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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 691 - ver ahora
Transcripción completa

Ha estado a punto de arruinarme la vida. Menos mal

que le hice caso a mi hermano y pedí el test de paternidad.

Quiero hablar contigo urgentemente.

Voy a falsificar ese test de paternidad.

Y voy a certificar que ese niño que está en camino

lleva la sangre de Mateo Bremón.

-¿Quién te lo dio? ¿No le viste?

-No, estaba de espaldas.

-Me está espiando.

-Habrá que llevar todo esto a Científica

a ver si pueden encontrar alguna huella.

Tu supuesto acosador y Amparo son la misma persona.

-Creo que... que lo mejor va a ser

que no nos veamos en un tiempo. (GRITA)

¿Sara trabajaba hoy en el Moonlight?

¿Por qué? ¿Qué pasa, Claudia?

-Amparo. -¡No me llames así!

Yo ahora soy Sara Barrios, ¿vale? Y tú, tú no eres nadie.

(Móvil)

Sara, ¿eres tú? -"Vale, ahora."

Las dos caras de Sara.

-¡Avisa a Miralles!

-Este sobrecito lo he preparado yo. Es marihuana.

-Es la tía que le vendió la marihuana a mi vieja.

(GRITA) -¿Dónde está?

¿Dónde tienes la marihuana?

-Me robaron una caja que tenía...

dos kilos de marihuana.

Esto es solo un aviso. Me entregó los dos kilos de maría

a cuenta y ahora quiere su dinero.

-¡Traidora!

¡Alto! ¡No te muevas!

(Música emocionante)

Mamá.

-¿Qué? -¿Qué haces? ¿Adónde vas?

-Iba a ponerme un vaso de agua. No quería despertarte.

-Vete a la cama. Ya te la paso yo.

-Pero, cariño, sigue durmiendo.

Habrás dormido fatal en ese sillón tan duro.

-No te preocupes por mí que he dormido en sitios peores.

Antes de sacar la plaza en el equipo de comunicación,

me tocó chuparme muchas guardias.

A ver. Toma.

-Gracias. -¿Te sigue doliendo mucho?

-Sí.

Pero menos que ayer.

Con una sesión de reiki ya está.

-Ya bueno. Y con un chute de analgésicos también.

Espero que venga pronto el médico.

-Laruqui, seguro que hoy me van a dar el alta.

¿Por qué no te vas a casa?

Te duchas, te aireas un poquito.

Yo te llamo cuando me suelten, ¿vale?

-No, voy a quedarme aquí.

-Si ya te has quedado toda la noche.

Y yo estoy bien, de verdad.

No hace falta que te quedes aquí

esperando por mí, de verdad.

-Eres incorregible, ¿eh?

-¿Qué?

¿Ahora qué he hecho?

-Dime que no estás pensando en largarte de aquí y desaparecer.

Toda la vida igual.

¿Esa es tu manera de solucionar los problemas?

¿Salir corriendo?

-¿Ya empiezas con los reproches?

Qué raro. ¿Ya empiezas con los reproches?

-Bueno, vale.

Dime que me estoy equivocando.

Que por una vez en tu vida te vas a enfrentar a tus problemas.

Mamá, estás en un lío muy gordo. Dime cuál es el plan.

-Me estás cargando de energía negativa.

Vete un ratito a la cafetería, anda.

-Que no me voy a ir a la cafetería ni a ningún lado.

Unos narcos han encargado darte una paliza.

No me pienso mover de aquí hasta que arreglemos esto.

-¿Cómo se arregla? Dime, ¿cómo lo hacemos?

Lo he pensado toda la noche. No hay otra.

Tengo que irme de aquí. Desaparecer un tiempo.

No tengo dinero para pagarle a ese tío.

-Ese tío es un delincuente.

Igual que los chavales que entraron en casa a darte el palo.

Así que vamos a hacer las cosas a mí manera.

Tienes que denunciar.

Por una vez en tu vida,

vas a tener que confiar en la policía, ¿vale?

Venga, acuéstate.

Estate tranquila, por favor.

-¿Quieres que cambiemos algo? Estamos a tiempo.

-No, no. Está todo bien.

Es lo que pasó.

-¿Todo bien, Sara?

-Sí, solo que...

Ahora que lo leo me doy cuenta del peligro que pasé ayer

y me está dando más miedo leerlo que cuando lo viví.

-Es normal.

Cuando tu vida está en juego, se dispara la adrenalina

y tomas decisiones en milésimas de segundos.

Luego cuando tienes tiempo para pensarlo

es aterrador, pero es una fase.

-Sara, estás haciendo lo correcto poniendo la denuncia.

Afortunadamente ya ha pasado todo y estás fuera de peligro.

-Solo quiero pasar página y que esta locura acabe cuanto antes.

-Date tiempo.

Ahora lo que necesitas es asimilarlo.

-Y descansar. Voy a tramitar la denuncia.

Cuanto antes pase a disposición judicial, mucho mejor.

Anímate.

-Oye, ¿qué va a pasar ahora con Amparo?

-Pues eso lo decidirá un juez. -¿Cómo que un juez?

Esa chica está mal de la cabeza.

Completamente desequilibrada.

Ningún juez debería dejarla en la calle.

-Evidentemente, necesita atención psiquiátrica.

Supongo que la internarán.

-¿Y si no? ¿Qué podría pasar? -Lo mínimo es que le impondrán

una orden de alejamiento y nosotras nos ocuparemos

de que se cumpla. No te preocupes.

-No quiero volver a verla en mi vida.

-Tienes que hacerte a la idea de que, al menos,

una vez más la verás en el juicio.

Tienes que testificar.

-Madre mía. Qué pesadilla.

-Bueno, no te preocupes.

Que aún falta mucho para eso.

Ahora tienes que relajarte.

Tienes que concentrarte en digerir lo que te ha pasado.

-Necesito volver a mi rutina

y pensar en otras cosas. A ver si de esa manera

puedo quitarme lo que pasó de la cabeza

porque no entiendo cómo he podido llegar a esta situación.

No sé cómo he podido confiar así en Amparo.

-Sara, tranquilízate. No te martirices más.

Lo que te ha ocurrido le podría haber pasado a cualquiera.

-Y tú has sido muy valiente.

-No. Tuve suerte.

Si llegáis a aparecer un minuto más tarde,

me hubiera clavado ese cuchillo.

-Pero eso no ocurrió. Y no fue por suerte.

Fue porque tú supiste mantener la cabeza fría,

seguirle la corriente y pedir ayuda.

Eres una heroína.

-Pues yo no me siento así.

-Quizá no estaría de más que te viera un médico.

-Si estoy bien. -Sí, Sara. Estás bien.

Pero todos nos quedaríamos más tranquilos si tuviésemos

la opinión de un profesional.

¿Tú también? ¿No te parece?

-Perdonad un momento.

Dime, Lara. ¿Cómo está tu madre?

-"Bien, pero tenemos un problema."

-¿Qué pasa?

-"¿Puedes venir al hospital? Prefiero contártelo en persona.

Es algo complicado."

-Claro, ahora voy en el descanso.

-Espe, si no necesitáis a Sara para nada más,

¿te parece que la acompañe a su casa para que pueda descansar?

-Claro. -¿Sí?

Voy saliendo a por el coche.

-Yo te acompaño que tengo que salir.

¿Al final vas a ir al médico?

-Qué remedio. Si no mi jefe no me deja volver a trabajar.

(Puerta)

Adelante.

-Hola, Andrés. -Verónica. Qué alegría.

-Venía buscando a Mateo, pero Celia me dijo que no está.

¿Sabes dónde ha ido? -No le he visto en toda la mañana.

Pensé que estaría en casa.

Anoche... anoche fue muy durito.

-También lo fue para ti y aquí estás.

-Sí, bueno, ¿qué quieres decir?

-Cuéntame la verdad. ¿Qué pasó anoche?

-No es un secreto. ¿No te lo contó Mateo?

-Sí. Pero te estoy pidiendo que me lo cuentes tú.

-Tú estarás pensando cosas raras.

Vale, vale, vale.

Yo te lo cuento.

Anoche llamó una paciente que había un problema

con una de sus prótesis, pensaba que se le había roto.

-Déjame adivinar.

Eran de esa marca barata.

-Sí.

Lo reconozco.

Pero le hicimos infinidad de pruebas

y al final era simplemente solo una fisura.

-¿Solo?

¿Nos va a demandar, Andrés? -No, no va a poner ninguna demanda.

Era una de esas pacientes en lista de espera

para cambiarle las prótesis pakistaníes.

Tuvimos que tranquilizarla, adelantar la cita

y prometerle que le vamos a poner una talla más.

Se fue tan contenta.

-Vale.

Perdona, pero es que anoche cuando...

cuando Mateo se fue corriendo pues me quedé preocupada.

Y esta mañana se ha ido antes de que sonara el despertador.

Pensaba que algo había salido mal.

-Estará dando un paseo.

Aireándose.

Esta noche la habrá pasado en blanco.

Anoche nos pegamos un buen susto de verdad.

Tuvimos que hacer muchas pruebas. Acabamos a las tantas.

Ya no tenemos 20 años. El cuerpo se resiente.

-Eso mismo me preocupa.

Últimamente veo a Mateo muy estresado.

Deberíais bajar el ritmo.

-Lo haremos en cuanto podamos,

ahora no podemos contratar más gente.

Y tampoco podemos reducir el ritmo de las intervenciones.

No salen las cuentas.

-Te estoy escuchando y me parece oír a Mateo.

-Es la verdad.

¿Qué otra cosa quieres que te diga?

-Bueno, vale, me voy.

-¿Le digo que has venido?

-Lo harás igualmente.

Hasta luego.

(RESOPLA) -Con razón no querías hablar del tema anoche.

O sea, ¿en serio metiste un alijo de dos kilos de droga

en nuestra casa, la casa de dos policías?

Pero ¿cómo se te ocurre? -Yo no pensé.

No pensé que podía pasar una cosa así.

-No, no pensaste que dos quinquis pudieran dar el palo

en nuestra casa, y a punta de navaja.

-Juro que no me entra en la cabeza cómo pasó.

Te juro que no me entra.

Y lo que no sé...

es que, es cómo sabían

que tenía la hierba en la casa.

Y ahora, yo le debo una pasta al tío que me fio.

-¿Y tú sabes quién es? ¿Puedes localizarlo?

-Eh, sí. Se hace llamar Galgo, es de mediana edad,

complexión atlética y español. -Sí.

-¿Y cómo te pusiste en contacto con él?

-Pues preguntando a unos chavales.

Me dijeron que mirara por los billares.

-A los billares de Cartago.

Y al parecer, un par de horas más tarde, el tal Galgo

la llamó para ofrecer el material.

-Si tienes suerte de que solo te duelan las costillas.

-Espe, yo, yo quería que lo supieras antes de contárselo todo a Miralles.

-Ostras, Miralles. Madre mía.

Va a alucinar cuando se entere. Han dado un vuelco en nuestra casa.

-¿Un vuelco? ¿Qué es un vuelco?

-Un vuelco es cuando un narco le roba la droga a otro.

Es un negocio muy bueno porque no suele haber denuncias.

Eso sí, las ganancias son muy violentas.

-Pero yo no soy narcotraficante.

Yo soy naturópata.

-Bueno, mamá, sea lo que sea,

tienes que denunciar. No te queda otra.

Además, si colaboras, el juez lo considerará

un eximente.

Espero que con un poco de suerte no te impongan pena de cárcel.

Y de ser así, que sea inferior a un año.

-¿Cómo me van a meter en la cárcel

por llevar una bolsa de maría?

Si, si fumar cánnabis

no es delito.

-No, es que no estamos hablando

de autoconsumo. No tenías dos macetitas en casa.

Es que compraste dos kilos de marihuana

para venderla a terceros. Entre otros, a una señora

que no había consumido droga en su vida.

-Para uso medicinal, ¿eh?

Pero no se la vendí.

Le regalé una muestra

para aliviarle el dolor que tenía.

No me digas que eso es un delito. -¿En serio, mamá?

¿En serio vas a fingir que esto te pilla de nuevas?

-Ya.

Vivimos en un estado policial

y tú eres la primera.

-Pues si alguien te puede salvar el culo, soy yo.

¡Así que no me toques las narices! -Bueno, ya está bien.

No discutáis, no sirve para nada.

Lo importante es que iniciemos la investigación ya.

Que localicemos al tipo que te vendió la droga.

-Es verdad,

vete yendo a la comisaría, y en cuanto nos den el alta

vamos para allá y empezamos a tramitar la denuncia.

-¿Puedes ir redactándola? -Sí.

Ahora mismo me pongo a ello.

(Móvil)

Oh, Espe.

Que lo siento.

-Va. Si tú no has hecho nada.

Hasta luego.

(SUSPIRA)

-A ver. Dame las gotas.

¿Qué le has dicho a Verónica?

Buenos días a ti también. Perdona, es que estoy atacado.

Celia me acaba de decir que ha estado aquí preguntando por mí.

Ah, ¿y te extraña?

¿Cómo se te ocurre marcharte de casa antes de que se levantase de la cama?

No podía dormir.

Así que me he dado una ducha

y me he echado a la calle.

He estado dos horas paseando. 11 347 pasos según mi móvil.

Muy bien, pues cuéntaselo a Verónica

porque está muy, muy, muy mosqueada.

¿No te das cuenta de que eso que has hecho es muy sospechoso?

¿Y qué quieres que haga?

Me he pasado toda la noche inventando excusas para decirle,

pero no sé, no me veo capaz de mentirle ya.

Pues antes lo hacías con una naturalidad...

Bueno, pues ahora ya no.

Además que esto no es una aventura de una sola noche,

esto es un hijo, joder, esto es algo para toda la vida.

Mateo,

cálmate, ¿vale? Vamos por partes.

Verónica, le he contado una historia de una paciente

que pensaba que se le había roto una prótesis,

le dije que le hicimos las pruebas pertinentes

y que solo tenía una fisura.

No va a poner ninguna denuncia, punto.

¿Lo ves? Sabía que iba a comprobar la coartada,

por eso no puedo mentirle ya.

Sal de todo eso, Mateo.

Hazte esa prueba de paternidad cuanto antes.

Verónica está muy preocupada por ti, te ve muy agobiado

y cree que es por el exceso de intervenciones.

Ojalá fuera eso.

No puedo más, tengo que acabar con esto ya,

voy a buscar una clínica para hacerme esa prueba,

hoy mismo a ser posible.

Entras en quirófano en media hora y hoy tienes la agenda repleta.

Ya, para variar.

Vamos a hacer una cosa,

yo me encargo.

Voy a hacer unas llamadas a ver si encuentro una clínica

donde podáis ir Malena y tú hoy o a más tardar, mañana, ¿vale?

No sé qué haría sin ti.

Ahora lo que tienes que hacer es olvidarte de Malena, de su hijo

y de todo lo demás Y céntrate en el trabajo.

Gracias.

¿Qué haces aquí? Ya te dije que no.

-Si hiciera caso cada vez que me dicen que no,

nunca hubiera llegado hasta aquí.

-No estoy en venta.

-Te doblo la oferta.

-Aunque me dobles la oferta, no quiero tu dinero.

-Con todo lo que has viajado por el mundo,

pensé que serías más abierto de miras.

Piensa en todo lo que podrías ayudar con ese dinero,

puedes invertirlo en echar un cable

a los pobres desgraciados que vienen por aquí.

-Yo aquí solo veo un desgraciado.

-Manda huevos.

O sea que en esta habitación, yo soy el malo y tú eres el bueno.

Lo que se iban a reír en aquella aldea de África, ¿eh?

Si ven que ahora vas así de santo.

¿Cómo se llamaba?

Me habían dicho el nombre, pero no me acuerdo.

Eso es... deja ver tu verdadera cara.

Necesitas la violencia, está en tu naturaleza.

-No pienso caer en tus provocaciones, lárgate.

-Mejor para todos.

Abre los ojos y aprovecha esas...

cualidades que tienes, trabajando para mí.

Así los dos saldremos ganando.

-Si lo que piensas es que voy a ir dando palizas por ahí

porque tú me lo ordenes...

Eso no va a ocurrir.

-Ya lo has hecho, tumbaste a tres de los míos.

-Y lo volvería a repetir para ayudar a Evelyn

o cualquier otra mujer que estuviera explotada.

-Qué majo, que hasta se sabe el nombre.

¿También recuerdas...

el nombre de todas las familias que mataste en África?

¿Eh?

Vas a tener que ayudar a mucha gente para compensar todo aquello.

-Buenos días.

-Buenos días, Vero.

-Dale una vuelta a la oferta.

-¿Quién era? No me suena haberlo visto por aquí.

-Se llama Ramón Rojo,

es un chulo de Distrito Sur, un proxeneta.

La policía está detrás de él, pero de momento

no han conseguido incriminarle en nada.

-¿Y de qué oferta hablaba?

-Quería ofrecer una especie de donativo

para comprar la equipación del equipo de fútbol.

-Ah.

-Le he dicho que no, que no queremos su dinero.

En realidad lo único que pretende

es limpiar un poco su imagen de cara a la gente.

-Entonces has hecho bien.

-Lara, aún estamos a tiempo, Espe es tu amiga,

si se lo pides, no dirá nada.

-Mamá, no voy a pedirle que encubra un delito

por salvarte el culo, ¿vale?

Y yo tampoco pienso hacerlo. -Pues muy bien, entra tú ahí sola,

denuncia a tu madre, porque conmigo no cuentes.

-Mamá, deja de portarte como una niña, por favor.

Vamos a entrar en comisaría y vas a firmar la denuncia,

es la única manera que tengo de ayudarte a salir de este lío,

¿lo entiendes? -No, no me gustan las comisarías.

-Ya, ni tampoco los hospitales, pero ya ves que son muy necesarios.

-Sí, sí. -La próxima vez,

te lo piensas dos veces antes de hacerlo.

Venga, va. -Esa frase, ¿qué pasa?

¿Os la enseñan en la academia?

Porque la pasma siempre la decía.

Cuando por las mañanas me despertaba en el calabozo,

siempre la misma canción. -¿Me estás vacilando?

Era yo la que te sacaba del calabozo, mamá, y era una niña.

Y si hubieras seguido el consejo, igual te iba mejor.

(GRITA) -¿Qué pasa ahora?

-Cariño, son ellos.

Son ellos, los que me robaron en casa.

Cariño, ¿no vas a por ellos?

-No, mamá, no,

hacerlo sola y de forma precipitada, puede ser peligroso para mí.

-Perdóname, lo siento,

es que me he puesto tan nerviosa al reconocerlos

que no he pensado que te podían hacer daño,

pero son tres contra una. -Bueno, tú tranquila, ¿vale?

Me he quedado con sus caras y los vamos a pillar, te lo aseguro.

Y además, no deben ser muy listos

porque quedarse aquí de palique en frente de la comisaría...

-Ya, cariño, pero me han visto aquí contigo

y claro, saben que voy a denunciarlos.

A lo mejor ahora van a ir a por mí.

-No, no, tranquila, no te preocupes.

A ver, piensa, ¿tú sabrías decirme cuál de ellos te sacó la navaja?

-Sí, sí, sí. -¿Sí?

-Uno que llevaba capucha, con...

-Sí. -El de la sudadera con la capucha.

-Vale, pues vamos a ver si está fichado, venga.

-¿Sí? -Sí, vamos, venga.

-Ay, tengo miedo.

¿Algún problema?

Yo creo que su hija ha redactado la denuncia con todo detalle.

Sí, no es eso, no es eso, pero que...

¿No se podría hacer más hincapié

en que la marihuana era solo para uso medicinal?

Verá, Julia, hasta donde yo sé,

usted no tiene el título de medicina

ni está facultada para recetar nada a nadie.

Bueno, yo soy experta en medicina natural y alternativa.

-Mamá, eso no existe,

eso podrías hasta imprimirte el título en casa.

Además usted no fue a buscar una planta legal,

con un porcentaje menor de 0,2 de THC, no,

usted fue a buscar un camello en el barrio

que le vendiera dos kilos de la sustancia estupefaciente.

Y luego se dedicó a vender esa marihuana a sus clientes.

Bueno, yo prefiero llamarles pacientes, digáis lo que digáis.

Y yo solo cobraba la consulta, de verdad,

la marihuana la daba gratis a la gente que lo necesitaba,

con dolores.

-Ya, pero mira, un juez puede considerar con mucho criterio

que generar la necesidad de marihuana en la gente

es una forma de asegurarte la clientela.

-Ya... la morfina es mucho más adictiva.

Está demostrado que la marihuana

ayuda a los enfermos con dolor crónico

y es menos dañina que tanto fármaco de esto legal.

Lo que pasa es que, claro,

frente a los intereses de las grandes farmacias,

los pobres enfermos no tienen nada que hacer

porque esta vida es muy injusta.

-Mamá. -¿Qué?

-Esos argumentos se lo dejas al juez mejor, ¿vale?

-¿Qué me va a pasar?

Yo solo lo hacía para ayudar a esa pobre gente.

¿Voy a ir por esto a la cárcel?

Mi guía espiritual me dijo

que si no cobraba, pues no pasaba nada.

Bueno, el hecho de que no cobrara la marihuana se puede considerar

un atenuante en el delito de tráfico de estupefacientes.

Y si usted nos ayuda

a encontrar al traficante que le vendió esa droga,

pues también pesará a su favor en el juicio.

Verá, nosotros tenemos en este distrito

un problema muy grave con el cannabis.

Así que, ¿usted va a colaborar?

Pues... estoy aquí, ¿no? ¿Qué tengo que hacer?

Pues para empezar, firmar esa denuncia.

(SUSPIRA)

Firmada.

Muy bien, muchas gracias.

Ahora me gustaría que acompañara a su hija

a revisar las fichas de los delincuentes que tenemos

por tráfico de drogas.

Nos interesa, desde luego, encontrar al chico

que le robó los dos kilos de marihuana,

pero, sobre todo, nos interesa que identifique al galgo,

a la persona que se lo vendió.

¿Tiene usted alguna manera de entrar en contacto con él?

Es él el que se pone en contacto con ella,

siempre desde un número oculto.

Probablemente utilice tarjetas prepago,

de todas formas, no estaría de más que lo revisara Ángela, ¿de acuerdo?

Bueno, pues muchas gracias. Ya me puedo ir a casa, ¿no?

Sí, en cuanto miren las fichas,

pero siempre acompañada de su hija.

Es por su seguridad, mientras el traficante

quiera cobrarse la deuda, no es seguro para usted.

Muy bien. -Venga, vamos.

Gracias, Claudia.

(Móvil)

¿Es el mío?

-¿Es él? -Ay.

Ay, ¿qué hago?

-Cógelo. Sí, cójalo y esté tranquila,

es muy importante que le diga que está reuniendo el dinero.

Sí.

¿Sí? Soy yo, sí.

No se preocupe que estoy reuniendo el dinero.

Sí, todo, todo.

Lo tendré... pues en unos días.

Muy bien.

No se preocupe, que no se me olvida, tranquilo.

Dice que la próxima vez me romperá las piernas.

Bueno, eso no va a pasar.

Llévale el teléfono a Ángela,

vamos a intentar geolocalizar la llamada

y también que revise a ver si donde la agredieron,

había cámaras de seguridad. Vale, muy bien.

Tú no te preocupes, que lo has hecho muy bien.

-Gracias.

Gracias. -Gracias, Claudia.

Ya verás que vamos a pillar a ese desgraciado, ¿eh?

No te preocupes. -Estoy muy asustada.

-Hola, corazón.

¿Estás muy liada?

-Pues ya ves que no, ¿qué te pongo?

-Pues ahora mismo nada, que voy con prisa.

Es que si paso por delante del bar, tengo que entrar a verte.

-Pues ya me has visto.

-Echo de menos hablar contigo, nuestras conversaciones de antes.

-¿Nuestras conversaciones de antes?

Ya, pero ¿cuáles? Las...

¿Las de antes de que me apuntaras con una pistola en la cabeza?

-Paty, dime dónde te gustaría que te llevara y te llevo.

Al cine, al teatro, a cenar, como si quieres a una ópera.

-Que no quiero ir a ninguna parte contigo.

Solo quiero que me dejes en paz, tío.

-Es que te tengo metida en la cabeza y ya no sé qué hacer.

Dame una oportunidad.

Deja que te lleve lejos de aquí

donde podamos ser nosotros mismos y empezar de cero.

-Mira, te prometí que iba a mantener la boca cerrada y lo he hecho,

no le he dicho nada a nadie,

pero lo que no me puedes pedir es que empecemos de cero.

-No seas tan cabezota. -No, no es ser cabezota,

es que te recuerdo que un día sí que me llevaste a un sitio superbonito,

un bosque precioso,

lo que pasa es que fui metida en un maletero.

Y ahora te pregunto: ¿cómo pretendes que yo pueda olvidar eso?

¿Cómo lo hago?

-Vale, te voy a dar...

más espacio porque veo que no estás preparada, pero...

pero piénsalo, ¿vale?

-Bueno, nena, no sabes la sorpresa que me han dado en el mercado,

-¿Qué sorpresa?

-Pues que han hecho una colecta entre todos

y me han comprado un jamón de bellota.

Para la boda, para el convite.

-Qué detallazo, ¿no?

Cómo se nota que eres clienta VIP.

-La verdad es que qué gusto da ir a comprar a un sitio

donde te tratan como a una amiga.

Y que de verdad se alegran cuando te pasan cosas buenas.

-Te lo mereces, Mari.

-Fíjate que hasta Floren se ha ofrecido a venir

a cortar él el jamón a la boda.

Tiene premio de cortador de jamón y todo.

-O sea que se ha autoinvitado a la boda, así por toda la cara, ¿no?

-Por toda la cara no, por un jamón de esos de bellota,

yo por mí, como si se viene la pescadera

con una caja de langostas y se autoinvita también.

¿Y a ti que te pasa, que tienes esa carica?

-¿A mí? Nada, estoy como siempre.

Enséñame lo que has comprado para el menú.

-Pues me he venido arriba.

Quería ser agradecida con todo el mundo

y me he pasado comprando, a ver ahora qué congelamos.

¿El pescado? Vamos a congelar el pescado.

(Puerta)

Adelante.

Hombre,

qué sorpresa.

Ramón Rojo en persona, ¿qué se le ofrece?

Pues no sabía si tenía que pedir cita previa como en el médico,

no sé muy bien cómo funciona esto.

Pase y siéntese.

Quédate ahí esperando, por favor.

Dígame qué quiere.

¿No va a ofrecerme un café ni nada?

Yo le ofrecería encantada un menú completo

cuando le tenga en el calabozo detenido.

Así que usted dirá.

Pues mire, ya que saca el tema,

me gustaría que usted y su gente

dejasen de tratarme como a un criminal,

ya está bien de insultarme, de amenazarme.

Si quiere presentar una queja formal,

no tengo ningún inconveniente, está usted en su derecho.

¿Ve? Me conformo con eso.

Con que se me trate con respeto. Ya pagué mis deudas con la justicia

y solo quiero vivir tranquilo.

Sin que los vecinos me miren mal porque ustedes me señalen.

Pues si quiere vivir tranquilo,

compórtese como el ciudadano honrado que dice ser.

Y ya verá qué rápido nos olvidamos de usted.

Bastante trabajo tenemos ya.

Ya veo que no aparcará sus prejuicios contra mí así como así.

Para que vea que no soy rencoroso, tendré un gesto de buena voluntad.

Un gesto de buena voluntad.

¿Qué gesto? Vengo a denunciar

a un chaval que intentó colocarme dos kilos de marihuana.

No sé por qué pensó que yo querría comprarlos.

Imagino que será por la buena fama que tengo.

¿Dos kilos ha dicho?

No llegué a verlos, pero fue lo que me dijo.

Ya, ¿y podría identificar al chaval?

Se llamaba Jorge... Jorge Miranda.

Jorque López Miranda.

Va de Pablo Escobar, pero no duraría ni 15 minutos en la cárcel.

Ya, ¿y me puede dar algún dato más de él?

Pensé que con el nombre sería suficiente.

Si quiere lo busco y lo traigo de la oreja.

No. Muchas gracias.

Seguro que no le costaría trabajo, pero ya lo haremos nosotros.

Le agradezco su colaboración, pero le voy a hacer una pregunta:

¿por qué se ha decidido a denunciar ahora

y no en ese momento?

Soy un hombre muy ocupado. He venido tan pronto he podido.

Ya.

Muy ocupado.

¿Eso quiere decir que tal vez ha encontrado trabajo ya?

No, quiere decir que estoy muy ocupado buscándolo.

Ya, por supuesto.

(EXHALA)

Gómez, por favor, acompañe al señor a poner una denuncia formal.

Es un honrado ciudadano que va a colaborar con la policía.

¿Tengo que volver a contarlo?

No se preocupe, serán solo dos minutos.

Ah.

E... invítale a un cafetito.

Muchas gracias, inspectora.

Ese era Ramón Rojo, ¿no?

El mismo.

Ha venido a denunciar a un camello de tres al cuarto.

¿Cómo se te queda el cuerpo?

¿Algún rival que se quiere quitar de en medio?

Hombre, no creo que Rojo nos necesite a nosotros

para vengarse de alguien así. No sé.

Más bien creo que quiere limpiar su imagen. Mira.

Me ha dado un discurso de ciudadano honrado

que me han dado ganas de vomitar.

¿Y exactamente qué ha venido a denunciar?

Pues que un chaval

le ofreció el otro día

un alijo de dos kilos de marihuana.

¿Marihuana otra vez?

Parece que es la droga de moda en el barrio últimamente, ¿no?

Pues sí, y que precisamente sean dos kilos

es una curiosa coincidencia.

¿Sabes una cosa?

Me da la impresión de que esta denuncia de Rojo

nos puede ayudar a resolver un vuelco que tenemos entre manos.

Ponme al día. Siéntate, que vas a alucinar.

Toma.

-A ver.

-A ver, ¿vas tú, voy yo, o cómo hacemos esto?

-Es que no sé qué poner. Toma, empieza tú.

-Pues muy bien. Dale tú, así, rapidito.

-A ver, a ver, a ver. Déjame ver.

-¡A ver, cotilla! -Venga, hombre, quiero inspirarme.

"Ojalá un día encuentre un amor como el vuestro".

(RÍE) Bueno, cuando quieres eres un romanticón, ¿eh?

-¿Qué pasa? Es una tarjeta de boda, se ponen estas cosas.

Venga, va.

-Pauli, es tu turno,

que va a llegar Elías en cualquier momento. Inspírate.

-Ay, con presión... Complicado, ¿eh?

-Yo qué sé, pon cualquiera de esas cosas

que uno pone en las tarjetas de este tipo.

"Felicidades". "Que os vaya muy bien". "Mucho amor".

-Si no, usas la técnica de Merinero.

Mira, ¿qué pone aquí?

-Pues no sé, no entiendo lo que pone.

Porque la letra suya no la entiende ni él.

Da igual lo que ponga.

-Eso es verdad, es una tarjeta de compañeros

y siempre tiene que haber el típico jeroglífico de Merinero.

-Bueno, venga. Dejadme, que me concentro.

-Que, por cierto, vamos a poner cinco euros para el detallito, ¿vale?

-¿Solo?

-Sí, bueno...

A ver, esto es solo un detalle entre todos.

Luego cada quien se gasta lo que quiere en el regalo.

-A ver qué compra cada uno, porque cada vez que recaudamos

cinco pavos, se lía parda.

-¡Buenas!

-Hola, ¿qué tal?

-¿Qué hacéis? ¿Qué escondéis ahí?

-¿Eh? -Nada.

-Pero si eso es un tarjetón.

-No seas aguafiestas, ya lo verás el día de tu boda.

-No seré yo quien rompa las tradiciones.

-¿Tradición? Elías, ¿qué tradición?

-¿Qué pasa, te han mandado a ti hacer la tarjeta?

-¡Venga! -Venga...

-¿Tarjeta? ¿Qué tarjeta? Mira, no tengo nada.

-Oye, tampoco dejes que te hagan mucho lío con todo esto.

Y de los regalos... De regalo y eso, olvídate.

Que esto en vez de una boda va a parecer una cabalgata de Reyes.

-¿Te estás poniendo nervioso?

¿Te está entrando el "yuyu"? -No, hombre, ¿qué dices? Yo...

Un poco, la verdad.

-Anda, no fastidies.

-No es por María, estoy deseando estar con ella y casarme con ella.

Pero es que todo este lío del festín, del guateque...

No sé, me tiene... Me tiene estresado.

Me da la sensación de que estoy molestando a la gente.

No estás molestando. Nos estamos muriendo de ganas

por celebrarlo con vosotros.

No lo dirás por mi hijo.

-¿Por qué, qué ha pasado?

-No sé, anoche no me quería coger el teléfono.

-¿Y eso por qué, habéis discutido?

-No, pero noto que no tiene ganas de hablar,

que está muy estresado con el trabajo, con muchos líos.

Para mí que me esconde algo. -Que no.

Ya sabes cómo es. Te explicará qué le ha pasado cuando esté aquí.

Por cierto, ¿cuándo viene?

-Se supone que viene mañana, si encuentra billete

que será un milagro.

¿Qué? -Nada.

Es que te veo de los nervios y me das una ternura...

-La verdad es que estoy un poco...

Pero no hace falta que hagas publicidad por ahí.

Que yo tengo mi dignidad. -Vale.

Ya verás que será un gran día. -Pues venga.

Vamos a dejar de hablar de esto y a trabajar un poco.

Ah, no que lo tengo... Venga, vámonos.

-Venga. Hala, vamos. -Vamos.

-Tira, vamos.

-¿Tuviste que cantar con ella a dúo a punta de navaja?

-Sí. Mientras lo grababa todo con el móvil.

-¿Cuánto tiempo te tuvo retenida?

-Pues...

No sé, creo que no llegó a una hora, pero...

A mí se me hizo eterno. -No me extraña, menuda situación.

Bueno, voy a tomarte la tensión.

-Oye y...

¿Y tu mujer no te dijo nada?

-No, no me contó los detalles, no.

Me dijo que hizo una intervención en el Moonlight, pero...

Llamó nuestra hija y se cruzó la conversación.

No me contó los detalles.

-Claro. Bueno, es normal, ¿no? Porque ella...

Al final, pues...

Tendrá que ver muchas situaciones así o incluso peores.

-Guarda silencio un momento.

(SUSPIRA)

(Pitido)

Ya está.

Tienes la tensión un poco alta, me lo imaginaba.

¿Qué tal dormiste esta noche?

(SUSPIRA) -Bueno, pues, a ratos.

Es que volvía a revivirlo y me despertaba enseguida.

-Lógico, después de la situación de estrés que viviste.

Te daré unos calmantes. Tomas una pastilla cada ocho horas

y dos antes de dormir.

-Vale, pero eso no...

no me va a dejar zombi durante todo el día, ¿no?

-No, no te preocupes.

Son muy suaves.

Nos vemos dentro de una semana, ¿de acuerdo?

Eres muy joven

para tener que andar tomando pastillas para dormir.

-Soy joven, pero...

podría haber muerto ayer.

-Llora, si quieres. Te vendrá bien.

-No, no, si estoy bien.

-¿Seguro?

(ASIENTE)

-Vamos soltando las cosas poco a poco, ¿no?

Vemos dentro de una semana y si todavía sigues bloqueada,

pues te puedo remitir a un psicólogo.

-Muchas gracias, doctor, pero no... necesito ningún psicólogo.

-Vale.

-¿Sabe?

Amparo llevaba dos años con depresión.

Y la estaba viendo un psicólogo.

¿Y sabe de qué sirvió?

De nada.

-Está muy bien que estés enfadada y sueltes toda esa rabia,

pero el caso de Amparo es muy claro.

De una persona que tiene un trastorno de personalidad muy grave.

-Ya, y no ha sido capaz de verlo ni un psicólogo, ni un psiquiatra,

ni nadie.

-Esas personas tienen facilidad para manipular a los demás.

Seguro que iba a su psiquiatra con la lección bien aprendida.

-Sí, sí. Vamos, a mí me engañó pero bien.

Es que...

Es que no parecía que fuera una persona con depresión.

Además, conmigo hizo justo lo contrario.

Me animó a que siguiera luchando por la música.

-Quería ser como tú.

-Sí, pero yo soy invisible en el mundo de la música.

O sea, ¿por qué yo?

-Mala suerte, supongo.

Saldrás reforzada de esta situación, ya verás.

-No sé, me siento vulnerable.

Pienso que cualquiera me puede sacar una navaja por la calle

y me puede matar en cualquier momento.

-¿Quieres que te dé la baja de una vez?

-No, no, no.

Que estar en casa me volvería más loca.

-¿Seguro? -Sí.

-Si cambias de opinión, ven cuando quieras,

incluso antes de una semana.

-Vale. -Cuídate.

-Gracias.

Adiós.

-Bueno, ¿entonces estás seguro al 100%?

-Sí, sí. Lo único que nos ha dicho es que seamos puntuales,

porque tiene que inaugurar después un edificio. Yo qué sé. Sí.

-Pues entonces visto también lo del concejal.

-A ver, ¿qué más?

-Las flores. -Eso ya estaba, ¿no?

-No, no estaba. Estamos entre lirios o algo más provenzal.

-¿Qué es más provenzal?

-Pues más provenzal, Elías, más provenzal.

Más... flores naturales, cosas así más...

-Pues venga, provenzal, una cosa menos.

-¿Sí? Qué gusto ponerse de acuerdo tan rápido.

-Pues sí porque hemos discutido con lo de la boda

desde que nos conocemos.

-¿Te das cuenta de que en cuatro días estaremos casados?

-Se me van a hacer eternos.

Ay...

(Puerta)

¡Está cerrado!

-¡Soy yo!

-¡Isra!

-¡Sorpresa! -¡Bueno...!

Ay.

Pasa.

-Pero bueno, ¿tú qué haces aquí, y tan pronto?

¿No tenías que trabajar?

-Ya, pero después de hablar contigo anoche

me puse las pilas con los bocetos.

-Te dije que lo ibas a hacer sentir culpable.

-Si solo le dije la verdad, que me gustaría tenerle a mi lado

en estos momentos tan duros antes de la boda.

-Me alegro de que lo dijeras. Me di cuenta de que tenía ganas

de estar contigo y contigo.

Y me vine corriendo a Madrid. -Qué alegría me has dado.

-Oye, ¿has comido? ¿Te preparo algo?

-Comí algo en el avión, pero sí.

-Venga, voy a ver qué te busco por ahí dentro. Sentaos.

-Bueno...

Ay... Es la lista de... Oye, ¿a ti qué te pasa?

Me dejaste preocupado anoche.

-Perdóname, estuve un poco borde.

Me pongo nervioso con las fechas de entrega.

Pero ya me lo quité de encima.

-¿Seguro? ¿No has discutido con Armand?

-¿De dónde sacas eso? -¿Por qué no ha venido contigo?

-Tenía cosas que hacer. Gestiones.

Pero vendrá para la ceremonia, no se la va a perder.

-¿Seguro que es eso? ¿Estáis bien?

-Que sí. -Bueno.

¿Qué gestiones son esas?

-No sé, cosas, papeleos. Lo importante ahora es tu boda.

-Qué chorrada. No se cae el mundo porque me case. ¿Qué os pasa?

-¿No pararás de preguntar hasta que lo cuente?

-No.

-Tenemos problemas con la adopción.

Es una batalla burocrática constante. No te lo puedes imaginar.

-Pero si tenéis todo en regla.

Sois una pareja estable, tenéis un piso estable estupendo,

un trabajo estable y, lo más importante,

ilusión y determinación en tener ese hijo, ¿no?

-Sí, pero te hacen pasar por tantos trámites, papeleos

y entrevistas que pierdes la perspectiva. Es desesperante.

Desde que empezamos los trámites de adopción

hemos discutido más que nunca.

-¿Qué me vas a contar? Yo con Mari, esto es un calvario.

Pero bueno, será para bien.

-Eso le digo a Armand cuando se pone derrotista.

-Ser padre es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Y eso que no lo he hecho muy bien. -Pero aquí estamos, ¿no?

-Tú vas a ser un padre estupendo, Isra.

-Si me dejan. -Sí te dejan.

-A ver.

Aquí te he preparado un poco de todo para que piques, ¿vale?

-Gracias.

-Ay, qué bien que estés aquí ya.

-Nada.

¿Bajamos a por unas verduras?

¿Y os preparo una cena rica y sana en el wok?

¿Os parece?

-Yo es que no tengo mucho apetito. Yo con el yogur tengo bastante.

Luego me iré a la cama. -No, cariño.

Que los lácteos son malísimos para el cuerpo humano.

Son superperjudiciales.

-Mamá, deja a Espe que cene lo que quiera.

-Yo simplemente quería agradeceros

que me hayáis instalado otra vez en la casa. Gracias.

-No te iba a dejar en la calle

sabiendo que un narco te quiere partir las piernas.

-¿Otra vez, otra vez?

Con vosotras no se puede, ¿eh?

¿Es que no podemos aparcar el tema por un ratito?

Que me llenáis de energía negativa.

Por favor.

-¿Perdona? ¿Encima nos echas la culpa a nosotras del mal rollo?

Metiste dos kilos de droga en casa y abriste la puerta a dos mangantes.

-Me llenáis de energía negativa.

Me voy a mi habitación a meditar un rato,

que me hace mucha falta.

Estoy pensando que según el calendario maya

esta tendría que haber sido mi gran semana.

Y no sé qué ha pasado que todo me está saliendo torcido.

-Pues mira, a los que se llevaron la maría les va fenomenal.

(RÍE) -Debe ser gracias a los mayas, ¿eh?

-Cada día te pareces más a tu padre, hija.

-"Bah".

Espe, siento todo este numerito, de verdad.

Te juro que en cuanto trinquemos a los de la marihuana,

la facturo a Formentera.

-Ayer no entendía que la hubieras echado,

pero hoy lo comprendo perfectamente.

Si tu infancia fue como la última semana, madre mía.

-No me gusta nada la persona en la que me convierto a su lado.

Hace que me sienta una amargada, una gruñona.

(Timbre)

Ostras, ¿esperas a alguien? A ver si vienen a por tu madre.

-Vete tú a saber.

Hola, Claudia, ¿cómo estás? Pasa.

Buenas noches, disculpad las horas.

Hola, Claudia.

Lara, ¿está tu madre?

Necesitaría enseñarle algo.

Sí, está meditando.

Voy a buscarla que, con suerte, aún no está en trance.

Venga.

-Ah, ¿el trance? No, es una cosa de los chacras y eso.

Ya sabes tú. Ya.

Desde luego parece increíble que sean madre e hija, ¿no?

¿Cuántas lleva ya? -Lleva como seis.

¿Le mando a casa? -No te preocupes, yo me encargo.

Pero no le sirvas más. -Vale.

(Móvil)

¿Sí, jefe?

Sí, sigue aquí.

Vale, te la paso.

-Fernando, ¿qué pasa? -"No sé, dímelo tú.

¿Qué haces en el Moonlight?

¿Esta mañana no quedamos en que te lo tomarías con calma?"

-Estoy bien, de verdad. Además hoy esto está muy tranquilo.

-"Razón de más para que te vayas a casa.

Deja que Felipe se encargue del cierre."

-Vale. -"Hablo en serio.

Sara, necesitas descansar."

-No, Fernando, necesito estar ocupada.

Y olvidarme de todo cuanto antes, pero claro,

si me lo recuerdas cada dos por tres, es muy difícil.

-"Tú sabrás lo que haces, pero no quiero que te sobrecargues,

te lo pido por favor. No te pases de responsabilidad."

-Mañana hablamos, ¿vale? Que está entrando un cliente.

Chao.

(SUSPIRA) Toma, Felipe.

¿Todo bien?

-De maravilla.

-Pues no lo parece, llevas un buen rato bebiendo solo.

-Y así voy a seguir.

(SUSPIRA) -¿Un mal día?

Yo ayer también tuve un día de mierda.

-Oye, gracias por ser amable y eso,

y venir a hablar, pero prefiero estar solo.

-¿Por qué no me llevo esta cerveza y te sirvo agua?

Así te despejas un poco.

-Porque no quiero.

Porque hoy me toca olvidar y es lo que quiero.

-Ya, pero mañana vas a volver a recordar.

Y te aseguro que con un tremendo dolor de cabeza.

-¿Se puede saber qué te importa?

-Bueno, va dentro del sueldo.

¿Por qué no me cuentas eso que te tiene así?

-Porque no quiero.

Porque no me apetece.

No creo que alguien como tú lo entienda.

-¿Alguien como yo?

¿Y qué se supone que...? -No sé, no sé qué se supone.

Eres una niña mona y no sabes nada de la vida.

(SUSPIRA)

Pero ¿tú de qué vas?

Tú a mí no me conoces de nada.

-Ya está. No te conozco de nada y no pretendo conocerte.

¿Por qué no me dejas beber tranquilo?

-Mira, he intentado ser amable, pero veo que...

que va a ser imposible,

así que te pido por favor que te vayas de aquí.

-Ay.

Este.

Este fue el que me amenazó con la navaja, estoy segura.

Lara, tú los has visto en la plaza.

Sí. ¿Tú crees que son ellos?

Sí, sí. 100%

Pero, Miralles, ¿cómo has dado con ellos? Porque...

Porque no están fichados, lo comprobamos esta mañana con ella.

Bueno, hemos tenido

un soplo.

Un confidente inesperado.

Ramón Rojo.

¿Y quién es Ramón Rojo?

-¿Ramón Rojo ha delatado a un camello? ¿Por qué?

Pues no lo sé muy bien.

Es posible que sea para ganar puntos con la policía.

El caso es que dice que

un chaval le intentó vender dos kilos de marihuana.

Me parecía demasiada casualidad, así que le hemos dado crédito.

El chaval en cuestión se llama Jorge López Miranda.

Por lo que he podido averiguar es...

es un chico bastante conflictivo,

aunque todavía no había cometido ningún delito.

O no le habíamos pillado.

Pero Miranda, Miranda.

Ahora lo entiendo todo... Todo.

-Eh... ¿De qué hablas, mamá?

-De la mujer que vino a la consulta.

A la que le di la bolsita de maría.

Se apellidaba Miranda.

Dolores Miranda.

Podría ser su madre.

Desde luego, si es así,

es lo lógico que él supiera ya

que en esta casa había marihuana.

¿Y del que me vendió la droga sabemos algo?

Tenemos poca información.

Solo sabemos que responde al sobrenombre de El Galgo.

Y en los billares Cartago, donde entró en contacto con él,

ahora de repente no saben nada de ningún Galgo.

Y tampoco había cámaras de seguridad en el lugar donde la atacó.

¿Y lo de las llamadas...?

La última llamada que le hizo no la hemos podido rastrear.

Está claro que el tipo se toma sus precauciones.

Hasta el momento le ha ido bien.

Porque no está fichado.

Tú lo has comprobado.

-Sí, sí, no. Yo no lo vi ahí en ninguna foto.

Ya. Bueno, yo...

Yo les voy a dejar.

Lo que creo que es más prudente

es que no salga si no es acompañada de ellas.

Porque no va a estar segura hasta que no lo atrapemos.

Ay, gracias, Claudia.

Gracias. De nada.

Bueno. Claudia...

Eh... Me gustaría estar presente en el operativo.

Bueno, mañana lo hablamos, ¿vale?

Por favor.

Ahora lo que hay que hacer es irse a descansar.

Venga, hasta mañana. Adiós.

Tranquila, mamá, que lo vamos a pillar.

-Yo no me quedo tranquila, hija.

Porque eso de que participes en un operativo me da miedo.

¿Y si te pasa algo?

-Mamá, no me va a pasar nada.

Además, que soy policía.

-Sí. -Esto forma parte de mi trabajo.

-Vale.

-¿Por qué no vuelves a meditar? Te viene bien.

-Sí, cariño, sí.

-Entiendo que estés nerviosa, pero no te puedes echar atrás.

Tienes cita con Mateo en unas horas. -Pues se cancela.

-No se cancela. Está todo cerrado en el laboratorio.

No puedes echarte atrás. Tú y yo teníamos un trato.

-¿Jorge López Miranda?

Por fin nos vemos las caras. -¿Cómo sabes mi nombre?

-El "pub" está cerrado. -Lo sé. Lo siento.

Fuiste muy maja y...

muy simpática, y me comporté como un imbécil.

-Cuando te negaste a hacer el test pensé que mentías.

Ahora veo que realmente crees que ese niño es mío

y tus intenciones son honestas.

-Te estás equivocando.

Ya no soy ese que crees que soy.

Y en parte es gracias a ti.

-Sí, seguro que sí.

-Has hecho algo que nadie había conseguido.

Y es que quiera ser mejor persona.

Parecerme un poco más al hombre que mereces.

-Oye, Fernando, el centro donde diste la charla

el otro día, ¿es el que está en la plaza, donde La Parra?

-Sí, sí. El mismo.

-¿Y sabes si el que lo lleva es un chico joven...?

¿Un trabajador social? -Sí, se llama Miguel.

Un tipo alto.

-¿Y qué tal es? ¿Es buen tío?

Está claro que hemos dado un paso deteniendo a ese joven,

pero no es más que una parte muy pequeña

de una red que se dedica a colocar cannabis en el barrio.

Sí, al que tenemos que detener es al Galgo.

Y para eso, Lara, tu madre es una pieza fundamental.

Suponemos que no tardará mucho en llamarla

porque querrá cerrar y cobrar.

(Móvil)

Que estés nerviosa es normal.

Él lo sabe, es muy creíble. Colabora y todo va a ir bien.

Ah, y muy importante, tú dale carrete, que no cuelgue.

Desde comisaría están intentando registrar la llamada.

-Vale -Venga.

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Servir y proteger - Capítulo 691

03 feb 2020

Julia se recupera en el hospital, mientras la policía busca a la persona que robó en su casa. Sara se enfrenta a sus miedos. Verónica investiga qué hizo su marido por la noche, pero Andrés le cubre.

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