Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años  Servir y proteger - Capítulo 811 - ver ahora
Transcripción completa

Te juro que cumpliré mi palabra. ¡Tu palabra ya la estás incumpliendo!

Que no, que Jesús me... ¿Qué? ¿Qué te va a hacer?

¿Qué? Está en la cárcel.

Debo arreglar esto como sea.

No hace falta que mandes a nadie para darle una paliza a Mateo.

-No me estaba refiriendo a Bremón.

-¿Cómo va la investigación de Vlado Khan?

Khan ha salido de España.

Te ayudaré a encontrar a Vlado Khan.

Lo que hagas con él es asunto tuyo.

-¿Crees que Melendo lo sabía? -Creo que participó de alguna forma

y que después siguió trabajando para Vlado Khan.

-Creo que este será el último caso que llevemos juntos.

Me voy a pedir una excedencia.

-Ahora te mereces estar con Aitana en Donosti.

Venga, vete para allá.

¿Has tenido algo que ver

en la decisión de Claudia de librar hoy?

Lo digo porque ayer se lo propuse yo y no le pareció muy bien.

Me has mentido a mí, has mentido a Emilio

y seguirás si no te pillo.

(Música emocionante)

(Sirena)

(Puerta)

Hola, Claudia. Buenos días.

Buenos días, Emilio. ¿Cómo estás?

¿Tienes tiempo para un cafetito?

Bueno, he quedado aquí con Nacha, en mi despacho del exilio.

La idea de ceder tu despacho fue tuya. Nadie te obligó.

Sí, lo sé.

Lo digo solo por desahogarme. Hasta que llegue, habla si quieres.

Solo venía a ver qué tal estabas.

Pues bien. Bien.

Estoy bien.

¿Por qué quiere Nacha hablar contigo?

¿Hay novedades sobre el caso de Láinez?

No, supongo que no, porque si no, vendría con Elías.

Creo que será otra cosa.

Y por su tono de voz, intuyo que será algo personal.

Respecto a Salgado, a ver si nos lo quitamos pronto de encima

y volvemos a la normalidad.

No sabía que creyeras en los milagros.

Sí. A este paso

es lo único que nos puede librar de él: un milagro.

Así que tú lo ves tan negro como yo, ¿no?

Es que no le pillo el punto a este hombre.

Es tan hermético.

He intentado sonsacarle varias veces, pero nada.

El único rastro que deja

son sus pajaritas de papel por toda la comisaría.

Bueno, siempre podemos hacer una exposición en la sala central

con sus manualidades. Mira...

Tu día libre te ha sentado bien. Te tomas las cosas de otra manera.

¿Qué hiciste?

Pues... nada especial.

Intenté desconectar.

¿Lo conseguiste?

Pues no. Si te soy sincera, no. Pero por lo menos lo intenté.

Buenos días. Hola, Nacha. Pasa.

Si no es buen momento, vengo luego. No, tranquila.

Si yo ya me voy.

Pues comisario, prefiero que se quede.

Es importante lo que debo comentarles.

Muy bien, claro.

Pues siéntate y explícanos, que nos tienes intrigados.

A ver, que tampoco sé muy bien por dónde empezar.

(Música sentimental)

Después de todo lo que ha pasado aquí,

y con el tema del asalto,

la pérdida de nuestra compañera Alicia...

me planteo otras cosas en mi vida.

No me digas que piensas abandonar el cuerpo, Nacha.

No, comisario. Ni mucho menos.

Pero... sí me estoy cuestionando otro tipo de prioridades.

¿Adónde quieres ir a parar, Nacha?

Bueno, quiero...

darme esta oportunidad en el aspecto personal,

porque desde que se fue una persona de...

Te refieres a Aitana, la hija de Merche.

Anda, mira. Para variar, mi inspectora jefe

está mejor informada que yo.

Y resulta que Aitana en estos momentos

vive en Donosti, ¿no?

¿Quieres pedir el traslado? No, no.

Lo que realmente quiero pedir es una excedencia.

¿Una excedencia, Nacha? ¿Ahora?

A ver, pero ¿por qué? Ya, comisario, a ver... Yo...

quiero darme una oportunidad en esta relación con Aitana.

Quiero... probar aquello de la convivencia,

intentar ser feliz.

¿Y cuándo quieres solicitarla?

Hoy mismo me pasaré por Personal.

Es una decisión que... he tomado claramente

y no quiero aplazarla.

Pues si estás tan decidida,

solo te deseo la mejor de las suertes, Nacha.

Lo mismo te digo.

Muchas gracias a los dos.

(POLICÍA) -Hombre...

Primera vez que veo a un detenido que no está borracho

durmiendo a pierna suelta.

(SANTIAGO) -¡Despierta!

-¿Qué pasa ahora?

-¿Qué pasa? No tienes problemas para dormir.

Venga, espabila. -No he dormido tanto.

Anoche no podía pegar ojo. -Ya.

Igual el remordimiento de ir robando a la gente empieza a afectarte, ¿no?

-De algo tengo que vivir. -No me cuentes películas.

-Es la verdad. Yo robo por necesidad.

-Eso cuéntaselo a la gente a la que le robas,

a ver qué cara ponen.

Bueno, a la gente viva.

Porque no te importa robarle a los muertos.

-No sabía que esa pobre mujer estaba muerta.

-Pero te dio igual.

Cogiste el collar y saliste tan pancho.

-De eso nada.

Salí con muy mal cuerpo.

Y dudando qué hacer. -Lo que tú digas.

Pero no hiciste nada. -Me habríais detenido.

¿Se sabe qué le pasó?

-Bueno, el forense dice que sufrió un ictus seguramente,

y que llevaba unos dos años muerta.

-¿Cómo iba a estar tanto tiempo muerta así?

-Lucía no tenía familiares,

y los amigos y vecinos dieron por hecho

que se fue a una residencia.

Habló con ellos del tema alguna vez.

-Joder, qué horror.

-Al final tus remordimientos hicieron que esa mujer

descansara en paz por fin.

Venga, vámonos.

-¿Adónde?

¿Otra vez me vas a interrogar? -Yo no.

Ahora debes hablar delante del juez. Venga.

-Vaya. No te había visto.

-¿Qué tal?

-No sé, dímelo tú.

-Perdona. Es que ser diplomática se me da fatal.

-Bueno, ni falta que te hace conmigo.

A mí puedes hablarme tan claro como quieras.

-Pues un titular:

la noche estuvo genial... pero no entra en mis planes repetir.

-Qué directa eres.

Tranquila, que sé encajar un "no".

Pero pudiste ser más clara conmigo el otro día.

Se me quedó cara de imbécil

mientras te pedía tu número y dabas un portazo.

-Tenía que ir a currar y me fui a currar.

Además, no estoy obligada a decirte si quiero repetir.

-No, no pasa nada.

Tranquila. Me han dado calabazas más veces.

-¿Y vienes mucho por aquí?

-Sí, me pilla cerca del curro.

-No serás poli.

-Tú ya sabes que yo soy poli.

-¿Yo? Para nada. Se me da muy bien fichar a la gente.

Paty, te lo dejo aquí. -Será eso. seguro que sí.

-Hasta luego. (EVA) -Hasta luego.

-Hasta luego.

(PATY) -Buenos días. ¿Qué quieres?

-Pues un café solo, por favor. -Vale.

Tengo cruasanes recién horneados. ¿Quieres uno?

-Venga, vale.

(LARA) -Hola. (IVÁN) -Hola, Lara.

¿Qué tal? -Bien, bien.

Mejor que cuando me viste ayer en las taquillas.

-Sí, se te veía un poco agobiadilla.

-Sí. -¿Qué tal está tu familiar?

-¿Perdona?

-El pariente de la mala noticia.

Que si está mejor. -Ah, sí. Está mucho mejor.

Al parecer tenía mucho menos de lo que parecía.

-Bueno, pues me alegro. -Gracias.

Iván. Iván Díaz.

-No me acordaba, perdona.

-Oye, tú llevas ahora la UFAM, ¿no? -Sí.

Sustituyo a Esperanza Beltrán mientras está en Colombia.

-Yo soy el nuevo de la UIT. -Sí, eso lo recordaba.

-Me he enterado de que acabas de volver de una baja.

-Aquí tienes. -Gracias.

-¿Qué tal, Lari? ¿Qué quieres tomar? -Bien.

Pues ponme un descafeinado con leche. Pero de sobre, ¿vale?

-¿De sobre? El de máquina está mil veces mejor.

-No. De sobre.

-Ya sé por qué de sobre.

Temes que me confunda y que te ponga café, café.

-Oye, Iván, quería pedirte un favor. -Dime.

-Que no comentaras nada a nadie de lo mal que me viste ayer.

-No pensaba hacerlo. Pero vamos, que...

que te afecte una mala noticia sobre un ser querido

no es para avergonzarse. -Ya.

Ya, pero acabo de volver de una baja.

Durante un asalto me dispararon, perdí muchísima sangre...

Vamos, que casi no lo cuento.

-Vaya. Lo siento mucho.

-Pero ya estoy bien. Ya casi no me duele. Fenomenal.

Gracias.

-Oye, Lara, una cosa que...

Lo de tu familiar se lo inventó Paula, ¿no?

-No sé por qué dices eso, la verdad.

-Ayer no me di cuenta, pero pensándolo...

Lo que te pasó ayer tiene más pinta de ser un ataque de pánico

que un duelo por un familiar.

-Ya...

Vaya conclusiones que sacas tú, ¿no?

-No te preocupes, ya te he dicho que no se lo voy a contar a nadie.

Pero bueno, que... No sé, creo que...

deberías tomarte en serio ese episodio.

-Ya. Ya, bueno.

Fue algo puntual.

Yo creo que ya lo tengo bastante controlado.

-A ver, que... te dispararon en un tiroteo

y estuviste cerca de morir.

Vamos, que es algo que no es fácil de digerir, ¿sabes?

Quiero decir que...

que si yo fuera tú, no sé, pensaría que puede volver a pasar.

Se puede repetir.

Pero bueno, el superar una experiencia traumática

lleva... su tiempo.

-Y este ahora, con la cara de cordero degollado.

-Se le ha despertado la conciencia. -Sí, hombre, sí.

-¿Qué, por ser un ladrón no puedo tener sentimientos?

-Lo que tengas que llorar, al juez.

-Eso. A ver si así te rebaja la condena.

-Tirando al coche, que se hace tarde. -Venga.

-Antes me gustaría hacer una llamada.

-Eso debiste pensarlo antes.

-Por favor, necesito hablar con mi hijo.

-Pudiste llamarle cuando te detuvimos y no lo hiciste.

-Hace tiempo que no nos hablamos.

No era momento para contarle mis penas.

-Y ahora sí, ¿no? ¿Quieres jugárnosla a nosotros o qué?

-No, lo juro. Dejadme hablar con él, por favor.

-¿Tiene que ser ahora?

-Debe saber que quiero cambiar de vida.

Lo pasó muy mal por mi culpa.

Incluso por eso se fue a vivir a Canarias, lejos de mí.

Es un buen chico. Tiene más o menos tu edad.

-Tú quieres pedirle pasta para pagar la fianza, ¿no?

-Nada de eso.

Me ha removido mucho...

saber que la dueña del collar llevaba dos años muerta.

Me da miedo acabar así.

-Eso suena un poco egoísta, ¿no?

¿Quieres arreglarte con tu hijo solo por eso?

-No. La única razón es porque le quiero.

Volver a recuperarlo es razón suficiente para querer cambiar.

-Venga, arreando, que es gerundio. -Espera, hombre.

A ver, ven. Venga.

¿Sabes el número de tu hijo? -Claro.

-Tienes dos minutos para hablar con él.

-Muchas gracias.

-¿Puedo hablar en el coche? Por tener intimidad.

-Venga, pasa.

-Te ha faltado sacarle una caña. -Venga, hombre.

No seas tan duro, joder.

(Teléfono)

(Conversación inaudible)

-Lara, mira, he encontrado el descafeinado.

¿Quieres uno?

-No. Ya me lo he tomado en La Parra. Venía a por un poco de agua.

¿Sabes a quién he visto allí?

A Iván.

-Ah. ¿Habéis hablado de lo que te pasó?

-Sí. Le dije que no contara nada, pero ya podría habérmelo ahorrado.

-¿Por?

-Pues porque el tío se enteró

de que no estaba triste por ningún familiar.

Que tuve un ataque de ansiedad.

-Ya. ¿Y te va a guardar el secreto? -Pues no lo sé.

Me ha dicho que sí, pero no sé. No tengo ni idea de cómo es.

¿A ti qué pinta te da, que le hiciste el "tour"?

-Pues es que no sé mucho de él, la verdad.

Solo sé que es un "crack" en lo suyo

y que se desenvolvió como pez en el agua

en la UIT. Ya está.

-¿Y no sabes nada de su vida personal?

-Que es de Guadalajara.

Estuvo dos años destinado en Galicia.

Y antes trabajó en Madrid.

-¿Y no te contó cómo se hizo lo de la pierna?

-No. Tampoco le pregunté. Pero lo lleva bastante bien.

-¿Por qué lo dices?

-Porque hizo una broma

sobre salir corriendo así, con doble sentido.

-Ah...

¿Y tú qué piensas, que lo de la cojera es por un accidente

o que fue durante un acto de servicio que le salió mal?

-Pues Lara, yo qué sé.

¿Qué pasa? Preguntas mucho. ¿Te mola el chaval o qué?

-No. (RÍE) -No...

(NACHA EXHALA PROFUNDAMENTE)

¿Qué tal, compañeras? Guau...

Me acabo de quitar un peso de encima. Ya lo hice.

-¿Qué hiciste? -Acabo de pedir una excedencia.

-¿Cómo? -Pero ¿por qué?

(RÍE) -Sí. Quiero darme una oportunidad en el amor

y me voy a vivir con Aitana. -Anda.

Mira qué calladito te lo tenías. Me alegro mucho por ti.

-Sí, yo también. ¿Y cuándo te vas?

-En principio deben revisar toda la documentación

pero creo que está todo en regla.

Si no hay problema, pues... mañana mismo.

-¿Tan pronto? (NACHA) -Sí, sí.

Pero no me voy a ir sin hacer unas birritas de despedida.

-Hombre, cuenta con ello. Hay que brindar por tu nueva etapa.

-Pero algo sencillito.

Todo entre los de la comisaría. Nada de complicaciones.

-Ahí estaremos. ¿Verdad, Lara?

(RESPIRA PROFUNDAMENTE)

Hasta que acabe con la batería no va a colgar.

-No exageres. No lleva ni cinco minutos hablando con él.

-Es que no sé por qué tienes que dejarle llamar, papá.

-Cuando cumplas años y tengas hijos lo entenderás.

-Deja el refranero español, que nos conocemos.

Cuando tenga hijos no voy a cambiar nada.

-Sí, eso pensaba yo a tu edad: que lo sabía todo de la vida.

Pero los hijos te ponen en tu sitio.

Te das cuenta de que no todo es blanco o negro.

A veces no viene mal ser más flexible y más empático.

-Mezclas churras con merinas, papá.

Esto es profesional.

Y llevas tiempo aquí como para que te time un chorbo.

-Pues porque soy un veterano sé cuándo un tío dice la verdad.

Este hombre es un ladrón. Debe pagar por lo que ha hecho.

Pero he visto que quiere cambiar de vida.

-Pues si tú lo dices, será que sí.

(Ventanilla)

-¿Qué tal ha ido?

(SUSPIRA) -Me gustaría pensar que bien.

-Te has tomado tu tiempo para ponerle al día.

-No ha sido fácil. Y menos al principio.

Era... una conversación rara.

Pero luego le he visto más receptivo.

-¿Le has dicho que estás detenido?

-Sí, claro. Le he prometido que no habrá más mentiras.

Ni volveré a robar nunca. Antes me muero.

-Bueno. Tendrás tiempo para pensar en la cárcel.

-Bueno. Aprovecharé también para aprender un oficio.

Me apuntaré a algún curso. Un taller. -Eso está muy bien.

Seguro que cuando salgas de la cárcel

tienes muchas oportunidades de dedicarte a algo en condiciones.

Lo que sea menos dar palos.

-Gracias por dejarme hacer esa llamada.

Ha sido muy importante.

-¿Cómo has quedado con tu hijo?

(SUSPIRA) -En que nos hablaremos cuando podamos.

Y me ha dejado caer que si viene a la península, me visitará.

-Pues me alegro, hombre.

-Bueno, pues venga. Vamos tirando.

Ay...

-¿Qué tal? -Eh, Daniela. ¿Cómo estás?

-Bien. ¿Y tú? -Bien, aquí.

-¿Me pones un pincho de tortilla y un café?

-Claro que sí.

¿Qué haces tú por aquí?

¿No tenías curro hoy? -No.

Y he aprovechado para escaparme a comisaría,

porque me llamó el poli ese tan majo ayer

para decirme que recuperaron algunas de mis cosas.

-¿En serio? -Sí.

-¡Qué guay! Me alegro mucho. -Sí.

No sabes qué subidón, de verdad.

-Oye, y por curiosidad, ¿qué poli fue el que te llamó?

¿El hijo o el padre?

-Toni. El chico que conocí aquí el otro día.

-Sí. Bueno, es que Santiago,

el otro compañero que trabaja en tu caso, es su padre.

Pero trabaja en otra comisaría. -Ah, vale.

Por eso hacen tan buena pareja.

Y dieron con el ladrón muy rápido, la verdad.

-¿Y qué, ha aparecido todo lo que te robaron?

-El dinero de momento no.

Y ni creo que lo recuperen. Se lo habrán gastado todo.

Este mes iré un poco apuradilla, pero ya me las apañaré.

Lo que más me preocupaba era recuperar la alianza de mamá.

-¿Y la recuperaste? -Sí.

-Uf. -Sí.

Desde ahora la llevaré conmigo siempre.

No sabes qué pena hubiera sido perderla.

Pero bueno, hay casos peores que el mío.

El mismo ladrón entró a robarle

a una señora que llevaba muerta dos años.

A una anciana. -Ya.

La pobre Lucía. Sí, lo sé.

Pobrecita. Dos años muerta en su sofá sentada.

-Muy fuerte. -Hola.

(MIGUEL) -Buenas tardes. -¿Qué tal?

-¿Me pones un café americano para llevar?

-Claro que sí.

-Estabais hablando de la anciana que encontraron muerta en su casa.

-Sí. (PATY RESOPLA)

Sí. Y es que se me parte el corazón solo de escuchar la historia.

Habría que hacer algo para evitar estos casos.

-Sí. Creo que como sociedad deberíamos tener más recursos

para cuidar de nuestros mayores.

Especialmente de los que viven solos.

-María dice que hay mucha gente en el barrio

a la que le podría pasar lo mismo.

-Pues sí, la hay.

-Yo creo que deberíamos poder hacer algo

para evitar estas situaciones.

-Pues sí. La verdad es que sí.

Pero los recursos que tienen los servicios sociales

o los que tenemos desde las ONG

con las acciones puntuales no son suficientes.

-Ya...

-Si tienes alguna sugerencia, es bien recibida.

-Cuando quieras quedamos y hablamos del tema.

Yo, colaborar, en lo que haga falta.

-Te lo digo en serio, Paty.

Tuviste muy buenas ideas con el almacén de alimentos.

Si se te ocurre algo, dímelo.

-Venga, vale. Cuando tenga un ratito me paso.

-Perfecto. Me voy. No quiero el azúcar, gracias.

Te dejo el dinero del café y...

Daniela, ¿todo bien por el barrio? -Sí, gracias.

-¿Sí? Muy bien. Buen día. Chao.

-Chao, Miguel. (DANIELA) -"Bye".

(Puerta)

-Hola, buenas tardes. -Abogado. Pase, por favor.

Gracias por venir. -No, gracias a usted.

Pensaba que igual confundí el lugar de la cita.

Como la puerta estaba cerrada a cal y canto...

-Ah, todavía queda un buen rato para que abra al público,

y quería charlar con usted con calma y con tranquilidad.

-Claro. -De haberle citado tras el cierre,

quizá hubiese sido algo tarde. -Naturalmente. Mucho mejor así.

-¿Quiere tomar algo? -Bueno.

Un trago de ron estaría bien. -Me parece estupendo.

De hecho, le voy a acompañar.

Sin hielo, ¿verdad? -Sí, gracias.

-Muy bien.

-Bueno, pues usted me dirá. ¿En qué puedo ayudarle?

-Pues verá, Sebastián.

Como le dije por teléfono,

resulta que tengo un pequeño problemilla con Hacienda.

La Agencia Tributaria me reclama una importante cantidad de dinero

por el Impuesto de Sociedades del año pasado.

-Ya. Y le parece una cantidad excesiva e injusta.

Suele pasar. -Eso es.

¿Le parece bien si vamos al reservado?

Así estamos más tranquilos. -Muy bien.

-Pase, por favor. Siéntese donde quiera.

-Vale. Muchas gracias.

Bueno, pues para que yo me haga una idea de su volumen de negocio,

¿este es el único local que tiene,

o dispone usted de otras fuentes de ingreso?

-Supongo que comprenderá que con un local de este tipo,

como con cualquier otro negocio de hostelería,

es difícil vivir desahogadamente.

Y a mí, sinceramente,

me gusta vivir bien. -Ya.

O sea, que hay otras empresas. -Claro que hay otras empresas.

Pero no le vaya a decir nada a la Agencia Tributaria,

no vayan a crujirme más de la cuenta.

-Además, tiene las espaldas bien cubiertas.

Porque un local nocturno es siempre una tapadera muy efectiva.

-A buen entendedor pocas palabras bastan.

-Y la experiencia es un grado.

Yo tengo mucha con clientes de sus características.

Por cierto, debo decir que para mí

es todo un honor trabajar con el gran Fernando Quintero.

-Vaya...

Ya veo que me conoce usted bastante bien.

-Sí. Yo y todo el mundo.

Aunque pensaba que estaba retirado de esos otros negocios.

-Sí, he estado retirado un tiempo.

Ya sabrá también que he tenido

algún que otro problema con la Justicia

y hasta ahora ha venido bien mantener un perfil, digamos, bajo.

-Muy precavido. -Pero todo eso se acabó.

Estoy dispuesto a volver al tablero de juego,

y esta vez quiero apostar bien fuerte.

-Y yo brindo por ello.

-Bien, pues ahora que ya hemos roto el hielo,

¿y si empezamos a tutearnos y nos vamos metiendo en harina?

-Claro. Como quieras, hombre.

(HOMBRE) -Pues no sé, Paco...

Sí, mira. Para esas intervenciones hay muy poca lista de espera.

La semana que viene podemos encontrar un hueco.

(Puerta abierta)

Claro.

Eh... Tendrás que perdonarme,

pero justo ahora no puedo seguir hablando.

No, tranquila. Hacemos una cosa:

te llamo en tres minutos y concretamos la fecha. ¿Te parece?

Venga, chao. Gracias.

Tres minutos.

¿Tan pronto quieres despacharme? Hola, Eli.

Espero que tengas el dinero.

Ojalá, pero no está siendo tan fácil.

Necesito algo más de tiempo.

¿Y el crédito que ibas a pedir? Sí, sí.

Lo he intentado, pero no me lo conceden.

¿Qué dices? No. Mi hermano está muy nervioso.

No puedo esperar más. He hecho todo lo que podía.

He vendido mi casa. Si no te he dado ya todo es...

No me cuentes tus problemas. Bastante tengo con los míos.

¿Qué te ha dicho tu hermano? Está muy nervioso.

Incluso me acusó de quedarme el dinero.

Lo siento mucho.

Sabe perfectamente que nunca haría algo así.

Le conozco.

¿Y te ha dicho algo más?

No.

Yo no quiero que tengas problemas.

¡Pues entonces consigue el dinero que falta!

¿Y esa cicatriz?

Es... de un accidente, que no me lo cosieron bien.

Sí, es un poco chapuza. Pero yo te lo puedo arreglar.

No hace falta. Eli, por favor.

Déjame ayudarte.

Se nota que estás muerta de miedo.

Tu hermano te amenazó, ¿verdad?

Me ha dicho que si no consigo el dinero...

mandará que me den una paliza. Lo sabía.

Lo he visto en tus ojos. ¿Cómo se puede ser tan animal? Toma.

Gracias. (SUSPIRA)

Mira, ya está. Se acabó.

Conseguiré ese dinero sea como sea.

No quiero que tengas problemas por mí.

¿Y cómo? Si has dicho que lo has intentado todo.

No lo sé, no lo sé....

Sacaré dinero del fondo de la clínica.

Es totalmente ilegal, y me meteré en problemas,

pero me arriesgaré por ti.

¿En serio? Sí.

No te dejaré tirada. No te lo mereces.

De hoy no pasa que te dé el dinero para que se lo des a tu hermano.

Así te dejará en paz. ¿Vale?

Gracias.

-Ay, perdón. No estaba Celia y pensé que estabas solo.

Nada, tranquila. Te presento a Eli Rodríguez.

Ha venido para ver si le quitamos una cicatriz.

-Pues no te lo pienses. Mi padre es el mejor.

No me hagas propaganda, cariño.

Tengo que irme. Cualquier duda, le llamo.

Encantada. -Igualmente.

Adiós.

(Puerta cerrada)

Si esa chica vuelve a tratarse, quiero mi parte de comisión.

Vaya. Para hacerme tanta publicidad, ¿cómo no te arreglas tu cicatriz?

Bueno... Ese tema mejor no lo sacamos.

Haré como que no he escuchado nada.

Venga, vámonos a merendar. Sí.

Sí, pero no tengo mucho tiempo.

¿Todo bien? Sí, claro. Vamos.

Si quería verte en persona

no era solo para hablar de estas cosas,

sino que también me gustaría comentarte

algo que me está rondando la cabeza.

-Adelante. Soy todo oídos.

-Es un negocio muy interesante.

¿Sabes? Pero es algo que no puedo llevar a cabo yo solo.

Necesitaría saber si...

sería posible que me pusieses en contacto con uno de tus clientes.

-¿Qué cliente?

-Vlado Khan.

(TOSE)

(CARRASPEA)

Vlado Khan es un prófugo de la justicia.

Y por supuesto, yo no tengo relación con él.

-Ya, pues es una lástima,

porque el negocio que he pensado

te puedo asegurar que es muy rentable para los dos.

Y por supuesto, para el que más rentable podría ser

es para ti.

No sé si me explico.

-Mira, Fernando.

A mí no me gusta cómo haces las cosas.

-¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo?

-No has sido claro desde el primer momento.

Decías que querías contratar mis servicios,

pero salta a la vista que solo quieres llegar a Khan.

-No, Sebastián. No te equivoques. Para mí la prioridad eres tú.

Vlado Khan es algo secundario.

Yo lo que necesito es contar contigo como abogado,

por lo que pueda pasar el día de mañana.

Lo del negocio este que te estoy hablando

es secundario.

Es como una especie de extra

con el que todos podríamos salir ganando. Nada más.

-Ya. Pues a mí no me gustan ese tipo de extras.

Adiós, Quintero.

(Traqueteo de la puerta)

La puerta está cerrada con llave.

(EXHALA PROFUNDAMENTE)

-Hola.

¿Te pillo liado?

-No. Estaba mirando una cosita y estoy contigo. Un segundo.

-¿En qué andas tan concentrado?

-Pues estaba viendo si habían publicado

las subvenciones de cooperación para desarrollo de ONG.

Pero...

Pero... no las han subido todavía.

-Bueno, ojalá os la den. -Ojalá que sí.

Pero bueno, dejemos ya mis penas y mis cosas.

¿Qué querías? -Pues ponernos a currar, ¿no?

No podemos dejar que haya más casos como el de Lucía.

-Dale.

Y... ¿qué has pensado?

-Pues mira, lo primero que he pensado

es en crear una red de voluntarios

que lleven un seguimiento de las personas que vivan solas.

Las personas mayores, claro. -Vale...

¿Como... piensas encontrar esos voluntarios?

Porque hará falta una buena cantidad.

-Ya lo sé. He pensado en hablar con la gente que viene aquí

a recibir cursos, con los directores de los institutos,

para que empiecen a promover la idea por las clases...

-Vale. Hombre, si te digo la verdad,

no sé hasta qué punto estudiantes de instituto

cuántos habrá que quieran meterse en algo así

o incluso tengan el tiempo para hacer esto.

-Igual se apuntan más de los que pensamos.

El caso es hacer buena publicidad de eso.

Además, tenemos más opciones.

-¿Sí? ¿Cuáles?

-Creo que deberíamos hablar

con los estudiantes de Medicina, de Enfermería...

Incluso les podría venir bien a ellos.

Podrían alquilarles las habitaciones a las personas mayores.

Siempre que estén todos de acuerdo y se comprometan a estar con ellos.

-Me gusta, la verdad. Es muy buena idea.

Sí, porque además estamos de alguna manera

promoviendo una colaboración mutua, una ayuda mutua.

¿No? -Claro.

Sí. La clave es saber venderlo.

Hacer buena publicidad en universidades, en institutos,

en bibliotecas...

-También habrá que contactar con gente mayor

que quiera alquilar una habitación en su casa.

-Claro, sí. -Vale.

Vale. ¿Y qué más tienes?

-Creo que deberíamos enseñar a los mayores

a usar las nuevas tecnologías. Hay muchas aplicaciones muy útiles

que les ayudarían a comunicarse más fácilmente con sus familiares,

o a pedir citas médicas. -Totalmente.

Incluso es una manera de ejercitar la memoria,

o incluso... estoy pensando también

en llevar la cuenta de las pastillas del día.

-Claro. -De hecho, estaría muy bien,

ahora que lo pienso, que fueran los propios voluntarios

quienes enseñaran a usar las "APP" a las personas mayores.

-Eso sería genial.

-Vale, pues ya está. Con esto... Nos ponemos con ello.

-Me queda la última propuesta.

-Vale. -He pensado también

en crear una especie de grupo, de club de mayores.

Y hacer una reunión una vez a la semana o algo así.

-...a la semana. Vale, podría estar bien.

-¿Sí?

-¿Te parece que lo escribamos todo

y lo organizamos y decidimos qué es útil, con qué nos quedamos

y qué tiene prioridad?

-Venga. Me parece perfecto.

Vamos, que estamos a tope.

(LARA) -Tenía muchas ganas de volver al trabajo.

Igual más de lo normal, por aquello de tener la cabeza ocupada y eso.

Pero... es que nada más entrar en la comisaría

me vi en mitad de la sala

y se me puso el corazón a mil por hora.

-Ya. ¿Y qué se te pasó por la cabeza en ese momento?

Seguro que hubo algún detalle que desencadenó esa sensación.

-Sí, claro. Reviví el día del asalto.

El momento en el que Vlado me apuntaba y me disparaba.

-Ya. -No sé, era como si todo

estuviera pasando otra vez.

Y me quedé paralizada, me faltaba el aire...

No sé si era un ataque de pánico, de ansiedad o qué.

-Es normal, después de todo lo que has vivido.

Y de ayer a hoy, ¿se ha repetido el episodio?

-No tan fuerte. Pero vamos, he dormido fatal.

Y me noto muy rara, muy nerviosa todo el rato.

-¿Qué tal tu entrada hoy en la comisaría?

-No tan "heavy" como la del otro día, pero me noto muy tensa.

Estoy todo el rato con la sensación de que tengo que controlarme.

Y no sé qué puedo hacer.

-Bueno, en principio, no asustarte, ¿no?

No eres la primera policía herida que necesita ayuda.

En el Cuerpo hay grandes profesionales

que te pueden ayudar. -Ya.

-Te vendrá bien hacer terapia con ellos.

-Y mientras tanto, ¿no podrías recetarme algo?

Algún ansiolítico.

-Las pastillas no curan traumas.

Pero si hay que tomarlas, se toman. -Ya.

(Teclado)

-Ya está. Te he recetado algo para que puedas dormir mejor.

Pero si necesitas ansiolíticos,

es mejor que te los paute un psiquiatra.

Y date de baja.

Estos medicamentos pueden interferir en el trabajo.

-Entiendo. Ya.

-No tienes que preocuparte. Con un poco de terapia lo superarás.

-Bueno, me lo voy a pensar eso.

Pero mientras, si me vuelve a dar otro ataque, ¿qué?

¿Qué puedo hacer?

-¿Has probado a hacer relajaciones, respiraciones conscientes...?

-Sí, muchísimas veces. -¿Lo has hecho?

Pues no dejes de hacerlo varios minutos al día.

Pero sobre todo, confía en ti.

-Eso intentaré hacer. -Eso.

Y no dejes de informar a tus superiores.

Es importante.

Y confía en los psicólogos del Cuerpo.

Son grandes profesionales. -Sí.

Bueno, eso... quizá más adelante, Antonio.

Si me vuelve a dar otro ataque.

Ahora es que... no quiero que me vuelvan a mandar a casa.

-¿Por qué? No tienes por qué incorporarte ya.

De ninguna manera. Puedes esperar.

-Ya, pero es que no sé si lo podría soportar.

Estaría todo el día en casa pensando en lo que pasó.

Y me sentiría culpable por dejar el trabajo en la UFAM.

Acabo de coger las riendas y no quiero que Miralles y Bremón

me tengan que sustituir tan pronto.

-Entiendo tus miedos, pero son infundados por completo.

Miralles y Bremón son más comprensivos de lo que dices.

Pedir ayuda no será un estigma, sino todo lo contrario.

Será interpretado como un acto de valentía.

Ya lo verás.

-Vale.

(MIGUEL) -Pues "El club de sabios" me gusta mucho más

que "El club de personas mayores" o de ancianos.

-¿Verdad?

Yo creo que con un nombre así, que enganche más,

será más fácil que la gente se apunte.

-No, sin duda.

Otras veces que hemos tenido talleres y cursos en el centro cívico,

cuando el nombre llama la atención de la gente

les interesa más apuntarse, tienen más ganas.

-¿Sabes qué he pensado también?

Que puedo ir al centro de salud

y decírselo a los mayores de por allí.

A ver si corro la voz más rápido.

-Vale. ¿Crees que tendrás tiempo?

-Sí. Vamos, yo me apaño. Tú no te preocupes.

Pero hoy no puedo.

Tengo que volver a La Parra.

-Muy bien. Pensé que habías terminado ya hoy.

-Sí, pero Nacha hace unas cañas en el bar

y no quiero dejar a María sola. Aparte, me apetece brindar con ella.

-¿Y qué se celebra?

-Que ha pedido una excedencia, y se va allí, a Donosti.

-Ah. No tenía ni idea, la verdad. -Es que fue una decisión rápida.

¿Por qué no te vienes?

Será algo muy sencillo: las cañas, los pinchos que saque María y ya.

-Venga, me apunto. -¿Sí?

-Sí. Además, tengo un hambre...

(Móvil)

Espera un segundo.

¿Sí? -"Soy yo, Quintero. Necesito verte".

-¿Qué pasa? -"Hablé con Melendo.

Si estás en el centro cívico, voy y te cuento".

-¿Es urgente? Justo iba a salir.

-"Sí lo es. Para mí sí. Es muy importante".

-Vale.

Ven, te espero aquí. No tardes.

-¿Qué, no puedes venir? -No, sí que puedo.

Pero me ha llamado una compañera, Laura,

que se ha dejado aquí algo importante, y lo necesita.

Y no tiene llaves. Me quedaré a esperarla.

Luego te alcanzo.

-¿Sí? Venga, pues te espero allí. -Venga.

-Pero no te escaquees.

Y no tardes. Los pinchos vuelan.

-Pues si vuelan, guárdame un par o algo.

-Venga, vale. Ahora te veo.

-Paula, ya. No pongas más. -¿Qué dices?

Si no, va a quedar soso. -Parece un cumple infantil.

Es una despedida de excedencia.

-Dejad de discutir ya y terminad.

Que nos va a pillar Nacha con las manos en la masa.

(TONI RESOPLA)

Solo digo que se nos va de las manos esto.

Ella dijo que quería tomar unas cañas, y esto es otra cosa.

-Bueno, eso dice todo el mundo con la boca pequeña.

Pero luego hace ilusión, que los tengo vistos.

Y tampoco es tanto.

-Pero bueno, ¿y toda esta movida?

Seguro que es idea tuya.

-Otro con el tema. Pero ¿qué movida?

Vamos a hacer las cosas bonicas.

-Perdóname, María, por las horas.

Me he enrollado en el centro cívico y se me ha ido la hora.

-Sí. Te pasa mucho con Miguel. Tenéis mucho de lo que hablar.

-Al final te van a dar un sueldo en el centro cívico.

-Qué va. Si yo lo hago por gusto.

A ver, mirad.

¿Qué os parece el regalo de Nacha? ¿Eh?

-Bueno, pero si parece una foto.

Al final se cabrea con tanta movida y regalito.

-Tú estás envidioso porque olvidaste comprarle algo.

-Pues sí, se me ha pasado. -A mí también.

-Ya, a mí también. (PATY) -De verdad...

Es que sois malos compañeros, sosos...

-Paty, no seas bicho. Venga.

-Es broma. Este regalo lo encargó María de parte de todos.

-Esta mujer vale su peso en oro.

-Bueno, tú cuando tienes la cabeza donde debes, eres muy detallista.

-Gracias a las dos, guapas.

-De nada. Estáis todo el día en comisaría y no tenéis tiempo.

(TONI) -¡Ahí viene la anfitriona!

(TODOS) -¡Bien!

-¡Esa Nacha!

-Bueno. Esto sí que no me lo esperaba, de verdad.

Se nota que hay pica-pica gratis: estamos todos puntuales.

-Paty, acompáñame a por las cervezas. (PATY) -Marchando.

-De verdad, con decoración y todo. Me gusta mucho.

-¿En serio te gusta? -Sí, me encanta. Muchas gracias.

Pero no era para tanto. Esto no es una despedida.

Es un "hasta luego". Ya nos vemos. -Eso he dicho yo, pero ni caso.

-¿Qué vas a hacer en Donosti, aparte de disfrutar del amor?

-Pues tampoco llevo nada muy planificado.

No sé, lo que vaya surgiendo.

-De verdad, qué envidia tomarse la vida con tanta relajación.

-En cuatro días estás aquí. No te veo yo sin trabajar.

-Venga, no te hagas ilusiones,

que yo sé que tú no podrás vivir sin mí.

Pero bueno, yo me voy a buscar algo para no aburrirme en Donosti.

Además, estará mi amor.

No sé, igual me da por apuntarme al surf y coger olas.

-Sí. Una caribeña como tú con las olas del Cantábrico.

¿Tú sabes cómo son? De tres metros las más pequeñas.

-Qué rico, María. Gracias. Pues yo qué sé.

Si es así, bienvenidos todos al espectáculo.

-Jo, qué rico todo, María. Gracias. -Pues al ataque.

-Salud.

-¡Por Nacha!

(Risas)

-¿Quién falta?

Gracias, ¿eh?

(Música dance de fondo)

Hola. Perdona, que llego tarde. Nada.

No te preocupes. ¿Tienes el dinero? Sí.

¿Está todo? Hasta el último céntimo.

¿Cómo lo has logrado tan rápido?

Ya te dije que haría lo posible para que no tuvieras problemas.

¿Tanto te preocupa? Claro. Por supuesto.

Además, tú fuiste muy comprensiva conmigo

cuando te dije que no podía reunir todo el dinero.

Y eso que no empezamos bien cuando te conocí.

¿A qué te refieres?

Bueno, al hablarte de tu aspecto físico.

Ah. Puede ser un poco ofensivo.

Te pido perdón. Pero fue deformación profesional.

Ni mucho menos pienso que no eres atractiva.

Ya te dije que tu belleza es única.

Tú eres única.

Y lo que nos hace únicos es cómo somos por dentro.

Vaya. Yo pienso igual, pero me sorprende que tú hables así.

Te dedicas a esto. Eres un cirujano de éxito.

Por eso sé de lo que hablo.

Mi mundo está lleno de gente muy frívola,

muy superficial.

¿Sabes?

Creo que eres la persona más auténtica que he conocido

en muchos años. (RÍE)

Ya. Eso se lo dirás a todas. No, no. Para nada.

Y si no te lo crees, te lo repito mirándote a los ojos.

¿Te apetece otra cerveza?

No, me tengo que ir a ingresarle el dinero a mi hermano.

Hasta luego. Adiós.

Miguel. ¿Qué tal?

Disculpa si me presento a estas horas.

No sé si es un poco tarde para ti.

-No te preocupes.

¿Has sacado algo de Melendo?

-No. Por desgracia no he podido sacarle nada.

-¿Lo viste al menos? -Sí.

Sí. Ya te dije que a ese le gusta mucho el dinero.

Vino corriendo a verme incluso.

Conseguí que se creyese

que estoy de vuelta en toda esa mierda del narcotráfico.

-¿Seguro que no sospechó? Es un tipo listo.

-No sospechó nada.

Se lo creyó todo. Incluso estaba dispuesto a ser mi abogado.

Lo malo fue cuando le hablé de Vlado Khan.

Ahí se cerró en banda y se largó.

-No será fácil sacarle información.

Conociendo a Khan,

lo tendrá amenazado a él y a su familia.

Y lo tendrá muy bien pagado. -Sí, lo sé.

Por eso creo que... (CARRASPEA)

...si queremos conseguir que Melendo hable,

igual tenemos que hacerlo... de alguna otra forma.

No sé si me explico.

-Hablas de darle una paliza. -Sí.

¿Tienes algún problema?

-No.

Melendo es escoria, igual que Vlado Khan.

Una paliza, Quintero.

Cuatro golpes para hacerle hablar. Nada más.

No le vamos a romper un brazo, no le vamos a romper una pierna...

Asustarle y ya. -Y ya, no te preocupes.

Yo tampoco quiero que corra la sangre, tranquilo.

Pero cuando encontremos a ese cerdo de Vlado Khan...

entonces sí.

Entonces sí que me encargaré de matarlo con mis propias manos.

Vamos hablando.

(Pasos alejándose)

-Oye, Nacha. Tienes aquí la camiseta. No te la olvides.

-Claro que no. Me la pienso poner ahora mismo. Mira.

Me ha encantado, ¿eh?

María, Elías... todos, muchísimas gracias

por la camiseta, por la fiesta y por todos los detalles.

-¿Ves cómo estos detalles hacen ilusión, Elías?

(AFIRMA) -Que sí. Que ya me ha quedado claro.

-De nada. Yo me alegro de que te haya gustado.

(NACHA SUSPIRA)

Cuando llegué aquí, a Distrito Sur, nunca pensé

que encontraría una segunda familia. -Bueno...

Seguro que te arrepientes del día que me conociste.

-Pues no. Además, es algo que no pienso olvidar,

porque a veces me gusta contar esa batallita.

-Me lo tengo merecido.

Seguro que la escucho en la fiesta de mi jubilación.

-Sí, no te quepa duda.

Además, te digo una cosa:

en cuanto regrese de Donosti, porque claro, tendré que volver,

le diré a Miralles que me vuelva a poner contigo.

Así que no te me vas a escapar.

-Tú quieres la llave del coche para conducir tú.

-Madre mía.

Recuerdo ese día qué mirada me echaste. Me acuchillaste.

-Ay...

Con lo mal que empezamos,

y ahora me conoces mejor que mi mujer.

Que por cierto,

la conocí gracias a ti.

(Música sentimental)

-Ay, Elías. Yo a ti sí que tengo mucho que agradecerte.

Porque has sido el mejor compañero, un gran maestro,

y además siempre has estado ahí cuando te he necesitado.

-La verdad es que si alguien ha aprendido del otro

he sido yo de ti.

Has sido mi mejor binomio.

-Anda, no me digas eso, que...

(SUSPIRA)

Te lo juro que ahora para mí tampoco es fácil dejarte así,

con toda esta situación de lo de Láinez, y...

-¿Dejarme? Esto no es un "adiós", es un "hasta luego".

-Pues sí. Antes de que me eches de menos,

ya habré regresado.

-No, eso es imposible.

Porque... ya te echo de menos, compañera.

-Ay...

-Eva, qué sorpresa.

-Sí. Es raro encontrarme en mi puesto de trabajo

en horario laboral.

-¿Insinúas que me he buscado una excusa para verte?

-Bueno, lo has dicho tú, no yo.

Me han llamado de Jefatura para hablar del informe de Salgado.

De hecho, me han citado hoy a última hora.

Pues no te esperes nada bueno.

Llevas siete años encerrado aquí.

¿Qué pasó, Ángel? Dime la verdad.

-¿Tú también te lesionaste en un acto de servicio?

Te lo digo por la cojera.

-Bueno, voy. Pero volvemos pronto, que tengo que currar.

-Se ha dejado el móvil encima. -Empanado. Se lo llevo yo.

-Me he informado por ahí,

y sé que tienes un buen equipo de asesores financieros

y de defensa penal.

¿Qué me dices?

-Oye, ¿y has podido ver a Beatriz? -Sí.

Tomamos un café juntos. -¿Y?

-No tiene intención de volver.

Y no quiso coger el dinero que me diste para ella.

-Hoy a las 23:00 estará en el Moonlight. Te veo allí.

-Esto es un disparate.

Pensad lo que queráis, pero yo me marcho.

-Tú te quedas aquí.

No te vas a mover de aquí hasta que yo te lo diga.

¿Te queda claro?

(Descarga eléctrica)

-¡Alto, policía! ¡Suelta el arma!

(Disparo)

¡No!

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Servir y proteger - Capítulo 811

06 oct 2020

Nacha, alentada por Elías, decide pedir una excedencia para marcharse a Donostia y darse una oportunidad con Aitana. Se despide recordando que es un hasta luego.

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