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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 668 - ver ahora
Transcripción completa

# Profesor Trapecio, # profesor Trapecio,

# da la cura contra un mundo necio. #

Buenos días.

-Hola.

-Qué bien huele, ¿no?

-Ya, es una mermelada casera que...

ha hecho una amiga mía.

Si me sirves un poco de café te dejo que la pruebes.

-Me parece justo.

-Lara, yo

quería pedirte perdón por lo de ayer.

-Bueno, no te preocupes,

no es solo culpa tuya. Yo tampoco he sabido encajar

tu opinión sobre las casas de apuestas.

-Ya.

Pero es que me pasé tres pueblos, la verdad.

-Sí, pero ¿sabes qué? Lo que más me dolió

no fue tu opinión.

-¿Entonces qué?

-Pues la rabia con la que me hablaste.

No sé, la verdad es que pienso que tienes algo personal contra mí.

-No, Lara, no, qué va.

-No sé, igual te cuesta encajar

el cambio de rumbo que quiero darle a mi vida.

-No es eso, no es eso.

La verdad es que fui muy vehemente contigo ayer,

pero es que el tema me toca muy de cerca.

En la UFAM estoy harta de ver casos así de chavales

que destrozan su vida por culpa del juego.

-Ya. Ya, pero ya te dije

que Goyo tiene un modelo de negocio diferente.

Con unos valores éticos. -Ya, perdona.

Si es que no quiero volver a enzarzarme en la conversación,

si solo quería pedirte perdón. Me pasé de la raya

tirándote a la cara recortes de periódico

y estadísticas demoledoras.

-Pues sí, pero bueno.

Disculpas aceptadas.

Y que sepas que yo también me he estado documentando

sobre el tema.

-Hombre, ya imagino.

Por eso no necesitas que yo venga aquí

a asesorarte, ¿no?

Y que te lance mis opiniones a bocajarro.

Que parecía una olla a presión, ahí escupiéndote

mis reproches.

Sin tener en cuenta que puedes hacer con tu vida

lo que te dé la gana.

-Ya, pero eso no significa que tengas que compartir mi decisión.

-Por eso lo mejor que hacemos es no volver a sacar el tema.

-Ya está. Esa es mi opinión.

A mí no me gustan las casas de apuestas, punto.

-Ya. -Pero ¿qué voy a hacer? No importa.

-¿Qué es lo que no te gusta de mi negocio?

Buenos días, cariño. Buenos días.

¿A por qué has salido? Pues he bajado

a por unas palmeritas de chocolate que me apetecían un montón.

Calorías a tope. ¿Y eso?

Para reponer las energías de anoche.

No seas exagerado, tampoco fue para tanto.

¿Que no? Perdona, pero hacía mucho tiempo

que no teníamos una noche así. Parecíamos veinteañeros.

¿No has dicho que teníamos que reponer fuerzas

para el trabajo? Venga.

Oye, pero ya que estamos recuperando estas buenas costumbres,

¿por qué no seguimos en esa línea?

¿En qué estás pensando?

¿Por qué no hacemos esa escapada de fin de semana?

Tengo un montón de planes por hacer.

Ya iremos viendo sobre la marcha, ¿no?

Lo de anoche fue genial, ¿eh?

Yo me siento como si tuviera diez años menos. ¿Tú no?

Buenos días, por lo que veo. -Buenos días, cariño.

Bueno, voy a por café y a por el resto del desayuno.

¿Qué tal has dormido? -Pues bien.

Más que papá y tú.

-¿Por qué lo dices? ¿Nos escuchaste anoche?

-No, anoche no. Pero os he escuchado ahora.

Y me encanta. Yo pensaba que os ibais a separar.

-No, fue solo una pequeña crisis, no fue para tanto.

-Lo suficiente para que yo me montara mi película.

Y pensara que estabas engañando a papá solo por devolvérsela.

Siento haber sido tan mal pensada contigo.

-No tienes por qué disculparte.

Y sobre todo no te preocupes por nuestra relación.

Ni tu padre tiene un amante ni yo tampoco.

Bueno, ¿qué, Pauli? ¿Te da tiempo a tomar algo?

Pues sí, me quedo a desayunar con vosotros.

No hay nada que me apetezca más que desayunar aquí.

Ay, qué maravilla. ¿Ves? Me acabas de alegrar el día.

¿Café? Venga.

-En serio, Esperanza, me gustaría conocer tu opinión.

Estoy acostumbrado a las críticas. Cuando era futbolista

la prensa me crujía cuando hacía un mal partido.

-Pues está bien, tú lo has querido.

Allá voy.

Me parece

que el negocio de las casas de apuestas

es nefasto, porque se aprovechan de la precariedad

de las personas más vulnerables, de los jóvenes

y las personas en situación de exclusión social

que piensan que apostando se van a enriquecer

y ocurre todo lo contrario.

-Te agradezco tu sinceridad.

-Igual no ha sido una buena idea volver a sacar el tema, ¿no?

-No, pero si yo no quería sacarlo. Es que él me ha pedido mi opinión

y yo se la digo.

-Con la que estoy totalmente de acuerdo, por cierto.

-¿En serio?

-Los argumentos que has usado son buenos.

-Pero entonces, ¿por qué te quieres dedicar a ese negocio?

-Porque no solo quiero ganar dinero a espuertas,

sino crear un código de buenas prácticas.

-A ver, es que no lo puedo entender. Si no me pones algún ejemplo, no...

-Sí, a ver. La ley a mí me permite montar locales

a partir de 100 metros de un colegio.

Pues yo lo monto a partir de 1 km.

Y no me instalo en barrios humildes,

sino que me voy a barrios más pudientes

donde la gente tiene más poder adquisitivo.

No me importa pagar más dinero. -Bueno, me parece muy bien.

Pero ¿tenéis alguna medida para que la gente joven, los menores,

no apuesten? -Sí, todas las habidas y por haber.

Y tampoco dejamos entrar a clientes compulsivos

o con problemas de adicción, o gente que tenga

una situación económica delicada.

-Vale, pues eso me parece muy bien.

Eres un jefe de casas de apuestas con escrúpulos, todo lo contrario

a la filosofía del negocio. -Ya te he dicho que voy más allá

de lo que me marca la ley.

Así que no me metas en el mismo saco que no todos somos iguales.

-Vale, pero es que me parece que debería haber

leyes más restrictivas respecto a este tema

para que no proliferen las casas de apuestas

así como setas por toda la ciudad, porque hacen mucho daño.

-Pero, Espe, yo quiero que sepas

que como directora de comunicación de la empresa,

no voy a incitar a la gente al juego.

Vamos a insistir en un consumo responsable,

lo hemos hablado, ¿verdad?

-A mí me parece estupendo. Ya todos hemos dicho

lo que pensábamos, nos ha quedado claro.

Me habéis dicho vuestras razones, y os lo agradezco, ¿eh?

No es necesario que sigamos. Además, es que me tengo que ir

que llego tarde.

-Deja, ya lo recojo yo.

-Vale, gracias. -Adiós.

-Adiós. -Chao.

-Muchas gracias por no ponerte a la defensiva con Espe.

-No pasa nada. Es tu amiga y tu compañera de piso.

Me importa su opinión.

-Hola, mami, acabo de ver tus mensajes.

Oye, de verdad, que no te preocupes, que estoy bien.

Pero si te quedas más tranquila, hablamos, y la semana que viene

buscamos un huequito y comemos juntas, ¿vale?

Un besito, te quiero.

-Hola, buenos días. -Ey, Miguel, ¿qué tal?

-Bien. Oye, me han dicho que muy bien

tu práctica en el curso de gestión de crisis.

-¿Sí? La verdad es que me lo estoy intentando currar

a tope. Quiero hacerlo muy bien para cuando tenga que colaborar

de verdad con el teléfono de ayuda. -Claro que sí.

Tu profesor me ha dicho que recibiste la llamada

con mucho temple e hiciste un buen uso de los recursos

ante la situación de angustia que te estaban exponiendo.

-Bueno, yo simplemente me limité a seguir las pautas

que me están enseñando. -Ya.

No todo el mundo sirve para esto, Paty.

-Ya, a mí la verdad es que me hace sentir genial.

Ayudar a los demás.

Es que me siento con más fuerza y mucho más animada.

-Claro, muy bien.

Al final, cuando estás ayudando a los demás,

en realidad te estás ayudando a ti mismo.

-Totalmente. Oye, Miguel,

te tengo que agradecer que me convencieras

para inscribirme en el curso.

-La formación, en realidad, es algo secundario.

Lo importante es tener dentro las ganas de ayudar a los demás

y tú las tienes de sobra. Solo hace falta mirarte a la cara

para saberlo. Perdona. Es una llamada importante.

-Claro. -Nos vemos, chao.

-Adiós, hasta luego.

-Sí, ¿el colegio ya ha asignado una psicóloga?

Bien. Pues claro, me gustaría hablar con ella

si me pasas su número.

No, no. Con la niña de momento no.

Creo que sí, lo tengo libre. Me viene bien.

Allí estaré. Vale, hasta luego.

Miralles, quería hablar contigo. Y yo contigo.

Me han dicho que estás llevando un posible caso de "bullying".

Bueno, no sé si llamarlo así exactamente.

Es más complejo que todo eso.

¿En qué colegio es? Es en el de la calle Varillas.

Dos niñas de diez años que se llevan a matar

desde principio de curso. ¿Y qué lo hace diferente?

Pues que una de ellas llevó una pistola

y la sacó en el recreo para asustar a la otra.

¿Qué me estás contando? Es una barbaridad.

No te preocupes que no hemos tenido

que lamentar víctimas, la pistola no estaba cargada.

Pero además de hablar con las dos chicas,

tenemos que saber de dónde ha sacado la pistola.

Eso desde luego. Pero ¿esa niña, con diez años,

es consciente de la gravedad de lo que ha hecho?

Creo que tiene edad para saberlo.

Hablaré con la psicóloga a ver cómo podemos abordarlo.

Pero la psicóloga que hable también con la otra niña.

Porque estará aterrada.

Esos son los tres ejes de la investigación.

Muy bien, pues me mantienes informada.

Estoy segura de que con tu tacto serás capaz de calmar la situación.

Bueno, tacto últimamente no tengo mucho.

¿Por?

Pues porque debería comprarme un bozal y no decir

ni una palabra más sobre el tema de las apuestas

si no quiero perder una amiga, a Lara.

Una buena amistad se basa en poder decir las cosas a la cara.

Sí, pero creo que he sido demasiado contundente.

A lo mejor no hay que ser tan contundente,

pero los mejores amigos no son los que te dicen

lo que quieres escuchar,

sino los que te dicen lo que de verdad piensan

con un tema espinoso, ¿no? Como es este.

(Puerta)

Buenos días.

¿Qué tal, Miguel? ¿Qué haces por aquí?

Pues he venido a hablar con Espe. Estoy preocupado

con Jaime Ibáñez.

-Ah, claro, siéntate y cuéntanos. Miralles, ¿te puedes quedar?

Ayer lo convencí para que se quedara en el albergue

y se quedó bastante tranquilo. -Lo sé,

pero de madrugada lo han tenido que expulsar.

-¿Por qué? ¿Qué ha hecho?

-Al parecer tuvo una bronca con otro mendigo

y llegaron a las manos. Y según me ha contado

uno de los vigilantes, se puso como un loco

y el otro mendigo básicamente aguantó los golpes.

-¿Y sabes dónde puede estar?

-No tengo forma de localizarlo, por eso estoy aquí.

-Miralles, ¿crees que podríamos montar un dispositivo de búsqueda?

No procede, Espe, lo siento. No media denuncia

de ningún familiar y tampoco está claro

que corra peligro inminente. Podemos avisar a las patrullas

por si lo ven por la calle.

Lo que sí me gustaría pedirte

es que si lo encuentran, que me avisen a mí,

me gustaría ser yo la primera que hablase con él.

Por supuesto, cuenta con ello. Ayer me costó mucho,

pero creo que conseguí ganarme su confianza.

Miguel y yo creo que podemos ayudarle

porque se fía de nosotros.

-Vamos a ver, señor Quintero, ¿tiene algún problema

con mi trabajo? No sé por qué me ha llamado tan pronto.

-A ver, tranquilízate, Lourdes, yo no tengo ningún reproche

sobre tu trabajo. Así que no te pongas

a la defensiva. Lo único que quiero es charlar contigo tranquilamente.

¿Te apetece que nos tomemos algo? -No, si no le importa,

yo prefiero ir al grano, dígamelo porque estoy un poquillo nerviosa.

-Está bien, en ese caso será mejor que vaya al grano.

Verás, Lourdes, quería hablar contigo porque me está dando la sensación

de un tiempo para acá, de que no estás a gusto

trabajando aquí, que estás algo incómoda.

-¿Por qué piensa eso? -Te estoy diciendo

que es una sensación. Pero vamos, que si así fuera

tampoco pasa nada.

Lo que necesito que entiendas es que este es un local nocturno

abierto al público y no sé, puede entrar algún indeseable,

algún borracho, o alguien que se dedique a un negocio turbio.

Yo eso no puedo controlarlo.

-Ah, lo dice usted por los camellos del otro día.

Pero eso ya quedó claro que era cosa de Eladio,

no del "pub" ni de usted. -Pero entendería también

que si a ti te asusta o te angustia un poco

ese tipo de situaciones,

pues quieras o necesites encontrar otro tipo de trabajo

donde estés más tranquila. Y en ese caso

incluso hasta yo podría ayudarte si lo necesitas.

Conozco muchos empresarios aquí en el barrio.

Te puedo recomendar, y te aseguro que te puedo conseguir

trabajo con las mismas condiciones para que puedas estar más tranquila.

-Que no, que yo estoy tranquila y muy a gusto aquí, de verdad.

-Vale. Entonces, ¿me puedes explicar por qué has tenido que someter

a Sara a esa especie de interrogatorio sobre las cosas

que pasan en este lugar

o sobre el anterior trabajo que ella tenía

en mi empresa de transportes?

Me da la sensación de que no te fías mucho de mí.

-Ah.

Esto... yo creo que Sara lo ha malinterpretado

porque yo por sacar conversación, que estábamos ahí las dos, digo...

-A ver, Lourdes. No te estoy reprochando nada.

Lo entiendo perfectamente. Cualquier persona

que haya seguido la prensa en estos últimos años

o que haya buscado cualquier cosa sobre mí en Internet,

ha podido encontrar cosas horribles. Es lógico.

-Bueno, pero usted ha cambiado, ¿no? A mí usted

me parece una persona honrada.

-¿Seguro? -Sí.

Claro que sí. -Bien, pues entonces

puedes seguir trabajando aquí. Pero sí te voy a pedir

que a partir de ahora confíes plenamente en mí.

Si te surge cualquier duda, cualquier miedo,

cualquier desconfianza, vienes y me lo dices a mí.

¿De acuerdo? No me gustan nada en absoluto

los corrillos de trabajadores en una empresa

poniendo a parir al jefe. -No volverá a pasar.

Palabrita del niño Jesús. -Venga, a trabajar.

-Mira, vamos a hacer una cosa.

Tú me pagas lo que yo te estoy pidiendo

y yo te pongo la mejor "suite" del hotel

y a mayores, una botella de champán.

Eso es.

Y si te quedas contento, la próxima vez te pongo

como prioridad. ¿Vale?

Muy bien. Venga, te dejo que tengo trabajo.

Pesadilla.

-Bueno, Charo, pues luego nos vemos en el bar.

Que pases un buen día.

-Hola. -Hola y adiós.

-¿Qué pasa que ahora además de no hablarme

tampoco puedes mirarme? -Es lo que tiene ser libre,

que puedo decidir con quién hablar

y con quién no. -Ya, pero con otro

sí que quieres hablar. -¿Me has estado espiando?

-Pero si tú también me has visto. -No, yo te he visto de pasada,

pero te has quedado ahí a ver qué hago.

-Solo estaba comprando en el quiosco. -Ya, y voy yo y me lo creo.

-¿Eres desconfiada solo conmigo

por el simple hecho de que estuve en la cárcel?

-¿El simple hecho?

Que a ti no te metieron en la cárcel por robar para comer.

Que mataste a un hombre.

-Se me fue la mano en una bronca y cometí muchos errores,

pero ya he pagado por ellos, ¿no?

Tendré derecho a rehacer mi vida. -Igual que yo a pasar de ti.

-Mira, haz lo que consideres.

Yo solo quería disculparme, el otro día...

me puse demasiado borde y sí, tengo mucho carácter.

-Tío, no me cuentes historias ahora, de verdad.

-Me juzgas por lo que te cuentan de mí.

-A ver, que yo tampoco te estoy juzgando,

pero tienes que reconocer que estás yendo muy a saco conmigo

y es que a estas alturas pues ya no me fío de nadie,

lo siento, pero no confío en nadie.

-Tu actitud cambió cuando la policía te habló de mí.

-Puede ser que eso influyera, pero ¿qué pasa?

¿No tengo que hacer caso a las advertencias de mis amigos?

-Haz lo que quieras,

pero me encantaría que me dieses la oportunidad de conocernos.

Te invito a un café y charlamos.

-Ramón, que es que no quiero, ¿no me escuchas?

-Deberías aceptar mi invitación.

-Ah, ¿sí? ¿Y por qué?

-Porque te darías cuenta de una cosa muy sencilla.

De que las apariencias engañan. Paty, soy un tío legal.

Demuestra que tienes personalidad y juzga tú misma.

Por favor.

-Hola, quisiera hablar con el dueño del "pub".

-Soy yo, soy Fernando Quintero, ¿tú eres?

-Encantado, soy Morientes. Llevo una empresa de seguridad.

-¿Seguridad? Vaya. (ASIENTE)

-Mis chicos y yo nos encargamos de que todo esté bien

dentro de los "pubs" y discotecas.

-Ya, y supongo que también eh...

controláis el acceso de la gente al local, ¿no?

-Exacto. (ASIENTE)

-Y también supongo que habrás venido a ofrecerme tus servicios, ¿es eso?

-Supones bien. -Ah, vaya.

Me resulta curioso que te hayas presentado

en el Moonlight porque como este hay un montón de locales

en la zona sur de Madrid. -Como el Moonlight no.

Ya me habían hablado de este sitio, tiene un encanto especial.

(RÍE)

-Y nosotros solo trabajamos con garitos de primera.

-Está claro que eres un buen comercial

y sabes cómo regalarle los oídos a tus posibles futuros clientes.

-¿Eso es un sí al trato? -No, no, no, no corras tanto,

eso es un "me estás empezando a caer bien", pero nada más.

-Lo que ha hecho que me haya fijado en ti

es que aunque es un sitio con clase

está en una zona conflictiva.

-Y supongo que tú como buen hombre de negocios

sabes ver rápidamente las oportunidades, ¿verdad?

-Te van a venir bien un par de tipos en la puerta

para controlar la seguridad.

-No creo que os necesite, más que nada porque vosotros

en lugar de resolver problemas

yo diría que sois los que podéis llegar a provocarlos.

-No me gusta la imagen que tienes de nosotros,

pero soy una persona perseverante.

Así que, por si cambias de opinión,

aquí tienes mi tarjeta.

-Muy bien, muchas gracias.

Aunque no creo que cambie de opinión, la guardaré por ahí.

-Pues quedamos en eso, me tienes informada.

Venga, hasta luego.

(Móvil)

Hola, Miralles, te iba a llamar ahora mismo.

Justo acabo de hablar con la psicóloga.

Dice que le cogió la pistola a su padre, que está registrada,

es legal, que tiene licencia.

Estaba escondida en el armario,

pero dice que no tiene ni idea de cómo se la cogió.

Creo que es verdad, lo que no le exime de responsabilidad.

(Móvil)

Espera, un momento.

¿Claudia? ¿Estás ahí?

Sí, acabo de recibir un mensaje.

Han visto a Ibáñez en el parque, está borracho.

¿Puedo ir a hablar con él?

Me gustaría ir a mí sola.

Sí. No quiero que se asuste.

Vale, gracias, Claudia. Hasta luego.

# Din, don, din.

# Din, don, din. #

Señoras,

señores,

tengan la bondad de apagar sus móviles.

"Ay,

mísero de mí.

Ay, infelice.

Apurar, cielos, pretendo,

ya que me tratáis así".

(RÍE)

"Qué delito cometí contra vosotros naciendo,

aunque si nací, ya entiendo.

¿Qué más os pude ofender

para castigarme más?

¿No nacieron los demás? Pues si los demás nacieron,

¿qué privilegios tuvieron

que yo no gocé jamás?".

(Aplausos)

(RONCA)

-Jaime.

Eh, Jaime.

-¿Qué pasa?

¿Quién es usted?

-¿No me reconoces?

Soy Espe.

Espe Beltrán, tu amiga poli.

-¿Mi amiga? Yo no tengo amigos. ¿Qué quieres?

-Un compañero de patrulla me dijo que estabas tirado por aquí.

-Yo no he molestado a nadie, ¿me vas a detener?

-No, no te voy a detener, no. Vengo a ayudarte.

-No necesito ayuda, estoy bien.

-¿Por qué te echaron del albergue?

(RESOPLA)

-Acabáramos.

Ya te lo han contado, Espe.

La policía se entera de todo, ¿eh?

Ah.

-Pues sí, me han dicho que pegaste a un tipo.

Pero quiero saber tu versión, quiero que me lo cuentes tú.

-Pues, Espe, hay problemas que ni yo puedo afrontar

con mi carácter recio de Trapecio.

Pero no te preocupes, estoy bien. Ese tipo no...

no me hizo nada, bueno sí.

Me quiso humillar.

Se rio de mí porque soy actor.

-¿Por eso empezó la pelea?

-Sí, ese desgraciado me reconoció

de cuando hacía de profesor Trapecio y empezó a burlarse de mí.

Y todo por pura envidia.

Porque le dejé muy claro que aparte de profesor Trapecio,

yo he interpretado personajes muy importantes.

-Me contaste que hiciste "Hamlet" en el Teatro Español.

-Y más cosas.

Cuando era joven igual me daba hacer de galán que de villano

y eso que en el escenario he sido don Juan Tenorio

y el Comendador en "Fuenteovejuna".

-Debió de ser una época muy bonita.

-No lo sabes tú bien.

El culmen de mi carrera fue cuando hice de Segismundo,

el protagonista de "La vida es sueño".

Lo contaba en el albergue y no se lo creía nadie,

así que me puse a recitar los versos de la obra en medio del salón.

Viene el celador y me echa a la calle.

-Ya, porque estabas dando gritos,

despertando a todo el mundo

y dando patadas a diestro y siniestro.

-¿Y las carcajadas de los que se reían de mí no duelen?

Porque a mí me machacaron el alma.

-Ya.

La verdad es que no fueron muy sensibles que digamos.

Pero eso nunca justifica la violencia.

-¿Qué otra cosa podía hacer?

¿Dejar que se cachondearan de mí hasta que les diera la gana?

-No, pero yo qué sé, decírselo al encargado del albergue,

separarte de ellos.

Porque al final el que has pagado el pato has sido tú,

que estás durmiendo en la calle. Nadie debería estar en la calle.

Venga, que nos vamos al centro cívico.

Voy a hablar con Miguel a ver si soluciona y te readmiten.

-No es necesario, Espe.

Yo prefiero dormir al raso.

En la calle

puedo estar a mi aire, no tengo que dar explicaciones

y me dejan en paz.

-Jaime, por favor,

déjanos ayudarte a salir del pozo.

Además en el centro cívico Miguel te puede conseguir trabajo.

-Yo ya tengo un trabajo.

Soy actor y de los buenos.

Pero nadie me cree.

Todo el mundo se ríe de mí cuando lo digo.

-Yo no me he reído de ti, ¿eh? Jamás me reiré de ti.

Yo respeto todas las profesiones.

Y la de actor me parece tan digna y tan necesaria como la que más.

Dímelo a mí.

A mí de pequeña me hiciste feliz

y ahora lo que quiero es devolverte

nada, un poquito de todo lo que tú me diste.

-No pierdas el tiempo conmigo, Espe, yo solo soy

un viejo chiflado sin solución.

A mi edad ya es

demasiado tarde para enderezar mi vida.

-Anda ya, eso no lo digas ni en broma.

Venga, que nos vamos al centro cívico. Venga, hombre.

Vámonos. Bueno, te invito a desayunar.

-¿Desayunar?

-Claro, unos churros.

-Y chocolate.

-Ay, por favor, me encanta el chocolate.

Los churros sin chocolate no son churros. Venga que te ayudo.

Vamos. -Déjame incorporarme

que me duelen todos los huesos del frío que he pasado.

-Ven aquí, dame... -Ah.

-Pero ¿y esto qué es? -Es...

Pues no sé.

No solo yo debí repartir patadas también recibí algún golpe que otro,

pero tranquila que estoy bien.

-Bueno, eso lo decidirá un médico. Cuidado.

A ver, que hay un agujero aquí, apóyate.

Eso es. Vamos, ven. -Gracias.

¿Tú sabes, Espe, que el churro es un postre árabe

que entró en la península por Valencia?

-Fran, soy yo, soy Fernando.

Sí, te llamo por lo que hemos estado hablando.

Oye, tengo delante el plan de viabilidad ese que me has enviado

y, bueno, dándole vueltas también a las hojas de cálculo

que he sacado por la impresora, los Excel,

no me cuadran los números, ¿eh? No me cuadran las cuentas

y tratándose de un problema serio con Hacienda

y con la Agencia Tributaria, me tiene preocupado todo esto.

Oye...

Está muy bien todo lo que me dices,

pero yo no me termino de aclarar con todo esto,

¿te importa si me paso por tu oficina y lo vemos tú y yo

tranquilamente en un momento?

Está bien. Voy para allá ahora mismo, ¿vale?

Venga, hasta ahora.

¡Lourdes! -¿Sí?

-Mira, ha surgido un problema con la asesoría,

algo urgente que tengo que resolver así que voy a salir

para ver si aclaro todo esto. Estaré fuera un par de horas.

-Muy bien, yo ahora cierro y me voy.

-Bien, no te preocupes,

como tú tienes llaves, organízate como tú creas conveniente.

Te dejo esto por aquí por medio, ¿vale?, hasta ahora.

-Bien, no tiene ningún hueso roto, solo heridas leves.

Una cura y como nuevo.

-No me dolieron los golpes,

la peor parte se la llevó mi orgullo.

-Me imagino.

¿Le importa que le diga a Espe que entre?

-No. Esa chica la verdad es que se está esforzando en ayudarme.

-Hay gente muy buena y ayudar a los demás sienta estupendamente.

Espe, ¿puedes pasar?

Siéntense.

-¿Cómo le ves?

-Solo tiene unos rasguños, pero...

me gustaría tener una conversación seria con usted.

Le he pedido que entres a escucharla.

Ibáñez, si sigue abusando de esta manera del alcohol

acabará con graves problemas de salud

y más pronto que tarde, en breve espacio de tiempo.

-Doctor, tampoco bebo tanto, solo lo normal.

-Eso me suena.

Es lo que dicen todos los adictos al alcohol.

-Le juro que mi caso es así, ¿eh? -Ya.

-Bebo un poco de más cuando paso la noche en la calle

por el frío, ya sabe, para calentarme y eso.

-Hace usted muy mal porque el alcohol

baja la temperatura y puede entrar en hipotermia.

Le considero una persona adulta

y que no tiene una enfermedad mental que le incapacite.

Usted decidirá si sigue con este ritmo de vida

o prefiere que le ayuden.

-Todo lo que te dice el doctor es por tu propio bien.

Mereces llevar otra vida.

-Entiendo que cuesta superar una adicción,

pero hay muchas maneras de abordarlo,

como alcohólicos anónimos, recibe casos como el suyo

y con buenos resultados.

-No tiene que convencerme, doctor,

yo sé que beber no sirve para nada. -Me alegra oírlo.

Muy bien, pásese por la enfermería para que le hagan la cura

y que le den un antiséptico y unas gasas

y lo hace así durante un par de días.

-Gracias, doctor. ¿Dónde queda la enfermería?

-Saliendo a la izquierda. La primera a la izquierda.

-Te recojo allí, ¿vale?

-Parece mentira lo lúcido que está con la tralla que lleva.

-No le habrá sacado la conversación del profesor Trapecio, ¿no?

-No. Ya me dijiste que no le gustaba, pobre.

-Se pilla unos cabreos. Madre mía.

¿Y cómo lo ves físicamente?

-Muy machacado.

Vivir en la calle y abusar del alcohol

es un pasaporte directo a la enfermedad mental.

No va a durar mucho tiempo así.

-Lo mínimo es que deje de beber

y que se acostumbre a dormir en el albergue.

-Estaría bien que estuviera ocupado.

¿Por qué no le llevas al centro cívico?

A ver si le encuentran alguna actividad

que le ayude a no estar pensando en su frustración.

Eso igual le ayuda a salir del alcohol.

-Pues sí, tiene razón. Voy a hablar con Miguel.

Antonio, muchas gracias.

-No, a ti. Yo no he hecho nada.

Eres tú la que está siempre al pie del cañón.

Chao.

-¿Estás buscando algo, Lourdes?

Porque si es así, quizá yo pueda ayudarte.

-Es que se me ha caído un vaso de agua,

bueno, agua, y digo voy a secarlo

y ahora estaba mirando para que el ordenador, a ver si funcionaba...

-¿Me estás tomando por imbécil o qué demonios pasa?

Acabo de ver cómo dejaste de limpiar y te sentaste corriendo

delante de mi ordenador, como buscando algo.

¿Qué esperas encontrar ahí? ¿Me estás espiando?

¿O estás trabajando para Rojo como ha hecho Eladio?

¿Cuánto te paga?

-No sé de qué me está hablando.

-Te vuelvo a repetir: ¿me estás tomando por imbécil?

Acabo de pillarte con las manos en la masa.

Sabes perfectamente que hasta podría denunciarte.

-Bueno a ver, la verdad es que...

que tenía que llamar a una amiga por videoconferencia,

una amiga de Asturias que es que no...

-¡Lourdes, que no me tomes por idiota!

¿Sabes lo que vas a hacer?

Vas a ir al almacén ahora mismo,

te vas a cambiar de ropa, vas a recoger tus cosas

y vas a largarte de aquí porque estás despedida.

¿Te queda claro?

Cariño, ya estoy en casa.

Te he traído la comida del japo.

¿Verónica?

¿Vero?

Vero, ¿dónde andas?

"En el centro cívico, preparando la asistencia para un detenido."

Ah. ¿No vienes a comer a casa?

No puedo, lo siento.

"Bueno, como esta mañana te he dicho que iba a coger comida del japo."

Lo recuerdo.

Pero quedamos en que te avisaría si podía escaparme.

"Ya, ya. Bueno, es que lo he dado por hecho.

Nada, me voy a pegar un banquete yo solo."

Lo siento.

Me apetecía hacer algo especial contigo.

"Llevas años sin venir a comer a casa al mediodía.

Por un día que no vaya yo, no creo que pase nada."

No, no, claro, claro. Lo entiendo perfectamente.

Mateo, tengo que dejarte.

Tengo trabajo.

Habíamos quedado para comer.

-Bueno. Si necesitas irte yo lo entiendo.

-No quiero irme.

No quiero irme nunca.

-Le agradezco que le dé otra oportunidad al señor Ibáñez.

Le aseguro que no provocará ningún incidente.

-Espe, al final, ¿qué?

¿Le readmiten en el albergue?

-Eso es. El director me ha dicho que va a hacer una excepción contigo,

pero que tienes que respetar las normas.

-Ya he dicho que no voy a volver a montar ningún lío.

-Vale.

Los voluntarios y funcionarios del albergue

quieren mantener un clima de tranquilidad, de seguridad.

-Entiendo. Sí, yo...

Si alguien se ríe de mí o me dice algo que no me gusta

me lo hecho a la espalda abajo y para adelante.

-Hombre, no.

No tienes que aguantar que nadie te trate mal.

Se lo dices al celador y ya está, él lo solucionará.

-Entendido.

-Oye, Miguel.

¿En qué consiste el taller ese del que nos hablaste antes?

-Bueno, de hecho te traje este papelito donde

viene un poco la información de lo que vas a hacer, Jaime.

Para que te hagas una idea.

Pero básicamente vas a trabajar en un huerto urbano.

-¿Me vas a poner a plantar patatas? -Casi.

-No tengo ni idea de agricultura,

además que, ¿no estoy un poco mayor para eso?

-No te preocupes porque tampoco es la vendimia

ni vas a trabajar de sol a sol.

En realidad es una terapia ocupacional.

-Es un inicio.

A lo mejor de ahí te sale otra cosa

que tenga más que ver con tu formación, tu profesión.

-De hecho, si es así, yo te avisaré.

Pero lo importante es que...

bueno, que te centres en esto ahora

y que empieces a generar unos ingresos que te ayuden.

-¿No tienes ganas de tener unos ingresos,

un sueldo, una casita?

Además, este taller te va a venir muy bien, te va a dar mucha vidilla.

Es al aire libre. Vas a hacer ejercicio.

-Supongo que no tengo

muchas más cosas donde elegir, así que.

Mira, y lo mismo me llaman para hacer

un papel de rústico agricultor y la experiencia me viene bien.

-Pues tómatelo así.

Como la preparación para un nuevo personaje.

-Los actores,

es lo bueno que tenemos, somos un poco carroñeros

de sentimientos y de situaciones.

Todo a la mochila, lo bueno, lo malo y lo peor.

-Bueno, yo creo que debes de ponerte en marcha.

Sabes que el albergue cierra pronto.

-Sí, yo te acompaño. Venga, vámonos.

Así aprovechamos para pedirle perdón al señor que agrediste.

-No soy más que un barco a la deriva del antojo de las musas.

-Jefe. -Felipe, ¿qué tal?

¿Cómo va la cosa por aquí? -Todo bien.

Pero tienes una visita.

-¿Visita? ¿Qué visita?

No me lo puedo creer.

A ver, Lourdes, ¿qué haces aquí? ¿A qué has venido?

-A recoger mis cosas y a despedirme de Felipe

y bueno quería aclarar con usted una cosa,

si estaba mirando el ordenador

en ningún momento era para vendérselo a nadie, jamás haría algo así.

-Entonces, ¿por qué lo hiciste? ¿Para qué?

¿Qué querías encontrar en ese ordenador?

-Bueno.

Quería saber si usted seguía metido en cosas de droga

para que a mí no me salpicara.

Le prometo que nunca volveré a espiarle. De verdad.

-Lo siento, Lourdes, pero ya es demasiado tarde. Estás despedida.

-Me gustaría seguir trabajando aquí. -Te estoy diciendo que no.

Es más, acabo de llegar de la asesoría porque estuve allí

hace un rato para que me preparasen tu carta de despido.

Así que, aquí la tienes. Esto es tuyo.

Cógelo.

-Entonces, ¿no hay vuelta atrás? -No.

No hay vuelta atrás. ¿Y sabes qué?

Tendrías que darme las gracias incluso.

Porque esa carta de despido

es como un despido improcedente.

¿Sabes por qué?

Para que puedas tener tu finiquito, que te voy a pagar yo.

Para que puedas cobrar el desempleo.

Porque sabes perfectamente que te podría haber despedido

de forma procedente porque lo has hecho mal.

-Lo sé, pero yo preferiría seguir trabajando aquí

y que no me diera esto.

-Habértelo pensado antes, Lourdes.

También te voy a decir otra cosa.

También tendrías que agradecerme que no te vaya a denunciar a la policía

ni que me ponga por todo el barrio a decir lo que has hecho,

que sabes que podría hacerlo.

-Entonces, ya está. No hay vuelta atrás.

-Te estoy diciendo que no. No hay vuelta atrás.

Y no quiero lagrimitas ni que me vengas ahora

con chantaje emocional, ¿sabes por qué?

Porque me acabas de demostrar que no me puedo fiar de ti.

Esta mañana cuando estuvimos hablando tú y yo

te puse mi corazón en la mano.

Te ofrecí toda mi ayuda

para que pudieses encontrar otro trabajo

y siguieses trabajando aquí en el barrio

sin que tuvieses que estar tan asustada.

¿Y qué hiciste tú? Me mentiste.

Has tenido muchas oportunidades de sincerarte conmigo

y decirme la verdad. Pero las has desperdiciado todas.

Así que no quiero volver a saber más nada de ti.

Lárgate de mi local y no vuelvas nunca.

-Por favor.

Todo el mundo merece otra oportunidad.

-Demasiado tarde, Lourdes.

¿Sabes por qué?

Llevo bastante tiempo intentando ser una persona honrada

y lo estoy consiguiendo.

Pero nunca, ¿me oyes? Nunca he sido ni un idiota

ni un imbécil. Lárgate.

No quiero volver a verte nunca más.

Súbete al saquito del canguro

con el profesor Trapecio.

Espe.

Tu bocadillo. -Ay, gracias, Paty. Toma.

-Muchas gracias.

Oye, ¿tienes mucho lío?

-Sí, como siempre. -Ya.

Es que te quería comentar una cosa sobre Ramón Rojo.

-¿Ramón Rojo? ¿Qué pasa con él? -Pues nada, tía,

que esta mañana me ha abordado y me ha soltado un rollo

sobre que no le conozco, que estoy llena de prejuicios

contra él, que tiene derecho a rehacer su vida...

Me ha invitado a tomar algo y todo.

-Ese tío va a saco, ¿eh? ¿Y por qué no me llamas?

-Bueno, estoy aquí, ¿no?

Es que yo creo que me está espiando.

Es que antes había estado hablando con Miguel, y me lo ha mencionado.

Y se le notaba celoso.

-Pues la próxima vez que se acerque a ti,

me llamas a mí.

Y yo me cruzo en un momento a La Parra.

-¿A detenerle? -No, ya te he dicho

que no tenemos pruebas suficientes,

pero si me ve, a lo mejor te deja un poco en paz.

-Yo estaba pensando justo lo contrario.

-¿Cómo lo contrario? ¿Qué es lo contrario?

-Que te aproveches del interés que tiene en mí.

-A ver, a ver. ¿A qué te refieres?

-Vamos a ver.

Él es un proxeneta. Lo que pasa es que no podemos detenerle

porque no tenéis pruebas.

Vale. Dime qué necesitas y yo quedo con él

y lo intento conseguir. -Para.

-¿Qué? -Que no, que eso tú

no lo puedes hacer.

No puedes correr ese peligro. No te voy a convertir

ni en mi confite ni en colaboradora de la policía ni nada.

-Pero, tía, que a mí no me importa, de verdad.

Que no quiero que ese tío siga explotando a mujeres.

De verdad, no quiero. -Que no puedes hacer eso.

Que no, que eso es trabajo de la policía.

-¿Me estás diciendo que no puedo hacer nada para ayudar?

-Tú no. Esa es nuestra tarea.

-Joder, Espe, que es que yo necesito esto,

necesito sentirme útil, necesito ayudar,

que no he parado de cagarla en estos meses, necesito hacer algo,

por favor. -Si necesitas ayudar,

necesitas sentirte útil, para eso te has apuntado

al curso de voluntariado.

¿Qué pasa? ¿Tú sabes lo peligroso que es eso?

Además, las represalias que puede tomar contra ti Rojo

si se entera de tus planes.

-Bueno, vale.

Vale, tienes razón.

Pero si hay algo que pueda hacer, lo que sea, de verdad,

dímelo.

-Que sí, Paty, no te preocupes.

Tarde o temprano vamos a ir a por él y va a caer.

Pero va a caer gracias al trabajo policial de pico y pala.

Sin poner en peligro a nadie.

-Yo creo que podría acelerar bastante ese proceso,

si le doy un poco de coba y no me canteo demasiado, pero vale,

no quieres. No insisto más, ya está.

-Pues no, no quiero. -Ya está.

-Cuanto más lejos mejor, ¿eh, Paty? -Que sí. Sí.

Hasta luego.

-Paty.

-Mira, ¿ves? Yo había pensado darle un toque informal, divertido,

no sé, como has hecho con las redes de la policía.

-Yo estaba pensando justo todo lo contrario.

O sea, transmitiría seriedad para que no pareciera

que queremos enganchar a la gente joven a las apuestas.

-Ya, a ver, seriedad, pero no sé, un toque jovial, cercano, ¿no?

Que dirijo una empresa, no una ONG.

-Sí, ya lo sé, pero si mantenemos un perfil demasiado coloquial,

podría parecer que queremos captar a los chavales

y eso es precisamente lo que no queremos.

-Ya.

Bueno, a ver si encontramos el término medio

para que lleguemos a los "millennials"

mayores de edad, pero sin pillarnos los dedos.

-Sí, claro.

(Móvil)

Contesta si quieres, ¿eh? No me importa.

-No, no. Que quiero cenar tranquilo contigo.

-A ver, chicos, aquí tenéis la cenita.

-Muchas gracias. -Gracias por atendernos tan tarde.

-Si habéis llegado justo a tiempo.

Antes de que cerrara la cocina. -Tiene muy buena pinta,

y estábamos muertos de hambre. -Pues a ver si os gusta.

-Muchísimas gracias. Oye, se me ocurre como recompensa,

¿me aceptarías un par de entradas para un partido de fútbol?

Para ti y para Elías. -Bueno, bueno.

A Elías le iba a encantar, él es muy futbolero.

-Genial, pues para un partido de Champions.

Ahí en el Wanda o en el Bernabéu. Verás qué ambientazo.

-La verdad que sí, tiene que ser un ambientazo total.

Yo no he estado, pero... Bueno, hablaré con Paty,

a ver si me puede cubrir aquí. Elías va a llorar

lágrimas como limones de la emoción.

-Genial, cuenta con ello. -Pues muchísimas gracias.

Venga, a disfrutar la cena. -Buenas noches.

Oye. -¿Qué?

-¿Tú estás 100% segura de que quieres dejar la policía?

-Pero bueno, ¿por qué me preguntas eso ahora?

-No sé.

Me da la impresión de que quieres dejar tu vocación

por complacerme a mí. Y que conste que a mí

nada me va a hacer más feliz que trabajar juntos,

pero no quiero que sientas que es un compromiso.

-A ver, Goyo, no le des más vueltas a eso.

Ya te dije que estoy convencida de fichar por tu equipo.

Así que no se hable más. -Genial.

Gracias. Y oye, tema redes sociales,

lo dejo en tus manos. Que no he contratado

a la mejor "community manager" de España para decirle

cómo tiene que hacer su trabajo. -Ya verás

que no te voy a defraudar. En muy poco tiempo

vas a ver los resultados. -Genial.

-Oye, voy al baño antes. -Vale.

-Iker.

Deja de llamar ya.

Que estoy cenando con mi chica y estoy dando el cante.

Si te lo he explicado mil veces. A ver, seis jugadores están dentro

y tú eres del equipo visitante al descanso...

eso es, y al final.

Sí, también habrá un penalti en el primer tiempo.

Pues claro que tengo al portero metido en el ajo.

Venga, luego te llamo, anda. Adiós.

-Con el hambre que tenías, ¿por qué no has empezado a comer?

-Te tendré que esperar. No voy a cenar solo.

-Ay, qué mono eres, por Dios.

-¿Qué te parece irnos a una habitación el doble de grande?

-¿De qué hablas tú?

-De un piso que voy a alquilar en el centro.

Y me gustaría que te vinieras a vivir conmigo.

-¿Cuando te lo dijo te hizo ilusión o querías salir corriendo?

-Sí, claro que me hizo ilusión,

si yo estoy superfeliz.

Siento que esto va en serio, que esta vez es la definitiva.

-¿Cómo estás, Vero? -Estresada, la verdad.

Tendría que estar saliendo ya. Cariño.

Todavía no has terminado de ver el "spot".

Esta noche tendremos tiempo. ¿Seguro?

Sí. Me da la sensación

de que le estorbo. No sé, voy a tener que hablar con ella.

Yo no lo haría.

¿Y qué hago?

¿Fingir que no tenemos problemas? La otra mañana llego

mira, no te puedes ni imaginar cómo estaba el "pub",

es que no te lo puedes ni imaginar. Todas las botellas,

las sillas, el billar, todo destrozadito.

Lleno de cristales. Eso daba, mira, no había por dónde cogerlo.

Y en la barra una pintada. -¿Y qué ponía?

-Quintero narco. -Había pensado

que quizás podría acercarme a hacerle unas preguntas.

Con Toni, por supuesto.

Es buena idea, pero verás, Quintero

es un viejo conocido y hay que saber leerlo entre líneas.

Y eso un agente en prácticas no sabe hacerlo.

-¿Quién te ha ido con el cuento? ¿Quién te ha dicho eso?

Lo siento, Fernando, pero no puedo desvelar mis fuentes.

Ha sido Lourdes, ¿verdad?

-Oye, ¿y tú alguna vez has ayudado a chicas víctimas de trata?

O sea, a las que obligan a prostituirse y eso.

-Sí, alguna vez. Es curioso que me lo digas

porque justo han pasado una alerta de la comisaría

para que estemos atentos por si hay casos.

-Qué horror, tío.

Es que es para... Dan ganas de...

-¿De qué?

-De hacer algo.

No tengo derecho a juzgarte por las cosas

que hayas hecho en tu pasado.

Así que, si te parece bien, me gustaría empezar de cero contigo.

-Si quieres saber algo más de cómo funciono,

de cómo manejo mi negocio, tengo una pila de facturas

ahí en el almacén pendiente de revisar,

así que podrás tener todos los datos que quieras.

No te preocupes, gracias. Me voy a casa,

que también tengo una vida. Me espera Antonio.

Ah, sí, qué bien. Pues dale recuerdos a mi consuegro de mi parte.

-Sí, sí, te da tiempo a entrar.

A ver, tengo al portero, uno de los centrales,

eso, y un delantero.

Apuestas diez y te llevas 28, correcto.

Verás, queríamos hablar contigo sobre Goyo García.

La fiscalía española ha recibido una notificación

de la policía griega. Sospechan que durante el tiempo

que él jugó en Primera división en Grecia, pudo estar relacionado

con un caso de amaño de partidos.

A ella le ha pillado completamente por sorpresa

todas esas sospechas. A lo mejor ha sido una imprudencia

por nuestra parte ponerle al tanto de la investigación, ¿no?

¿Qué pasa? Estás muy seria.

-Es que he tenido un día complicado en el curro

y estoy un poco embotada. Se pasa enseguida.

-¿Seguro que es por eso? Estás muy rara.

-Bueno, es que no sé cómo decírtelo sin que te ofendas.

-A ver, ¿el qué?

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Servir y proteger - Capítulo 668

30 dic 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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