Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 742 (Parte 1) - ver ahora
Transcripción completa

¿Cuánto llevas levantada?

-¿Te he despertado?

-No hace falta que hagas el desayuno, mamá.

-He hecho torrijas. Como te gustan tanto.

-Uf. Torrijas pa desayunar.

Me meto yo ahora eso entre pecho y espalda y vamos,

no hay quien trabaje.

-Bueno, pues a lo mejor le apetecen a Lara.

¿Te preparo un yogur y ponemos esas cosas que se echan ahora?

-No, mamá. No tengo hambre.

-Hija, las torrijas ya están hechas.

Si quieres, te las llevas a comisaría. A alguien le gustarán.

¿Dónde tienes los táperes?

-Mira, ahí, en la estantería.

¿Tú no vas a comer?

-No, yo tengo que hacerme los análisis.

Y, además, tengo que irme ya.

-Ah.

Pues deja que lo haga yo.

Si huele muy bien.

-Anda, ¿no te apetece comerte una con un café?

-Que no, de verdad, mamá.

Mamá.

Perdona si ayer estuve un poco rara.

Ya sabes que soy muy maniática del orden.

Y las visitas por sorpresa me...

Me descolocan.

-No, hija. Si tienes toda la razón.

Si es que tenía que haber avisado.

(Música melancólica)

-Haremos una cosa.

Llamo a Miralles y le digo que...

que llego tarde, y así te acompaño.

-No, hija. No hace falta. No merece la pena.

-Estoy lista en cinco minutos, mamá.

-La verdad...

Prefiero ir sola.

¿No ves que yo estoy bien?

Y todo va a salir perfecto.

Además, mírame.

Que estoy bien, vigorosa y animosa.

¿Eh? (RÍE)

-Bueno.

Pero luego hablamos.

-Pues claro que sí.

Cuando tú quieras.

Bueno. Me voy, que se me hace tarde.

(MARÍA) -A ver.

Y los dos cafés con leche.

¿Queréis algo más?

-No, con esto tengo hasta la cena.

Muchas gracias.

-A disfrutarlo. Gracias.

¿No quieres unos churros y los compartimos?

Papá, no me cebes.

Estoy bien, en serio.

El desayuno es la comida más importante.

¿Lo dices por los churros?

Estoy orgulloso de ti.

¿Por qué?

(Música emotiva)

Porque lo llevas con entereza.

Que te quede claro:

tienes derecho a estar triste.

O enfadada.

¿Enfadada?

Tu madre vive en casa de una amiga.

Y yo...

Yo no doy pie con bola.

Supongo que esta situación te estresa.

Bueno, a ver.

No es agradable que os divorciéis, pero...

Tampoco tengo doce años.

¿Tú estás bien?

Más o menos.

Pero...

Lo vamos a arreglar todo de forma civilizada.

Ahora es lo más importante.

Miguel, ¿todo bien?

A estas horas siempre estás...

poniendo firme al personal.

-Una mala noche. Apenas he dormido.

-¿Por qué no te tomas un café? Igual te despejas un poco.

-Ya he tomado demasiado café.

No... (SUSPIRA)

No va a arreglar nada el café...

Sara y yo lo hemos dejado.

-Vaya.

(Música triste)

Lo siento mucho.

¿Qué ha pasado?

-Bueno, supongo que...

La vida nos lleva por diferentes caminos.

Y ha aceptado un trabajo en...

En unos cruceros y se va seis meses.

-¿Estará seis meses navegando?

-Sí.

De hecho, habrá zarpado ya.

-Y...

¿Ha tomado la decisión así, tan de repente?

-No sé si ha sido así...

Tan de repente, pero...

Pero ha tenido la oportunidad y la ha cogido.

Y...

Y quizás es mejor así.

Estando lejos para...

Para superarlo.

-¿Quieres tomarte el día libre?

Puedo intentar cubrirte.

-Gracias, pero...

Pero no. Prefiero...

Prefiero hacer...

Hacer cosas y...

Levantar el culo de esta silla y...

ponerme con lo que tengo, que es mucho.

-No sé si te sirve, pero a mí me ayudó pensar en el futuro.

En lo que empieza, más que en lo que ha acabado.

-Sí. Parece buen consejo.

No pensar mucho, ¿no?

Mirar para adelante y seguir.

Luego te veo, Vero. Gracias.

-¿Puedo pasar?

-¿Qué quieres?

-Saber por qué no le has contado a Mateo lo de Toni.

-Estás obsesionado, Andrés.

-Puede.

O puede que aún me quede algo de conciencia y me duela ver

a mi amigo engañado.

Y traicionado.

-No le he contado nada porque él no me ha contado nada

o casi nada de sus amantes.

Y es agua pasada.

Toni y yo ya no estamos juntos.

-No me tomes por idiota.

Ese niñato es la razón de tu divorcio.

-No.

La causa es porque entre Mateo y yo ya no hay amor.

La historia con Toni no es la causa, sino la consecuencia de esa falta.

¿Qué? ¿No me crees?

¿No puedes concebir que una mujer viva

sin estar con un hombre?

-Te creo.

Me alegro de que hayas entrado en razón.

-Bien.

Pues a ver si tú entras en razón y me dejas en paz.

Levántate de mi mesa, por favor.

-Hola, buenos días. -Hola. Eh...

Un café con leche y un pincho de tortilla.

-Muy bien. María, la cuenta cuando puedas.

Ahora mismo.

-¿Pasa algo?

No, nada.

Nada, déjalo.

No me lo pongas, no podré comer con la censura vigilándome.

Rosa, espera un momento, por favor.

¿Qué quieres?

Sé que la tortilla engorda.

Y la leche.

Si me vas a hablar de dietas,

ahórratelo, paso.

A ver. Sé que te he dado malas noticias.

Pero me tengo que guiar por criterios científicos

y con la ciencia en la mano... Me has arruinado la vida. Simple.

Esa operación era lo que me quedaba para tener esperanza.

Pero tú qué sabrás.

No te obsesiones con la cirugía.

Hay otros tratamientos para perder peso,

y hay que buscar el más adecuado.

Ahórrate los discursitos, eh.

La verdad es que...

No me querías operar.

Me consideras un caso perdido.

(Teléfono móvil)

¿Por qué no vienes y lo hablamos?

Te puedo ayudar. Lo que digo es que esa cirugía no es la solución.

Una operación tan drástica podría dañar tu salud.

Podría arriesgar tu vida.

Déjame en paz.

(El móvil sigue sonando)

-¿Qué ha pasado?

Una paciente.

Quiere una liposucción general.

Más que general... Total.

Quiere perder 30 kg.

Nada, una locura.

Sí, si la conozco.

Dijo que quería encontrarse con su exnovio.

Que tenían una reunión de antiguos alumnos.

Sí, eso es.

Yo la vi bastante rallada, la verdad.

Pobre chica.

Le dije que no puedo operarla.

No quiere ni oír de otros tratamientos.

¿Por qué no puedes operarla?

En primer lugar, porque sus expectativas no son realistas.

No puede recuperar la autoestima con un bisturí.

Y luego...

No está bien de salud.

Está en tratamiento psiquiátrico.

Falsificó su historial médico... Un desastre.

Chicos... ¿Todo bien?

Sí.

Todo muy bien, no he podido ni con la mitad.

Toma. Así va bien.

Muchas gracias.

¿Nos ponemos en marcha? Venga.

Hasta luego.

-¡Hasta luego, guapos!

(Pasos)

-Espe.

¿Qué haces en pijama?

-¿Qué?

-¿Tú has visto la hora?

-Ostras. Se me ha echado el tiempo encima.

-¿Estás bien?

-Sí. Vamos, que me visto en un minuto y nos vamos.

-Vale. Oye, ¿y tu madre?

-¿Mi madre?

Ha ido al médico para unos análisis y a recoger unos resultados.

-¿Por qué no has ido con ella?

Espe, mira. Perdona que me meta donde nadie me llama, pero...

Eres muy borde con tu madre.

-He insistido, pero no ha querido.

Me ha dicho literalmente que quería ir sola. Creo que...

se olía lo que le venía encima.

-Se te nota a la legua que ocultas algo.

Yo ayer por la noche no daba crédito, o sea...

¿Cómo fuiste a la cama sin hablar de lo tuyo con ella?

-No se lo puedo decir en su estado.

-Vale.

Vale, pero no puedes seguir así.

-Tiene el corazón delicado.

No puedo soltar una bomba así.

Me da mucho miedo.

En su estado puede ser fatal.

-¿Seguro?

¿No lo utilizas como excusa para no enfrentarte a ello?

-Puede ser.

Bueno, sí.

Pero...

Hoy saldremos de dudas.

Porque en cuanto...

tenga los resultados de las pruebas, pues, quizá...

se lo suelto hoy.

-Pues mira, mejor.

La verdad por delante, por mucho que duela.

-Ya.

No tiene sentido que le eche en cara que me ha mentido y...

Y yo no sea sincera.

-Espe, tú has sido muy valiente.

Esa investigación... (RESOPLA)

Es dura, eh.

Mucha gente no podría llegar al final.

Y tú lo has hecho.

Si ahora no eres sincera y no se lo dices,

nada va a tener sentido, tanto esfuerzo.

-Ya, ya lo sé.

-Hasta que no hables con tu madre, no tendréis una relación normal.

-Es que no puedo...

ni mirarla a los ojos.

-Claro.

Ven aquí. (ESPE SUSPIRA)

Ven aquí.

-A Rubén Martos se lo ha tragado la tierra.

¿Quién participaba en la vigilancia?

En el primer turno estuvimos nosotros.

Después, Montoya y Romano.

Y en breve les llegará el relevo.

Vale.

Pues si no ha aparecido por casa de sus padres,

a lo mejor saben algo en el trabajo. Deberíais ir.

Venimos de allí. Hemos hablado con el dueño,

y nos dijo que Rodrigo lleva dos días desaparecido.

-Te explicamos

que Rubén Martos en el trabajo se hace llamar Rodrigo.

Sí, ya me lo contasteis.

Pero... Entonces se ha ido sin avisar a nadie, ¿no?

Pues eso parece, porque...

El jefe dice que lo ha llamado

y el móvil da apagado o sin cobertura.

-Y Karim ha estado registrando su móvil, pero...

Está "caput".

-No sé qué opina, Miralles,

pero creo que debemos pedir autorización para pinchar

el teléfono de los padres.

No te preocupes, Nacha. Eso está hecho ya.

Las comunicaciones de los padres ya están intervenidas.

No ha habido comunicación.

En resumen, que se ha largado de su casa, del trabajo,

y no coge el móvil. Esto pinta mal.

-Pinta que ya podría estar fuera de España.

En fronteras están avisados y la Interpol tiene su fotografía.

Poco podemos hacer.

Hombre, sí podríamos.

Podríamos pedirle al juez una autorización

para entrar en casa de sus padres.

-Eso tiene sentido. No.

Ellos no saben que están controlados.

Por eso hemos hecho una vigilancia de 24 h.

Que no ha funcionado.

¿Ahora qué hacemos?

Tenemos que seguir vigilando y estar muy atentos, sobre todo.

La intuición me dice que este no va a volver.

-Puede que él no. Pero ¿y si aparece otro?

Algún intermediario o alguien así.

Exacto. Lo que tenemos que hacer

es peinar el barrio por las zonas donde Martos

se movía habitualmente.

Podemos empezar por el parque y ver si hay algún testigo.

-Sí. A ver si entendemos por qué no se presentó a la cita acordada.

Muy bien. Llevaos a Karim y a Paula.

De refuerzo. De acuerdo.

Sí. Oye, y mucho ojo.

Porque a lo mejor está picando más alto de lo que pensamos.

¿En qué sentido?

Bueno, pues...

Me da la sensación

de que esto se complica de manera rara.

Es posible que haya algún ángulo que no veamos con claridad.

Todavía no lo sé.

Seguiremos alerta y con cuidado.

Sí, por favor.

(LEONOR) Ah.

Hola, hijo.

Sí, sí, ya sé, ya sé.

No te he llamado.

Pero no pasa nada.

-Quedamos en que me avisabas antes.

-Sí, claro.

Te prometí que te avisaría.

Y te prometí

que no te molestaba cuando tú trabajabas.

Y tú también me prometiste

que encontrarías una chica estupenda

para sustituir a Carmen.

(SUSPIRA)

-Y la he buscado.

-¿Has buscado?

(RÍE) A eso he venido. A ver dónde la has buscado.

Porque hay que ver.

Hay que ver qué desastre de mujer.

-¿Podemos hablar en tu casa? Tengo una reunión.

-No, no, no, no.

No quiero volver ahí mientras esté esa chica.

-¿Pero qué ha pasado?

-Oh. (RÍE)

¿Qué ha pasado? Uf.

Mira.

Mira, me ha dejado el suelo...

hecho un desastre.

Horrible, vamos.

No ha visto una fregona en su vida.

Pero tú te crees que puede...

fregar y caminar hacia delante.

-¿Y qué?

-¿Cómo que "y qué"?

Hay que fregar y caminar hacia atrás

porque si no, pisas lo que has fregado.

Hijo, si es de sentido común.

-¿Tenemos que hablar ahora?

-Pues sí. Tenemos que hablar de esto...

y de muchas cosas.

Porque hay que ver también lo que es en la cocina...

No sabe ni freír un huevo. Ni hacer un poquito de pasta.

Qué barbaridad, hijo. Qué barbaridad.

Esa chica es una pobrecita que no ha trabajado nunca.

-Vale. -¿Qué? ¿Vale qué?

-Hablaré con ella.

-Ah, ¿sí?

Pues a ver si tienes suerte, eh. Porque...

Está todo el día hablando por teléfono. Colgadita al móvil.

Ni me dice una palabra.

-Vale, te buscaré a otra. No sé qué quieres.

-Eso. Eso es lo que quería que me dijeras.

Que me quitarías del medio a esa pobrecita inútil...

Porque, hijo, no la aguanto, eh.

Hay que ver el ojo que tienes con las mujeres.

-Procuraré fijarme más.

-Estupendo.

Y la próxima que venga con un vestidito más cómodo...

La ropa que trae esta chica...

Si es para trabajar...

Que venga Dios y lo vea.

-Vale. -Sí. Y por cierto.

No la metas en casa sin presentármela.

Yo quiero entrevistarla.

¿De acuerdo?

-La próxima vez harás tú la entrevista.

Pero ahora tienes que dejarme, mamá.

Tengo una reunión. Por favor, vete a tu casa.

-Ay sí, hijo, sí. -Por favor.

-Siempre estás ocupado.

Ya lo sé. Qué voy a hacer.

Ojalá cuando llegue a esa casa

la chica se haya ido, porque...

Es que no la soporto, pobrecita.

-Venga, anda. Deja de quejarte.

-¿Cómo que deje de quejarme?

-Hola, buenas.

-Anda, mira. Ya tienes aquí al niño este.

Adiós, guapo. Dame un beso ¿no?

-Mua. -Ala, adiós.

-Hasta luego. -Venga, adiós, mamá.

(Música de suspense)

Mi madre...

no sabe a qué me dedico.

Cree que tengo un negocio de importación y exportación.

Tiene que seguir así.

-Claro. Claro, normal.

Yo también tengo que mentir cuando mis padres me preguntan

de dónde saco el dinero para vivir aquí.

-¿Y qué les dices?

-Que doy clases particulares de matemáticas.

-¿Ellos no pueden echarte una mano?

-No, qué va.

Mi padre se quedó en paro el año pasado.

-Pues dile...

que tus alumnos te tienen mucho cariño.

Porque lo haces muy bien.

Dirás que las mates tienen salidas,

pero yo te aseguro,

que se gana menos que aquí.

-Como buscar una aguja en un pajar. -¿Por?

-A ver.

¿Qué probabilidad hay de encontrar a alguien que lo haya visto,

que lo reconozca por la foto

o que sepa por qué no acudió a su cita?

-Pocas, pero nadie nos ha pedido que hagamos eso.

Han pedido que vengamos y que hagamos preguntas con cuidado.

Lo que descubramos ya depende del de ahí arriba.

Mira a este chico. Disculpe.

Quería hacerle unas preguntas.

¿Estuvo aquí ayer por la tarde? -Sí, vengo a estas horas.

-¿Y no vio a este hombre?

-No me suena. -¿Seguro?

Disculpe la molestia.

-Que tenga buen día. -Gracias.

Va a ser imposible.

-Esto son órdenes.

Así que no pierdas tiempo ni energía cuestionándolas.

-Hay mejores maneras... -A ver.

Si te dicen que hagas churros, no hagas pasteles. Además...

Muchos casos se resuelven gracias a un testigo ocular.

Lo digo por experiencia.

-Pues nada, oye.

Hagamos churros.

-Mira esta chica. Le preguntaré. -No, no, no.

-¿La conoces? -Sí.

Ya voy yo.

-¿Todo bien? -Sí, tranquilo.

-¿Qué quieres ahora?

-Eh... ¿Podemos hablar un momento?

-No tengo nada que decirte.

-No vengo por eso.

Buscamos a este hombre.

¿Lo has visto? -No.

-¿Ayer estuviste aquí?

-Vengo muchos días.

Pero no me fijo, no me gusta cómo me miran.

Solo vengo para...

ver la muesca que hicimos Ricardo y yo hace...

Cuando estábamos juntos.

Ya casi ni se ve.

-¿Puedo verla?

-Aquí nos besamos por primera vez.

Y en aquellos árboles,

una noche... (RÍE)

Fue un desastre.

Me llené de agujas de pino, me manché la ropa...

Pero fue romántico.

Un verano increíble.

Lo cogieron en una universidad en Berlín,

se fue

y no lo volví a ver.

Estuvimos escribiéndonos durante un tiempo, pero...

a esa edad ya se sabe.

Ojalá no hubiera sabido de él.

-No digas eso, hombre.

-Al que inventó las reuniones de exalumnos

deberían encarcelarlo.

Por retorcido y por sádico.

(SUSPIRA)

Algún día renovarán este banco.

O lo quitarán.

Y ya no quedará ningún recuerdo.

De cuando nadie se reía de mí a mis espaldas.

Ni me miraban con asco.

Ni yo me odiaba a mí misma.

-Rosa. -Déjame en paz.

Te he dicho que no lo he visto. ¿Qué más quieres?

-Deberías ir a esa reunión.

Seguro que a Ricardo le haría ilusión verte.

-Si Ricardo me ve así ahora

se muere del susto.

-En 20 años pasan muchas cosas. Todos cambiamos.

Seguro que Ricardo ha cambiado.

-Déjalo, anda.

No sabes de lo que hablas.

Si tú oyeses las cosas que me dice a mí la gente.

Desconocidos, por la calle.

Si hasta los niños me insultan.

¿Sabes qué es lo peor?

Lo que intentas hacer tú.

La compasión.

La gente que hace como si no notara nada.

Los que te dicen: "No estás gorda". Esa falsedad.

Es que no podría permitir que Ricardo hiciera algo así.

Mira, déjame.

(YOLI) -¿Está todo bien?

-Vamos a ver.

-Esta mañana en la prueba de esfuerzo, casi me da un patatús.

No había corrido tanto en mi vida.

(ANTONIO RÍE) Y encima sin desayunar.

Antonio, si hay malas noticias...

Dímelo sin tapujos, por favor.

-No. El electro está...

razonablemente bien.

El ecocardiograma, también.

Buenas noticias, Yoli.

-¿Ah sí? Qué bien. -Claro que sí.

El verapamilo está haciendo su efecto.

No hace falta cirugía, Yoli.

-No sabes el peso que me quitas de encima.

-Te lo voy a imprimir para ti. -Gracias.

(Impresora)

-Ya puedes volver a Consuegra.

Sigue con la medicación y la dieta.

-Sí, sí. Pues eso haré.

-Por lo demás, ¿cómo estás?

Aparte del corazón.

-Eh, bueno...

Bien, bien.

Es que volver a Consuegra se me hace un poquito cuesta arriba.

Pero nada, no es nada, Antonio. Son cosas mías. (RÍE)

-Si me quieres contar algo...

-No.

Esto no es cosa médica.

Es un come-come que tengo yo en la cabeza, pero nada.

-Esos come-come, como dices, hay que tener cuidado con ellos.

Porque las angustias, si dejamos que estén ahí dentro,

pueden acabar afectando al cuerpo.

Pueden acabar siendo un problema médico.

¿Te doy un volante para el psicólogo?

Y así... que te eche un ojo.

-No.

No hace falta.

Esto no es de psicólogo.

Eh... Pues verás.

Es mi hija.

Últimamente está muy rara y...

Y triste.

Anoche...

quise darle una sorpresa y...

Y en qué hora.

Con decirte que estuve a punto de irme a un hotel.

-Ya me extrañó que no te acompañara hoy.

Pues verás.

Esto empezó cuando se enteró de que era adoptada.

Y la cosa ha ido de mal en peor.

-Será para menos. ¿Habéis hablado?

-Qué voy a hablar.

Si no me atrevo ni a mirarla a la cara.

-Como médico, la mejor receta que te puedo dar es la palabra.

Las cosas hay que hablarlas.

Aunque sea doloroso.

Los reproches, si se quedan dentro, pueden crecer como un tumor.

-Ya.

Puede que tengas razón.

Pero no sé si estoy preparada.

-¿Cómo no vas a estar preparada?

Con todo lo que has vivido últimamente,

¿no te atreves a mirar a tu hija?

-Leonor.

-Oh. -Déjeme que le ayude.

-Ay sí, te lo agradezco.

Es que me duelen...

Me duelen muchísimo las muñecas.

Con este carrito, para bajar no puedo.

-¿Quiere que la acompañe?

-No, no hace falta.

Hay que ver. Hay que ver cómo eres, hija.

Igual que Carmen.

No me dejaba mover un dedo.

No hace falta que me acompañes. Mira.

De aquí a mi casa ya es todo lisito.

-Vale.

-Por cierto.

¿Has hablado con Carmen?

-Sí, he hablado con ella.

Dice que está muy contenta con su trabajo nuevo.

-Mira, me alegro mucho.

Yo la echo muchísimo de menos.

Sé que me va a costar mucho trabajo sustituirla.

El otro día mi hijo trajo a una...

Ay, ¿cómo se llamaba?

Estefanía. Eso es.

Ay, hija, un desastre. Hubo que despedirla.

-No me diga.

-Sí, hija, sí. Es que no sabía hacer la "o" con un canuto.

Nada, nada en absoluto.

No puedo pretender encontrar a una chica como Carmen.

Eso es muy difícil.

Bueno, mi vida, no te aburro más.

-¿Pero qué dice? Si no me aburre.

-¿Cómo que no? Has venido a comprar y estoy aquí

contándote mis penas.

-Bueno. Usted tiene todo el derecho del mundo a contarme sus penas.

Que encima fui yo quien les recomendé a Carmen, y mire.

Les ha dejado tirados. -No.

Si yo no le echo nada en cara.

Yo comprendo que los jóvenes

se tienen que buscar un futuro.

-Sí, ya. Pero mientras, usted está sola y sin ayuda en casa.

Se me está ocurriendo algo. Si a usted le parece bien, eh.

Yo podría pasar de vez en cuando a ayudarla.

-No te entiendo.

-Sí, mientras encuentra a otra persona.

De verdad, no me cuesta. A ver, no podría estar todo el día, pero...

Antes de entrar al bar, o cuando termine sí que podría.

-Ay, no, no, hija. No te compliques.

Tú ya tienes tu trabajo.

A ver si se enfada tu jefa.

-No. Sería cuestión de organizarlo.

Creo que María me entenderá.

-Ya.

La verdad que...

Ahora la que no lo entiende soy yo.

¿No decías que no querías ver a mi hijo?

-Bueno.

Tampoco es eso.

-Ya, bueno.

No sé, que no querías...

No querías volver a hablar con él o algo así.

-Pero no voy a trabajar para su hijo, sino para usted, ¿no?

-Sí, claro. Pero es que...

Mi hijo viene a casa.

-Ya.

Mire, lo que pasa es que me siento responsable

por lo que pasó con Carmen.

Y no voy a estar tranquila

mientras sepa que no tiene ayuda en casa.

-Sí, hija, si yo qué quieres que te diga,

yo sería feliz si estuvieras conmigo en casa.

-¿Sí?

Pues no hay más que hablar. Todos ganamos.

El dinero me viene muy bien.

-¿Lo dices en serio?

-Totalmente.

De verdad, no me cuesta nada.

Y así me despejo un poquito del bar.

-Ay. Ay hija.

No sabes la alegría que me das.

-A mí también me da mucha alegría.

-Bueno, pues nada.

Hablaré con mi hijo. Tengo que contárselo.

Pero no te preocupes porque le parecerá estupendo.

Me voy, hija.

Todo seguidito y tú tranquila.

Te llamo en cuanto tenga alguna noticia.

-Genial, gracias. -Gracias.

-Tenga cuidado, eh.

-Sí, sí. Gracias.

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Servir y proteger - Capítulo 742 (Parte 1)

15 may 2020

La simpatía de Quintero por Nico crece cuando éste comparte su sueño de estudiar en el extranjero. Quintero no sospecha que el chaval es un recadero de Rojo. Andrés se encara con Verónica, que le dice que ya no está con Toni.
 

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