Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 908 - Ver ahora
Transcripción completa

La supuesta víctima es un abogado de mediana edad.

Dejó un mensaje en el móvil a su mujer para no preocuparla

y se borró del mapa.

A ver, Iván, ¿tienes los datos del GPS antes de desconectarse?

-Estuvo aparcado en la calle Divino Pastor.

-Eso está al lado del Moonlight, ¿no? -Sí.

-Sé pasó

y se sentó en aquella mesa.

-¿Quién está al frente de la investigación?

-Eh... Néstor, uno nuevo.

-Por fin tu amiguito el mal nacido

da señales de vida.

-Quintero, no sé qué quieres pero no quiero saber nada más de ti.

El trato era que te daba información de la mensajería,

pagabas mi deuda con Celso y se acabó.

"No quiero ni mensajes, ni llamadas ni saber nada más de ti".

-Quintero le despluma, le ofrece pagar la deuda y a cambio nos espía.

Me voy a quedar con mi hermana en Madrid

y no solo porque sea mi familia,

sino porque es en la única en la que confío.

(VLADO) -"Quintero, maldito bastardo.

Voy a acabar contigo cuando menos te lo esperes,

¿me entiendes? Exactamente igual que hice con tu hija".

(Música emocionante)

¡Cristóbal!

Vamos, hombre, despierta,

que ha llegado la hora de volver a casa.

-¿Es una trampa? -No.

¿Por qué va a ser una trampa? Ya te dije que yo

siempre cumplo con mi palabra.

¿Has descansado?

(SUSPIRA) -¿Qué me habéis dado?

-¿Qué más da eso, hombre?

Algo para que pudieses dormir, no te preocupes.

-¿Cómo voy a descansar en este tugurio?

-Bueno, solo necesitaba que tuvieses

buen aspecto para que no levantases sospechas

cuando salgas de aquí.

Será mejor que empieces a vestirte

porque estarás deseando volver a casa.

(SUSPIRA)

-Con lo que me has obligado a hacerle a Khan

soy hombre muerto.

Ni yo, ni mi familia volveremos a estar tranquilos nunca más.

-Es tu problema, amigo, no haberte asociado con ese cerdo.

Pero cuando trabajabas para él bien que te gustaba recibir

esas grandes cantidades de dinero sucio

en tus cuentas bancarias.

-Khan se ha puesto en contacto contigo.

Por eso me dejas ir, ¿verdad? -Eso no es asunto tuyo.

(SUSPIRA)

(RÍE)

-Khan va a ir a por ti

y cuando te encuentre te va a despellejar.

No es una amenaza, ¿eh? Es simple información.

-Pues muchas gracias, gracias por esa información,

pero no te preocupes, hombre.

Estoy deseando tenerlo de frente, cara a cara.

Ahí tienes también las llaves de tu coche, el teléfono, tu agenda,

en fin, todo lo tuyo. Y te he traído ese neceser para que te asees.

A ver si puedes estar en condiciones cuando salgas de aquí.

-No sabes lo que has provocado, Quintero.

No tienes ni idea. -Que sí, hombre, que sí.

Lo que tú digas. Mejor empieza a vestirte, estarás deseando

volver a tu casa.

El GPS de tu coche está desconectado para que no lo puedan localizar.

Si lo conectas

nos va a saltar una alarma

y vamos a saber en todo momento por dónde vas.

-Veo que has pensado en todo. -Por supuesto. Si la policía te para

en algún control o te hiciese alguna pregunta diles

lo que ya hemos hablado tú y yo.

Diles que vienes de la sierra de pasar unos días

en una casa para relajarte un poco. Y en cuanto al teléfono móvil,

no lo conectes hasta dentro de un par de horas o tres porque...

-También lo tienes monitorizado.

-Por supuesto.

Ya te he dicho que tenía a alguien contratada.

Hemos "hackeado" todos tus dispositivos

y hemos encontrado ahí

una información muy importante y suculenta.

-¿De qué estás hablando?

-De todos los chanchullos y los tejemanejes que te traes

con algunas de las fortunas más grandes de este país.

De cómo les ayudas a evadir impuestos,

a crear "offshore" en paraísos fiscales.

Creo que si me paso por una comisaría

y le hablo a la policía

o se lo enseño a algún medio de comunicación

te encontrarías con un serio problema, ¿no crees?

-Eres...

-¿Qué crees que diría la policía, Cristóbal? ¿Qué crees que diría

la policía si me presento yo con toda esa información?

(RÍE)

-Te veo muy subidito. Pero no me gustaría estar

en tu pellejo cuando Vlado Khan te ponga la mano encima.

(SUSPIRA)

-¿Qué haces tú?

-Eh, bueno...

¿No puedo darte un beso? -Pues aquí no, porque íbamos a llevar

lo nuestro con discreción y estamos delante de la puerta de la comisaría.

Así que no. -Vale, vale, vale, tienes razón

y cuando tienes razón... Pero es que date cuenta, estás tan guapa

esta mañana que me es inevitable resistirme,

¿entiendes?

-Chicos, perdón que los interrumpa. -Eh, ¿qué pasa?

-No, nada, que como veo que Carlos no viene con ustedes...

¿le pasó algo?

-Eh, no, ¿por qué lo preguntas?

-Porque como siempre vienen juntos de comisaría.

-Le hemos dejado en casa, estaba acabando de desayunar,

me imagino que estará a punto de venir, ¿no?

-¿Cómo lo ves?

-Bueno, ¿te refieres a cómo lo veo después de...

de que rompieras con él?

-Sí. -Bueno, pues ahí está, tirando, ¿por?

-Bueno, no sé, porque como tiene tanto que no se pasa por La Parra.

O sea, que supongo que me estará evitando, ¿no?

-Bueno, Daniela, yo creo que con todo lo que ha pasado es normal.

-A ver, daros tiempo.

Ya verás que en nada todo vuelve a la normalidad.

No sois la primera pareja ni la última en romper la relación,

no pasa nada.

-Daniela, perdona, que he sido un poco brusco, la verdad, y no tengo

por qué meterme en vuestra vida. Pero vamos, que Carlos...

que se está recuperando. -Sí, no te pienses que está

encerrado en casa llorando por las esquinas, ¿eh?

La otra noche estuvimos cenando con él y está...

Eh, compis. Veis como al final os he alcanzado, ¿eh?

Que aún me quedan diez minutos para que comience el turno.

Hola, Daniela. Hola.

-Nosotros nos vamos ya, que salimos antes porque Iván me tiene que buscar

una información de un caso en la UFAM.

-Sí, unos geolocalizadores.

Bueno, chao.

-Chao.

Eh... nada, qué bueno verte.

Justo les estaba preguntando por ti,

que hace muchos días que no te pasas por La Parra.

Sí, es que me están poniendo unos turnos rarísimos, Daniela,

y estoy hasta arriba de casos, entonces

termino exhausto y me voy directamente a casa.

Que... estás evitando coincidir conmigo, ¿no?

(SUSPIRA) Pues un poco sí, Daniela, la verdad.

Creo que en este momento

de nuestras vidas deberíamos intentar estar cada uno a lo suyo

porque yo personalmente no soy capaz

de estar cerca de ti.

Vale, paro ahora estás cerca de mí y no pasa nada, ¿no?

Ya, bueno.

Que... que además pues, no sé,

te echamos de menos, María pregunta por ti.

Bueno, si lo que te preocupa es que María pierda un cliente,

no te preocupes porque ella tiene un montón, no me echará en falta.

Pero yo sí.

Lo que quiero decir es que por qué no normalizamos la situación.

A lo mejor podemos ser amigos.

¿Eso es lo que quieres?

Sí.

Yo te aprecio mucho, Carlos.

Si yo también te aprecio muchísimo, Daniela,

pero es que... lo de ser amigos me viene regular, ¿sabes?

Porque hasta hace nada éramos pareja y yo te quería, es más,

yo te sigo queriendo.

Entonces, lo de ser amigos no.

No me puedes pedir que cambie el chip tan rápido.

Vale.

Vale, entiendo, pero...

pues no sé, pásate por el bar.

Si me sigues evitando, nunca vamos a poder normalizar esto

y te prometo que no voy a hacer nada que te haga sentir incómodo.

No, si ya te cubriste de gloria cuando me dejaste y...

Perdona, perdona porque no tiene sentido que te diga esto ahora.

Mira, Daniela, yo voy a intentar pasarme por el bar, ¿vale?

Entonces... ya está.

Eso sí, lo de ser amigos pues no te puedo prometer nada.

Vale. ¿Vale?

Y bueno...

Vale.

Chao. Chao.

-Simón.

Menos mal que lo encuentro. ¿Está bien?

¿Me reconoce?

¿Sabe quién soy? -No.

¿Qué quieres? ¿Robarme?

-No, no, no, no, no.

Soy Paty del centro cívico.

¿Me recuerda?

-Ah.

Sí, sí.

-Estábamos muy preocupados por usted.

¿Dónde ha pasado la noche? -Pues... no lo sé.

Creo que aquí, en el banco.

-Llevamos buscándole desde que se fue del centro cívico.

-Pues no sé por qué me buscan.

Ayer vine al Cine Londres.

Fue allí donde conocí a Fabiola

por primera vez.

Fabiola es mi mujer,

mi esposa.

-Lo sé.

Lo sé, por eso he venido aquí a buscarle.

También vine anoche, pero no le encontré.

Menos mal que está bien, de verdad.

-A mi mujer le encantaba Rock Hudson

y la traje a ver "Gigante"

al Londres.

Allí fue donde le di

el primer beso.

Pero ¿dónde está?

Yo pensaba que estaba aquí

en la plaza del Guadalquivir,

pero... pero no lo encuentro.

-Tiene usted razón, estaba aquí.

Lo que pasa es que lo cerraron hace años.

Ahora han hecho una sala de fiestas.

-Qué pena.

Con lo que nos gusta ir juntos al cine.

Y ahora, ¿dónde la voy a llevar?

-Bueno, en el centro cívico cine no tenemos,

pero sí tenemos un montón de libros que hablan sobre cine

y también tenemos uno muy bueno que acaba de llegar sobre carteles.

-¿En serio? ¿Y tienen el de "Gigante"?

-Pues no lo sé, pero si quiere podemos ir a mirar.

¿Sí? -De acuerdo.

-Le ayudo... -¡No me toque!

-Yo ya puedo solo.

Imagino que mi hija estará muy preocupada, ¿no?

-Sí, sí que está preocupada.

Pero se va a alegrar mucho cuando sepa que está bien.

Vamos al centro a mirar. -Vamos.

Mi hija es muy buena chica.

-Sí lo es, sí. -Y, bueno, sacaba unas notas...

-Ah, ¿sí? -En historia y en latín.

Ha elegido Humanidades.

-Hasta luego, cariño, gracias.

Venga, tranquila, que has oído a Paty que tu padre está estupendamente.

-Qué mal lo he pasado. -Ya lo sé.

-Tómate la tila que te va a venir muy bien. Invita la casa.

-No sé cómo agradecerte todo esto, María.

-Mujer, no tienes nada que agradecer. -No, eso no es verdad.

Ayer te portaste muy bien dejando que tu bar fuera el lugar

desde donde se coordinaba la búsqueda.

-Bueno, y gracias a Dios todo ha salido bien, ¿no? Pues ya está.

Quítate el susto del cuerpo. -No he pegado ojo en toda la noche

pensando en lo que le podía haber pasado y ¿sabes qué?

He decidido no volver a dejarlo solo nunca más.

-Mujer, no te lo tomes así porque eso le podía haber pasado

a cualquiera. -No, no, no, no, no, María.

Esto me ha servido para darme cuenta de que no vale la pena aparcarlo

para trabajar un par de horas o para ir a "aquagym".

-Mujer, pues yo...

creo que estás equivocada.

Tú tienes fatiga crónica.

Y también necesitas cuidarte y dejarte ayudar,

si no la cosa va a ir a peor. -De momento puedo manejarme.

-Bueno, de momento sí, pero ¿y cuando no puedas?

Porque, cariño, discúlpame que te lo diga, pero la enfermedad

de tu padre va a ir a peor. -Ya.

-Eso te va a afectar. Al final va a ser un pez que se muerde la cola.

-Y ¿qué sugieres?

-Pues, mujer,

que busques ayuda profesional. Así podrás estar con tu padre

y le podrás hacer compañía, pero con las pilas más recargadas.

-Ya lo intenté buscándole a Fina

para que lo cuidara y no ha servido para nada.

-Pues sigue intentándolo con Fina o con quien sea.

Ya verás como tu padre al final acaba aceptándolo.

-¡Ay, papá! ¡Papá, ay!

¿Cómo estás?

¿Dónde has dormido? ¿Estás bien? ¿Has comido algo?

-No, ha preferido venir directamente a aquí.

-Siéntese, Simón, le voy a preparar un café

con leche caliente. Le sentará bien

después de la noche a la intemperie. -Perdóname, Luisa.

Sé que os he causado muchos problemas, lo sé.

Menos mal que me ha encontrado Paty, porque no sabía volver solo a casa.

-Ya ha pasado todo, no te preocupes.

-¡Ay! Yo, Luisa...

lo último que quiero es causarte problemas.

Lo paso muy mal.

Como cuando eras pequeña y te caíste de la bicicleta.

¿Recuerdas que te hiciste mucha sangre en la rodilla?

-De eso hace ya mucho tiempo, papá.

-Pero cómo llorabas, lo pasé fatal.

Seguro...

Seguro que ahora con esto también has llorado.

-De verdad, que no tiene importancia.

Esa tos no me gusta, papá.

¿Y si te has enfriado? -No.

Que no me he enfriado. -Me voy a quedar más tranquila

si te ve el médico, así que en cuanto desayunes

nos vamos al centro de salud. -Que no pasa nada,

es una tontería. -Oye, papá, por favor.

-Está bien.

Lo que tú digas.

(SUSPIRA)

-Ay. Gracias. -Gracias.

-Sí, entiendo que lo esté pasando mal, Abelina.

Pero en el fondo es lo mejor, tanto para usted, como para su nieto.

No, todavía tenemos que esperar, aún es demasiado pronto.

Es lógico que tenga dudas, pero verá que pasado un tiempo

ha merecido la pena, seguro, y sale de ahí mucho mejor, ya verá.

Mire, vamos a hacer una cosa, cuando salga de la comisaría,

me acerco a verle por la tienda y lo hablamos cara a cara.

De acuerdo, estese tranquila.

Un beso, hasta luego.

-¿Hablabas con la mujer a la que le zurraba

el impresentable de su nieto? -Sí, está angustiada por Kevin.

Dice que no está segura de que estar en el centro de menores

sea la mejor opción.

-Ese chaval no sabe la suerte que tuvo.

Vamos, llego a llevar yo el caso...

y vamos...

(RÍE) -Estás en plena forma, ¿eh? Con la mala leche de siempre.

-Bueno, solo digo que Kevin este no se merece a la abuela que tiene.

-Por lo menos ha accedido a empezar la terapia

para controlar su agresividad y eso ya es un paso.

-¿Cómo lo sabes? ¿Has llamado al centro?

-No, me lo ha dicho Abelina, que fue a verle.

-O sea, encima, después de todo lo que ha hecho.

-Sí, es su abuela.

Y bueno, ha dicho que lo ha visto muy calmado, arrepentido.

Por eso tiene dudas de si debería estar en un centro de menores.

Que si debía haberlo enviado a terapia cuando era pequeño,

que si no le hizo caso porque estaba trabajando

en la tienda... Pobre mujer.

-Pues yo no creo que se haya recuperado tan rápido.

Está haciendo un paripé. -Sí, no sé, puede ser, pero...

todavía es pronto, ¿no?

Hay que ver si reacciona a la terapia.

Todavía es muy pronto, lleva una o dos sesiones.

-Igual lo que está haciendo es camelarse a su abuela

para que le saque de ahí y volver a las andadas.

-Una escéptica tú, ¿no?

No sé, igual el chaval cambia de actitud y al final

puede volver a vivir con su abuela. -Ojalá.

-Lidia, por fin, te estaba buscando.

Hay novedades sobre Cristóbal Larrea.

-Yo os dejo que lo habléis tranquilamente, ¿vale?

Hasta luego. -Hasta luego.

-¿Qué pasa?

-Acaba de llamar Mencía Urquijo, su mujer.

Su marido se ha presentado en casa hoy sano y salvo.

Al parecer ha llegado como si tal cosa.

-¿En serio?

-Sí, tal como te lo cuento.

-Pero es un poco raro, ¿no?

¿Por qué no llamamos a Larrea, que venga y le tomamos declaración?

-Sí, estoy de acuerdo y que nos cuente qué ha sucedido.

-Vale, se lo decimos a Bremón, ¿no?

-Recuerda que no será fácil, no para de recordarnos

que Larrea está bien conectado con las altas esferas.

No le hará gracia venir y menos, en contra de su voluntad.

-Ha tenido usted suerte, Simón.

A su edad, dormir a la intemperie no es una tontería,

podría haber cogido una hipotermia o una pulmonía.

-¿Qué voy a coger yo?

Nada.

Si cuando era joven, dormía al raso mientras pastoreaba los rebaños.

Por eso no he cogido una gripe en mi vida.

-Pero ya no es usted tan joven. -Ya.

-En su estado, un simple resfriado puede dar muchas complicaciones.

-Oiga, a mí no me regañe como a un crío.

Para eso ya tengo a mi hija Luisa.

Anda diciendo que me he escapado o no sé qué.

-No he querido regañarle, estoy seguro de que su hija tampoco.

Pero la desorientación es una consecuencia del alzhéimer.

-O sea, que soy un viejo.

-Yo no he dicho eso, no.

Simplemente que no puede usted quedarse solo,

tiene que estar acompañado permanentemente.

-Ya.

Yo pensé que...

que con mi hija era suficiente.

-Pero su hija no puede vivir solo para usted,

esto lo tiene que entender.

-Sí.

Sería muy egoísta por mi parte.

-Me alegra que lo vea así.

-Menos mal que me encontró esa chica de...

del centro cívico.

Por cierto, ¿cómo se llama? -Paty.

-Ah, Paty.

Paty.

Es muy amable y simpática.

Cuando salga de aquí, me voy a pasar por el centro cívico

a darle las gracias. -Me parece una excelente idea.

-Ojalá fuera Paty mi cuidadora

y no la otra que me puso mi hija.

-Paty igual no puede ser su cuidadora,

pero sí puede encontrar una tan atenta y amable como ella.

-¿Usted cree? -¿Por qué no habla con ella?

-Lo intentamos. -Claro que sí.

Le diré a su hija que pase.

Luisa, pasa, anda.

-¿Cómo está mi padre, doctor?

-Bueno, hecho un toro. Ha cogido un resfriado,

de ahí la tos, pero ya le he recetado algo.

Por lo demás bien.

-Menos de la cabeza, de ahí no ando muy fino.

Y no quiero daros más problemas de la cuenta.

Lo que ha ocurrido hoy no puede volver a ocurrir.

-Tu padre me ha contado, además, que está tomándose en serio

lo de coger una cuidadora, ¿verdad?

-¿Lo dices en serio?

-Sí, porque así tú puedes ir a trabajar

y ocuparte de tus cosas...

-¿Seguro? ¿No pensarás que soy una mala hija?

-Pero...

pero ¿cómo voy a pensar yo eso de ti, hija mía?

Pero prométeme una cosa.

Que me vas a buscar una cuidadora tan amable y simpática

como... ¿Cómo se llamaba? No me lo...

Paty, como Paty.

Me dijo que en el centro tienen un libro con carteles

de películas de cine, de películas de mi época,

y estoy, mira...

mira, estoy que me muero de ganas por leerlo.

-Ahora mismo vamos a ver ese libro.

-Ya te he cargado en la tarjeta la receta, toma.

Y a cuidarse, Simón.

Y a dejar que le cuiden.

-Vale, ya le he entendido, doctor, ya le he entendido.

Adiós.

-Gracias por todo, doctor.

Vamos, papá.

-Muchas gracias por dejarme quedarme un rato más.

Mi autobús sale en un rato y no me apetecía dar vueltas

por la estación. -No pasa nada.

-Hace tiempo no me hubiese importado,

pero con lo bien que me habéis tratado,

me he vuelto un comodón. (RÍE) -Bueno...

por aquí te dejo la factura. -Genial.

-Mírala, que esté todo bien.

-Vale.

-Hombre, Bruno, ya me dijo Carlota que te ibas hoy y necesitabas

retrasar el "check out".

-Sí y gracias por no cobrármelo, ha sido un detalle.

-Faltaría más.

¿Qué pasa? ¿Has encontrado por fin casa en Madrid?

-No, qué va, me voy de la ciudad.

Tengo que probar suerte en otro sitio.

-Bueno, me parece muy bien. Espero que, si vuelves por Madrid,

volver a encontrarte en el hotel.

-No creo que vuelva, me habéis tratado de maravilla.

Bueno, Carlota, cóbrate.

-¿Pagas tú?

-¿Te extraña?

-Yo daba por descontado que todos los gastos corrían

por cuenta de las hermanas Velasco. De hecho, Eva pidió

que te hiciésemos precio especial. -Ya, pues pregúntale tú a Eva,

porque dudo que quiera pagarlo.

No quiero tener deudas con nadie.

-Me parece muy acertado.

Nada, Bruno, que te vaya muy bien y encantado de haberte conocido.

-Igualmente, Joaquín.

Hasta luego. -Hasta luego.

Entonces Larrea no ha puesto ninguna pega por venir a declarar.

Al contrario, cuando hablamos con él, se mostró colaborador.

-Demasiado diría yo.

¿Por qué lo dices?

¿Ha dicho algo que os haya hecho desconfiar?

Sí, hay cosas que no concuerdan del todo, comisario.

¿Por ejemplo?

Ha corroborado palabra por palabra el mensaje que le mandó a su mujer

desde la sierra y no coincide con lo escrito en su agenda.

-A mí eso por sí solo no me resulta sospechoso.

Puede que se trate simplemente de una aventura extraconyugal,

por eso necesito verle cuando nos cuente

su propia versión de los hechos.

De acuerdo, pero esto es un asunto delicado,

así que tratadlo con tacto.

Entendido, ¿no? Entendido.

Larrea y su mujer tienen amigos en las altas esferas.

Con el asalto a la comisaría fuimos señalados

y no quiero que ocurra lo mismo por este asunto.

Lo tenemos en cuenta, comisario.

Eso espero.

Madre mía, menos mal que Larrea viene por sus propios medios,

porque si no, vaya tensión.

-Mira, ahí está nuestra visita.

-Señor Larrea, encantado de conocerle en persona.

-¿Ustedes son los que me han llamado? -Sí.

Inspector Néstor Cepeda, oficial Lidia Alonso.

Gracias por acercarse y cedernos su tiempo.

-No hace falta que me lo agradezcan.

Teniendo en cuenta que he desaparecido tan de improviso,

lo normal es que me pidan explicaciones.

Lamento si he podido causar algún tipo de molestia.

-No se preocupe.

Acompáñenos, que le vamos a hacer unas preguntas.

Nada, pura formalidad.

-Hasta luego, Carlota. -Hasta luego, cuídate.

-Bea. -Hola.

Vengo solamente para asegurarme de que te piras.

Nada más.

-Bueno, ya ves que sí.

-Y para pedirte que no me llames más.

Ayer te lo dije y te lo decía muy en serio,

no quiero que me llames.

-Si te estaba llamando era simplemente

para decirte que me fastidia que todo esto acabe así.

-Ya. -Me gustaría

que no hubiese terminado con bronca y reprochándonos él uno al otro.

-Sí, hubiera sido genial,

pero es lo que has conseguido mintiéndome todo este tiempo

y traicionándome también.

-Ya. Bueno, pues me da pena, Bea.

Me da pena porque si de algo me he dado cuenta es que...

eres lo último que quería perder.

-Pues tienes una forma de mostrarlo como rara.

-Yo hice cosas que no debí hacer y lo siento.

Lo siento mucho.

Y entiendo que no sientas lo mismo porque me lo he ganado a pulso.

¿Te puedo hacer una pregunta?

Después de todo lo que he hecho, ¿por qué has decidido salvarme?

-¿Por qué? Pues...

porque no soy ninguna asesina

y no quiero que mi hermana lo sea tampoco.

-Vale.

Bueno,

si esto es lo que quieres, será la última vez que me veas.

Cuídate mucho, Bea.

-Llevaba mucho tiempo con presión por el trabajo.

Estaba desbordado, tenía que parar para pensar

y replantearme la vida.

-¿Y se le ocurrió así de repente?

-Sí. Fue justo en ese momento cuando dije:

"Alquilo una casa en Guadarrama y me voy allí a pensar".

Fue desde allí desde donde mandé el mensaje a mi mujer

para que no se preocupara.

-Ya, pero luego su mujer no pudo contactar con usted.

Y nosotros tampoco.

-Desconecté el teléfono y todos mis dispositivos electrónicos.

Si llego a saber que se iba a montar este lío no lo hubiera hecho.

Disculpen si les he causado cualquier tipo de molestia.

-A su mujer le extrañó mucho que desapareciese de ese modo.

Nos contó que al día siguiente de su desaparición,

usted iba a cerrar un negocio muy importante

que bajo ningún concepto habría pospuesto.

-Eso es así, sí.

Me bloqueé,

no podía hacer nada que tuviera relación con el trabajo.

Esta mañana he llamado al cliente para explicarle lo que ha pasado.

Bueno, pues si no les importa,

mis hijas van a salir del colegio y llevo varios días sin aparecer.

-Espere, no tan deprisa.

Tenemos algo que le pertenece.

¿Reconoce esta agenda?

-¿De dónde la han sacado?

-De un "pub" llamado Moonlight.

-¿Qué fue a hacer allí?

Es el último sitio donde se le localizó

antes de que mandara el mensaje a su mujer.

-Lo sé.

Estuve allí tomando algo.

Para pensar, fue allí cuando decidí que debería irme

a la cabaña de Guadarrama.

-¿Seguro?

-De hecho cuando fuimos a preguntar allí,

la camarera declaró que lo había visto allí

con una mujer.

-Sí, de hecho fue esa misma camarera quien nos dio su agenda.

Por lo visto se la había dejado allí en el "pub".

Había quedado con una tal Ana.

-Está bien.

Estuve allí con una mujer, sí.

Tampoco tengo que dar explicaciones sobre mi vida privada.

-No, no.

Tranquilícese, señor Larrea.

No nos interesa su vida personal.

Lo que sí le recomiendo que la próxima vez que vaya a desaparecer

con alguna de sus amigas se prepare una excusa

que no implique molestar a la policía.

-Entiendo.

¿Sabe algo mi mujer de esta agenda?

-¿Eso es lo que le preocupa?

-No, no sabe nada.

Hemos sido discretos.

-Se lo agradezco.

-En resumen,

fue allí a la cabaña, con esa mujer, con esa tal Ana,

¿verdad o se fue allí solo?

-Sí, tenía una aventura con Ana.

Ella se iba al extranjero

y queríamos pasar los últimos días juntos.

La cabaña es de un amigo, tengo las copias de las llaves.

Suelo ir allí.

-¿Y podría darnos los apellidos de esa mujer?

-No.

Ella está casada con un diplomático, no quiero comprometerla.

Además,

nuestra relación se ha acabado.

Lo único que quiero es olvidar todo eso.

Al fin y al cabo, he vuelto con mi familia

y mi mujer ha quitado la denuncia por desaparición.

-De acuerdo.

¿Piensa moverse de Madrid en los próximos días?

Lo digo por si necesitamos hacerle alguna pregunta más.

-No tengo intención de irme de aquí.

¿Puedo irme ya?

-No se preocupe por su agenda.

Cuando terminemos las diligencias se la haremos llegar personalmente.

¿De acuerdo?

Javi,

acompaña al señor Larrea a la salida.

-Tendrías que haberle obligado

a que nos dijera los apellidos de esa mujer.

-Todo concuerda, Lidia.

No hay nada a lo que agarrarse para creer que miente.

Las localizaciones del móvil, el GPS del coche,

no hay movimientos bancarios que sugieran que haya habido

un secuestro exprés.

-Ya, pero hay algo que no cuadra.

No sé qué es, pero hay algo. -Ya.

A mí también me lo parece, pero bueno,

nos guste o no nos guste, no hay indicios de delito.

-Prioritarios estos dos, ¿de acuerdo?

Llegas tarde.

-Ya, lo siento.

-¿Dónde estabas?

-En el hotel Novasur, me quería despedir de Bruno.

-No habrás cambiado de opinión, ¿no?

-No, solo he ido para asegurarme de que se piraba, nada más.

-¿Solamente?

-Sí, debe estar llegando a la estación de autobuses.

Me ha dicho que va a probar suerte en Marbella.

-¿Marbella?

Bueno, fenomenal Marbella.

Cuanto más lejos mejor.

Anda, mira.

Nos ha llegado lo de Müller a la cuenta.

-Ah, qué guay.

-Superguay. Estás eufórica.

Eres más rica que hace unas horas. -Ya.

Lo que no sé es qué vamos a hacer ahora con el tráfico de armas.

-¿Qué quieres decir?

-Pues que ya sabemos que Quintero

tiene muchísima información al respecto, entonces...

Algo habrá que cambiar, ¿no? Supongo.

-Bueno, estamos cambiando cosas ya, ¿no?

Lo que está claro es que hay que ser mucho más prudentes

con quién compartimos la información.

Por ejemplo, Carlos Peinado está fuera.

Futuros novios también.

-Ya, no estoy yo ahora pensando en novios precisamente.

Por el puerto de Algeciras no van a entrar más armas.

-Yo creo que no, estoy buscando alternativas,

pero me da que hay que cambiar.

-¿Y ya está?

O sea, ¿no vas a tomar más medidas ni vas a cambiar nada más?

-Con Bruno y con Carlos fuera del negocio

yo creo que Quintero no tiene quién le pase información.

¿Por?

-No, nada, por saber, si estás tan segura, pues OK.

-Sí, estoy segura.

De hecho he puesto en marcha la "deep web" otra vez

y le he hecho un pedido a Hariri.

-Pues ya está, todo en orden.

-Todo en orden.

Beatriz.

-Dime.

-¿Tú sigues estando enamorada de Bruno?

-¿Y esa pregunta?

-Bueno, como te veo que llegas del hotel, que querías despedirte...

No sé, me gustaría saber qué sientes.

-Ya, pero no sé, me extraña,

me llama la atención que lo quieras saber, la verdad.

-Pues es que me preocupa.

Eres mi hermana, te quiero, no quiero verte sufrir.

Y la verdad es que...

que quisieras compartir tu vida con un tío que es un mentiroso,

desleal y cobarde pues me preocupa.

-Ya, pues... no.

No, lo de Bruno está cerrado ya.

Y él se lo ha buscado.

Lo que sí que te agradezco

es que hayas dejado que se pire sin hacerle daño, eso sí.

-Por ti, nada más.

-Bueno, y porque tú y yo no somos asesinas,

no matamos a gente y no podríamos estar con...

no sé, la muerte de nadie encima y menos de Bruno,

¿no?

-Hombre, pues en este negocio eso son decisiones muy extremas

que a veces no queda más remedio que tomar.

-Vale, bueno, me gusta que digas eso.

-Beatriz, mira,

lo más importante

es la familia.

Tu familia soy yo, mi familia eres tú.

Todo lo que yo haga lo voy a hacer porque te quiero.

Para cuidarte, ¿de acuerdo?

-Vale.

Vale, pues me voy a poner con las entregas especiales

de mañana que tenemos mucho lío.

¿Me dejas el ordenador un segundo?

Qué día.

-Sí.

(QUINTERO) -"¿Cómo te ha ido en comisaría?

¿Han sospechado algo?".

-No creo.

Aunque me han apretado bien las tuercas,

sobre todo la tal oficial Alonso. Esa ha sido bastante borde conmigo.

-Sí, esa oficial es bastante correosa.

¿Te preguntaron algo sobre la agenda?

-Sí, incluso me la han enseñado.

Les he dicho todo lo que me dijiste

sobre la tal Ana que está conmigo y demás.

-¿Qué más ha pasado en esa comisaría?

-Han dicho que esté localizable

por si necesitan hablar conmigo.

-No te preocupes, es lógico.

Tienes que tener mucho cuidado para no irte de la lengua.

-Si la policía me busca, no me va a encontrar.

Estoy preparándome para salir del país con mi familia.

No quiero estar cuando aparezca Khan.

-"¿Y dónde piensas ir?". -A ti no te importa.

Pero muy lejos, dónde él no pueda encontrarme.

-Procura estar disponible para mí, ahora mismo te tengo que dejar.

¿Quién es?

-Hanna.

-Hanna, pasa.

-¿Qué haces con eso?

-Con esto, ¿qué quieres que haga con esto, Hanna?

¿Qué quieres que haga? Vlado Khan está a punto de llegar

y si aparece por aquí no será para que nos echemos unas risas.

-¿Cómo ha ido la liberación de Larrea?

-Bien, parece ser que todo ha ido bien

en esa comisaría y que la policía no sospecha.

-Al final vas a conseguir lo que querías, ¿eh?

Vas a hacer que venga hasta aquí.

-Pues sí, eso es lo que quiero.

Pero pensaba que es lo que queríamos también los dos, ¿no?

¿Es lo que quieres tú también?

-Sí.

Lo que pasa es que cuando escuché su voz se me puso la piel de gallina.

¿No tienes miedo?

-No.

Lo que tengo es ganas de tener a Vlado Khan frente a frente,

mirarlo a la cara y acabar con esto de una vez.

-Pues ya no hay marcha atrás, ¿no? -No.

No hay marcha atrás.

Y no podemos tener ninguna duda a partir de aquí.

Ese tío y yo nos vamos a enfrentar

y va a ser a vida o muerte.

Si consigo salir vivo, tampoco tengo un futuro muy esperanzador.

Si hablamos de ti, estamos hablando de otra cosa.

-¿Por qué dices eso?

-Porque tú todavía eres joven y tienes mucha vida por delante.

-¿Adónde va a parar el discursito?

-Verás, Hanna,

creo que está llegando el momento en el que pensemos

que nuestros caminos se pueden separar.

Conociéndote como te conozco

y escuchando las cosas que estás diciendo

sobre mí últimamente creo que...

Cuando Khan y yo nos encontremos no te va a gustar nada

ver lo que va a pasar.

Pero entiendo que si te quieres retirar,

puedes hacerlo, no hay ningún problema.

Es más,

creo que lo mejor que puedes hacer es irte una buena temporada de Madrid

hasta que pase todo esto.

Hanna.

Hanna, por favor.

-Tranquilita la noche, ¿no?

Será la calma antes de la tormenta.

-Menuda sorpresa.

Sinceramente, no esperaba volver a verte por aquí

después de haberte ganado la partida.

-Pero ¿qué partida, Quintero?

Mi partida termina cuando lo digo yo.

-Ah, ¿sí?

Si quieres seguir jugando sola.

Tú allá, yo ya hace tiempo que me he retirado de la mesa

y me he apartado del tablero.

-Ah, ¿sí? Yo no.

De hecho, he ido descubriendo cosas interesantes.

Como, por ejemplo, de qué manera conseguiste robarme las armas,

quién te ayudó...

-Qué bien, qué bien, qué bien.

¿Y has podido averiguarlo tú solita o has necesitado ayuda?

-Yo solita.

-Ah.

-Ya ves.

-Y... quería decirte que no estoy trabajando con Peinado.

Por si necesitas información de él, igual no te la puede pasar. Y Bruno,

a ver, por decirlo de una manera fina,

yo creo que por el barrio no va a volver.

-Ah, vaya. Pues es una lástima, porque me caía muy bien ese chaval,

la verdad. Me hubiese gustado despedirme de él.

Espero que no le pase nada malo. -Yo también.

-Ya.

-Así que has hablado con el tío que te llevará con Vlado Khan.

-Eso no es asunto tuyo.

-Eso es un sí.

Digo, te brillan los ojitos. Eso o estás enamorado.

-No.

Será que eres muy lista, como has estudiado.

-Un poquito sí.

Pero cuéntame,

¿le has hecho ya alguna perrería financiera o aún no?

-Insisto, Eva,

eso no es asunto tuyo,

así que si no tienes nada más que decirme...

-Me lo debes, Quintero.

Sabes que va a venir a por mí.

-¿Sí? ¿Crees que te lo debo?

Yo diría que no.

Yo diría que lo que te pase te lo has buscado tú solita.

No haberte asociado con él.

Lo mejor que puedes hacer es prepararte una buena defensa.

-Qué curioso esto de recibir consejos de ti.

Una persona que no tiene escrúpulos y se quita de en medio

a quien sea para llegar a su objetivo.

-Y lo seguiré haciendo.

Cualquiera que se interponga en mi camino estoy dispuesto

a quitármelo de en medio, nadie va a impedir que me enfrente

con Vlado Khan para cumplir mi venganza.

Si no tienes nada más que decir, será mejor que te vayas.

Tengo mucho que hacer.

-Sí, sí. Tienes jaleo, sí.

Con una sentencia de muerte sobre la mesa...

-Ya somos dos.

Tú también tienes esa sentencia de muerte en la mesa.

-Hola. -Buenas, ¿qué tal?

-Bien, ¿me preparas un bocadillo vegetal para llevar?

-Ahora mismo. ¿Qué tenéis, una noche movida?

-Eh... Bueno, aburrida más bien.

Estoy con el informe de un caso recién cerrado.

-Al menos habéis cerrado un caso. -Eso sí.

-Te lo preparo. -Vale.

Hanna, ¿qué tal?

-Hola. -Pensaba que estabas en el "pub".

-Eh... me he pedido la noche libre. -Ah.

Por cierto, ya ha aparecido Cristóbal Larrea.

Por lo visto estaba pasando esos días con la mujer que viste en el "pub".

-Ah, ¿sí?

-Bueno, nos mintió para justificarse delante de su mujer.

-¿Entonces no le han hecho nada ni ha pasado nada raro?

-No, qué va.

Pensábamos que se trataba de un secuestro exprés, pero nada.

(RÍE) -Secuestro exprés.

Justo en lo que nos especializamos en el Moonlight, ¿no?

-Mira, Hanna, si te soy sincera,

no me creí nada de lo que me dijiste y te pido perdón.

-Bueno, no pasa nada, solo estabas haciendo tu trabajo.

-Ya. -Aquí tienes, Lidia.

¿Te vas a quedar? ¿Quieres alguna cosica?

-No, no, si me voy enseguida.

Gracias, ¿me lo apuntas? -Sí.

-Oye, Hanna, en ningún momento sospechamos de ti.

De Quintero sí

y pensamos que te habría obligado a mentir.

-Vale, Lidia...

Déjalo ya, ¿vale? Da igual.

-Vale.

Vale, vale.

Pero que sepas que sé que eres buena persona

y que serías incapaz de hacer daño a nadie.

-¿Piensas eso de mí?

-Pues sí.

Y también pienso que la vida no te lo ha puesto fácil

y por eso te cuesta contar las cosas.

-¿Por qué me dices todo esto ahora?

-Porque te lo mereces.

Y porque te veo triste y no me gusta.

-No, no estoy triste, es...

Estoy dándole vueltas a una decisión un poco difícil.

-Si te puedo ayudar.

(DUDA)

-No.

No me puedes ayudar.

-Hanna, ojalá dejes atrás todo eso que te persigue

y vuelvas a sonreír.

Te lo mereces.

-Bueno, pues... gracias.

Tengo muchas ganas de que llegue ese día.

-Igual te viene bien tener a alguien cerca que te ayude,

que te dé un empujoncito, que te dé esperanzas.

-Puede ser.

Es un buen consejo.

Pero ahora no es el momento.

A veces con...

desear que pase algo no es suficiente.

-Todo es proponérselo

y poner de tu parte.

-Ya.

Eh... Oye, me tengo que ir ya.

Lo siento, pero oye, gracias por... por los consejos y...

Que tengas una buena noche.

-Adiós.

-Teléfono.

Quítale la mordaza y déjanos solos.

-Eva, Eva.

(SISEA)

-Eva, por favor.

Eva.

-¿Sabes por qué estás aquí?

Básicamente por traidor.

Le has hecho daño a mi hermana, la persona que más quiero.

-Eva.

-Tiene un corazón demasiado grande para dedicarse a esto, pero yo no.

-Eva, teníamos un trato.

Dijiste que me fuese y me estaba yendo.

-Ya.

¿Sabes lo que pasa? Que hacer tratos con gente que no tiene palabra...

no es buena idea.

-Eva, te lo pido por favor.

Te juro que no me vuelves a ver en la vida.

-Sí, sí.

Si yo también te lo juro.

No es nada personal, Bruno.

Es...

por necesidad.

Más me duele a mí,

pero... en este negocio hay que hacerse respetar.

-Eva, te lo suplico.

Te lo suplico, por favor.

Te lo suplico, por favor. -¿Y qué hago?

¿Dejo que vean lo fácil que es traicionarme?

¿Te dejo marchar?

-Eva, yo no quería traicionarte,

Quintero me tenía cogido por los huevos.

-Y luego el tema de Hariri.

¿Crees que Hariri hará negocios

con una señora que no sabe llevar su casa?

Ya te digo yo que no.

-Eva, por favor. Piensa en Bea, no te lo va a perdonar en la vida.

Por favor te lo pido. -Bea no se enterará jamás.

(Disparo)

-¿Entonces ni tú ni ninguno de tus hombres tenéis idea

de si ese cerdo ha entrado ya o no ha entrado en España?

-¿Qué pasa que he oído que tu madre se casa?

-Increíble, ¿no? Dentro de una semana.

-¿Qué pasa? -¿No te ha dicho nada Lara?

-¿Nada de qué? ¿No tienes nada más que contarme?

-No, todo lo que necesitas está ahí.

-Me refiero a la boda de tu madre.

-Tú cuéntalo, cuéntalo y ya me dices.

-Con esto podemos pagar el crédito. -Afirmativo, señorita.

-Ahora lo vas a dejar, ¿no? Recuerda que dijiste

que cuando terminaras de pagar el crédito, ya.

-Sí, sí, sí.

Sí.

-Eres imprescindible en el negocio, no solamente en el hotel,

también en el negocio del sótano.

-Bueno, cualquiera podría hacer eso, ¿no?

-No seas modesto, sabes que no es verdad.

Por cierto, vete abriendo hueco en la agenda para mañana a la noche.

-Creo que tendrías que agradecerme el hecho de haberte quitado

de en medio un tipo como ese. Tendrías que tener mucho más cuidado

con quien te relacionas.

Discúlpame, no tengo un billete más pequeño.

Voy a por cambio, en caja no tengo.

Vale.

¿Qué tal, cómo llevas el día?

Lamento haberos interrumpido el momentazo, pero...

si no queréis que sea así, id a otro bar.

Pienso seguir viniendo aquí.

-Ahí tienes dinero en efectivo, un móvil, varia documentación...

Lo más importante, tienes un billete de autobús para Altea, Alicante.

(Puerta)

¿Esperas a alguien?

Eva, ¿qué haces?

-¿A estas horas?

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Servir y proteger - Capítulo 908

02 mar 2021

Quintero libera a Larrea de su cautiverio y este se presenta en comisaría para aclarar que desapareció por propia voluntad. Quintero pide a Hanna que, ahora que está a punto de cumplir su venganza contra Khan, se vaya de la ciudad y luche por ser feliz. Eva traiciona a su hermana: no permitirá que Bruno abandone Distrito Sur.

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