Láinez ni herir a Ríos.

Así que volvemos a la casilla de salida.

-Se ha descartado un sospechoso.

Eso es un primer paso...

para poder dar el siguiente.

-Hasta ayer creía que tenía al tipejo ese trincado.

-No se impaciente.

Quizá pudo saltarse algún detalle importante.

¿Le parece que nos tuteemos?

Me incomoda tanto formalismo.

-Pues como prefiera. Perdón, como prefieras.

Igual me cuesta un poco.

-Volvamos al inicio, como has dicho.

Recapitulemos todo lo que tenemos hasta ahora

y veamos por dónde tirar.

Quizá se nos haya pasado algo importante.

Perdón por la interrupción.

Luego vuelvo para informarte. Si no es mucho, lo hacemos ahora.

Es sobre el arma que le incautamos a Carlos Román, alias el Gordo.

Se trata de un arma de detonación modificada.

Además, ahí en el informe Científica nos reporta información

sobre algunos delitos que se han producido

en distintos lugares del país con armas del mismo tipo.

Todas ellas modificadas bajo el mismo patrón.

Esta mañana, en cuanto leí el informe,

solicité permiso a Instituciones Penitenciarias

para interrogar al Gordo.

¿Habéis podido entrevistaros hoy con él?

Sí.

No sé si nos ha mentido o no

sobre cómo consiguió el arma.

Estamos en un callejón sin salida.

Sí.

De esta declaración no vamos a sacar mucho.

Lo siento. Por el momento no podremos pillar

a quien le vendió el arma.

(RESOPLA) Vaya día.

Lo siento. Es que nosotros estamos en el mismo punto

con la investigación.

Pues ánimo. Mañana verás las cosas de otra manera.

Bueno, gracias.

Espera.

Si te parece...

Verá, Miralles. Es que Salgado y yo estamos en un punto muerto.

Nos vendría muy bien

una opinión fresca, otro punto de vista.

Bueno, no me parece lo más adecuado.

No creo que sea buena idea.

Bueno, inspectora, eres la mejor investigadora que conozco.

Puedes aportar mucho en esta investigación.

¿Le parece mal?

-No, no.

Me encantaría conocer su visión.

Bueno, pues siendo así...

Siéntate.

-Empecemos por el principio. ¿Bien?

-¿Y qué pasó con Marta?

La mujer que decías que su exmarido se saltó la orden de alejamiento.

-¿Recuerdas que la alerta no saltaba? -Sí, que creías que estaba roto.

-Pues no. El maltratador no se acercó a ella.

Era más rebuscado todavía.

-¿Qué pasó?

-Pues nada, durante mi vigilancia

me acerqué al portal de Marta y de lejos vi a un tipo.

Podía pasar por el exmarido.

Total, que le di el alto, le pedí la identificación,

y el segundo apellido era el mismo que el del maltratador: Carmona.

-¿Era familia? -Sí. Primos.

-Eran primos, y nada. Tal y como decía Marta,

el tipo llevaba puesta la chaqueta que ella le regaló a su exmarido.

-¿Querían que Marta pensara que era su ex?

-Exacto.

Al principio el tío no me decía nada, pero al final se lo saqué.

Y el primo le mandó a rondar por el portal de Marta

para meterle miedo. -Pero qué retorcido, ¿no?

-Muchísimo.

Muchísimo, la verdad.

O sea, el tipo no puede acercarse a ella,

pero quiere que siga viviendo atemorizada.

Es... vamos. -Bueno, mira...

Ahora que les has pillado, seguro que la dejan.

-Ya te digo yo que el primo no vuelve a acercarse por allí.

Y esto lo he sumado al resto de diligencias,

para que el juez vea todo lo que ha sufrido la pobre Marta.

-Estoy flipando contigo, tía.

Pues porque me has dejado tirada.

-Que sí, hombre. No me cuentes tu vida. Bastante tengo con la mía.

Pues muy bien, vale.

Que sí. Que ya me espabilaré. Venga, chao.

Perdonad el numerito.

-¿Todo bien? (LIDIA) -Pues no.

Tengo un mal rollo encima...

Porque mi compañera de piso... bueno, la que iba a ser mi compañera,

me ha dejado tirada.

-¿Se ha echado atrás, así de repente? (LIDIA) -Sí.

Ha vuelto con el novio y ya no me alquila la habitación.

Y me mudaba hoy.

Así que nada: tiraré de hostal y me gastaré todos los ahorros.

-Nosotras tenemos una habitación libre.

Sí. Era de Esperanza Beltrán,

la antigua encargada del UFAM.

-¿La que está en Colombia? -Sí.

Puedes venir a vivir con nosotras. -A ver, un momento.

Que Espe no se ha ido para siempre. Vuelve en unos meses.

-Sí, te lo iba a decir. Sería algo temporal.

-Bueno, pero podría buscar algo desde ahí con más calma.

Así me ahorro el hostal.

-Claro, genial. Así nosotras compartimos gastos.

Y no creo que Espe tenga inconveniente.

-Pues es buena idea. ¿Puedo ir esta noche a ver el piso?

-Claro. ¿A las 21:00 bien? (LIDIA) -Perfecto.

-Vale. Luego te doy la dirección.

-Vale. Gracias.

-¿Por qué has hecho eso?

¿Por qué le ofreces la habitación de Espe?

-Pensé que no te molestaría.

Como anoche estuvimos tan bien.

-Ya, pero una cosa es que me esfuerce por llevarme bien con una compañera

y otra es que vaya a vivir con ella.

No sé, creo que debías consultármelo antes.

-Sí. Es verdad, tienes toda la razón.

Me he precipitado. Debí consultártelo. Lo siento.

-Es que compartimos piso,

y las decisiones importantes deberíamos acordarlas.

-Sí. Si tienes toda la razón. Lo siento mucho.

No pensé que fuera a ser un inconveniente para ti.

Vi a Lidia tan agobiada que ni lo pensé. Se lo solté y punto.

Pero si no lo ves, le doy una excusa.

Seguro que se busca bien la vida. -No, no.

Cualquier excusa parecerá que es cosa mía.

Mejor dejar las cosas como están.

-Igual hay suerte y no le gusta el piso.

(SUSPIRA)

-Luego sigue unas pautas rituales.

Los pone de rodillas, les ata las manos,

les venda los ojos y... les dispara un tiro en el pecho.

En ambos casos la pauta se repite.

-Veo evidente que ambos crímenes indican que hay venganza personal.

¿Tú crees? Sí.

-Si piensas en un ajuste de cuentas,

esta es la imagen que te viene a la cabeza.

(SUSPIRA) A ver...

Toni y Santiago Ríos

dijeron que el asesino llevaba un pasamontañas

para cubrirle la cabeza. ¿No es así?

Exacto, es así.

¿Tienes la declaración de Santiago Ríos?

Pregúntame lo que quieras. Lo tengo todo en la cabeza.

¿En algún momento el asesino se quitó el pasamontañas?

¿Se dejó ver la cara?

¿Y no os parece extraño?

¿Debería? Yo entiendo que es

para que ningún testigo lo identifique.

Podría ser por eso.

Pero me resulta raro que tratándose de una venganza

no actúe a cara descubierta,

que tampoco le diga nada a sus víctimas

y que incluso les tape los ojos.

Me parece demasiado esfuerzo para ocultarse.

Si realmente se trata de una venganza,

alguien que quiere vengarse quiere que el otro lo sepa.

Tienes razón.

Si se trata de una venganza,

no parece que haya un componente estrictamente personal.

-Si el componente no es personal,

¿qué quiere? ¿Qué busca?

A lo mejor no los elige por quiénes son,

sino por lo que representan.

Le robó la placa a Láinez

y la dejó al lado del cuerpo de Santiago Ríos.

Y a Ríos también le robó la placa.

Ajá. Esa es su firma.

Y podría ser una declaración de intenciones.

Ambos son policías. Eso es lo único que tienen en común Láinez y Ríos.

-Lo que podría significar... ¿no?

Podría significar que estamos

ante un asesino en serie de policías.

Y si esto es así, no ha hecho más que empezar.

¿Qué me dices? ¿Un asesino en serie? -¿De policías?

¿Has dicho de policías? -A ver, es solo una hipótesis.

Pero la verdad, está cobrando fuerza.

Parece que más se siga un patrón que motivos personales,

y por eso pensamos que ha ido detrás de Láinez y de ti.

-A ver, un momento.

O sea, que si dejó la placa de Láinez allí y cogió la mía, creéis que...

-Pensamos que existe esa posibilidad:

que siga ese patrón y pueda utilizar tu placa

para atacar a otro compañero.

-Mi marido y mi hijo son policías. ¿Están en peligro entonces?

-Carmen, lo que os estoy contando no está confirmado.

Son conjeturas. Ya está.

-Ya, pero deberíais tomar medidas: avisar al resto. Están en peligro.

¿Os dais cuenta de lo que pasa? -Carmen, tranquilízate, cariño.

-Comprenderás que está todo el cuerpo con esta historia,

y seguro que pronto obtenemos resultados, ¿eh?

-Gracias por venir, Elías.

-Nada.

Es lo que hay. Chicos, ahora, tranquilidad.

¿Eh? -Gracias.

(Puerta abierta)

-No tengas miedo. Estamos todos bien.

-Que han intentado asesinarte. Me da igual el motivo.

Pueden volver a intentarlo. ¿Entiendes?

-Aquí no. En el hospital estamos vigilados.

Aquí estamos bien.

-Creo que deberíamos irnos a Puerto Real.

-Estarías más tranquila allí, ¿no? -Sí. Cuanto más lejos, mejor.

-Yo también estaba seguro de eso hasta ahora,

pero no podemos dejar a Toni aquí solo.

(Música melancólica)

¿Y si va a por él? Ya lo has oído.

Es un asesino en serie de policías.

-Me has dicho que estuviera tranquila.

¿Qué está pasando aquí? (SANTIAGO) -Carmen, mira...

Toni es mi hijo. Es policía.

Fue testigo de mi agresión.

Y fue quien evitó que me ejecutaran.

No es tan descabellado pensarlo.

No podemos irnos ahora.

En cuanto me recupere, me reincorporaré.

-Tendríamos que irnos los tres de aquí. Los tres.

-Yo también estaba seguro de retirarme.

Hasta me hacía ilusión mudarnos.

Que fuéramos a Puerto Real a pasear por las tardes por la playa.

Pero ahora no puede ser, Carmen.

Ahora no puede ser.

-Vale.

(TONI) -Inspectora. Toni.

¿Cómo está tu padre? Bien.

Bien. He intentado venir antes,

pero ha sido imposible.

No sé si llego en buen momento. ¿Va todo bien?

Más o menos.

No, él está bien.

Está... sigue con la rehabilitación, y bien.

Pase si quiere. está con mi madre.

Ahora paso.

Pero primero quiero que me digas qué ocurre,

porque te noto preocupado.

(SUSPIRA)

Que... ha estado Elías aquí.

¿Es verdad?

¿Creen que es un asesino en serie de policías?

Bueno...

Es la teoría que contemplamos ahora. Parece que es la más plausible.

Inspectora, dígame la verdad.

¿Mi padre está en peligro?

(SUSPIRA) No lo sé, Toni.

¿Si quiere volver a rematar la jugada?

A lo mejor da el trabajo por terminado.

Pero a tu padre hay que mantenerlo lejos de la calle por ahora.

Y cuando vuelva a comisaría,

tendrá que limitarse a hacer trabajo de oficina.

Le salen sarpullidos con el papeleo.

No lo soporta. Pues...

Si lo soporta o no va a dar igual.

Hay que ser prudentes. Al menos por un tiempo.

Hasta que pillemos a ese tipo.

¿Y si no lo pillamos?

¿Y si tiene que pasarse toda su vida con esa amenaza?

Nosotros no podemos pensar eso. Sabemos que existe esa posibilidad,

pero debes confiar en tus compañeros.

Además, haremos todo lo posible para pillarlo.

(RESOPLA)

Ya lo sé, lo siento.

Es que últimamente estoy muy preocupado por mi familia.

Da igual. No quiero molestarla con mis problemas.

Vaya, hombre. Ahora me molestas con tus problemas.

Sabes que conmigo puedes hablar de todo.

Venga, cuéntamelo. ¿Qué pasa?

Pues eso...

Que pienso en mi madre,

en lo mal que lo ha pasado, en lo mal que lo está pasando,

porque no es fácil tener un hijo y un marido policía.

Que nunca se ha quejado. Pero... Pero no es fácil, no.

Mira, Antonio y Olga tampoco se quejan ni dicen nada.

Pero seguro que preferirían que hiciera algo menos peligroso.

Y la movida es que mis padres tienen una casita en Puerto Real.

Y mi madre siempre tuvo la ilusión de mudarse allí,

tener una vida más tranquila,

sin tanta preocupación... Especialmente ahora.

Entonces se lo ha dicho a mi padre y a él le ha parecido bien.

Pero como ha venido Elías a hablar con ellos,

no se quiere ir.

Le preocupa que a mí me pase algo y se quiere reincorporar al trabajo.

Conociéndole, pedirá el traslado a Distrito Sur seguro.

Y seguramente solicite ser mi binomio para protegerme.

Pues conociendo a Santiago, no me extrañaría que lo hiciera.

Adiós al trabajo de oficina.

Pero te aseguro que le entiendo.

Es que me da mucho miedo, inspectora.

Siento que no está seguro aquí.

Ya.

¿Y qué crees que puedes hacer para convencerles de que se vayan?

Se me ha ocurrido una cosa.

Pero quería consultarla con usted antes de decidirme.

(Ladridos)

-Las habitaciones están muy bien.

Todas parecen muy luminosas.

-Sí, toda la casa es muy luminosa. En general tiene mucha luz.

-En verano hace mucho calor. O pones el aire o te cueces.

-Ya, pero en Madrid no hay sitio donde no haga calor.

-El piso es muy acogedor.

Luego ves que está viejo y que tiene sus achaques.

-Bueno, que tampoco es para tanto, ¿no?

-Bueno, la presión del agua es intermitente.

-Pero eso es por el calentador. Lo dijo el fontanero.

Y la casera iba a cambiarlo. Pero fuimos nosotras las que pasamos.

-¿Y las ventanas? No se cierran bien.

Entra el frío, el calor, el ruido de la calle... Todo.

-En dos semanas que llevas aquí, ya has encontrado más pegas que yo.

-Sí, pero lo de las ventanas es muy típico. En Madrid pasa mucho.

(LARA) -Claro. -Aun así, está muy bien.

Deberíais ver lo que hay por ahí. -Bueno.

Pues si te gusta el piso,

hablamos de las normas de convivencia.

Lara y yo somos muy estrictas, ¿verdad?

-Sí. Somos de llevarlo todo muy a rajatabla.

-¿Y qué normas son esas?

-Mejor que te las explique Paula, ¿vale?

-A ver, la limpieza, por ejemplo: somos muy maniáticas de la limpieza.

Limpiamos todos los días. No una vez a la semana. Cada día.

Así que te tocará pringar.

-Bueno, no hay problema.

-Y luego está la comida.

Cada una tiene su comida. Nada de dejarnos cosas.

-A ver, pero somos flexibles. Si necesitas algo, lo pides.

-Pero poco. Somos poco flexibles.

Porque das la mano y te cogen el brazo.

-¿Y cada una tiene una balda? (PAULA) -Eso es.

-¿Y la fruta?

-Pues cada una sabe lo que tiene.

Las manzanas son mías y los plátanos suyos.

No vamos a tener dos fruteros.

-¿Y os acordáis?

-Bueno... Ella más que yo, obviamente.

¿Te apetece una infusión? -No, gracias.

-Por ejemplo: esa que ha cogido ella es mía.

-Ay, perdón.

-Nada. No te preocupes.

-Pues la verdad es que... me sorprende bastante

la cantidad de normas que tenéis, y lo estructurada que tenéis la casa.

Sobre todo por el poco tiempo que pasaréis aquí.

-Bueno, eso hace la convivencia mejor.

(LIDIA) -Sí, desde luego.

Ojalá me hubiese encontrado un piso así antes.

Pensaba que tenía TOC con esto de la limpieza y del orden,

pero viéndoos a vosotras me quedo mucho más tranquila.

Una vez conviví con un tío que era un desastre.

Teníamos la casa hecha una pocilga,

y la convivencia se convirtió en un infierno.

-¿En serio? (LIDIA) -Sí.

Lo mejor es lo que hacéis vosotras: poner normas.

-Sí, aquí está todo regladísimo. Ese problema no lo vas a tener.

-A mí me gusta el piso, pero no quiero malas experiencias.

Y menos con compañeras de curro. -No, nadie lo quiere, vaya. Nada.

-Entonces ahora seamos sinceras.

¿Seguro que hay buen rollo entre vosotras?

-Sí. Si nosotras ya solucionamos nuestras diferencias ayer.

Así que sin problema.

-Yo por mi parte me comprometo a cumplir las normas,

a limpiar, a no dar ningún problema,

pero ahora necesito que vosotras toméis la decisión.

¿Seguro que queréis vivir conmigo?

-Yo sí. Yo, por mí, sí.

-¿Y tú? ¿Qué dices?

-Sí, sí. Claro que sí.

¿Qué puede salir mal? (LIDIA) -Bueno...

Pues perfecto entonces. Me mudo en un par de días.

-La verdad, estoy cansado hoy. -Normal. Has tenido muchas visitas.

Me ha caído muy bien Claudia.

Ha estado entretenido. -Sí, la verdad.

-Gracias.

Buenas noches.

-Se te ha hecho tarde hoy, ¿eh?

(CARMEN SUSPIRA) -Sí. Tenía muchas cosas que hacer.

-Ya. -No te preocupes, hijo.

Hemos estado muy entretenidos aquí. -Sí.

Además, también queríamos decirte algo muy importante.

Hemos decidido que vamos a quedarnos en Madrid, ¿eh?

La prejubilación y Puerto Real pueden esperar.

-Eso no tendrá que ver con que haya un asesino de policías

en Distrito Sur, ¿no?

Los compañeros me han puesto al día.

-Pues sí, sí.

Ahora más que nunca hay que arrimar el hombro.

(TONI) -Papá.

Ya sé que estáis preocupados por mí.

Y queréis quedaros para protegerme.

Os escuché hablar antes.

-Yo estoy preocupada por los dos.

-Tranquila, mamá.

(SANTIAGO) -La verdad es que sí.

Hemos decidido quedarnos hasta que se solucione todo esto.

Luego ya veremos. (TONI) -Pues...

yo creo que deberíais iros de Madrid.

-Mira, no digas tonterías, hijo. -Déjame acabar, por favor.

Pero como sé que no me haréis caso,

deberíamos irnos los tres a Puerto Real.

Me pido el traslado a Cádiz capital...

y allí estamos seguros.

Y te prejubilas, como tenías planeado.

-No sé, hijo. Yo...

(TONI) -Papá.

Llevas toda la vida currando. Jugándote la vida.

Y ahora más que nunca.

Y tú igual. Llevas toda la vida deslomándote.

Yo creo que ya está.

Es el momento de que estéis bien y que disfrutéis.

¿No?

-A mí me parece una gran idea.

-¿Y a ti, papá?

-Llevas dos años en Distrito Sur,

y nunca te había visto tan feliz. (TONI) -Y lo estoy.

Y adoro a mis compañeros.

Y he aprendido aquí todo lo que sé. Y de ti un poquito también.

Pero soy joven. Tengo toda la vida por delante.

-¿Estás seguro de tomar esa decisión?

Es un cambio muy grande.

-Lo sé. Y sí, estoy seguro.

Después de todo lo que ha pasado,

me doy cuenta de que la familia es importante.

Y quiero que estéis bien.

Y que disfrutéis.

Y por eso nos iremos los tres a Puerto Real.

-Pues a ver qué dicen tus mandos. (TONI) -He hablado con Miralles.

Llamó a Bremón, y parece que no hay problema.

-Te echarán mucho de menos. (TONI RESOPLA) -Y yo a ellos.

Es casi como mi familia.

Y Distrito Sur, mi casa.

Y no les voy a olvidar nunca.

Pero... en la vida hay momentos

donde uno debe estar abierto a los cambios.

Y ese momento ha llegado.

-Entonces no se hable más.

Nos mudamos.

-Gracias.

-Buenas noches.

(Pasos acercándose)

-¿Qué quieres, Hanna? ¿A qué has venido?

-A hablar contigo.

Pero ahora yo hago las preguntas.

-Si no vas a decirme dónde está ese maldito rumano,

será mejor que te largues y me dejes en paz.

-Pues ¿sabes qué?

Me fastidió bastante

que te hicieras pasar por uno de mis clientes.

-De haberte dicho la verdad, ¿habrías venido?

-Me has juzgado sin conocerme,

y has intentado manipularme con engaños

cuando podías haber sido honesto.

-¿A qué has venido y qué quieres de mí?

-Hoy he hablado con Miguel Herrera.

Me ha dicho que Khan mató a tu hija. ¿Es cierto?

(QUINTERO SUSPIRA)

(Música sentimental)

-Es que he vuelto a leer todo sobre el asalto a comisaría

y en todos los medios pone que la inspectora que murió

se llamaba Alicia Ocaña.

Ocaña no corresponde con tu apellido. ¿Cómo me lo explicas?

-No tengo por qué explicártelo.

Es una historia demasiado larga.

Pero la voy a resumir.

Hace algo más de dos años supe por casualidad

que yo era el padre biológico de Alicia Ocaña.

Ni ella ni su otro padre lo sabían.

Su madre murió hace tres años y medio o así.

Y mantuvo el secreto toda su vida.

Cuando se casó con ese abogado él le dio sus apellidos.

-¿Pretendes que me crea eso? -Ese es tu problema.

-Puedes creértelo o no. Haz lo que quieras.

Pero es la verdad.

Alicia Ocaña era mi hija.

-Sí, la reconozco de la foto del periódico.

-No solo era una grandísima mujer.

También era la mejor inspectora de policía

que había en esa comisaría, y yo...

me sentía muy orgulloso de ella.

-¿Y este es su hijo?

-Sí.

Es mi nieto.

Se llama Leo.

Vive en Valencia con su otro abuelo y con su padre adoptivo.

Pero esa esa otra larga historia.

-¿Qué harás cuando encuentres a Vlado?

-Eso no es asunto tuyo.

-Bueno, pues esta conversación ha terminado.

-No ha terminado. Ahora me toca a mí preguntar.

(Música tensa)

-No. Primero respóndeme:

¿qué harás con Vlado cuando lo encuentres?

-Lo mataré.

Ahora me toca a mí preguntar.

-Que no sé dónde está.

-Lo sabes. Sé que lo sabes. Fuiste su pareja.

Erais novios. Sé que... -Eh. Sí.

He sido su pareja, pero no por decisión propia.

Khan me eligió a mí.

-Pues entonces ¿qué quieres de mí?

¿Por qué has venido? ¿Qué haces aquí?

-Vine a ver si tu odio hacia Khan era tan fuerte como el mío.

Y has pasado la prueba.

Cuenta conmigo.

-¿Para qué? Si ni siquiera sabes dónde está.

-Ya, pero... puedo ayudarte a encontrarlo.

(SUSPIRA) Y cuando eso suceda...

acabaremos con él para siempre.

-Oye, ¿por qué nos han convocado? ¿Alguien sabe algo?

-Pues algo gordo tiene que ser.

-Pues sí, porque han llamado a todos.

-La que se lo juega todo soy yo,

que voy a entrar en la cárcel con droga adulterada para mi hermano.

Sé que tienes miedo, pero todo irá bien.

He hablado con Personal, y parece que se va a acelerar

el tema de mi salida.

¿Acelerar? ¿Cómo de acelerar?

¿Cuánto tiempo podremos disponer de ti?

(QUINTERO) ¿Por qué quieres verle muerto?

-¿Qué más da eso?

-Porque las palabras se las lleva el viento,

y puedes decirme que le odias,

pero otra cosa es llegar a saber cuáles son las verdaderas razones

para que le odies así.

-Tengo un amigo de la cárcel

que me habló de una mensajería en el barrio.

Les habló de que había estado en la cárcel

y no hay ningún problema con eso.

-Cuatro ojos ven más que dos, y tú valoras su trabajo.

¿Por qué no te replanteas esta decisión?

-No sigas por ahí. Alonso no va a volver.

No puedo pasar por alto su actitud.

-Dime. -Tengo novedades...

sobre el asesino de policías.

Sí. El mismo día que atacaron a Ríos

solicité las imágenes de todas las cámaras cercanas.

Las horas de visualización han dado su fruto.

-¿Y qué tenemos?

-Sé que muchas veces he sido duro contigo,

pero intento protegerte y que seas feliz.

-Nunca me has hablado así.

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Servir y proteger - Capítulo 818

16 oct 2020

Lara propone a Lidia que se mude a vivir al piso compartido y ella acepta.
Miralles, Elías y Salgado llegan a la conclusión de que quien asesinó a Laínez y trató de matar a Santiago es un asesino de policías.
Hanna se suma al plan de venganza de Quintero contra Vlado

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