Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 940 - Ver ahora
Transcripción completa

He venido a preparar mi declaración. -Ah... sí, es verdad.

Mañana tenemos el juicio de Saturnino.

-Y te falta decir: "Y te lo mereces".

Le diría lo mismo a cualquier otro compañero.

Ya. Eso es lo que me duele. Haberme convertido en otro compañero.

-Pero no estás sola, lo sabes, ¿no?

Oye, que me tienes a mí.

-Ya, pero no sé hasta qué punto te interesa que yo esté sola

para que dependa más de ti.

-Lo del piso, ¿qué vas a hacer? ¿Buscar otra chica o...?

-Sí, voy a buscar otra compañera porque a mí sola no me alcanza.

-No le voy a vender armas a un tipo que no conozco.

-Eva, yo ya me he comprometido.

-Pues yo lo siento.

No me fío y no hay venta.

(Música emocionante)

(Música emotiva)

¿Carlos?

(GRITA) ¿Carlos?

¿Carlos?

Daniela, ¿qué pasa?

Nada, nada, que no... que no te encontraba.

(SUSURRA) Ah, bueno.

Es que he ido a la pastelería para pillar unos cruasanes que...

pretendía llevarte a la cama de sorpresa, pero te has levantado,

así que... bueno, ¡sorpresa!

Pillé tus llaves, espero que no te importe.

No, no, para nada.

Gracias por bajar a por el desayuno.

Un verdadero placer.

¿Cómo estás? ¿Qué tal el tobillo?

El tobillo... muy bien, genial.

No sé qué me has hecho anoche, pero... amanecí perfecta.

Vaya.

Me alegro porque... porque es un tratamiento especial

que, además, voy a tener que darte durante unos días.

¿Quién dice días?

A lo mejor... necesito semanas.

Con un poco de suerte, necesitas años.

(ASIENTE) De tratamiento.

Sí. Además yo soy una paciente muy disciplinada,

¿eh, doctor?

La salud es muy importante.

¿Cómo se presenta el día?

El día... se presenta pues... pues igual que siempre.

Tengo que ir temprano a La Parra porque últimamente estamos teniendo

mucho movimiento por la mañana.

Ya.

No tengas tanto movimiento por la mañana,

te lo dice un doctor aficionado.

Aunque te encuentres mejor del esguince, si lo fuerzas,

puede ir a peor.

Sí, está bien, pero...

Bueno, voy a ir y voy a tratar de reposar

el mayor tiempo posible.

Pero quiero estar ahí temprano con María porque últimamente

hemos tenido unos gastos imprevistos y quiero estar con ella a tope.

Hablando de gastos,

¿digo en la comisaría que buscas compañero de piso?

A lo mejor hay alguien interesado.

Sí. Sí, sí, ¿por qué no? Es buena idea.

Así meto a alguien de confianza y no a una... a una "delincuenta".

Sí, estaría bien eso. (ASIENTE)

¿Desayunamos?

Desayunamos.

Oye, pero...

A mí alguien me dijo que me iba a llevar el desayuno a la cama.

¿Te apetece? Me apetece.

Ve poniendo los cruasanes en una bandeja

y yo mientras me pongo cómoda.

Y... desayunamos.

-Y va el muy imbécil y dobla el pedido de Hariri

sin contar conmigo, sin decirme nada.

Te juro... si este tío cree que se va a hacer con el negocio, va listo.

-Eva, yo te lo dije, que Quintero es lo peor y asociarnos con él

más de lo mismo, pero como no me haces caso,

pasa lo que pasa. -¡No había otra opción!

También te lo dije yo a ti.

¿Nos lamentamos toda la vida o buscamos el paso siguiente?

-A ver, tenemos que ser más puñeteras que él

y más rápidas antes de que nos coma el negocio.

-Sí, lo único que quiere es provocar, que demos un paso en falso.

Tenemos que ser más listas, Bea.

Resolver esto sin hacer ruido.

-¿Y cómo lo hacemos?

-Pues buscando un nuevo comprador.

Él no puede cerrar la operación.

-Cuando dices "buscando", mi sexto sentido de hermana

me dice que ya lo tienes.

(Notificación de móvil)

¿Qué?

-Mensaje del francés, que pedido recibido. Bien.

Transporte nocturno... es que, vamos, es rápido, limpio,

sin complicaciones.

-Vale, maravilla, esto ya lo tenemos. ¿Y el cargamento para Austria?

-Creo que llega hoy, bueno, esta noche, a medianoche, pero bueno,

al lío, lo que nos ocupa:

desaguisados Quintero.

-Desaguisados Quintero.

(DUDA)

Es un cargamento con muchísimas armas que no sé a quién le vamos a vender.

-¿Qué te parecen los Carballal?

Los narcos gallegos.

Yo creo que a esta gente si les contamos

que son armas de lujo, porque lo son, y que se las estamos dejando

a buen precio por ser ellos,

igual no pueden rechazar la oferta.

-Sí, me parece guay. Los Carballal, es buena opción.

-La mejor.

(Música de suspense)

(RECUERDA) -"¿Quién eres tú? ¿El inspector de Lucas?

-¡Quieto!

-¡No!

(GRITA) ¡No!

¡Aguirre!".

(Música de tensión)

Bienvenido de nuevo a Distrito Sur.

Al final te has salido con la tuya,

reincorporación inmediata.

Sabes que no era necesario.

¿Y esto?

El alta médica debidamente firmada y entregada a Recursos Humanos,

por si estás pensando mandarme de vuelta a casa.

No tienes por qué darme nada, ni se me había pasado por la cabeza.

Oye, si quieres te pongo al día con los casos que ha habido

en tu ausencia,

porque como te tengas que leer todos esos expedientes.

Eso puede esperar, tenemos que centrarnos en lo importante,

en detener a Ramiro Infante.

Eso es lo más importante, en eso estamos de acuerdo.

Llevo mucho tiempo dándole vueltas a este asunto y tengo bastante claro

por dónde podemos empezar.

(Puerta)

Ay, disculpad.

¿Quieres que vuelva más tarde?

-No, pasa, Cepeda. Cuanto antes empecemos, mejor.

-Necesito la orden judicial para autorizar el registro

en el domicilio de las muleteras.

Hemos localizado el lugar y queremos intervenir.

-Bien, yo me encargo de la orden,

pero el resto necesito que lo resuelvas tú cuanto antes,

necesito que te incorpores al caso Infante.

-Muy bien, de acuerdo.

-Precisamente estaba hablando de eso con la inspectora Miralles.

Durante mi convalecencia, le he dado muchas vueltas

y no podemos quedarnos de brazos cruzados esperando

a que cumpla su amenaza.

Nadie se ha quedado de brazos cruzados

en esta comisaría, te lo aseguro.

Bien, tenemos que reunir toda la información que tengamos

de Ramiro Infante, quiero conocerlo todo, todos los detalles de su vida.

Vamos a utilizar la táctica que utilizamos para cazar a su hijo,

a ver si nos sirve para cazarlo también a él.

-Entonces, ¿me pongo ya con ello o cierro el caso del seguro antes?

No, tú cierra el caso de la denuncia falsa.

Al fin y al cabo, estás con ello.

Disculpa,

disculpa, llevo tanto tiempo ocupándome de todo que...

que me ha saltado el automático.

¿Entonces?

-Acaba lo que estás haciendo y reincorpórate cuanto antes

al asunto Infante.

-Muy bien, de acuerdo.

-No me gusta que socaves mi autoridad delante de otros policías.

Discúlpame, no era mi intención.

Te recuerdo que soy el segundo en la cadena de mando

de esta comisaría

y que soy yo

quien está encargado de decidir qué casos son prioritarios.

¿De verdad crees que se me ha olvidado?

Hacía mucho que no marcabas el territorio conmigo.

Pensaba que éramos un equipo capaz de colaborar sin suspicacias,

pero si quieres volver a la relación que teníamos, no tienes más

que decírmelo, yo no tengo ningún problema.

Lo siento.

Tienes toda la razón.

Prefiero que seamos amigos

y, por favor, no me tengas en cuenta lo que he dicho.

No te preocupes, yo también prefiero que trabajemos como hasta ahora.

En fin.

Cuando puedas, por favor, échale un ojo a los expedientes.

Hola, Dani.

-¿Qué tal, Paula?

-Me pones un poleo menta para llevar, por favor.

-Claro que sí. ¿Qué tal todo?

¿Y eso que no vienes con Carlos?

-Es que tenía que terminar unas diligencias.

-Ah, vale.

Buenas.

¿Qué tal?

Bien.

¿Tú cómo estás?

Muy bien. Te queda muy bonito ese jersey.

Muchas gracias.

¿Qué te pongo? Ponme un café.

Vale.

¿Cómo estás?

Bien, ¿y tú?

Bien, bien, muy bien.

¿Por qué no me has avisado de que venías?

Porque tenías que terminar unas diligencias, ¿no?

Sí, las diligencias, las diligencias...

Ya las he terminado.

Me he pegado un buen madrugón esta mañana.

Quería un café para compensar un poco el sueño.

Ya.

Mira, Carlos, no hace falta que disimules. Sé que...

mi tío te ha pedido que estuvieras pendiente de mí.

¿Yo? ¿De ti?

Tú, de mí... Que no, Paula, que yo solo he venido

a tomarme un café. Nada más, en serio.

Vale, a ver, en serio, que ayer hablé con él

y me dijo que hoy te diría que dejaras de estar

tan encima de mí. No te ha dicho nada todavía, ¿no?

Sí, ahora que me dices, recuerdo que me dijo que no te agobiara,

pero no te estoy agobiando, ¿no?

Quiero decir, si yo solo quería echar aquí un ratito tranquilo.

Vale.

Mejor me voy. No, pero... Paula, Paula, espera,

a ver.

No te vayas así.

Perdón, porque a lo mejor he estado un poquito invasivo

con la responsabilidad de estar pendiente de ti y saber cómo estás.

Pero bueno, ya sabes cómo soy, me preocupo al final

por todo el mundo y...

bueno, contigo no se volverá a repetir, te lo prometo.

Lo siento.

Si es que no me puedo enfadar contigo, eres un cachito de pan.

En serio, lo que me hace muy feliz es ver que lo llevas todo tan bien,

que es lo que todos queremos.

Y yo os lo agradezco, de verdad.

Quizás me he pasado un poquito últimamente de susceptible,

así que... también te pido perdón. No tienes que pedir perdón por nada.

Estamos aquí para ayudarnos, protegernos, animarnos, ¿no?

Gracias, Dani.

¿Puedo pagar en otro momento?

Me he dejado la cartera en comisaría. No, no, la invito yo.

Pues me invita él.

-Pues muy bien. -¿Te vienes?

No, voy a tomarme un café que aprovechando que estoy tranquilo,

quería... comentarle una cosita a Daniela.

Vale, me... me voy.

Chao. -Chao.

(Música emotiva)

Nada. -¿Qué?

-Los Carballal no necesitan armas. Dicen que está todo muy tranquilo

con las Rías Baixas oye. -Qué bien, pues nos viene fatal.

Eh... vale, no sé, ¿tienes a alguien más en mente?

-No, he estado mirando en la agenda, pero de ese perfil no es tan fácil.

-Ya.

(CARRASPEA) -¿Qué tal? ¿Cómo estáis?

-¿Qué quieres?

-Nada, solo vengo a traeros buenas noticias.

-Bueno, pues te escuchamos.

-Tengo un cliente para el excedente del pedido que le hicimos a Hariri

y, además, también está dispuesto a pagar al contado.

-Ay, de verdad,

es que no sé cómo tengo que decir las cosas.

(Música de tensión)

De las ventas y los clientes me encargo yo.

-Ya, pero ¿tienes algún cliente?

Porque si tienes a algún cliente dispuesto a quedarse

con esa mercancía, no hay problema, le digo al mío que espere unos días

y hacemos una venta doble. Ganamos el doble de dinero, fíjate qué bien.

-No, no lo tengo, todavía no.

-Ya. Entonces, ¿cuál es el problema?

-Todavía no.

¿Me estás escuchando?

-Sí, te estoy escuchando,

pero ¿tú no has escuchado también que a Hariri

tenemos que pagarle el excedente de esa mercancía en dos días?

Si tú no tienes un cliente y yo ya he encontrado uno,

sinceramente, no sé muy bien dónde está el problema.

(SUSPIRA)

-Bien.

¿Y quién es ese cliente?

-Es un tipo que se llama Cosme Carmona. No sé si lo conocéis.

-¿De qué vertedero has sacado a Cosme Carmona?

-¿Por qué dices eso? Si hablas así de él es que lo conoces.

(ASIENTE)

-Más de lo que me gustaría

y si ese tío sigue vivo, te aseguro que no es porque le falten enemigos.

De hecho, mi padre le tenía en la lista negra.

"No hacer tratos con Carmona".

-¿Me estás diciendo que tu padre nunca hizo tratos con ese tío?

-Jamás.

No por falta de ganas de Carmona, te lo aseguro.

-Ya, ya.

¿Y no será que me estás diciendo todo eso para echar por tierra

la operación y apuntarte tú la venta?

-¿Has hecho alguna vez tratos con él? -Aún no,

pero por lo que me han dicho, es un tipo legal.

-Pues... vamos,

no sé cuál es la fiabilidad de tus contactos,

pero la de él es nula, te lo aseguro. -Ya.

Insisto, ¿no será que estás contándome toda esta...

toda esta milonga, toda esta historia,

para intentar echar por tierra esa operación?

-A ver.

No vamos a hacer tratos con Carmona.

Es un riesgo que no voy a asumir.

Y ya no porque pierda dinero, que también,

por una cuestión de reputación.

Como tú sabes, es fundamental en este oficio

para mantener el respeto de Hariri,

que es lo que necesitamos para llegar a Vlado. ¿Es lo que quieres?

-Al menos yo sí. -Bueno, pues confía en mí.

Mi padre jamás hizo negocios con él y es por algo.

A mi padre nunca le pillaron, era un tío muy listo.

Sabía perfectamente a quién vender y a quién comprar.

Tú no tuviste tanta suerte en el negocio del tráfico de drogas.

-Que no tuve tanta suerte... qué sabrás tú.

-No va a salir un arma del almacén.

-Eso ya lo veremos.

Ya lo veremos, Eva.

(Música de tensión)

Claro, claro, por supuesto. Tiene toda la información

en la página web del centro.

Genial.

No, por favor, gracias a usted, de verdad.

Pues... pues genial, me va contando. Con lo que sea, aquí estoy.

Muchísimas gracias.

Hasta luego. Adiós.

-Pero, nena, Paty, pero ¿qué te has hecho?

Qué guapísima estás.

-¿Te gusta? -Me encanta, nena, vas monísima.

-A ver, yo me estoy acostumbrando todavía, pero no sé,

me hacía falta un cambio de "look".

-Estás monísima, monísima, monísima. Sí que es verdad que

de vez en cuando un cambio de imagen...

yo estoy pensando también si hacerme algo, un corte o algo.

-Ah, ¿sí?

Oye, pues a ti unas mechitas, rubias o rositas, te quedarían muy bien.

-Rositas dice la loca. (RÍE) -Me voy a poner mechas rosas.

¿Y con quién venías hablando que venías riéndote tanto?

-Con un hombre que tiene una empresa de "telemarketing",

Personal call se llama.

-Ajá, ¿y que quería? ¿Venderte algo?

-Qué va, no, todo lo contrario. Dice que quiere ampliar

su negocio y que necesita contratar a gente.

Me pidió permiso para acceder a la bolsa de empleo

del centro cívico. -Ay, qué bien, nena.

Pues eso es fenomenal, ¿no?

-Pues sí, la verdad. Y además, Matías, que es el hombre este,

Matías Vives, dice que necesita contratar a mucha gente.

Eso le puede venir al barrio tan bien.

-Ya te digo, ya te digo.

-Y también dice que le corre un montón de prisa.

Sí, así que le he pedido que me mande toda la información al "mail",

pero me ha dicho que prefiere venir en persona, así que...

-Oye, pues eso me gusta, es maravilla.

Yo tampoco soy de mensajes.

Hay que mirar a la gente a los ojos para saber de qué van.

-Totalmente.

Ay, a ver si podemos ayudar a la gente del barrio,

que con la crisis lo están pasando... tengo un montón de gente

en la bolsa de trabajo que ha perdido el curro.

-Qué me vas a contar a mí, oigo aquí cada cosa. Está la gente desesperada.

Dile al hombre que si viene, yo le puedo dar

un montón de teléfonos de gente deseando trabajar en lo que sea.

-Por supuesto, por mí sin problema. Lo único es que quiero hablar bien

con él para asegurarme de que todo es legal, que luego nunca se sabe.

-No, no, sí, que hay mucho sinvergüenza suelto, nena.

-Totalmente.

Se me ha olvidado a qué venía.

-Pues, chica, a pasar un rato conmigo, a platicar, a tomarte algo.

-Eso siempre.

¡Ay, ya! Venía a encargarte un cáterin, que tengo mañana

un evento LGTBI en el centro cívico.

-Ah, ¿la organización de lesbianas y de gais del barrio?

-Justo. -Dime.

-Lo necesitaría mañana al mediodía más o menos. ¿Te dará tiempo?

-Sí, sin problema, ¿para las 11:00 o así es buena hora?

-Perfecto. Perfecto.

¿Cómo esta Dani? No he podido hablar con ella con todo lo de Chloe.

-Ahí va, se ha ido a hacer unos recados.

Está un poco chafada la pobre.

Todo lo de la compañera le ha caído como un jarro de agua fría.

Con lo buenecica que parecía.

-Es que está el mundo lleno de sinvergüenzas.

-Ya te digo.

Y que se camuflan bien, ¿eh?

Porque mira que yo tengo ojos para todos estos golfos,

pero no la vi venir, nena.

-Bueno, ni tú ni nadie.

Pero bueno, Dani tiene un piso muy mono.

Dudo que le cueste encontrar a alguien que quiera vivir allí.

A ver si tiene suerte.

-Pues sí.

A ver si la pobre va saliendo de esta racha.

En fin. ¿Qué te pongo?

-Pues un cafecico, ¿no?

-Vámonos adentro, ¿no?

Hace un poco de fresco. -Sí.

-Venga. -Tengo las manos heladas.

-¿Cómo vas? ¿Se te ha pasado ya el cabreo?

-No.

Pero puedes pasar, ¿eh?

El cabreo no es contigo.

-Lo siento mucho, ¿eh, compañera?

Es que no tenía otra.

La pregunta del juez ha sido tan... tan concreta

que no he podido suavizarlo ni un poquito.

-"¿Arremetió la oficial Alonso contra el demandante

desobedeciendo las órdenes de un superior jerárquico

para que depusiera su actitud?".

-Bueno y ¿qué querías que hiciera?

Era una pregunta de sí o de no.

-Ya lo sé. No te iba a pedir que mintieras al juez.

Además, ya te vi ahí metiendo la cuñita siempre que podías

de que era una excelente compañera, una policía fantástica.

-Lo peor ha sido la jeta de Saturnino, ¿eh?

Se lo estaba pasando en grande el muy cerdo.

-Eso sí que me ha cabreado.

Y encima el tío exagerándolo todo para que me cayera más grande.

Porque eso de que intenté abrir el calabozo

para agredirle aprovechando que Merinero se había ido.

Eso obviamente es mentira. Lo sabes, ¿no?

-Claro, si las llaves del calabozo las tiene siempre él.

Ahí se ha columpiado Saturnino, pero el juez se ha dado cuenta, ¿eh?

-Sí, pero la multa me ha caído igual.

-Es que no podíamos negar que te excediste con el detenido.

Ni nosotros ni tú misma. No hubiera sido buena idea.

-Ya.

Alonso, ¿qué haces aquí?

Hoy era el juicio de Saturnino, ¿no?

Ya ha sido, he ido a avisarle a su despacho, pero como no estaba.

Estaba en Jefatura. ¿Cómo ha ido?

Pues culpable por abuso de autoridad.

Me han puesto una multa.

Y ahora a esperar a que le comuniquen la sentencia a Régimen Disciplinario

y ellos ya me dirán, me llamarán.

Espero que al menos hayas aprendido algo.

Que no es que me alegre,

pero quizá hasta te venga bien.

Y, bueno, que Régimen Disciplinario se apiade de ti

y se quede todo en la multa.

A ver.

Venía a buscarte a ti, Cepeda. Sí, dígame.

Reúne a todo el mundo que esté en la comisaría en la sala central.

Tengo algo que comunicaros. Muy bien. Venga, en dos minutos.

(Música de suspense)

¿Te quieres estar quietecica ya?

Toda la mañana trajinando, se te va a resentir el tobillo.

-No, María, me siento superbién.

Anoche me tomé un antiinflamatorio, me puse hielo y, como dices tú,

como mano de santo.

Esta mañana me he levantado como una rosa.

-No, desde luego.

Si iba a preguntarte qué medicina estás tomando

para tener la cara que tienes, hija mía.

-Es que la medicina que estoy tomando no la venden en la farmacia.

¿Cómo te explico, María?

-¿Qué me dices?

-Esa medicina se llama Carlos.

Sí. Que anoche fue a cuidarme a casa, me llevó la cena y, bueno,

una cosa llevó a la otra

y esta mañana hemos terminado desayunando juntos en la cama.

(RÍE) -Ya decía yo.

Hija mía, qué bien que estéis junticos otra vez. Me alegro mucho.

-Pues sí, la verdad que sí. Gracias.

A ver, no hemos hablado como tal del tema,

pero yo creo que no hace falta, ¿no?

Yo por lo menos no tengo dudas.

Y espero que después de lo de anoche él tampoco.

-Ay, pájara.

Que al final vais a acabar viviendo juntos

y vas a matar dos pájaros de un tiro. -No, espérate tantito.

Lo de vivir juntos para luego.

No es lo mismo una relación seria que ir pasito a pasito,

que las cosas luego se echan a perder.

-Mujer, si era broma.

A ver.

Pero lo de tu compañera de piso sigue sin resolver, ¿no?

-Sí, eso sigue igual.

Carlos me dijo que me va a ayudar poniendo un anuncio en comisaría,

por si alguna compañera está interesada

y te quería decir que si puedo volver a poner un anuncio,

si te parece. -Esas cosas ni se preguntan.

Claro que sí. -Vale.

-Deberías poner uno en el tablón de anuncios del centro cívico.

Por ahí pasa mucha gente.

-Es verdad, no lo había pensado.

Pues sí, voy a poner uno

porque, María, lo de pagar este piso sola es una sangría.

-¿Me vas a hablar a mí de sangrías?

Que esta tarde vienen a ponernos la campana nueva.

Menos mal que siempre tengo yo unos ahorrillos guardados.

Pero tendré que ir luego al banco.

¿Te podrás quedar un ratico sola? -Sí, claro, por supuesto que sí.

(SUSPIRA)

-Tú tómate tu tiempo.

Voy a la terraza.

-Qué cara de iluminada.

(RÍEN)

(Música de intriga)

(MURMURAN)

-Yo creo que nada es tan importante como para hablarnos a todos de eso.

Espero que no.

(Música de intriga)

¿Qué pasa?

-Bremón nos ha convocado a todos. Tiene algo importante que decirnos.

Pensaba que estabas avisado. -No, no me ha dicho nada.

¿Tienes alguna idea de lo que nos va a contar?

-Me dijo que reúna a todos los policías

que estén en comisaría y aquí estamos, esperando.

-Pues no sé a qué viene tanto misterio

con la cantidad de cosas que tenemos que hacer todos.

Buenas tardes a todos.

Lo primero quiero daros a todos las gracias por vuestra presencia.

Y más con la premura con la que os he convocado.

Bien. Ya sé que todos tenemos muchas cosas que hacer,

pero lo que os voy a comunicar es muy importante.

(Música de tensión)

¿Ha pasado algo en el caso del Vigilante?

-Que yo sepa no. Por favor, guardad silencio.

Muchos de vosotros ya habéis visto esta fotografía.

Es Ramiro Infante hace 20 años.

Fijaos muy bien en esa cara.

Como sabéis, Ramiro ha amenazado de muerte

a todos los agentes de esta comisaría

y aunque llevemos unos días sin tener noticias de él,

no debemos relajarnos.

En absoluto.

Pues yo no estoy relajada para nada. -Pues imagínate yo.

La amenaza sigue ahí fuera y tenemos que tomárnosla muy, muy en serio.

Quiero que extreméis las precauciones,

tanto en el trabajo como en vuestra vida privada.

La persona a la que nos enfrentamos es muy, muy peligrosa.

Tened presente a los compañeros que ya ha asesinado.

Y ahora...

ha amenazado con vengar la muerte de su hijo

y tarde o temprano atacará.

Quiero mucha precaución y por eso...

quiero enseñaros algo.

(SUSPIRA)

(Música de tensión)

¿Estás bien?

(ASIENTE)

Sé que no es agradable,

pero quiero que os sirva de recordatorio.

Hay un asesino acechándonos ahí fuera

y no vamos a estar tranquilos hasta que demos con él.

Tanto jaleo para esto.

-No sé a qué ha venido este numerito, no es propio de ti.

Solo quiero que tengáis muy claro a lo que nos enfrentamos

y que sus amenazas son serias.

Ya, pero esto ha sido muy desagradable.

Lo sé.

Pero es más desagradable perder a los agentes que tengo a mi cargo.

Gente como Nacha.

No quiero que eso os pase a ninguno de vosotros.

(Música de tensión)

A ver, Tino, creo que te dejé bien claro

que era una cuestión puntual, de unos días.

Mientras Ángel no pudiera.

Claro que estoy satisfecho contigo.

Por eso me sorprende que me salgas con "yo conozco a gente muy mala".

¿Qué quieres decir?

¿Que me vas a romper las piernas a mí?

Sí, claro que somos amigos, por eso me sorprende.

Tú no dudes que si yo...

Que sí, que si vuelve a haber trabajo...

Y para tu hermano también, sí, sí.

¿Cómo? ¿Han cerrado la...?

(Puerta)

Perdona. Te tengo que dejar.

Ahora tengo una reunión. ¡Adelante, adelante!

Sí, venga. Hasta luego, campeón. Adiós.

-¡Hola, papi!

-¡Cristina! Qué raro se me hace verte por aquí.

-Quería darte una sorpresa. -Y tanto que me la has dado.

Pero tú tampoco eres muy dada a este tipo de sorpresas.

¿Qué pasa? Cuéntame la verdad.

-Pues ¿qué va a pasar? Mamá, que es una pesada.

-Ya. ¿Esta vez qué ha sido?

¿Ropa, zapatos...?

¿Sales mucho, sales poco...? -No. Ha sido mucho más fuerte.

Hemos tenido la bronca del siglo. -Bueno.

Siempre tenéis la bronca del siglo, así que si no me concretas más...

-Esta vez ha sido peor. Quiere controlar lo que hago.

No me deja en paz. -Un poco controladora sí que es, sí.

-No sé por qué no se busca un novio, un amante, un perro. No sé, algo.

Todo lo que hago le parece mal:

si estoy en casa, mal; si salgo, que por dónde ando;

si viene mi novio, mal y si no, que no me ve.

-Ya, bueno. A ver.

El trabajo de una madre es ese, ¿no? Preocuparse por todo.

Es lógico. -Pues yo no lo veo tan lógico.

-No sé cómo la aguantaste durante tanto tiempo.

-No seré yo quien defienda a tu madre. Un poco pesada sí que es.

Pero, hija mía, es la madre que te ha tocado.

Tendrás que aguantar hasta que te independices.

Uno no puede divorciarse de su madre.

-Ojalá pudiera.

Mira. Si pudiera, me piraba de casa ya mismo.

-Pagamos poco en la universidad a la que vas

como para pagarte también un piso.

Tendrás que aguantar hasta que acabes la carrera. Es lo que hay.

-Oye, papi.

¿No podría vivir contigo hasta que acabe la uni?

-¿Conmigo?

Pero ¿qué dices, hombre? Conmigo no, no.

-Papá, porfa, porfa.

-Pero, a ver. Que yo no paro por casa, hombre.

No puede ser. -Pues justamente por eso.

Si no coincidimos, no nos molestaremos.

-Lo que digo es que no paro porque hago todo con prisa, ¿sabes?

Y precisamente por eso la casa está hecha una cuadra.

Para las cuestiones domésticas soy un desastre.

El piso es pequeño para uno, imagina para dos. Que no.

-Sí, lo pillo. No quieres que viva contigo.

-A ver. No es eso.

Aunque si soy sincero, un poco también sí.

Porque...

¿No se pueden resolver los problemas entre vosotras?

A los jóvenes todo se os hace un mundo y las cosas tienen solución.

Si quieres, me ofrezco de mediador entre tú y tu madre.

Cuéntame. Explícame qué es lo que ha pasado esta vez.

-Ya te lo he dicho. De todo. Ha pasado de todo.

-Ya. Pero ¿la bronca gorda por qué ha sido?

-Unos amigos de la uni me han invitado un finde

a Costa Brava y mamá no me deja ir. -Por algo será.

-Sí. Porque justo coindice con el cumple del abuelo. Ya ves tú.

-Pero es que tampoco es una chorrada eso, ¿no?

-Que yo quiero mucho al abuelo,

pero se podrá celebrar su cumpleaños otro día.

-Depende. ¿Tu madre qué dice? -Que no.

Que tiene que ser el día sí o sí.

Dice que soy egoísta y una niña de papá. ¿Te lo crees?

-A ver.

¿Has hablado con tu abuelo? Lo mismo él te puede ayudar, ¿no?

-Claro. He hablado con él. A él no le importa.

Es mamá la que no se baja del burro.

Todo lo que no sea darle la razón, es un gran problema para ella.

-Ya. ¿Qué me vas a contar a mí?

-Parece que le molesta que me lo pase bien.

Ay, papá. Por favor, de verdad.

¿No me puedo quedar contigo unos días?

Lo probamos y si va mal, juro que vuelvo con mamá.

-Sabes que las puertas de mi casa están abiertas siempre que quieras.

-¿De verdad? -Sí.

-¡Gracias! -No. Pero una cosa.

Primero haz las paces con tu madre. No quiero líos.

-Vale, sí. Te lo prometo. -Venga.

-Genial. Nos vemos, ¿vale? Un beso. -Adiós, hija.

Adiós.

Se me va a meter en casa.

Ni con agua caliente la echo yo a esta.

¡No, Tino, no!

-Yo, con que sean simpáticas, ya está.

Bueno, y si pueden ser elegantes, finas...

Tampoco tengo un estilo así claro. A mí me gustan rubias, morenas...

de todo un poquito.

-Te ha faltado decir ricas. Lo demás a cualquiera le gusta.

-Yo con que tenga

el factor X, sabes a lo que me refiero, ¿no?

-Pues creo que la rubia de la barra se asemeja a lo que estás pidiendo.

¿No?

-Madre mía.

Es exactamente lo que estoy pidiendo. Escúchame.

¿Ha venido más por aquí o algo así?

-Ni idea. Creo que es la primera vez que la veo.

-Venga, tía, porfa. Vente un ratito, que estoy agobiada.

Estoy en tu barrio. En diez minutos te plantas aquí.

Estoy en un "pub" que se llama Moonlight.

A ver, no está mal.

Un poco cutre, pero bien.

Qué va, tía. Si hemos cortado.

Pues sí. En gran parte por culpa de mi madre.

Que no.

Que no voy a volver a casa. ¿Para discutir todo el día?

En cuanto pueda me voy a vivir con mi padre.

-Oye, Miki.

¿Sabes lo que está tomando?

¿Le puedes poner uno igual y le dices que de mi parte?

-Bueno, ¿qué? ¿Te vienes o no?

Vale, bueno. Pues nada. Nos vemos otro día.

Chao, "guapi". Un beso.

Perdona, pero yo no he pedido nada.

-Lo sé, pero te invita el joven de la barra.

Se llama Ángel.

-Hola. Me llamo Ángel.

-Ya. Ya me ha dicho el camarero.

Oye, muchas gracias por la copa, pero no me apetece.

-Perdón. Tampoco te quería molestar ni nada.

-No, no es eso. Es que me iba a ir ya.

-¿Estás segura de que te quieres ir? Si quieres pedimos otra cosa.

Mira, también hay frutos secos, un agua... ¿no? Algo.

-Bueno, venga, va. Me la tomo.

-Y ya, si quieres, me quedo aquí haciéndote compañía con esta.

-Anda que no eres listo tú ni nada. Todo un profesional.

Así a lo tonto, ya me has liado.

-Oye, te lo juro por Dios que esto nunca lo hago.

Le puedes preguntar al camarero, que se llama Miki. Jamás.

-Bueno, vale. Lo que tú me quieras contar.

-De verdad, de verdad. Te lo juro.

¿Sabes? Aunque no lo creas, soy un poquito tímido.

Pero te vi y ya dije...

pues no me pude resistir.

-Tú eres un profesional. Lo tienes todo planeado.

Bueno, mira. Te lo digo. Me tomo esta, pero me voy.

Mañana tengo clase a primera en la uni.

-Ah, universidad.

(ASIENTE)

-¿Se puede saber qué estudias?

-Estudio ADE en la Madrid Business University.

-Ah. -¿Y tú a qué te dedicas?

-¿Yo?

Yo...

soy "public relations"

de una cadena de hoteles. Pero bueno, una cosa muy normal, ¿no?

-Te dedicas a las relaciones públicas y no estás acostumbrado a esto, ¿no?

Me parto. -Te lo juro, te lo juro. De verdad.

-Oye, Ángel. Muchísimas gracias por la copa, pero me tengo que ir.

-Oye, y una pregunta. Igual vas a estar por aquí más seguido, ¿no?

Lo digo porque, con suerte, me vas a decir tu nombre la siguiente vez.

-Perdón. Me llamo Cristina.

Pero la verdad que no creo que venga

porque este tipo de sitios no me van mucho.

-Bueno, a ver. Así como lo ves no está muy bien,

pero hay gente interesante aquí. Hay un mexicano que invita a copas

que no te lo puedes perder.

-Bueno. Lo tendré en cuenta. Encantada de conocerte, Ángel.

-Encantado yo, Cristina. -Adiós.

(Música emotiva)

(SUSPIRA)

Te lo juro. El tipo venía haciendo cosas raras

todo el día. Entonces llegamos a la prueba final.

Era como en una sala.

Había un ordenador y una nota: "Si quieres llevarte el premio

tienes que mirar dentro del ordenador".

¿Y qué hizo?

¿Te crees que se le ocurrió a lo mejor encender el ordenador?

No. No, no, no lo hizo.

Cogió el ordenador, lo estampó en el suelo

buscando qué había dentro.

"¿Qué hay dentro?".

¿Qué clase de banda había en el curso ese?

Así era, así era, así era. Ese era el nivel, Iván.

Ni loco. Vaya chaval. Pues te lo habrás pasado bien.

Sí, sí. Estuvo muy bien. Tengo que localizar otra vez al nota este.

Oye, ¿qué tal Lara?

Ya estabas tardando, ¿eh?

Te lo digo en serio. ¿Qué tal?

Bien.

Bien.

Bueno. Bien. Sí.

Nada. El otro día, antes de ayer, tuvimos un momento raro.

Estábamos hablando de un caso de la UFAM

y salió el tema de...

de tener hijos, así como de pasada.

"Bum". Tú no te lo esperabas. No.

No. No, no, no. Claro.

¿Y qué, amigo? ¿Cuándo os embarazáis?

No digas tonterías. Yo creo que me lo dijo para tantearme,

para saber si quiero tener hijos.

¿Qué dijiste?

Me quedé con cara de otro.

Me quedé con una cara de loco, de "¿qué?".

No dije nada. No sabía qué decir. Cambié de tema como una rata.

Como una rata.

Te has quedado un poco rayado, ¿no? Pues sí, un poco sí

porque si me lo pregunta, vamos, que si saca el tema

es porque ella quiere tener hijos. ¿Si no de qué?

-A ver, que yo saqué el tema porque quiero saberlo.

Pero, vamos, le faltó tiempo al tío para cambiar de tercio.

O sea. -Porque se asustaría.

Se pensaría que los querrías ya.

-Hombre, seguro que sí. Conociéndole.

¿Porque no...?

No quieres tenerlos ya, ¿no? -¿Tú te crees que estoy loca?

No. -Bueno. Ya, ya. Si yo ya lo sabía.

-Saqué el tema porque...

A ver. No saqué el tema. Estábamos hablando de un caso que...

bueno, que da igual.

Que nunca lo habíamos hablado y por eso pregunté.

-Porque hay que conocerse mejor. -Claro.

Que a lo mejor es un poco pronto para hablar de hijos.

Antes hay que ir quemando etapas. No sé, tenemos que...

irnos a vivir juntos.

Igual a lo loco ya casarnos, comprarnos una casa, ¿no?

-Pero tú quieres tener hijos, ¿sí o no?

-La verdad es que no... no lo he pensado mucho

y eso fue lo que le dije porque es la verdad.

Que desde lo de la pierna,

dejé de hacer planes de futuro. Me parecía ridículo.

Entiendo. Y como nunca he tenido una novia

con la que me haya planteado cosas serias como con Lara,

pues nunca ha salido el tema, ¿sabes?

Y no sé... es que...

Vamos, que yo alucino

con la gente que sabe que quiere tener hijos

desde pequeños, dicen: "Quiero tener hijos".

Sí, yo desde crío

tenía muy claro que me encantaría tener

alguna criaturita.

Es más, con Inés estuvimos a punto de tirarnos a la piscina.

Pero al final ella se tiró a otro.

Bueno, pero tú lo puedes intentar con Daniela,

que tiene pinta de ser... (ACENTO MEXICANO) Una "mamasota".

Ay, ¿verdad que sí? Jo, lo pienso y...

de verdad que me pongo a temblar. porque ella la verdad...

No cambies de tema, que eres experto.

Estamos hablando de ti.

No, estamos hablando de la vida en general, no de mí.

"De la vida en general". Tienes una cara... A ver, escucha,

lo importante aquí es saber

si ella quiere, porque no todas las mujeres quieren.

¿Lara quiere?

A ver. Que sí, que yo quiero tener hijos,

pero no ahora, ya. O sea, más tarde.

-Ya, pero nunca vas a encontrar el momento.

Y luego pasa lo que pasa.

-Claro, pero yo no tengo ninguna prisa.

Se lo pregunté porque quería saber su opinión

y como no me dijo nada claro, pues...

me he quedado toda rayada.

-Ya, ¿y si no quiere tener hijos?

¿Lo vas a dejar?

-No, ¿cómo lo voy a dejar?

No, no, no lo voy a dejar.

-¿Pero...?

-Pero tú piensa que si yo quiero tener hijos

e Iván al final me dice que no quiere tener hijos,

a lo mejor acaba siendo un problema

porque no compartimos el mismo proyecto vital, ¿no?

-¿Qué proyecto vital ni qué gaitas?

Coge a Iván y pregúntale directamente:

quieres tener hijos, ¿sí o no?

-¿Así? ¿A capón?

-Sí, yo lo hago así y me va bien.

-En este caso, estoy de acuerdo con Lidia.

-Ah, bueno, gracias.

-Sí, más que nada porque a mi madre y a Toni les pasó lo mismo.

Toni quería hijos y mi madre dijo que ya tenía suficiente conmigo.

-¿Cómo? ¿Que tu madre y Toni estuvieron liados?

-Sí, pero eso es una historia muy larga

que ya te contaré en otro momento. -Bueno. ¿Entonces qué?

¿Se lo pregunto así directamente a lo bestia?

A ver si la voy a liar.

-A ver si la voy a liar por no contestar.

No, no, no, para nada.

Con lo que me estás diciendo, está clara una cosa.

Lara te importa y quieres que la relación funcione.

Claro, sí, por supuesto.

Y por su parte sucede lo mismo.

Tú le importas y quiere que todo vaya para adelante.

Pero ten claro una cosa, la pregunta va a volver a salir

y cuando eso suceda, amigo,

más te vale tener una respuesta preparada.

Me lo dices así... me metes más presión, Carlos.

-Ni presión, ni nada, Lara.

Agarra el toro por los cuernos.

Si no te vas a enganchar de él

y cuanto más te enganches, más te costará dejarlo.

Te lo digo por experiencia. -Vamos a ver.

Tranquila, no seas tan negativa,

que no quiero dejarlo ni nada por el estilo.

Y todavía no sabemos si quiere tener hijos,

si no quiere hijos, si es que no lo ha pensado.

No sé, igual... es pronto para tener esta conversación, ¿no?

¿No?

Bueno, mira, no sé, me estoy rayando muchísimo.

Así que ya está, fuera. Me voy a la cama.

Adiós. -Venga, descansa.

-Qué movida, ¿no?

-Pues sí, la verdad que sí.

¿Qué tal llevas lo de la multa?

-Pues la he pagado ya.

He roto la hucha.

Y ahora espero a que me citen los de Régimen Disciplinario.

A ver qué pasa.

-Bueno, yo espero que todo vaya bien.

-Espero. No creo que pegue ojo hoy.

-Oye, ¿y por qué no...?

Nada. Te iba a decir una cosa para animarte, pero mejor me callo.

-Mejor, sí.

(Música de suspense)

(Puerta)

¿Todavía estás aquí?

¿Sigues revisándolo todo? (ASIENTE)

La vida y milagros de Ramiro Infante ante mis ojos,

solo tengo que estudiarla a fondo.

Aquí está la respuesta

a la pregunta que nos hacemos todos:

¿dónde se ha escondido?

Pues te recuerdo

que Ramiro Infante tiene dos vidas:

una antes y otra después

de la muerte de su familia y de su intento de asesinato.

Y de esta segunda etapa no creo que encuentres mucho.

Ha sido siempre una sombra.

Ya, pero puede que haya alguien que lo haya conocido

antes de su desaparición y pueda aportarnos alguna pista

que nos ayude a investigar

qué ha hecho todos estos años.

Ya.

Entiendo lo que buscas, Salgado, pero ese trabajo está hecho.

Durante el tiempo que has estado en el hospital

hemos revisado datos biográficos, familiares, laborales, etcétera.

También hemos hablado otra vez con Rosalía Ferrer,

su jefa del GRECO,

y ha sido muy colaboradora

y gracias a ella hemos podido establecer

un perfil psicológico muy exhaustivo de él,

pero no encontramos nada relevante.

Ya, ¿y su familia?

Tenía una hermana soltera y sin hijos.

Murió de cáncer hace unos años.

Pero ni padres, ni tíos, ni primos, ni sobrinos, ni nada.

No tiene propiedades ni a su nombre ni a nombre de ningún familiar,

aunque fuera lejano, que le pudiera hacer de testaferro.

Y no hemos encontrado ningún lugar

que pudiera servirle de refugio.

Sí, eso también lo sé.

He leído todo lo que habéis hecho durante mi ausencia.

Yo también he hecho investigaciones por mi parte.

Pero la clave está en saber qué pasó después de la muerte de su familia.

Sí, eso es lo lógico.

Encima de la mesa solo tengo un gran interrogante,

así que necesito investigar desde cero. Quiero saberlo todo,

quiero conocer todos los detalles de la muerte de su familia.

Hay muchas cosas que desconocemos.

Por ejemplo, ¿quién los mató?

Pero todos esos detalles estarán en los archivos del GRECO

y para eso necesitamos permiso de acceso.

Eso tendremos que hacerlo mañana, ahora es muy tarde.

Hablaré con Bremón a primera hora de la mañana.

Llevas todo el día encerrado en el despacho.

No te he visto salir ni para comer. No, no.

He salido para el discursito de Bremón,

que podía habérmelo evitado, la verdad.

Ha sido muy reconfortante, pero no es lo que necesito.

¿Y qué es lo que necesitas?

Pues meterme en la cabeza de Ramiro Infante:

saber cómo piensa, cómo siente. Eso es lo que necesito.

Pues aislarte del resto de la comisaría

no me parece bueno para ti. En estos momentos...

no creo que sea lo más sano.

Ya, pero es como mejor trabajo.

¿Seguro que solo es trabajo?

¿Qué otro motivo puede haber?

Es igual.

Me voy a descansar.

Y tú deberías hacer lo mismo.

Creo que lo necesitas. Sí, sí. Miralles.

(Música de suspense)

Jamás me había planteado tener hijos.

Lo veía superlejano, algo como de ciencia ficción.

-Ya, entiendo, vamos, que pasas de tener hijos.

-Lo dices como si tu madre

te hubiera echado a la calle y seguro que no.

-Es muy intransigente, va a volverme loca, no puedo seguir con ella.

Acógeme contigo, por favor.

-Matías Vives, ¿por qué me suena?

-Tiene una empresa de márquetin que se llama Personal call.

-Ah, sí, María me dijo algo.

¿Es el que quiere tirar de la bolsa de trabajo del centro cívico?

-Justo. -Cuando pensábamos que teníamos

a Lucas Infante, aparece su padre del más allá,

llega a escena, mata a Nacha

y a Salgado lo manda al hospital. -Sí.

Aun así, creo que Salgado se está metiendo en una burbuja.

Todo lo demás le resbala y eso no es bueno.

-Mira, Ángel, es mi hija Cristina.

Cristina, Ángel.

-Encantada de conocerte, Ángel.

-Necesitamos más datos sobre la falsa muerte de Ramiro.

Bueno, veré lo que puedo hacer, pero no garantizo nada.

Esa información tiene que estar clasificada.

Ya he conocido a Matías Vives, el empresario.

-¿Sí? ¿Y eso?

-Ha estado aquí entrevistando a la gente

de la bolsa de trabajo del centro cívico.

Les va a pagar con la aplicación para que sea todo más ágil.

¿Vienes de Régimen Disciplinario?

Por la cara que traes, no son buenas noticias.

Me han suspendido de empleo y sueldo.

-No, eso no es verdad, tú no me dijiste eso.

Dijiste que tenías el dinero para pagar al contado

toda la mercancía que me habías puesto en ese pedido,

así que ahora no te puedes echar atrás.

-Creo que sería más operativo

que yo me ocupara del caso de Infante

y que tú volvieras a llevar el día a día de la comisaría.

Así no habría problemas de desatender nada.

¿Me estás sacando del caso del Vigilante?

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Servir y proteger - Capítulo 940

16 abr 2021

Carlos y Daniela retoman su relación. Aparece en el hotel Cristina, la hija de Joaquín, que quiere quedarse a vivir con su padre. Ángel intenta ligar con ella sin saber quién es. Bremón sigue preocupado por la seguridad de sus hombres y teme un ataque de Infante. Lara e Iván se han quedado preocupados por su conversación sobre tener hijos.

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