Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 904 - Ver ahora
Transcripción completa

¿No es el momento de dar el paso? Pero ¿no ves que estoy hecha un lío?

(ANTONIO) "Yo ya no sé qué creer".

No te entiendo. No sé qué te pasa ni qué quieres.

Estoy perdido.

-Me dijo que Lucas quería irse a un pueblo con ella y con el bebé.

Tordal se llama.

Hay que hacer trabajo de campo:

preguntar a los vecinos si conocen a alguien

que se ajuste al perfil del Vigilante, ¿no?

Solo creo que es mejor que seamos amigas.

Así es menos complicado, ¿sabes?

-No estoy enamorada de ti.

Lo mejor es que lo dejemos del todo.

(QUINTERO) -Nuestro hombre: Cristóbal Larrea.

-Claro. Este tipo venía a uno de los prostíbulos de Khan.

-Tiene el coche en el taller.

-¿Hay cámaras? -Dos.

Pero son evitables.

El taller está en las afueras, en una zona tranquila.

Es el mejor sitio para abordarlo. (HANNA ASIENTE)

(Música emocionante)

(Música instrumental)

(ÁNGEL) -Buenos días. -Buenas.

-Oye, hoy ponen en el cine

la película de los caballitos que querías ver.

Me dieron unos cupones.

¿No quieres ir con Carlos?

-No, paso, gracias.

-¿Hoy trabajas?

¡Dani! ¿Trabajas hoy? -Sí, sí.

Trabajo. Entro a mediodía.

-¿Te pasa algo?

(SUSPIRA) -Te lo cuento rápido, pero no quiero hablar del tema.

Ayer corté con Carlos. -A ver, ¿discutieron o qué?

-A ver, te estoy diciendo que no quiero hablar del tema.

Lo que sí es que no debemos preocuparnos

por el dinero que escondemos aquí

ni porque te descubra en las timbas ilegales de póquer.

-A ver, espera.

¿Es por mi culpa?

-Sí. Un poquito sí.

Porque... la relación iba genial. Nos llevábamos increíble.

Así que sí, un poco.

-Pero yo no te pedí cortarlo.

-Solo eso te faltó.

Y solo me pedías todo el tiempo que le mintiera.

-Pero te pedí que le dijeras una mentira chiquitita.

Aparte, era él quien se metió en la fiesta a la que no le invitaron.

-Estaba empeñado en encontrar a quien te dio la paliza.

-Es la persona más pesada que conozco, de verdad.

No sé por qué se mete en lo que no le interesa.

-Ángel, es policía. ¿Qué parte no entiendes?

Es su obligación.

Si cree que hay un delito, se va a meter. Entiéndelo ya.

-No debí denunciar.

-Lo que no debiste haber hecho

es estar de gorila en esas timbas ilegales.

Eso no debiste hacer.

-No voy a estar toda la vida debiéndole dinero al banco.

-Ya, ya sé. Ya...

Ya sé, y por eso no quiero hablar del tema.

Entiendo tus razones, pero yo no iba a estar con Carlos

mintiéndole todo el tiempo cuando él confía en mí y me quiere.

-Dani, yo solo te pedí que me siguieras el juego unas semanitas.

-Sí, y lo intenté y no pude.

Le pedí tiempo y no fue buena idea.

-¿Por qué?

-Empezó a sentirse culpable, se empezó a clavar.

Quería ir a hablar con Joaquín de lo del accidente laboral.

-Santa madre.

-Y es que es así: una mentira trae otra y luego otra.

Y no es justo para él.

-Dani, perdóname.

-Sí, está bien. Yo también lo siento.

-No es la primera vez que dejas un novio por mi culpa.

-Ya. Bueno, lo primero es la familia,

y no quería seguir arriesgándome a que te descubriera.

-Si te hubieras ido a Portugal con Luis,

ahora estarías feliz, tendrías tres hijos, Dani.

Todo por esperarme a mí.

Todo por no dejarme solo en la cárcel.

-Ya. Eso ya es pasado, Ángel.

-Bueno, pues es mi culpa. Igual puedo hacer algo yo.

-No, ya. Déjalo estar. -A ver, escúchame.

Voy a hablar con Joaquín y voy a renunciar.

Y vas a hablar con Carlos, os arregláis y ya.

-Ah, sí. Muy tarde. ¿Y dónde conseguimos el dinero?

-Bueno, mi Dani... Perdóname, caray.

Eh, Dani. -¿Qué?

-Perdón.

Escúchame.

¿No quieres que vayamos a ver la película tú y yo?

-No. No quiero.

-¡La pinche plancha!

(Puerta)

Adelante.

Buenos días. ¿Has leído el "email"?

No, estaba abriendo el ordenador. Acabo de llegar. ¿Qué pasa?

La Guardia Civil de Jaca envió una pareja a Tordal.

Tiene novedades.

¿Lo han localizado? No, tanto no.

Pero tienen un testigo interesante.

A ver...

Isidoro Vázquez. ¿Quién es?

Regenta un ultramarinos por allí.

El único a 20 kilómetros a la redonda.

¿Y es donde Lucas Infante compraba la comida, o algo así?

"El chaval de la cicatriz" le llamaba ese tal Isidoro.

Lo conocía muy bien. Ya.

La mala noticia es que hace mucho que no va por ahí.

La Guardia Civil da por hecho

que vivió allí pero que ya se largó.

Pero todo esto pinta bien.

Si rascamos un poco en el pueblo, encontraremos más testigos.

Vamos a hablar con Bremón. ¿Para qué?

Bueno, yo creo que Jefatura debe llamar

al comandante de la Guardia Civil del puesto de Jaca

para que puerta por puerta pregunten a los vecinos.

Y que nos organicen una videoconferencia

con el de los ultramarinos.

Sí, podríamos hacer eso, sí.

Pero también podríamos hacerlo nosotros mismos.

Salgado, si me propones ir a Tordal a investigar, olvídate.

No. Lo que estoy diciendo es que me voy yo solo.

Es más, cojo el coche y me voy ahora mismo.

¿Cómo te vas a dar esa paliza sin saber si vas a sacar algo?

Aquí dice que son cinco horas de viaje.

A la hora de comer llego.

Aun así son muchos kilómetros.

No sé, para un primer vistazo, vale la Guardia Civil.

No tengo nada en contra suyo, sino todo lo contrario.

Pero los que mejor conocemos el caso somos nosotros.

A ellos se les podría pasar cualquier detalle

que a nosotros no se nos pasaría por alto.

Vale, tienes razón.

Si uno quiere hacer las cosas bien y a su gusto,

nada como hacerlas uno mismo.

Y el Vigilante podría actuar en cualquier momento.

Y Bremón eso lo sabe.

Esta noche podríamos tener más testigos.

Vale, de acuerdo.

Salgado.

Sabes que... en condiciones normales te acompañaría a investigar allí,

pero... no sé, es una paliza de viaje

y cuatro ojos ven más que dos, pero tal y como están las cosas, no.

Te entiendo perfectamente.

Lo último que quiero es meter presión.

Tú me has pedido distancia y te lo voy a respetar.

Gracias.

Lo único que te pido es que reflexiones.

Yo tengo claro mis sentimientos, pero no sé los tuyos.

Así que creo que lo mejor es que tomes una decisión.

Decidas lo que decidas, yo lo voy a aceptar.

Voy a hablar con Bremón.

(Puerta cerrada)

-Bueno, pues ya estamos en casa. ¿La echabas de menos?

-Pues... no, porque ya sabes lo que dicen:

como en el hospital, en ningún sitio.

-Anda, que...

¿Te preparo café? ¿Quieres agua o algo?

-No. No quiero nada. Lo que quiero hacer es esto.

(SUSPIRA)

-Estabas cansada, ¿eh?

(SUSPIRA) -Sí.

Me ha ido bien el paseíto,

pero tras tantos días en cama, estoy cansada, sí.

-Ya. Y tú queriendo llevar la bolsa tú sola.

Anda, que... ¿La dejo en tu cuarto?

-Vale. Cuando vuelvas, tráeme la pelota rusa, porfa.

-¿Cómo que la pelota rusa?

-Porque necesito recuperar el tono muscular.

-No, a ver. Acabas de llegar. Déjate de pelotas rusas.

El médico te recomendó reposo.

Y mañana, nada de salir a correr.

Ya lo estabas pensando, ¿no?

-Cinco kilometritos al trotecillo.

-Hoy casi no puedes andar dos kilómetros, que llegas reventada,

¿y mañana quieres correr?

-Claro. Por eso lo digo. (PAULA SUSPIRA)

-Mañana tú te quedas aquí en tu sofá, con tu manta, tu peli...

y esta tarta.

-¿Y eso?

-Te la han preparado tus compañeras. Receta de la abuela.

-¡Guau! ¡Qué pintón! (PAULA RÍE)

-¿Sabes que sois lo mejor?

-Y este fin de semana fiesta de bienvenida.

Pero así, pequeñita.

Algunos compañeros, música y mojitos.

-Vale, planazo. Me gusta.

Me dais la vida.

-Bueno, no hemos hecho mucho. Poca cosa.

-Hombre, poca cosa: una tarta, una fiesta...

En el hospital, ni un día sola.

-Quien también se ha portado muy bien ha sido Hanna.

-Si tú lo dices...

-¿Qué pasa con ella?

(SUSPIRA) -Pues no lo sé. No lo sé, Paula.

No sé qué pasa.

Ayer vino a verme y le dije

que en cuanto me dieran el alta podríamos quedar.

Y me dijo que... mejor no hacer planes.

Mejor ser solo amigas.

Así todo sería menos complicado.

-Bueno, mira: pues mejor así.

Mejor siendo amigas que el mal rollo que teníais antes, ¿no?

-Paula, lo de ser amigas sobre el papel está muy bien,

pero la realidad...

-Dale tiempo.

-Vale.

-Bueno, yo me voy a comisaría.

-Vale, te acompaño. -No. Tú te quedas aquí con tu tarta.

-Pero que solo voy a saludar.

-Que no. El comisario te dijo que hasta mañana no volvieras.

-¿Y qué va a hacer el comisario?

¿Me va a expedientar por ir a saludar a los compañeros?

-No, pero te va a echar la bronca, y a mí, por dejarte ir.

-Vale, pues no voy.

Pero no porque lo diga él. No voy por dos razones:

una, esta tarta, que me llama.

Y otra, porque no quiero que te metas en líos

y que tu tío te eche bronca.

-Ah, qué considerada. Muchas gracias.

¿Te preparo café, té, o algo para acompañar la tarta?

-No, hija. No se me van a saltar los puntos

por hacerme un café. Ahora voy yo.

Tira. -Bueno...

Cuídate, ¿eh? -Vale.

En dos horas voy a saludar.

(PAULA RÍE)

(QUEJIDO)

(RESOPLA)

(Música sentimental)

(Móvil en encimera)

(Móvil)

(QUINTERO) -"Hanna, dime". -Está aquí.

-"¿Está solo?". -Sí.

-Ten cuidado. No te puede ver nadie. No pueden reconocerte.

Y no dejes de tener controlado el coche.

-Sí. Está aparcado detrás del taller, y no hay cámaras.

Creo que le van a dar las llaves ya.

-"Ten mucho cuidado, Hanna. Adelante".

-Viene aquí, ¿vale? Te cuento. (CARRASPEA)

-¡Cuidado! -¡Ay, lo siento!

Es que estos tacones... De verdad. -No, no.

La culpa ha sido completamente mía.

¿Estás bien?

-Bueno, creo que...

No. -Tranquila. Siéntate aquí, por favor.

Disculpa, ¿eh? -Ay, Dios. Qué tonta he sido.

-¿Es el tobillo? -Sí.

-¿Te importa si le echo un ojo?

-¿Eres doctor? -No, soy abogado,

pero algo sé de lesiones de tobillo.

Juego mucho al tenis y paso muchas horas en el fisio.

¿Me permites? -Sí.

-A ver.

(QUEJIDO) -¿Te duele?

-Bueno, ahora me hace cosquillas.

-Pues si hay más cosquillas que dolor,

mi diagnóstico es que este tobillo está perfecto.

Además de ser muy bonito.

-Muchas gracias.

-Permíteme, ¿vale? -Ajá.

(QUEJIDO)

Madre mía. Pues menos mal que no es un esguince.

Para trabajar esta noche habría sido complicado.

-¿A qué te dedicas?

-Trabajo de camarera, y paso muchas horas de pie.

-Mi consejo es que por si acaso tomes ibuprofeno, por el dolor.

Por si acaso. -Pues te voy a hacer caso.

Es lo que haré.

-¿Me permites que te invite a un café? Por las molestias.

-Bueno, tendría que invitarte yo. -No.

La culpa ha sido mía. Iba embobado y te he arrollado.

-Pues me encantaría, pero ahora tengo que irme.

Tengo que estar en 45 minutos en Distrito Sur.

Quiero ver si puedo pillar un taxi por aquí.

-Va a ser difícil pillar un taxi a estas horas aquí.

Mira, así no puedes andar.

Te acerco yo con mi coche.

Lo tengo aquí mismo.

-No quiero molestarte.

Y has dicho que mi tobillo está perfecto.

Así que... igual tengo suerte. Voy a ver.

-A ver, si metes el tacón en algún socavón, puedes hacerte daño.

Yo no quiero insistir,

pero me sentiría mucho mejor si me dejaras acercarte.

-Sí. O sea, si no es mucha molestia...

-No.

Nati, soy Cristóbal.

La reunión que tengo a las 11:00, ¿me la retrasas dos horas?

Sí. Si pone alguna pega, dile que le llevaré al asador aquel.

Vale, muy bien. Hasta luego.

Listo. Así de fácil. ¿Nos vamos? -Muchas gracias.

-Nada.

Cuidado. (RÍE) -Se me había olvidado.

-Buenos días.

(BEA GRUÑE) -¿Qué?

Despierta, dormilona.

-¡Para!

-Acabo de pedir el desayuno.

-Bruno, que hoy entramos tarde. ¡Para, déjame descansar!

¡Déjame!

(GRITO DE SORPRESA) ¡Ay, Bruno! ¿Estás bien?

¡Perdón! -Ay... La rodilla, tía.

-Ya, la rodilla.

-Sí. -Ya. ¡No!

¡No! -¡Venga, ríndete!

-¡Vale, me rindo!

-¿Te vas a levantar? (SUSPIRA) -¡Que sí, pesado!

¡Ah, te odio! (BRUNO RÍE)

-¿Has pedido cruasán?

-Cruasán y mermelada de tres sabores.

-Ay, qué rico.

-¿Hasta qué hora curraste ayer?

(BOSTEZA)

No lo sé. Muy tarde.

Mi hermana con el curro y quiere tenerlo todo atado.

Y bla, bla, bla. -Ya, ya.

Yo te esperaba para contarte una cosa.

-Ah, vale. ¿El qué?

-Mira la habitación. ¿Qué ves?

-Una habitación de hotel,

una cama muy cómoda y un plasta que no me deja descansar.

-Vale, pues yo veo una marmota que no quiere levantarse

y que no ve que esto es muy frío para nosotros.

-Ya. -Es tiempo de pillar el pisito.

-El piso. A ver, Bruno, lo primero es que saldes la maldita deuda

que tienes con Celso.

Luego vemos, con la calma. -Es que eso ya está.

-¿Cómo que ya está? -Que está saldada. Ya no hay deuda.

-¿Cómo, si era una deuda infinita? -Lo sé.

Era una pasta, pero...

A ver, no te cabrees, ¿vale? -Verás. Sí.

-¿Te acuerdas de la timba de póquer?

-Sí, la del hotel.

-La del Novasur, sí.

Me metí. ¡Lo sé! -¡No!

¡Bruno! -Me lo dijiste.

Pudo salir mal, pero no salió mal.

Gané y punto. ¿Vale? Ya está. Deuda saldada.

-Muy bien. ¿Y qué más has hecho?

-Nada, pagar a Celso. Nada más.

-Vale. Es para matarte. Lo sabes, ¿no?

-Sí. -Pero ya está. Lo has hecho.

No me ocultes nada más.

Ningún secreto. -Sí.

-Me lo estoy currando mucho para meterte en lo de las armas.

-Lo sé. No hay más secretos. Nada más.

-Estoy poniendo la mano en el fuego por ti.

-Y no te vas a quemar, ¿vale?

Hago esto por nosotros, tía.

Estoy loco por que nos vayamos a vivir juntos.

-Sí, muy bonito, pero mi hermana sabe esto y te hace la cruz.

-Ya, y lo siento. No va a pasar más.

Ya está. ¿Me perdonas?

Además, sabes que si tu hermana llega a saber lo de la deuda,

nunca iba a dejarme entrar.

-Ya. Sí, eso es verdad.

-¿Me perdonas?

-No lo sé.

-Y lo del piso, ¿qué? -No te embales con el piso.

-Bueno, yo solo te digo

que podría despertarte cada día con el desayuno en la cama.

Cruasanes y tres mermeladas.

-Todos los días. -Todos los días.

-Ajá.

Vale, hacemos una cosa. (CARRASPEA)

Tú sigues mirando pisos. -Vale.

-Vas a verlos y me envías fotos, pero tú te ocupas del tema.

Yo ahora debo estar con mi hermana. Con lo de la furgo lo pasamos mal.

-Ya. -Quiero estar con ella.

-Si ya está bien, ¿no? Ya devolvieron las armas.

-Sí, eso está. El que no ha aparecido es el traidor.

-Claro. -Y ella ya sabes cómo es.

Hasta que no consiga dar con él, no va a parar.

De hecho, va a interrogar a todos los de la mensajería.

Incluido tú.

-¿Cómo que yo? Sabes perfectamente

que yo no sé nada.

-Ya, pero mi hermana quiere hacerlo así.

-¿Está dudando de mí?

Que piense que no soy nadie me da igual.

Pero no me apetece que me maten.

-A ver, no es que dude de ti.

Simplemente quiere interrogaros para dar con quien lo hizo.

Tú tranquilo. El culpable debe preocuparse.

(Puerta)

Mira, salvada por el timbre.

-Ya serán rápidos aquí, porque vengo muerto de hambre.

-Que sí, papá.

Que enseguida nos atienden, tranquilo.

-Luisa. ¿Te pongo lo de siempre, corazón?

-Por favor. ¿Ves qué rápidos?

-A saber qué será "lo de siempre".

Que me tienes a pan y agua. Paso más hambre que en la guerra.

-No exageres, anda. (HOMBRE GRUÑE)

No como desde la merienda de ayer.

-¿Y la merluza con patatas que te gusta, que cenamos anoche?

-Eso no fue anoche. -Bueno...

Lo que tú digas.

-No hagas burla.

Mira que se lo digo a tu madre y te la monta.

Si me lo tiene dicho: te consiento demasiado.

-Perdóname, papá.

Verás qué bien con el almuerzo especial. ¿Te apetece?

Un zumo de naranja, un sándwich mixto... ¿eh?

-Me vas a cebar.

Me voy a poner gordo de tanto comer. -Qué va. Si estás estupendo.

-Aquí tenéis los zumicos. -Gracias.

-¿Cómo está, Simón?

-Tranquilillo.

¡Oh!

Está repugnante.

-¡Ay! -¿Cómo repugnante?

¿Cómo me dice eso? Recién exprimido para mis mejores clientes.

-Bah.

-¿Cómo vas, Luisa?

-Pues muy bien.

Por fin nos han concedido una cuidadora para mi padre.

Mañana empieza. Ya verás qué bien.

-¿Una cuidadora?

¿Tú te crees que tengo cinco años?

Yo no quiero cuidadoras. Qué cosas tiene mi hija.

De verdad... (SUSPIRA)

-A ver, Simón. Usted déjese cuidar.

No me pondrán a mí una cuidadora. Me vendría estupendamente.

-No quiero extrañas que miren mis cosas.

-Es una persona muy profesional, y solo serán cuatro horas al día.

Cuatro horas que me dan la vida. Se me acumula todo.

No tengo tiempo. Y buscar trabajo ya...

-Pues yo me alegro de que le hayan concedido una cuidadora.

Voy a por los sándwiches.

(EVA) -¡Chis! ¡Tú!

¿Dónde vas?

-Tengo prisa.

-Ah, sí. ¿Vas a robar otra furgoneta?

-¿Perdona?

-No sé si te voy a perdonar, mira.

Hombre: una rubia guapa en mitad de la carretera, sola, indefensa,

pidiendo ayuda. ¿Me lo vas a negar? -¿Servirá de algo?

-No, la verdad. Tienes razón.

Fíjate: de Quintero me lo esperaba.

Pero de ti... -Yo he hecho cosas peores.

Por ejemplo, acostarme contigo.

-Ya.

Sí, seguro que Vlado era mucho mejor en la cama, cierto.

¿Quién os dio la ruta?

(CHASQUEA LA LENGUA)

Quintero no me lo dijo, yo no se lo pregunté...

-Qué boba eres.

Como Vlado sepa que ayudas a Quintero...

-Te voy a decir una cosa, Eva.

Vlado no me da miedo.

Y si Vlado no me da miedo, imagina si me lo das tú.

Cuéntale lo que quieras. Me da igual.

-Así que no te importa arriesgar tu vida.

¿No ves que estás siendo utilizada por otro tío?

Dime quién os dio la información.

-Que no sé quién le dio la información a Quintero.

¿No te parece suficiente?

Háblalo con Vlado.

Te vuelvo a decir que no me importa. Me da igual.

-Es otro tío utilizándote, Hanna. ¿No lo ves?

Dime lo que sepas.

¿Quién os dio la información? Vlado no sabrá que estás en esto.

-¿Qué ganas tú si Vlado me mata?

¿Vas a averiguar quién te ha traicionado? No.

-No, en eso sí que tienes razón.

A mí que Vlado te mate me da exactamente igual.

Lo digo por ti.

Porque te estás aliando a un tío

que está obsesionado con encontrar a Khan, que le da todo igual.

-Yo también lo estoy.

-¿Y dispuesta a morir? ¿También lo estás?

Te va a arrastrar.

No te hagas más daño, anda.

(Pasos alejándose)

-Yo necesito trabajar, y no quiero dejarte solo.

-¡Trabajar, trabajar, trabajar!

¡Pero si ya tenemos mi pensión!

-Con tu pensión vamos muy justos, papá.

Y yo necesito estar activa y empezar a pensar en el futuro.

Debo empezar a ahorrar.

-Ah, ¿ahorrar?

Entonces ¿qué hacemos aquí, gastando el dinero en lujos?

-Si eres tú el que siempre me dice de venir.

-¡Porque no me das de comer en casa, que me matas de hambre!

(SUSURRA) -Y dale...

-Aquí está el otro.

Ese señor tiene un carácter... -Bueno, tiene sus días.

-Pues yo siempre que lo veo, está gruñendo.

-Es el alzhéimer, cariño.

Ahora está en esa etapa... no sé qué etapa es,

pero se cabrea cada dos por tres

y luego vuelve a tener el mismo humor de siempre.

Y su hija, la pobre, lo aguanta todo sola.

-¿Vive con él? -Sí. Viven los dos solicos.

Ella es hija única, está divorciada, sin hijos...

Y para postre, en el paro.

Trabajaba en una empresa del polígono,

pero en un ERE fue a la calle. -Ay, pobre.

Así que viven con la pensión del hombre

y una ayuda pequeña que le quedó a ella del SEPE.

Pero con el padre así no puede ni pensar en buscar un trabajo.

Aunque le han concedido una ayuda y va a ir una mujer a cuidarlo.

A lo mejor la chica puede buscar un empleo.

-Ojalá. Se la ve agobiada. -Lo está.

A ver.

Estos sándwiches especiales.

Como me diga que está repugnante, la tenemos.

-Lo voy a probar.

(MARÍA) -Bueno.

(LARA) -Eh. -Hola.

¿Qué tal, cómo estás? -Bueno, va...

-¿Qué te pasa? Te veo desanimadilla.

-Pues sí. ¿Te acuerdas que ayer iba a ir a casa de Kevin,

el chaval conflictivo, para decirle que si seguía así,

iría al centro de menores?

-¿Y qué, se puso violento? -No.

Pasó de mí a la cara.

En cuanto vio que era una encerrona de su abuela,

se piró y me dejó con la palabra en la boca.

-Y... vaya. ¿Qué piensas hacer ahora?

-No sé. Había pensado en volver hoy y hablar con él,

porque no creo que sea buena idea.

Si se pone tonto, tendré que detenerle.

Así que he hablado con la educadora social

y me ha dicho que estará pendiente, y a esperar.

-Bueno... Por mu chulito que se haya puesto,

el susto en el cuerpo lo lleva después de ver a la poli en su casa.

-Ojalá. -Y no creo que se le ocurra

pegar o ponerle una mano encima a la abuela, ¿no?

-Eso espero. ¿Carlos qué tal?

-Uf. Fatal. Vamos, un alma en pena.

Sí. Lo de Daniela parece definitivo. -¿En serio?

(ASIENTE) -Ay...

-Va como en un luto permanente.

-Pobre. A ver si luego le veo y le animo un poco.

-¿Sí? Pues llévate el desfibrilador,

porque lo vas a necesitar, sí.

Me voy para la cueva, que tengo que seguir trabajando.

Lo de hoy sigue en pie.

-¿El concierto, dices?

Sí, claro. -Y lo de después.

-¿Qué es lo de después?

-No sé. Dímelo tú. Que la noche está en pañales.

-Vale. -Venga, anda. Me voy.

-Ven aquí. -¿Qué pasa?

-Lo de besarse aquí en el curro, ¿qué?

¿Está muy mal visto o...?

-Pues si no lo probamos, nunca lo sabremos, ¿no?

-¿Interrumpo?

-No. Vamos, yo... -No. Para nada.

-Yo me iba ya, además.

Pero ¿qué haces aquí? ¿Cómo estás?

-Pues ¿cómo me ves?

-Pues muy bien, la verdad. -Pues yo te veo fatal.

Estás fatal de aquí.

Si te ve Bremón aquí, te mata.

-Si me ve, nada. Que he venido solo a saludar.

No llevo la placa ni la pistola.

Estoy de baja, no de arresto domiciliario.

-Ya, pero te dijo que no vinieras bajo ningún concepto.

-Me dijo que no viniera a trabajar.

Pero no dijo que no pudiera venir a saludar a mis compañeros.

-Bueno, yo no sé qué te ha dicho, pero me alegro mucho de verte.

Y quién diría que hace nada que te han pegado un tiro.

Estás estupenda.

-¿Has oído, doctora Muñoz?

Pues se lo cuentas a la doctora Figueres. A ver si me dais el alta.

(IVÁN) -Ya la has oído.

Me voy, que tengo que seguir.

Tengo un procedimiento a punto de caramelo.

-Vale. -Tigresa, hasta luego.

-¿He visto lo que creo que he visto?

-¿Alguna cosita más, Antonio? -No, gracias. Cóbrame.

-¿No quieres un postre?

Ha hecho Daniela jericaya. -¿Qué es eso?

-Un dulce típico de México.

Vamos, unas natillas. Pero que no me oiga ella.

-Si después de comer tomo postre, no levanto cabeza.

-Bueno, pues diez euricos. -Aquí tienes.

-Gracias. ¿Estaba todo rico?

-Muy rico, como siempre. Sí.

-Se te echa de menos en el desayuno.

¿Te gusta más el bufé del hotel?

-No, qué va. La mayoría de los días ni desayuno.

Tengo el tiempo justo. Casi no duermo.

-Cuánto lo siento, Antonio. -No pasa nada.

Es una fase. Se me pasará. Eso espero.

-Claro que sí. Mucho ánimo, rey. -Gracias.

¿Qué tal? Hombre, comisario.

¿Te pongo la comida? No. Un descafeinado con leche.

Muy bien.

¿Qué tal, Antonio?

Bien. ¿Quieres sentarte?

Muchas gracias.

¿Qué había de menú?

Callos. Riquísimos.

Callos. Siempre me pierdo los mejores menús.

¿Sí? ¿Dónde has comido hoy?

En un restaurante de lujo con Jefatura.

De los de camarero con pajarita y toda la parafernalia.

¿Has visto a Claudia? No coge el teléfono.

Estará en el juzgado. No la he visto.

¿Tú cómo estás?

Sobrellevándolo como puedo. Pero las cosas no mejoran.

Nos separamos, ¿sabes?

(Música melancólica)

Llevo varios días durmiendo en el Novasur.

Anda, Antonio. No tenía ni idea. Lo siento mucho.

Nada. No pasa nada. No te preocupes.

(Móvil)

Perdona.

Sí, dime.

No, ya he terminado.

En cinco minutos llego.

Hasta ahora.

Tengo una urgencia. Me tengo que ir.

Que te sea leve.

(EVA) Ya. Entonces ¿ese tío es de confianza?

Porque tendré que darle información del negocio.

Pues claro. ¿Respondes tú por él?

Ya, vale. Venga, gracias, Abel.

Un besito. -Mándale un beso.

-Ha colgado. -¿Qué tal está?

¿Qué te ha contado?

-Bien, está bien. -Guay.

Por cierto, un par de tíos me preguntaron por la "deep web".

Les he dicho que no funcionaba. Pero era un pedido un poco ñoño.

Armas cortas y tal.

Igual podemos hacer negocio... -No.

-¿No? Vale.

-Les dices que estamos reorganizando la ruta... Lo que quieras.

Pero que suene así como rutinario, ¿vale? Nada extraordinario.

-Vale, guay.

(EVA SUSPIRA) -¿Estás bien?

Te noto rara.

-Pues estoy...

Estoy replanteándome retomar la investigación.

-¿Por qué?

-Porque interrogar a estos tres no nos ha valido para nada.

-Bueno, nos ha valido para descartar a la gente de la mensajería.

-Si no encontramos al traidor, no vale.

-Ya. Digo que sabemos que no hay un topo aquí.

-¿Y por qué lo sabemos? ¿Porque han dicho que no lo son?

¿Les descartamos y ya está?

-Vale, para entendernos: ¿sospechas de alguno o qué?

-De todos y de ninguno. Voy a pedir ayuda de fuera.

-De fuera ¿de dónde? -De fuera.

Un amigo de Abel, detective.

-Es broma, ¿no?

Eva, vamos a ver.

Le vas a decir a un detective: "He perdido una furgoneta con armas

que le compré a un traficante y voy a venderlas a una mafia...".

¿Estamos locas o qué? -Escucha.

-¿Un detective privado? Que hablan con polis,

con jueces en los juzgados... -¿Me quieres escuchar?

Es amigo de Abel, y de confianza total.

-Como si es su novio. Es muy arriesgado eso.

-¿Sabes qué es arriesgado? Tener un topo en el negocio.

-Pero si ya... -¡Que no te pido opinión!

¡Que te estoy informando!

Listo. No voy a discutir.

Además, voy a investigar a todos los mensajeros, incluido Bruno.

-Va, otra vez con lo de Bruno no. ¡Que no ha hecho nada!

-Y te diré más.

Abel conoce a una gente que ha tenido contacto con él en Galicia

y me ha dicho que les va a preguntar.

-Creo que estás muy paranoica.

O sea, me estás diciendo

que Bruno ya tenía planeado esto desde antes de venir a Madrid.

Eva, por favor. -No te digo eso.

Te digo que hay un infiltrado aquí, y que lo encontraré como sea.

-Ya, pero Fernando, Eva se hace la dura y la tranquila.

Pero por dentro yo veía que estaba rabiosa.

-Sí, bueno. Y es normal que esté enfadada,

que esté cabreada.

Yo me la imagino subiendo por las paredes y retorciendo la cabeza

como la niña de "El exorcista"

intentando averiguar quién la ha traicionado.

-Me alegra ver que te lo tomas de broma

y que estás tan tranquilo. -De broma tampoco.

Pero te reconozco que algo me estoy divirtiendo.

Miki, acércate un momento.

Coloca tú esto dentro del botellero, ¿vale? Gracias.

-Oye, ¿y no te da miedo que de pronto cometa alguna locura?

-¿Locura? No creo que cometa ninguna locura.

En todo caso lo habría hecho antes, cuando no tenía la furgoneta.

Pero ¿ahora?

-Ya, pero es una tía muy orgullosa.

Se le puede ir la olla.

-¿Que se le puede ir la olla? ¿Cómo? ¿Qué crees que puedo hacer?

-Que me amenazó.

Me dijo que le contaría a Vlado que tú y yo trabajamos juntos.

-A ver, Hanna.

Entiendo que estés algo asustada, pero no te preocupes.

Hay que tener claro que cuando tengamos a Cristóbal Larrea,

lo que sepa o deje de saber Vlado Khan

nos va a dar exactamente igual. -Ya, pero eso si aparece.

-Hanna, esto para la dos.

-A ver, ¿a qué hora te dijo que vendría?

-Dijo a las 00:00, como Cenicienta.

-¿Y seguro que no te lo dijo por decir?

-Estoy segura. -¿Cómo lo sabes?

-Lo que no sé es cómo no se me tiró encima en ese coche.

En serio, no sabes cómo me miraba.

Está muy salido, Fernando. -Está bien.

No hacen falta los detalles.

Si estás tan segura, tarde o temprano aparecerá.

-Vale, pero escucha.

¿Y si Eva avisó a Vlado, y Vlado avisó a Larrea...?

Entonces Larrea... -A ver, Hanna.

No le des tantas vueltas a la cabeza.

Ya te he dicho que Eva no se meterá en ningún lío de ese tipo.

-¿Cómo lo sabes?

-Por varias razones.

La primera: si Eva hablase con Khan, sería como si se suicidase.

Sería como hacerse el harakiri.

Y segunda: tu amigo está entrando. Así que al lío.

Al lío.

-Pero si es mi cenicienta.

-Pero si es mi príncipe azul.

-Miki, no te preocupes por eso.

Recoge tus cosas y vete a casa a descansar.

-Si acaban de pedir una ronda ellos.

-Sí, lo sé. Pero tranquilo, ya cerramos Hanna y yo.

¿Vale? Tú vete a disfrutar con tus colegas.

Y si vas a casa, recuerdos a tu madre.

-Hasta mañana. -Venga, hasta mañana.

-Oye, pensaba que ya no ibas a venir.

-¿Cómo no voy a venir?

-Oye, ¿qué te pongo?

-Me pones...

No sabes tú bien cómo me pones.

Venga, ponme un ron añejo, el que tengas. Solo.

-Vale. -Pero tomas algo conmigo, ¿no?

-Hombre, claro. Cuando acabe el turno.

¿Me esperas allí? -Claro.

-Un ron añejo para el caballero.

-Muy bien. Un ron añejo.

Ahora mismo.

(Botella)

(Música de suspense)

-Bueno, Carlos, yo me voy.

He quedado con Lara, y estará al llegar.

Que... Vale, Iván. Pásalo bien. Chao.

¿Qué haces? ¿Tienes el carné de manipulador de alimentos?

No. ¿Qué carné? ¿Qué dices?

¿Qué es todo esto?

Croquetas, Iván. Ya.

Hago croquetas. Pero no unas cualquiera.

Son de la receta de mi padre.

Vas a flipar con cómo sabe esto.

Me encanta verte así de bien. Muchas gracias.

Gracias. Sí, le he dado vueltas, y no puedo estar de bajona.

No. Tengo que venirme arriba y hacer las cosas que me gustan.

Pasármelo bien, divertirme. Y cocinar me divierte. Lo paso bien.

Así que voy a cocinar. "Mens sana in cocinero sano".

¡Cocina! ¡Cocino!

¡Cocina!

No sé si me preocupa el verte así de bien.

Tranqui.

(Timbre)

Espera.

(SUSPIRA)

Pero bueno. Pero qué guapa estás. -Gracias.

-Cojo mis cosas y nos vamos. -Vale.

¡Hola, Carlos! ¡Lara!

Qué guapa estás. Gracias.

¿Qué tal? Bien. ¿Y tú?

Muy bien.

Estoy muy bien. ¿Qué...?

Croquetas. Ya.

¿Quieres probar?

Que no sé qué le pasa, pero vámonos, que vamos tarde.

-Vale. Hasta luego, Carlos.

Chao, pareja. Pasadlo bien. (IVÁN) Venga, chao.

(Cajón abierto)

(DESESPERADO) ¡No puede ser!

¿Qué...? ¿Qué pasa, Carlos?

No me puedo creer que no haya pillado pan rallado.

¡No lo tengo! ¿Qué hago con esto? No tengo pan rallado. ¿Qué hora es?

Y ya está todo cerrado. ¿En serio?

No pasa nada. Déjalas en la nevera.

No puedo. Para que sepan como las de mi padre

tienen que terminarse hoy, ahora mismo.

Si no, no será igual.

¡Lo he apuntado cinco veces en la lista!

¡"Pilla el pan rallado"!

¿Dónde tengo la cabeza? ¿Qué me pasa?

Que no pasa nada, Carlos. Sí pasa.

Lara, sí pasa. Sí pasa.

Pasa que las tenía en la despensa de las ofertas

y no he sido capaz de pillar el pan rallado.

¡No soy capaz! ¡A veces no soy capaz!

No sé qué me pasa, pero no soy capaz de hacer esto,

de estar bien con Daniela...

¡No sé hacer nada bien con mi vida!

¡Y lo intento, pero la sigo cagando, una y otra vez!

Ya está bien.

Carlos, sal de ahí. Vale, por favor.

A ver, ¿por qué no te vienes con nosotros a un concierto

y así despejas un poco?

¿Con vosotros a un concierto?

El sitio es pequeño. No habrá entradas, seguro.

-Es de un cantautor, un plan tranquilo.

Nos tomamos algo, nos cuentas tu vida con tranquilidad...

Sí, no te vamos a dejar aquí solo, rodeado de croquetas por hacer.

Bueno, tampoco quiero molestar.

No quiere molestar. Déjale. Venga, vamos.

Vamos.

Ir así en plan sujetavelas, como que no, ¿no?

¿Sujetavelas? -Sí, sujetavelas.

-¿Sujetavelas? ¿Estás en el siglo XIX?

Eres nuestro compañero de trabajo que pasa un mal momento

y queremos ayudarte. ¿A que sí, Iván?

-Sí. Sí.

Si quieres venirte, vete a cambiar. Pero date prisa.

No te pongas el conjunto ni calcetines con la camisa.

Date prisa. Muchas gracias.

¿Vale? No tardo nada. (IVÁN) Venga.

En dos minutos estoy. Que sí.

Es que no quiero llegar y que me toque en la última fila.

-Me da mucha pena. Lo siento. Me da muchísima pena.

-Eres una santa, de verdad.

-¿Te has enfadado? -No.

Si no me enfado, pero nos va a dar la noche.

Si tú te quedas más tranquila, bien. -Pues sí, me quedo más tranquila.

Y tú también, en el fondo. -Me da igual.

Se habría quedado haciendo croquetas, y ningún remordimiento.

-¡Anda ya! -Pero como te quiero contenta,

pues que se venga el mozo.

-No vayas de duro, que te conozco. Vamos a recoger las croquetas.

-¿A recogerlas, encima? -Sí, encima y debajo. Venga.

(IVÁN SUSPIRA)

(Música de pub)

(Cerradura)

-Oh... (RESOPLA)

Este ron...

-¿Qué tal, pareja? Aquí una ronda más. Invita la casa.

(BORRACHO) -No sé yo.

Se me está subiendo un poco a la cabeza.

-Bueno, será porque es un buen ron añejo que tengo ahí.

Igual te pega duro.

No sé. Es una botella de 400 pavos.

-¿Eres el dueño?

-Sí. Me llamo Fernando Quintero.

-¿Qué tal? -Cristóbal Larrea.

Un gusto. -¿Qué hay?

-Que me mato. (QUINTERO) -¿Estás bien?

-¿Cuántas copas me he tomado?

-No sé. Yo solo te he puesto una.

Si has bebido algo antes de venir aquí, ya...

-Disculpa, que... te estoy entreteniendo a la camarera.

-Nada, no te preocupes.

Ella ya ha terminado su jornada de trabajo.

Y es mayor de edad. Puede hacer lo que quiera.

Os dejo solos un rato. -Perfecto.

Oye, pues... igual...

nos vamos a cenar, ¿no? Que beber...

así con el estómago vacío... (HANNA ASIENTE)

¿Qué te parece si nos tomamos esta última?

-Venga.

-Pues...

por los tacones.

-¿Qué?

-Por los tacones.

Que si no me hubiera tropezado esta mañana,

no nos habríamos conocido.

(SUSPIRA)

Madre mía, qué guapa eres. La leche.

(SUSPIRA)

¿Qué me pasa?

(QUEJIDO Y SUSPIRO)

¿Qué me habéis dado? (HANNA) -Chis. Descansa.

(QUINTERO) -Eso es, Cristóbal. Descansa, hombre.

Descansa.

(CRISTÓBAL JADEA)

(Cláxones)

(Libro hojeado)

-¿Seguro que esto es todo lo que llevaba?

(HANNA ASIENTE)

Es todo. Ya ves.

-Muy bien.

Pues vamos a ir despertando al bello durmiente.

Cristóbal. ¡Cristóbal!

¡Venga, hombre!

¡Vamos! ¡Vamos despertando!

Ya va siendo hora.

(QUEJIDO)

Me has drogado, hija de la gran...

-¡Eh, mucho cuidado!

No consiento que en mi presencia

nadie, absolutamente nadie, le falte al respeto a una mujer.

-Sé cómo os llamáis.

Sé dónde trabajáis.

Os va a costar la ruina

como no me soltéis ya. -Cállate.

-¿Por qué hacéis esto? ¿Por dinero?

Vamos a un cajero. Saco 10 000 euros ahora mismo.

En efectivo.

-¿Siempre habla tanto? -Sí. No se calla.

-¿Qué queréis pedir, un rescate?

No os lo van a dar.

En cuanto intentéis hablar con alguien, os van a localizar.

Se ve a la legua que sois unos principiantes.

-Vamos a empezar a hablar tú y yo.

Con calma, ¿eh?

A ver si te vas dando cuenta de cuál es la situación.

Verás, Cristóbal.

Lo único que yo quiero de ti es cierta información.

Quiero saberlo todo sobre Vlado Khan.

Sí, Vlado Khan. No me mires así.

No vayas a decirme ahora que no sabes de quién demonios te hablo.

-Mi familia me está buscando ahora mismo, seguro.

-Ya estamos. -Mi secretaria sabe dónde iba.

A estas alturas la policía debe estar registrando el garito ese.

Seguro que habéis dejado un montón de pistas hasta aquí.

-Sí. Parece que esta va a ser una noche muy larga, Hanna.

Coge su teléfono móvil y las llaves de su coche. Ya sabes qué hacer.

-Perfectamente.

(QUINTERO) -Nos vemos mañana.

-Te lo voy a preguntar una vez, Beatriz.

(BEA) -¿El qué? -Celso Portela.

De Lugo. ¿Le conoces?

Tus timbas, Joaquín. ¿Ha participado?

-Bueno, mira... Para serte sincero, vino una vez.

Una sola noche.

Y nos dio bastantes problemas.

-Si consigo que hoy me diga lo que queremos saber,

hoy mismo volverá con su familia.

-¿Y si no lo logras?

(QUINTERO) -"No tendré más remedio que seguir hasta que me lo diga".

-¿Una desaparición? ¿Por qué no se ocupa la UDEF?

La supuesta víctima es un abogado de mediana edad.

Dejó un mensaje en el móvil de su mujer

para que no se preocupara, y desapareció.

Cada día que pasa en el hotel

noto más la distancia.

¿Quieres que vuelva?

Claro, por supuesto.

Necesito una señal

de que estás dispuesta a sacrificarte por mí.

-Si fuera un secuestro, ya habrían pedido el rescate, ¿no?

-Ojalá no sea algo peor.

-El último mensaje se lo mandó a su mujer en Guadarrama.

A partir de ahí, el móvil, ilocalizable.

Yo creo que le han sacado la tarjeta, Lidia.

-Ni loco.

Si hago eso, soy hombre muerto.

-Y si no lo haces, también.

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Servir y proteger - Capítulo 904

24 feb 2021

Salgado viaja a Tordal para averiguar más cosas sobre el Vigilante. Bruno cuenta a Beatriz que ya ha pagado la deuda de Celso, mientras Eva sigue investigando si hay un traidor en su organización. Hanna tiende una trampa a Larrea y lo lleva hasta el pub.

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