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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 698 - ver ahora
Transcripción completa

¿Cómo es que nos han quitado la subvención?

Ya.

¿Por qué?

¿Un error de forma? ¿En serio? ¿Por un error de forma?

¿Saben que para nosotros es fundamental esa ayuda?

Con esa ayuda pagamos a profesores, monitores, psicólogos, todo.

Y...

Pienso que son pocos miles de euros para un Ayuntamiento

y para nosotros lo es todo.

¿En serio?

Pero...

Muchas gracias. Muy bien.

Ya veo que les importa mucho la cohesión social en Distrito Sur.

-Hola.

Si es mal momento, puedo pasarme luego.

-¡Qué va!

Tú nunca llegas en mal momento.

Es que...

Me han dado una noticia terrible.

Nos han quitado una ayuda vital para el centro.

-¿Qué dices?

¿Vais a tener que cerrar?

-Tanto como cerrar, no,

pero nos obliga a cancelar muchos cursos.

Muchos.

Importantes cursos como el del teléfono de ayuda,

música para sordos, muchas cosas.

-No sé...

Y ¿no puedes recurrir o presentar una instancia?

-No, ¡qué va!

Lo acabo de preguntar y no se puede hacer nada.

No sé, aún estoy un poco en shock.

Supongo que buscaré otra forma de conseguir el dinero.

No lo sé.

-Vamos a pensar a ver de qué manera podemos conseguir dinero.

Quiero ayudarte pero no sé cómo.

¿Cuánto dinero necesitas?

-No he hecho todavía el cálculo, no sabría decir una cifra

pero es una cantidad alta.

Con eso pagamos los salarios de todo el mundo:

profesores, monitores, psicólogos y el material para actividades.

Es una cantidad importante, sin duda.

¿Quieres un café?

-Vale.

¿Has hecho café?

No, como has dicho que desayunabas fuera.

He cambiado de idea.

¿Y eso? (SERIO) Porque sí.

No hace falta que lo digas así.

Perdón, me va a estallar la cabeza. Échate un rato.

Da igual.

(ENFADADO) ¡No es posible! ¡No hay café!

¿Tan complicado es que lo pidáis cuando se está acabando?

El único que toma café eres tú.

Es un tema tuyo. Yo hace tiempo que me pasé al té.

Vives en tu mundo y no te enteras de lo que pasa en casa.

No me sermonees, que no lo necesito.

Y yo no necesito que llegues tarde oliendo a alcohol

y te levantes enfadado.

Tranquila. Me voy a una cafetería a desayunar.

A ver, Mateo, ¿por qué no te quedas y charlamos?

Lo último que necesito son reproches.

Yo tampoco quiero discutir, pero no sé qué te pasa.

Anoche llegaste bebido. No llegué bebido.

Me tomé una copa después de la operación.

¿Qué me ocultas?

Si te oculto cosas es para no amargarte la vida.

¿Qué cosas?

Que la clínica va mal,

que tenemos problemas financieros serios,

que no hay banco que nos dé un crédito.

Lo sé, pero Andrés está buscando una solución.

No la encuentra. No parece tan ofuscado como tú.

Porque no es el dueño de la clínica.

Yo sí soy socia. Cuéntame qué te pasa y te angustia.

Debes aprender a gestionar el estrés o estallarás.

-Ayer me costó dormirme porque estuve dándole vueltas

a los consejos que me diste sobre lo del psicólogo.

-Sí.

¿Y?

-Pues, bueno, también me contaste que tu terapeuta te dijo

que había dos tipos de personas:

las que tienen problemas y las que quieren soluciones.

-Y así es.

Te puedes rodear de familia y amigos

pero comparable al trabajo con un buen terapeuta

no hay nada.

-Pues yo quiero estar en el segundo grupo.

-Muy bien. ¿Vas a hacer terapia?

-No creo que funcione conmigo, pero por intentarlo no pierdo nada.

-Seguro que va a funcionar. Ya verás.

Y si necesitas el contacto de un buen psicólogo, te ayudo.

-Había pensado ir al centro de salud.

-Bien pensado.

Eres una mujer fuerte y valiente

y seguro que iniciarás un camino de crecimiento personal.

-Ojalá.

Gracias por tus consejos.

-Gracias a ti.

Es que no veo la luz al final del túnel.

Tengo miedo de que se destruya lo que hemos construido juntos.

Estás siendo alarmista.

No. Todo se me está yendo de las manos.

(SUSPIRA)

Mateo, a mí me da igual la clínica.

Si hay que cerrar, se cierra, pero no quiero verte así.

Y tenemos otra solución:

mis padres. No, ni hablar.

¿Hasta cuándo vamos a depender de ellos?

La familia está para las buenas y las malas.

(SUSPIRA) ¿Sabes qué te pasa?

Que siempre has perseguido algo y no siempre sale bien.

Has querido ser el mejor cirujano, el de más éxito...

Pensé que te gustaba eso. Cuando te veo feliz, sí.

Pero verte así no compensa.

Salgamos por ahí.

Vamos a cenar y charlamos. Esta noche no puedo.

¿Qué tienes esta noche?

(ENFADADA) ¿Irte a un bar cualquiera a emborracharte?

Déjalo.

Si lo que querías era aliviarme, has conseguido lo contrario.

Me voy a la cafetería.

¿Otra vez, mamá?

No soporto veros discutir.

¿Sabes lo que más me duele? Que se consume por la clínica.

No sé si lo de venir a Madrid

ha sido un error.

(SUSPIRA) -Bueno, mira,

yo hoy salgo pronto de trabajar.

Si quieres, preparo esa cena que querías para los tres.

-Ya lo has oído. No sé a qué hora llegará ni cómo.

-Si no viene, él se lo pierde. Cenaremos tú y yo.

-Vale. ¿Te ayudo a cocinar? -No.

Voy a cocinar yo algo rico.

Y le voy a llamar y le haré chantaje emocional.

-Eres un cielo, Paula.

-Solo quiero que estemos bien.

Me voy a trabajar.

-Hasta luego. Pasa buen día.

-¿Cómo va la resaca?

-La resaca ha pasado a mejor vida.

-¿Y estos tochacos?

-Para las oposiciones a subinspectora.

-¡Qué bien!, ¿no?

¿Te saco unos churros para el café? -No, quita.

Calorías que me ahorro.

-¿Qué dices?

-Me he instalado una app que dice la composición de los alimentos

y de lo que me tienta. -¿En serio?

-Cuando estudio me entra ansiedad

y voy de la nevera a la despensa y como chocolate como pipas.

-¡Madre mía! -He de comer cosas sanas.

-Vale.

¿Cómo vas con esto?

(SUSPIRA) -No sé qué decirte.

A veces me siento con fuerzas y otras que no aprobaré en mi vida,

ni en sueños.

-No te pongas dramática. Tú, dale duro.

Estudia y verás como va bien.

-Hola, Paty. -Hola.

-Quería hablar contigo.

Se ha cancelado el curso del teléfono de ayuda.

-¡Qué dices! Estaba a punto de conseguir el título.

-Ya lo sé. Lo siento.

Nos ha fallado la subvención del Ayuntamiento

y no tenemos dinero.

-Joder, tío.

-Culpa mía, totalmente.

Le di el visto bueno al curso antes de tener confirmada la ayuda

y no ha llegado.

-Ya. Lo siento. -Ya.

Si quieres seguir colaborando, eres bienvenida.

Siempre hay cosas que hacer y, por ahora,

podrías colaborar en reparto de alimentos,

acompañamiento a menores... -No te digo que no.

Un día me paso y veo dónde puedo seros útil.

-Venga, perfecto. Gracias y lo siento.

-Lo siento yo. ¡Vaya marronazo!

-Bueno, de esta seguro que aprendo

y ya encontraré la forma de volver a activar lo del teléfono.

-Me gusta tu actitud. Gracias por venir a decírmelo.

-Chao, Paty. -Hasta luego.

-¡Chao, Espe!

(Puerta)

Adelante.

Pasa y siéntate, Espe.

Verás...

Me han dado de Jefatura una información que debes saber

sobre tu puesto al frente de la UFAM.

Ya sabes que tu situación es excepcional

y, por tanto, provisional.

Sí, lo sé y le estoy muy agradecida.

De hecho, estoy estudiando mucho, si es lo que le preocupa.

Me alegro. El puesto es tuyo si consigues ser subinspectora.

El problema, Espe, es si no lo consigues.

En ese caso, de Jefatura me enviarán un subinspector nuevo

y aquí sobraría personal.

Lo que intento decirte es

que en ese examen no solo te juegas tu puesto al frente de la UFAM

sino que aquí no habría hueco para ti.

¿Me mandarían a otro distrito?

O a otra comunidad autónoma.

Depende de la necesidad de personal del cuerpo.

Yo, por nada del mundo, quiero dejar Distrito Sur.

Quiero trabajar aquí, en la UFAM.

Le prometo que haré todo lo que esté en mi mano.

Me dejaré las pestañas estudiando.

Cuenta conmigo para lo que necesites o cualquier consulta.

Muchas gracias.

Hasta luego.

Espe,

la moral, arriba.

(SONRÍE)

-¿Me ha llamado, comisario? Sí, pasa, por favor.

¿Qué le pasa a Espe?

Debe presentarse a las oposiciones para subinspectora

y lograr conservar su plaza aquí, al frente de la UFAM.

Seguro que lo saca. Espe es una crack.

Ya sabes que la inspectora Miralles

está de vacaciones en Verona viendo a su hija.

Me toca decirte algo que le tocaría a ella.

Soy toda oídos.

Una de las cosas que me gustan de mi trabajo

es felicitar a los agentes a mi cargo,

sobre todo si llevan mi apellido.

Felicitarme a mí, ¿por qué?

Han llegado rumores

de que Toni se deshace en halagos por ti

por el operativo de ayer.

Dice que, gracias a ti, no salió herido.

Me complemento bien con él.

Y eso que no empezaste bien.

Es verdad, pero poco a poco hemos aprendido a trabajar juntos.

En parte, gracias a él.

Me alegro.

También han llamado de Jefatura para felicitarnos por la detención.

El robo de patinetes eléctricos está a la orden del día.

¿No te alegras? ¿Se me escapa algo?

Perdón. Es que tengo un mal día.

Es personal.

En ese caso, también tienes aquí a un tío. Cuéntame.

Es por mis padres.

Esta mañana han discutido y no es algo ocasional.

Entiendo.

Creo que la culpa es de mi padre. ¿Qué le pasa?

Últimamente, está muy estresado con el trabajo.

Echa muchas horas y, al salir, en vez de ir a casa,

se va de copas, así que no descansa.

Estamos muy preocupadas y no sabemos cómo ayudarle.

Ya. ¿Y no tenéis idea de por qué actúa así?

Es por los problemas financieros de la clínica.

Yo solo sé que si sigue así, acabará muy enfermo.

No te preocupes. Ya ha pasado momentos difíciles y saldrá.

Esta vez es diferente.

Creo que se van a separar. Ya verás que no.

Si hay algo que tu padre quiera más que el trabajo, es su familia.

¿No sabes de qué se puede tratar?

Te aseguro que no.

Voy a seguir trabajando.

Gracias por su felicitación, señor comisario.

Un placer.

Enhorabuena.

No te he llamado para que me digas cómo está Verona,

sino cómo están los chicos.

¡Ah!, ¿sí?

Tengo ganas de ver a Olga. Sí, a ver la cara de Olga.

Esta noche, por videoconferencia. Yo os llamo, ¿vale?

Estoy en la consulta, perdón. Un beso.

¡Adelante!

¿Qué tal? ¿Cómo estás? -Hola, Antonio.

He venido porque...

al final te voy a hacer caso y pediré ayuda a un psicólogo.

-Es una buena noticia.

No que necesites psicólogo, sino que pidas ayuda.

-Tranquilo, te he entendido.

¿Puedes recomendarme alguno?

-Claro que sí.

Antes tengo que hacerte un informe. Siéntate.

¿Cómo estás durmiendo?

-Pues no muy bien, la verdad.

Me despierto a mitad noche sobresaltada.

-Ya. ¿Y de día estás nerviosa?

-A ver, no todo el día. A veces, estoy bien,

pero con el más mínimo ruido me sobresalto.

Siento que me he vuelto más desconfiada

y me cuesta concentrarme.

Y tengo los ánimos por los suelos. -¿Estás tomando los ansiolíticos?

-Sí y, por un lado, me van bien porque me calman bastante,

pero, por otro, siento que me dejan bastante cansada

y bastante "chof".

Me podría pasar el día en la cama. -Eso no es buena señal.

-Suerte que vivo con mi familia y tengo trabajo,

si no, no sé cómo tiraría.

-¿Tienes dolor agudo en pecho o estómago?

-No.

-Bueno, hay que atajar estos síntomas que me relatas.

Voy a bajarte la dosis de ansiolíticos

y hay que llevarte a un profesional.

-Dicho así, suena preocupante.

-No hay que preocuparse. Se te pasará. Ya lo verás.

Tienes estrés postraumático.

Si fuera una depresión endógena, estaríamos más preocupados.

Esto es tratable.

-Vale.

¿Tendré que medicarme aparte de los ansiolíticos?

-Eso te lo valorará el profesional.

Para desenrollar el embrollo emocional

vas a tener que tomártelo en serio y trabajar en profundidad.

-Estoy deseando empezar, te lo prometo.

-¿Te doy cita o te doy el teléfono

de un compañero de carrera experto en estos casos?

-Pues sí, déjame el teléfono y le llamo hoy mismo.

-Aquí tienes. -Gracias, Antonio.

-Antonio. -Sí, Gamero, dime.

-Tengo un chaval en Urgencias. ¿Me acompañas?

-Vamos allá.

-Adrián, ¿puedes dar la clase mañana aunque no te la pueda pagar?

Hay poco tiempo para avisar a las familias.

Y es un lío.

Piénsalo y me dices algo.

Venga, gracias.

-¿Puedo pasar? -Pasa.

-Joder, ¡qué mala memoria tienes, Caimán!

(RÍEN)

-¡No lo puedo creer!

-Hermano. -Hermano.

No hubiera dicho nunca que te iba a ver en Madrid.

-Yo tampoco me creía que fueras tú cuando te he visto en la calle.

El Caimán, en Madrid, en un centro social. ¡Joder!

-Oye, Tom, eh...

Aquí, el Caimán no existe.

Solo soy Miguel.

-Está bien. No te preocupes.

Y, por lo que veo, te lo has montado muy bien.

Todo esto no tiene nada que ver con África.

¿Aquí nadie sabe nada?

-Tampoco es cuestión de contar tu vida por ahí.

Pero no, no más que fui cooperante.

-Cooperar sí que cooperábamos,

pero como equipo de exterminio y contratados por gente muy chunga.

(SUSPIRA) -Me acuerdo.

No lo he olvidado.

Pero estoy intentando dejar todo aquello atrás.

-No hay problema.

-Cuéntame, ¿qué te trae por aquí?

-Ya ves, no eres el único que quiere dejar atrás aquella etapa.

He visto suficiente sangre.

-¿Qué harás?

-No lo sé. Yo no tengo tu vena solidaria.

Había pensado currar como agente de seguridad

o portero o algo así en esa onda, de ese rollo.

Si te enteras de alguien que necesite portero o segurata...

No sé, pero me encantaría que trabajaras aquí

en alguno de los cursos que hacemos.

Que dieras alguno de defensa personal o artes marciales.

Pero nos pillas en mal momento. Nos han quitado una ayuda

y te lo puedo ofrecer pero no te puedo pagar.

Tendría que ser gratis.

-El trabajo gratis no es lo mío. Nunca lo ha sido y lo sabes.

Joder, tú sí que has cambiado. No me lo creo.

-Bueno, estoy viviendo una segunda oportunidad.

Y con unas ganas enormes de hacer las cosas diferentes,

dejar todo aquello atrás. Y no es fácil.

Esto que quede entre nosotros:

hay un chulo del barrio aquí en Distrito Sur,

un tipejo llamado Ramón Rojo,

y no sé qué hilos ha movido, pero se ha enterado de mi pasado

y de lo que pasó en África,

y está intentando convencerme para que trabaje para él.

-Ya.

Debe pagar bien, ¿no?

-Ni idea y no me importa.

No trabajaré para alguien que se dedica a explotar mujeres.

-Hemos trabajado para gente mucho peor.

-Bueno, pero...

Ya no estamos en África y no hay un conflicto.

Y estoy intentando hacer algo bueno con mi vida.

-Está bien. Lo entiendo.

-¿Aún tienes pesadillas?

-No. (RÍE) ¡Qué va! Yo lo llevo mejor.

Pero no quiero que revivas aquella etapa.

Si quieres, me voy. -¡No, hombre!

Estoy feliz de que estés aquí.

¿Tienes tiempo para ponernos al día? -Para lo que quieras.

-¿Sí? -Estoy para ti.

(Música tensa)

(LARA) -Espe, tienes el expediente de Lucía.

¡Espe!

¡Espe!

-¿Qué pasa, Lara? Perdona.

-¿Qué te pasa a ti, que estás como poseída?

-No puedo perder ni un minuto o lo perderé todo.

-¿Qué dices? ¿Qué me he perdido? ¿Cómo que lo perderás todo?

-He hablado con Bremón.

Dice que si no apruebo la oposición, he de dejar mi puesto en la UFAM.

E incluso cambiar de destino.

-¡Ostras! ¡Qué presión!

-Total.

Pero no me quiero venir abajo. Quiero aprobar, ser subinspectora

y estar al frente de la UFAM aquí. No puedo perder un minuto.

-No creo que te trasladen de comisaría, la verdad.

-Con la mala suerte que tengo, seguro.

-¡Que no, hombre!

Si hace falta, montamos un pollo y protestamos para que no te vayas.

-¡Por favor! Muchas gracias, Lara. Espero no ponerte en ese brete.

(RÍE) -Y de aquí a que te examines,

te dejo liberada de la limpieza y la intendencia del piso.

-Jo, eres un sol.

-Espe, ¿tienes un momento?

-Tenerlo, no lo tengo, pero me lo invento.

Sé rápido, por favor, Antonio.

-¿Mal día o qué? -No, venga.

-Ha venido un chaval al centro de salud

que es un caso para la UFAM.

-Cuéntame.

-El doctor Gamero, el pediatra del centro

vino a pedirme que le ayudara a valorar el caso

de un chaval de 13 años, Carlos. Venía con lesiones.

-¿Qué lesiones?

-Pecho, espalda y brazos.

Gamero pensaba que tenía una costilla rota, pero no.

-¿El chaval ha dado explicaciones?

-Que se cayó de una bici. No coinciden las lesiones.

Solemos tener laceraciones en manos,

lo primero que ponemos en el suelo al caernos.

-¿Sospechas que son malos tratos en el hogar?

-Es posible.

Y se presentó solo. Eso es sospechoso.

-Sí que es sospechoso. ¿Le interrogaste?

-No.

Lo hizo Gamero, que trata más con chicos

y no sacó nada en claro.

Iba a llamar a sus padres, pero he venido antes.

-Hiciste bien.

Si le pegan en casa,

llamar del centro de salud puede ser peor.

¿Tienes el parte? -Sí, aquí está todo.

Me voy, tengo turno en 10 minutos.

-Muy bien. Con esto creo que puedo abrir las diligencias.

-Tenme informado. -Muchas gracias, Antonio.

-A ti.

Y relájate, que estás muy nerviosa o eso me parece a mí.

-Vale, ya está todo:

servilletas, posavasos, palillos, pajitas.

¿No crees que podríamos prescindir de las pajitas?

-¿Por qué vamos a prescindir de las pajitas?

-Contaminan el medio ambiente. -Hay clientes que siguen pidiendo.

-Podemos tenerlas y, si las piden, las ofrecemos y, si no, no.

-Me parece bien.

-Hay que pensar en el futuro del planeta.

¿Voy yo a por todo esto? -No te preocupes.

He de ir a hacer un recado al banco

y recojo todo esto a la vuelta. -Vale.

-Si necesitas algo u ocurre cualquier cosa,

llámame por teléfono, ¿vale?

-Claro, tranquilo.

-Miguel, me alegra verte. -¿Cómo estás?

-¡Cuánto tiempo! -Ya ves.

-¿Tomas algo?

-No, voy caminando al instituto pero estaba pensando en ti

y quería saber cómo había ido con tu médico.

Muy bien.

Me ha dado el teléfono de un amigo psicólogo,

he llamado y tengo cita. -¡Qué bien!

-Cuanto antes me olvide de Amparo, mejor.

A ver si consigo dormir de un tirón toda la noche.

-Sí, es importante.

A mí, ahora, me está costando mucho

con lo que te conté de la subvención que perdimos.

-He pensado a ver cómo podíamos conseguir dinero

pero no se me ocurre nada.

-Bueno, no hay nada que hacer.

Tengo que cancelar los talleres y ya está.

Es una pena porque algunos me hacían especial ilusión.

Hay uno con el que las familias estaba muy vinculadas, muy bonito.

Da mucha pena.

-¿Qué taller es?

-Música para niños con problemas de audición.

-¡Qué interesante! -Muchísimo.

Se vincula la música con la capacidad para mejorar

en función de sus deficiencias auditivas

y la capacidad para la producción vocal.

-¡Qué pena! -Sí.

A algunos ya les he dado de baja

pero a otros aún he de llamarles y decirles que no seguimos.

-No sé cómo te puedo echar un cable.

-Bueno, que me estés escuchando ya me ayuda mucho,

pero hay poco que hacer, Sara.

En este barrio la gente no tiene tantas posibilidades

y este tipo de actividades son un lujo para muchas familias.

Y las que ofrecíamos en el centro eran sus actividades extraescolares.

Me sabe mal por todo pero también por esas familias.

-Ya.

-Oye,

estaba pensando...

¿qué pasa si das tú la última clase del curso?

-Es que yo no soy profesora titulada.

-Ya lo sé.

Pero te gusta mucho la música y cantas...

Y sería solo un día.

-Bueno, cuando era joven sí que di

algunas clases de canto y solfeo para ganarme un dinerillo.

¿A qué hora sería? -Mañana, a las seis.

-Vale, pues...

Sí, creo que puedo cogerme aquí un par de horas.

-¿En serio? -Sí.

Me encantará echarte un cable.

Y trabajar con niños es muy agradecido.

-Te encantará. Son un grupo maravilloso.

-¡Qué bien!

¡Qué ilusión!

-Verá, la hemos hecho venir directamente del trabajo

porque necesito hablar de Carlos.

-¿De Carlos?

¿Ha hecho algo malo? -No, no ha hecho nada.

Le han hecho algo malo.

-¿Qué?

-Ha acudido a Urgencias

en horario lectivo con moratones en el cuerpo.

-¿Moratones?

¿Qué moratones? ¿Le han pegado?

-No lo sé. Eso intento averiguar.

-¿Qué pasa aquí, agente? -Oficial Beltrán.

Quiero proteger a su hijo.

-Protegerlo, ¿de quién?

-De quien le haya hecho los moratones. ¿Usted no los vio?

-No. Se lo estoy diciendo. (ESPE ASIENTE)

-Es extraño que su madre no se diera cuenta.

-¿Me acusa de agredir a mi hijo?

-No la acuso de nada, de momento. Estamos charlando.

-Yo no tengo ganas de charlar con usted.

Me voy a buscarlo. -Señora Navarro,

tengo un parte de lesiones que dice que es posible

que su hijo reciba malos tratos.

No dejaré que le vea hasta confirmar que usted no le ha lesionado.

-¿Qué dice?

Yo...

En la vida le he puesto una mano encima.

-¿Mi hijo me ha acusado?

Yo le juro que ahora estoy bien.

Hace tiempo que no tengo un bajón y tomo la medicación.

-¿La medicación? Siéntese, por favor, y cuénteme.

-Para la depresión.

Hace dos años tuve una depresión y lo pasé mal.

No me ocupaba de Carlos.

No hacía la comida, no hacía la compra,

no le tenía la ropa limpia.

No me ocupaba de él como es debido, la verdad.

-Tómese su tiempo.

-En el colegio se dieron cuenta y avisaron a asuntos sociales.

Mandaron una asistenta a mi casa para husmear

y me hizo un montón de preguntas

y me dejó hecha polvo.

-Ella solo hacía su trabajo por el bien de Carlos

si usted no estaba en condiciones.

-No se aparta a un hijo de su madre porque esta tenga depresión.

Hay otras formas.

No separarla, como hicieron conmigo.

Fue muy duro para él y para mí.

Estuvimos siete meses separados. (SOLLOZA)

-Tome. -Gracias.

Yo empecé un tratamiento

y lo pude recuperar.

Luché mucho porque...

yo...

sin mi hijo, no sé vivir.

Y ahora, me dice que lo maltrato.

-Bueno...

la realidad es la que es.

Tenemos a un chico con unas lesiones

y nuestra obligación es investigar de dónde provienen las lesiones.

-Muy bien. Hágalo.

Pero yo jamás lo he tocado. Él lo puede confirmar.

-Sí, él la exculpa a usted.

Dice que se cayó de la bici pero el médico dice que miente.

-Ha ido al médico sin decirme nada.

-Ya. A mí también me extraña. -Lo de la bici es raro.

Bicicleta no tiene.

-¿Ah, no?

-Aura, ¿hay alguien más que ve diariamente a Carlos?

¿Su padre? -No, solo vivimos él y yo.

-Bien.

Le voy a acompañar a su casa.

No quiero husmear ni nada por el estilo,

solo quiero hacer mi trabajo y, si está Carlos, hablar con él.

-Me duele que haya desconfiado.

-Bueno, entiéndalo.

La mayoría de casos que vienen a la UFAM por lesiones

son por malos tratos en el hogar.

-Voy a colaborar para llegar al fondo.

No quiero que nadie haga daño a mi hijo.

-Adelante.

-Sí que tenías sed, sí.

Ponme otra. Voy al reservado.

¿Seguro que quieres otra, hombre?

Seguro.

Está bien. Como tú quieras.

-Hola, Fernando.

-Tom, ¿qué pasa, amigo? ¿Cómo estás? ¿Cómo va todo?

-Ya ves, pateándome el barrio a ver si encuentro trabajo.

¿Tú has hablado con tu gente?

-Sí, he hablado con los propietarios de mi antigua empresa

y con otros empresarios del barrio pero no ha habido suerte.

Todos me han dicho que no tienen nada para ti.

-Ya. Pues sí que está jodido. Tampoco encuentro nada.

-No hay que desesperar. Hay que tener paciencia.

-¿Paciencia? -Sí.

-¿Y a ti no te interesaría tener un guardia de seguridad?

Podría trabajar en la puerta

como vigilante, controlando a la gente.

-Ya te comenté que llevo poco tiempo con este negocio

y no hacemos caja suficiente. Sigo con bastantes deudas.

Además, el Moonlight es un sitio tranquilo

y no me conviene que la gente rumoree y comente

que si tengo a alguien de seguridad en la puerta

pueda ser un sitio chungo o conflictivo.

De todas formas, si consigo reponerme económicamente

y he de contratar a alguien más serás el primero al que llame.

-Gracias. Y te entiendo, pero está siendo muy difícil.

-Ya lo sé. Me lo puedo imaginar.

Pero ya te digo: no hay que desesperarse.

Mientras tanto, sabes que esta es tu casa.

Dime qué quieres tomar. Invita la casa.

-No sé. Ponme un refresco.

Seguiré pateando, a ver si encuentro algo.

-¡Claro que sí! Esa es la actitud.

No hay que rendirse. ¡A pico y pala! -Ahí está.

(HABLA EN ITALIANO)

-Olga, ¡medio litro de vino para una boloñesa!

No te cuestiono pero es que es mucho vino.

Medio litro de vino.

Allá tú.

¡Menudo "guisofis"!

¡Hala! Ya está.

A sus órdenes, inspectora Torres.

Me recuerdas a alguien de la familia.

(RÍE) Yo también te quiero.

¿Te lo enseño?

No sé si lo verás con el vaho. Mira a ver.

¿Cuánto tiempo ha de cocer?

¿Lo ves?

Vale, venga.

(Timbre puerta)

Llaman. Es Espe; un caso de malos tratos.

No, Claudia, no te lo cuento, que quiero que desconectes.

Que no me da la gana. ¡Que no!

Venga, sí.

Bajo la cocción y os llamo. Cogedme el teléfono.

Hola, Espe. ¿Qué tal?

Estaba haciendo videoconferencia con Verona.

-¡Qué bien huele! ¿Qué haces? -Boloñesa teledirigida por Olga.

-¡Qué bien te cuidas de Rodríguez!

-Me he puesto a cocinar porque me aburría.

-Dales recuerdos cuando habléis. -De tu parte.

¿Por qué no te quedas a cenar y me lo cuentas?

-No, gracias, pero no puedo porque estoy preparando oposiciones

y voy a estudiar toda la noche.

Te lo cuento rápido. -Vale, pero siéntate.

Tardarás lo mismo sentada que de pie.

(ESPE SUSPIRA)

-A ver, te cuento.

He estado en casa de Aura, como te dije

y lo de la bicicleta es mentira.

-¡Anda!

¿Cómo ves la relación entre ellos?

-Muy bien.

Descarto los malos tratos. En esa casa se respira amor.

-¡Vaya! ¿Igual tiene una pareja, la madre?

-No, viven los dos solos.

Y se llevan fenomenal; se quieren muchísimo.

-¿Piensas que le han pegado en el instituto?

-Sí, creo que por ahí voy a empezar la investigación,

aunque el chico niega que hayan sido sus compañeros.

-Ya ha contado mentiras. ¿Qué dice ahora?

-Dice que se cayó por las escaleras. ¿Tú te lo crees?

-Puede, pero ¿por qué no se lo contó a su madre?

-Dice que había bebido alcohol.

-¿Con sus amigos? -No.

Dice que estaba en su casa

y que bebió de la botella de licor de la madre para hacer postres,

y que por eso no le confesó nada y fue al centro de salud él solo.

-Entonces, va a ser el camino lo del instituto,

un caso de bullying.

-Desgraciadamente, sí.

Me hubiera gustado más la teoría de caerse por las escaleras.

Es más inocente.

Bueno.

Y me voy. Me espera una larga noche de estudio.

(RÍE) -Que te cunda el estudio.

-Muchas gracias, Antonio. Hasta luego.

-Listo, ya estoy aquí. A ver...

¿De qué os estáis riendo?

¡Hala! Os reís de mí, aquí, solo.

A cenar solo, sin rumbo.

(Móvil)

(Móvil)

(Tono mensaje)

-¿Por qué no coges el móvil? Te he llamado 100 veces.

No tengo que hablar nada con nadie.

¿Y si fuera una emergencia?

¿La hay?

No, pero no puedes estar desconectado.

Si vienes a echarme el sermón, ahórratelo.

¿Cuántas te has bebido?

No lo sé. Tampoco me importa mucho.

Mateo, basta. ¿Por qué no te vas a casa?

Tu problema no se soluciona bebiendo.

Ahora debes tener la cabeza fría.

No, al contrario.

Lo que necesito es olvidar el sinsentido en el que vivo.

Necesito dejar de pensar cómo salir de esta.

Vivo en un continuo bucle sin solución.

No, Mateo. Hay una solución.

¿Contárselo todo a Verónica y a Paula? (RÍE)

Ahora voy a casa a amargarles la cena que me habían preparado.

Escúchame, Mateo.

¿Quieres que te acompañe?

Así estoy a tu lado y te apoyo cuando se lo cuentes.

No, mamá. No hace falta, gracias.

¿Y qué piensas hacer?

¿Esconder la cabeza bajo tierra como las avestruces?

Las avestruces son de la familia de los murciélagos.

No vuelan; corren que se las pelan.

Las avestruces, digo. Los murciélagos, sí.

Basta, Mateo.

Cuanto más tardes en contárselo, más las harás sufrir.

Métete en tus asuntos.

Tú lo tienes muy fácil, ¿no?

Te lo has montado muy bien.

No sabes lo que es tener una familia a la que puedes destrozar.

Vale, de acuerdo.

No tengo familia, pero sé que mentir no te ayudará.

¿Y por qué no fuiste sincero conmigo

al cambiar los implantes de silicona sin consultarme?

Vale.

Vale, ahí la cagué.

Estás en tu derecho de echármelo en cara toda la vida.

Pero no tiene que ver con tus infidelidades.

No es una infidelidad

pero sí lo es.

Es, más bien, una deslealtad...

a mí.

Mateo, yo no soy perfecto,

pero soy tu amigo.

Por favor,

habla con ellas.

Sí, lo haré. Márchate, pesado.

Ponme otra.

(QUINTERO SUSPIRA) ¿Seguro que quieres tomar otra?

¿No deberías irte a casa ya?

Va, pon la última.

No querrás perder un cliente.

(RÍE) Está bien, lo que tú digas. El cliente manda.

Ahí tienes.

-Sí, recogiendo para salir ya, cariño.

Sí, la ensalada de quinoa con salmón me encanta.

Y a papá, también.

¿Lo has llamado?

Pues insiste.

¿Un albariño? Creo que en el colmado encontraré uno.

Vale, chao.

-En penumbra estás más guapa aún. -Ay, Toni.

¡Qué susto! ¿Qué haces aquí?

-Rescatarte. Y ver si nos podemos tomar algo.

-¿Dónde?

-En un sitio que está muy bien. Podemos cenar y tomar una copita.

Está lejos de aquí.

-Otro día, seguro, pero hoy me viene fatal.

-¿Estabas recogiendo para irte?

-Sí, pero para irme a casa.

Ha sido un día largo, nos han retirado una ayuda

y hemos ido de bólido.

-Pues igual te viene bien despejarte un poquito.

Te prometo que hago que te olvides de todo.

-Toni, me está esperando Paula.

Ha preparado algo especial.

-Vale, no te presiono más.

-Vale, gracias.

-Te acompaño al coche, charlamos y luego me cojo el metro.

-Hoy no soy la mejor compañía.

-Ya. ¡Cuánta excusa hoy!

-Sí, no te lo niego.

Mateo está pasando mala racha

y por eso Paula ha organizado una cena.

-Ya.

Familia que cena unida, se mantiene unida.

Y a mí, que me den por saco.

-Toni, ¿no me estarás montando una escena de celos?

-No, para mí, mejor que seas sincera,

así veo claro que la imagen de matrimonio feliz que me vendes

es mentira.

-Yo no te he vendido nada. -Sí.

-No, Mateo está mal. Quiero estar a su lado.

Me gustaría que el día de mañana, si a mí me pasa, él me apoye.

-El día de mañana.

Joder, eso no me lo esperaba.

-Toni, nunca te he prometido nada.

-Nada es bastante más de lo que me reservas.

(SUSPIRA) -Escúchame, por favor.

Mi familia me necesita, ¿vale?

Solo te pido que si quieres quedar conmigo, me lo digas antes.

(ENFADADO) Pásalo bien.

-Jefe, un tipo pregunta por usted.

-¿Quién es?

-Un tal Tom Gargallo.

Está limpio.

-Que pase.

Tú dirás; yo no te conozco.

-No, pero yo he oído hablar de ti.

Sé que necesitas a un jefe de seguridad.

Quería ofrecerte mis servicios.

(ROJO RÍE)

Y a parte de andar por el mundo como un chulo,

¿qué más sabes hacer?

-Te hago un resumen si quieres.

Trabajé como mercenario en África para varias compañías mineras.

-¡Guau! Impresionante.

Tuve que reprimir revueltas, repeler intentos de saqueo

y cuando alguno se pasaba de listo, dar escarmientos.

En el cuerpo a cuerpo soy eficaz, resolutivo.

-¡Cuánto me alegro!

Suerte.

-No me has entendido.

Soy el hombre que necesitas.

-La confianza la deposito en quien yo escojo.

-En este gremio no existe la confianza;

solo la lealtad y esa solo se consigue con dinero.

-¿Vienes a darme lecciones?

Lárgate de aquí.

-No.

Me quedaré lo que me dé la gana.

Por lo que veo, necesitas un buen jefe de seguridad.

-Échale.

(ROJO RÍE A CARCAJADAS)

-Personalmente, prefiero el cuchillo.

Es más silencioso.

-¿Cómo te llamabas?

-Tom Gargallo.

-Ven mañana y hablamos.

-Está bien.

-Pídele vacaciones a Bremón. -No puedo. Tengo un montón de casos.

No puedo dejar tirada a la gente que trabaja conmigo todos los días.

-Me va a tocar colaborar con vosotros.

-¿Otro caso de bandas?

-No conozco los detalles.

Sí, en Carabanchel llevamos mucho tras su pista.

-Y la gente, ¿qué hace, paga?

-Sí. Normalmente, sin rechistar.

-No lo entiendo.

¿Cuál es el problema, que tenga amigos o que sea asocial?

Las dos cosas juntas no pueden ir.

-Y eso es lo extraño.

A la tutora le sorprende que aunque Carlos va con más amigos

siga estando tan poco comunicativo.

-¿Tú qué crees que es: bullying o maltrato familiar?

-Tengo dudas.

-Lo encuentro distinto: más irascible, más nervioso,

como si estuviera guardándose algo.

¿Qué relación tenéis? (TONI) Profesional.

Es abogada de oficio.

-Quiero saber si puedo acceder al ordenador de su hijo.

(AURA TELÉFONO) Sí, por supuesto.

-Enviaremos a un compañero para que lo recoja.

-¿Cómo va lo del teléfono de ayuda? ¿Lo han cancelado?

-Sí, tía.

Me da pena porque estaba a punto de conseguirlo.

-Lo del centro cívico es un desastre para el barrio.

-Sería lo más efectivo.

Además, es coherente con tu personaje.

Una vez hecho, podrías irte a Alicante.

-Esa mujer creerá que estoy loca. -Hasta que le enseñes el test.

Puedo proporcionarte un abogado.

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Servir y proteger - Capítulo 698

12 feb 2020

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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