Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger- Capítulo 905 . Ver ahora
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No estoy enamorada de ti.

Lo mejor es que lo dejemos definitivamente.

-Te pedí que me siguieras el juego unas semanitas.

-Lo intenté y no pude.

Le pedí tiempo y fue mala idea.

-La Guardia Civil de Jaca ha enviado agentes a Tordal.

Hay novedades. ¿Lo han localizado?

No, pero tienen un testigo interesante.

Isidoro Vázquez. ¿Quién es?

Regenta un ultramarinos de allí, el único a 20 km a la redonda.

-¿El piso? Quedamos en que lo primero es

que saldes la deuda que tienes con Celso.

Luego, ya vemos con calma.

-Eso ya está.

-Va, otra vez con Bruno no. Él no ha hecho nada.

-Abel conoce a una gente que tuvo contacto con él en Galicia

y va a hacerle unas preguntas.

(QUINTERO) -Cristóbal Larrea. Tiene el coche en el taller.

-¿Puedo invitarte a algo por las molestias?

La culpa ha sido mía.

Iba embobado con el móvil y te he arrollado.

(Música emocionante)

(Llaman a la puerta)

(Música de suspense)

¿Quién es?

(HANNA) -Soy yo.

-Hanna, pasa.

-Te he traído comida.

-Muy bien. Me sentará estupendamente después de una noche tan larga.

Déjalo por aquí.

-Oye, ¿crees que es prudente dejarlo ahí solo?

-Sí, no te preocupes. Lo tengo todo controlado.

No pasará nada. Todo irá bien.

-Espero que hable pronto. -Yo también lo espero.

Por su propio bien.

-¿Qué le hiciste?

(SUSPIRA) -Será mejor que no lo sepas.

-Fernando. -Hanna.

Tenemos a una persona secuestrada en contra de su voluntad

para que nos diga lo que necesitamos saber.

Está claro que le tengo que dar algún golpe.

No te preocupes. No le he dejado marcas.

Si hoy me dice lo que queremos saber,

hoy volverá con su familia.

-¿Y si no?

-No tendré más remedio que seguir obligándolo

hasta que me lo diga.

¿Qué tal fue lo tuyo?

-Bien. Seguí el plan.

Conduje hasta Guadarrama por la A6

y aparqué ahí el coche, apagué el GPS

y mandé el mensaje a su mujer.

Ten, la tarjeta.

-Bien.

¿Qué le pusiste en el mensaje?

-Lo que hablamos: que estaba estresado, al límite,

que necesitaba tiempo.

Dejé el coche en la nave

y fui por la ruta que me marcaste por la comarcal.

-Bien.

Ya te dije que en esa comarcal ni ponen controles ni hay cámaras.

¿Qué más?

-Que espero que hable pronto. -Y yo también.

Espero que hable y se acabe esto de una maldita vez.

Vete a seguir haciendo tu vida para no levantar sospechas.

Si te necesito, te llamaré.

-Suerte.

(NÉSTOR) -Es pronto.

Estaría más tranquilo si te quedaras en comisaría.

-¿Tú eres médico? No. Pues no seas chapas. Estoy bien.

-Mira que eres pepinillo.

Bienvenida, Alonso. Gracias.

¿Cómo te encuentras? Estupendamente. Estoy al 100 %.

Ha sido entrar y volver a ser yo misma.

Estaba harta de cama.

Algo me habían contado. Me alegro.

Gracias. Tengo ganas del siguiente caso.

¿Hablamos con Salgado? No.

Está fuera con un asunto del Vigilante.

¿Hay alguna novedad?

Ya veremos. Por ahora quiero que investiguéis una desaparición.

Vale. Usted dirá.

-¿Una desaparición? ¿Por qué no se ocupa la UDEF?

No está claro que se trate de una desaparición forzosa.

La supuesta víctima es un abogado de mediana edad.

Dejó un mensaje a su mujer para que no se preocupara

y desapareció.

Hace ya horas que no saben nada de él.

Pero si dejó un mensaje para tranquilizarla, ¿qué pintamos?

Hay muchas personas intentando localizarlo.

Gente importante.

Es un experto en derecho financiero.

Está bien relacionado.

Cristóbal Larrea.

¿No os suena?

No. ¿Debería?

-No creo que nos movamos por esos mundos.

Yo no le conocía hasta que Jefatura ha llamado.

Quieren que tratemos especialmente bien a su mujer.

Mencía Urquijo. Viene de camino para poner la denuncia.

Tendremos tacto con ella.

-¿Y viven en Distrito Sur, Larrea y Mencía?

Alonso, no hagas que me arrepienta de haberos asignado el caso.

Era solo una pregunta.

Vive en el barrio de Salamanca.

¡Ah! -¿Entonces?

La última vez que habló con su mujer,

Cristóbal dijo que tenía una reunión en Distrito Sur.

Por eso quieren que empecemos con las pesquisas.

Déjelo en nuestras manos, comisario.

Esa debe ser Mencía.

No me sorprende.

Tratadla bien.

Como a cualquier ciudadano.

(NÉSTOR) -Sí debe ser rimbombante el tal Larrea.

-Ese pelo debe ser sintético.

(RECUERDA) (HANNA) -"He hecho cosas peores: acostarme contigo.

-Si Vlado se entera de que ayudas a Quintero...

-Vlado no me da miedo.

-¿No te importa arriesgar tu vida?

Dime lo que sepas. ¿Quién os dio la información?

Vlado no sabrá que estás en esto.

-No sé quién le dio la información a Quintero.

¿No es suficiente? Háblalo con Vlado.

No me importa. Me da igual".

(Móvil)

-Abel.

Sí.

¿Qué sabes?

(MÓVIL) (ABEL) -Bruno es un pieza.

Le debía pasta a un capo de Lugo, un tal Celso Portela.

8000 del ala.

-¿Cómo "le debía"? ¿Ya no se lo debe?

-Iban a por él, pero, al final, pagó.

En dos partes: una hace días y la segunda anteayer.

Pinta mal. -Pues sí. Pinta mal.

No sé de dónde ha sacado el dinero.

-Si necesitas que te ayude con esto, me lo dices.

-No. Tú quédate ahí.

Es más seguro.

Muchas gracias. Cuídate.

-¡Buenas!

Un cafecito para la jefa. Cuidado, que quema.

Qué seria está la jefa.

¿Qué pasa?

-Te lo voy a preguntar una vez.

-¿El qué?

-Celso Portela.

De Lugo. ¿Le conoces?

-¿Por?

(DUDA) Eh... No.

O sea, no sé quién es. No lo conozco.

-Ya.

Pues es un amigo de tu novio.

-¿Quién te lo ha dicho, el tío Abel?

-Sí. ¿Me puedes decir, por favor?

-Sabía que le debía pasta.

Hace tiempo, Bruno le robó la cartera al hijo de Celso

sin saber que era su hijo.

Le debía lo de la cartera y los intereses que le puso,

que eran un pastizal.

-¿Desde cuándo sabes esto?

-Desde hace poco, por eso robé las carteras.

-No te creo. -Sí.

-¿Se puede ser más tonta? -Le estaban amenazando.

Un matón le seguía por todo Madrid.

-¿Y te juegas el cuello por él?

-Sí, es mi novio.

¿Te pido ayuda? Si le tienes cruzado.

Le ibas a despedir y necesitaba este curro.

-No necesitaba este curro. Necesitaba que le tocase la lotería.

Lo pagó hace dos días. ¿Te suena?

-No es lo que estás pensando. -¿Ah, no? ¿Y qué es?

-No puede ser. -Pues a mí me cuadra.

-El tema es que Bruno consiguió la pasta en otro sitio.

-¿Me dices dónde? -Sí.

En una timba de póquer clandestina en el hotel.

Yo no sabía que hacen partidas de póquer a escondidas.

-Sí, las hacen.

-Ves, pues ahí lo ganó.

-No me cuadra. Hay algo que no me cuadra.

-¿Por qué? -No sé.

Me da que está involucrado Quintero.

-Si Quintero y Bruno no se conocen apenas.

-Se conocen suficiente.

Voy a enterarme.

-Si tenemos noticias de su marido, contactaremos con usted.

Váyase a casa. Igual aparece por allí.

-Ha debido pasar algo.

-Nos encargamos. No se preocupe. -Gracias.

-Ha hecho bien en venir. Las primeras horas son clave.

-Javi, acompaña a la señora Urquijo a la salida.

-¿Cómo lo ves?

-Raro, raro.

Dice que su marido no está de juerga,

diga lo que diga el mensaje.

-Que les sobra el dinero se ve a la legua,

pero si fuera un secuestro ya habrían pedido el rescate, ¿no?

-Ojalá no sea algo peor.

-Si es un tipo tan importante e influyente tendrá enemigos.

Ese mensaje puede ser una maniobra de distracción

o una forma de ganar tiempo.

-Igual tiene un pufo con gente peligrosa

y ha querido alejarse.

¿Qué os ha parecido? ¿Tiene motivos para preocuparse?

Bueno, sí.

No es la primera vez que su marido duerme fuera de casa,

pero jamás faltaría a la cita que tenía hoy.

-Hablaremos con sus socios,

pero su mujer lo tiene claro.

El cliente será un pez gordo. No nos ha dado su nombre.

Ella jura que Larrea jamás le daría plantón.

Suena sospechoso. Poneos a ello.

Voy a llamar a la UIT a ver si localizan el móvil de Larrea.

Muy bien. Tenedme al tanto.

Iván.

¿Estás libre?

Búscame una cosita.

(ANTONIO) -Bien. Ya está.

-¿La tengo bien? Me noto un poco baja.

-El problema es tu enfermedad.

La fatiga crónica no es una enfermedad fácil.

¿Por qué tardas tanto en venir entre revisiones?

-No me da la vida. ¿Con quién dejo a mi padre?

-¿Con quién está ahora? -En la sala de espera.

La enfermera le echa un ojo.

-¿Y la cuidadora que os iba a facilitar la Comunidad?

-Ha sido una locura de trámites, pero lo he conseguido.

Hoy vamos a conocerla.

-Eso está bien.

-Serán solo cuatro horas al día y empezaremos muy poco a poco.

-Empieza por cuidarte un poco.

Si estás bien, puedes cuidarle, pero si no...

¿Y cómo vas con el ejercicio?

-Si no paro en todo el día. -Ya.

No tareas habituales, sino de ejercicio moderado.

-Leo que te apuntaste a Aquagym. ¿Qué tal?

-No duré ni dos semanas.

Mi padre se ponía nervioso si no estaba

y una vez casi me quema la cocina.

No me atrevo a dejarlo solo.

-¿Qué dijo la neuróloga el último día?

-Que está en fase 4.

Me explicó que durante una temporada estará más peleón.

-No acepta su enfermedad. Es muy frustrante.

-Por fin te encuentro, hija.

-Chelo, déjalo, no te preocupes. Avisa al siguiente.

-Papá, enseguida acabamos. Ya conoces al doctor Torres.

-Sí, claro, pero...

Yo no necesito ningún doctor.

-Claro que no. Se le ve muy bien.

Su hija necesita ir a rehabilitación.

Una cuidadora estará con usted un rato al día.

-¿Qué cuidadora? Ni que fuera un crío.

Yo no necesito a nadie.

Con mi Luisa me basta.

Como mi hija, ninguna.

-Papá, vámonos, que hay mucha gente esperando.

-Luisa, espera, la analítica.

-Claro, la analítica. Gracias, doctor.

Papá...

Claudia, acabo de hablar con Salgado.

¡Ah! Iba a llamarle ahora.

Ya no hace falta.

Me ha llamado y me ha contado los avances.

Espero que el viaje sea productivo.

Puede que sí, aunque la cosa no va tan deprisa como quisiera.

¿Qué tenemos?

Tenemos un testigo más fiable que el anterior.

Resulta que Isidoro Vázquez, el del ultramarinos,

no lleva tanto tiempo de jefe.

Si le había dicho a la Guardia Civil que recordaba a Lucas,

que recordaba la cicatriz en el cuello, que era cliente.

Sí, se lo ha confirmado a Salgado,

pero, al parecer, en esa época era dependiente.

El mayor tiempo lo pasaba haciendo recados a domicilios.

Quien tenía un trato más directo con Lucas o Eduardo...

Con nuestro asesino, vaya.

Era el anterior tendero, Eusebio Millán.

Salgado ya está intentando localizarle.

No creo que sea muy difícil.

En Tordal no hay más de 200 habitantes.

El viejo tendero está ingresado en una residencia en Jaca.

Tomás ya está conduciendo para allá,

pero a la hora que llegará no cree que le dejen visitarlo.

Habrá que esperar a mañana con la incertidumbre.

A ver si nos da algún dato que nos ayude a detener al asesino.

Falta nos hace.

Y ni que decir tiene,

pero estoy muy contento con que no pidieras el traslado.

Esto es mucho más llevadero contigo.

No está de más escucharlo.

¿A qué viene esto?

Sé que las cosas no van bien en casa.

¿Se me nota mucho?

Eso y que ayer me encontré con Antonio.

Se ha ido a un hotel.

Pues sí. Ya ves hasta dónde hemos llegado.

¿Lo del traslado fue idea suya?

(SUSPIRA)

Me puso un ultimátum sobre la mesa.

Pero yo, Emilio, no...

No puedo.

No quiero renunciar a lo que soy.

A mi vida en Distrito Sur, a lo que he construido.

No se lo ha tomado bien.

No, en absoluto.

No sé cómo recuperarlo.

Cada día que pasa en el hotel noto más la distancia.

¿Quieres que vuelva? Por supuesto.

¿Sabes qué?

Con todo esto me he dado cuenta

de que los problemas venían de antes.

No sé si con el tiempo y la convivencia se solucionarán.

Lo que tengo claro es que esta distancia nos separará.

Díselo.

Habla con él.

Así de fácil.

Cada pareja es un mundo. No sé lo que os funcionará,

pero sé que si hubiera hablado más con Natalia

las cosas no hubieran sido tan dolorosas.

Ánimo.

Gracias, Emilio.

(Puerta)

Hola, Antonio.

Oye, yo...

No puedo...

No puedo más con esta situación.

No lo llevo bien. Me gustaría que hablásemos.

¿Podríamos vernos?

Eh... Bueno.

Dime algo, ¿vale?

Papá, no sabes lo que me ha costado que nos concedan esta ayuda.

-No tenías que haberte molestado.

-Nos vendrá muy bien a los dos. Ya verás.

Fina es una profesional. Te ayudará con tus ejercicios y con todo.

-No necesito nada.

Contigo me basta. -Papá, siéntate.

Siéntate, por favor.

Hemos estado en la consulta del doctor Torres y ¿qué ha dicho?

Que yo también necesito cuidarme.

Si me enfermo, ¿cómo haremos?

-Pues buscamos a otra chica.

-Hola, perdonad. Ya estoy aquí. Voy un poco loca.

-Íbamos a conocer a la cuidadora. -Sí, no me he olvidado.

Estará al llegar.

-Papá está un poco reticente. ¿Verdad que es un encanto?

-Claro que sí. Es majísima. Verá como le va a encantar.

-Es una desconocida.

No quiero una desconocida en mi casa.

-No es cualquiera.

Trabaja para la Comunidad.

-Claro, es de confianza. (LUISA) -¿Lo ves?

Fina es majísima y de confianza. Paty nos la recomienda.

-Muy bien, que se la quede ella.

Yo no necesito ninguna cuidadora.

-Ya te digo yo que sí.

Papá, hazme un poco de caso.

(ÉL MURMURA)

-Simón, serán solo unas horas al día.

Si no quiere meterle en casa, puede decirle que vayan a pasear,

a merendar,

algo para que ella haga sus recados.

-Tengo hambre. Vamos a merendar.

(ENFADADA) -No vamos a ningún lado. Nos quedamos aquí.

Esperamos a la cuidadora. Ya irás tú con ella a merendar,

así os vais conociendo.

-Hija mía, tu madre y yo no te educamos de esa manera.

(Móvil)

-Un momento.

-¿Sí?

Sí, estamos dentro.

Justo enfrente de la comisaría. No tiene per...

Vale, salgo a buscarte.

Ahora voy.

Ya está aquí. Voy a buscarla. Ahora vengo.

-Papá, a ver...

Por favor, sé amable con ella, como me decías a mí de pequeña.

¿Te acuerdas? No hay por qué ser grosero.

(SUSPIRA) Yo necesito ayuda, papá.

Hazlo por mí. Al menos, prueba.

-¿Y si no me gusta?

-Buscaremos a otra.

Pero ya has oído a Paty: Fina es majísima.

Seguro que te encanta.

(ÉL GRUÑE)

-Perdonad, Fina no es del barrio y se ha despistado.

-Mucho gusto. Soy Luisa.

-Si queréis, pasamos a mi despacho para firmar los papeles.

-Claro.

-Vamos. Por aquí.

-¿No decías que la conocía y que era de confianza?

¡Embustera!

-Anda, tira, papá.

(JOAQUÍN) -Va a estar duplicado. Compruébalo porque no tiene sentido.

Eva, ¡qué sorpresa! -¿Qué tal, Joaquín?

¿Podemos hablar un momento?

-Claro, pasamos a mi despacho. -Fenomenal.

-¿Cómo van las cosas por la mensajería?

-Maravilloso, sí. -Me alegro.

Pasa y siéntate. -Gracias.

Tú dirás.

¿Algún otro encargo especial que tengas para mí o qué?

-No.

No. Quería preguntarte por Bruno, el novio de mi hermana.

-Sí. ¿No vendrás a apretarme más con el precio?

Iba a estar solo unos días y luego, mira.

-No.

Quería saber si se está portando bien.

-A parte de hospedarle, no tengo que hacer de niñera.

-No. Eso ya sabes que lo cobrarías aparte.

Pero no.

Quiero saber si ha recibido visitas a parte de mi hermana.

O si ha dado algún problema.

-No estoy al tanto de la vida amorosa de Bruno.

-Ya. No estoy hablando de eso.

Eh...

Tus timbas, Joaquín.

¿Ha participado?

-No.

-Me imaginaba.

Se juega fuerte y no tiene donde caerse muerto.

-Para serte sincero, la verdad es que vino una vez.

-¡Ah! -Una sola noche.

Y nos dio bastantes problemas.

-¿De qué tipo?

-Bebió mucho.

Empezó a montar jaleo y tuvimos quejas de varios clientes.

-¿Estuvo celebrando?

¿Cuánto ganó? -¿Ganar? (RÍE)

Al revés. Lo desplumaron.

No tiene buen perder.

Le dije que no volvía a jugar más aquí.

-¿Quién le desplumó?

-Ese dato no te lo puedo dar.

La discreción es mi máxima.

-La mía también

hasta que se me vaya la lengua con la Policía.

-Ni estás en posición ni es necesario amenazarme.

-Cierto, es verdad. (RÍE) Tienes razón.

Cuando nos ayudamos, todo fluye y nos va mejor.

Así que cuéntame.

¿Fue Fernando Quintero?

-Estás bien informada.

Es un tiburón. Esa noche se lo llevó todo.

-¿Cuándo fue?

-Hace unas dos semanas, calculo. Te lo puedo comprobar.

-No. ¿Dos semanas, dices?

No hace falta.

-¿Es todo?

-No. Una última cosa.

Después de la timba, ¿Quintero volvió a visitar a Bruno?

-No lo sé.

Se pasó bastantes horas aquí, pero no sé.

-¿Lo podrías comprobar?

-Claro, llamo a recepción.

Sí, Carlota.

-Bueno, lo siento. Al principio cuesta más.

A ver mañana qué tal. Muchas gracias.

-¿Qué? ¿Te ha cundido?

-Me ha sentado divinamente. ¡Qué divertido es el Aquagym!

-Ya verás como esta noche duermes de tirón.

-¿Cómo los has visto?

-¿Por qué has tardado tanto?

-Solo ha sido hora y media y te he dejado en buenas manos.

-En manos de una desconocida, que me trata como si fuera tonto.

-Bue... -¡No quiero verla más!

-Vale. Ya hablaremos en casa, papá.

Cóbrame.

(GRITA) -¿Cómo?

(GRITA MÁS) ¿Después de aguantarle la invitas a merendar?

-No grites. -Luego dices que no hay dinero.

-Papá. -¡Bien!

-No grites. Vamos a hablarlo en casa.

Vamos. ¿Quieres ir al baño? -¡No!

Bueno... ¡Sí!

-A ver, cuéntame. Ha sido un desastre, ¿no?

-A ver, mujer, tu padre ha estado acompañado todo el rato.

Muy bien no lo ha pasado ninguno. La chica no sabía qué hacer.

-¿Qué han hecho todo el rato?

-Al principio, le ha sacado unas revistillas de sopas de letras,

luego un puzle.

Han jugado a las cartas

y ha intentado darle conversación, pero tu padre se ha cerrado

y solo ha abierto el pico

para preguntar cuándo venías.

-Ya sabía yo que esto no iba a salir bien.

-Mujer, dales tiempo, que es el primer día.

Luego le cogerá cariño.

-Conociendo a mi padre, lo dudo.

Está emperrado en que vaya mal y es más terco que una mula.

De toda la vida, pero ahora, ni te cuento.

-Yo, en este caso, no cedería.

Tú necesitas tiempo pa ti, pa rehacer un poco tu vida.

-No es solo para mí.

Quería coger un trabajo por horas para no ir justos,

pero ¿qué hago?

-Es muy buena idea.

Justo ayer, estuvo aquí Pili, una clienta mía

que ha dejado su trabajo.

Trabajaba limpiando en una casa por horas, en el centro.

Pero le han dado un puesto fijo en una perfumería

y está buscando sustituta.

-¡Mira qué bien! -Claro.

Si te interesa, le pido más información.

-Sí, por favor.

-Claro. El no ya lo tienes. Por intentarlo...

-Ya, pero si la cuidadora, al final, no se hace con mi padre,

tampoco quiero dejar mal a nadie. O sea, no.

A ver, es que...

Yo hablaría con tu padre.

Explícale que no hay otra opción.

Si no vas a caer tú mala también.

-Pues sí, dame su teléfono. Mándamelo en un mensaje.

-Sí, cariño. Dile que llamas de mi parte.

Le escribo para que sepa que la llamarás.

-Vale.

¿Ya?

¿Qué tal?

-Has tardado mucho.

-Anda, papá, vámonos a casa.

Gracias por todo, María.

-Adiós, Simón. (SIMÓN) -Adiós.

-¡Eh!

¿Qué querías?

-Pues que he estado pensando:

¿y si mandamos a Paula a cenar con Carlos?

Como me dijiste que le gustaba la comida exótica,

que vayan juntos.

-No sé. Ahora, la cena con Carlos es la última de mis preocupaciones.

-¿Qué pasa? -¿Te acuerdas de Avelina?

-La señora mayor con el nieto problemático.

-El nieto le ha pegado.

Ha empezado a tirarle lo que tenía en casa

y porque intervino una vecina, que si no...

-¿Está herida? -Fue a Urgencias.

Tiene cortes, contusiones, un ataque de ansiedad.

Pobre mujer.

-¡Puf! Habrá denunciado al nieto.

-De ahí vengo. Kevin está en Asuntos Sociales.

Le mandarán a un centro de menores y he pedido la orden de alejamiento.

-¡Qué desgraciado, el chaval! Y eso que le avisaste.

-¿De qué sirvió la charla?

Me la podría haber ahorrado.

Creo que la paliza a la abuela viene de ahí.

-No. Escucha, no vayas por ahí.

No empieces a culparte.

El chaval es un energúmeno.

Y tú has hecho que la señora viva más tranquila.

-Ya, pero es muy triste todo.

Si vieses la casa llena de retratos

del chaval cuando era pequeño con su madre, la abuela.

Eran felices.

-Ya, pero el chaval ya no es tan chaval.

Ya es un adulto.

Un adulto problemático, chungo, ya sabes.

Avelina siente que ha fallado a su hija.

Se siente mal por haberle denunciado.

Normal, si lo ha criado ella.

-Sí, la señora ha hecho lo que ha podido.

Más no se le puede pedir.

Tardará más o menos en perdonarse a sí misma

por denunciarle,

pero vivirá sin miedo.

-¡Tiene un cacao! -Normal.

-A ver si mañana tengo tiempo y voy a ver cómo está.

Si veo que no está bien, la acompaño a por ayuda psicológica.

-Haces bien.

Estoy pensando que igual lo de ir a cenar con Carlos no está tan mal.

No creo que nos dé más bajón que esto.

(RÍEN)

-¡Ay! A veces este trabajo...

-Pero los compañeros... (LARA) -Sí.

-¡Que corra el aire, parejita!

Te necesito.

-Pues todo tuyo.

¿No vemos en la puerta a las 20:30? -Sí.

-¿No cenas en casa?

(LARA LANZA UN BESO)

(IVÁN RÍE)

-¿Venías a algo?

-Solo quería interrumpir.

-¿En serio? -No.

¿Qué sabemos de Larrea?

-Estaba con ello.

Ven.

Vamos a ver.

El último mensaje se lo mandó a su mujer desde Guadarrama.

A partir de ahí, el móvil, ilocalizable.

Yo creo que le han sacado la tarjeta, Lidia.

-Llamaré a la Guardia Civil a ver si puede localizar el coche por ahí.

¿Y el GPS del coche?

-El GPS del coche, el navegador, los datos están cifrados.

Se los he pedido al fabricante.

Si no, habrá que pedir una orden.

-¿No podrías afinar un poco más sus movimientos en Distrito Sur?

-Y dale.

Coge la silla. Siéntate.

Te voy a enseñar la triangulación de las antenas

que operó su móvil en ese momento.

La zona es superamplia, ya te aviso, para que lo sepas.

-Vale. -Voy al localizador.

Vamos a ver.

-Es así de lento... -Para todo.

(EVA) -Ven aquí. -¿Qué?

(ENFADADA) -Lo perdió todo en la timba.

-¿Qué dices?

-Lo que oyes. Adivina quién le desplumó: Quintero.

-¡Qué va! Que no. -Que sí. Te digo que sí.

-Bruno no me haría algo así. -¡Que ya te lo ha hecho, niña!

Lo dice el director del hotel.

-Vale. -¿Dónde vas?

-A que me diga que es verdad. Que me lo diga a la cara.

-¿A la cara? Lleva un mes mintiéndote.

¡Venga! Haz el favor.

Tú te quedas aquí y pensamos con claridad.

-¡Qué "heavy"!

Tienes una hermana que es tonta.

-Sí.

-Ayer hablaba con Bruno de irnos a vivir juntos.

-Bueno, pues le lloras mañana. (BEA ASIENTE)

-Vamos a atar cabos.

-Joder.

-Beatriz.

¿Cómo sabe él de Hariri?

¿Le has hablado tú de él? -No.

-Beatriz, mírame.

-Fue él quien me habló de Hariri y del cargamento.

Por eso te lo pregunté.

-¿Tú me mentiste? -Sí.

Sí y lo siento.

No quería que te enfadases. -¿Que no...?

-Porque Bruno conocía el otro negocio.

-Que no me enfadase. -No.

-¿Sabes de qué estamos hablando?

Estamos hablando de cárcel y de muerte.

¿Sabes qué te juegas?

-No me quedó otra porque me pilló.

Me pilló y el tema fue que tú estabas en Galicia,

yo con el tema de las armas y Bruno apareció.

Me vio con las armas y tuve que contárselo.

-¿Y de esto me entero ahora? -Sí.

-Soy tu hermana. ¿Cómo no me cuentas esto?

-No quería que te enfadases, confiabas en mí,

la venta estaba yendo bien y...

-¿Cómo no me voy a enfadar? ¿Sabes lo que has hecho?

¡Te juro que no lo entiendo!

¡No volveré a confiar en ti!

¿Qué más?

-Yo creo que nada más.

-¿Y cómo sabe de Hariri?

-Me dijo que te escuchó. -¡Qué me va a escuchar! ¡No!

Si era difícil que me escuchases tú. Imposible.

Averiguaré cómo.

-¿Qué vas a hacer? -No sé.

No sé.

Esperar que diga la verdad es un milagro.

Por ahora, hemos de conseguir que no sospeche que lo sabemos.

¿Me estás oyendo?

-Joder, Eva.

-¿Qué?

-Lo siento.

Ayer estaba hablando con Bruno y no sabía que me ibas a pedir esto

y le dije que investigabas a los empleados

y que le investigarías.

Lo siento, Eva.

Lo siento.

-Vete.

(QUINTERO) -¡Cristóbal!

No sé por qué demonios no hablas.

Yo ya empiezo a estar cansado de todo esto.

Si te soy sincero,

creo que incluso te he dado más golpes de la cuenta.

¿No te parece?

-Dame agua, por favor.

-¿Agua? Sí, claro.

Claro que te daré agua.

Cuando me digas lo que quiero saber.

-Muerto no te sirvo de nada.

(QUINTERO RÍE)

-Y callado, tampoco.

-¿Cuánto tiempo llevo aquí?

Me estarán buscando.

-No te preocupes, hombre.

No te están buscando.

Le enviaste un mensaje a tu mujer: que estarías unos días fuera

porque tenías un asunto de trabajo entre manos.

Puedes estar tranquilo.

(RÍE) -¿Te hace gracia?

(ENFADADO) ¿Te hace gracia lo que está pasando?

¿Eh?

No solo le has enviado ese mensaje a tu mujer,

también le has enviado uno a tu secretaria

diciéndole que estarás unos días con una de tus amantes

perdidos en una casa de la sierra.

Si en unos días

tu mujer o tu secretaria notan algo raro

y llaman a la Policía, tampoco debes preocuparte.

Aquí te aseguro que nadie vendrá a buscarte.

¿Me oyes?

-¡Suéltame! No te he hecho nada.

-Tú no me has hecho nada, pero tu amigo Vlado Khan, sí.

Tú eres su socio y te has enriquecido

con el dinero de ese maldito asesino y criminal.

Vlado Khan no es más que un proxeneta,

un explotador de mujeres

que cuando no le sirven para nada las termina matando.

Lo sabías, ¿verdad?

¿Sabías lo que pasó en Valencia?

Seis chicas, seis mujeres murieron en un contenedor.

Murieron asfixiadas.

¿Ves esto?

¿Alguien te ha contado alguna vez, Cristóbal,

qué se siente cuando se muere por asfixia?

¿No quieres probarlo? -No, por favor.

-Pues será mejor que empieces a hablar.

-Vale.

Vale.

-Muy bien.

(LARREA SUSPIRA) -Habla.

-Es cierto.

-¿Qué?

-Es verdad, trabajo para Khan.

Pero yo no sé dónde está. Créeme.

-¿Cómo te comunicas con él?

-Él se comunica conmigo cuando quiere que le mueva dinero,

ingrese una partida.

-¿Pero cómo?

-Es un sistema cifrado.

Es un chat seguro. No se puede grabar ni rastrear.

-Sé cómo funcionan esos chats. ¿Qué más?

-No sé cómo localizarle. Te lo juro.

-Está bien.

Está bien, amigo.

Te creo.

En ese caso, haremos otra cosa:

vamos a intentar obligar

a tu amigo Vlado Khan

a que salga de su escondite

haciendo un movimiento con sus cuentas

que solo tú puedes hacer, ¿verdad?

Ahí tienes ese portátil con conexión a Internet.

-¿Qué pretendes?

-Haz una transferencia desde las cuentas de Vlado Khan

a una ONG que te voy a decir ahora.

Una transferencia de 200 000 euros.

-Ni loco.

Si lo hago, soy hombre muerto.

-Y si no lo haces, también.

Lo vas a hacer, ¿sí o no?

-Vale.

Haré lo que me pides.

-Muy bien.

Te voy a desatar.

Ponte en el ordenador

y haz lo que te he pedido.

Puede resultar poético, ¿verdad?

Un acto filantrópico como este, ¿no?

Que Vlado Khan termine ingresando 200 000 euros en una ONG

que se dedica a rescatar y a salvar mujeres

que han sido explotadas por proxenetas como él.

Aquí la tengo.

¿Lo tienes ya? ¿Está todo preparado?

Muy bien.

Esta es la ONG donde tienes que ingresar esos 200 000 euros.

Ahí tienes el número de cuenta.

-¡Anda!

¿Qué tal?

No sabía si llamar.

No digas tonterías.

Pasa. No te quedes ahí.

¿Qué?

Bueno, que es un poco raro que te inviten a cenar a tu casa.

Pues prepárate, porque he cocinado yo.

¡Oh! Eso sí que es una sorpresa.

Bueno, algo teníamos que hacer. Supongo.

Con la cena no me he querido complicar.

Eh...

He hecho cuscús, que te gusta. Me encanta.

Está casi. ¿Por qué no descorchas el vino?

¿Por nosotros?

Por nosotros.

-¿Por qué demonios tardas tanto en hacer esa transferencia?

-No es fácil operar así.

He de verificar cada paso con códigos.

La seguridad es primordial. -Ya.

Ya sé que la seguridad es primordial en este tipo de cosas.

No me la estarás intentando jugar, ¿verdad?

-¿Qué dices?

No.

-Bien.

Sigue con lo tuyo, a ver si terminamos.

(QUINTERO) -Lili, ¿qué tal?

¿Y ahora?

Estupendo.

Muchas gracias. Sigue ahí.

(SUSPIRA) A ver, Cristóbal.

¿Siempre te has creído el más listo de la clase?

¿Crees que soy imbécil?

-No sé de qué me estás hablando.

-Acabo de llamar a una hacker

a la que he contratado

y está pendiente de lo que escribes ahí.

¿Crees que te iba a dar un ordenador con conexión

sin tener monitorizado lo que hagas en esa pantalla?

Dice que has escrito dos mensajes de auxilio.

¿Sabes que no van a llegar a ningún sitio?

Cualquier comunicación con el exterior está bloqueada.

Me tienes muy cansado, Cristóbal. ¡Ya se me están hinchando...!

-¡Espera, por fav...! -¡Fernando!

¡Para!

(HANNA) Dios...

Tienes que salir.

-Sí, será mejor que me dé el aire.

-Se me ocurrió decirle al camarero del hotel

que estaba en un congreso médico.

(AMBOS RÍEN)

¿Y ahora cree que eres un experto reumatólogo?

Justo ese día había un congreso. Fue una casualidad.

Cualquier día de estos

te pide que le des algún consejo o alguna cosa.

Todos los días se sube placas.

(RÍE)

Debí decir que era un viajante.

(AMBOS RÍEN)

Echaba de menos reírme contigo.

Y yo.

Antonio.

Siento mucho por todo lo que estás pasando.

Por lo que te estoy haciendo pasar.

Me gustaría aligerarte esa carga.

Bueno.

Está en tu mano hacerlo.

Vuelve a casa.

Se me parte el corazón de pensar que estamos separados.

Que estás en ese hotel, solo; y yo estoy aquí, sola.

La pelota está en tu tejado.

Necesito una señal de que estás dispuesta a sacrificarte por mí.

¿Pidiendo el traslado? Ya te expliqué que no podía hacerlo.

Yo eso lo entiendo.

Lo prioritario es atrapar al asesino de policías.

Pero ¿y después? ¿Qué quieres decir?

Puedes pedir el traslado una vez que lo atrapéis.

Si seguimos aquí, será muy difícil salvar este matrimonio.

No creo que la mejor forma de salvar el matrimonio

sea con un ultimátum.

No lo es. Así es como te lo tomas tú.

Necesito volver a confiar en ti. Empezar desde cero donde sea.

Yo estoy dispuesto. ¿Y tú?

Ya veo que no.

Sabes que estoy muy comprometida con mi comisaría,

con mis agentes, yo...

Con todos menos conmigo, Claudia.

Estás siendo injusto. No, de eso nada.

Yo estaba dispuesto a esperar a que acabara la investigación,

pero tú, ni por esas.

Eres incapaz de ceder esto.

¿Me pides que elija entre mi profesión y mi familia?

Tu profesión la puedes desarrollar en otro sitio.

El trabajo es lo más importante. No sé qué me extraña, como siempre.

Eso no es cierto. ¿Que no?

Cuando quisimos formar una familia, ¿quién se empeñó en la adopción?

No me creo que saques ese tema. No se me ha olvidado.

¿Quién estaba con Olga

mientras tú te volcabas en tu profesión?

¿Quién lidió con ella cuando tuvo problemas?

¿Y para mí era fácil?

Entrar por la puerta cansada, preocupada por Olga

y ver que teníais más complicidad y me dejabais fuera.

Porque yo le dedicaba mi tiempo.

Tú nos diste las migajas que sobraban de tu trabajo.

Para ti, el trabajo es lo más importante.

No hay quien te baje.

¿De dónde sale todo esto? ¿De dónde?

Mejor vamos a dejarlo.

Antonio, dime una cosa.

¿De qué serviría empezar de cero en otro lugar

si tienes ese rencor acumulado?

¿Serviría de algo?

Eso nunca lo sabremos.

Me has puesto a prueba.

Era una prueba cuando me decías

que esperarías a terminar la investigación.

Era para ver cómo reaccionaba.

Me voy. Me tengo que ir.

Antonio, por favor, no te vayas.

Nada me retiene aquí.

-Tienes que darle la información que te pide sobre Vlado Khan.

-Esa información es mi salvoconducto. No.

-Fue visto por última vez

en el bufete donde trabaja para clientes indecentemente ricos.

Muchos de ellos, de dinero de dudosa procedencia.

-Presuntamente.

-¿Y si su desaparición tiene que ver con alguno de ellos?

-No me regañes como haces siempre.

Sabes que tengo un carácter un tanto extraño.

Cuando nos casamos, ya lo sabías.

-Hola, corazón.

No te preocupes. Está muy bien.

Muy bien.

Dijiste que si notaba algo raro que te llamara.

Lucas estuvo cinco años viviendo en el monte en una cabaña.

¿Le ha dicho a Salgado cuándo se fue Lucas de Tordal?

Hace un año. Antes de que Eusebio se jubilase.

¿Tienes los datos del GPS antes de que se desconectase?

-Sí. ¿Qué quieres saber?

-¿Dónde estaba aparcado antes de ir hacia la A6?

-En la calle Divino Pastor.

-Al lado del Moonlight.

-Sí, me acabo de acordar.

Se pasó y se sentó en aquella mesa.

-¿Le atendiste tú? -Sí.

Son cosas que se dicen al discutir.

Seguro que Antonio no piensa eso. Sí que lo piensa.

Y lo peor es que...

Dudo de mí.

Ya no sé qué he hecho bien y qué mal.

¿No estará Antonio por ahí?

(MÓVIL) (MARÍA) No. Vino a comer, pero luego no lo he visto.

No tardes.

En cinco minutos estoy. Me cambio y voy.

(MARÍA) Vale.

-Bruno sigue siendo mi novio.

Le estamos acusando de algo grave. Quiero estar 100% segura.

¿Lo entiendes? -Perfectamente.

Tengo un plan.

Y me ayudarás.

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Servir y proteger- Capítulo 905

25 feb 2021

Quintero secuestra a Larrea para que acceda a las cuentas de Khan, y este trata de pedir ayuda por la red. Mientras, Néstor y Lidia se ponen al frente del caso de la desaparición de Larrea e Iván descubre que estuvo en el Moonlight. Eva sospecha que Bruno puede ser el espía que ayudó a Quintero.

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