Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 946 - Ver ahora
Transcripción completa

Parece que finalmente hemos firmado una especie de tregua.

-¿Y se lo han tragado? -Eso espero,

aunque de las Velasco mejor no fiarse.

Guzmán Santigosa estuvo en los grupos de respuesta especial

para el crimen organizado, en el GRECO,

en la misma época que Ramiro Infante,

eso es lo importante. ¿Lo conoce bien?

De hecho, intervinieron los dos en algunas operaciones

de infiltración juntos.

Nos vamos a estar liando a escondidas en el hotel, ¿y ya?

-A ver, "a escondidas". Ahora mismo estamos aquí, ¿no?

-Buscamos un proveedor,

sustituimos a Hariri y adiós Quintero.

-Quiero hacer una criba

de todos los candidatos que vienen a jugar,

así distinguiremos a quién llamamos para el póquer,

a quién para la ruleta y a quién no llamamos.

Hay que mantener la cabeza fría y dejar los sentimientos.

Lo estoy intentando, te lo aseguro.

-¿O es que ahora me vas a decir que detrás de la mensajería

ocultamos algo turbio?

-Pues sí, está claro que detrás de esa mensajería

os dedicáis a otras actividades delictivas.

(Música emocionante)

Bueno, hermano, pues muchas gracias por traer los cruasanes

y gracias por la visita mañanera

porque no tenía nada para desayunar.

-Normal, con todas las horas que estás trabajando.

-Sí, estoy echando un par de horitas más, pero bueno,

María me dio este respiro, así que... -Bueno, muy bien.

Y así también nos ponemos al día, digo yo, ¿no?

-Pues sí. -Que...

Que ayer te vi con Carlos y bien, ¿no?

-Con Carlos muy bien.

Estoy muy contenta, la verdad.

Pero a ver, yo creo que aquí el que tiene más novedades es otro.

¿Qué tal esa pijilla con la que andabas ayer?

-Ah, qué rápido etiquetas, ¿no?

-No, a ver, no es que la etiquete, o sea, que será una chica estupenda,

pero no sé, me pareció un poco pija.

-No, sí, es que es pija, pero no solo es eso.

Es una niña como muy luchadora, aparte superbuena estudiante.

-Vale, están liados, ¿no?

-Bueno, a ver, de momento...

nos estamos conociendo.

-Vale. -Pero sí.

Sí me gusta un poco. -Ya.

Cristina se llama, ¿no? -Sí.

-¿Y dónde la conociste?

-En el Moonlight.

No sé, la vi y me gustó.

Y dije: "Le voy a entrar",

pero tampoco pensé que me iba a hacer caso, y sí,

me hizo caso.

Solo que hay un pequeño problemita.

-¿Cuál?

-Es la hija de Joaquín.

-¿En serio?

¿Y qué opina Joaquín de que estés saliendo con su hija?

-No sabe nada, no sabe nada,

pero bueno, de momento tampoco le voy a decir.

si llevamos unos días no tiene caso, ¿no?

-Vale, bueno.

O sea, ¿que con esta no te pudiste hacer pasar por el alto ejecutivo?

-Lo intenté.

Quise hacerme el ejecutivo,

pero al día siguiente fue al hotel

y me vio vestido de mantenimiento, ¿te lo puedes creer?

-Me lo puedo creer.

Y con ese comienzo, entonces, ¿cómo es que están saliendo?

-Oye, pues el mono tiene su sexapil.

-¿Y qué es, muy pija? No sé, es raro, ¿no?

-No, no.

De hecho es como superbuena estudiante.

Se quiere ir a hacer un máster a EE.UU. que es superdifícil entrar.

-OK.

O sea, que es muy inteligente, ¿no? -Sí.

-Bueno, veo que sabes bastante de ella.

¿Y ella de ti?

-Si lo que me estás preguntando es si sabe si yo estuve en la cárcel,

no te preocupes que ya se lo dije.

-Pues está muy bien, no te estás guardando nada.

-Sí, la verdad es que se siente bien, ¿no?

No tener que estar mintiéndole a la gente.

-Pues sí. De todas maneras ten cuidado.

-Pero ¿cuidado de qué?

-O sea, cuidado con tus sentimientos.

-Pero no puedo estar con miedo, Dani.

-Vale, estoy de acuerdo, no digo que tengas miedo,

solo que tengas cuidado,

ya está.

Y pues no sé, a ver qué va a pensar Joaquín

cuando se entere de que estás saliendo con su hija.

-No, no. Va a pensar mal, ya te digo yo.

Te lo adelanto, ya lo conozco.

Bueno, pero de todas maneras somos dos adultos

y podemos decidir con quién queremos estar

y quién nos gusta, ¿no?

-Sí, sí, estoy de acuerdo.

Lo que pasa es que creo que esto va a ir a más,

entonces, pues en algún momento se lo tendrás que decir, ¿no?

-Mira, no sé, de momento no lo sé.

Pero bueno, mira, llegué bien y ya estoy...

ya estoy aquí con la cabeza así, en todos lados.

-No, vale, tranquilo.

-Pero dime entonces, ¿qué hago o qué? ¿Cuál es el consejo?

-No, a ver, yo creo que si es algo pasajero, que no creo,

pero bueno, si es algo pasajero,

pues yo no le diría nada a Joaquín.

Pero si la cosa va en serio, Ángel,

yo que tú se lo diría.

Salgado, te estaba buscando. ¿Has localizado a Santigosa?

Todavía no.

Espero que no se dilate demasiado en el tiempo esto.

Yo también, pero no sabemos cuánto nos va a llevar.

Supongo que ya sabes lo que se ha publicado en prensa.

No, ¿el qué?

Pues que se han iniciado los trámites

para retirar la medalla póstuma a Tamayo

por presunta corrupción.

Mira que intenté detenerlo, pero ya ves.

Supongo que la noticia ya habrá llegado a oídos

de Ramiro Infante.

Seguro que sí

y estará pensando que se ha hecho algo de justicia con él

y con su familia. Ojalá, pero no lo creo probable.

Para ese hombre nada puede reparar el brutal asesinato de su familia

y la muerte de Lucas.

Vive en una espiral de violencia muy difícil de frenar.

-Comisario, inspector, os estaba buscando.

Cuéntanos.

Lidia ha conseguido localizar a Santigosa.

Bien. ¿Miralles lo sabe ya?

Sí, comisario, ya está al tanto.

-¿Y dónde estaba Santigosa?

-Por lo visto lleva unos años en Córdoba

como delegado en Régimen Disciplinario.

-¿Y te ha confirmado que era amigo de Ramiro Infante?

-Incluso le ha comentado a Lidia que cuando se le dio por muerto

estuvo hecho polvo un tiempo, eran muy amigos.

-Y sabe que ahora está vivito y coleando.

-Se ha enterado por la prensa. Sigue flipando con la noticia

y con el hecho de que su amigo sea asesino de policías.

Pues que deje a un lado su sentimiento de amistad

y colabore con nosotros. Ya lo ha hecho.

Va a coger el primer AVE a Madrid que pueda para hablar con nosotros.

Crucemos los dedos para que nos dé alguna pista

que nos ayude a detener a Ramiro Infante.

Buen trabajo. Gracias, comisario.

-Ya, escucha, y a parte de hablar con tus millones de contactos,

¿has conseguido algún nuevo proveedor o no?

-Pues yo creo que sí, que tengo una opción.

-¿Quién?

-¿Tú te acuerdas de Gerardo Navales, un amigo de papá?

-Gerardo... ¡ah, calla!

¿Este es el que se fue hace años por Latinoamérica?

-Ha estado viviendo en México y llegó como hace un mes.

-Guay y...

De hecho también se llevaba bien con el tío Abel,

si no recuerdo mal. -Sí, sí.

Y cuando ha llegado a España se enteró de la muerte de papá.

Es que eran muy amigos. -Pobre.

Pero bueno, al caso, lo importante, ¿crees que encaja en el perfil?

-Creo que sí, papá decía

que era un tío muy profesional y confiaba en él, y Abel también.

-Guay, pero o sea, ha pasado muchísimo tiempo,

no sabemos de su vida en México,

igual sigue con el negocio o no.

-Él estuvo trabajando con un cártel mexicano

y sé que tiene muy buena fama allí,

que nunca le faltó stock... no sé.

-Bueno, bien, ¿no? Si controla todo el cotarro

a nivel internacional, le fichamos como proveedor

y le damos la patada a Quintero y a Hariri.

-Por fin, sí.

-Qué ganas tengo, de verdad te lo digo.

-Y yo, pero ¿qué hago entonces, le llamo y le propongo?

-Sí, claro, díselo.

¿Cuándo quedaríamos con él? -No lo sé.

A ver qué me dice, pero sí que creo

que igual es bueno que vaya yo en la primera reunión.

-¿Por qué?

-Porque es como muy de la vieja escuela él, ¿sabes?

Es de los que se sienta en los bares en la puerta a vigilar,

rollo boina verde.

Igual se le hace bola que seamos tres.

-Vale, o sea, pero me gustaría conocerle,

hablar con él cara a cara, tantearle...

-Claro, sí, si cerramos trato, por supuesto.

-Vale, guay, ¿le vas a llamar?

A ver qué tal. -A ver qué tal.

(Música de suspense)

Hola. ¿Gerardo?

Eva Velasco.

Sí.

Qué bien que tenías mi número grabado.

Pues... sí, sí.

Cuánto tiempo.

Mira, te quería comentar una cosa,

pero me gustaría hacerlo en persona, ¿cómo lo tienes tú?

-Vale, entonces: redondo de ternera, lomitos de atún, apio, perejil,

laurel, cebolla, zanahoria, anchoas, alcaparras y puerro.

¿Algo más?

-Vino blanco

y zumo de limón.

-Y ya, ¿no? Pues mira, nunca me había atrevido yo

con el "vitello tonnato", pero siendo la receta de Olga,

me voy a animar. -Te va a encantar,

Olga lo borda.

-Bueno, Olga lo borda...

No es solo por los ingredientes, tu hija es una gran chef.

-Mira, Olga prepara a su madre y a mí un zapato a la plancha y nos encanta,

no solo porque es una buena cocinera, sino porque significaría que está

cerca de nosotros.

-Pues sí, es que eso es lo principal,

compartir las cosas con la gente que quieres.

-¿Cómo llevas lo de estar lejos de Elías?

-¿Qué te voy a contar, Antonio?

Unos días mejor y otros días peor.

Lo que daría por comer con él,

aunque fuera un trozo de pan con aceite.

-No te preocupes, ya faltará poco para que vuelva, ¿no?

-Eso me digo yo todos los días.

A ver si ahora a Isra le va bien con lo de la quimio

y se recupera pronto, que es lo importante.

-Hola. -Hola, Salgado. ¿Qué te pongo?

-Una tónica y un pincho de tortilla, por favor.

-Tengo una tortillica que se está terminando de hacer.

Ahora mismo la saco.

-La tortilla de María debería estar en la guía gastronómica de Madrid.

¿Qué tal todo?

-Perfectamente.

-Bueno, me voy al centro médico.

Hasta luego. -Adiós.

-Eh... ¿puedo hablar un momento contigo, Tomás?

-Sí, claro.

¿Qué quieres?

-Ya sé que...

no vamos a ser amigos, pero me gustaría...

normalizar un poquito las cosas.

-¿Normalizar el qué? No sé por dónde vas.

-Creo que está claro, ¿no? -Para mí no,

o no te lo habría preguntado.

-Bueno.

Está claro que...

lo que ha pasado últimamente entre nosotros nos... nos pone

en una situación muy incómoda, pero...

creo que podríamos intentar tener una relación cordial.

-Antonio, tú y yo ya somos mayorcitos para saber cómo actuar

y no necesito tus instrucciones.

-Bien, bueno, descarto lo de la cordialidad,

pero sí te pediría una cosa: que no pagaras los platos rotos

con Claudia.

-No tengo el menor problema con Claudia.

-Yo creo que sí.

Conmigo te puedes llevar todo lo mal que quieras, pero...

pero Claudia...

la ves todos los días, trabajas con ella.

-Todo va bien con ella, soy un profesional

y me fastidia que lo pongas en duda.

-No, yo no lo pongo en duda, pero me gustaría que...

que la trataras con normalidad.

-Y dale, y te empeñas en decirme cuál tiene que ser mi actitud

hacia una compañera.

-Compañera que además es mi mujer. -No creo que tu mujer necesite

que la defiendas ante nadie y menos ante mí,

así que, por favor, déjame en paz ya.

-Vale, vale.

¿Estás bien?

-Sí, sí, no me pasa nada.

(Música dramática)

Te ha dado un espasmo en el brazo. ¿Te ha pasado alguna otra vez?

-Te he dicho que estoy bien, déjame en paz, por favor.

Parece que te encante meterte donde no te llaman.

-Vale, vale, perdona. Me voy al centro médico.

Te dejo aquí lo del descafeinado. -Muy bien.

-Cóbrame a mí también, María.

Tengo que irme.

-3,50.

Espera que te ponga el pinchico.

-No, no, he perdido el apetito.

-Entonces, 1,50 solo. -Está bien.

Gracias.

(SUSPIRA)

-Sí, hombre, te voy a pagar la información, no te preocupes.

Luego te hago el ingreso, ¿vale?

De todas formas, si te enteras de algo nuevo

sobre Vlado Khan o averiguas cualquier otra cosa,

llámame inmediatamente, ¿vale?

-Hasta luego, gracias.

(Puerta)

(Música de tensión)

¡Hanna! Pasa, pasa.

-¿Qué tal? Buenos días. -Buenas.

-Sigues...

buscando información sobre Vlado.

-Sin descanso, de día y de noche.

No dejo de buscar información sobre él.

-¿Y has encontrado algo nuevo?

-Bueno, acabo de hablar con un tipo que me ha dicho que un tal

Alexey Sokolov ha estado en Madrid para intentar hacer un trabajito

para Vlado Khan.

-Alexey Sokolov.

Noticias frescas, ¿no?

(SUSPIRA)

¿Qué hacemos con esta información?

-Es evidente que quien que me ha llamado no tiene ni idea

de que lo enterramos a dos metros bajo tierra en un chalé de Madrid.

Me dio la información como si fuese una noticia fresca.

-Vale, ¿y algo nuevo? Un poco más actual.

-También he estado hablando hace un rato con un conocido,

un narco francés que había escuchado rumores de que Vlado Khan

había perdido todo su dinero, pero que solo había sido

una o dos semanas porque terminó recuperando

toda la pasta.

-Pero entonces se está refiriendo a aquella semana que le vaciaste

las cuentas gracias a la información que te dio Larrea.

-Eso es.

-Es que, lo siento, pero es que estos soplos

no nos están sirviendo de nada. -Pues no, la verdad,

no están sirviendo de mucho.

-Sin embargo, te veo muy animado, ¿no?

-Porque creo que el rumor este que estoy haciendo circular

por las calles está funcionando, digamos que esa semillita...

va bastante, bastante bien.

La gente tiene ganas de hablar sobre Vlado Khan

y está dispuesta a ayudarme a encontrarlo, eso es positivo.

-Sí, es positivo, pero... quiero decir, no les irás a pagar

por la información que te dieron, ¿no? No nos ha servido.

-No, no, todo lo contrario, claro que voy a pagar

por esa información.

Yo prefiero tener a la gente contenta,

así solo tengo que sentarme a esperar a que salte la liebre

y, entonces, atraparla.

-Para que vean que vas en serio. -Eso es, eso es.

Digamos que para mí es como si fuese una inversión,

nada más.

-Pues espero que el próximo que se entere de algo sobre Vlado

no se lo piense dos veces.

-¿Estás listo? -Sí, sí,

solo tengo que ponerme la chaqueta y recoger un par de cosas.

Oye, eh... ¿cómo se llamaba el proveedor este de vinos?

Marcos, ¿no?

-Sí.

-¿A qué hora me dijiste que habías quedado con él?

-Pues en media hora, pero el almacén está un poco lejos.

-Nada, nada, no te preocupes. Venga, vamos corriendo.

(Música de suspense)

Paty,

¿ves como estás mal? Has estado a punto de caerte.

-Que no flipes tampoco, tía. Me he tropezado, ya está.

-No te has tropezado, estás mareada. Dime la verdad.

-Que no, Lara, que no estoy mareada y para ya de insistir.

A ver, a lo importante, el proyector, no sé qué había pasado ayer,

pero ya lo he probado y funciona perfectamente.

-Vale, voy a necesitar a alguien que lo maneje durante la charla.

-Vale. -¿A quién podemos llamar?

-Yo misma. -¿Tú misma?

Con lo que tienes encima, encontrándote mal, no.

-Que no estoy mala, además, que es apretar un botón

y meter el vídeo cuando toca, ¿no? -Estás mala

y requiere mucha concentración. Creo que deberíamos llamar

a otra persona. -Lara, tranquila.

De verdad, que estoy...

(SUSURRA) Espera un momento. -¿Qué?

¿Ahora me vas a decir que no te has mareado?

-Que... vamos a ver, ¿no me puedo sentar un rato

a descansar? -Pues sí,

pero deberías descansar mucho. Irte a tu casa, meterte en la cama...

No son condiciones para trabajar estando así, Paty.

-Lara, en serio, que tampoco saques las cosas de quicio ahora que...

que sí, que he pasado una mala noche, me duele un poco la tripa,

tengo los músculos un poco agarrotados,

pero vamos, que...

que ya me encuentro mejor, de verdad.

No me puedo relajar, tengo que entregar el proyecto

de final de curso, se acaba el plazo mañana.

-Venga, encima más cosas. -Ay...

-Paty, de verdad, mírate.

Yo creo que estás peor que ayer, tienes mala cara.

Debes descansar, no puedes trabajar en estas condiciones.

Yo doy la charla, seguro que lo hago bien,

confía en mí.

Si necesito cualquier cosa, aviso a un voluntario.

-Sí, bueno, están los pobres que no dan abasto, todo el día

para arriba para abajo.

Que no, que no, no insistas, es que no me voy a mover. Ya está.

-Cómo eres tan... -Chicas,

traigo un caldico que resucita a un muerto. ¿Cómo estás hoy?

-Bien, bien, muchísimo mejor.

-Está fatal, no le hagas caso. Lo que pasa es que no lo reconoce.

-Ya me lo figuraba yo. A ver.

Madre mía, nena, ¡si estás ardiendo!

Tienes que ir al médico. -Se lo he dicho mil veces,

pero pasa de mí. -Tú estás para irte a ver a Antonio.

-Bueno... de verdad, estáis las dos muy pesadas

y me estáis agobiando, ¿vale? Hoy es un día importante, así que...

estoy bien, sé cómo estoy y estoy...

-A esta chiquilla,

¿qué más le tiene que pasar para que se cuide un poco?

-Nada, hija, es muy responsable con su trabajo, demasiado.

Yo no digo que no sea importante, que lo es, y mucho,

pero la salud es lo primero. -Si no va al médico,

se va a encontrar peor y va a tener que pedir más días de baja.

-Aunque solo fuera por eso, debería hacernos caso.

-Bueno, ¿y qué se te ocurre? ¿Qué vas a hacer para convencerla?

Porque a mí no me ha hecho ni caso.

-¿Qué quieres que le diga? Más de lo que le has dicho ya.

-Ya, María, pero tú la conoces muy bien.

-Hombre, a ver, se me ocurre... -¿Qué?

-¿De qué habláis?

-Nada, de cosas nuestras. Has vomitado, ¿no?

-He echado el desayuno, pero porque me lo he comido

muy rápido, pero me encuentro muchísimo mejor, de verdad.

-Paty, llama ya a la ONG

y que traigan a alguien para que te sustituya.

-Lo van a entender perfectamente.

-Pues a ver si entendéis esto vosotras perfectamente.

Estoy bien, ¿vale? Hoy es un día importante.

Quiero que la charla salga perfecta

y no me voy a ir porque me encuentre un poquito mal.

Tomo tu caldito, María, y me pongo buena. Ya lo veréis.

-¿Qué? ¿Qué ibas a hacer para convencerla de ir al médico?

-No. Convencerla, no. Estoy pensando en otra estrategia.

Pues a ver.

Si Mahoma no va a la montaña, tendrá que ser la montaña

la que venga a Mahoma.

Salgado, ha llegado el inspector. Adelante.

Usted deber ser el inspector Santigosa.

-Encantado, inspector jefe.

-Le agradezco mucho que haya viajado desde Córdoba con tanta rapidez.

Siéntese, por favor.

-No tiene importancia. En tren se llega en menos de dos horas.

Cuando me llamaron para pedirme ayuda, no lo pensé.

¿Dónde se aloja?

No muy lejos. En el hotel de la Avenida de las Hayas.

¿Y viene con prisa o podrá quedarse unos días?

El tiempo que necesiten y pueda serles de utilidad,

aunque espero que el asunto no se alargue mucho,

tengo trabajo en Córdoba. Ya.

Tengo entendido que se enteró por la prensa de que Ramiro Infante

seguía vivo.

Sí.

Sigo impactado con las atrocidades que parece que ha cometido.

No me cuadra. Es como si hablaran de otro.

¿Y cómo lo recuerda usted?

Era un hombre eficaz y comprometido con su trabajo en el cuerpo.

En el plano personal era muy noble.

Alguien en el que se podía confiar con los ojos cerrados.

-Esa descripción no concuerda con el hombre

en el que se ha convertido ahora Ramiro.

-Cuando leí la noticia, entendí que ya no era el amigo

y compañero que conocí en Ávila.

Doy por hecho que ese Ramiro ya no existe.

Pero... me cuesta digerirlo.

No se preocupe. Lo entendemos perfectamente.

Valoramos que haya venido tan rápido para ayudarnos a atraparlo.

Por mí no va a quedar.

En el tren he leído un artículo de otro compañero, Lorenzo Tamayo.

Dicen que estuvo implicado en la masacre

de la familia de Ramiro. ¿Qué hay de cierto?

Efectivamente, Tamayo fue quien delató a Ramiro

ante la mafia rusa en la que estaba infiltrado.

Es increíble.

-¿Usted conocía a Tamayo?

-Coincidimos en el GRECO,

pero no tuve un trato especial con él.

Se sospechaba que alguien dio el chivatazo

a los rusos sobre Ramiro,

pero nunca imaginé que fuera un compañero.

Ya.

Supongo que...

le llevará un tiempo procesar la avalancha de información.

Si prefiere que hablemos más tarde o mañana.

No se preocupe, inspectora.

Quiero echar una mano y el tiempo juega en nuestra contra.

-Tiene razón. Además...

de haber sufrido las muertes de nuestros compañeros,

Ramiro Infante tiene en el punto de mira

a los agentes de esta comisaría.

Aquí murió su hijo Lucas cuando intentaba escapar.

-Me hago cargo. La vida de más de un compañero puede correr riesgo.

Sí. Por desgracia, sí.

Así que tenemos que trabajar todos a una para detenerlo.

Hagan las preguntas que quieran. Muy bien.

Bueno, eh...

¿cuándo fue la última vez que vio a Ramiro?

Un poco antes de que se infiltrara en la mafia rusa.

Estuvo meses en esa organización. Hasta que lo mataron.

-Después de aquello, no ha tenido el menor indicio

de que estuviera vivo hasta que lo leyó en la prensa.

-Desde luego que no.

¿Tiene idea de dónde puede esconderse?

No sabría decirle.

Bueno. Recuerdo un pueblo en los Pirineos

que era un lugar muy especial para Ramiro y su familia,

pero no me acuerdo del nombre.

-¿Puede ser Tordal? -Sí.

-Eso. Tordal.

Por lo visto iban con frecuencia a ese pueblo de vacaciones.

Sí, iban allí. Sí.

Nosotros ya hicimos indagaciones sobre el terreno,

pero no había ningún indicio de que Ramiro pudiera esconderse allí.

¿Se le ocurre algún otro sitio?

Ahora mismo no, pero tampoco estoy muy lúcido.

Todavía sigo superado por los acontecimientos.

Pues quizá sea el momento de irse al hotel a recapitular.

Está bien. Le tomo la palabra.

Pero no me sale dormir. Me he traído agendas y archivos de la época.

Voy a repasarlos de arriba a abajo.

-Le agradecemos muchísimo su colaboración.

-Mañana sin falta volvemos a hablar. Muy bien.

Muchas gracias, inspector. No hay de qué.

Solo cumplo con mi obligación de perseguir a los malos.

Por mucho que en este caso se trate de un excompañero y amigo.

Vale. Pues hasta mañana. Hasta mañana.

-Santigosa.

(Música de suspense)

Tengo la intuición de que nos va a dar información muy valiosa.

Ojalá.

Desde luego parece dispuesto a ayudar. Eso sí.

¿Tienes tiempo para un café? No, gracias.

¡Uy!

Un instructor de Ávila me decía que no te podías fiar de alguien

que no se quería tomar un café

ni se dejaba ayudar a poner el abrigo.

Qué simpático el hombre.

Pues sí. Era muy simpático y sus clases eran las más amenas.

Y seguro que era un batallitas. (RÍE)

Pues no me apetece escuchar sus historias. Gracias.

(Música dramática)

No pensaba contártelas.

Luego nos vemos. Miralles.

Salgado.

(Música dramática)

Aquí tienes, rey.

Y cuidadico que las croquetas queman.

-¡Hola, María! -Hola, Angelito. ¿Qué tal estás?

-Bien, bien. Oye, ¿no está mi hermana por aquí?

-No. Ha salido a comprar cosicas para la limpieza y eso,

pero lleva el móvil. Llámala.

-No, no. Tampoco es tan urgente.

¿No te molesta que me espere aquí? -No, no. Claro que no.

¿Quieres que te ponga algo de comer o de tomar?

-No, no. Estoy bien. Es que va a llegar una amiga.

Entonces mejor la espero. -Claro. Cógete la mesa que quieras.

-¿Esta?

-¿Qué tal?

-Bueno. Ahora muchísimo mejor, la verdad.

-Chicos, ¿qué os pongo?

-A mí ponme una cola sin hielo, porfa.

-Y yo una cerveza sin alcohol.

-Muy bien. ¿De comer queréis algo?

-No, ¿no? -No.

-Estamos bien. Gracias.

Bueno, dime. ¿Y por qué querías quedar aquí?

-A ver, no sé. No está mal que de vez en cuando

quedemos fuera del hotel, ¿no?

-Bueno. Pensaba que a ti te gustaba tanto como a mí.

-Y me gusta. Me gusta, pero...

también me gusta hablar, ¿no?

-Ya, bueno. Pues dispara. ¿De qué quieres hablar?

-A ver, del secreto que tenemos tú y yo con tu papá.

¿Y si ya le decimos la verdad? Mejor, ¿no?

-Tú fuiste el primero que lo propuso.

-Ya, ya, ya. Ya lo sé, pero bueno.

Los humanos cambiamos de opinión.

-Pero alguna razón habrá, ¿no?

-Es que cuando estamos en plena acción

pienso que va a entrar.

-Ay, ¿y eso es razón para decírselo?

No. Si nos pilla, pues que nos pille.

Soy mayor. Me puedo liar con quien quiera.

-Pero a ver, Cristina, no es una cuestión de edad.

-¿Entonces?

-A ver, tu papá es mi jefe.

Yo tengo una muy buena relación con él.

Ya mejor le decimos que estamos juntos, ¿no?

-A ver... que a lo mejor te estás viniendo un poco arriba.

Nos conocemos de hace días. Igual estás yendo rápido, ¿no?

-Ya sé. Y en una situación normal no te estaría diciendo esto,

pero es que... es una situación especial, ¿no?

-Ya, eh...

Ángel, tienes que dejar el tema de mi padre.

Yo estoy muy a gusto contigo.

Y si lo vas sacando y todo, lo vas a fastidiar.

¿Es eso lo que quieres?

-A ver. Aquí tenéis.

El pinchico de tortilla por cuenta de la casa, ¿vale?

-Ole. Muchas gracias.

Además, tienes que pensar esto.

Mi padre es el primero que oculta cosas.

Por ejemplo, el casino ilegal.

(SISEA) -No, es verdad.

Y tú lo de la cárcel, dudo que lo pregones.

Al final todos tenemos secretos.

-Pero es que yo lo estoy pasando muy mal con este.

-Que no. Tú no te preocupes.

Yo prefiero que sigamos así, como hasta ahora.

Y ya si la cosa avanza, pues a lo mejor te presento a mi madre.

-Contigo no se puede hablar en serio.

-Que no. Va, no te piques.

Es que así me da más morbo.

Para estar en algo aburrido, basado en la rutina, tenía a mi ex.

Pero contigo es diferente.

-¿Sí?

(Música emotiva)

Hola, Paty.

-Pero bueno, Antonio, ¿qué tal? -Bien.

-¿Qué haces aquí? Qué raro verte.

¿Vienes a informarte sobre algún curso?

-Te mentiría si digo que sí.

-Entonces, ¿a qué vienes?

-Un pajarito me ha dicho que estás pachucha.

-Vale. Te ha llamado María, ¿no?

Entiendo que no quieras delatarla, pero te ha hecho venir para nada

porque yo estoy perfectamente.

-Buena cara no tienes.

-Bueno, pues porque he dormido mal. Me duele un poquito la tripa y...

tengo un poco de mal cuerpo. Lo normal.

-¿Por qué no dejas que opine el médico?

Justo vengo con el maletín. Vengo de visitar a un paciente.

-Anda, mira qué casualidad, ¿eh? Que has venido con todo el equipo.

-Anda. -Vale.

Pero reconoce que te ha llamado María.

-Sí, pero es porque se preocupa por ti. Siéntate, anda.

-Que estoy bien, Antonio. De verdad.

-Eso déjame que lo diga yo.

Levanta la camiseta un poquito. Un poquito nada más.

Respira.

Echa el aire despacito, venga.

-Antonio, que estoy bien... -Otra vez. Venga.

-Pulmones y bronquios bien. -¿Ves?

-Déjame que te palpe el abdomen.

Échate para atrás.

(DOLORIDA)

-A ver la temperatura.

Tienes 38, Paty.

-¿En serio? -Sí.

-Si me he tomado un paracetamol hace un rato.

-Ya.

Tienes una gastroenteritis vírica.

-María me dijo que en La Parra hay varios clientes que están así.

¿Y es grave? -Bueno, al principio te deja baldada,

pero con descanso y siguiendo unas pautas, se te irá enseguida.

-¿Qué pautas?

-Sobre todo descansar,

un paracetamol a mano por si te sube la fiebre

y descansar, 24 horas en la cama.

-Vale.

Vale, pues...

Nada, en cuanto termine la charla de violencia de género

me voy a casa, no puedo dejar a la gente tirada.

-No seas cabezota. Nada de trabajar, a la cama.

-Pero ¿y la charla qué?

-¿Qué charla? Por Dios, peor me lo pones.

El centro cívico se pondrá de bote en bote

y vas a trasmitir el virus.

-Ah, pues... pues eso no lo había pensado, no.

-El trabajo te preocupa, pero a veces el cuerpo dice

que hay que parar y hay que parar, por ti y por los demás.

-Sí, sí, si tienes razón.

Lo siento, es que me he entusiasmado.

-¿Le digo a la ONG lo que te pasa?

-No, si por ellos no hay problema, el problema soy yo

que me he empeñado en dar la charla,

pero ahora les llamo yo, no te preocupes.

-¿Puedo irme tranquilo?

-Puedes irte tranquilo. Cuanto antes me vaya a descansar,

antes me recupero.

-Eso es, te sentirás como una rosa.

-24 horas como máximo, ya verás. -Vale.

Pues nada, gracias, Antonio.

-¿Seguro? -Que sí, que sí, que seguro, 100%.

-Adiós. -Adiós.

-A Isabel y a mí nos gustaba mucho pasear por la calle Betis

y por la parte nueva que han hecho a lo largo del río

que es una maravilla.

-Es que será un topicazo, pero Sevilla tiene un color especial.

-Sí, sobre todo en primavera, ¿verdad?

Con todos los naranjos en flor y ese olor a azahar.

Isabel se volvía loca.

-Sí, yo he estado allí en primavera, la verdad es que ese olor...

te llega al alma. -María, ¿qué tal? ¿Cómo estás?

¿Me podrías poner una cerveza cuando tú puedas, por favor? Gracias.

Eh...

daba la sensación de que estabais hablando de algo, si es así,

no quiero interrumpir, por favor, podéis continuar.

-No te preocupes, si yo me iba a recoger la terraza.

-Néstor.

Tranquilo, hombre, tranquilo.

Ya sé que te incomoda mi presencia, pero no hace falta que te vayas tú,

si esperas a que le dé un par de tragos, ya me voy yo.

-Tranquilidad no es precisamente lo que siento cada vez que te veo.

-Lo sé, lo sé, lo sé, lo sé.

Se nota a la legua, ¿no?

Está claro que te incomoda mucho mi presencia,

pero sabes que yo soy de este barrio.

Me he criado aquí y no me voy a ir a ninguna parte,

ni tampoco puedo desaparecer cada vez que me veas, así que...

tú sabrás lo que haces.

-¿Sabes de quién hablábamos María y yo cuando has aparecido?

-Pues... no, la verdad, no tengo ni idea.

-Nada es casual.

De mi mujer,

la estaba recordando feliz en Sevilla.

Vivimos allí para poner tierra de por medio con su pasado

de vida yonqui.

-Verás, Néstor, yo...

Está claro y es evidente que he trapicheado

y he manejado con...

mucha droga y mucha mierda, metiéndola aquí en este barrio,

en las calles y por todos sitios, es cierto.

Y... en este caso concreto, te pido perdón

por lo que le haya podido pasar a...

a Isabel, a tu mujer.

Es algo de lo que no me siento nada orgulloso, pero...

también debo decirte que de eso hace ya mucho.

-¿Y ya está? ¿Ya está?

Has dejado un reguero de familias destruidas por la droga.

A todas ellas deberías pedirle perdón, no solo a mí.

-Yo no tengo ningún inconveniente.

Estaría dispuesto a hacerlo, uno a uno, pero ni sé quiénes son

ni sé dónde viven.

¿Sabes? Yo ya he dado unas cuantas charlas y conferencias

en este barrio

pidiendo perdón públicamente, disculpándome,

cosa que también hago ahora contigo.

Te lo vuelvo a repetir,

te pido perdón.

Entiendo todo el odio que puedas sentir hacia mí cada vez que me ves

por lo que le sucedió a tu mujer, pero...

yo no soy el único culpable de lo que le haya pasado.

-Hablas como si el calvario que sufrió hubiera sido por culpa

de una enfermedad o de un accidente

y no por la droga, por la heroína que te empeñaste en distribuir

por el barrio durante años y años y años.

-Mira, Néstor, no voy a dar explicaciones a estas alturas

sobre si yo movía o no movía heroína.

Eso, en fin, todo el mundo lo tiene muy claro.

No eres el primer familiar que se me pone de frente

para decirme a la cara

todo el odio, todo el dolor, toda la rabia, la ira, la furia

que sienten por dentro

cuando me ven

y lo único que yo puedo hacer es escucharlos con respeto,

como te estoy escuchando a ti ahora.

Te lo vuelvo a decir,

te pido perdón por todo lo que pudiese haber hecho

en mi pasado, pero...

está claro que no puedo volver atrás para cambiar las cosas, ¿no crees?

-No, no puedes.

Porque por mucho que vengas ahora con esa piel de cordero... mírame.

Te conozco con solo mirarte a los ojos

y sé que en realidad sigues siendo un perro rabioso.

-Bueno, ya está bien,

¿no te parece, Néstor?

Ya está bien.

Tú no tienes ni puñetera idea de quién soy yo ni de dónde vengo,

no sabes lo que he pasado para llegar hasta aquí.

No soy más que un maldito producto de este puñetero mundo

en el que estamos viviendo.

Y creo que a estas alturas de mi vida ya he pagado con creces, ¿me oyes?

con creces, todo el daño que haya podido hacer.

(Música dramática)

Te has ganado a pulso la mala fama que tienes.

¿Cómo puedes pensar que vamos a ser capaces de olvidar

y pasar página como si nada?

(SUSPIRA) Yo lo intento, Quintero,

te juro que lo intento,

pero en mi caso, ya te digo, eso...

no va a suceder jamás.

(Música de tensión)

Paty, hola.

-Hola. -Acabo de ver tu mensaje.

Te vas ya, por fin, a casa, ¿no? -Sí, me voy ya.

He hablado con la ONG y me van a mandar un sustituto.

No sé si va a venir Lola o Carlos, no tengo ni idea.

-Menos mal que has entrado en razón. ¿A qué se debe eso?

-Pues a que María ha mandado a Antonio a que me haga

un reconocimiento y él me ha convencido.

-Anda, ¿y eso?

-No te hagas la tonta que seguro que María te lo ha contado,

pero vamos, que no estoy mosqueada con vosotras.

Tenéis razón, tengo un virus y me tengo que ir a descansar

y ya está.

-Bien, pensaba que nunca lo ibas a reconocer, bien.

-Eh... te he dejado conectado el proyector, he probado el micro

y funciona, ¿vale?

-Paty, que lo importante es tu salud, que esto da igual. Vete para casa,

estás tardando. Venga, fuera.

-Dejo el móvil con sonido en la mesilla.

Si necesitas lo que sea, me llamas.

-No, no te voy a llamar para nada. Si tenemos algún problema,

lo solucionará tu sustituto o tu sustituta,

así que tú venga para casa ya.

-Vale. -Oye, y no le des caña

al proyecto que tienes que entregar, que te conozco.

-Bueno, ya... ya veremos qué pasa. Me voy, me voy ya.

-Vale, píllate un taxi y estate tranquila

que seguro que lo voy a hacer bien. -No tengo duda.

-Venga, cuídate. -Gracias, Lara.

(SUSURRA) -Vale, venga.

-¡Jefe!

-Te estaba esperando. ¿Dónde te has metido?

-Fui a comprar los manguitos para arreglar la fuga de la cocina.

-¿Los compraste? -Sí, sí, aquí están.

-Bueno, pues solucionado, vamos con la lista de jugadores.

Siguiendo los criterios de ayer,

he hecho un cribado y esta vez es casi definitivo.

Échale un ojo a ver si te falta o te sobra alguien.

-Bueno, a mí me sobra uno ya, ¿eh? -¿Quién?

-Nuestro amiguito Jimeno.

-¿Qué tienes contra él? Es un habitual, nunca da problemas.

-Ya, pero...

no apuesta nada, necesitamos tener el lugar para gente

que quiera poner más dinero.

-Jimeno hace comentarios, calienta la mesa

y siempre crea buen ambiente.

-Es que nunca se lo he dicho, pero...

a mí me da mala espina. -¿Por qué?

-Porque se sale al pasillo a mandar mensajes, no sé a quién.

-Tampoco le vamos a echar a patadas por eso.

-Bueno, está bien,

pero yo voy a seguir con mi investigación, ¿eh?

-Investiga lo que quieras, mientras no levantes la liebre.

Hay uno que verás que le he puesto la cruz

y ese sí que no pisa aquí, Martín Páez.

-Es un impresentable.

-Para mí que está loco.

O sea, yo no consiento que monte más números.

Si le ves por aquí, le echas.

-Hombre, cuente con eso, por supuesto.

-Por mi parte está todo. ¿Tú tienes algo más que decir?

-No sé.

-¿Cómo que no sabes? ¿Quieres decir algo o no?

-A ver, verá, que...

No, no, no.

-¿Seguro? -Seguro, segurísimo.

Es una tontería, ya lo resuelvo yo. Me voy a cambiar.

-Bueno.

(SUSPIRA)

Hola, cariño.

(SUSPIRA)

¿Qué tal?

Pues reventada.

No te voy a engañar.

He tenido un día intenso, pero vamos, intenso.

¿Alguna novedad sobre Ramiro Infante?

Bueno, afortunadamente ya está en Madrid

Guzmán Santigosa, el que era compañero y amigo de Ramiro Infante.

Ha venido a ayudarnos con el caso.

Con un poco de suerte, arroja luz sobre el asunto.

Pues eso espero, pero no me quiero hacer muchas ilusiones.

Cada vez que abrimos una línea de investigación,

acaba en vía muerta.

Si Lucas Infante era un enemigo duro de pelar,

su padre no se queda atrás.

Te conozco.

Aunque ahora lo veas todo negro,

no vas a tirar la toalla, no te rendirás.

Pues claro que no, ni yo ni nadie en comisaría.

Eso por no hablar de Salgado, que está hipermotivado.

Y muy tenso.

¿Por qué dices eso?

Coincidimos en La Parra y estuvimos hablando.

¿No le habrás comentado lo que hablamos ayer por la noche?

Sí. Ay.

Antonio. Ya, no te preocupes,

que lo hice muy civilizadamente.

No estaba dispuesto. Se cerró en banda

a cualquier intento de calmar las aguas.

Ya, ya, me imaginaba que iba a reaccionar así.

(SUSPIRA) Espero que...

no empeore eso las cosas luego en comisaría,

en nuestra relación.

Ay, sí, lo siento. No tenía que haberle dicho nada.

Fui un ingenuo pensando que podía solucionar

el ambiente entre vosotros. Lo siento.

No te preocupes, tampoco pasa nada.

Aparte también estoy preocupado, ¿no?

Por la evolución de su herida, ¿no?

¿A qué te refieres? Está bien, ¿no?

He visto cómo le ha dado un espasmo en el brazo

cuando cogió un vaso en La Parra.

¿Puede tener afectada la motricidad del brazo por el disparo?

Bueno.

La bala se alojó en el espacio intervertebral.

Puede haber afectado a la médula.

Conociéndote, seguro que se lo has comentado.

Le pregunté si le había pasado más veces y me dijo que no.

¿Y tú qué crees?

Tal y como me contestó, con evasivas,

yo creo que sí. Creo que le está pasando algo.

¿Y crees que puede ser algo serio?

No lo sé.

Las afectaciones de la médula se suelen curar de forma natural

a no ser que haya algo más grave y no haya dado la cara.

Pero saltarán las alarmas ahora en la revisión con su médico, ¿no?

Sí, pero cuanto antes se haga las pruebas, mejor.

Antes se va a ver cuán afectado está el nervio.

Esperemos que quede en nada y no sea grave.

¿No? Esperemos.

He hecho alcachofas con jamón. ¿Nos ponemos a ello?

Pues sí, además que vengo con un hambre,

porque mira, para comer me he tomado un triste sándwich de la máquina,

de esos que se pegan en el paladar.

Voy a evitar cualquier comentario

sobre tus comidas gurmé en la comisaría,

no sea que me arrestas por desacato a la autoridad.

Vete a cambiarte. Sí.

Enseguida está la cena.

-Que no. No te pienso pagar nada por esa información

porque no es nada que no sepa.

Cuando tengas algo nuevo, me llamas, ¿vale?

Venga. Adiós.

(RESOPLA)

-¿Qué pasa? ¿Otro confidente? -Sí.

Sí, pero no sé. Algo no va bien.

Esto de estar soltando el rumor

en las calles para que alguien me dé información de Vlado Khan

no está funcionando. Ha llamado otro para decir

que ha sido ese malnacido el que encargó la muerte de Larrea.

-Bueno, no sé, por lo menos

no te están tomando el pelo y te dicen verdades como puños.

-Ya. Ya, Hanna, ya, ya, lo sé. Pero ¿qué quieres que te diga?

Me estoy empezando a cansar mucho de todo esto

porque solo me llaman para decirme cosas que ya sé.

-Fernando, la cuenta atrás para acabar con Vlado

empezó hace tiempo.

-Lo sé, Hanna, lo sé, pero a mí esta espera me está matando.

-Pues hay que tener paciencia.

-Ya.

(Móvil)

Perdona, discúlpame.

Enseguida vengo.

(Música de suspense)

¿Sí?

(MUJER) -"¿Eres Fernando Quintero?". -Sí, soy yo, ¿quién es?

-"Me llamo Lua y tengo información muy valiosa sobre Vlado Khan.

¿Sigue en pie la pasta que ofreces?". -Sí, sí. Claro. Dime.

-"¿Cuánto vas a pagarme?". -Depende de la información que des.

-"Ayer estuve con Vlado Khan".

(Música de suspense)

Perdona, ¿dónde?

-"Aquí, en Madrid".

-¿Estás segura de que era él?

-"100%. Ya lo conocía de otra época.

¿Me vas a pagar o qué?". -Sí, sí, claro.

No te preocupes, pero...

preferiría que nos viésemos en persona para darte el dinero

y para que me cuentes detalles del encuentro.

-"Prefiero hablar por teléfono

y que me hagas una transferencia a una cuenta".

-No, no, no. Ese tipo de comisiones

se pagan en metálico, en persona.

Por eso quiero verte.

Además, te he dicho también

que quiero que me cuentes detalles de ese encuentro.

¿Conoces un "pub" llamado Moonlight?

-"Sí. Está en Distrito Sur".

-¿Podrías venir mañana?

-"Está bien, iré. ¿A qué hora me paso?".

-A mediodía.

Sobre las 12:00, si te viene bien. Te estaré esperando aquí.

-"Sí, pero ten preparada la pasta".

-No te preocupes, estará preparada.

(Música de tensión)

¿Qué pasa? ¿Quién era?

-Me acaba de llamar una chica para decirme...

que ayer estuvo en Madrid con Vlado Khan.

-No, no puede ser, Fernando. -¿Por qué no?

Claro que puede ser.

Ya ha enviado a dos de sus sicarios para hacer parte del trabajo.

En la recta final,

querrá ser él, personalmente, el que se encargue de terminar la faena.

-Matarte a ti y llevarme con él. -Hanna, Hanna, Hanna.

No voy a permitir que pase eso, ¿vale? No te preocupes.

-Vale, pero espera, esta chica... ¿quién es esa chica?

¿Te pareció creíble lo que decía?

-No puedo evaluar si es creíble o no creíble

por una simple llamada de móvil.

Por eso le he dicho que quiero verla aquí mañana a mediodía.

-A ver, Fernando, Vlado en Madrid quedando con chicas.

Me parece todo muy raro.

-Sí que lo es, sí.

Por eso tenemos que empezar a prepararnos.

(Música de suspense)

¿Qué tienes pensado hacer?

(SUSPIRA)

-Creo que voy a llamar ahora al director de...

de mi hotel para preguntarle

si puedo reservar la habitación contigua a la mía.

Creo que lo mejor que puedes hacer ahora es mudarte allí

y quedarte conmigo.

-¿Por qué no vienes a mi casa?

-No, Hanna, no.

Precisamente por eso llevo años viviendo en un hotel.

Es lo más seguro. Hay cámaras de vigilancia

y personal de seguridad continuamente.

Es más, estoy pensando en contratar yo a un escolta,

un machaca que esté 24 horas en el vestíbulo

pendiente de todo Dios que pase.

-La verdad es que

si es cierto que Vlado está aquí en Madrid,

cualquier precaución que tomemos es poca.

-Pues sí. Pues sí.

Está claro que nos acercamos a la recta final.

No sabes, Hanna,

no sabes las ganas que tengo de tenerlo delante,

mirarlo a los ojos y matarlo con mis propias manos.

(Música de suspense)

El inspector Santigosa estaba a punto de decirme

datos nuevos sobre Ramiro.

-A Ramiro le gustaba usar un alias en su trabajo de incógnito.

Berni.

-¿Berni? -Bernardo Castaños.

-Lo usaba en los documentos falsos.

-Va, dame un beso.

-Cristina, de verdad.

Estamos en su oficina, por favor.

-Perdón. ¿Qué hacéis aquí?

-Porque intentas engañarme para llevarte un dinero fácil.

-Yo creo que eres un falso.

Vas prometiendo dinero

cuando en realidad no lo piensas pagar.

-¿Y no será que me tienes que pagar tú a mí

el hecho de que me estés intentando engañar?

No quiero meterme donde no me llaman,

pero tienes que ponerle cuidado a tu salud.

¿Qué pasa? ¿Antonio te ha ido con el tema?

-Si quiere retirarse, vale, pero necesitamos un proveedor.

-Calma. Por favor te lo pido.

Él no nos puede vender, pero nos va a dar un nombre.

-Vale, ¿quién?

-Tiene que buscar a alguien al nivel de Hariri.

-Ojo a quién se lo dice y a quién no.

Lo que nos faltaba es que se enteren Quintero y Hariri.

-¿Hay novedades de Ramiro?

-Sí, hemos investigado con Abarca el alias

y ha salido algo. -Contadme.

-Hemos encontrado un terreno a nombre de un tal Bernardo Castaños.

No corresponde con ningún ciudadano real.

Está a las afueras de Antequera.

Es urgencia a nivel diez. Es de la ruleta de mañana.

-La ruleta, ¿qué pasa?

-Pues resulta que nuestro queridísimo amigo Jimeno

en realidad se llama Adolfo Cobo.

-Espera.

¿Ese no será el que asaltó un casino de Valladolid?

-No logro llegar a entender cómo le mereció la pena.

Todo el daño que hizo por unos miles de euros en una cuenta de Andorra

que seguro nunca llegó a disfrutar.

-La madre que lo parió.

-¿Qué pasa?

-Es absolutamente imposible que este tío supiera

que Lorenzo Tamayo cobraba el dinero de la mafia en Andorra.

Es información confidencial.

-¿Tú eres Vlado Khan?

-No, no soy Vlado Khan.

Está claro que no.

Pero ese es mi error, quizá tendría que empezar a serlo.

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Servir y proteger - Capítulo 946

26 abr 2021

Antonio detecta que Salgado tiene espasmos en un brazo. El inspector Guzmán Santigosa llega para ayudar en la búsqueda de Ramiro. Ángel pide a Cristina que cuenten a su padre que están saliendo, pero ella se niega.

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