Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 906 - Ver ahora
Transcripción completa

Abel conoce a una gente

que ha tenido contacto con él allí en Galicia

y le va a hacer unas preguntas.

-A ver, Bruno, dijimos que lo primero

es que saldes la maldita deuda que tienes con Celso.

Luego ya vemos con la calma.

-Es que eso ya está.

-El chaval no tiene buen perder, le dije que no volvía

a jugar nunca más en este hotel. -¿Y quién le desplumó?

¿Fue Fernando Quintero?

-Estás bien informada.

-¿Me permites que te invite a algo por las molestias?

La culpa ha sido mía. Iba embobado con el móvil

y te he arrollado.

La supuesta víctima es un abogado de mediana edad.

Dejó un mensaje en el móvil a su mujer

para que no se preocupara y se borró del mapa.

Me tienes muy cansado, Cristóbal, pero que muy cansado.

Y sabes que a mí... -¡No, por favor!

-¡Fernando! ¡Para!

-Tú solo nos diste las migajas que sobraban de tu trabajo.

Pero ¿de dónde sale todo esto? Mejor lo vamos a dejar, ¿vale?

Antonio, dime una cosa, ¿de qué serviría empezar de cero

en otro lugar si tienes todo ese rencor acumulado?

¿Serviría de algo? Eso nunca lo vamos a saber.

(Música emocionante)

¿Cuánto tiempo hace que Lucas dejó El Tordal?

(SALGADO) "Hará un año.

Eusebio recuerda que se marchó poco antes de que él se jubilase".

¿Cómo es posible que alguien pase de regentar una tienda

a vivir en una residencia en tan poco espacio de tiempo?

"Tiene el corazón delicado y necesita atención médica constante,

pero de cabeza está perfecto".

¿Le dijo dónde iba? ¿Se despidió de él?

"No explícitamente, pero la última vez que Lucas

fue a visitarlo, le dio a entender que no volverían a verse".

¿Alguna cosa más? "Creo que eso es todo.

Mañana nos vemos". Gracias.

Era Salgado.

¿Qué tal le ha ido con Eusebio Millán?

¿Ha conseguido hablar con él? Han estado toda la mañana juntos.

Entonces el viaje mereció la pena. ¿Qué tenemos?

Pues, al parecer, Lucas estuvo cinco años

viviendo en el monte en una cabaña, como un ermitaño.

Cinco años así me parece mucho tiempo.

Sí, al parecer, Eusebio era una de las pocas personas

con las que se relacionaba. Le llegó a regalar un cachorro

cuando una perra suya tuvo una camada.

¿Se consideraban amigos? Yo no diría tanto.

Eusebio lo ha definido como una persona muy reservada

y un poco extraña. Bueno, es no es nada nuevo.

Ya lo sabíamos, ¿no?

El monte y los animales eran su vida y le ha contado un dato curioso:

al parecer, Lucas es capaz de diferenciar los pájaros

solo con escuchar su canto unos pocos segundos.

Muy bonito, pero ¿de qué vivía en esas circunstancias?

A veces hacía de pastor o pequeños trabajos

para ganar algo de dinero, pero cuando lo necesitaba

no gastaba mucho.

Y todos esos trabajos se los pagarían en negro, claro.

Solo quería cobrar en B, decía que no se fiaba de los bancos.

Ya, lo que no quería era dejar ningún registro de sus datos

en ningún sitio. Yo también creo lo mismo.

Oye, ¿y le ha dicho a Salgado cuándo se fue Lucas de El Tordal?

Hace un año, justo antes de que Eusebio se jubilase.

Le fue a ver, pero no se despidió,

aunque él intuyó que no le volvería a ver nunca más.

Tampoco le dijo adónde se iba.

Ya.

¿Y Salgado va a seguir en el Pirineo o vuelve ya?

Vuelve a última hora, allí ya no tiene nada que hacer.

Mañana a primera hora estará aquí. Bueno.

¿Tú qué tal?

¿En casa bien? ¿Arreglaste las cosas con Antonio?

(SUSPIRA)

Pues... ayer, bueno...

Hice una cena para los dos y bien.

Parecía en un momento que volvían a ser las cosas como antes, pero...

¿Qué pasó?

A ver, a ver, no quiero meterme donde no me llaman,

si no te apetece ahora contármelo, lo entiendo.

No, no.

Pues que en un momento determinado salió el traslado otra vez

en la conversación y...

y tuvimos una discusión muy fuerte.

Vaya.

Siento que las cosas llegaran a ese punto.

Fue horrible.

Nunca pensé que vosotros tendríais una crisis como esta.

Ya tuvimos una crisis grande hace años,

pero nunca pensé que volveríamos a pasar por algo así.

Para mí siempre habéis sido la pareja perfecta.

Se os veía tan compenetrados y os entendíais tan bien.

Ya, así lo vivía yo, pero ayer

Antonio me reprochó que vivía para y por mi trabajo.

Eso nos ha pasado a todos. Ya.

Pero me extraña de Antonio. Yo no me lo esperaba.

Yo siempre había sentido que me apoyaba en mi profesión.

Y, de repente,

es como si hubiera aparecido un monstruo, ¿no?

De repente empezó a decirme cosas, a reprocharme,

por ejemplo, que si no hubiera sido por él no habríamos adoptado a Olga,

que él siempre se había ocupado de ella, incluso en los momentos

más difíciles de su adolescencia, una cosa que...

Son cosas que se dicen cuando se discute,

pero seguro que Antonio no piensa eso.

No, no, sí que lo piensa, ¿eh? Vaya que si lo piensa.

Lo peor es que...

me ha hecho dudar de mí. Ya no sé lo que he hecho bien o mal.

Claudia, has sido una madre estupenda para Olga.

No dudes de ti.

A ver.

Aquí están los cafecitos con leche. -Muchas gracias.

-Una tostada con tomate para ti, Luisa.

Y para el señor un cruasán a la plancha. Aquí tiene.

-Eres muy guapa. -Ah, muchas gracias.

-Papá, es un poco joven para ti, ¿no crees?

Discúlpale. -No pasa nada.

-Porque estoy casado, que si no, te invitaría al cine.

-¡Papá!

-Ah, pues dígale a su mujer de mi parte que es muy afortunada

porque ya no quedan caballeros como usted.

Buen provecho, disfruten. -Gracias.

-Esta tarde, papá, te quedarás otro ratito con Fina, ¿vale?

-¿Quién es Fina?

-La chica que te cuida.

-Pero si es que es una acelga.

Si por lo menos fuera tan simpática como la camarera.

-Mira, papá, yo lo único que te pido

es que seas un poquito amable con ella.

Después de todas las instancias que he echado

y de todas las gestiones que he hecho

para poder contar con ella, no quiero que esté a disgusto

y se vaya. Necesitamos ayuda. -Pero ¡y dale con la ayuda!

¡Tú lo que tienes que hacer es echarla de una vez!

-Mira, vamos a dejarlo estar, ¿eh?

-En mis tiempos, cuando uno no rendía en el trabajo,

se le echaba a la calle y punto.

-¿Cómo sabes que Fina no hace bien su trabajo

si no te ha dado tiempo a comprobarlo?

-Esas cosas se ven, ¡no hace nada, es una vaga!

-Bueno, vamos a ver, vamos a darle otra oportunidad.

Que venga solo unos días para ver cómo conectáis.

-¿Qué opción me queda?

-Además, he estado mirando algunas ofertas de empleo,

lo mismo me sale algo y entonces sí que vamos a necesitar que venga.

-Yo me apaño solo muy bien. -No, no, no, no. Papá, papá, ¡papá!

Esto ya lo hemos hablado, tú no debes estar solo.

Y ese dinerito nos vendría muy bien.

-Y dale con el dinerito, ¡que tenemos mi pensión!

Y siempre podemos recurrir a los ahorrillos

que todavía nos quedan. -No, ese dinero es para imprevistos.

A ver, tú piensa.

Si yo me saco un sueldecito podríamos permitirnos algún capricho.

¿O no te gustaría salir a comer de restaurante los domingos?

-Esa chica no me gusta.

Además, tiene pinta de gustarle lo ajeno.

-Siempre pensando mal de todo el mundo.

No me gusta que seas tan desconfiado. -¿Y cuándo me he equivocado?

-Mira, vamos a tomar el café.

Solo has estado con Fina una tarde.

-Si es que me aburro con ella como una ostra.

-Mira, si no te gustan las actividades que te propone,

¿por qué no le dices tú lo que quieres hacer?

Podríais ver esas pelis clásicas que te gustan

y explicarle tú un poquito quién es quién.

-Eso solo lo hago con mi Fabiola.

-Ay, papá.

-Hija mía,

la echo muchísimo de menos.

-Yo también, papá,

pero no seas testarudo y trata bien a Fina.

¿Le darás hoy otra oportunidad, por favor?

-Lo haré.

-¡Cristóbal! ¡Vamos, Cristóbal!

Te dije que no te iba a dejar dormir.

¿Hasta cuándo te vas a seguir resistiendo, hombre?

¿No ves que al final vas a hacer todo lo que te pido?

-¿No has conseguido que colabore? -No, no.

Lleva toda la noche sin dormir,

pero aquí sigue sin dar su brazo a torcer.

-Pues tiene muy mal aspecto.

¿Le has dado comida? -No.

-¿Y agua? -Tampoco.

Los privilegios tiene que ganárselos.

-Bueno, Fernando, no queremos otro cadáver, ¿no?

¿O no has aprendido nada con los otros dos?

-Eso es lo que hay, Hanna.

-Pues... no sé.

¿Cuánta gente más tiene que morir?

-Morirá la gente que sea necesaria, porque toda esta gentuza

parece que le tiene más miedo a Vlado Khan

que a lo que yo les pueda hacer.

Hanna, quédate aquí con él

un momento, necesito salir a que me dé un poco el aire.

Vengo enseguida.

-Cristóbal.

Cristóbal.

¿Cómo estás?

-Jodido.

-¿Quieres agua?

-Déjate de cuentos.

¿A qué viene tanto cuidado ahora?

-Oye, yo no soy Quintero, ¿eh?

Yo no quiero que mueras. ¿Quieres agua o no?

-Por favor.

-Deja. Deja que te ayude.

Ahí está.

A ver.

(SISEA) Bebe tranquilo.

Cuidado.

Oye, ¿quieres comida?

Te he traído un sándwich. No sé si es suficiente.

-Ahora mismo me vale cualquier cosa, por favor.

(SISEA) -Come tranquilo.

Tranquilo.

-Gracias.

El psicópata de tu jefe me va a matar.

Me duele todo el cuerpo.

Apenas he dormido media hora seguida.

Pone la música a todo volumen y se marcha. ¡Está loco!

-Ya.

Lo he visto hacer verdaderas locuras.

Sé de lo que es capaz.

-Necesito que le pares, por favor.

Por favor, ayúdame, por favor.

-Cristóbal.

Cristóbal.

Necesito que me ayudes a ayudarte.

¿Vale?

Yo no quiero que te haga daño.

Yo no quiero que te pase nada.

Pero tienes que colaborar.

Tienes que darle la información que te está pidiendo

sobre Vlado Khan.

-Si le doy la información de Vlado Khan,

quién me asegura que no me liquidará igualmente.

-Cristóbal, Fernando no quiere matarte.

Solo necesita la información.

Ya está.

-Esa información es mi salvoconducto.

No.

-Cristóbal, te prometo

que si le dices lo que quiere saber,

te va a soltar.

Te doy mi palabra.

Pero no seas cabezota y dile lo que quiere saber.

¿Vale?

Habla.

¿Has tomado el aire?

-¿En serio?

Uno me tortura y la otra me acaricia el lomo.

¿En serio creéis que me vais a engañar?

-Fernando, ¿puedes ir a por más agua, por favor?

-¿Quieres dejar el paripé...? -Bueno, ya está bien.

¡Me tienes muy cansado! ¿Me oyes, Cristóbal?

Pero que muy cansado ya.

-Quieres partirme la cara, ¿verdad? Venga, valiente,

golpea a un hombre maniatado. -¡Que te calles de una maldita vez!

Hanna, será mejor que salgas de aquí.

Sal, por favor.

Está bien, Cristóbal, está bien, está bien.

¿Hasta cuándo te vas a seguir resistiendo así?

¿No te das cuenta de que podemos seguir aquí

todo el tiempo que sea necesario?

Ahora, que te digo una cosa.

Antes de mañana te aseguro que me vas a pedir ese portátil

para hacer la transferencia.

¿Te hace gracia?

¿Te hace gracia?

Está bien, está bien. Te voy a dejar aquí un poco para que reflexiones.

Y para eso te voy a poner un poco de música,

que sé que te ayuda a relajarte, ¿no?

(Música alta)

(GRITA) ¿Está bien de volumen?

Pues disfrútala.

-¿Tú te has dado cuenta de cómo nos han tratado?

¿Se puede ser más pijo y más desagradable?

-Es un bufete muy prestigioso y quieren preservarse.

-¿Preservarse de qué?

¿De nosotros que les estamos intentando ayudar o de qué?

-Lidia, no te lo tomes como algo personal porque no lo es.

-¿Y eso qué significa? ¿Que son siempre así de imbéciles o qué?

-Pues mira, la policía en esos sitios no es muy bien recibida.

-Deben mantener el secreto profesional

por sus clientes.

-Pues lo llevan claro conmigo.

-Ya veo que te estás recuperando estupendamente.

Anda, venga, recapitulemos.

-A ver.

Cristóbal Larrea.

Fue visto por última vez

en el bufete de abogados donde trabaja

para clientes indecentemente ricos. -Ajá.

-Muchos de ellos de dinero de dudosa procedencia.

-Presuntamente.

¿Y si su desaparición

tiene algo que ver con alguno de ellos?

-Muy bien, sí, podría ser.

A ver, revisemos su agenda de ese día.

-La agenda de ese día según su secretaria

es un día de lo más normal.

-Pero esa mañana tenía una cita con un cliente y la retrasó, ¿no?

¿Sabemos por qué? -No, simplemente la pospuso.

-Lo más llamativo de esta agenda no es lo que está, sino lo que falta.

-La mujer nos ha dicho que su marido tenía una cita con un cliente

en Distrito Sur,

pero eso no aparece en la agenda y la secretaría no sabía nada.

-Pero le mandó un mensaje bien claro a su mujer.

-Pero es raro

tener una cita de negocios por la noche

y que no aparezca en la agenda, ¿no?

-Si era una cita de negocios...

-O unos cuernos como una catedral.

Igual Larrea quedó con alguien

y le dio a su mujer esa excusa para disimular.

-Sí, y al parecer su secretaria opina lo mismo que tú, ¿no?

-Hombre, lo mío me ha costado

para que asumiera que Larrea es un mujeriego.

Hasta que no nos quedamos a solas no soltó prenda.

-No podía dejar en evidencia a su jefe.

En esas empresas valoran mucho la discreción.

-Chicos, ya tengo lo que me pedisteis.

-Y ¿qué? ¿Algún movimiento en sus cuentas...?

-Nada, no ha utilizado las tarjetas desde el día que desapareció.

-¿Y el GPS de su coche? ¿Has averiguado algo?

-Sí, por fin el fabricante nos ha mandado los datos.

-Ah, y ¿qué tienes? -Pues malas noticias.

Está desactivado, o sea que no contéis con él

para encontrar el coche.

-¿Y sabes dónde desaparece la señal?

-Sí, bueno, pues aproximadamente a unos 30 kilómetros

en algún punto de la A-6.

-Eso confirma que estuviera en Guadarrama,

tal como decía el geolocalizador del móvil.

-Pero entonces ¿por qué desconectó el móvil?

-Bueno, lo mismo...

quería que le dejaran en paz, que nadie le molestara.

¿No le puso un mensaje a su mujer

diciendo que necesitaba tiempo para descansar?

-O eso, o el que le secuestró ha montado todo este paripé

para que no le busquemos.

-Iván, ¿tienes los datos del GPS antes de que se desconectase?

-Sí, ¿qué quieres saber?

-¿Puedes mirar dónde estaba aparcado el coche antes de salir hacia la A-6?

-Un segundo que lo tengo en la nube.

-A ver si eso nos da una pista

de quién pudo ser con el que había quedado en Distrito Sur.

-Esto está aquí al lado,

el coche estuvo aparcado en la calle Divino Pastor.

-Pero eso está al lado del Moonlight, ¿no?

-Sí.

-A ver, Simón, ¿dónde ponemos esta?

(GRUÑE) -¿Eh?

-¡Cansado me tienes!

¡Déjame en paz!

-A ver, Simón.

¿Qué pasa? ¿Se ha cansado ya de las cartas?

-Sí.

Estoy harto de jugar al solitario este.

-Podemos jugar a otra cosa... -¡Calla!

Lo que quiero saber es dónde está mi hija, dónde se ha metido.

Escúchame, cariño.

Si quieres salte a la calle y airéate un poco, ¿vale?

Yo me quedo con él, soy amiga de Luisa.

Simón, ¿qué le pasa? ¿Por qué está tan enfurruñado con Fina?

¿Qué le ha hecho? -Es una maleducada.

¿Ha visto cómo se ha ido?

-Antes de irse ya estaba usted así, de morros.

-Ya, porque me tiene todo el rato jugando a juegos de críos

¡y estoy harto!

-Ella le ha tratado a usted con mucho cariño

y usted le ha hablado fatal, que lo he visto yo con estos ojazos.

-Fabiola.

Fabiola.

No me regañes como haces siempre.

Ya sabes que tengo un carácter un tanto extraño.

-Sí.

Sí, Simón, a veces eres demasiado gruñón.

-Cuando nos casamos ya lo sabías

y no te echaste para atrás.

-Mira lo que te digo. Le has hablado fatal a esa chica.

Ahora en cuanto vuelva quiero que le pidas disculpas, ¿estamos?

-Oye y ¿por qué no nos damos un paseo por la plaza del Guadalquivir?

Y entramos en nuestro cine y vemos una de esas películas

que te gustaban tanto y a tu actor favorito, Rock Hudson.

¿Eh?

-Venga, vale.

Vale, voy a mirar la cartelera, ¿vale? Ahora vuelvo.

Hola, corazón.

No, no, no te preocupes, está muy bien.

Está muy bien,

pero como me dijiste que si notaba algo raro te llamara.

Pues mira, yo...

creo que Fina y él no congenian muy bien, la verdad.

Tú padre le ha montado un circo...

Sí, vale, vale, pero no te des prisa.

No te des prisa. Estate tranquila que estamos con él Fina y yo.

Venga.

-¿Se puede?

(TITUBEA)

Llevo toda la noche sin dormir.

No he parado de pensar y de darle vueltas...

al tema.

Y quiero que sepas que lo siento mucho

porque sé que es culpa mía.

Pero también he estado pensando que...

no tenemos información ni pruebas suficientes

para acusar a Bruno, Eva, no las tenemos.

-¿Cómo?

-Me explico. Está claro que Quintero le quitó toda la pasta a Bruno,

pero no prueba que Bruno lleve todo este tiempo espiándonos.

No, es que no.

Necesito más información, que estemos más seguras.

Si me dejas voy a hablar con Bruno. -No.

Fue él.

-Vale, ¿cómo lo sabes?

-Pues mira, primero:

la aplicación de entregas que tienen ellos en la moto,

tiene un GPS, lo sabes. ¿no?

-Sí. -De acuerdo, misteriosamente,

en las entregas que realiza Bruno,

el GPS se pierde.

La dirección no aparece.

-Vale, pero eso no demuestra nada.

-Dos:

la semana pasada aparecieron ahí dos paquetes,

sin clasificar.

-Sí, que uno de ellos no estaba registrado.

-Exacto, porque Bruno se olvidó de hacerlo.

-Vale, ¿y el otro?

-El otro estaba pendiente de envío,

pero no estaba en el cesto de envíos.

-Vale, Eva, pero eso nos ha pasado millones de veces aquí,

alguien se despista, el paquete no está en el cesto.

Puede ser, pues eso, una equivocación.

-Cierto, una equivocación adivina de quién.

-De Bruno, supongo.

-Raro, ¿no?

-Raro, pero bueno, que todo el mundo se puede equivocar.

-Solo que Bruno además de equivocarse, miente.

-Eva, si yo lo sé, sé que Bruno miente

y que está ocultando algo, pero no quiere decir que sea el topo

ni que sea el culpable.

-Beatriz, el segundo paquete aparece como entregado,

pero la dirección de entrega tampoco está.

-¿Y eso qué tiene que ver? -Pues que no se entregó.

-Vale, lo que yo no entiendo

es ¿qué tienen que ver los paquetes con que Bruno sea un topo?

-Chica, hay que ver más cine, ¿no?

Es que han podido meter aquí dentro

pues micrófonos, microchips,

espiarnos a través de ellos. Vamos, yo lo veo bastante claro

y cuando se iba a ver a Quintero al bar pues desconectaba GPS.

-Vale, pero siguen siendo suposiciones.

Has dicho que quizá iba al hotel, quizá había un micro,

pero no tenemos nada claro.

-Estás defendiendo lo indefendible. -No, Eva.

Bruno sigue siendo mi novio

y le estamos acusando de algo muy grave.

Quiero estar 100% segura, ¿lo entiendes?

-Perfectamente.

Y tengo un plan

y me vas a ayudar.

-Así que nada, que entre unas cosas y otras

estoy un siglo sin bajar a Murcia.

Que la verdad me apetece mucho, pero...

Bueno, qué, ¿a quién le toca?

-Yo diría que a ti.

-Ah, ¿sí? Pues nada, qué bien.

-Ahí lo tienes jugando a las cartas.

-Papá, ¿qué tal? ¿Cómo estás?

Menuda me la has liado.

-Pues no has tardado tanto.

-Madre mía, ¿qué voy a hacer yo contigo?

-Tu madre y yo hemos estado esperándote

para ir a dar una vuelta por el parque.

Si estáis preparadas nos vamos ya.

-Tú acábate la merienda.

Dime qué ha pasado.

-Pues nada, hija, que esta chica, Fina,

estaba intentando jugar con tu padre, haciéndole juegos para motivarlo,

pero él se ha hartado y le ha tirado las cartas al suelo y todo.

¿Has hablado con ella?

-Sí, me ha dicho exactamente lo mismo.

Como me has dicho que contigo estaba tranquilo,

le he dicho que se fuese. -Has hecho bien.

La chica estaba para tomar un camino. -Ya lo sé.

No sé qué voy a hacer, María, te lo digo de verdad.

-Oye, Luisa, ¿y por qué no hablas con Paty?

A lo mejor ella que está en el centro cívico

te puede echar una mano y buscar alguna solución para esto.

-Pues sí.

Tienes razón, sí.

Será lo mejor.

-¿Te pongo a ti alguna cosica?

-Ponme un zumo.

-Mierda. -¿Qué pasó?

-Pensaba que estaría Quintero o Miki,

para evitarme hablar con ella.

-Si quieres hago yo las preguntas. -No.

-¿Seguro? -Seguro.

Hola, Hanna.

-Hola.

-¿Qué tal? Ya veo que estás otra vez incorporada.

Qué bien. -Sí, ya al 100%.

-Me alegro, ¿os pongo algo?

-No, estamos de servicio.

¿Estás sola?

-Sí, Miki viene más tarde.

-¿Quintero?

-Se ha cogido el día libre.

Jefes.

¿Cómo os puedo ayudar?

-Bueno, queríamos haceros unas preguntas

sobre un hombre que estuvo aquí hace dos días.

Cristóbal Larrea. ¿Te suena?

-No, pero como podéis entender no voy preguntando DNI a la gente

que entra y sale, solo pongo copas.

-Claro, ¿tenéis muchos clientes?

-¿Y ahora te suena?

-¿Hace cuánto decís que se pasó?

-Hará un par de días.

-Sí.

Sí, me acabo de acordar.

Se pasó y se sentó en aquella mesa.

-¿Y le atendiste tú?

-Sí.

¿Por qué lo buscáis?

-Es una investigación en curso, no podemos comentar nada, Hanna.

-Ya, claro. Perdón.

-¿Recuerdas si estaba solo o acompañado?

-Vino solo,

se sentó ahí y luego entró una mujer

y se sentó con él.

-¿Cómo era? ¿Sabrías darnos su descripción física?

-Pues morena, media melena...

-¿Podrías decirnos su altura? ¿Más o menos?

-Pues... más o menos como yo.

-¿Y su edad?

-Así a ojo 35, 40.

-¿Y te pareció que habían quedado o que se conocieron aquí?

-Bueno, a mí me parecía una cita.

Ella entró, le vio, sonrió, se sentó con él.

-¿Y recuerdas haberla visto alguna vez por el Moonlight?

-No, ni a ella ni a él.

-¿Crees que podría ser prostituta?

-No.

-¿Estás segura?

-Sí.

-¿Y escuchaste algo de la conversación

o de lo que hablaban?

-No, es que intercambiamos solo un par de palabras

cuando me pidieron las copas y ya está.

-¿Se fueron juntos luego?

-Hombre, yo supongo que sí, no les vi salir juntos,

pero cuando volví a mirar ya no estaban.

-Y no sé, ¿recuerdas algo más?

-No.

-Bueno, ¿podrías decirle a tu jefe y al otro empleado

que también queremos hablar con él?

-Sí, claro lo que pasa es que no creo que os puedan ayudar

porque yo estaba aquí sola. Cerré el "pub", entonces...

-¿Y eso?

-Bueno, me tocó pringar a mí, a veces pasa, ¿no?

A veces lo hace Miki, otras veces Quintero.

-Bueno, pues ya está.

Si recuerdas algo ya sabes dónde estamos.

-Sí.

-Gracias por tu colaboración, Hanna. -De nada.

-¿Qué tal? ¿Cómo se encuentra, Simón?

-Bien, bien, gracias.

-Bueno, sentaos.

Bueno, he estado hablando con Fina por teléfono

y me ha contado lo que ha pasado. -Qué vergüenza, lo siento.

-No te preocupes, lo importante es que estáis aquí

y vamos a buscar una solución.

Usted tiene que comprender que los dos necesitan ayuda en casa.

-No pongas esa cara, papá.

Paty tiene razón, escúchala, por favor.

-Yo le puedo buscar otra cuidadora,

pero usted tiene que poner más de su parte y tener más paciencia.

-No, si yo paciencia tengo mucha paciencia,

pero me molesta enormemente

que estén todo el rato diciéndome lo que tengo que hacer.

-Así no vamos a ningún lado.

-Es que no quiero meter a una extraña en casa,

me apaño bien solo.

Ella no confía en mí.

-Simón, le voy a pedir un favor.

¿Puede quedarse aquí que tengo que mirar una cosa con su hija?

-Sí, sí, claro.

-¿Quiere alguna revista o algo para entretenerse?

-Si tienes de cine, le gusta mucho el cine.

-Pues perfecto, eso está hecho.

Mire, tengo estas, a ver si le gustan.

-Gracias.

-Si le digo yo que espere me las tira a la cabeza.

-Bueno, vamos a intentar buscarle a otra persona,

pero necesito que le convenzas para que colabore un poquito.

-A ver, toda su vida ha sido un tozudo.

La única que lo manejaba bien era mi madre.

-Ya, pero bueno, necesito que entienda

que necesitáis ayuda los dos en casa.

Es que si no, no vamos a poder hacer nada.

-Sí, lo sé, lo que pasa que desde que mi madre falleció

y con la enfermedad, pues no atiende razones.

Es que no sé qué voy a hacer.

-Bueno, pues tener mucha paciencia.

-Sí, paciencia es lo que me hace falta a mí a veces.

-Bueno, a ti y a todos los cuidadores.

Pero no te culpabilices, de verdad, que suficiente estás haciendo ya.

-Yo me había hecho ilusiones con la cuidadora,

ya me veía trabajando.

Que no es por descansar ni nada, ¿eh?

Es que nos hace falta el dinero

y yo necesito salir de esa casa.

¿Suena tan egoísta como me lo parece a mí?

-En absoluto.

-Gracias a María mañana tengo una entrevista de trabajo

para limpiar una casa en el centro.

Pero voy a tener que llamar y decir que no puedo.

-No.

-¿Y qué hago con mi padre? Él no se puede quedar solo.

Hasta que no solucionemos lo de la cuidadora...

yo tengo que olvidarme de buscar trabajo.

-A ver, se me está ocurriendo algo.

En el centro tenemos un taller de memoria.

-¿Y hay vacantes?

-No, no las hay, pero bueno, dadas las circunstancias

creo que podemos hacer una excepción con tu padre.

-¿Es por las mañanas? -Sí.

Sí, empieza a las 9:00 y dura un par de horitas.

¿Crees que querrá venir?

-La verdad, no lo sé.

-Bueno, no te preocupes, yo lo voy a ir moviendo

y tú hoy intenta convencerle, a ver qué pasa

y ya mañana pues vemos.

-Vale, ojalá pueda ser. -Ojalá.

-Muchas gracias, Paty.

-Nada, mujer. Venga, vamos.

-Vale, gracias, Lucho.

-Hasta luego. ¿Qué ha pasado? ¿Para qué me querías?

-Hola. -Me he dejado repartos sin hacer.

-Bueno, tranqui, que son buenas noticias.

-Ah, vale, pues dime.

-Ahora nos lo explica mi hermana, que quiere hablar con las dos.

-Pues vamos.

-No, que está con una llamada de teléfono, ahora sale.

-Vale, vale.

Oye, he visto un pisito.

-¿En serio otra vez viendo pisos en mitad del curro?

-Bea, que no ha sido nada, no he tardado nada.

Ha sido entre reparto y reparto, mira, tengo fotos.

A ver, este está en el centro, está superbién,

pero lo malo es que solo tiene una cama,

pero bueno tú y yo no necesitamos más, ¿no?

-No, está guay. -Hola, ¿qué estáis buscando piso?

-Sí, estamos en ello, hay que buscar más.

-Ya, me da un poco de pena que te vayas la verdad,

pero bueno, es normal. Normal que queráis estar juntos solos.

-Ah, bueno, me alegra que lo entiendas. ¿Quieres ver fotos?

Mira, a ver si te mola.

-A ver.

¿Te gusta a ti?

-Sí, está guay, las fotos son bonitas. Es un poco pequeño,

pero está guay. -Sí, es un poco pequeño, sí.

Oye, vamos dentro,

que quería comentaros un par de cositas.

-Vale, sí, vamos.

-Venga. -Vale.

Bueno, ¿qué? Contadme, ¿no?

-Te cuento sí, te cuento.

Verás, he estado hablando con mi hermana

y ya me ha dicho que estás al tanto de nuestro negocio familiar.

-Sí, pero no es lo que piensas, ¿vale?

-Bruno, relájate, no voy a echarte la bronca ni nada.

-Escucha, escucha lo que tiene que decirte.

-Verás.

La cuestión es que he tenido una baja, uno de mis hombres

y estaba pensando que quizás podrías sustituirlo tú.

-¿Cómo lo ves?

-¿Quieres que entre en el negocio de las armas?

-Es verdad que nuestros comienzos no fueron muy buenos,

pero la verdad es que a medida que han ido pasando los días

me has demostrado que eres un tío leal.

Se puede confiar en ti, eso me gusta.

-Vale, vale, y ¿qué quieres que haga?

-Pues bueno, en realidad, a ver,

como en todo, habría que empezar desde abajo,

¿no? Pero bueno,

a medida que vayas demostrándome que puedo confiar en ti,

te daré más responsabilidades.

Puedes ganar mucha pasta aquí, ¿eh? Te lo digo, mucha.

-Es lo que tú querías, ¿no? -Sí.

Sí, pero no sé, es como...

-¿Qué pasa? ¿No te ves capaz?

-No, sí, no es eso,

es simplemente que ha sido muy de sopetón

y es algo muy gordo.

-Es algo muy gordo, sí.

¿Qué? ¿Cuento contigo o no?

-Sí. Sí, cuenta conmigo.

-Bien.

-Vale y... ¿por dónde empiezo?

-Pues luego lo vemos, ¿de acuerdo?

Te cuento más detalles. ¿Has terminado el reparto?

-No, me queda un par por hacer. Me dijo Bea que viniese

y bajé cuanto antes. -Perfecto, acaba con eso,

te pasas luego que quiero que clasifiques

unos paquetes y te cuento más. -Vale, vale, perfecto.

Bueno, pues nos vemos luego.

-Luego nos vemos. -Chao.

¿Qué crees? ¿Que se lo ha tragado? ¿Que no?

-Yo creo que está buscando ya el piso de dos habitaciones.

-Eva, no me digas eso, tío.

-¿Que no te diga qué?

Por cierto, mientes fatal.

-¿Yo? -Sí, tú.

-Pero si no he dicho nada. -Por eso.

Estás ahí como tiesa, no sé.

Un poquito de relajación, de fluidez. -Estoy nerviosa.

-Normal, pero si queremos desenmascarar a este tío

habrá que centrarse, ¿no?

-"Bar La Parra. ¿Dígame?".

María, soy Claudia.

Oye, ¿tienes encendida la plancha todavía o estás recogiendo?

"¿Qué quieres cenar? No te preocupes, yo te espero".

Uy, me salvas la vida, ¿eh?

"Qué exagerada".

Oye, ¿no estará Antonio por ahí?

"No, vino a comer a mediodía, pero luego ya no lo he visto.

Anda, no tardes".

No te preocupes, en cinco minutos estoy ahí, me cambio y voy.

"Vale". Venga.

He visto que estabas aquí y he venido a saludarte.

¿Qué tal? ¿Cómo estás?

Pues a punto de irme. ¿Llegas ahora de Jaca?

Sí. Vengo directamente.

¿Y cómo no te has ido a descansar?

Quería pasar a limpio mis notas.

Pues no te quedes hasta muy tarde. Hasta mañana.

¿Pasa algo?

Nada.

¿Y por qué no me preguntas

por las averiguaciones que he hecho estos días?

Porque Bremón ya me lo ha contado todo.

Pues por el tono parece que te ha molestado.

Lo que me ha extrañado

es que no me lo contaras a mí directamente.

Simplemente he reportado la información al comisario

que es mi superior.

Lo siento si lo he hecho mal.

Me parece muy bien que reportes al comisario, como debe ser.

Lo que me molesta es que me ignores profesionalmente.

Hasta ahora habíamos puesto la información en común

y luego le informábamos a él.

Bueno, las cosas han cambiado.

Hasta donde yo sé, seguimos llevando el caso entre los dos.

No pretendía ignorarte, de verdad. No me tomes por tonta, por favor.

Lo menos que espero es que seas sincero.

Está bien.

He tratado de evitarte, pero no porque quisiera,

sino porque tú me pediste distancia y que no te agobiase.

Pues creo que te has llevado al terreno profesional

lo que se debería quedar

en el terreno estrictamente personal.

Puede, pero no era esa mi intención. Pues esa línea no se debe traspasar.

¿Y eso cómo se hace? Porque yo no puedo evitarlo.

Tratándome a mí con naturalidad, como con el resto de compañeros.

Los demás compañeros no significan para mí lo que tú.

Que se mezcle lo profesional y lo personal es inevitable.

Salgado, te pido que hagas el esfuerzo.

Los dos tenemos que hacerlo. En estos momentos estamos

ante un caso mucho más importante que algún problema entre tú y yo.

Tienes toda la razón. Buenas noches.

(Música alta)

¿Qué tal?

¿Has podido pensar o reflexionar un poco?

¿Hasta cuándo vamos a seguir así, Cristóbal?

-Déjame en paz.

Ya he dicho que no haré nada por ti.

-Pero si tampoco es tan complicado lo que te estoy pidiendo.

Solo tienes que hacer esa maldita transferencia

y se acabará todo esto.

-A mí me da igual lo que me pase, pero hay más vidas en juego.

-Sí, ya lo sé. Supongo que me estás hablando de tu mujer

y de tus hijas, ¿verdad?

-No las metas en esto.

-No soy yo quien las mete en esto, amigo.

No tengo ninguna intención de hacerles daño, te lo aseguro.

No me obligues a hacerlo.

-Si les haces daño, lo vas a pagar caro. Te lo juro.

-¿Sabes?

Vengo precisamente de hacerles una visita, he estado por tu casa.

Mira.

Tu mujercita.

Debo decirte que eres un tío muy afortunado, ¿eh?

Pero que muy afortunado, tienes una mujer guapísima.

Bellísima. -Quita eso, por favor.

-Y muy organizada,

con mucha elegancia.

Parece que siempre llega puntual a todos los sitios

y a tus hijas también les he sacado fotos.

-¿Quién me asegura que no me vas a joder si hago lo que me pides?

-Yo te doy mi palabra

y te puedo asegurar que yo siempre cumplo con mi palabra.

-¿Y si lo hago me dejarás ir? -Claro, ese es el trato.

-¿Y cómo sabes que no iré a denunciarte?

-¿Sabes qué? Sé que no vas a ir a la policía

porque tengo suficiente información, y muy comprometida, por cierto,

sobre ti y sobre todos los negocios y tejemanejes

que te traes con tu amiguito Vlado Khan.

-Solo quiero que esto acabe, dame el ordenador.

-Muy bien, Cristóbal, eso es justo lo que quería escuchar.

Toma.

Aquí te dejo el ordenador

con tu nueva mesa de despacho.

Déjame que te desate, anda.

Adelante.

Te voy a dar

el número de cuenta

y el nombre de la ONG

a la que hacer el ingreso.

-Ya está.

Transferencia hecha. -Estupendo.

Estupendo, ahora solo tenemos que esperar

a que tu amigo Vlado Khan dé señales de vida.

-No creo que tarde mucho, la verdad.

200 000 euros no pasan desapercibidos para nadie.

-Pero ¿sabes qué?

Vamos a hacer otra cosa porque no me fío

de que tu amigo Vlado Khan anule esa transferencia

o haga cualquier movimiento extraño con el dinero que tiene en la cuenta.

Vas a cambiar las claves de acceso para que no pueda entrar.

-Me has prometido... -¡Haz lo que te estoy pidiendo!

Hazlo.

-Ay.

-Molaba el restaurante, ¿no? -Sí, estaba guay.

-Bueno, por fin estás en el negocio de las armas oficialmente.

-Sí.

-Qué bien.

¿Contento? -Sí, la verdad es que sí.

-No lo parece, estás como serio, con cara de preocupado.

-Ya, es que...

tu hermana ha dicho algo de...

Da igual, es una tontería.

-No, di qué, dímelo. ¿Qué ha dicho?

-A ver, el tío que voy a sustituir, ¿qué ha pasado con él?

Tiene que ver con las armas, ¿no? -Sí, claro.

Mi hermana ha estado investigando

y ha dado con el tío que la traicionó.

-Ya, vale.

¿Y quién era?

-Pues uno que curraba en la mensajería, en el almacén.

Es el único que sabía la ruta de la furgo.

-Vale, ¿y qué ha pasado con él? -Ni idea.

Solo sé que ya no curra para nosotros.

¿Por? ¿Te preocupa?

-No, qué va. Me alegro de que se haya solucionado todo.

-Y yo. Y que por fin mi hermana y tú os llevéis bien. Ya era hora.

-Ya, yo pensaba que me iba a acabar dando una bonita patada en el culo.

-No, no te creas. Mi hermana es como muy dura al principio,

pero luego es muy fiel a los suyos, y tú eres de la familia ya.

-Sí, pues estaba pensando que con la pasta que voy a ganar

es hora de pillarnos el pisito que te enseñé, ¿no?

(RESOPLA) -Sí, o igual deberíamos ver alguno antes, ¿no?

Antes de elegir.

-Es cierto que por un pelín más de pasta

hay unos pisazos que flipas.

-Ya, Bruno, pero, tío, tampoco eres millonario.

Es mejor ir poco a poco y no llamar la atención.

-Bueno, digo que nos podemos dar un par de caprichos, ¿no?

-Eso sí, pero no te ha tocado la lotería.

-Ya. -Bruno, esto es un negocio muy serio

y muy peligroso. -Lo sé.

-Hay que tener cuidado. -Lo sé.

Solo digo que vamos a tener más pasta.

(Notificación mensaje)

Y más preocupaciones.

-Bueno, simplemente estoy diciendo que, si tenemos pasta,

podemos pillar un piso mejor y vivir bien.

Habrá que aprovecharlo, digo yo. -Sí, Bruno, te he entendido.

¿Todo bien?

-Sí, nada, un colega que quiere tomar algo luego.

Voy al baño un segundo.

(EVA) -"¿Sí?".

-Soy yo. Le acabas de enviar el mensaje, ¿no?

-"¿Ha picado el anzuelo? ¿Ha dicho algo?".

-Sí, que es un amigo suyo.

-"¿Ves como yo tenía razón?". -Eva, tampoco nos vamos a precipitar.

No ha devuelto la llamada, no sabemos 100% que es él.

-"¿Sigues en el hotel? Sal de ahí, contigo no va a llamar".

-Vale.

Oye, es que me encuentro un poco regular.

Creo que algo me ha sentado mal de la cena. Me voy a dormir a casa.

-¿Te vas? Te puedes quedar, no pasa nada.

-No, pero sé que si me duele la tripa daré vueltas y no te dejaré dormir.

Descansa. -Tú también.

(A LA VEZ) Chao.

-Quintero, no sé qué narices quieres, pero no quiero saber nada más de ti.

Yo te daba la información de la mensajería,

tú pagabas mi deuda con Celso y se acabó.

No quiero ni mensajes, ni llamadas, ni saber nada más de ti, ¿estamos?

-Si saben que estuvo en el "pub", habrán rastreado su coche o su móvil.

-¿Quién dirige la investigación?

-Néstor, uno nuevo.

-Sí, sé quién es.

-¡Es él!

(Pitido)

Vlado sin su dinero no es nadie

y si está vigilado las 24 horas

es porque está pagando muy caro por ello.

-He hablado con mi contacto en la Guardia Civil en Jaca

y han hablado con otro vecino que conoce a Lucas.

Lo curioso es que a veces iba con un entrenador.

-¿Por qué no hacemos una cosa? Ya que está aquí,

podría quedarse al taller y decidir si le gusta o no le gusta.

Si no se lo pasa bien o no le gusta, o lo que sea,

yo le prometo que le llevo a casa personalmente.

Chicas, ¿habéis visto a Simón?

-No, ¿qué ha pasado?

-Me he ido solo un segundo, de verdad y ha desaparecido.

Ahora no le encuentro por ninguna parte.

-Pensé que el viaje me serviría para tomar distancia

y aclararme las ideas,

pero, la verdad, no he dejado de pensar en ti ni un minuto.

-Nena, ¿tú estás segura de la decisión que tomaste?

Porque vamos, yo no te veo muy firme, ¿no?

-No levantas cabeza.

No te creas, estoy bien, estoy bien. Voy...

voy mejor que los primeros días.

Al principio me costaba mucho más, pero ahora... Bueno,

avanzando.

(BRUNO) -"Yo te daba información de la mensajería,

tú pagabas mi deuda con Celso y se acabó.

No quiero ni mensajes, ni llamadas, ni saber más de ti".

-Lo siento, Bea,

pero lo va a pagar.

-¿Pagarlo? ¿Qué vas a hacer?

-Eva. -Eva, no.

Eva. -Tres segundos tienes para hablar.

-Eva, escúchame un segundo. Ese no era el trato, ¿vale?

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Servir y proteger - Capítulo 906

26 feb 2021

Salgado consigue nueva información sobre el Vigilante en Tordal y regresa a Distrito Sur, reencontrándose con Miralles. Lidia y Néstor interrogan a Hanna sobre Larrea. Mientras, en el zulo, Quintero amenaza a Larrea con hacer daño a su familia si no colabora. Beatriz y Eva tienden una trampa a Bruno para comprobar si es el traidor.

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