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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 724 (Parte 1) - ver ahora
Transcripción completa

Ha aparecido un hombre que dice ser el culpable de la muerte de Malena.

Normalmente, los agresores sexuales no suelen reconocer sus delitos.

Y usted no es una excepción.

Las dos veces que fue acusado por agresión sexual

se declaró inocente, a pesar de las pruebas.

¿Qué ha cambiado? Qué maté a esa chica, por Dios.

Fue un accidente, fue sin querer, pero la maté.

-Me vas a perdonar, papá, pero...

Como policía que soy, hay algo que no termina de encajar.

-Desplazar un cadáver con el coche y mantenerlo en el maletero

algún tiempo dejará rastro, digo yo.

Eso creía yo, Elías, pero ahora mismo,

mientras entrabais, hablaba con Científica

y me aseguran que el coche está limpio, está impoluto.

Lo que quiero en realidad, es una relación normal, libre.

Poder vernos cuando y donde queramos,

pero, por favor, un poco de paciencia,

hasta que este caso haya pasado.

-Más paciencia.

Esto tiene la firma de un profesional,

no la de Jesús Otero.

Ese tipo va a pasar muchos años en la cárcel por mí, no es fácil.

¿Y si se arrepiente? Lo dudo.

Cada semana tendrá un dulce recuerdo de nuestro trato

gracias a mis chicas y, al salir, vivirá como un marqués, a mi cuenta.

-Tú siempre tan eficaz. -Vaya, ¿y eso?

-Es lo que comentaban de ti los compañeros.

Que he estado investigando por ahí.

-Yo también sé alguna cosa de ti, no solo lo que me cuentan.

Siempre seguía los avances en la comisaría de Distrito Sur

y he de decir que tus actualizaciones me han ayudado.

-Vaya, ¿como cuáles?

-No sabía yo que fuera un examen.

-Para ver que no vas de farol.

-Okey, juguemos.

-Seguro que le conocéis porque mi hijo

no pasa desapercibido. -El que faltaba.

(SORPRENDIDA) -Ramón, hijo mío, si precisamente hablaba de ti.

(Música emocionante)

(MALENA) -"No, Mateo, déjame que te lo explique".

"¡Déjame en paz!"

"Yo no quería matarla, fue un accidente".

(ANDRÉS) "Nadie creerá que esa muerte fue accidental.

Lo he solucionado a mí tampoco me gusta,

pero lo he hecho por ti". "¿Sabes lo que has hecho?

Me has condenado, me has convertido en un criminal".

Mateo, ¿qué ocurre?

¿Qué haces tan temprano levantado?

No podía dormir.

¿Y eso?

Pesadillas.

(CHISTA) ¿Otra vez?

He soñado que Andrés me reconstruía la cara

para que nadie me reconociera.

Y algo salía mal y...

Y me dejaba un aspecto terrible, parecía...

Parecía un monstruo. (VERÓNICA SUSPIRA)

Qué horror. (ASIENTE)

Salía a la calle y la gente me reconocía

Me perseguían, me gritaban, querían lincharme.

Me decían que era el asesino de Malena.

Veo que ese artículo sensacionalista te ha afectado mucho, ¿no?

No creo que sea solo por el artículo.

(SUSPIRA) Ay, Mateo.

Tienes que tranquilizarte, ahora que

se ha resuelto lo de esa chica, no tienes por qué temer nada.

Ojalá tengas razón. Claro que la tengo.

Siento haberte despertado. No te preocupes.

Lo importante es que te mentalices de que todo ha terminado.

Para que se vayan ya y terminen esas pesadillas.

Intento hacerlo, te lo juro, pero no lo consigo.

Es normal que te resulte difícil.

La policía te estaba investigando

y mucha gente pensaba que eras un asesino.

¿Nunca lo has pensado?

No.

¿En serio? ¿Nunca se te ha pasado por la cabeza?

No, no, vamos, sé que hay cosas que eres incapaz de hacer.

No eres un monstruo.

Como ese monstruo en el que me ha convertido Andrés.

En esa pesadilla, digo.

Mateo, yo creo que tendrías que pedir ayuda a un psicólogo

para que te quite esta culpa. No, no quiero ir a un psicólogo.

Pero, ¿por qué no?

Podemos ir juntos al centro médico

y consultarlo. Te digo que no, no insistas.

Perdóname.

Sé que solo quieres ayudarme,

pero no quiero revivir todo lo que me ha pasado.

Tranquilo. Esto lo tengo que superar yo solo.

Solo no.

Nos tienes a Paula y a mí

para ayudarte a recuperarte y a volver a ser tú mismo.

Gracias.

Gracias por...

Por estar ahí siempre, aunque no me lo merezca.

(Música emotiva)

Qué suerte tengo de tener una mujer tan leal y generosa.

Por eso te quiero tanto.

No sé qué haría sin ti.

Oye, ¿tú hueles a...?

-Sí, es el perfume de María, ¿qué pasa?

-¿Y eso? -Me he duchado y equivocado de bote.

Ya se pasará, yo que sé. -Pero huele bien, me gusta.

-Bueno, no puede ser.

-Hombre, Guevara, ¿qué tal te va la vida de casado?

Espero que no sigas llevando el traje de la boda.

-¿Qué haces aquí? -Dándome una vueltecita.

-Mira, yo pensaba que después de 34 detenciones

el juez te habría mandado con pensión completa al talego.

-Ya ves que no. El juez, un hombre más sensato,

ha decidido que yo debo de estar en libertad.

-Te lo ha puesto fácil para seguir en las andadas.

-¿A qué te refieres? -¿Cuántas carteras has robado?

-Eh, parad el carro.

Le he prometido al juez que estoy rehabilitado y lo estoy cumpliendo.

Y en eso, tú y tu señora habéis tenido mucho que ver.

Tú a mi María ni mencionarla, eh.

-¿Por qué? Si es verdad, escucha,

el día que os vi juntos en la boda tan enamorados

me dio envidia y dije: "Voy a tener una vida diferente".

Quiero tener una vida ordenada y normal, y en eso estoy.

-Al final, voy a llorar y todo.

-No, te lo juro, estoy rehabilitado.

Lo único que estoy por el barrio porque pregunto por las tiendas

si tienen trabajo.

-¿Tú te acuerdas de la última vez que te detuve?

El día de mi boda, me contaste lo mismo.

-Eso es verdad, nos dijiste que estabas buscando trabajo,

que no querías volver a la cárcel. Ese discurso te lo sabes.

-Sí, es verdad, pero esta vez va en serio, Guevara.

Hay un antes y un después de tu boda.

Por cierto, (INSPIRA)

¿usas perfume de mujer?

-Oye, tú ándate al lorito, que te voy a tener vigilado

y a la mínima te trinco. -Si es como la última vez

me encantaría porque fue un día inolvidable.

Lástima lo de tu traje.

Qué forma de dar la nota. -Como sigas por ahí,

te meto en el calabozo. -No te lo tomes así, hombre,

lo demás fue todo estupendo. Lo malo la patrulla que me mandaste,

que me contaron la fiesta y me llevaron a comisaría.

-Lo malo fue que tardaron,

que le hincaste el diente al cordero.

-Pero me perdí el baile y había unas chicas guapísimas.

-Ahí hubieras aprovechado para robarles a todos la cartera.

Recuerdo que se la intentaste robar a mi compañero, el agente Ríos.

-Fue en broma, hombre, si luego se la devolví.

No sé qué pasa con la policía, no tenéis sentido del humor.

-Somos muy serios. Se la devolvió porque es listo.

-No, no fue por eso. Fue por el discurso de ella,

que me ablandó el corazón. Te voy a decir una cosa,

tienes mucha suerte de tener una compañera como ella, Guevara.

Te lo digo yo.

-Tú ándate con ojito. Circulando.

-Te prometo que esta vez voy en serio.

Chao.

-Menudo personaje, este. (ELÍAS SUSPIRA)

-Bien, ¿y este tal...

Diego García qué te parece? No tiene mucho currículum,

pero parecía un tipo

simpático y bastante desenvuelto, así que no sé.

Sara, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?

-Perdona, es que estaba pensando en mis cosas.

-¿Ocurre algo?

-Sí, es por Miguel.

(SARA SUSPIRA)

Estoy muy contenta de volver a dar clases en el centro cívico

y él está muy agradecido.

-Entonces, parece que todo va bien, ¿dónde está el problema?

-Es que hay cosas que todavía no logro entender

y me afecta un poco.

-A ver, Sara, yo ya te dije

cuál era mi opinión al respecto, no sé qué mas

puedo decir o puedo hacer. ¿Tengo que hacer algo?

-No, tú no.

Pero yo sí y es concentrarme en el trabajo.

A ver, Diego García me estabas diciendo.

-Sí.

-Yo, por lo que veo, creo que tiene poca experiencia

y ahora no podemos arriesgarnos.

Mira, yo creo que la mejor opción es esta, Miki Arias.

Es un tío responsable, agradable

y preparó muy bien los cócteles que le pedimos.

-¿Sí?

Pues, si te parece bien,

lo llamo ahora mismo y le digo que se incorpore esta misma tarde.

Tendrás que enseñarle cómo funciona todo esto,

sabes que me voy a Oporto.

Si no te importa, claro.

-No me importa, Fernando,

de verdad, vete a Oporto, disfruta, desconecta, pásalo bien.

Yo me encargo del Moonlight

y no me llames para ver qué tal va todo,

que te conozco. -Tranquila, tranquila, lo intentaré.

(QUINTERO RÍE)

-De verdad,

me encanta verte tan ilusionado.

-Lo estoy.

-Buenos días. Hola, Sara.

-Diana, ¿qué tal? Qué sorpresa, cariño.

No te esperaba, pero no habrás venido ya a recogerme, ¿no?

Es un poco pronto. -Fernando,

tengo que contarte una cosa y no te va a gustar.

-Sí, sí, claro, cuéntame.

-Disculpa, Sara.

¿Puedo decírtelo en privado?

-Claro, por su puesto. Pasa, por favor.

Siéntate en el sofá.

(Música suave)

No sé, tú dirás.

-Verónica.

-Andrés, ¿qué haces por aquí?

-Iba al centro cívico a verte porque quería hablar sobre Mateo.

-Precisamente también quería llamarte, estoy preocupada.

Lo noto muy tenso con lo de la investigación policial.

(SUSPIRA) -También lo has notado, ¿verdad?

-Sí, y pensaba que como ha aparecido el asesino, estaría más tranquilo,

pero esta noche ha tenido una pesadilla horrible con el tema.

Le he propuesto que fuéramos al psicólogo, pero no quiere.

-Por eso quería hablar contigo,

para ver cómo lo veías y cómo lo estás llevando.

-Pues, la verdad es que lo veo muy ansioso, nervioso

y la verdad es que no sé qué hacer.

-Verónica, ponte en su lugar.

Ha pasado días de mucha tensión y eso le ha pasado factura

y, aunque todo ha salido bien, creo que necesita tiempo

para volver a ser el de siempre.

-Yo creía que Mateo sería más fuerte, ¿sabes?

Que podría superarlo y dejarlo atrás,

¿sabes? Que no sufriría tanto.

-Ya... Bueno,

seguramente tienes que estar pasándolo bastante mal todo esto,

pero quiero que sepas una cosa.

No estás sola.

Siempre voy a estar a tu lado pase lo que pase.

-Gracias, Andrés.

-No tienes que darlas, sabes que te aprecio de verdad.

-Oye, y ¿cómo lo ves en el trabajo?

-Pues mira, mal.

Ayer tuvimos un incidente serio justo antes de una intervención.

-¿Qué pasó?

-Que en el momento de entrar a quirófano a hacer una rinoplastia

le dio un ataque de ansiedad y llamé a Servet para sustituirlo.

-No me contó nada.

-No querría preocuparte.

-Esto no puede continuar así, no puedo ver cómo se consume.

Tengo que hacer algo.

-Yo creo que es el momento de ayudarlo y apoyarlo,

pero forzarlo a hablar creo que no le ayuda.

-Tienes razón.

De hecho, no quiere ir al psicólogo para no revivirlo.

-Y si me permites un consejo,

creo que tienes que apoyarlo y estar a su lado,

pero creo que es momento de que pienses en ti,

que no todo gira alrededor suyo

y también tienes sueños e ilusiones que necesitas cumplir.

-Ya lo sé, pero ahora no es el momento.

-Sería una pena perder esa luz y esa vitalidad tan tuyas.

-No es tan fácil.

Me tengo que ir, Andrés, voy a trabajar.

Gracias de nuevo.

(Música emotiva)

-No sé qué decir, porque...

Sí que es un jarro de agua fría.

-Lo siento muchísimo, Fernando.

Sé la ilusión que te hacía ese viaje

y a mí también,

pero has visto que no puedo ir.

-¿Tan importante es ese cliente ruso?

-Sí, muy importante.

Acaba de llegar de Moscú y se ha encontrado

con que la decoración de su mansión le horroriza.

Ha despedido al decorador de forma fulminante.

-Ya, pero,

¿tienes que estar allí presencialmente?

¿No puedes enviarle los diseños o bocetos por internet desde Oporto?

-No, Fernando.

Este trabajo lo tengo que hacer desde allí,

más aún después de lo que ha pasado.

Tengo que supervisar cada detalle, por mínimo que sea.

-Ya, ya, si lo comprendo. Lo que pasa es que...

Este viaje también era importante para nosotros, ¿no?

-No puedo decirle que no a este cliente.

Es muy influyente.

No solo puede abrirme puertas,

también puede cerrármelas

y hacer que pierda clientes que tengo.

-Ya, ya, si lo comprendo,

lo que pasa es que me resulta raro, son solo dos o tres días,

pero, si no se puede hacer otra cosa, no sé qué decir.

-No sabes cómo me gustaría,

pero voy contrarreloj.

Necesito estos tres días para poder acabar con el encargo.

El cliente, aunque quisiera,

no puede darme un solo día por encima del plazo.

Ya ha enviado las invitaciones para la fiesta de inauguración.

Son invitados muy importantes,

llegará gente de todo el mundo.

Es una cuestión de prestigio, no le puedo fallar.

-Vamos a ver, Diana,

te propongo una cosa,

¿qué te parece si me voy contigo a Marbella?

Puedo esperarte mientras trabajas, dándome vueltas por ahí,

me despejo un poco y, por lo menos, podríamos estar juntos.

-¿De verdad? ¿Harías eso?

-Claro que sí, cariño, si no podemos estar juntos en Oporto,

pues estamos juntos en Marbella, no pasa nada.

-Me encantaría que me acompañaras,

pero no puedo estar contigo

y no quiero agobiarme

pensando que estás esperándome mientras estoy trabajando.

Oye,

Fernando,

no hay nada que me ilusione más

que conocer Oporto contigo

y lo haremos.

Haremos ese viaje en otra ocasión,

solo lo estamos aplazando.

-He estado revisando la denuncia y creo que está todo correcto,

así que léala y si está de acuerdo, la puede firmar.

Y no se preocupe por su cartera, que si tenemos noticias,

le avisaremos lo antes posible.

Estese tranquila.

La voy a acompañar.

-Vaya cara lleva esa señora, ¿qué le ha pasado?

-Que le han robado la cartera.

Pero lo más raro es que es el tercer robo en un hora

y todos han sido en la boca de metro de Distrito Sur.

-Vaya, qué casualidad, precisamente hoy.

-No estarás pensando en... No, Elías, no tiene por qué ser él.

-¿Qué me estoy perdiendo? -Todo esto es cosa del Púas

que nos lo hemos encontrado en la plaza de vuelta al barrio.

-¿El Púas no es el que se vistió de nazareno

para robar carteras, el que llevaste detenido a tu boda?

-El mismo. Y nos ha pillado ahí y nos ha empezado a dar la paliza

con que se está rehabilitando, buscando un trabajo, bla, bla,

porque lo conozco y la cabra tira al monte.

-Creo que te estás precipitando, no tiene por qué ser él.

¿Tú te acuerdas cuando apareció Rocío por el barrio que había

toda esa oleada de carteras robadas?

Y yo la juzgué y, ¿qué pasó? Me equivoqué.

-Porque no la habías detenido tú 34 veces.

Lo que tenemos que hacer es detenerlo para que no siga.

-Pues, me parece que eso no va a hacer falta.

-¿Este es el Púas? -El mismo.

-No me lo puedo creer.

-Hombre, ¿qué haces por aquí? ¿Vienes a entregarte?

-¿Por qué iba a hacerlo?

-Sé perfectamente que has vuelto a las andadas.

-No sé de qué me hablas. -Venga ya, Púas.

Habla ahora mismo, ¿tú tienes que ver con los robos del metro?

-Para nada, precisamente venía a comisaría para eso.

Vengo a poner una denuncia porque me han robado la cartera.

¿Te lo puedes creer? -¿A ti? ¿La cartera?

Me estás vacilando, ¿no? -Que no, Elías, que no.

-Si quiere, le tomo yo declaración. -¿Y esta belleza?

¿Cómo te llamas, guapa? -Y a ti qué te importa,

y le hablas con respeto, ¿vale? -Perdón, perdón.

-A este ni declaración ni nada, me lo llevo al calabozo

un momento y hablo con él. -Elías, relájate.

-¿No veis que este memo os toma el pelo?

-Oye, oye, sin faltar, eh.

Que tú hablas mucho del respeto, pero luego...

-Elías, pienso tomarle declaración si es lo que él quiere, ¿de acuerdo?

Siéntese, por favor. -¡Que no, que no!

-Hombre, suéltame. -Si se le toma declaración,

lo hacemos nosotros.

Ya hablo yo con él, que sé manejar a este zorro.

Venga, tira. -Tranquilidad, eh.

-Hace un poco de frío, ¿verdad?

-Hola, Leonor, ¿qué tal va todo? -Buenos días.

Guapa, me pones una manzanilla con un chorrito de anís.

Como a mí me gusta. -No queda anís.

(MARÍA) -¿Has mirado?

-Le he servido la última copa a Anselmo.

-Pues vas a la despensa y traes otra, ¿qué problema hay?

-No pasa nada, si no hay anís, por mí no...

-¿Está enfadada por algo? -No,

se ha levantado con el día un poco torcido, no le haga caso.

¿Qué tal con su nuevo piso?

-Pues muy bien, hija, estupendamente.

He colocado la planta que me regaló ayer mi hijo en el recibidor.

Está encantada.

-Qué bien, me alegro.

Disculpe, voy a recoger. -Sí, sí, cómo no.

-Su manzanilla. -Muchas gracias.

Gracias, cariño.

-¿Le pongo? -Sí, un poquito.

Gracias, guapa, ya vale.

¿Mucho trabajo?

-Lo normal.

-Paty,

¿puedes venir un momento, por favor?

-¿Qué pasa? -Te importaría ser un poco amable

con Leonor, no tiene la culpa de tener el hijo que tiene.

-Es que no puedo,

me pone histérica oírla hablar así de Rojo, no puedo.

-¿No te das cuenta de que la mujer no sabe de la misa la mitad?

Demasiado tiene con lo que tiene, tener ese elemento por hijo.

-Ya...

Tienes razón.

Voy a intentar controlarme.

-Hola.

¿Me das otro sobrecito de azúcar?

Si no te importa. -Claro.

-Gracias, muy amable.

-Y disculpe si he estado antes un poco seca,

pero llevo una mañanita de trabajo...

Y estoy un poco estresada.

-Igual, igual que mi hijo, siempre está estresado

con las importaciones y las exportaciones.

Y mira que le digo que no trabaje tanto, pero él ni caso.

La vida hay que tomársela con calma

porque solo son dos días y hay que disfrutarlos.

-Claro.

Yo intentaré hacerle caso.

-Muy bien, hija, pues a ver si es verdad, eh.

Ay, qué rico, mira.

Pero ahora, como he entrado un poco en calor,

me voy a dar un paseíto por ahí.

Es que está el barrio tan cambiado.

¿Me puedes recomendar algún sitio bonito?

-Hay unos jardincitos muy monos en la antigua estación de tren.

Tienen muchas plantitas, muchas flores, está guay.

-¿Hay rosas?

Es que me encantan las rosas.

Mi hijo me regala siempre un ramo el día de mi santo.

-Mira qué bien. -Es que es tan majo.

Bueno, me imagino que te habrás dado cuenta porque como ayer dijiste

que os conocíais. -Sí,

el caso es que igual no es tan majo como piensa.

-¿Por qué dices eso?

-Yo solamente digo

que usted lo tiene en un pedestal y es normal,

pero no es ningún santo.

-Mira, no será ningún santo, pero es muy buen hijo

y muy buena persona también. -No, no lo es.

Sé de lo que hablo. -Paty,

¡vale ya!

Aquí no estamos para juzgar a nadie.

Leonor, ¿necesita alguna cosita? -No, muchas gracias, ya me voy.

-Muchas gracias, que tenga buen día. -Gracias, hasta luego.

-¿Quieres matarla de un disgusto? ¿No ves que es una señora mayor?

-María, es que te lo juro, no me sale.

Escucho hablar de Rojo y me hierbe la sangre.

Lo he intentado y no puedo.

-Pues córtate un poquito.

-No sé cómo has podido seguirle el juego, cuando está claro

que ha puesto esa denuncia para pasar por inocente.

-No es que le siguiera el juego, pero, ¿y si no es culpable?

-¿No te parece mucha casualidad todos los robos de carteras

desde que ha llegado al barrio? Blanco y en botella, está clarísimo.

-No sé, de todas formas pienso que has sido un poco duro con él.

-¿Por qué dices eso? ¿Cómo quieres que le trate

cuando veo claro que nos la quiere meter doblada?

¿Qué tal?

Me han dicho que ha estado por aquí Diego Moreno, tu amigo el Púas.

¿Amigo mío? No, ¿verdad?

No, está claro que no lo es

porque ha puesto una reclamación por el trato que le has dado.

¿Que ha hecho qué?

Dice que le has puesto muchas pegas para poner una denuncia por robo

y que le has insultado y maltratado físicamente.

-Bueno, pero si eso es mentira.

-Lo único que Elías quería hacer antes de tramitar la denuncia

era llevárselo al calabozo.

-No le he insultado, le he dicho "memo".

¿Memo le has llamado?

Eso no es un piropo precisamente, ¿no?

¿Y qué pasa con el maltrato físico?

¿Qué maltrato? Lara se lo quería llevar a tomarle declaración

y pensaba que

iba a ser más eficaz si lo hacíamos Nacha y yo, y le he retenido.

Ya ves que ha traído cola el asunto.

¿Quería que lo trataran como un marqués

cuando está claro que nos la quiere meter doblada?

¿Tú también lo ves así, Nacha? Hombre, a ver,

teniendo en cuenta

que tiene un montón de antecedentes y, no sé, que el Púas

se las sabe todas, es difícil que alguien le robe la cartera.

-Difícil no, es imposible.

Este tío ha puesto esa denuncia para seguir robando.

¿Tienes pruebas de eso además de sus antecedentes?

Si te parece poco 34 detenciones por el mismo delito...

Eso no es una prueba, así que si viene

a poner una denuncia por robo,

se tramita como si fuera cualquier otro ciudadano, ¿vale?

¿Y si se trata de una denuncia falsa?

Entonces, actuaríamos en consecuencia y con contundencia

por haber cometido un delito.

Y eso para qué, si el juez lo va a poner en la calle.

-Bueno, eso tú no lo sabes.

-Como que no, si ha caído 34 veces.

La de denuncias que tendrá Lara desde que este tipo está por aquí.

Elías, tu cometido es detener a los delincuentes,

no decidir si una sentencia es justa o no.

La acatas y punto, ¿está claro?

Meridiano. Muy bien.

Y si lo tienes que detener 34 veces, lo detienes otras 34,

y si tienes que tramitar una denuncia que ponga él,

tramitas esa denuncia, ¿de acuerdo?

¿Tú no tienes nada que decir, Nacha?

Nada de nada. Muy bien, pues los dos

pitando a coger al carterista, sea quien sea.

Sea quien sea.

Gracias, Servet, te debo una.

Bueno, ya son dos, ¿no?

Sí, es que no me veo capaz

de hacer esta tarde esa abdominoplastia.

Gracias.

¿Qué ocurre?

Hablaba con Servet para que me sustituya esta tarde.

No me veo capaz de operar.

Mateo, no puedes seguir así. Ya, ya lo sé.

Pensaba que sería más fácil volver a la normalidad,

pero está claro que no.

Ya hay un culpable de la muerte de Malena,

eso es lo importante. Ahora, tienes que centrarte

en tu familia y en tu trabajo.

Pero no puedo, no sé por qué, pero no puedo.

Me siento culpable

porque un inocente irá a la cárcel por algo que he hecho.

(SUSPIRA)

Fue un accidente, entiéndelo, tú no la mataste.

Pero eso no quita que Malena esté muerta.

Por mucho que viniera a chantajearme,

no merecía morir así

y menos estando embarazada.

Tengo pesadillas,

vivo continuamente al borde de un ataque de ansiedad,

lo revivo todo una y otra vez y otra vez.

Pues tienes que encontrar la manera de calmarte

porque si no, acabará contigo. Ya lo sé,

intento centrarme en el trabajo, pero no puedo.

Tampoco puedo disfrutar de Verónica y Paula.

Pues...

Antes, me la he encontrado por la calle

y está muy preocupada por ti, Mateo.

No me extraña.

No puedo disimular delante de ella y como no duermo bien,

tampoco la dejo dormir.

Escúchame,

le he estado dando vueltas

y creo que te iría bien cambiar de aires.

¿Qué quieres decir?

Creo que deberías irte una temporada.

Relajarte, calmarte, desconectar...

No creo que tenga que alejarme de mi trabajo ni de mi familia,

no puedo desatender a ninguno.

¿Y tú crees que los estás atendiendo bien ahora?

En serio, tómate unos días.

Creo que es la única manera de superar todo lo que te ha pasado.

Aun así, Malena seguirá muerta.

Pero podrás poner distancia, fíjate dónde estás,

en tu despacho, donde murió y tienes que estar aquí cada día.

Ya, ya lo sé.

Cada vez que entro en el despacho y paso por esa zona,

siento un escalofrío y la veo ahí tumbada, tirada.

No lo sé.

Mira, por la clínica no te preocupes que de eso me encargo yo.

Tenemos el mejor equipo de cirujanos.

Pero los clientes exigentes quieren que los opere yo.

No tendrán ningún problema en que los opere Servet.

Fíjate en Carmela Fuentes, se fue encantada con la rinoplastia.

Y, ¿qué pasa con Verónica y Paula?

Lo entenderán, ellas quieren lo mejor para ti

y si para eso te largas unos días no pondrán ningún problema.

Mira.

¿Conoces este sitio?

En La Garriga.

Es el lugar perfecto para que te vayas a desconectar.

Sí, parece muy tranquilo. Sí, sí, lo es.

Tiene todos los servicios, las mejores instalaciones.

Además, está al lado de Barcelona. Si quieres dar una vuelta

o ver a tus amigos, los tienes cerca.

En serio, Mateo,

creo que es el sitio perfecto para desconectar.

Y, cuando vuelvas,

serás el mismo Mateo de siempre.

Podría pedirle a Verónica que me acompañe.

No, Mateo.

Si te llevas a Verónica, no desconectarás.

Ella forma parte del problema.

Al fin y al cabo, todo se complicó

por no contarle a Verónica lo de Malena.

Tienes razón.

Le daré una vuelta, gracias.

Eres un buen amigo.

(TRISTE) María, ¿qué tal?

-¡Hombre, Fernando!

¿Qué haces aquí? Te hacía en Oporto. -Pues sí, mujer, sí.

Tenía que estar en Oporto, pero ya ves.

Al final no ha podido ser.

Ponme un vino, por favor, a ver si me animo.

-¿Qué ha pasado?

-A Diana le ha salido un trabajo que no ha podido rechazar.

Se trata de un empresario, uno de estos ricachones rusos,

que tiene una mansión en Marbella y le ha encargado que la redecore

y es de esta gente que todo lo quiere para ayer.

-Ya.

Qué lástima, con la ilusión que te hacía ir a Oporto.

-Sí que me hacía ilusión.

Ya lo tenía todo planificado, las reservas hechas...

Pero bueno, eso es lo de menos.

Lo que más me apetecía era pasar unos días con ella, y fíjate tú.

-Bueno, tampoco se hunde el mundo.

Ya tendréis tiempo más adelante. -No sé, María.

Diana es una caja de sorpresas.

Un día dice blanco, otro dice negro, un día dice una cosa...

-Fernando, ¿no tenías que estar camino de Oporto?

-¿Otro? ¿Tú también? ¿Qué pasa?

¿Ha salido publicado en algún periódico?

-No te pongas así, me lo comentó María.

-Perdóname, pero te vi tan contento

que cómo no se lo iba a decir a mi marido.

-Marido, qué bien me ha sonado eso.

No acabo de acostumbrarme, macho.

-¿Queréis dejaros de tonterías de enamorados? Sois muy mayores.

Os estoy hablando de un problema que tengo, leches.

En fin... Perdonadme. Perdona, Elías, lo siento.

Estoy bastante fastidiado.

Me hubiese hecho mucha ilusión hacer ese viaje con Diana

porque nos hubiese venido muy bien conocernos los dos, pero ya está.

-¿Qué ha pasado? ¿Te ha dado calabazas?

-¿Cachondeíto también? Sí, me ha dado calabazas.

-No, hombre, no seas injusto que eso no es así.

Que no, que a la muchacha le ha salido trabajo

de redecorar una casa en Marbella y se ha ido para allá.

-Eso deberías entenderlo, tú eres empresario.

Como empresario, el trabajo es lo primero.

-Ya sé que el trabajo es lo primero, ¿me lo vas a decir a mí?

A mí no me hubiese importado.

Incluso le he propuesto irme con ella a Marbella

para esperarla hasta que termine de trabajar,

pero también me ha dicho que no, fíjate.

(ELÍAS) -Vaya, vaya...

Don Fernando Quintero ha encontrado la horma de su zapato.

-¿Qué quieres decir?

-Parece una chica independiente, con su negocio propio,

con las ideas claras, determinada. Sois tal para cual.

-No es nada malo.

Si te has colado por Diana, te has colado y no pasa nada.

-Pues sí, qué quieres que te diga, no lo voy a negar.

Me tiene bastante enganchado esa mujer.

En fin... María, cóbrate del vino.

Me voy para el Moonlight, que viene un camarero nuevo

y le tengo que enseñar cómo funciona todo.

No hay mal que por bien no venga, ¿verdad?

-Venga. -Hasta luego, amigo.

-Hasta luego.

Sí que le ha dado fuerte con esa tía.

-Ya te digo.

Me alegro, porque después de todo lo que pasó el "pobretico"

con la muerte de Maica...

Ya era hora de que la vida le diera una alegría.

-Me hubiera gustado ayudarlo en mejores condiciones,

pero yo también tengo un mal día.

¿Te acuerdas del Púas, que tuvo que venir conmigo a la boda?

-¿No me voy a acordar? Se comió más de la mitad del cordero

mientras venía el coche patrulla a llevárselo.

¿Qué ha pasado con él?

-Se está instalando en el barrio

y han subido las denuncias de robo de cartera.

-Y ha sido él, ¿no?

-Pues sí, pero parece ser que soy el único que lo cree.

El tío listo se ha presentado en comisaría

y ha presentado una denuncia por robo de cartera.

Ha convenido hasta a Miralles.

A mí no me la pega.

-¿Y qué vas a hacer? -Ya hablaré con mis confites

y le seguiré la pista hasta que lo trinque.

Y lo detenga otra vez, al amiguete.

(MARÍA RÍE)

-Ponme un zumito, porfa. -Voy.

Le dije a Karim, el nuevo inspector de la UIT,

que rastreara el teléfono y las redes sociales del profesor.

No sé, este caso me recuerda mucho a papá.

-¿Y eso?

-Porque el profesor está poniendo facilidades en la investigación

y está asustado por la campaña

que están haciendo los padres en su contra.

-A mí me parece muy normal la reacción de los padres.

Si un profesor sube una imagen subida de tono en un chat

al que acceden los alumnos, yo también estaría inquieta.

-¿Y si es inocente y no podemos demostrarlo?

Es lo mismo que le ha pasado a papá.

Por eso entiendo que lo pase mal.

-Sí, la verdad es que han sido momentos muy duros.

Tenemos que intentar que se sienta bien.

-¡Papá!

Buenas noches.

Cariño, ¿qué tal?

Pues muy bien. Vaya recibimiento.

Estoy por salir, volver a entrar y que hagáis esto. (RÍE)

¿Qué os parece si salimos a cenar? Hace mucho que no lo hacemos.

Han abierto un restaurante mallorquín cerca

y creo que podría estar bueno. -Me parece una gran idea.

Yo preferiría quedarme aquí, no tengo mucho ánimo de salir

ni tengo apetito.

Venga, papá, anímate, que seguro que ir allí

nos trae recuerdos de cuando veraneábamos en Alcudia.

-Claro, cariño, date un respiro. Te lo mereces.

Te encanta el tumbet mallorquín. Sí.

Bueno, venga. Si queréis, vamos al restaurante.

Primero quiero hablar con vosotras. Sentaos.

A ver...

He estado hablando con Andrés y él piensa

que debería irme unos días lejos de aquí

para olvidarme de todo lo que ha pasado.

¿Y tú qué opinas?

Sabéis que no estoy bien.

Me siento muy cansado y tengo mucha ansiedad,

y eso os afecta y perjudica nuestra convivencia.

No exageres.

Por mucho que disimuléis sabéis que es la verdad.

Yo quiero estar bien.

Por mí y por vosotras.

¿Y dónde irías?

Andrés me ha buscado un balneario en La Garriga, que está muy bien.

Como está cerca de Barcelona, podría visitar a amigos.

Y si hay alguna urgencia en la clínica, me acerco también.

Suena bien. -¿Y cuándo te irías?

Mañana mismo.

Ya... ¿qué os parece?

¿Mañana? Si a ti te parece bien, a mí también.

-Sí, y a mí. A mí también.

Te vendrá bien para animarte.

Un cambio de aires seguro que te ayuda.

Por otro lado, me da reparo dejaros solas

porque parece que huyo o que no os necesito a mi lado,

pero es todo lo contrario. No pienses en eso.

-Sabemos que nos quieres y no tienes que demostrarlo, ¿verdad?

-Claro. Nosotras lo que queremos es que estés bien.

Gracias por todo.

Venga, ahora cambiaros y vamos a ese restaurante.

A ver cómo está el tumbet. (RÍEN)

(Música triste)

¡Cómo están los escalopes! No sabes cuánto los echaba de menos.

-Ya, ya sé que te gustaban mucho.

-¿A ti qué te pasa que no comes?

-No tengo hambre, ¿sabes?

-Mamá, a ti te pasa algo. ¿Me lo vas a contar?

-¿Por qué dices eso?

-No has probado bocado,

estás muy seria y te conozco. Cuéntame qué pasa, por favor.

-Ay, bueno, pues mira...

Es por la camarera del bar donde ayer me trajiste la planta.

-Paty. ¿Qué te ha dicho?

-No sé, me ha disgustado mucho. Pensaba que era una chica muy maja.

Fíjate que hasta había pensado que haríais muy buena pareja.

Cariño, ya es hora de que te cases...

(ENFADADO) -¡Mamá, mamá, mamá! Por favor.

Al grano.

-Vale.

Estaba hoy hablando de ti y, de repente, se ha puesto

muy antipática y me ha dicho unas cosas que no me han gustado.

-¿Qué te ha dicho?

-Yo estaba diciendo lo bueno que eres

y lo bien que te portas conmigo, que me regalas rosas por mi santo

y, de repente,

ha saltado diciendo: "A lo mejor no es tan bueno como usted cree".

-¿Te ha dicho algo más?

-¿Te parece poco lo que me ha dicho?

También me ha dicho que no eras ningún santo.

Lo ha dicho de una manera muy desagradable.

Como si pensara que eres un delincuente o algo así.

-¿Y tú qué has hecho?

-¿Qué voy a hacer?

¡Defenderte! Y luego me he ido, porque si no...

Seguro que acabamos discutiendo.

Está claro que tú no le caes bien a esa chica.

-No tienes que hacer caso de lo que dice la gente.

-¿Cómo que no? No voy a tolerar que vayan hablando mal de ti.

Mira, si no fuera porque la dueña del bar

es una persona encantadora yo no volvía a poner los pies allí.

-Pues no vuelvas.

-¿Por qué habrá dicho eso, hijo? -Los prejuicios, mamá.

Cuando se enteran de que has estado en la cárcel,

te cuelgan el sambenito y piensan que siempre serás un delincuente.

-¿Tú crees que es...

que es por eso que esa chica piensa así, mal de ti,

porque estuviste en la cárcel?

-Seguramente. -Bueno, pues mira, peor para ella.

Si te conociera como yo, te vería con los mismos ojos.

-Eso es difícil.

Tú eres mi madre, ella no. -Guapo.

(SUSPIRA) Fue una mala suerte

que te metieran en la cárcel.

Mataste a ese hombre en defensa propia.

-Sí, pero eso a la gente le da igual.

Haga lo que haga, siempre hablan mal de mí.

Seguro que escucharás muchas cosas que me dejan mal,

pero tú no les hagas caso.

-Sí, sí.

Maldita la hora en la que entraste en ese bar a tomarte esa cerveza.

¿Cómo ibas tú a pensar que vendría esa pandilla

a enfrentarse con la otra?

Fue mala suerte que te confundieran con uno de ellos.

-Sí, sí.

Si usé ese cuchillo es porque él venía con una navaja.

Tú fuiste la única que me creyó.

-Y qué injusto fue el juez

cuando te mandó a la cárcel.

Claro, la culpa la tuvo el abogado ese, que era un inútil.

-Bueno, ya está mamá, eso ya pasó.

-Sí, hijo, sí.

Ya pasó, ya pasó.

Y mira, después hiciste tu negocio tú solito.

Eso tiene mucho mérito.

Por eso no puedo soportar, cariño,

que haya mucha gente que piense que eres una mala persona.

-Mamá, ya está.

No te preocupes, ¿vale?

-Mi niño querido.

-Recuerda siempre que es fundamental tratar a la gente con amabilidad

y de una forma muy correcta.

-Me ha quedado claro, no te preocupes.

-Empieza atendiendo a los que han entrado

en aquella mesa, que yo me encargo de la barra.

-Ponme una cervecita cuando puedas. -Sí, ahora mismo.

Voy a atender aquí antes.

(Móvil)

-Ponme un par de cervezas.

-¡Ah!

Dime, Mateo.

¡Qué bien!

Mira, creo que has tomado la mejor decisión.

Ese balneario te va a sentar de maravilla.

Claro que sí.

Claro que sí, no te preocupes.

Mañana nos vemos y cerramos los detalles.

Venga, muy bien. De acuerdo, hasta mañana.

No me pongas la cerveza. Ponme un wiski, el mejor que tengas.

Hoy voy a celebrar. -Me parece una decisión estupenda.

Miki, pon eso ahí.

¡Vamos a ello!

El mejor.

Aquí lo tienes.

Supongo que eso que tienes que celebrar es

que tu socio ya estará más tranquilo después de que se haya aclarado

el asunto con la chica esa y demás.

-Han sido unos días muy duros. Para su familia también.

-Me lo puedo imaginar.

Cuando empiezan a correr ese tipo de rumores...

Pueden hacer bastante daño.

Y si los medios de comunicación se hacen eco también,

la herida que provocan tarda bastante en cicatrizar.

-Parece que sabes de lo que hablas. -Bueno, no sé si sabes

que hace un tiempo me dediqué incluso a la política.

Tenía opciones de salir elegido para el ayuntamiento,

pero unos cuantos no querían

que yo llegase ahí y me pusieron unos cuantos palos en la rueda.

-Ese sí que es un campo de batalla duro.

-Lo es, lo es.

Pero si lo dejé de lado no es porque les tuviese miedo ni nada,

sino porque en esas fechas murió una persona muy importante para mí,

mi pareja, y lo mejor era dejarlo.

-Vaya, no lo sabía.

Lo siento. -Tranquilo, ya está superado.

Aunque en aquel momento sí fue difícil.

Uno ya está mayor,

cree que ha perdido todas las oportunidades

de encontrar a esa persona con quien compartir la vida

y te vienes un poco abajo.

Pero, de buenas a primeras, aparece otra persona,

te ilusionas, empiezas a vivirlo...

Todo eso demuestra que nunca hay que rendirse.

-¿Sabes? Hay personas

que te marcan. (QUINTERO ASIENTE)

-Y luego no hay manera de sacártelas de la cabeza.

Y si las tienes que ver cada día, peor todavía.

-Pues sí, la verdad es que sí.

-Ay, el mundo es muy injusto.

Los que tienen todo son los que menos se lo merecen.

Dinero, fama, amor.

Pero es lo que tú dices, nunca hay que darse por vencido.

-Pues no. Ya te digo, nunca hay que rendirse.

La vida está para eso, Andrés, para vivirla.

Si te vienes abajo,

eres tú el que dará paladas para cavar tu propio hoyo.

-Te voy a hacer caso.

A partir de hoy, voy a cambiar mi vida.

¡Por la justicia!

¡Y por el amor!

-Te voy a acompañar con una copa, di que sí.

Brindo por ello.

¡Hola!

Traigo pizza para cenar. Cuatro quesos, ¿te apetece?

-No gracias.

-¿Qué te pasa?

-Nada importante.

-No es verdad, Espe.

Se nota que has llorado. Cuéntamelo.

-Es por mi madre, pero tú tienes que estar harta del tema.

-No, para nada.

¿Qué pasa? ¿Es por esta hoja?

¿Malas noticias o qué?

-Es mi ficha de adopción.

Le pedí a mi madre que me la mandara.

Pensé que no lo haría

porque no le hizo gracia el tema, pero aquí está.

-¿Qué pone en esta ficha para que estés así?

Si tu madre ya te dijo que eras adoptada.

-Lo importante es lo que no pone.

No pone el nombre de mis padres biológicos.

Es lo normal en estos casos de adopción.

-Es raro.

-No tan raro si miras de dónde viene.

Nací en el Hospital de Santa Feliciana.

Ahí trabajaban unas monjas que vivían cerca de allí,

en un convento que funcionaba como orfanato.

-Ya.

No... No entiendo lo que me quieres decir, Espe.

-Em el Hospital de Santa Feliciana

trabajaba el ginecólogo al que mataron, Manuel Barbastro.

-Ah, ya, ya... Ese es al que envenenaron, ¿no?

Una tal Marifé Ramírez. -Sí.

-Barbastro fue acusado de robar niños

para darlos en adopción ilegalmente.

Nunca fue a la cárcel porque el delito prescribió.

-Ya, ya entiendo por dónde vas.

Pero ese no tiene por qué ser tu caso, Espe.

-Les quitaba los niños

a mujeres solteras

o a parejas que ya habían tenido hijos

o que no podían mantenerlos económicamente.

(LLORA) Y les decían que...

que habían nacido muertos.

Pero no se los enseñaban.

O les enseñaban niños de otras familias.

-Ya, cariño, pero eso no significa necesariamente que tú...

-Yo nací en ese hospital en esa época.

-¿Me estás diciendo que crees que eres una bebé robada?

-No lo sé.

No lo sé, pero son demasiadas coincidencias, Lara.

-Y de ser así, ¿crees que tus padres...

sabían que eso pasaba y aun así te adoptaron?

-No, no, no. No, por favor, no.

Los padres que adoptaban allí no sabían que eran bebés robados.

Pensaban que eran huérfanos.

-No sé, tienes razón, si tu madre lo pasó fatal cuando te lo contó.

Después de tanto tiempo, no creo que ella sepa nada.

-Lo único que sé es que no puedo quedarme de brazos cruzados.

(Música dramática)

-¿Qué piensas hacer?

-No lo sé.

Necesito pensar.

Quizá busque a mis padres biológicos.

Necesito saber qué pasó realmente.

Quizá Barbastro le dijo a mi madre biológica

que yo estaba muerta.

-Ven aquí, anda. (ESPE LLORA)

(Música dramática)

-Anda, vete, que la que se va a poner nerviosa seré yo

por que pierdas el tren.

Parece que estás deseando que me vaya.

¿Más mañana que el Púas? Si es un viejo zorro.

Se hace pasar por la víctima para despistarnos y vacilarnos.

-Yo qué sé, tú lo conoces mejor. Yo solo vi el día de la boda.

Miralles te está diciendo que lo trates como una víctima

y a lo mejor él te lleva al caco. -¿Qué víctima? Si él es el caso.

-Imagínate que mi madre biológica existe, está viva,

y, como la engañaron, no sabe ni que yo existo.

-No lo estoy haciendo por ti ni porque me lo acabes de decir.

Lo hago por ella.

Si fueras un buen hijo y no tuvieras nada que ocultar,

podrías hablarle de a lo que te dedicas.

-Todos los días dando caña. -Es que es verdad.

Me da mucha rabia ver cómo la tienes así de engañada.

El día que se entere le dará un patatús.

-Por eso, no le digas nada.

-¿Me vas a contar algo o seguimos de tapas aquí?

-Pues poca cosa.

La gente dice que tanto si es uno como si son varios,

están muy bien entrenados.

-Eso es como no contarme nada.

-Tranquilo, que te pierde la ansiedad.

Sé algo más.

-Nunca es un buen momento, Vero. Nunca.

Me dijiste que cuando se solucionase lo de Malena Torrent

os ibais a separara y mira.

-Y cuando se calmaran las cosas.

Todavía está muy reciente, Toni.

-Pero vamos a ver...

Ni está siendo investigado ni es culpable de nada.

¿Por qué estás tan preocupada?

-Por fin te encuentro. ¿Dónde te has metido?

-Hola, ¿me estabas buscando?

-Sí, he venido antes y nadie sabía decirme dónde parabas.

-Esta mañana he estado en el ayuntamiento con Miguel.

-¿Te has pasado allí toda la mañana?

-¿A qué viene este interrogatorio? -Nada, simplemente...

Quería invitarte a cenar.

Como no está Mateo, podríamos pasar un tiempo juntos.

-Estuvimos la semana pasada en el ayuntamiento

intentando rascar algo, pero nos dieron largas.

-¿No habéis vuelto para insistir? Dad un poco la turra.

-No, ya te digo que fue tiempo perdido.

-¿No habéis vuelto a aparecer por el ayuntamiento?

-No. De hecho, tomamos la decisión de dejar pasar un poco el tiempo

antes de volver.

-Tampoco hacía falta que vinieras tan pronto a verme.

Podrías haberme llamado y hubiésemos quedado mañana

para charlar tranquilamente. -¿No te alegra verme?

-Claro que me alegra verte.

He estado pensado en este tiempo

y creo que lo mejor que podemos hacer

dejar lo nuestro aquí porque me parece que no funcionará.

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Servir y proteger - Capítulo 724 (Parte 1)

23 mar 2020

A pesar de que el caso ya está resulto, Mateo sigue muy alterado por la muerte de Malena. Impacto de Espe al descubrir que puede ser una "niña robada", dada en adopción. El Púas aparece de nuevo en Distrito Sur y Elías sospecha que viene a hacer de las suyas.

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  1. Isabel

    Últimamente, con los cortes por la información, los capítulos no se ven enteros. ¿Sería posible que en la web a la carta se pusiera el contenido completo del capítulo? Muchas gracias.

    24 mar 2020