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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 702 - ver ahora
Transcripción completa

(RESOPLA)

¿Cómo ha pasado la noche papá?

-Vomitando.

Le estoy preparando un caldo de verduras.

-Como siga mezclando el alcohol con los calmantes

le va a dar algo. Tenemos que ayudarle, mamá.

-No sé qué hacer. Le hemos dicho de todo y no hace caso.

-Por lo menos, que hoy no vaya a trabajar.

-Espero que no se le ocurra ir a la clínica.

-¿Que no? Te digo yo

que papá sale por la puerta de la habitación

y se va a trabajar. (VERÓNICA SUSPIRA)

-Por si acaso, me quedo haciendo guardia.

Llamo a Miguel para decirle que no voy a trabajar.

Y a Andrés, para informarle de cómo ha pasado la noche Mateo.

Buenos días.

Por decir algo.

Supongo que no estarás pensando en irte a trabajar.

Sí, tengo un par de intervenciones urgentes.

De hecho, voy tarde.

(VERÓNICA) ¿Estás loco?

¡No puedes ir en estas condiciones! Debo ir.

¡Mírate! ¡No puedes salir así de casa!

Enseguida me despejo.

Mateo, ¿qué está pasando?

Dime qué está pasando.

Has entrado en una espiral peligrosa.

Cada noche llegas en peor estado que la anterior.

Ayer insististe en que cenemos y ni te presentas.

Y luego llegas a las tantas en condiciones lamentables.

Cariño, no exageres.

No exagero, mírate, ¡tienes la cara desencajada!

Me preocupa tu salud.

-Nos preocupa a las dos, papá.

Tienes que cuidarte.

A ver, a ver... Por favor.

No saquemos las cosas de quicio, ¿de acuerdo?

Ayer fue un día complicado en la clínica.

Y tuve la ocurrencia de tomarme una copa en la consulta, solo una.

Está claro que me sentó mal.

Tú nos tomas por tontas, ¿verdad?

Una copa no te tumba, aunque la mezcles con calmantes.

-Papá, de verdad, estamos muy preocupadas.

Cuéntanos qué te pasa, por favor.

Si lo sabéis... Lo sabéis de sobra.

Estoy estresado.

Tengo que trabajar a destajo para paliar la situación

de la clínica con lo de las prótesis pakistaníes.

Mateo...

A ti el estrés por el trabajo nunca te ha afectado así.

Pues ahora sí.

A lo mejor es la edad, no lo sé...

No me siento tan fuerte.

Tú puedes sentirte como quieras,

pero el alcohol no te ayudará a salir del pozo.

-Confía en nosotras, papá, y deja que te ayudemos.

Siento mucho haceros pasar por todo esto.

Me tengo que ir. Tú no te vas a ningún sitio.

Te tiemblan las manos.

No puedes coger un bisturí.

Tengo que intentarlo.

La situación va de mal en peor y ahora no puedo parar.

(Timbre)

Buenos días.

-Hola, Andrés.

-¿Estás listo, Mateo?

-Lo siento, Mateo no irá a trabajar hoy.

Se ha pasado la noche vomitando.

No me extraña, con el estrés que está llevando...

-La verdad es que no tienes buena cara, Mateo.

Ya... Me sentó mal una copa anoche.

Pero tengo que cumplir con mi agenda.

(VERÓNICA) Mira que eres testarudo.

Andrés, dile que no puede ir a trabajar,

a ver si te hace caso.

-Es verdad.

Llamaré a Servet para que te sustituya hoy.

-No me parece justo, Andrés.

Mateo necesita más tiempo para recuperarse.

-Sí, llevas razón.

Miraré el calendario para liberarle los próximos días.

¿Y cómo lo vas a hacer?

Ahora mismo, nuestra situación está peor que nunca.

Tengo un par de ideas, ahora te las explico.

-Sabiendo que te quedas en casa me voy más tranquila.

(SUSPIRA) ¿Te quedas tú con él?

-Sí, claro. (ANDRÉS) -No, de ninguna manera.

Yo me quedo el tiempo que haga falta.

-¿En serio, no te importa? -No.

Adiós. -Chao.

-Pues lo dejo en tus manos.

Cariño, por favor, no hagas ningún esfuerzo.

Y si surge algún problema, me llamáis.

Voy a arreglarme.

-24.

20.

85.

-Lo más importante, Nerea, es que mantengas la calma.

Por favor, no accedas al chantaje de esos secuestradores.

-¿Y si le hacen algo a mi perro?

-Es normal que estés preocupada, pero confía en nosotros.

Haremos lo que esté en nuestras manos

para devolverte a tu perro sano y salvo.

-Por desgracia, aunque pagues el rescate,

no te garantiza que te devuelvan a tu perro.

-Tiene razón. Lo más probable

es que te sigan extorsionando y te pidan más dinero.

-Ya...

-Nos has comentado que tenías una foto de Fermín, el perro.

-Tome, aquí tiene.

-Sé que es muy tentador pagar el rescate,

pero no lo vayas a hacer.

Es muy importante que cuando los secuestradores

se vuelvan a poner en contacto contigo, nos avises.

-Está bien.

Les llamaré, muchas gracia. -De nada, a ti.

-Adiós. -Hasta luego.

-¿Crees que Nerea accederá a pagar el rescate?

-No lo sé.

Estoy convencido de que hay más casos de los que parece.

Mucha gente no denuncia

por miedo a las represalias de los secuestradores.

-Sí, puede ser.

-No me quito de la cabeza al perro guía que le robaron ayer

a un invidente.

Por no hablar de la otra docena de perros secuestrados.

-Ya.

¡Ángela!

¿Tienes un momento, por favor? -Sí, dime.

-Han vuelto a secuestrar a otro perro en el barrio.

Esto es un no parar.

-¿En qué puedo ayudaros?

-Este es el teléfono con el que llamaban a las víctimas.

-Vale. Me imagino que será un teléfono prepago,

como el resto de casos.

Quizá pueda hacer algo.

-¿Qué piensas hacer?

-Lo normal sería triangular la señal de los repetidores telefónicos.

-¿Crees que servirá para localizarlos?

-Lo puedo intentar. Quizá puedo acotar una zona

desde donde se producen las llamadas.

-Ojalá haya suerte.

-Me pongo ahora mismo. -Gracias.

Tú y yo tenemos que ponernos las pilas porque...

A Nerea le han dado seis horas para recuperar a Fermín con vida.

-Chao.

Adiós, cariño.

¿Se puede saber por qué no me cogías el teléfono?

Llevo llamándote desde que me he despertado.

No tenía ni una llamada tuya, ni mensajes, ¡no sabía nada de ti!

Ya me lo imagino.

Tenía que extremar las precauciones.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo fue?

¿Le contaste a la Policía que fue un accidente?

No ha hecho falta contarles nada.

Anda, siéntate.

¿Qué pasa?

¡Siéntate, por favor!

(Música de tensión)

A ver, Mateo...

He puesto el asunto en manos de profesionales.

¿De profesionales? ¿De qué hablas?

¿De verdad crees que la Policía se pondría de tu lado

cuando averiguasen la razón

por la que Malena fue a hablar contigo?

Sí, claro que sí. Si les cuento la verdad, sí.

Ni siquiera sé por qué me vine a casa.

Sí, claro, me vine porque dijiste que te encargarías de todo.

Y me he hecho cargo de todo.

Pero no has avisado a la Policía.

Por supuesto que no.

Lo que he hecho ha sido salvarte el culo.

Discutiste con una mujer embarazada en tu despacho

que había ido a pedirte dinero, o lo que es lo mismo,

estabas de mierda hasta el cuello.

Por mucho que intentases explicarte, no hubieras tenido

la mínima credibilidad y estarías en la cárcel.

¿Qué has hecho?

¿A qué clase de profesionales has recurrido?

A unos que han hecho desaparecer el cadáver...

No, no, no...

No, no, no, no puede ser, no puede ser.

¿Qué han hecho con ella? No lo sé.

Y a ti tampoco te conviene saber nada más,

así que deja de hacer preguntas y hazte a la idea cuanto antes.

Dios mío...

Dios mío.

Anoche era culpable de la muerte accidental de Malena

y del hijo que llevaba en su vientre, pero...

contratar a unos criminales para que hagan desaparecer

su cadáver... ¡Eso es una barbaridad!

Ahora mismo voy a hablar con mi hermano.

¡No vas a ir a ningún sitio! Hay que dar parte a la Policía.

Mateo, no seas imbécil.

¿Quieres pasar tu vida en la cárcel? Piensa en tu reputación.

¡Nadie va a creer que esa muerte fue accidental!

Me da igual. Tengo que entregarme y explicar lo que ha pasado.

¡Yo no quería matarla, fue un accidente!

Tú tenías un problema muy gordo

y yo me he encargado de solucionarlo.

Tampoco me gusta, pero lo he hecho por ti.

(SUSPIRA ANGUSTIADO)

Me has metido en un callejón sin salida.

Ahora no puedo justificar

por qué ha desaparecido el cadáver de Malena.

¡Te das cuenta de lo que has hecho!

¡Me has condenado, me has convertido en un criminal!

He hecho lo que me pediste hace unos días:

salvar a tu familia.

Mira, Mateo, a partir de ahora

te vas a olvidar de Malena, te vas a olvidar de su muerte

y de todo lo que ha pasado,

y tú y yo no volveremos a hablar del tema

no volveremos a pronunciar su nombre nunca más, ¿entendido?

No sé cómo voy poder seguir con mi vida,

no sé cómo podré mirar a mi hija y mi mujer a los ojos.

Yo tampoco, pero tendrás que hacerlo, no queda otra.

No voy a poder.

Mi conciencia no me dejará seguir tranquilo.

¡Yo también estoy de mierda hasta el cuello por ti!

¡Vaya mierda! Verónica se ha llevado el alcohol.

Lógico.

Verónica se preocupa por ti.

Ahora, preocúpate por ella tú también.

¡Y olvídate de todo esto!

Voy a darte un sedante.

Toma.

Y ahora, Mateo, túmbate y descansa.

Necesitas dormir.

Cuando te despiertes, vas a borrar de tu cabeza

todo lo que hemos hablado.

¿Entendido?

¡Déjame en paz!

Déjame en paz.

(Música dramática)

(La puerta se cierra)

Muy bien, muchísimas gracias.

Hasta luego.

-¿Qué tal, cómo vais?

-Mal.

No tenemos ningún hilo del que tirar.

-Por favor, dinos que traes novedades.

-Y son buenas.

Aunque los secuestradores usan diferentes tarjetas prepago,

se conectan desde el mismo repetidor.

-Es una buena noticia.

-Se comunican con sus víctimas desde la misma zona.

-Os he impreso un mapa con los principales puntos

donde se producen las llamadas.

-A ver.

No está mal.

Es una zona muy extensa todavía, con muchos edificios y comercios.

-Siento no poder ser de más ayuda por el momento.

-Esto es mejor que nada. Nos patearemos esas calles

hasta dar con alguna pista o indicio sospechoso.

Muchísimas gracias, Ángela.

Tú y yo tenemos menos de cinco horas

para rescatar a Fermín

y a una docena de perros que nos esperan.

-Los dueños deben estar desesperados.

-Mucha suerte.

-La vamos a necesitar. Gracias.

-Coge el mapa. Sí.

-Hola, Mateo. Supongo que estarás descansando.

Que sepas que tienes caldo en la nevera.

En cuanto oigas el audio, por favor, llámame.

¿De acuerdo? Venga, un beso. Hasta ahora.

-¡Verónica!

¿Qué haces por aquí?

-Acabo de terminar una gestión que tenía con una familia de aquí

y ahora iba a la clínica a preguntarte por Mateo.

-Tranquila, está todo controlado. Se pondrá bien.

-Hemos tenido muchos baches, pero nunca le dio por el alcohol.

Anoche tuvo que pasar algo gordo para que no viniera a cenar

y se presentara a las tantas con varias copas de más.

-Nos ha dicho que se tomó solo una.

-Yo no le creo.

Tú tienes que saber algo más.

No puede ser que todo sea por el estrés.

-Afortunadamente, he conseguido que se sincerara conmigo.

-¿Qué le pasa?

-Está atravesando una crisis gorda

y dice que no se siente con fuerzas para afrontarlo todo.

-Algo parecido nos ha contado a Paula y a mí,

que no se sentía con fuerzas para aguantar presión y estrés.

-Tampoco hay que buscarle tres pies al gato.

Han coincidido varios problemas en la clínica

y se ha refugiado en el alcohol.

Es preocupante, pero no para hacer un drama.

-¿Tú qué le has dicho?

-Le he recordado todas las cosas maravillosas que tiene

y por las que merece la pena levantarse por la mañana,

como tú y Paula.

Y, por supuesto, que se quede en casa descansando.

-He quitado el alcohol de en medio,

pero quizá le da por comprar una botella.

-No, tranquila. Le he dado un calmante

y me he quedado hasta que le ha hecho efecto.

Dormirá varias horas. Su cuerpo necesita descansar.

-A ver si puedo pasarme luego a ver cómo está.

-Me parece bien.

-Ojalá la noche horrible que ha pasado

y la charla que hemos tenido sirvan de punto de inflexión

y, a partir de ahora, se tranquilice.

-Seguro que sí.

Le he dicho que no puede continuar así.

-Si sigue así, tendremos que cerrar la clínica de Madrid.

-Me parece que no hace falta llegar a eso.

-O sí. No pienso permitir

que todo esto acabe con su vida.

-Ahora tenemos que ser cautos y pacientes.

Una decisión así acabaría por hundirle.

Sería reconocer su fracaso sin darle oportunidad de luchar.

-Lo sé, pero lo he visto al límite.

Si vieras la noche que ha pasado... -Me lo imagino.

Le conozco: está tocado, pero no hundido.

-Lo estará si no termina de bajar el pistón.

Cada vez tiene jornadas más largas.

-Ya te dije que voy a darle más trabajo a Servet

y que voy a contratar dos cirujanos nuevos.

Eso sale mucho más a cuenta que cerrar la clínica.

-Eso me parece una gran idea.

Pero, en cuanto se ponga bien, Mateo no puede volver

al ritmo que tenía hasta ahora.

-No te preocupes, ya me encargaré de que no vuelva a estresarse.

Ya lo verás. Cuando todo se termine,

todo va a ir mucho mejor.

-No sé cómo lo haces, pero siempre me tranquilizas.

Y eso que empezaba a pensar cosas raras...

-¿Como qué?

-Pensaba en ir a su despacho a ver si encontraba alguna pista

que me explique por qué le ha dado por beber.

-Ya te digo que no hay nada raro.

Si te quedas más tranquila, me encargo de echar un vistazo.

Si veo algo raro, te lo digo. -No, ya has hecho demasiado.

Yo tengo un hueco ahora. Te acompaño a la clínica.

-No. Tú sigue con tus cosas, que de Mateo me encargo yo.

-Gracias, Andrés. Eres un gran amigo.

-Aquí tienes la información detallada

de los vídeos que le enviaban a Carlos sus compañeros.

En principio, parecen vídeos bastante inocentes,

pero, si se ven a cámara lenta, se puede comprobar

que había instrucciones detalladas para autolesionarse.

-Qué barbaridad.

¿En serio?

-Sí, sí. Hay hasta 23 instrucciones, que hayamos podido comprobar.

Desde cortes leves y superficiales, heridas en la piel,

hasta dislocaciones, torceduras, fracturas...

-Qué idea más macabra.

Imagino que los habréis quitado de en medio.

-Sí, pero no descartamos que haya otros vídeos

que hayan podido editar y que los hayan difundido

por otros medios, así que...

Tenemos miedo de que pueda haber otras víctimas.

-Todos tenemos que colaborar para que esta locura se pare.

-Sí. Al final del informe hay un protocolo de prevención

que hemos redactado

para difundir entre colegios, institutos, centros de salud

y asociaciones de padres.

Te he querido traer uno en persona.

Luego te mandaré otro en formato digital.

-Muy bien, gracias.

-No, gracias a ti.

Tú fuiste quien reaccionó muy rápido con Carlos

y gracias a eso nos pusimos a investigar.

Primero pensábamos que era maltrato que venía de casa

y luego nos dimos cuenta de que era un caso de "bullying".

-No me acabo de creer que unos críos manden mensajes agresivos

para que otro compañero se autolesione.

-Ya. Los padres de los acosadores y el centro, el instituto,

están muy sensibilizados y vamos a colaborar todos

para explicarles que lo que han hecho es muy grave.

-Es el momento de educarles; luego, será muy difícil.

-Sí. Hay que hacerles ver que una relación sana

no consiste en la manipulación y el dominio, sino lo contrario.

-El sentimiento de empatía.

-Sí, es justo lo que intentamos transmitir en la UFAM.

-Por cierto, ¿qué tal las oposiciones?

-Uf, las llevo fatal. No tengo tiempo de nada.

Intento estudiar un poquito en cada rato,

pero no me da la vida.

-¡Anda ya! Es lo que decís todos los que estáis opositando.

Estoy seguro de que vas a aprobar.

-Ojalá, Antonio, ojalá.

¿Y Claudia qué tal, cómo está?

-Muy contenta con Olga.

Está descansando, que ya le tocaba.

Tengo una envidia.

-Y yo. En realidad, me alegro mucho porque se lo merece.

Me tengo que ir, ya sabes que estoy muy agobiada.

Estoy muy contenta y muy orgullosa

de lo rápido que hemos solucionado este caso.

-Muy bien. Ahora nos toca trabajar para que no vuelva a suceder.

Chao.

(Música de intriga)

(Llaman a la puerta)

¡Un momento!

¡Adelante!

¡Ah! Entra, entra.

Siéntate, por favor.

Tu recompensa por falsificar el test de paternidad.

-Vaya, es más de lo que me esperaba.

-Ya te dije que te gratificaría generosamente

por todos los riesgos que has corrido.

Te tengo que pedir una cosa más:

si alguna vez alguien te pregunta por el test,

tú le darás los resultados verdaderos.

Lo has entendido, ¿verdad?

-Sí, sí, tranquilo.

-Y otra cosa más:

nunca, nunca vuelvas a ponerte en contacto conmigo,

¿de acuerdo?

(Música de tensión)

(TONI) -¡Hola! -¡Ey!

¿Qué tal? ¿Cómo estás?

-Mejor.

-Hombre, tienes mejor cara, la verdad.

-Sí, ¿no? (PATY ASIENTE)

-Es que he dormido bien.

Perdón por lo de ayer.

He sido un borde, lo siento. -Qué va.

No te rayes, qué va.

No fue para tanto. Ya me pediste perdón ayer.

-Ah, ¿sí?

-Dios mío, qué pedo te pillaste. (TONI RÍE)

-Bueno, ¿y me vas a contar de una vez

quién es la chica por la que estás tan pillado?

-¿Qué chica por la que estoy pillado?

-Por favor, es obvio que te gusta alguien

y que lo estás pasando mal.

-Te agradezco

que me intentes ayudar, pero no te rayes, estoy bien.

-No sé tú, pero creo que deberías aprovecharte

de mi experiencia en fracasos sentimentales

o, por lo menos, dejar que haga una escucha activa de la situación.

-¿Una escucha activa?

¿Qué te están haciendo en el curso del teléfono de ayuda?

-Son estrategias. ¿Ha funcionado? ¿Me lo vas a contar?

¿No?

Pues nada, tiro la toalla.

Pero, si en algún momento necesitas soltar

todo eso que llevas dentro, aquí estoy.

¿Vale? -Vale. Hola.

-Hola. Hola, Paty. -Hola, Verónica, dime qué quieres.

-Un café con leche, por favor. -Muy bien.

Tío, no te he preguntado a ti. -Un café solo, porfa.

-Muy bien.

-Hola, Toni. -Hola.

-¿Qué tal? -Bien, ¿y tú?

-Bueno, liadilla. ¿Qué tal el informe de los menas?

-Bien, terminándolo.

Si quieres que te aclare algo, me lo dices.

-Pues sí, me vendría muy bien. Me corre prisa.

-¿Sí? -Sí.

-Vale, pues nos sentamos ahí.

-Aquí tenéis, chicos.

Si no queréis nada más, me voy a la cocina.

-Vale.

-Pensaba que no querías verme después de lo de ayer.

-No digas eso, Toni.

¿Cómo no voy a querer verte?

-Piensas que estoy loco, ¿no?

-Un poco sí.

Pero me encanta que seas un loco.

Aunque sí, es una locura,

¿cómo vamos a casarnos?

Si todavía no hemos abierto nuestra relación al mundo.

-Supongo que tienes razón, como siempre.

-Me da igual tener razón o no.

Quiero hacer las cosas bien.

-¿Y qué es hacer las cosas bien?

¿Vernos a escondidas?

-No nos estamos escondiendo.

-Ya. Pero ahora no puedo hacer lo que me apetece, besarte.

-Nos guardamos las ganas para cuando podamos.

-Después de lo de ayer juré alejarme de ti, y aquí estoy.

Si es que soy imbécil.

-A mí me pasa lo mismo, Toni.

Fantaseo con la idea de que un día

no nos tengamos que esconder.

-¿De verdad me lo dices? -Claro.

Me encantaría.

-¿Y por qué no lo hacemos?

¿Por qué no le decimos a todos que nos queremos?

-Porque no puedo ahora,

porque la clínica se va a pique, Mateo ha vuelto a beber,

y está Paula.

Que fuisteis pareja.

-Estuvimos una semana. Nos dimos dos besos, ¿en serio?

-Lo suficiente como para complicar las cosas.

El que me preocupa es Mateo, y mucho.

Cada vez está peor: mezcla el alcohol con los calmantes.

-Yo estoy mal también.

Estoy desesperado, estoy en un callejón sin salida.

Yo sé que quieres más, Toni.

Pero mírame a mí: me conformo...

con soñar que algún día tendremos una relación normal.

-¿Y si yo no me conformo con eso?

(SUSURRA) -Yo te quiero, Toni.

Y me dolerá en el alma,

pero entenderé si quieres quitarte de en medio.

-¿Cómo me voy a quitar de en medio?

No me voy a ir a ningún lado,

porque te quiero y no puedo perderte.

(VERÓNICA SUSPIRA)

-Santiago, me he pateado esta zona de arriba a abajo

y no he visto nada sospechoso. ¿Tú has visto algo?

-"Tampoco he encontrado nada.

¿Cuándo se cumple el plazo

que los secuestradores le dieron a la dueña de Fermín?".

-Espera, que te lo digo ahora.

-Queda menos de media hora para que se cumpla el plazo.

¿Cres que Nerea habrá pagado a los secuestradores?

-"Esperemos que no".

-Deberíamos llamarla para saber si ha pagado el rescate.

-"Yo no perdería el tiempo con eso.

Mejor que nos demos otra vuelta y hablemos con los vecinos.

Nos juntamos en el quiosco en cinco minutos".

-Vale.

Acabo de ver a una chica que ha entrado en un bar

y tiene un perrito. Voy a preguntarle si ha visto algo.

-"A ver si ha visto o sabe algo".

-¡No me lo puedo creer...! ¡Alto, policía!

¡Voy tras el sospechoso hacia la calle San Quintín!

-Dale daña. Tenemos cinco minutos.

-Estaría bien saber qué buscamos.

-Un documento oficial.

Si encuentras un papel o un sobre, me lo pasas.

-¿Esto tiene que ver con algún lío de faldas?

-¿Por qué lo dices?

-Por su ropa.

Esta mujer aparentaba un nivel de vida que no era el suyo.

Si no, no se habría quedado en este hotel.

-No vas mal encaminado.

-Y en ese papel estará la clave de por qué una mujer sin recursos

puede ser tan peligrosa como para hacerla desaparecer.

-¿Quién te ha dicho que haya desaparecido?

-Lo supongo.

-Pues supones mucho.

Te pago para que obedezcas y cierres la boca.

-Entendido.

¿Estás seguro de que llegó a imprimirlo?

Porque lo normal es tenerlo todo en un archivo digital,

y más, siendo una persona joven.

-El papel existe, y tiene que estar aquí.

-Aquí está, jefe.

Debe de ser este.

-Hay que recoger. Que parezca que se ha ido de forma imprevista.

-Bien. Pondré una pista falsa.

-¿Qué pista?

-Un resto de cocaína.

Así parecerá que estuvo de fiesta antes de irse.

-Andrés, soy Rojo.

Lo tenemos.

-"Gracias, Rojo". -Estamos en contacto.

(SUSPIRA ALIVIADO)

-Espe, ¿qué tal?

-Bien. ¿Me pones un café para llevar?

Bien cargado. Llevo el día arrastrándome por los suelos.

-¿Y eso?

-Porque me quedé hasta las tantas haciendo tests para las oposiciones.

-¡Ah!

-Hola. ¿Quieres tomar algo?

-Una botellita de agua. ¿El baño?

-La segunda puerta a la izquierda.

¿Y cómo llevas las "opos"?

-Pues fatal.

Llevo toda la semana enfrascada en un caso de "bullying"

y por fin lo hemos resuelto.

-Espe, tu nombre ya está escrito en esa plaza.

-Lo sé. Gracias al látigo de Lara

y a tus bombas de cafeína.

-Hasta luego, guapa.

-Diez minutos y bajando.

-¿Qué hacéis, perseguir carteristas?

-¿Has visto a un tipo con ropa deportiva?

Es que nos ha dado esquinazo.

-¿Así como flacucho y moreno, con barbita?

-Sí, sí.

-Está en el baño.

-Vamos.

-Escucha: ese baño tiene una ventana que sale al callejón.

Yo cubro la salida y tú ve al baño.

-Espera, ¿es peligroso? -No sé si es un "mandao"

o el cabecilla de la banda de secuestradores de perros.

Pero pide a la gente que salga.

-Vale.

-Vale, vamos a salir con calma,

no vaya a ser peor la estampida que lo que pueda pasar.

Hasta luego. Lo siento.

-Ha escapado por la ventana.

-Venga.

Se estaba intentando escapar por el callejón.

A ver si es tan rápido respondiendo preguntas en comisaría.

Gracias, Paty. -A vosotros.

(Llaman a la puerta)

-¿Se puede?

-¿En qué puedo ayudarla?

-Soy Aura Navarro, la madre de Carlos Cavieres.

-¡Qué alegría! Encantado. Siéntese, por favor.

Ya me dijo Espe Beltrán que se había resuelto el caso.

¿Cómo está su hijo?

-Lo he mandado unos días a Almería, a casa de mi hermana.

-Importante, que tome distancia tras lo mal que lo ha pasado.

-Quería agradecerle que pusiera el caso en manos de la policía.

-En realidad no fui yo,

fue un compañero quien detectó que había problemas,

pero sí fui yo el que lo comuniqué.

-Agradézcaselo en mi nombre.

Si no es por ustedes, la policía no se habría enterado

y mi hijo sufriría un infierno.

-Lo importante es que se ha resuelto el caso.

Todos debemos colaborar para que estas cosas no sucedan

y detectar estos casos. La sociedad entera.

-Nadie debería sufrir una situación así.

Mi pobre hijo creía que, si no hacía caso a los compañeros,

se aislaría y nadie querría ser su amigo.

-A esa edad se tienen pocas herramientas

para detectar el "bullying", y menos para defenderse.

-No deseo a nadie que pase lo que ha pasado Carlos.

Ni siquiera a esos chicos

que le obligaban a ver vídeos para que se autolesionara.

-¿Qué tal si vemos la parte positiva?

Su hijo empieza una nueva etapa con más confianza en sí mismo

y, sobre todo, ha aprendido una cosa importante:

que se puede y se debe pedir ayuda.

-¿Sabe qué me ha dicho que quiere estudiar?

Esta mañana me ha dicho que iba a estudiar Medicina,

que quería ayudar a la gente. Es bonito, ¿no?

-Bueno. Si necesita consejo, aquí me tiene.

-Muchísimas gracias, se lo diré.

Buenos días.

-Encantado de que haya ido todo bien.

-Igualmente.

Nacha y tú habéis hecho un trabajo extraordinario.

Es un lujo trabajar con la oficial Aguirre.

Y mira que hemos pasado malos ratos.

Imagino que el peor sería cuando pegaron al invidente

para quitarle su perro guía.

Desde luego.

Aunque todo se compensa con las caras de felicidad

que tenían los dueños cuando se los hemos devuelto.

Te has quitado el mal sabor de boca

de las atrocidades que hicieron en Carabanchel con esos animales.

Desde luego.

Hacían de todo para presionar a los dueños y que pagaran.

Dejaron muchos cadáveres por las calles.

Lo peor era su forma despiadada de matarlos.

Los tiraban desde lo alto o a las ruedas de los coches.

Me quitaba el sueño que pasara lo mismo.

Se han ensañado con esos animales solo para lucrarse.

Sí. El tipo ha cantado enseguida y ha delatado a su hermano.

Espero que el juez les ponga la máxima pena para estos delitos.

Llevaron a una fábrica de piensos a la ruina

y cometieron estas barbaridades para costear las deudas.

Imagino que los animales no estaban en buenas condiciones.

Los tenían amontonados en un almacén de la fábrica

y sin las mínimas condiciones de salubridad.

Para no dejar rastro, a estos pensaban venderlos

en el circuito de peleas caninas.

Los salvasteis por los pelos.

Por eso ha sido tan emocionante entregarlos a los dueños

y ver sus caras de felicidad.

Eres un gran amante de los animales, ¿verdad?

Pues muchas felicitaciones para ti y para Nacha.

Y para Ángela. Sin su trabajo, no los hubiéramos pillado.

Es verdad. Luego la felicitaré, y a Nacha también.

Buen trabajo. Se lo diré, he quedado con ella.

Un placer y muchas gracias. Gracias a ti,

por tratarme como a un agente más.

Estupendo.

-Chicos, esto de parte de la casa.

-Muchas gracias, Paty.

Gracias por los pinchos y por lo bien que actuaste.

-¡Qué va, anda!

Lo único que hice fue pedir que salieran con calma,

y ya ves de qué sirvió.

-De mucho, porque has evitado males mayores.

Al tipo le he trincado fuera,

pero nunca sabes cómo pueden reaccionar.

-Eso es verdad.

Sí, lo he hecho bien entonces.

(RÍEN)

Estoy por aquí, ¿vale?

-Nacha, has actuado con mucha diligencia.

Bueno, y al final ha salido todo bien,

así que brindemos por ello.

-Salud. -Hemos resuelto el caso,

hemos hecho felices a los dueños, a los perros,

el comisario está orgulloso... No se puede pedir más.

-Además, ha sido un placer trabajar contigo.

Siendo familiar de Toni, no esperaba menos.

Por cierto, ¿qué tal está?

-Intento dejarlo a su aire. Ya tiene una edad

y debe resolver sus propios conflictos.

-Yo hace tiempo que no hablo con él de ciertos temas,

pero te prometo hablar con él.

-Bueno, no le presiones demasiado.

Cuanto más le pinchas, menos suelta.

-Tienes razón. Y hablando del rey de Roma...

-¿Qué pasa, papá? -¿Qué haces aquí?

-Vengo a buscarte.

-Siéntate. Acabamos esto y nos vamos.

-Siéntate y tómate mi cervecita. Le he dado dos sorbos.

-Nacha, ¿dónde vas tan deprisa?

Acabamos y nos vamos todos. -¿Sabes qué pasa?

He quedado hace quince minutos con una prima

que se casa en Colombia y tenemos pendiente una videollamada.

Ha sido un placer, de verdad. -Igualmente.

-Hasta luego, Nachita.

-Me voy a acabar esto, que no quede aquí.

-¡Oye! Me alegra ver que has recuperado el apetito.

Tienes mejor cara que ayer.

-Ayer me pillaste rayado. Estoy mejor.

-Me alegro. Hay que evitar los dramas.

Pasar página, y a otra cosa, mariposa.

La vida está hecha para disfrutarla, no para líos.

-El mío es el mejor lío que hay, el amor.

-No entiendo lo que quieres decir.

¿Has vuelto con esa mujer?

-No lo dejé nunca, papá.

Lo que pasa es que ayer me agobié

porque pensé que no me tomaba en serio. Pero está arreglado.

-¿Y qué ha cambiado de ayer a hoy?

-Hemos estado charlando y dice que quiere lo mismo que yo,

y que no quiere esconderse más.

Pero las circunstancias hacen que no pueda ser ahora mismo.

-¿Y cuándo va a poder hacerlo?

-Tiempo, papá, tiempo.

Yo le he dicho que la esperaré.

-Toni, no tienes edad para coger un compromiso

que no sabes adónde va a llevar.

La vida está hecha para disfrutar.

-Eso hago: disfrutar.

Con mi padre, una ensaladilla, una cervecita...

No te preocupes.

-En fin...

Tú sabrás lo que haces.

(Timbre de la puerta)

Hola, hermano.

¿Qué haces aquí?

Pasar a saludarte de camino a casa.

¿Cómo estás? Bien. ¿Por qué lo preguntas?

Porque sé que no has ido a trabajar.

¿Cómo lo sabes?

Me lo ha contado Paula.

Está preocupada, y Verónica también.

¿Te has pasado la noche vomitando?

Sí, pero ha sido...

mi cuerpo que, por el estrés,

he debido de coger un virus y me ha destrozado el estómago.

No tienes por qué mentirme.

¿Por qué dices eso?

Porque sé que en la clínica estáis con la soga al cuello,

pero, aunque lo niegues,

lo que te tiene tan tocado es lo ocurrido con esa chica.

¿Dónde te habías metido? Me he puesto de los nervios.

-Ya te dije que estaba todo bajo control.

Me encanta venir a este sitio.

Tiene estilo.

Oye, la recepcionista me ha puesto ojitos.

-Ni se te ocurra tontear. Tienes que ser discreto.

Es la última vez que vienes en horario laboral.

-Soy un antiguo cliente que viene a pedir un presupuesto.

Y así desatasco las tuberías, que las tienes a reventar.

-¿Y la copia del test de paternidad?

-Oye, aquí apesta, ¿no?

-Es aceite de lavanda, para quitar malos olores.

Ahora que vamos a ser socios,

vamos a tener tiempo de conocernos.

Quiero hacerte tantas preguntas...

-Prefiero que nuestra relación sea estrictamente profesional.

¿Dónde está el cadáver de Malena?

-Deja a los profesionales hacer su trabajo

y tú dedícate a tus esencias de lavanda.

-Quiero saber dónde está.

-Donde no la van a poder encontrar.

Y tampoco es necesario echar aceite para que no huela.

-Eso espero.

Pusiste un precio muy alto por ese trabajo.

-Un trabajo caro se paga con un favor caro.

-Lárgate antes de que te vea algún cliente.

-Seguro que nuestra relación va a ser de lo más fructífera.

Verás como, al final, hasta nos llevamos bien.

Entonces, ¿es verdad?

¿Es la presión de esa chica lo que te tiene así?

No, ese tema está olvidado.

¿Seguro?

Sí, me ha dado una bajada de defensas.

Siento que Paula te haya preocupado más de la cuenta.

Mañana volveré a trabajar.

Te conozco y sé que algo te está rondando la cabeza,

pero, si no me lo cuentas, no te puedo ayudar.

Es verdad.

Es verdad.

Estos días me he pasado con el alcohol.

He perdido el control y no daba pie con bola

ni con la familia ni el trabajo.

¿Y cómo vas a solucionar esto?

Supongo que necesito reponer fuerzas,

porque, desde luego, he tocado fondo.

Bueno, tienes a Verónica y a Paula. Y me tienes a mí.

Y, si te dejas ayudar, entre los tres lo te ayudaremos

a levantarte de nuevo, pero tienes que dejarte.

Ojalá, Emilio.

¿Seguro que ha sido el estrés lo que te ha hecho beber?

¿Esa chica no tiene nada que ver?

No, de verdad.

En cuanto le pedí la prueba de paternidad desapareció del mapa.

Me cuesta creer que haya desaparecido tan fácilmente.

Conozco el percal:

cuando alguien quiere extorsionar,

no desiste tan fácilmente.

Pues, en esta ocasión, así ha sido.

Está bien, tendré que creerte.

¡Hombre, Emilio! Hola, cuñada.

Qué sorpresa. ¿Qué tal?

Bien todo.

¿Te quedas a cenar? Me encantaría, pero...

los niños están sacando de quicio a su cuidadora.

Me voy antes de que la vuelvan loca.

Muy bien.

Hermano, gracias por hablar conmigo.

Me ha venido muy bien. Me alegro.

Prométeme que te vas a cuidar. Prometido.

Si Mateo está mejor, podríamos quedar a comer este fin de semana,

en vuestra casa o en la nuestra.

Es una idea genial, me apunto.

Vale.

Hasta luego. Hasta luego.

¿Cómo te encuentras?

Mucho mejor. Me he pasado el día durmiendo.

¿Has comido algo?

Sí, no me he saltado ninguna comida.

Estoy casi perfecto.

No estarás pensando en ir a trabajar mañana.

Cariño, necesito volver al trabajo.

Mañana me reincorporo. Si sigo aquí, me volveré loco.

Me da igual,

no puedes ir hasta que estés recuperado.

Nunca me voy a recuperar de lo que me ha pasado.

¿Por qué dices eso? ¿Qué me estás ocultando?

¡Nada, nada! Si es que ya no sé ni lo que me digo.

(RÍE CON DISIMULO)

(Música dramática)

(ATERRADO) ¡No!

Mateo, ¿qué pasa?

-No niegues lo evidente:

tienes algo en la cabeza que te impide dormir

y te provoca pesadillas.

Lo siento muchísimo.

¿Qué es lo que sientes?

-No me ha dado tiempo a estudiar los últimos temas.

-Tú concéntrate aquí y por las noches yo te ayudo.

(RESOPLA)

-¿No quieres que te ayude?

-Sí, pero me estoy haciendo a la idea que de voy a suspender.

-Ahora toca fingir y tirar para adelante.

Además, solo tú y yo sabemos lo que ha pasado.

Y los tipos que contrataste para que se deshicieran del cadáver.

No abrirán la boca por la cuenta que les trae.

Son los más interesados en que no aparezca el cuerpo.

Ya, pero los familiares y amigos de Malena,

empezarán a echarla de menos.

Es cuestión de días u horas que pongan una denuncia.

Debe de ser que me inspira tenerte cerca.

-Pero ¿qué tenemos aquí?

Es la pareja de moda.

-¿Te importa dejarnos en paz?

-¿Y estos modales?

¿Dónde habrás aprendido tú a comportarte así?

-¿En qué consiste el encargo?

-Quiero que le des recuerdos a un tío. ¿Me explico?

-Como un libro abierto.

-Resulta que en Madrid aún hay un imbécil que no sabe quién soy.

-Dime quién es y yo haré que no se le olvide nunca.

-Hola, Ángela. -Hola.

(INCÓMODA) -Eh, ¿qué tal? ¿Cómo estás, Sara?

-Mucho mejor, la verdad.

Te debo un café para agradecerte todo lo que hiciste por mí.

-No, no me des nada... Yo solo hice mi trabajo.

Tranquila. Me voy, que tengo mucho curro.

-Disculpa, ¿te puedo ayudar en algo?

-Mira, sí. ¿Me pasas tu jersey de cachemir?

-¿Perdona?

-Mi chaqueta está empapada por la tormenta que está cayendo

y tu jersey combina con mi falda.

¿50 euros te parece bien?

-Disculpa, pero es que yo no suelo hacer... negocio

con este tipo de cosas.

Si necesitas mi jersey, te lo presto y ya me lo devolverás.

-Prefiero pagar. No te preocupes.

-Como quieras.

-Toma.

Aquí lo tienes.

¿Qué pasa? ¿Quieres también la camiseta o qué?

-Por el momento, no.

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Servir y proteger - Capítulo 702

18 feb 2020

Andrés confiesa haber recurrido a terceros para deshacerse del cadáver de Malena. Gracias a la colaboración de Ángela, Nacha y Santiago dan con los secuestradores de perros.

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