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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 665 - ver ahora
Transcripción completa

Voy al almacén; tengo allí los albaranes.

-Oye, no te reconozco.

¿Tan flojo estás que dejas pasar a una mujer como Sara

y no hacerle caso?

¿O es que las cosas con Verónica ya se están arreglando?

No, sigue igual. Está muy rara.

Sé que le pasa algo, pero no suelta prenda.

Ahora céntrate en el spot de mañana.

Y en la fiesta de después, claro.

Me haría ilusión que estuvieras.

Ya sabes cómo son los rodajes. Se pasan el rato cambiando luces.

Me quedo trabajando.

-Vente, aunque sea un rato.

-Vale, igual me ayuda a despejarme la cabeza.

¿Nerviosa? Un poco, la verdad.

(RÍE) No será distinto a rodar un videoclip.

Mira la parejita.

¡Qué relajados están!

-Mejor, ¿no?

¿Te acuerdas de la modelo pelirroja

que se puso nerviosa y no soltaba su frase?

-Sí. -Ojalá no pase hoy.

-No, la pelirroja se puso nerviosa al verte a ti.

-¿A mí? ¿Por qué?

-No esperaba encontrarse con la mujer de Mateo allí.

No te preocupes, yo la acerco.

Quedaros a tomar algo, como es tradición.

¿No te importa? No, te lo has ganado.

-No todo es blanco o negro.

Es complicado. (ENFADADO) -¡Pues explícamelo!

¿Que tuviste una aventura? -Con la mujer de Somontano.

Somontano lo perdió todo:

la casa, la custodia de los hijos, los ahorros.

No volvió a ser el mismo.

Empezó a salir de juerga para disfrutar de su libertad,

pero, por dentro, sufría como un perro.

Estaba muy amargado y no le importaba nada,

ni el trabajo ni nada que no fuera salir y evadirse.

-Y empezó con las mordidas.

-Estoy intentando hablar contigo.

-¿Por qué no hablas con otra persona y me dejas tranquila?

-Te estás pasando tres pueblos, pero bueno.

Tú misma.

-Soy Gina Giordano, soy de Verona...

y fui novia de Paolo.

-Y ¿qué puedo hacer por ti?

-He pensado que tú puedes darme unos objetos de Paolo.

Lo que sea.

-Es que yo también estaba muy enfadada cuando él desapareció.

-¿Y lo tiraste todo?

¿Seguro que no tienes nada de él?

-Igual sí. Tengo dos cajas de la mudanza por abrir.

Entradas de un museo en Florencia,

ópera...

Y el cuadernillo de sudokus que siempre tenía en el baño.

-Conmigo también lo hacía.

¿Puedo quedármelo? -Sí, por favor.

(Música emocionante)

(Ducha)

(Puerta)

(SUSURRA) Vero.

Mateo. Buenos días, cariño.

Me quedaba ahora mismo un ratito contigo en la cama. (RONRONEA)

O no.

(VERO SUSPIRA) Me ha ido bien que me levantes,

así estudio toda la mañana.

(SONRÍE) Siempre fuiste una empollona de mañanas.

Decías que la luz del sol te cargaba las pilas.

¿Recuerdas los madrugones en la universidad

solo para tener el fin de semana libre

e irnos con el coche a la aventura?

¡Qué tiempos! ¿Eh?

Hicimos unos cuantos viajes así.

(RÍE) El mejor de todos empezó fatal. ¿Te acuerdas?

¿El de La Rioja? Ese.

Nos dejó el coche tirados en medio de la nada.

Sí, tuvimos que andar hasta un pueblo minúsculo perdido.

(RÍE) ¿Quién nos iba a decir que veintipico años después

recordaríamos esa escapada como una de las mejores?

¿Qué habrá sido de aquellas cuatro casas?

Estarán casi abandonadas.

¿Seguro?

¿Por qué no averiguamos qué queda?

Ese pueblo ya habrá desaparecido.

Puede que no, puede que siga en pie.

No sé, sería maravilloso viajar allí

y ver si quedan aquellas cuatro casas.

Estaría bien dejar los móviles en casa,

olvidarse de todo lo que no quepa en una maleta pequeña

y escapar...

de las obligaciones, las preocupaciones y los agobios.

Es el plan perfecto.

Mira, he acabado agotado por lo del spot publicitario

y tú llevas agotada mucho tiempo.

Estoy muy cansada, sí.

Nos lo merecemos.

Una escapada lejos de todo y de todos.

¿Lo hacemos?

¿Este fin de semana? (ASIENTE)

Ya te he dicho que era imposible.

El lunes he de presentar el esquema del trabajo final de máster

y aún no tengo una idea de qué tema presentar.

Vale, bueno, no pasa nada.

Vamos a hacer una cosa:

vamos a dejar nuestra aventura en "stand-by"

hasta que podamos otro fin de semana, ¿eh?

¿O no?

Infusión para mí

y café para ti.

Gracias.

¿Cómo estás?

Pues...

fastidiado. Con lo de tu padre, ¿no?

No tiene que ser fácil de digerir.

Siento que todo el mundo habla de mí a mis espaldas.

Toni, nadie habla de ti, de verdad.

Y tú no tienes responsabilidad en lo que haya hecho tu padre.

¡Solo faltaría!

No sé.

Es muy duro no poder sentirme orgulloso de mi padre.

Mi padre, de pequeño, era mi superhéroe.

Te entiendo.

No te hagas mala sangre.

¿Cómo está tu madre? ¿Mi madre?

Mi padre no comenta nada, no hablan

y yo tampoco quiero sacarlo y en casa...

la cena de ayer fue casi como un funeral.

Si necesitas hablar, cuenta conmigo.

Lo que me digas no va a salir de aquí.

Gracias, inspectora.

¿Y qué hace Santiago todo el día?

No se lo he preguntado.

Se levanta y sale a la misma hora, como si fuera a trabajar.

No seas demasiado duro con él.

Lo que hizo es injustificable,

pero le vendría muy bien el apoyo de su hijo.

Conmigo que no cuente.

Me ha decepcionado mucho.

Bueno...

Tómalo como ejemplo, como algo que no se puede hacer.

Perdóneme, pero me estoy poniendo de mal humor.

Si no le importa, me voy a trabajar. No, que seguro que te anima.

Muchas gracias.

¿Salías, Claudia?

Le llevo el café a Toni; ni lo ha probado.

Me lo tomo yo, que falta me hace. Gracias.

¿Por qué? ¿Qué ha pasado? Te cuento:

Europol ha enviado un aviso a todas las comisarías

porque han detectado

a un miembro de la mafia calabresa en la capital.

Habrán mandado a alguien para sustituir a Montechi

y seguir afianzándose en Distrito Sur, ¿no?

O puede que esa persona haya venido para limpiar el rastro de Montechi.

¿Y de quién se trata? Echa un vistazo.

¿Una mujer?

Francesca Belfiore.

Aunque no sabemos con qué nombre habrá desembarcado aquí en Madrid.

No cabe duda de que es un pez gordo dentro de la familia calabresa.

¿Sabes su apodo?

"Il serpente".

¿La serpiente? Es fría y letal.

Pues no pinta muy bien.

¿Qué más me cuentas?

Que es brazo ejecutor y cerebro a la vez.

Es muy joven. 30 años, exactamente,

aunque lleva en la mafia desde que era adolescente.

Ya.

Te voy a lanzar una hipótesis que igual suena a disparate:

¿y si la han mandado

a por las claves de las cuentas de Paolo?

No me parece tan descabellado.

Voy a distribuir la foto de Francesca Belfiore

a los agentes para que estén al tanto.

Date prisa. Y prioridad absoluta.

Vale.

(Puerta)

(SARA) He pensado cómo hacerlo y quedarán unos vídeos muy chulos.

El Moonlight será el escenario y estoy segura de que arrasaremos.

-¿Se puede saber qué demonios es esto?

¡Malditos hijos de...! -Señor, perdone que llegue tarde...

(GRITA) ¿Qué ha pasado aquí?

-Habrán sido unos gamberros. -No.

Esto no ha sido cosa de simples gamberros.

He podido abrir la cerradura con mi llave.

No estaba forzada.

-Voy a ver los baños.

(SARA LEE) "Quintero, narco".

-Sara, hazme un favor.

Ve al almacén y comprueba que está en orden.

Voy a mirar la caja. -Vale.

Francesca Belfiore.

¿Habéis recibido la información en los móviles?

Sí, hace unos minutos.

Tenéis que enseñársela a todos vuestros confites

y a todos los contactos que tengáis y que la puedan identificar.

Dalo por hecho. ¿Nos estás poniendo al frente?

Efectivamente, Elías.

La central de redes de la Policía

la distribuirá entre los medios de comunicación.

Y ¿a qué se dedica la joyita: es asesina, ladrona o qué?

Las dos cosas, Elías.

Esta joyita es un miembro destacado de la 'Ndranghueta calabresa.

Hay sobre ella una orden de búsqueda y captura de la Europol

y pese a su juventud, su currículum tira para atrás.

Y ¿a qué debemos la visita de este personaje?

Suponemos que ha venido a recuperar información

sobre operaciones de Paolo Montechi,

entre otras, las claves de acceso a las cuentas en paraísos fiscales

de la mafia calabresa.

Es de las pocas personas con acceso a esas sociedades.

¿Tenía relación con Paolo?

Pues sí, claro.

Pero no tenemos mucha más información.

Hemos revisado de nuevo

los discos duros que no quedaron inservibles en el desguace

y la información que Paolo guardaba en la nube

y Ángela no ha encontrado nada.

De eso estoy al corriente.

-Tengo información que no sé si será útil pero...

¿Qué pasa? ¿Qué sabes?

Hace un par de días, una ex de Paolo se pasó por La Parra.

¿La has reconocido por la foto? Yo no la vi, me lo contó María.

Por su descripción, no parece que fuese ella,

pero estuvo todo el rato con Paty.

Y ¿le preguntó por Montechi?

No sé, supongo. Será casualidad.

¿Puede ser ella?

Hay que averiguarlo. Voy a La Parra a hablar con María y Paty.

Vamos. No, espera.

Prefiero que os estudiéis bien el dossier que os he dado.

Hay que ser muy cautos.

No en vano se la conoce por "la serpiente"; es peligrosa.

-Vale. (ELÍAS) Estoy pendiente del móvil.

-La ventana. -¿Qué pasa con ella?

-La ventana del baño está rota; habrán entrado por el patio.

-Sí, seguramente.

-La caja fuerte está intacta y el almacén, también.

¿Qué hacemos?

¿Llamamos a la Policía? -No vamos a avisarles.

-¿Por qué no?

-Porque seguramente eso es lo que quiere el que lo haya hecho.

Que se nos llene el local de policía y estén por aquí investigando.

-¿Qué tiene de malo eso?

-Por mi pasado, tengo muchos enemigos.

Cualquiera ha podido ser.

Hay alguien que desea hundirme a mí o a este local.

-A lo mejor han venido a robar. -No, esto no ha sido un simple robo.

No se han llevado nada

y el dinero está intacto en la caja registradora.

Solo han venido a destrozar el local y dejar esa maldita pintada,

así que blanco y en botella.

O mejor dicho: rojo y en la barra.

-¿Estás diciendo que Rojo...?

Razón de más para avisar a la Policía.

-No, Sara. He dicho que no. Lo vamos a hacer a mi manera.

¿Está claro? -Como mandes.

-Bien, hay que ponerse manos a la obra.

Hoy no vamos a abrir. Tendremos esto cerrado.

Hay que limpiar y ordenar a ver si podemos abrir mañana.

Importante: no quiero que nadie hable de nada de lo que ha pasado.

Actuaremos con normalidad.

Pues venga, al lío.

-Yo me arremango y me pongo a limpiar.

-Yo te ayudo, Lourdes.

-La chiquita esta, Gina, vino antes de ayer

y se hizo pasar por una estudiante de Erasmus.

Me pidió una tónica, le dio un trago y se fue.

Dijo que tenía que volver a clase.

-Se dejó unas gafas de sol aposta para volver.

¿Se las dejó aposta?

Sí, es lo que me dijo ella por la noche cuando volvió.

Ahí fue cuando me contó la verdad.

¿Qué verdad?

Que era la novia de Paolo, que se iban a casar.

Hasta que yo llegué a Verona

y se lo robé.

Yo no tenía ni idea de que tenía novia.

Imagino que Julio y Olga, tampoco.

No, seguro que tampoco.

Pobrecita. Lo ha pasado fatal por mi culpa.

-Por tu culpa no, por culpa de Paolo.

-Bueno...

ella seguía enamorada de él

y tenía la esperanza de que la aventura

que tenía Paolo con la españolita iba a pasar pronto

e iban a volver juntos.

Ya.

Y conociéndote, supongo que la habrás consolado.

Me he intentado portar con ella lo mejor que he podido

por compensar un poco.

La pobre no sabía nada de lo de la mafia.

¿No? (PATY NIEGA)

¿Habéis estado hablando de eso? Muy poco.

Muy poco porque es algo que duele.

Cuando se lo conté, se quedó con una cara... flipó.

Pero a pesar de las mentiras

y todas las traiciones,

ella le sigue queriendo.

Me siento muy identificada.

(RESOPLA) Será porque las dos estuvimos con ese desgraciado.

Y ¿por qué ha venido?

Para conocerme.

Necesitaba entender cosas

y reconstruir la imagen que se le había quedado de Paolo.

¿De qué manera?

¿Por qué me preguntas tanto sobre Gina?

¿Pasa algo con ella?

¿Está en peligro? ¿No será que la mafia va a por ella?

(SUSPIRA)

Veréis... (CARRASPEA)

Gina no se llama Gina.

No es la persona que os ha dicho.

Necesitamos encontrarla urgentemente porque es una mujer...

peligrosa.

¿Qué estás diciendo?

¿Qué dices, Claudia?

Tranquila, te lo contaré cuando pueda.

Ni tranquila ni nada. ¿Qué me estás diciendo?

¿No es la novia de Paolo?

¿Y para qué me cuenta esa bola?

¿En serio? ¿Qué más me puede pasar?

(SOLLOZA) ¡María, no puedo más! -Tranquilica. Voy a por agua.

-¿Qué está pasando?

¿Qué está pasando? Tranquilízate.

Yo te lo voy a contar, pero necesito que estés tranquila.

Me tienes que ayudar.

¿Yo?

¿Cómo te puedo ayudar?

Ayudándome a encontrarla.

¿Pero eso no va a ser peligroso para Paty?

No os preocupéis, Paty no tiene que hacer nada.

Solo necesito que me dé información.

Claro. (ASIENTE)

Bien. Gina no se llama Gina,

se llama Francesca Belfiore.

¿Qué más sabes? (PATY SUSPIRA)

Bueno, tengo su número de teléfono.

Sé que se estaba quedando en el hotel La Avenida Sur

(ASIENTE) Hoy se volvía para Italia.

¿El teléfono te lo dio ella voluntariamente?

No, se lo tuve que pedir. ¿Lo quieres?

Sí, pero me gustaría que la llamaras. ¿Puedes?

No sé, intenta quedar con ella. Le dices que...

que quieres despedirte.

Pero ya me he despedido de... Bueno, la llamo.

A ver.

No lo coge.

¿Le pongo un mensaje?

(SUSPIRA)

Hola, Gina, soy Paty. ¿Qué tal?

Oye, que he estado dándole vueltas toda la noche

y me acabo de acordar

de una cosa de Paolo que te va a interesar mucho.

Necesito contártelo, así que llámame cuando escuches el mensaje

e igual nos podemos ver luego.

Ya me dices.

Adiós.

Estoy segura de que ni lo escuchará.

Me habrá dado cualquier móvil.

Lo has hecho bien. Me quedo el móvil.

(PATY) Vale. A ver.

Elías, soy yo.

Nos vemos en el hotel Avenida, ¿de acuerdo?

Sí, yo voy para allá. Venga.

Gracias. Lo has hecho fenomenal.

Voy contigo. No, quédate. Puede ser peligroso.

Muchas gracias a las dos. (PATY) Adiós.

Ya está. -Sí, ya está.

-Hola, Verónica. ¿Qué haces aquí? -Busco al agente Ríos.

-Te acompaño.

¿Lleváis algo juntos?

-Sí, un caso, pero no es necesario, Espe.

-Toni, aquí tienes a Verónica por el asunto ese que lleváis.

-Dime. -Es por lo del inmigrante,

el del expediente de expulsión, ¿te acuerdas?

-Sí. No es nada de la UFAM, Espe, ya me ocupo yo.

-Ah, vale, os dejo. Chao. (TONI) Gracias.

Podrías haberte currado la excusa. Estamos jugando con fuego.

-¿Puedo sentarme?

-Paula se acaba de ir al baño, sé rápida.

-No me has contestado ningún mensaje.

-Para de bombardearme a mensajes. -Me preocupo por ti.

¿Qué ha pasado con tu padre? -No hay novedades.

Estoy muy rallado. No quiero hablar.

-¿Y tu madre? -Nada, sabe lo mínimo.

-Es mejor vivir en la ignorancia. -Vete ya, que tengo que trabajar.

-Podríamos hacer algo este fin de semana.

-Viene tu hija, cuidado.

-¿Qué haces aquí?

-Es por un expediente de expulsión.

-Nos tenemos que ir a las prácticas de tiro.

-¡Ah, coño! Es verdad.

-Venga, que llegamos tarde. (TONI) Voy.

Bueno, hablamos luego de lo del... -El inmigrante.

-Del inmigrante. -Venga.

-Inspectora. Pasad.

Está despejado.

¿Qué buscamos aquí?

Aún no lo sé, Elías.

Algo para tirar del hilo.

Podríamos empezar por el baño. Sí, empezad por el baño.

Está igual que anoche.

¿Qué haces aquí?

Podría ser de ayuda.

Te he dicho que no quería que vinieras.

¿Por qué? Anoche estuve aquí y no pasó nada.

Está bien. Vete, hemos de seguir trabajando.

No entiendo por qué. ¿Qué pasa?

Hablé con ella de Paolo, de lo que hacíamos, recuerdos.

Nada raro.

Esa mujer vino a Distrito Sur con un objetivo claro.

¿Me lo puedes explicar, por favor?

Está bien. Francesca Belfiore

vino a Distrito Sur

(SUSPIRA) no porque fuera la exnovia de Paolo

sino porque quería unas claves muy importantes

para acceder a unas cuentas de la 'Ndranghueta calabresa.

¿Trabaja para la mafia? ¿Está metida en el ajo?

¿Qué? Bueno, yo es que flipo.

¿Es de la mafia de verdad? Tranquila.

Ya que estás aquí, contéstame una cosa.

Cuando estuvisteis hablando,

¿habló de su trabajo de bróker

o de sus actividades financieras?

No, qué va.

Me dio a entender que no le interesaba.

¡Joder, qué fuerte! Te juro que no me cabe en la cabeza.

Estuvimos hablando aquí tranquilamente de Paolo.

No hubo nada que dijera ni que hiciéramos

que me llamase la atención.

Era todo normal.

Solo quería un recuerdo de Paolo porque los había perdido.

No le diste nada. Nos habías dado todo a nosotros, ¿no?

Bueno, hubo cosas que descartasteis.

Y se las di porque para ella eran importantes.

¿Qué es lo que para ella era importante?

Unas fotos de Paolo. Se las metí en un cuaderno de sudokus.

-Y tú, ¿por qué guardaste eso?

-No sé. Porque no era importante para vosotros

y estaban en una caja de la mudanza que no había abierto.

-¿Tú qué piensas?

En el cuadernillo de sudokus.

Aquí hay pruebas.

-Esas son las fotos que le di.

¿Y el cuadernillo?

No lo hemos encontrado.

Vale. Seguid buscándolo.

Prioridad: el cuadernillo de sudokus.

Vámonos, Paty. ¿Qué pasa con los sudokus?

¿Qué tienen de malo?

En los sudokus se pueden encriptar las claves de acceso a esas cuentas,

que es lo que estamos buscando

con la policía italiana y la Europol.

Y voy y se lo doy a ella. ¡Me cago en...!

No te preocupes. Vámonos.

Vámonos. Seguid vosotros, ¿vale? (ELÍAS ASIENTE)

(Gemidos de esfuerzo)

(RESOPLA) Vamos a ver.

(VOZ MÓVIL) "Fuerza muscular máxima. Nivel 6. Diamante".

(RÍE) Diamante.

(VOZ MÓVIL) "Calificación: 67 809. Number one".

-"Number one". (RÍE)

(VOZ MÓVIL) "Edad biológica: 25 años".

-¡Toma! ¡25 años! ¡Sí, señor!

(Puerta)

-Quintero. -Que pase.

-Dile que se vaya.

-¿Qué?

¿Quieres tomar algo? -No quiero nada.

He venido para comentarte una cosa.

Cuando tengas que decirme algo o tengas que hablar conmigo

será mejor que lo hagas cara a cara.

-No sé de qué hablas.

-Rojo, ¿por qué me has destrozado el local?

-Cálmate; te equivocas de persona.

-¿Vas a negar la evidencia?

No me gustan los cobardes que tiran la piedra y se esconden.

(RÍE) -Mira, Quintero, te lo repito: te equivocas de persona.

Soy muchas cosas, pero no un cobarde.

Si he de decirte que eres imbécil, te lo digo así, a la cara.

-¡No vuelvas a faltarme al respeto! Escúchame, imbécil:

cuando tengas que decirme algo, vienes y me lo dices a la cara,

como los hombres.

No hace falta que envíes a cuatro niñatos

a poner patas arriba el local y dejar una mierda de pintada.

-¿Qué niñatos? ¿Qué pintada? -¡Qué querías decir con ese mensaje!

-¿Qué mensaje?

-Quintero, narco.

(RÍE) -Tiene gracia. Quintero, narco. (RÍE)

-¡Cómo te vuelvas a cachondear te arranco la cabeza!

-Suéltame.

Crees conocerme pero no sabes quién soy.

-¿Ah, sí?

¿Y quién demonios eres?

-Alguien que ni utiliza niñatos

ni mensajes para arreglar sus problemas.

Si quiero hundirte, te hundo con todo el barco

y no vuelves a levantarte.

Mira, un día fuiste un maestro para mí,

pero ya no eres nada. Tu tiempo pasó.

¿Sabes por qué?

Porque eres una sombra de lo que fuiste.

Un mierdas que lloriquea por una mierda de pub.

Yo soy Ramón Rojo.

Si tengo que enfrentarme a ti, es cuerpo a cuerpo.

Cuando estaba en el trullo y alguien mencionaba a mi madre,

no enviaba a nadie a solucionar nada.

Entraba con una cuchilla en la celda y le cortaba la lengua.

¿Te queda claro?

¿No querías que pusiera las cartas sobre la mesa? Pues lo hago.

Si quisiera el Moonlight, el Moonlight sería mío.

Pero...

servir copas

y llevar un refugio de alcohólicos no es mi plan.

He nacido para hacer grandes cosas.

Tienes enemigos, colega,

pero están por otro lado.

Y ahora, pírate.

Quiero seguir con mi ejercicio para no acabar como tú.

-Ya quisieras tú estar como yo a mi edad.

-Perdona, papá, he tenido prácticas. -¿Y eso?

-Porque mi binomio quería que le enseñara trucos.

-Mira, tú como yo. Tenemos tan buena puntería

que los compañeros nos piden consejo.

De tal palo, tal astilla. -Espero que en algunas cosas, no.

(MARÍA) Toni, ¿qué te pongo?

-Un zumito. (MARÍA) Muy bien.

Ahora te lo traigo. -Gracias.

-Bueno, aunque te haya fallado, te pareces más a mí de lo que crees.

-¿Ah, sí? ¿En qué? -En el sentido del humor.

Venga, hombre, relaja.

Ya tienes motivos para avergonzarte de mí.

-Si has venido a darme pena, me levanto y me voy

porque estoy cansado del tema.

-No, Toni, te he citado

para aclararte algunas cosas que no te expliqué bien.

-No me hacen falta detalles. -Déjame hablar.

Lo que tuve con Petra, la mujer de Somontano,

no fue una relación.

Solo fueron unas semanas. -Justificaciones no quiero.

-Reconozco que buscaba en ella

el consuelo físico que no encontraba en tu madre.

-Pobrecito.

-Y Petra buscaba una evasión a su desgraciado matrimonio.

-A mí, lo que buscara Petra, como entenderás...

-Quiero que sepas

que nunca pensé en dejaros.

Cuando me di cuenta de mi cagada, lo corté de raíz.

(MARÍA) Toma, Toni.

-Gracias, guapa.

-Escúchame, hijo:

nunca estuve enamorado de ella, solo fue una vía de escape,

¿me explico?

Con aquella mujer supe lo enamorado que estaba de mamá.

Las infidelidades a veces sirven para apreciar más lo que tienes.

Y eso fue Petra.

Me ayudó a superar el bache con mamá.

-Eres muy joven para pensar en eso. -Ya hemos hablado suficiente, ¿vale?

-Vale.

Como te he hablado a calzón quitado, solo te pido una cosa:

no se lo cuentes a mamá.

Está delicada con el tema de la suspensión.

Nunca lo ha sabido y es mejor así.

-¿Ser tu cómplice? Ni de coña.

-Hijo... -¡Que no!

Mamá merece saberlo.

-¿De qué serviría a estas alturas?

-Te serviría a ti para estar en paz contigo mismo.

-No me hagas esto, Toni.

-Hoy ha salido de casa pronto, como si fueras a trabajar.

-Lo he hecho por ella.

Está muy afectada con el tema de la suspensión.

Quiero demostrarle que no me quedaré ganduleando.

-¿Y qué has hecho? -Ir al bar a ayudarla.

A hacer unos recados que me ha pedido.

-¿En serio? -Te lo juro. Pregúntaselo.

-Necesito saber otra cosa.

Y quiero que seas sincero.

¿Alguna vez te arrepentiste de la aventura?

-Cada uno de los días de mi vida.

Aprendí que no es necesario meterse en medio de otras parejas

para saber qué le falta a uno.

Si hubiera estado más al lado de tu madre escuchándola

no hubiera cometido un error tan bestial.

Te pido que no me lo pongas más difícil.

No le cuentes a tu madre nada de Petra.

-Vale.

Yo no le cuento nada.

Lo harás tú.

-Pero hijo... -Sí, papá.

Si se lo dices como a mí, lo entenderá.

Por favor, escoge el momento

y se lo cuentas.

Confío en ti.

-Vale.

Vale.

No. Francesca Belfiore sigue en paradero desconocido.

Mire, estoy empleando a mis mejores agentes en este caso

con la inspectora jefe al frente.

No, no sabemos aún cuáles son las claves,

pero sí creemos haber averiguado la forma que usaba Montechi

para esconder la información numérica sensible.

Cuadernos de sudoku.

Ya, ya sé que resulta extraño, pero es nuestra hipótesis.

Le mantengo informado. Adiós.

(Puerta)

¿Y estos sudokus?

Están en blanco.

Le pedí a Paty que me acompañara al quiosco para comprar algunos

a ver si conseguíamos mirándolos dar con alguna clave.

¿Nada? No.

Ni Paty se acordaba del modelo ni de la editorial

y nosotros no tenemos nada.

¿Seguimos sin ninguna pista de Francesca?

No. Parece evidente que no ha dormido en el hotel.

Le dijo a Paty que hoy se iba para Italia,

pero creo que cuando tuvo lo que necesitaba, se largó.

¿Y esto cuándo fue?

Durante la noche. No sé exactamente.

¿Qué dice el hotel? Que no la vieron salir de noche.

Y los de limpieza estaban esperando a que liberara la habitación.

Esta mujer hace honor a su apodo. Es muy escurridiza.

En aduana no tienen ninguna noticia de que haya cruzado la frontera.

Si no ha salido del país, que lo dudo,

hemos de esperar a que falle en algo.

No escatimemos esfuerzos.

¿Qué tal está Paty?

Pues imagínatelo.

Después de lo que pasó con Paolo

y ahora la serpiente también la utiliza.

Me sabe mal

lo que ha pasado con lo joven que es.

¿Sigue yendo al psicólogo? La doctora Guzmán.

Se la recomendó Antonio.

Paty no está bien y no me extraña.

Luego me pasaré a verla a ver si la animo.

Que sí, mamá, me va genial dormir contigo,

pero no hace falta que vengas a por mí,

me puedo coger transporte público.

Te espero en la plaza en una hora.

Gracias.

Un besito. Chao.

(SUSPIRA)

-Toma, cariño. -Gracias.

-¿Qué te ha dicho?

-Que acaba de aterrizar. Venía de Londres.

-He oído que habéis quedado.

-Sí, pasará a recogerme en una hora.

(MARÍA) Me alegra que duermas con ella.

¿Te preparo unas tapas y no tenéis que cocinar?

-No te preocupes.

Yo no tengo nada de hambre

y seguro que ella habrá picado por el camino.

-¿Y no le vas a contar nada?

-Le he contado un poco lo de Paolo,

pero lo de Gina no me ha dado tiempo a contárselo a nadie.

Y no sé si lo voy a hacer hoy.

-¿Por qué no? Es tu madre, te va a entender.

-Ya, es que me da rabia.

Va a pensar que soy tonta o una ingenua.

-¿Por qué? A mí también me ha engañado la pija esa,

con sus gafas de marca y todo, que pensé que era una Erasmus.

-Y que es una profesional.

Lleva a la Interpol detrás mucho tiempo.

¿Cómo no te va a engañar a ti?

-Es que parece que tengo un imán para la gente mala.

-Que no, mujer. -Buf.

-Ya verás como ha sido una racha y se está pasando.

-Jefa. (MARÍA) Hola, Claudia.

¿Qué tal? Buenas noches.

¿Cómo estás, Paty?

Lo único que me hará sentir mejor es que me digas que la habéis pillado.

Pues ya me gustaría, pero, lamentablemente, no.

Lo siento. Es pronto aún.

Haremos todo lo posible para trincarla.

-Esa tía es muy lista, se las sabe todas.

Después de todo lo que he pasado, voy y vuelvo a caer.

¡Y se lo dejo en bandeja!

-No te tortures más, no somos policías.

¿Cómo ibas a saber que te engañaba?

-Lo creas o no, nos has ayudado mucho

para ver el método para esconder el dinero.

-Claro, Y también con la detención de los Solera. ¿A que sí?

Desde luego. Si no hubiera sido por tu colaboración,

habría sido imposible vincular a Paolo, Álvaro y Elvira.

Eres muy valiente.

Claro, y muy buena persona. No todos pueden decir lo mismo.

-Chicas, gracias. Vosotras sí que sois buenas.

Oye, ¿dónde vas a dormir, eh?

Antonio y yo estamos deseando

tener una hija que ocupe la habitación de Olga.

Viene mi madre a por mí en una hora.

Dormiré con ella.

Bueno.

¿No te iba bien venir? -Sí, pero no es tan fácil escaparse.

Perdón.

He tenido un día de mierda.

(SUSPIRA) He hablado con mi padre.

-¿Cómo ha ido?

-Bien, mejor.

¿Qué me querías decir?

-Es que decírtelo ahora me da como no sé qué.

-Si era tan importante antes, lo será ahora.

-Esta mañana, Mateo me ha recordado algo que me ha hecho pensar en ti.

¿Quieres que te lo diga? -Claro.

-Cuando éramos estudiantes, los sábados nos escapábamos

con el coche, sin rumbo fijo, hacíamos kilómetros así.

Un día tuvimos una avería y nos quedamos tirados en un pueblo.

Fue un fin de semana fantástico porque nos sentimos libres.

-¿Qué tiene que ver conmigo?

-Mateo quería volver a ese pueblo

y solo podía imaginarme disfrutando de ese sitio contigo.

Solo contigo.

He hecho venir a un carpintero que ha arreglado siete taburetes

y se ha llevado dos al taller.

-¿Te ha dado el presupuesto? -Sí, de todo.

Y también ha pintado los desconchones.

Y ha limpiado la pintada.

-Estupendo, Sara. ¿Qué más?

-Felipe y yo hemos colocado las botellas que se han salvado

y he hecho un pedido de copas y vasos.

Saldrá por un pico. ¿Y si damos parte al seguro?

-No, no vamos a hacer nada de eso.

Ahora mismo, lo más importante es abrir cuanto antes, mañana mismo.

-Eso está garantizado.

-Bien, estupendo.

Muchas gracias por tu esfuerzo, Sara, y por todo lo que has hecho.

Me has ayudado mucho.

-Felipe y Lourdes también han ayudado.

Ella ha echado unas horas de más.

-No os preocupéis. Os pagaré las horas extras a todos.

-¿Has podido averiguar algo?

-Sí, bueno, algo.

He hablado con Rojo.

-¿Y qué has sacado? -Él no ha sido.

-¿Y quién crees que...? -No lo sé, Sara.

-En mi pasado,

con todos los líos en los que andaba me gané muchos enemigos.

Ha podido ser cualquiera.

-Pero ya estás fuera de eso. -Sí, ya estoy fuera.

Por eso me va a costar averiguar quién ha hecho esto,

porque no tengo los mismos contactos.

-Que yo sepa, hoy, quien te la tiene jurada es Eladio.

-No creo que Eladio haya hecho nada de esto.

-No le tembló el pulso para meter aquí camellos;

tampoco para destrozar el local.

-Sara, conozco a Eladio desde hace años.

Es un tío sencillo, humilde, tiene un gran corazón.

Es algo inocente y no creo que se haya metido en este follón.

-Para conocerle tan bien, no viste que te la iba a jugar con Rojo.

-También tiene su explicación.

Eladio está pasando un mal momento económico.

Se metió en unos préstamos por necesidades de familia

y me pidió un aumento.

Yo no podía dárselo porque tampoco estoy muy boyante.

Es lógico que se enfadara y que esté cabreado.

-La idea de acabar en la cárcel puede haberle trastocado.

-Lo averiguaré pronto.

Le he pedido que venga.

-¿Aquí? -Sí.

Ahí viene.

Pasa, Eladio.

-Buenas noches.

-Sara, vete a casa a descansar. Gracias por todo.

-No te olvides de agradecérselo a Lourdes, ¿vale?

-Tranquila. (SARA) Buenas noches.

-Hasta luego.

-Podríamos escaparnos este fin de semana

y así tendríamos dos días para nosotros solos.

Sin tener que escondernos.

¿Te imaginas qué sería tener dos días para ti y para mí?

-Me imagino.

-Me encantaría escaparme contigo y tengo la excusa perfecta.

Este lunes he de presentar el esquema de trabajo final

y podría echar una mentirijilla.

-¿Una mentirijilla?

-Podría decir que he quedado con una amiga

para que me ayude con la presentación del trabajo.

Es perfecto.

-Pues a mí no me parece tan perfecto.

-¿Por?

-Estoy cansado de este jueguecito.

Es superior a mis fuerzas.

Estoy harto de inventarnos una película para estar juntos.

-Aquí la que arriesga más soy yo.

¿Crees que me gusta mentirle a mi hija y mi marido?

Tú no pierdes tanto con todo esto.

No me hables de jueguecitos.

-¿Sabes qué arriesgo yo? Mi dignidad.

Le estamos mintiendo a todos: a tu marido,

a tu hija y mi compañera, a mi jefe.

No sé si tienes claro para qué,

porque podemos hacer daño a mucha gente

y es una bola que crece.

-Pensaba que nuestro amor estaba por encima.

-No lo tengo claro, no sé si me compensa.

-¿Qué miras, Eladio?

-No sé, noto el local raro.

¿Qué ha pasado? -No ha pasado nada.

He decidido cerrar hoy para hacer una puesta a punto.

Ya sabes que, de vez en cuando, viene bien.

-Don Fernando, yo...

(CARRASPEA)

Lo primero es agradecerle lo del abogado.

Sé que Vizcaíno es de los buenos, un lumbreras.

Le habrá costado un pastizal. -Déjalo estar.

-No, déjeme.

Déjeme que le dé las gracias.

Después de lo que le hice,

lo último que me esperaba era eso, jefe.

-Ya no soy tu jefe. -Para mí...

siempre lo será.

Por lo menos, en mi cabeza.

Yo soy así.

No me entra en la cabeza llamarle de otra manera.

Usted y yo hemos pasado media vida juntos.

(SOLLOZA Y SUSPIRA)

Sé que lo que hice...

es una canallada.

(RESPIRA PROFUNDO)

-¿Y tu mujer y tus hijos?

(SOLLOZA) -Fastidiados.

Nunca hubieran imaginado que yo le traicionaría,

sobre todo, después de lo que ha hecho por mí.

-Ni yo, yo tampoco me lo habría imaginado nunca.

Nos conocemos desde hace años, hemos pasado mucho juntos.

Hemos abierto este local juntos.

Y, con el corazón en la mano te lo digo,

no habría podido llegar hasta aquí si no llega a ser por ti.

(SOLLOZA) -Gracias, don Fernando.

No me lo perdonaré nunca, ¿sabe?

¡Cuánto me arrepiento! -Ya está, Eladio.

Sé que estás muy arrepentido, no te hagas más sangre.

Bastante tienes con lo que tienes. Ya has pagado bastante.

-Y lo que queda.

El futuro que me espera es muy chungo,

aunque salga libre de la cárcel.

-Esperemos que el abogado que me recomendó Marcelino

haga bien su trabajo y te saque de la cárcel.

-Lo sé, pero lo que más me duele de todo

(SOLLOZA) es que nunca más seré uno de los suyos.

Sé que he perdido su confianza.

(SOLLOZA)

(SUSPIRA)

Bueno, gracias otra vez. -Espera, Eladio.

Espera un momento.

Te he pedido que vinieras porque me gustaría consultarte algo.

Me gustaría...

saber tu opinión para que sepas que sigo confiando en ti.

-Dígame.

-Cuando he dicho que había cerrado para hacer una puesta a punto,

estaba mintiendo.

Nos han atacado.

Han venido a destrozar el local y a dejar una pintada.

-¿Qué decía la pintada?

-Quintero, narco.

-No pensará que yo... -No, hombre.

Sé que tú no has sido. Serías incapaz.

Ni Rojo, tampoco.

-¿Cómo lo sabe? -He hablado con él.

-¿No se habrá ganado algún enemigo en estos días?

-No lo sé. Por eso quería hablar contigo,

consultártelo y saber tu opinión.

Tú mejor que nadie sabes quién me rodea.

-A lo mejor la clave está ahí,

en la gente que tiene acceso al local,

en la gente que le rodea.

-¿Qué quieres decir?

-Se me está ocurriendo...

un sospechoso.

Bueno, mejor dicho, una sospechosa.

(RÍE) -Si hablas de Sara, olvídate, pongo la mano en el fuego por ella.

-No. -Ella sería incapaz.

-Hablo de la mujer de la limpieza.

-¿De Lourdes?

-Repasando mentalmente todo lo que ha hecho

y su insistencia en preguntar sobre ciertos temas,

no me extrañaría nada que hubiera sido ella.

Lourdes.

Cariño, sé que has dormido mal

y que algo te ronda la cabeza.

No sé si es peor que duermas mal o que no me lo cuentes,

aunque creo que sé qué te pasa.

Es el maldito TFM, ¿no? Te tiene agobiada.

Pues sí.

Creo que me está viniendo grande.

He pensado pegarme una escapada. ¿Escapada?

Sí, este fin de semana a Barcelona.

Puedo coger el tren a las nueve y voy con tiempo.

Te digo algo ahora.

Hasta ahora, Manu.

¿Tienes que ir a Barcelona? Sí, al final soy yo el que viaja.

Toni...

¿Vas a hacer que no me conoces?

-Señor, ¿se sabe algo de los vándalos del otro día?

-No, aún no se sabe nada.

Digamos que...

hasta ahora hay más preguntas que respuestas,

como saber por qué demonios no se llevaron la caja registradora.

-Igual no les dio tiempo.

-Claro que les dio tiempo.

Lo que pasa es que prefirieron dedicarlo a destrozar el local

y a dejar la maldita pintada encima de la barra

con ese mensaje tan claro.

-¿Y si fue un rival del pasado que se quería reír?

-Sí, igual sí.

(Móvil)

-¿Qué haces aquí?

-No me gusta aceptar la ayuda de nadie, ni de la Policía

ni de ningún impresentable como tú, así que lárgate.

-¿Y mis recursos tampoco los necesitas?

Porque no sabes dónde buscar a los que se han reído de ti.

-A ver si te enteras:

no quise asociarme contigo en el pasado y no quiero ahora.

Solo quiero que me dejes en paz y que te largues.

-Hace 20 años no te habrían hecho eso.

-Escúchame bien, Rojo:

hace 20 años, alguien me suelta una insolencia como esa

y le habría machacado la cabeza.

Lo sabes perfectamente, así que dale gracias a Dios

porque las cosas han cambiado.

-Y más que van a cambiar.

Estamos condenados a entendernos.

Servir y proteger - Capítulo 665

24 dic 2019

La inspectora jefe Miralles es la policía más veterana de la comisaría del Distrito Sur. La inspectora Alicia Ocaña se incorpora a la comisaría. Ambas son el eje en torno al que gira la vida personal y profesional de sus compañeros y los casos policiales que afectan al barrio.

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