Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 884 - Ver ahora
Transcripción completa

No tengo nada más que añadir. Estas actas justifican los hechos.

Esa mujer y sus dos hijos murieron por accidente de tráfico.

No sé lo que oculta, pero... me parece que hay algo gordo.

¿Información reservada? ¿Cómo dices?

-Aunque me gustaría, no puedo hablar más sobre el tema.

(Disparos)

-¡Policía, suelte el arma! ¡Las manos donde pueda verlas!

¡Ahí, encima de la mesa!

¿Por qué quería que matase a Fernando Quintero?

Ni idea. No sé quién demonios es este tipo.

(LARA) -¡Ay, África!

"Me ha llamado mil veces.

Le dije que la llamaría, pero no tengo tiempo de nada".

(IVÁN) -"Llámala. No será nada".

(Música emocionante)

(Sirena)

(Conversaciones inaudibles)

-Buenos días, López, Gómez.

(SUSPIRA)

Buenos días, Salgado.

Buenos días.

Toma. ¿Esto qué es?

Es el informe de la CGI sobre los fallecidos de Jaca.

No te hagas muchas ilusiones.

Pero toda la información sensible está tachada.

A eso me refería.

¿Los mandos saben que esto podría ser la clave

para detener al hombre que nos está masacrando?

José Ángel González sabe perfectamente

lo importante que sería

conocer la identidad que le dieron a Lucas Infante Ruiz.

Sí lo sabe.

¿Reconoce que lo sacaron del sistema?

Se confirma que le dieron por muerto,

pero no sabemos por qué ni qué pasó con él tras salir del hospital.

(SUSURRA) Ya.

¿No lo sabe o no lo puede decir?

Él no estaba en el cargo cuando sucedieron los hechos.

La decisión de clasificar esa información

fue del anterior DAO.

Espera, ¿tu suegro, Augusto Contreras?

El mismo. Y falleció. Ya no nos puede ayudar.

No, pero de una cosa estoy convencido:

si Augusto tapó ese caso, fue por un buen motivo.

Era una persona muy íntegra.

Ya, ¿y ahora qué? Bueno, espérate.

He dejado lo mejor para el final.

El juez ha autorizado que hablemos con la forense

para que nos diga lo que sabe.

Eso sí que no me lo esperaba.

No ha sido nada fácil.

Le he amenazado con retirarme del caso

si no nos dejaban llevar la investigación como quisiéramos.

Ya. Voy a llamar a Mabel.

Escucha: quiero que las cosas se hagan muy bien.

Va a revelarnos información confidencial,

así que la citas en comisaría.

Es un interrogatorio oficial. Lo haré.

Bremón.

Otra cosa, Salgado: enhorabuena.

Ibais bien encaminados en el perfil que hicisteis del Vigilante.

Gracias.

Hola, Mabel. Soy Tomás.

(Puerta)

(LARA) -Eh.

¿Molesto? -Si está aquí la heroína de la noche.

-La heroína... Qué va.

Yo no tengo ningún mérito. Ese bebé es un luchador.

-Bueno, y suerte que el padre no lo tiró al río.

-Pues es lo que iba a hacer, pero no tuvo valor.

El chaval es un crío. Estaba asustadísimo.

Y se nota que él y Yaiza se quieren de verdad.

-¿Y qué, dónde ha aparecido el bebé?

-Pues en la parte trasera

de la parroquia de San Antonio de la Florida.

-Pues mira, como en los viejos tiempos.

-Ya ves, ya.

-¿Y qué, está bien el bebé?

-Sí, sí. Tenía síntomas de hipotermia

y pasará unos días en el hospital, en Neonatos.

Pero saldrá adelante. Seguro.

Ya está bajo la tutela de la Comunidad.

-¿Y la madre?

-Está en la misma planta, en el mismo hospital,

en Maternidad, sin poder ver a su bebé.

Físicamente se recuperará, pero... arrastrará esto toda su vida.

Porque vamos...

-Yo me sé de una que tampoco lo olvidará fácilmente.

-Ya, bueno. Ya...

Que... Nada, solo quería... darte las gracias.

Me has ayudado mucho con esto.

-Pero bueno, Lara. Para eso estamos.

-Vale, pues gracias. (RÍE)

-Por cierto... -¿Qué?

-¿Qué sabes de África? ¿Habéis hablado?

-No. Estoy aquí, a ver si me responde.

No sé nada de ella.

La llamé mil veces, no responde a los mensajes,

he probado a llamar a Xisco... -¿Y qué?

¿Él te contesta? -No. No sé nada.

Estoy muy preocupada. Estoy mosqueada, en verdad. No sé.

Tengo un mal presentimiento.

-Bueno, pero no te pongas en lo peor.

Que sé que sospechas que la maltrata. -No sospecho. Lo he comprobado.

-¿Cómo? -Sí.

El tipo tiene una denuncia de malos tratos

antes de estar con África.

-¿Y esto lo sabe África? -Sí.

Lo sabe, pero ella dice que está en tratamiento, que está mejor...

Pero el otro día me admitió que la pegó una vez.

-No... -Sí.

-Menuda mierda. Normal que te rayes.

-Ya. -¿Quieres localizar su móvil?

-No, tranquilo. Voy a ir al hotel.

He llamado, siguen allí.

Voy a ir a las bravas, y que pase lo que deba pasar.

-¿Que vas a ir sola? No. Te acompaño yo.

-¿Sí? -Claro.

-Vale, guay.

-Claro. Dame un segundo, que mando esto a Carlos y a Paula.

Vale.

(Teclado)

Ahí está.

En 20 minutos estoy de vuelta.

Venga. -Gracias, ¿eh?

-Nada. Vámonos.

-Aquí estaremos más discretos.

El despacho que ocupo actualmente me lo cedió la inspectora jefe.

Se lo cedí encantada.

Está bien eso de no tener apego a los despachos.

Yo, con tal de que no me trasladen de Distrito Sur...

No admitiría estar en otro destino.

Bueno, ya sabes que los de arriba dieron el visto bueno

para que nos cuentes lo que sepas.

-Sí, ha sido un alivio para mí, la verdad.

-Pues cuéntanos qué hay tras la muerte de la familia Infante Ruiz.

Para empezar, yo no hice la autopsia...

a tres cadáveres. Solo a dos.

Al de la madre, Maite Ruiz,

y al de la hija, Carla Infante.

-Pero en la defunción decía

que murieron por accidente de tráfico.

-Esa no es la realidad. Murieron por un disparo en el pecho.

-Eso encaja con lo que nos contó la enfermera de Jaca.

Tuvieron a un chico ingresado sin nombre

con un disparo en la espalda.

Que necesariamente tendría que ser Lucas.

¿Por qué firmaste su acta de defunción?

-Tomás, fueron órdenes de arriba.

Me dijeron que debía certificar

tres muertes por accidente de tráfico:

la de la madre y la de sus dos hijos.

Pero yo nunca llegué a ver al chico.

¿Y aceptaste firmar un acta falsa?

Las órdenes se acatan. Sobre todo si vienen del DAO.

Pero ¿esto es habitual?

No. Qué va a ser habitual. No.

Es la primera vez que me ha sucedido en mi carrera.

-Pero te darían algún motivo para tener que aceptarlo.

-Claro, y uno muy importante: la seguridad del chico.

Me dijeron que si trascendía esa información,

posiblemente, vamos, seguro, irían a por él.

Temían que los asesinos de su familia volvieran a rematarlo.

Por eso firmé las actas y por eso no podía contaros nada

hasta tener permiso de arriba.

Espero que lo entendieras.

-Todo este asunto cada vez me parece más turbio.

-Yo ya os he contado todo lo que sé. No sé más.

Mabel, ¿podrías darnos algún detalle más

sobre las autopsias, tanto la de la madre como la de la hija?

Bueno, la muerte fue instantánea,

provocada por un único disparo en el pecho.

Calibre 45, marca Geco, creo recordar.

Esta munición es muy contundente y muy poco común en España.

En EE. UU. y en los países del Este

su uso es el equivalente a la 9 milímetros Parabellum.

-Yo apuesto por que haya sido alguna mafia del Este.

La ejecución fue en toda regla.

¿Y cómo es posible que el chico se librara

en una situación tan complicada como esa?

Pues no lo sé. Solo sé lo que me cuentan los cadáveres.

Y desde luego, la madre y la hija no tuvieron ninguna oportunidad.

Tenían laceraciones en las muñecas por ataduras.

Murieron maniatadas y con un disparo en el pecho.

Como las víctimas del Vigilante.

Está reproduciendo los asesinatos de su familia.

(Música tensa)

(Puerta)

(LARA) África. África, ¿estás ahí?

(Puerta)

África, soy yo, soy Lara. Contéstame, por favor.

(SOLLOZA)

¡Lárgate! ¡Tu amiga ya no está aquí!

(IVÁN) -Xisco, solo queremos comprobarlo,

así que abre la puerta.

(GRITANDO) -¿Qué haces tú aquí? ¡Dejadnos en paz los dos!

(LARA) -Están dentro. Voy a llamarla.

(Móvil)

(SUSPIRA)

(LARA) ¡África, vamos a entrar! ¿Me oyes?

¡Sal de ahí!

(IVÁN) -Voy yo.

Xisco.

Si sales,

el juez lo tendrá en cuenta. Si no, tiraré la puerta.

-¡Te juro que vas a salir por las buenas o por las malas!

-Baja el arma. Baja el arma, por favor.

¡Enséñame las manos!

Sal.

Sal fuera.

(LLORANDO) -Yo no quería hacerle daño.

Vamos, dispara.

-Cállate. -¡Dispara!

-¡Cállate!

(LLORANDO) -He querido hacerlo yo, pero no he podido.

-Eso tendrías que haber hecho.

Tú tendrías que estar aquí, no ella.

-Lara. ¡Lara!

Baja el arma, por favor. Vamos a hacerlo bien.

(Esposas)

Quedas detenido por homicidio.

Tienes derecho a permanecer en silencio.

Y tienes derecho a un abogado.

Lara. Vamos a comisaría a dar el aviso.

-No voy a dejarla sola otra vez.

-Vale, yo me encargo.

¡Vamos, tira!

(SOLLOZA)

(Conversación inaudible)

Muchas gracias por tu colaboración.

Ahora por fin podremos ponerle cara al asesino.

Espero que lo encontréis pronto, antes de que mate a otro compañero.

-Te acompaño a la salida. -No, deja.

Tendréis mucho de qué hablar.

-Como quieras.

-¿Quedamos luego para tomar algo? -Por supuesto. Claro.

-Vale. -Te llamo.

-Bonita flor.

Claudia...

(Pasos alejándose)

-Ha sido clarificador, ¿no crees?

Pues sí. Venga, a trabajar. Un segundo, Claudia.

Creo que te debo una disculpa.

Ayer... mi comportamiento no fue nada profesional.

Me comporté como un niño pequeño rechazado.

Y no puedo permitir que mis sentimientos

afecten lo más mínimo a mi trabajo.

Si tú no crees que entre nosotros haya nada,

aparte de lo que ya sabes...

Si tú lo tienes claro, yo también.

Y no quiero hacerte daño, ni a tu marido.

Muy bien. Gracias.

Miralles.

(Puerta abierta y cerrada)

Salgado.

(Pasos acercándose)

(QUINTERO SUSPIRA)

-¿Cómo estás?

-Pues no lo sé, la verdad.

En el fondo, creo que tuve mucha suerte.

Cuando intuí que ese tiparraco iba a apretar el gatillo,

me tiré aquí abajo para coger mi pistola e intentar defenderme.

-Ha tenido que ser él, ¿no? -Sí.

Estoy seguro. Eva no se metería en estos berenjenales.

-Bueno, lo sabíamos, ¿no?

Que iba a ser cuestión de supervivencia.

O nosotros o él. -Sí.

Por eso necesitamos por encima de todo

encontrar a ese contable que controla su dinero

para intentar robárselo. El dinero lo hace poderoso.

-¿Cómo lo encontramos?

-No lo sé.

Supongo que Eva Velasco sigue siendo nuestra única opción.

-Fernando, Eva está quemada, ¿vale? No nos dirá nada,

y menos quién le gestiona la economía a Vlado.

Si es que lo sabe. -Lo sabe.

Sé que lo sabe. Lo vi en sus ojos.

-Vale, pues ¿cómo lo hacemos?

Es lista. A mí no me creerá.

No caerá más en mis trampas. -No. Tú no tienes que hacer nada.

Tú ya has hecho todo lo que debías hacer.

¿De acuerdo?

Demasiada suerte hemos tenido con que Eva hasta ahora

no le haya dicho a Vlado que estás conmigo en esto.

-Vale, pues ¿qué? ¿Qué hacemos?

-Creo que la única forma que hay

de conseguir lo que necesitamos de Eva

es a través de su hermana.

De Beatriz. -No. No, Fernando.

No la metas en esto, por favor.

Piensa en tu hijo. -A ver.

No te digo que la utilicemos a ella directamente,

o que la manipulemos a ella, sino a su chico,

a su novio.

-¿A Bruno? Pero si es un niñato. -Lo sé.

Desde el primer momento en que lo vi supe que era un jeta y un trepa

que solo se mueve en la vida por interés.

Eva acaba de contratarlo en la mensajería,

y es el eslabón más débil.

Quizá podamos llegar a utilizarlo

como si fuese un infiltrado o el topo que necesitamos tener.

-¿Cómo?

-No lo sé. Es algo a lo que le estoy dando vueltas.

Supongo que debo empezar a ganarme su confianza

poco a poco.

-No sé, Fernando.

No creo que tengamos tiempo para eso.

(QUINTERO SUSPIRA)

-Así que se confirma que el asesinato era un encargo.

-Sí. Kenny necesitaba dinero para huir.

Sabemos quién lo encargó, no la razón.

Ya... ¿Dónde está Díaz?

-Sí, ya está en calabozos. Cuando llegues, dame un toque.

Perdón. Está el inspector jefe.

Perdón. Estaba con un tema de la UFAM.

Bueno, ¿qué necesitabais?

(SALGADO) -Pavel, el polaco.

¿Qué sabemos de él?

-Le estábamos haciendo un resumen a Salgado de lo que nos has enviado.

-Es culpable de homicidio,

de extorsión, de robo con violencia, de tráfico de drogas,

de tráfico de armas, prostitución...

¿Sigo?

-¿Alguna vinculación con Quintero por su pasado como narcotraficante?

-No. No hay ningún vínculo, que yo haya visto.

Según Kenny, el polaco es solo un intermediario

entre los peces gordos y los delincuentes de poca monta.

Necesitamos saber quién y por qué ordenó matar a Fernando Quintero.

El polaco salió cuando era muy joven de su país.

Ya tenía antecedentes violentos.

Luego se fue a Europa del Este a trabajar:

a Rumanía, Estonia, Bielorrusia, y de allí salto al Reino Unido.

-Según Kenny, trapicheaba para él en Glasgow.

Armas y drogas al por menor. -Eso encaja.

-¿Y sabemos dónde está ahora?

-En paradero desconocido.

Aunque... he dejado el programa

rastreando las llamadas del móvil de Williams,

y el número era oculto, pero le llamó desde Rumanía.

-¿Rumanía? ¿Estás seguro?

-Vamos, Rumanía. El último contacto con Williams.

Además, tiene sentido. Ya estuvo hace años en ese país,

y pudo mantener un vínculo con él.

Eso me temo.

Díaz, por favor, búscame si el polaco

ha tenido alguna relación con Vlado Khan.

-Venga.

-¿Y cree que Khan ordenó el asesinato de Quintero?

No, pero a ver, yo ahí no veo el vínculo.

Porque el hecho de que Khan sea de Rumanía

y que Pavel esté en ese país puede ser una casualidad.

La última vez que vimos a Khan

fue en Francia, ¿no? Sí, bueno.

Pero si se ha sentido amenazado,

puede que haya vuelto a su país. Allí se sentirá protegido.

-Ya, pero eso no es una suposición, es una certeza.

Fuentes fiables nos han confirmado

que Vlado Khan está en su país desde hace unas semanas.

-¿Y por qué no está detenido?

-Porque es muy escurridizo y tiene mucha gente a sueldo.

(IVÁN) -A ver. Efectivamente, llevaba usted razón, inspector.

Pavel trabajó para Khan hace 20 años, en sus inicios.

Se le relaciona con una paliza a una de las chicas de Khan.

Pues... no sé, por un ajuste de cuentas o algo.

-Lo sabía. Khan dio la orden de matar a Quintero.

Pero ¿por qué?

Eso debemos averiguar ahora. Voy a informar a Miralles.

Creo que le interesará mucho. Díaz.

-Hasta luego, inspector.

(Pasos alejándose)

¿Alguien me explica qué tiene que ver

el que organizó un asalto para escapar del calabozo

con Fernando Quintero? No lo sé, Carlos.

-Bueno, a ver...

Es que Fernando Quintero era el padre biológico de Alicia Ocaña,

la compañera que murió en el asalto.

¿A ti qué te pasa?

Es verdad. Estás muy raro, Iván.

(SUSPIRA)

No sabéis lo que le pasó a África, ¿no?

-No. ¿Qué ha pasado?

(Música sentimental)

(Puerta abierta)

(MERINERO) -Siéntate aquí.

(Silla arrastrada)

(EMOCIONADO) -Lo siento.

No sé qué me pasó.

No podía parar. Era como un zumbido en la cabeza.

No oía nada más.

-¿No la oías gritar?

Antes, en la habitación,

decías que solo querías que dejara de gritar.

Que por eso la asfixiaste con la almohada. ¿En qué quedamos?

-La quería más que a nada en el mundo.

África era la mujer de mi vida.

Fue un accidente de verdad. Te lo juro.

-Cuéntame, ¿cómo pasó?

-Ella no quería salir del baño.

(SUSPIRA)

Habíamos discutido,

y que no saliera cuando se lo pedí me cabreó aún más.

-Pero al final salió.

-Sí, conseguí que entrara en razón.

Pero solo quería irse, y yo quería hablar con ella y ella no.

Y empezó a gritar como una loca.

(EMOCIONADA) -¿Qué pasó entonces?

-Intenté hacerla callar.

(SUSPIRA)

Nos iban a echar con el escándalo que estaba armando,

y le tapé la boca con la mano, y me arañó.

-Era lo máximo que podías soportar, ¿no?

-Me volví loco.

Yo... no podía pensar.

No pensaba.

Apreté la almohada...

y acabó todo.

-Y dices que fue un accidente, ¿no?

Fue una agresión deliberada.

Tú sabías perfectamente lo que estabas haciendo.

Fuiste allí con toda la intención de asesinarla, ¿verdad?

Y África lo sabía.

Por eso gritaba. Por eso me llamó mil veces.

-¿Y tú por qué no apareciste?

De haber ido, esto no habría pasado y África seguiría viva.

-No se te ocurra culparme.

-¿No lo entiendes?

Tú tienes la culpa.

Estábamos bien. Estábamos muy bien

hasta que tú apareciste.

Estábamos enamorados.

-Eso no es amor.

-Yo la cuidaba.

Y me preocupaba por ella.

Tú le metiste toda esa porquería feminista dentro.

-No era la primera vez que la pegabas,

y pegaste antes a otra mujer.

-Y tú tuviste que contárselo.

Te quedaste a gusto, ¿no?

Ese fue el motivo de la discusión.

Entrometida.

-A ver...

África me dijo que tú se lo habías contado.

-Lo tenía todo controlado.

Había estado yendo a terapia. Tenía la rabia bajo control.

Pero tú la desencadenaste.

-Mira, tú eres un asesino.

Has matado a mi amiga, una mujer maravillosa.

Te juro por lo que más quiero que haré todo lo posible

para que te condenen con todos los agravantes.

-¿Y tú? ¿Cuál va a ser tu condena?

Porque África seguiría viva si no fuera por ti.

(Bolígrafo en la mesa)

-Merinero, llévatelo.

-Vamos.

(Esposas)

(Teléfono lejano)

-¿Qué va a pasar conmigo?

¿Van a encerrarme? De momento viene como testigo.

Tranquilícese.

Le tomaremos declaración, le haremos unas preguntas.

Pero por su propio bien, más le vale ser sincera esta vez.

Documentación, por favor.

-¿Y Kenny? ¿Dónde está ahora?

Kenny está abajo, en el calabozo.

(Teclado)

Quería verla.

No tengo nada bueno que decirle.

-Cuando quieras.

¿Cuándo supo que su hermano estaba en Madrid?

Acababa de llegar, y vino a buscarme al centro cívico.

No me dijo que iba a venir. Hablamos poco.

Yo tenía que dar una clase.

¿Cuándo supo que su hermano Kenny estaba en Madrid?

Hace cuatro días, creo.

Necesito que sea más específica.

Sabía que estaba aquí cuando vinieron a preguntarme por él.

¿Y por qué nos mintió, Jessica?

Es mi hermano pequeño.

-Todos tenemos familia. Eso no es excusa.

Quizá la chica a la que mató en Mánchester también tenía hermanos.

¿Eso no lo ha pensado?

-Yo no sabía lo que Kenny había hecho.

Me dijo que quería cambiar de aires,

irse a la Costa del Sol.

Estaba sin dinero, como siempre, y le presté un poco.

Nunca me lo devuelve, pero...

Pero ¿qué, Jessica?

Cuando le dijimos los cargos que teníamos contra él

usted decidió seguir encubriéndole.

Es que... no podía creerlo.

Kenny... siempre fue un poco difícil.

Tenía conflictos con la autoridad.

Yo lo crie desde muy pequeño.

Lo intenté.

Pero parece que no lo hice muy bien.

Acabó metido en esa banda.

Sabía que le perseguía la justicia.

Peleas, algo de drogas, algún robo...

Pero... ¿matar a alguien?

"I can't believe it".

Lo de esa chica fue un accidente.

¿Qué le hace pensar eso?

Me lo contó él.

Cuando le pregunté después de hablar con ustedes.

Al principio me dijo que él no había sido,

que le estaban... ¿cómo se dice?

Colocando el muerto. Y usted le creyó.

Lleva mintiéndome toda la vida.

Pero... -Pero cuesta creer

que la persona con la que te criaste es un asesino.

-Cuando usted me llamó hace dos días, estaba con él.

Oí lo del supermercado y... supe que había sido Kenny.

Por fin me confesó lo de la chica.

Me cuesta creer que para entonces

no decidiese decirnos algo, porque siguió encubriéndole.

(Música sentimental)

No es mal chico. De verdad, quería cambiar.

-Abra los ojos, por favor.

Ayer detuvimos a su hermano

a punto de asesinar a un hombre por encargo.

¿No se da cuenta? Su hermano es un asesino a sueldo.

-Quiero verlo.

Está a punto de salir para juzgados.

Voy a comprobarlo.

No es culpa suya.

Su hermano ha tomado sus propias decisiones.

-Ya. Y yo tampoco tomé las correctas.

¿Qué va a pasar conmigo?

-Pues después de lo que nos ha contado,

le pueden caer de seis meses a tres años de cárcel.

(SOLLOZA)

-¿Puede pagarse un abogado?

-No sé. No creo. Vivo al día.

-Bueno, en ese caso se le asignará uno de oficio. No se preocupe.

-Voy a ir a la cárcel.

-Bueno, no tiene antecedentes.

Probablemente no entre en la cárcel.

Pero le retirarán el pasaporte hasta que se celebre el juicio.

(CARRASPEA)

¿Preparada?

-Jessica.

Tienes que ayudarme. Necesito un buen abogado.

-Ya. Yo también, gracias a ti.

(EMOCIONADA) No quiero saber nada más de ti.

-Lo siento.

-Yo también.

-Venga, vamos. Andando. Vamos.

(PAULA) -Tranquila.

Tranquila. Luego seguimos con esto.

Vamos a tomar una infusión.

Sígame.

Uf. Creo que he cenado demasiado, ¿eh?

Yo también. Estaba todo buenísimo.

Pues no sabes lo que me alegro.

Porque mira, ese restaurante tenía buenas reseñas en internet,

pero yo no me fío un pelo.

Eso fue lo que me extrañó:

que miraras en esas web de comidillas. Qué raro.

Bueno, eso es para darte gusto.

Te tengo que confesar que fue idea de Olga.

Me dijo que era un restaurante que merecía la pena.

Y es verdad. No nos hemos equivocado.

Me encantó que vinieses a buscarme por sorpresa.

Te lo debía.

Un cambio de rutina.

Bueno, bien. ¿A que sienta bien?

Te lo diré cuando consiga digerir los tres platos y el postre.

Que ya me vale. Eso te lo digo yo ahora:

me ha sentado perfectamente.

Una cena con mi mujer, sin teléfono, sin interrupciones. Perfecto.

Bueno. ¿Y por qué no rematamos viendo una buena peli?

¿No estabas cansada?

Sí, bueno, pero... no sé. Así alargamos un poco la noche

y mientras tanto hacemos la digestión.

¿Un poquito de sofá y manta? Vete eligiendo, sí.

Voy al baño. Vale.

Nada de policiacas, que te conozco. (RIENDO) No, nada.

(Puerta abierta)

(HOMBRE) -"Perdóneme. Soy el de la luz.

¿Les hemos despertado?

(MUJER) -No. Mi tía toma pastillas. No la despertaría ni un bombardeo.

(HOMBRE) -Bueno, vuelva a la cama.

(MUJER) -Es que... no puedo dormir.

(HOMBRE) -Bueno, pues haga como su tía. Tómese algo".

(Música melancólica)

(IVÁN) -Eh.

Estás aquí. Te estaba buscando.

¿Qué tal el interrogatorio?

-Mal.

-¿Ha pasado algo fuera de lo profesional?

-No, no.

Yo no he perdido los estribos. No es eso.

Y mira que él se esforzó.

Dice que es culpa mía.

-No tendrías que haberle interrogado tú.

-No me des la chapa ahora con eso.

Por favor. -No, no.

Vengo en plan amigo.

¿Cómo estás?

(EMOCIONADA) -Fatal.

No consigo quitarme su imagen de la cabeza,

ahí, tirada en el suelo.

Tenías mucha razón.

Cuando me dijiste que...

que debía dedicarle más tiempo a mi vida personal, a mi gente.

¿Y qué...?

¿Y qué podías hacer, Lara?

-No anteponer mi trabajo a las llamadas de África.

Eso podría hacer.

Pude haberla salvado.

Pude haberla salvado, y como estaba con el trabajo, pues no, no lo hice.

-Nada de esto es culpa tuya, ¿eh? -Sí. Sí que es culpa mía.

Sí, yo le fallé.

Yo soy su amiga, soy policía,

y le fallé como amiga, como policía...

Soy la responsable de la UFAM y pasó delante de mis narices, Iván.

-Intentaste advertirla. -Ya.

Pero no lo conseguí.

Era mi amiga desde pequeñas. Éramos uña y carne y no lo conseguí.

-Pues yo creo que sí.

Le abriste los ojos. Lo que pasa es que este miserable...

no le dio tiempo a dejarlo. -Ya.

Pues este miserable tenía razón. ¿Tú sabes lo que me dijo Xisco?

Me dijo: "Esto lo has desencadenado tú".

Y tenía razón.

Sí. Yo le dije: "Estoy aquí para lo que necesites".

Y cuando me necesitaba, sola. La dejé sola, Iván.

-Estabas trabajando, Lara.

Estabas buscando un bebé.

Era cuestión de vida o muerte.

Pudo llamar a Emergencias. -Sí, pudo, pero me llamó a mí.

Llamó a su amiga.

¿Sabes lo último que le dije?

-No. -Dije: "Llámame cuando quieras.

Estoy aquí para lo que necesites.

Da igual la hora, el día. Voy a estar ahí".

Y cuando lo hizo, ¿qué? -Ya, Lara, pero...

la vida es así de jodida.

A veces decides algo en un segundo y te cambia la vida para siempre.

Pero esto es una coincidencia. Tú no podías saberlo.

-Pude haberla salvado, Iván.

Tú lo sabes. Y no lo hice. No la salvé.

Es así. No la salvé, tío. No la salvé.

-No digas eso, porque no es verdad, ¿me oyes?

Ahora mismo estás en "shock".

Pero mañana lo verás con otros ojos. -¿Mañana? Mañana una mierda.

Mañana la misma mierda de siempre.

Porque África está muerta. Mañana, pasado y siempre ya.

(SUSPIRA)

-El único responsable es él.

Y va a pagar por lo que ha hecho.

Sé que esto no te devuelve a tu amiga, pero... es así.

-¿Cómo le cuento esto a su madre?

Tendría que haberla llamado hace horas para contárselo, pero...

no soy capaz.

-Si quieres, lo hago yo.

-No. Su madre...

Su madre me vio crecer. Es como una segunda madre para mí.

No... me trataba como a una hija.

No, esto se lo tengo que contar yo.

-Bueno, pues siendo así...

seguro que ella lo agradece.

-No. No la voy a volver a ver.

(Música sentimental)

(SUSPIRA)

¿Vienes conmigo?

¿Vamos a la cama?

¿No te habías ido a cenar con Mabel?

No.

Quiero estar contigo.

(SUSPIRA)

¿Tú quieres estar conmigo?

-Vamos, ¿vienes?

(SUSPIRA)

(RESPIRA NERVIOSA)

¿Qué te pasa?

Es una pesadilla.

(SOLLOZA)

¿Qué pasa?

Soy yo.

Uh. Venga. (LLORA)

Bueno, venga.

Una pesadilla, cariño. Vamos, venga.

¿Qué pasa?

¿Qué te pasa?

¿Qué te pasa? Uy...

-En comisaría se tomaron a la tremenda

mi nombramiento. Ya te puedes imaginar.

Miralles es muy querida entre los suyos.

Y viéndome ocupar su despacho, levanté ampollas.

-Menos mal que hacer amigos nunca fue tu prioridad.

(RÍE)

-Bueno, tampoco es eso.

Al final, poco a poco se han acostumbrado a mí.

-Claro. Y habrá sido gracias a tu encanto natural, ¿no?

Ese que te caracteriza. (RÍE)

Bueno, háblame ahora de ella.

Venga. -¿Ella?

-Miralles.

-Ah. No sé, ¿qué quieres que te cuente?

-Tomás, algo. Llevas un rato hablándome de tu nuevo destino

y apenas has nombrado a tu compañera.

-Bueno, pues es de la primera promoción

de mujeres policías,

se las ha visto de todos los colores

y tiene una hoja de servicio impresionante.

-Me ha parecido muy válida.

Y es muy inteligente, y con mucha intuición.

No se le escapa nada.

-Entonces hacéis un equipo estupendo.

Lo que sí me ha parecido es un pelín seca.

¿No?

-¿Tú crees? -Sí.

-No, es que es muy profesional.

Y además, este asunto nos toca muy de cerca.

Es complicado. -Ya.

-Hay que mantener cierta distancia.

-Ya, eso hago yo cada día cuando me pongo la bata.

-Exacto. No sé cómo lo puedes soportar.

-Ay, no empecemos, que alguien tiene que hacerlo.

-No, por favor.

Sí tú eres una de las mejores forenses

que he conocido.

Y... no sé, te admiro muchísimo por eso.

Sí.

-Bueno, pues como tú en lo tuyo.

Si alguien va a encontrar a ese asesino, ese eres tú.

Lo sabes, ¿no?

¡Oye!

¿Qué pasa, lo dudas?

-No. Y sobre todo después de lo que nos acabas de contar,

se nos ha abierto un camino.

Pero estos meses han sido muy duros.

He tenido muchos momentos de bajón.

-¿Todos provocados por el caso?

-Mi vida es el caso.

-Pues a lo mejor ahí está el problema.

Quizá tendrías que buscar un aliciente en la vida

que no fuera solo trabajar y trabajar.

-Puede ser.

Sin embargo, tú...

estás estupenda.

Te ha sentado muy bien el cambio de destino.

-Sí. La verdad es que sí. (RÍE) Sí.

-¿Estás sola?

-¿Esa pregunta lleva munición?

-Solo me preocupo por ti. ¿Está mal?

-No. No, claro que no.

-Pues la respuesta es que no estoy con nadie.

Me valgo yo solita para estar así de estupenda.

-Me consta.

-¿Y tú?

Quiero decir, que si eso de "mi vida es el caso" es verdad

o tienes a alguien por ahí.

-Estoy más solo que la una.

-Pues no tiene por qué ser así esta noche.

-¿Me estás haciendo una proposición deshonesta?

-No.

Te estoy haciendo una proposición... muy honesta.

¿Qué me dices?

-Pero ¿qué te pasa, Claudia?

Cuéntame qué te pasa, por favor.

Venga.

Estaré siempre aquí para ti, ya lo sabes.

(SUSPIRA)

(EMOCIONADA) Tú no mereces esto.

¿A qué te refieres?

Tú no mereces que yo no sea sincera contigo.

¿Qué pasa, Claudia? ¿Qué pasa?

(Música sentimental)

Me siento atraída por Salgado.

(SUSPIRA)

Lo siento.

Lo he intentado reprimir,

pero tengo que ser sincera contigo y conmigo misma.

Vaya...

(SUSPIRA)

¿Ha pasado algo que yo deba saber? No.

Bueno, nos...

Nos besamos.

No... Me besó él. Yo...

salí corriendo. No...

Lo siento, Antonio. Lo siento.

Lo siento.

Di algo, por favor.

Pon el grito en el cielo. No sé, grita, lo que sea.

Pero no te quedes callado.

Vaya, Claudia...

(CHASQUEA LA LENGUA)

No es momento de hablarlo.

No sea que diga algo de lo que deba arrepentirme.

Me voy a la cama.

Por cierto, duermo en la habitación de Olga.

¡No! ¡No hagas eso!

¡No hagas eso, Antonio, por favor!

¡No hagas eso, por favor! Yo te quiero.

Quiero que las cosas vuelvan a ser como antes.

Pero esta historia de Salgado me está volviendo loca.

Te estoy haciendo daño a ti. Lo sé.

Sé que te estoy haciendo daño,

y me hago daño a mí misma, y no lo soporto.

¿No crees que tenías que haberlo pensado antes?

¿Antes? Si de verdad que...

Que no ha pasado nada. Yo quiero...

Yo quiero que todo vuelva a ser igual.

Pero no sé cómo hacerlo.

No sé. No puedo.

¿Qué sugieres?

No lo sé.

Estoy perdida.

Necesito aclararme.

(ASIENTE)

Aclarar ¿qué? ¿Si quieres a Salgado o a mí?

No, no.

Eso lo sé.

Pero necesito tomar distancia.

No sé.

Alejarme.

Podría ir a Verona, a ver a Olga.

Allí estaría bien, con ella.

¿Así vas a solucionarlo todo, huyendo?

No estoy huyendo, Antonio, por favor. No estoy huyendo.

Ayúdame. Siento mucho que estemos así.

Te lo prometo, es lo último que yo hubiera querido,

pero yo quiero que volvamos a estar...

como estábamos.

Yo quiero arreglarlo, y lo haré, pero necesito tiempo.

Necesito distancia.

¡Necesito tiempo!

¡Necesito que me ayudes, por favor!

Vale, vale.

Mañana sale un avión a primera hora.

Te llevaré al aeropuerto. Ahora me voy a dormir.

Necesito pensar.

(SUSPIRA) (LLORA)

(Puerta abierta)

Hola, Claudia. ¿Qué tal?

"Perdona que te llame tan pronto. ¿Puedes hablar?".

Si necesitas desahogarte con alguien, aquí estoy.

-Esta mañana me ha comentado que se siente atraída por otro,

y puedes imaginarte quién es.

¿Alguna novedad sobre el Vigilante?

He consultado el Registro Civil,

y el padre de Lucas Infante

se llamaba Ramiro Infante Mendizábal. ¿Se llamaba? ¿Está muerto?

Otra vía muerta. No del todo. Hay más.

Ramiro Infante era compañero.

-He encontrado un sitio para pillar pasta,

rápido y sin problema.

-Vale, ¿cómo?

-Póquer. Organizan buenas timbas aquí, en el hotel.

-Oye, he estado pensando que podemos hacer comprobaciones

de los últimos movimientos de Kenneth.

Creo que nos ha ocultado información. ¿Sí?

Tú y yo tenemos pendiente una charla informal con Quintero,

a ver si nos aclara algo sobre su intento de asesinato.

¿De verdad crees eso?

Anteayer sufrió un intento de asesinato, no un robo.

El propio Williams lo reconoció.

-Por favor, ni se te ocurra tocarme un pelo.

Por favor te lo pido. -¿Qué está pasando aquí?

¡Oye, que le sueltes! ¡Que le sueltes te digo, hombre!

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Servir y proteger - Capítulo 884

27 ene 2021

Bremón consigue permiso de Jefatura para que Mabel cuente lo que sabe del caso de Lucas Infante. Ella confirma que el chico no murió y la obligaron a certificar su muerte. Miralles sufre porque su atracción por Salgado es cada vez mayor y toma una decisión inesperada. Lara resuelve el caso del bebé, pero recibe un duro golpe. La policía averigua que Vlado Khan está detrás del intento de asesinato de Quintero.

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