Servir y proteger La 1

Servir y proteger

Lunes a viernes a las 17.15 horas

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5685038
No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 817 - ver ahora
Transcripción completa

¡Alto, policía! ¡Suelta el arma!

(Disparo)

-Cuando tenga el alta, me reincorporo.

-¿Y volverte a jugar la vida?

-¡Precisamente! Tengo que saber quién es

y por qué quería matarme para anticiparme a él.

-Solo hay un delincuente al que los dos hayan apresado.

-¿Quién es? -Víctor Durán Ordóñez.

-Es pipa está quemada.

-Carlos Román, alias el Gordo.

-Les he dicho...

¡Policía!

¡Yo no he hecho nada!

-No termino de creérmelo.

-Pues yo me creo lo que dice mi amigo,

que es conflictiva, problemática,

y que la ha liado en Zaragoza.

-Eso me lo dices a la cara.

(Música emocionante)

-Mi amigo me dijo que tenías un cuerpo espectacular,

pero te aseguro que se quedó corto. Eres preciosa.

-Gracias, tú tampoco estás mal.

Se nota que haces deporte.

Oye, es muy bonito el local.

¿Es tuyo?

-Sí, sí, es mío.

Te dije de quedar aquí, no sé,

porque así podíamos estar tranquilos.

Si hubiésemos quedado en un hotel,

habría resultado algo más frío, ¿no?

-Bueno, espero que no quieras hacerlo aquí

o algo por el estilo,

porque parece muy incómodo.

(RÍEN)

-No, mujer, no.

Ni siquiera se me había pasado por la cabeza.

Pero... no sé...

Supongo que habrás hecho cosas mucho peores, ¿no?

Lo siento.

Creo que no tendría que haber hecho ese comentario.

Es un poco inapropiado.

Hanna, no tienes nada de lo que preocuparte,

soy un tipo corriente, no me van los malos rollos.

Diría que más bien soy algo tradicional,

en este tipo de cosas.

Yo siempre he tenido un gran respeto por la mujer

y eso no va a cambiar por el hecho de que seas prostituta.

-¿Y lo tienes desde hace tiempo?

-No, no hace mucho, la verdad.

Oye,

dedicándote a esto, supongo que te habrás encontrado

con más de un tío que sea desagradable, ¿no?

-Oye, tienes mucho interés en hablar de esto, ¿no?

-Solo un poco de curiosidad, la verdad.

Creo que...

no sé, en este mundo,

igual alguna vez has temido por tu vida, ¿no?

-Dime una cosa,

hay algo mucho más interesante que podríamos estar haciendo

en lugar de hablar de mis otros clientes.

-Verás, Hanna, no es esto lo que estoy buscando ahora mismo.

Preferiría que empezáramos hablando, conociéndonos.

-Por mí no hay problema.

Lo único es que si lo que quieres es hablar...

te va a salir más caro.

Sé que es raro, pero es así.

-Por mí no hay problema,

estoy dispuesto a pagar lo que me pidas.

Lo que sí me gustaría saber

es por qué trabajabas para Vlado Khan.

(OFENDIDA) -¿Perdona?

-Protección, ¿no?

Dedicándote a la prostitución,

tener a alguien que te proteja siempre viene bien,

y, si es un tipo sin escrúpulos como Vlado Khan,

mejor: más miedo y más respeto impone a los clientes.

-O sea, que eres policía, ¿no?

Mira, tío,

no sé qué quieres de mí, ¡pero me largo!

-No, te lo pido por favor, espérate.

-Te has equivocado conmigo.

-La que te has equivocado conmigo eres tú.

No tienes nada que temer, no te voy a hacer nada.

Solo necesito saber dónde está Vlado Khan.

-Te lo advierto por última vez, déjame pasar.

-Por favor, Hanna, sé que sabes dónde está.

-¡Déjame pasar! -¡Por favor!

-¡Quintero!

Apártate de ella. -¿Qué demonios haces aquí, Miguel?

-Eres Hanna, ¿verdad? -Sí, ¿quién eres?

-¿Quieres largarte y dejarte en paz? Por favor, Miguel.

-Hanna, me llamo Miguel Herrera,

soy trabajador social en el centro cívico de Distrito Sur.

Tu compañera de piso me ha dicho donde estabas.

-¿Qué queréis de mí?

-No sé él, yo solo quiero saber dónde está Vlado Khan.

-No sé quién es Vlado Khan, no he oído ese nombre en mi vida.

-Márchate, Hanna. -¡Tenías una relación con él!

¡Hanna, te lo pido...!

-Miguel, maldita sea, ¡suéltame!

¡Que me sueltes! -No quiero hacerte daño.

Cálmate. -Está bien.

¡Cálmate!

-Tranquilo, ya estoy calmado.

Te advierto una cosa, como vuelvas a hacer algo así,

tú y yo vamos a tener un serio problema.

¿Estás contento ya?

Querías hacerte el héroe delante de la chica, ¿no?

Bien, ya lo has conseguido, eres todo un héroe.

¿Qué demonios pensabas que le iba a hacer?

-Dímelo tú. ¿Le ibas a pegar, la ibas a torturar?

¿Le ibas a pegar un tiro? -No sé por quién me tomas.

Yo nunca, ¡nunca!, le he puesto la mano encima a una mujer.

-Yo no te tomo por nada.

Estoy pensando en lo que pasó aquí el otro día.

-¿En eso estás pensando?

Pues te voy a decir algo, ¿sabes lo que acabas de hacer?

¡Te acabas de comportar como un imbécil!

Eso es lo que acabas de hacer.

Estaba a punto de decirme dónde está Vlado Khan,

pero ahora se ha asustado, se esconderá,

¡y vete a saber cuándo podré volver a encontrarla!

¡No eres más que un maldito imbécil!

Lárgate, no quiero volver a ver tu cara.

-Buenos días.

Buenos días. -Hombre, buenos días.

Sobre todo llegando tan relajadamente.

-¿Perdona?

-¡Que te des vidilla!

Que tenemos un caso echando humo.

-¿Tú quién eres para hablarme así?

-Perdona si te he ofendido, solo decía que llegas tarde.

-Me quedan tres minutos para empezar.

Me sobran dos para estar en mi puesto.

-Pon tu reloj en hora y déjame en paz.

-Perdóname.

Es que a veces me paso de campechano,

pero lo hago con todos los compañeros.

-Perdóname a mí, que no tengo un buen día.

-Pues si quieres hablamos.

-A ver, Guevara, lo de la campechanía está bien,

pero tampoco tenemos tanta confianza.

-Buenos días. -Buenos días.

-Hola, buenos días.

-¿En serio que tú...

das los buenos días así como si nada?

-Doy los buenos días, es cuestión de educación.

-Ya, pero si, después de dar los buenos días,

los apuñalas por la espalda, eso es hipocresía, no educación.

-Lo que tú digas.

-No, lo que yo diga, no.

En este oficio la hipocresía es un peligro.

Mañana tú y yo podemos salir a jugarnos la vida,

y, si va a depender de ti que me den un tiro,

me gustaría saberlo.

-Cálmate porque no me das miedo.

No me vas a tocar un pelo, como hiciste con ese subinspector.

-¿En serio piensas que te voy a pegar?

-Bueno, no sé de qué vas tú.

Lo único que sé es que le pegaste a un superior.

-Ah, claro.

Y como maté a un perro te vas a encargar

de que todos me llamen mataperros.

-Es que, como has dicho, el día de mañana

podemos ir juntas a un operativo muy peligroso

y quiero saber a quién tengo al lado,

si es una persona que mantiene la cabeza fría

o si se le puede cruzar un cable.

-Estás llena de prejuicios, deberías hacértelo mirar.

-¿Y me lo dices tú?

Yo al menos te he juzgado por tus hechos,

tú a mí por mi apellido.

-No suelo dar explicaciones, pero a ti te las voy a dar.

Porque ya que vas contando mi vida,

por lo menos, cuenta la verdad.

El tío al que pegué era un subinspector

que me estaba acosando, ¿vale?

-¿Qué dices?

-Sí, eso, un tío muy majo.

Al principio "ji, ji, ja, ja", luego empezó a tirar ficha,

y, el día de la fiesta del patrón,

se bebió unas copitas de vino, me tocó el culo

y yo le puse en su sitio.

-¿Por qué no le denunciaste?

-Sí, debí hacerlo cuando empezó con piropos, cosas subidas de tono,

pero tampoco quería que me tomaran por una histérica.

Y cuando se le fue la mano se me fue a mí también.

Y lo peor, me denunció él a mí por insubordinación.

-Qué asco de tío, ¿no?

-Pues sí, mucho. Además, un enchufado.

Y me ha costado un expediente, un traslado,

y ahora fama de tía chunga con la que no irías a un operativo.

-Mira, yo lo siento.

No quería darte esa fama,

solo quería informarme de quién era la chica nueva.

-Bueno, pues la próxima vez te informas mejor.

Por ejemplo, preguntándome a mí a la cara.

(RESOPLA)

(Pitido de monitor)

(Cesa el pitido)

-¿Qué haces, papá?

-Levantarme.

-¿Qué necesitas?

-Necesito estar de pie.

-Túmbate, que la vas a liar, papá.

-Quiero salir al pasillo.

-¿Estás loco o qué? ¡Te han dado un tiro en el pecho!

Se te van a saltar los puntos.

Que te sientes en la cama, por favor.

¿Qué quieres, que se te infecte?

Verás qué gracia cuando te hagan las curas.

-El médico dijo que me recupero bien,

que en unos días podré estar de pie.

-Pues cuando el médico lo diga te vas a andar,

mientras tanto, haz el favor de sentarte.

Pero ¿adónde vas con el batín abierto por detrás?

Vas a traumatizar a todas las enfermeras.

-No tiene ni puñetera gracia.

-¿Qué tal el dolor? ¿Quieres un calmante?

-Quiero hablar con Elías. -¿Para qué?

-Del alunicero ese.

-¿De Durán? ¿Has recordado algo?

-Recuerdo que la única pista que teníamos

me la dio un confite mío.

-Dime el nombre, que lo localice.

-A ese lo localizas enseguida,

está en el cementerio, murió hace años.

-¿Entonces?

-Dame el móvil y hablo con Elías. Y quizá tirando del hilo...

-No vas a tirar de ningún hilo, te conozco.

Eres capaz de pedir el alta voluntaria.

Lo que le quieras decir a Elías, yo se lo comunico.

Y le dejas tranquilo.

-Me tenéis harto, ¡no me dejáis hacer nada!

-¿Tú qué te piensas, que estamos aquí por gusto?

¿Tú sabes lo preocupados que hemos estado?

Lo único que queremos es que te pongas bien.

Mamá se ha llevado un susto de muerte.

-Perdona.

Si tienes razón, pero es que...

Me quema por dentro estar sin poder hacer nada.

-Y a mí también, soy el primero que quiere encontrar a ese tío.

Pero ahora te toca descansar.

Es más,

creo que igual todo esto que te ha pasado

es una señal, a lo mejor.

-¿Una señal de qué?

-Bueno...

Papá, llevas muchos años en el cuerpo,

has resuelto muchos casos,

has hecho una labor de la que puedes estar orgulloso,

pero igual... -¡Aluche!

-¿Qué? ¿Qué te pasa?

-Dame el teléfono.

-¿Qué pasa? Tranquilo.

-Que me acabo de acordar de que el confite ese

me dijo que Durán siempre llevaba los coches al mismo taller.

-Pues dame la dirección, estará en las diligencias, ¿no?

-Igual no está,

porque fuimos allí y el dueño lo negó todo,

no pudimos probar nada.

Además, hicimos alguna troncha, y Durán no apareció.

-Pero estará en el informe, ¿no?

-Antes no éramos tan puntillosos en la diligencias.

Además, es que ese confite a veces se inventaba las cosas.

Entonces no quisimos ponerlo por escrito.

-¿Y de qué nos sirve esa información?

-A ver, después de ir nosotros al taller,

Durán estuvo un tiempo sin dar un palo.

Cuando dio el siguiente fue cuando lo trincamos,

por eso no me acordaba.

-Y piensas que el dueño avisó a Durán de que habíais ido

y que por eso dejó de hacer alunizajes.

-Exacto.

-Vale. Pues dame la dirección.

-Eso quisiera saber yo.

Estaba...

cerca del parque de Aluche,

había una fuentecita enfrente.

-¡Buenos días!

¿Qué tal la noche? ¿Cómo la habéis pasado?

-Bien, muy bien. -Hola, mamá.

-Te he traído el desayunito. El cruasán caliente.

-Qué linda eres, café y todo. Oye, voy a llamar a Elías.

-Bueno, ¿qué tal mi gruñón?

-Hoy no voy a gruñir mucho,

he recordado algo que puede servir para pillar al tío que me disparó.

-Comunica. -Pues ve a comisaría, rápido.

Ve y habla con él en persona. -Vale, voy y te digo algo.

Adiós, mamá. -Adiós.

-¿Qué pasa, Santiago?

¿Estás trabajando en tu caso?

Tienes que cuidarte,

deja que esto lo hagan otros, por favor.

-Estábamos hablando solo.

-El desayuno. -¿Te quieres ir ya?

-Tranquilízate, que te va a dar algo.

-De verdad, sois imposibles. No puedo con vosotros.

-¡Buenos días,

dormilona!

(SILBA)

-Buenos días.

-¡Sí!

Noche larga, ¿no? -Ay, sí, no sabes.

Pijos, gente estiradísima... Horrible.

¿Y esto? Cafecito, qué rico.

-Puede ser que tengamos un poco de café,

unas ensaimaditas,

una frutita recién comprada.

-Guau, qué rico, Angelito.

-Es que fui a dar la vueltita y se me cruzó el desayunito.

-Pues muchas gracias. La verdad es que sí sienta bien.

Pero, bueno, tampoco era necesario que trajeras todo esto.

-Es lo menos que se merece la mejor hermana del mundo.

¡Por favor!

Encima, me hice de mis mejores amigos.

Salí y conocí a Pep, el frutero;

a don Luis, el panadero...

-Sí, lo habrás echado de menos.

-Un montón, no te imaginas.

La verdad es que la cárcel es bien miserable.

O sea...

Obviamente hay gente buena,

pero es que el sistema saca lo peor de cada uno.

-Pero tranquilo, que no vas a volver ahí.

-Oye, dame tu ropa sucia. Voy a poner una lavadora.

-No, Angelito, no es necesario que hagas todo esto.

El desayuno, la ropa, la casa...

No, también tienes que concentrarte en otras cosas

que son importantes.

-¿En qué cosas?

-En conseguir empleo, por ejemplo.

-Eso no va a estar tan fácil, Dani.

-A lo mejor no está tan difícil.

A lo mejor te conseguí un empleo, en La Parra.

-¿Cómo?

-¿Te acuerdas de la camarera que te presenté?

Se marcha del bar y necesitan un camarero.

(TITUBEA) -Pero, Dani,

yo nunca he trabajado en un bar.

-Se lo dije a la dueña.

Y me dijo que al principio Paty estaría

para explicarte cómo va todo.

-¿Y lo que le dijimos de Costa del Sol?

-Tú no te preocupes,

yo me voy a encargar de explicárselo ya que yo me lo inventé.

-¿Crees que lo puedan entender?

-Sí, seguro que sí.

-No sé, Dani, no sé.

-¡Ay, sí, anda, que lo vas a hacer genial!

(Móvil)

Espera.

Mierda, mi jefa.

¿Sí? No, ya estaba levantada.

Ya, pero hoy es mi día libre. Lo cambié de ayer para hoy.

¿Y Camila no lo puede hacer?

Vale, vale, entiendo.

Bueno, nada.

Sí, nos vemos más tarde.

Hasta luego.

Qué mierda.

Se pasa esta tía.

Ayer lo mismo: era mi día libre y le dio igual.

Y hoy...

-¿Te va a volver a tocar trabajar?

-Sí, y dice que sabe a qué hora entro, pero no a qué hora salgo.

¿Y cuándo se pagan las horas extra? -Oye, Dani,

Eso no lo tienes que aguantar.

-Ya, pero necesito el trabajo.

-¿Segura?

Porque en el bar La Parra necesitan una camarera.

Están buscando a alguien.

-¿Seguro no quieres ni intentarlo?

-¿Qué pasó, mi Dani? Ese es un trabajo hecho a tu medida.

Ya encontraremos uno hecho a la mía, de verdad.

Va.

-No sé qué podría hacer.

-Aquí estoy, cuéntame.

-Siéntate, anda.

-¿A qué viene tanta urgencia?

-No lees la prensa en el desayuno, ¿no?

-Pues no.

-Han cogido al Gordo. -La madre que lo parió.

¿Cómo es posible que se deje trincar así?

-¿Ahora qué?

Lo primero que le van a preguntar es de dónde sacó la pipa.

-Tranquila, el Gordo es muchas cosas pero no un chivato.

-Ya, es que nadie es un chivato,

hasta que le dicen: "Si nos das información,

el juez lo tendrá en cuenta".

Es la diferencia entre pasar seis meses en la cárcel

o seis años.

¿Entonces qué?

-Lo siento, Eva,

no tendría que haberme fiado de él.

-Que tú lo sientas no me arregla nada.

¡Es que no entiendo! ¿Qué te pasa?

Estás últimamente como despistado.

¿Cómo se te ocurre hacer un trato con un tipo así?

-Que lo siento.

-Estoy arrancando, esto acaba de empezar.

Necesito ayuda, no que traigas a gentuza.

-Yo estoy aquí para ayudarte.

Estoy contigo a muerte igual que estuve con tu padre.

Soy humano, cometo errores, pero no te buscaré problemas.

A tu padre nunca le fallé y a ti tampoco te fallaré.

-Esto va a crecer,

va a crecer.

Y una metedura de pata como esta nos arruina la vida.

-Sí, metí la pata, es culpa mía, pero lo voy a arreglar.

-¿No es tarde para eso? -No.

Voy a hablar con el Gordo.

-¿Cómo? Te recuerdo que está detenido.

-Eva, tú me conoces desde que eras una niña.

-Sí.

-Pues ya sabes que Abel consigue cosas que otros no consiguen.

-Ya.

¿Estás seguro de lo que haces?

-Sí, y esta vez no meteré la pata.

-¡Abel!

Confío en ti.

-¿Y no va a venir a probar?

-¿No decías que necesitaba el trabajo?

-Sí, pero es que justo ayer le llamaron

para una obra muy importante.

Y es casi seguro.

Es trabajo de lo suyo por muchos meses.

-Válgame Dios. -Le sabe mal decir que no,

pero no quiere venir y dejarte tirada cuando le llamen de la obra.

-No, eso sí que sería un fastidio.

-Lo siento, debí haberle preguntado antes de deciros nada.

-Bueno, tranquila, ya encontraremos a alguien.

-¿Pongo un cartel en la puerta?

-Y en el centro cívico, por si acaso.

-A lo mejor no hace falta que ponga ningún cartel.

¿Le echarías un vistazo a mi currículum?

-Claro, mujer. No sabía que tú estabas buscando.

¿No trabajas en un sitio de "catering"?

-Sí, pero tengo tiempo queriéndolo dejar

porque los horarios son impredecibles,

tengo que desplazarme mucho

y yo quiero algo más estable.

Y, si puede ser en el barrio, mucho mejor.

-Pues tienes un currículum bastante impresionante.

-Muchas gracias. Espero que con las idas y venidas de mi hermano

no haya dado mala impresión.

-No, mujer, tranquila.

-Yo cuando me comprometo con algo soy muy seria.

-¿Cómo no nos dijiste que buscabas trabajo?

-Es que yo ya tengo algo y mi hermano no tiene nada,

y quería darle prioridad a él. Ni me pasó por la cabeza.

Pero hoy, que me dijo que no puede...

-Ya.

¿Qué hacemos?

-No me tienes que decir nada ahora.

Yo entiendo que tienes que ver a otros candidatos.

-¿Qué candidatos? Si quieres, empiezas mañana mismo.

-¿De verdad? -Claro.

-¡Ay, no sabes qué alegría!

-La mía: una camarera con experiencia y del barrio.

-Muchas gracias, no te vas a arrepentir.

(Revuelo de presos)

-¿Qué tal? -Bien.

-¿Has ingresado los 5000 euros?

-¿Te han pedido más dinero?

-¿Qué?

-¿Los que te protegen te han pedido más dinero?

-No, ¿por qué?

-Me preocupa que te tengan aquí amenazado de muerte

y que dependas de ellos para estar bien.

-¿Eso a qué viene?

Ya sabes que, mientras pagues, soy intocable.

-Ya, no sé...

Pienso que el día que no podamos...

-Deja de pensar, que esa no es tu especialidad.

Limítate a meter el dinero en la cuenta de Andorra.

-Y...

¿Has pensado en pedir el traslado?

-¿Qué traslado?

-Me he informado: puedes pedir el traslado.

Hace poco han trasladado a un preso de Galicia a Salamanca

porque estaba amenazado de muerte.

También era un preso por homicidio.

-Pero ¿a ti qué te ha dado?

No voy a pedir un traslado, lo que me faltaba.

-Estarías más seguro.

-¿Y tú qué sabes?

¿Quién te dice que no tendré más enemigos en otra cárcel?

Aquí tengo quien me proteja.

-Yo solo estoy diciendo...

-Lo único que tienes que decirme es cuándo tengo el dinero.

¡Estoy harto de tanta tontería!

Esa llamada que quería Mateo Bremón, ¿sabes para qué era?

Me quería ofrecer un puesto de trabajo en su clínica.

¡Tócate los cojones! Yo es que no entiendo.

-Pero... eso te vendría bien, así podrías pedir el tercer grado.

-¿En serio?

Qué ingenua eres.

Pero ¿cómo voy a trabajar en su clínica?

¿Qué voy a hacer allí?

Lo único que quería era...

ablandarme o ganar tiempo.

-Yo creo que no, a lo mejor...

está desesperado, ya no tiene más dinero...

-¡No...!

No sigas por ahí. ¡Me cago en mi vida!

Cuántas veces te lo tengo que decir, no dejes que te coma la cabeza.

Ese tío es rico, ¿me oyes?

Le vamos a sangrar a base de bien.

-Yo solo estoy diciendo que Mateo es un hombre de palabra

y si te ofrece un trabajo... -¿Que es un hombre de palabra?

Pero ¿te estás escuchando?

No sigas por ahí, que te puedes arrepentir, y mucho.

-Pero ¿qué pasa?

-¿Qué pasa? Eso te pregunto a ti,

¿por qué le defiendes? ¿Qué te ofrece?

Te está poniendo en mi contra, ¿cuánto te ha ofrecido?

-¿A mí? -¿También te va a dar trabajo?

No, en la clínica no, ni de coña.

Qué mala publicidad para una clínica de estética...

Con esa cara que tienes.

(RÍE)

¡La madre que me parió!

Ya sé lo que te pasa a ti.

Te gusta el cirujano, ¿es eso? -¿Qué dices?

-Seguro que te ha tirado piropos

y tú te los has creído.

Ya decía papá que tenías la cabeza llena de pájaros...

Que, si no es a bofetadas, no aprendes.

¡Calla y escucha!

¿A ti te parece que un tío como Mateo Bremón

se va a fijar en ti?

Un tío con dinero, cachas,

guapo, con estudios...

¿Tú qué tienes que ofrecer a un tío así?

¿Te has visto? ¿Te has visto bien?

-No me hables así.

-Pues déjate de tonterías, que aquí nos jugamos mucho.

¡Eli! -¿Qué?

-Los dos nos jugamos mucho.

Pero con una diferencia.

Aquí, yo tengo protección. Tú, ahí fuera,

como yo descuelgue el teléfono,

nadie te va a librar de una paliza.

¿Me oyes?

-¡Después de todo lo que he hecho por ti!

-Siéntate, Eli, por la cuenta que te trae.

(SOLLOZA)

Yo no sé lo que te habrá dicho el tío ese.

Reconozco que labia no le falta.

Si te ha calentado la cabeza, lo entiendo,

no te culpo, no pasa nada,

pero se acabó, ¿estamos?

Aquí yo soy el único tío que cuida de ti.

¿Oído?

-Sí.

-¿Me has entendido? -Sí, te he entendido.

-Bien.

Soy tu hermano y te quiero, pero todo tiene un límite.

Ahora lárgate y consigue esos 5000 euros.

Y, a la próxima, me traes lo que tú ya sabes. No me queda.

Tira.

-Solo te invito a un café para disculparme por ser una borde.

-No te pongas borde en el bar, que es de mi señora.

-¡Elías! ¿Dónde tienes el móvil, tío?

-No me digas que lo he dejado en silencio.

¿Me has llamado? -Cuatro veces.

Mi padre se ha acordado de una pista sobre Víctor Durán.

-Bueno, cuéntanos.

-Resulta que el tipo este todos los coches que usaba

los llevaba al mismo taller, a un mecánico de confianza.

Le interrogaron y no sacaron nada en claro.

-¿Y alguna dirección o nombre?

-No, me ha dicho la zona y solo hay este taller.

-Taller Obregón e Hijos.

-Acabo de llamar y están abiertos.

-Dejamos el café para otro momento. -Sí, eso que me ahorro.

-Espérame, que voy a por la pistola y vengo.

-Tú quédate aquí, que bastante tienes con lo de tu padre.

-Mi padre se está recuperando, y antes lo hará si pillamos a ese.

-La información que nos has dado es buenísima,

pero en el K no podemos ir tres.

Te juro que serás el primero en ser informado de lo que haya.

-Claro.

-Venga.

-¡Toni! -Eh.

-Tómate algo.

¿Qué tal? ¿Cómo estás?

¿Te has incorporado ya?

-No, he venido a darle un recado a Elías de mi padre.

-¿Y tu padre cómo está? -¿Mi padre?

Lo he pillado levantándose de la cama el solo.

-¿Tan pronto? Tiene la herida muy reciente.

-Díselo tú, a mí no me hace caso.

Si por él fuera estaría con el uniforme puesto.

-Ya conoces a esta generación de policías.

Yo tengo una en casa.

Trabajan hasta reventar y luego un poquito más.

-¿Y tú cómo lo llevas?

-Bueno, estoy orgulloso de su dedicación al trabajo

y su sentido del deber,

pero con el tiempo, ¿qué quieres que te diga?

A base de turnos dobles, accidentes de trabajo, tiroteos...

¿Qué te voy a contar? ¿Y tú madre? Estará muy preocupada.

-Sí. Mi madre quiere que se prejubile.

Y la entiendo. Peo a él ni se le pasa por la cabeza.

Y lo entiendo también, y más estando suelto el que le disparó.

-Tiene que ser muy duro no poder levantarse de la cama,

pero hay que tener en cuenta los sentimientos de la familia.

-¿Tú le has sacado el tema a Claudia?

-¿El de la prejubilación?

¿Quieres que me echen de casa o qué?

-Ya, no sé. Es que estoy un poco rayado.

Porque mi madre se lo quiere decir,

pero me ha dicho que hable yo con él.

-¿Carmen no le ha dicho nada?

-No se atreve, sabe que lo va a mandar a paseo.

-Se puede llevar una sorpresa, la gente cambia.

Esto de ver la muerte cara a cara

hace que veas las cosas de otra manera.

-Ya, puede ser.

Pero por probar no se pierde nada.

-Pues no. Pero meterte a ti por el medio...

Si uno no se atreve a pedir lo que quiere

no se puede quejar de que no se lo den.

A nadie le gusta que le digan que no,

pero en eso consiste la pareja, en decir las cosas y saber ceder.

-Ya ves.

Pues muchas gracias, me has ayudado mucho.

-¿Ah, sí? No veo por qué.

(TONI RÍE)

-"Soy Eli. Déjame un mensaje y te llamo cuando pueda".

Eli, necesito que me llames. No sé por qué no coges el teléfono.

Quiero que hablemos.

Si es por lo que te dije anoche...

Por favor, llámame cuando puedas. Estoy preocupado.

Un beso.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Hola. Hola, hija.

Te estaba esperando fuera.

¿Qué?

Tenemos mesa reservada para dentro de 20 minutos.

Ay, Dios.

Sí, perdóname, es que estoy hasta arriba.

Celia dice que tienes toda la tarde libre.

Precisamente, por eso me he quitado los pacientes,

porque tengo que escribir un artículo para una revista.

No he podido decir que no.

Así que me vas a dejar tirada otra vez.

Lo entrego esta noche y ni siquiera he empezado.

Pero te debo una.

Si ya quedamos otro día o yo qué sé.

Pero ¿todo bien?

Pues mira, no, no va bien. Pero tú estás muy ocupado.

Cinco minutos tengo, cuéntame. Si quieres contarme.

No. No sé.

¿Ha pasado algo en el trabajo? (EXHALA CON FUERZA)

Pues no, en el trabajo todo bien.

Ayer hice de binomio con la inspectora jefa.

Ah, ¿algún caso importante?

No, no muy importante, pero fue bien.

Detuvimos a un sospechoso de robo en un hotel.

Miralles se hizo pasar por el servicio de habitaciones

porque no tenían la llave maestra. Fue emocionante...

Papá, ¿me estás escuchando?

Sí, que fue emocionante, un detenido.

Pero me has dicho que algo no iba bien.

Papá, hablamos en otro momento.

Por favor, cariño. Me interesa, cuéntame.

(DUDA)

He discutido con una compañera nueva.

Y encima es superior.

Vaya. ¿Qué ha pasado?

Es una oficial que viene de Zaragoza.

Tengo un compañero allí y le he preguntado por ella.

Él me ha dicho que le abrieron un expediente

por agredir a un subinspector.

Se lo conté a mis compañeros y ella me oyó...

(Móvil)

¿Tienes que cogerlo?

Sí, cariño. Es el editor de la revista que te digo

y debería.

¿Me cuentas mañana lo del oficial de Zaragoza?

La oficial, papá. Es una mujer y te lo he dicho.

Mira, me voy.

Cariño, no te enfades.

Da igual, ¿eh?

(Portazo)

Eli, perdóname. Tenía gente aquí.

"¿Puedes hablar o no?"

Sí, claro que sí.

¿Estás bien? Me tenías preocupado.

"¿Esta noche vas a estar en tu hotel?"

Sí, claro. Pero ¿qué pasa?

"Hablamos mejor en persona. ¿A las 21:00 allí?"

Vale, perfecto. Pero...

(Fin de llamada)

Eli.

Hay casos de la UFAM que te dejan supertocada.

El último: una pareja de adolescentes,

en la ESO todavía.

Pues un caso de violencia de género que flipas.

-¿Violencia física?

-Sí: de agresiones, de amenazas, de encerrarla con llave...

Vamos, una cosa increíble. -Qué fuerte, tío.

Encima dicen que cada vez va a más la cosa.

-¿Entre adolescentes? Sí, está aumentando mucho.

-¿Y por qué será eso, tío? ¿Por internet o qué?

-Creo que internet tiene mucho que ver.

Es un arma de doble filo:

es un lugar en el que hay muchísima información.

Si tienen cabeza, son conscientes y denuncian;

pero, si no,

se pasan mil horas delante de la pantalla del ordenador,

ningún adulto los supervisa,

y te puedes imaginar el tipo de páginas que ven.

-Qué fuerte, tía.

-Ya. Hay webs para adultos con contenidos muy duros.

Fomentan un modelo de relación tóxico para la pareja.

-¿Y esto no se puede prohibir? -Parece que no.

Lo que no entiendo es por qué sigue siendo gratis.

A ver, con que costara un euro.

Un chaval de 12 años puede tener datos ilimitados en su móvil,

pero no tendrá acceso a una tarjeta de crédito.

En fin, esto es lo que hay.

Me piro a la cueva.

Investigamos la desaparición de un adolescente

y tengo a Iván rastreando sus redes.

Por cierto, ¿no tendrías que estar con tu padre?

-Sí, he venido para revisar algo, pero me voy ya.

-Vale, venga. -Chao.

-¿Cómo ha ido en el taller? -Bien.

Hemos ido, hemos interrogado al dueño

y nos ha dado la dirección de Durán.

-¿Así de fácil?

-Durán intentó robar dinero de la caja hace poco,

y tenía ganas de devolvérsela.

-¿Entonces por qué no vais a por Durán?

-Hemos ido, a una casa de okupas.

Aún tengo el olor pegado.

-¿Y no lo habéis detenido?

-Víctor Durán ya no es sospechoso.

-¿Por qué, si se puede saber?

-Porque le falta un brazo.

-¿Qué?

-Este hombre tuvo una movida con otra banda de aluniceros,

se quiso meter en su terreno, le dieron una paliza

y lo tiraron en la M-600. Pero cayó en el quitamiedos...

Y... (SILBA)

-Pero ¿estáis seguros?

-Sí, lo he visto con mis propios ojos.

Y me gustaría habérmelo ahorrado.

-Eh, Toni.

Lo encontraremos, ¿vale?

-No estoy tan seguro, Elías.

-Yo necesito un café o me voy a quedar aquí dormida.

-Si quieres... -Otro "pa" ti.

Toni, lo encontraremos.

-No sé. Está en la calle, no me quedo tranquilo.

-Aquí tenéis. -Muchas gracias.

Gracias por acompañarme.

Seguro que estás deseando coger la cama.

-Estoy cansada, pero me viene bien tomarme una "cerve" contigo.

Si no estoy de casa al trabajo y del trabajo a casa.

Hay que darle un gusto al cuerpo de vez en cuando.

Aunque, si te digo la verdad, aquí material de calidad no hay.

-Y aunque venga un tío bueno no me dejes sola.

-No te prometo nada. -Lo digo en serio.

Ya me ha dejado mi padre tirada.

-¿Tiene mucho lío en la clínica o qué?

-No lo sé, estaba muy raro.

-Y atención, a mis 12:00...

No mires, no mires. -Es un tío, ¿no?

-No, no. Date la vuelta.

-¿Qué?

Nos vamos, ¿no?

-¿Por qué? ¿Por Lidia? No nos vamos a ir por que esté ella.

-Es que me resulta incómodo estar en el mismo sitio

y ni hablarnos.

-Tienes razón.

Pues voy a hablar con ella.

-No. A ver si la vamos a tener.

-Si ya la he tenido hoy en las taquillas.

-¿Otra vez os habéis enganchado? -Bueno, no tanto.

Me ha contado su versión de la movida.

El tío era un baboso, la acosaba,

e incluso le metió mano. Por eso le pegó.

-Ah, eso cambia las cosas.

-Sí, la verdad es que cambia las cosas.

¿Te importa si le digo que nos acompañe?

-Si te parece bien, encantada.

-Es que me siento bastante mal por haberla juzgado.

-¿Qué le vas a decir?

-Pues, mira, chica, no lo sé.

Ya le he pedido perdón y no me ha hecho caso.

-Bueno, igual con una "cerve" delante todo sale mejor.

Si quieres voy yo y te hago la cobertura.

-No, no. No se piense que te estoy utilizando.

-Ya. Ánimo.

-Eh, ¿qué tal?

-Hola.

-¿Estás sola?

-No, estoy con mi amigo invisible. Aparta, lo estás pisando.

-Estoy ahí con Lara, ¿te quieres venir con nosotras?

-¿Para qué?

-Pues para charlar, tomar algo...

Mira, da igual.

Oye...

Perdón. Perdón por haberme ido de la lengua.

Tenías razón, tendría que haberte preguntado antes.

-Pues sí, tendrías que haberlo hecho. Pero ya es tarde.

-Supongo.

Me voy. Y perdona, ¿eh?

-¿Qué? ¿Cómo fue?

-Bueno...

Bien. Podría haberme escupido,

pero no lo ha hecho.

¿Podemos irnos, porque estoy incómoda?

-Eh...

Creo que mejor nos quedamos.

-A ver, yo tampoco tendría que haberte llamado "enchufada".

Así que te pido disculpas.

Pero yo las pido así. ¿Puedo?

-Claro.

-Está manco, papá. No puede ser Víctor Durán.

-¿Lo han visto en persona? -Sí.

Han estado allí. De hecho, está demacrado.

Está viviendo en una casa okupa.

Ese tío no te sorprende por la espalda ni de coña.

-No sé, yo ya no estoy tan ágil como antes.

-Que te está diciendo que no ha sido él.

-Lo vi perfectamente. Tenía dos brazos el que disparó.

-Igual era una prótesis.

-La madre que lo parió. -Qué cabezón eres, Santiago.

-Sí, soy muy cabezota.

Me da por perseguir al tío que me pegó un tiro.

Qué manías tiene tu marido.

-Desde luego es que me tenéis harto.

Me voy a poner de pie, ¡que no me sujetéis!

Sácame el pantalón del pijama, voy a dar una vuelta.

-O te saco el chándal y te vas a correr.

-Carmen, el pantalón del pijama.

¿No me hacéis caso? Me voy así en bata, me da igual.

Y mañana pido el alta voluntaria y me voy a comisaría.

-Estate quieto, por favor.

Papá, para un momento y escúchame, por favor.

Que no te siente mal lo que te voy a decir,

pero creo que deberías pedirte la prejubilación.

-Pero ¿tú te crees, el chaval?

Acaba de estrenar el traje y ya me quiere echar.

¡Anda que...!

-Santiago,

tiene razón, esto ha sido una señal.

¿Por qué no lo ves? Nosotros lo vemos claro.

-Vosotros lo que tenéis que hacer es meteros en vuestros asuntos.

-Ya, pero tú eres mi asunto y estamos juntos en esto.

-Hablas como tu madre.

-Pues a mucha honra. -No discutáis.

Papá, lo que te quiere decir mamá

es que las decisiones que tú tomas le afectan a ella.

Y lo ha pasado muy mal, has estado a punto de morir.

(Música emotiva)

(SANTIAGO SUSPIRA)

-Soy un viejo, ¿eh? Un viejo inútil.

Eso es lo que estáis diciendo.

(SOLLOZA) -No, mi amor.

Lo que te estoy diciendo

es que eres lo más importante de mi vida.

Y que, si te pasa algo, yo no sé vivir sin ti.

(SOLLOZA)

-Siento mucho lo que has pasado.

-Yo no te quiero decir lo que tienes que hacer,

pero tenemos una casa en Puerto Real, piensa en eso.

Podemos irnos al huerto, pasear..., vivir tranquilos.

-Habrá que vender el bar y ver si montamos algo allí.

-Pues se vende, o se traspasa, ya lo veremos,

lo único que quiero es estar bien contigo.

Creo que nos hemos ganado el derecho a vivir tranquilos.

¿No te parece?

(Llaman a la puerta)

Por fin.

¿Qué tal? ¿Estás bien?

Eli, ¿estás bien?

He ido hoy a ver a mi hermano.

¿Y de qué habéis hablado?

No le habrás contado lo que te dije.

No, claro que no.

Si se lo hubiera dicho no sería yo la que estaría aquí.

¿Entonces de qué habéis hablado?

Quería más dinero.

Y lo quería ya.

Y no atiende a razones.

Yo ya no sé qué más hacer.

Siento haberte puesto entre la espada y la pared.

No sabes las cosas que me ha dicho.

Llevo toda la vida con esta mierda...

No puedo más.

Todo son insultos, amenazas...

Me ha quitado a todos los amigos que conocía.

Me ha puesto en contra de todo el mundo.

Y encima es la única persona que tengo.

No, no digas eso.

Sabes que me tienes a mí, no lo olvides.

¿Me pones algo de beber, por favor? Sí, claro.

Yo podría haber tenido una vida completamente distinta.

Un aspecto completamente distinto.

¿Por qué dices eso?

Es por su culpa.

Es culpa de Jesús.

Si yo intentaba ponerme guapa se reía de mí.

Si había algún chico que me miraba, le amenazaba.

O, si quería comprarme ropa bonita, me la tiraba.

Me decía que era una fulana.

Yo no sabía vivir mi vida sin tener que preguntarle a Jesús.

Gracias.

(SUSPIRA)

Se acabó.

No puedo más.

Anoche tenías razón,

solo hay una manera de acabar con esto.

¿Estás segura? Anoche te parecía una locura.

O le doy el dinero o mandará a alguien a darme una paliza.

Y si se lo doy dará igual, querrá más y más.

Y, si algún día no tienes dinero para pagarle,

me castigará a mí.

Esto tiene que acabar.

Eli, piénsatelo bien.

Si nos metemos con esto, ya no podemos dudar.

Lo sé.

Y no podemos cometer el más mínimo error.

Lo sé.

Y después nada de arrepentimientos.

No me voy a arrepentir.

Estoy decidida.

Tenemos que matar a mi hermano.

Ese tipo de arma,

9 milímetros, modificada y con el mismo cañón exactamente

que la que tenía el Gordo,

ha sido utilizada en delitos por lugares de toda España.

Esta es tu hija, ¿no?

-¿Por qué la has estado siguiendo?

No le pongas un dedo encima o...

-¿O qué?

-¿Con qué me estás amenazando?

-Fernando es un buen hombre.

-Oye, ¿y por qué quiere encontrar a Vlado Khan?

¿Quién te vendió el arma? Si nos lo dices,

yo hablo con el juez,

le digo que has colaborado,

y probablemente te reduzca la condena.

¿Va todo bien? -Pues no.

Porque la que iba a ser mi compañera de piso

¡que me ha dejado tirada!

Nosotras tenemos una habitación libre.

Vamos a adulterar la heroína con fentanilo.

¿Con eso bastará? Sí.

Conseguiremos una dosis mortal.

(LLAMANDO) "Papá, soy yo".

Si verdaderamente se trata de una venganza,

el que quiere vengarse quiere que el otro lo sepa.

Si se trata de una venganza,

no parece que haya un componente estrictamente personal.

-Si el componente no es personal, ¿entonces a quién busca?

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 817

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Servir y proteger - Capítulo 817

15 oct 2020

Temiendo que la agreda, Miguel evita que Quintero interrogue a Hanna.
Eli acepta la propuesta de Mateo de asesinar a Jesús.
María acepta que Daniela sea la sustituta de Paty en el bar.

ver más sobre "Servir y proteger - Capítulo 817" ver menos sobre "Servir y proteger - Capítulo 817"
Programas completos (879)
Clips

Los últimos 2.404 programas de Servir y proteger

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios