Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 878 - ver ahora
Transcripción completa

Estaba pensando que a lo mejor en el hotel habría algo para mí.

-El Chacho ha intentado comprar un hierro.

Parece que dice que le vale lo que sea con lo que pueda disparar.

-Sé que no suena bien.

Solo pido que le dé una oportunidad. Una entrevista y nada más. Por mí.

-¿Buscas a su contable? -Bingo.

Quiero encontrar a quien controla su dinero.

Porque si llegamos a él, podemos robárselo.

Eva no me dirá nada.

Si lo hiciera, sería como si cavase su propia tumba si Khan se enterase.

-¿Por qué debe enterarse?

(BEA) -¡Que no me toques! -¡Eh!

-¡Déjame! -¿Qué haces?

-¡Te mato! -¡Bruno!

-¡Que te pires! -¡Tú qué!

-¿Te parto la boca? -Vale.

-Va, mierda. Venga. -¡Vale, Bruno!

(Golpe)

Igual le denuncio yo también.

Sí. Por acoso y porque dijo algo de unas carreras ilegales.

-¿A qué hora es la carrera?

-En media hora.

(Música emocionante)

(Música instrumental)

-Hola, Paty. ¿Qué tal?

-Hola, Dani. Bueno, ahí vamos.

¿Tú qué tal? -Muy bien, la verdad.

-¿Está María? Ayer me escribió para decirme que ya había vuelto.

-Sí, ya volvió, pero no vino aún.

Ayer llegó y se puso a preparar el guiso de hoy.

Me imagino que debe estar cansada.

-Ya te digo. -Sí.

-Pues nada. Ponme un café con leche, porfa.

A ver si espabilo y se me arregla el día.

-¿Por qué? ¿Qué tienes?

-Lo de siempre: el trabajo.

No doy abasto y no doy pie con bola.

Y lo peor es que veo que esto está muy negro, ¿eh?

-¿Y eso? ¿Por qué lo dices?

-Me acaba de llamar la ONG: no mandan ningún sustituto para Miguel.

Así que me toca seguir siendo la directora del centro cívico.

-Pues creo que tendrás que presionar un poco más a la ONG

para que te manden ayuda, aunque no sea un gerente.

-Es que no hay presupuesto para pagar a nadie más.

No, esto es lo que hay y punto.

Pero yo qué sé, una cosa es darme la paliza

sabiendo que es algo temporal,

y otra cosa es saber que esto será así todos los días de mi vida.

Me vuelvo loca. -Sí, te entiendo.

Yo no sé qué habría hecho si María llega a dejarme aquí indefinidamente.

Ahorita estaría en el hospital.

-Pues pronto acabaré yo ahí.

-¡No!

Cariño, ¿tú has visto mi teléfono? Si lo tenía en la mano hace un rato.

Está ahí, sobre la mesa.

Ay, por Dios. Si es un perro, me muerde.

Bueno, me voy a ir a comisaría.

Muy bien.

Que tengas buen día.

¿Esto qué es? Bueno... un detalle.

Pero ¿cómo un detalle? A ver.

¿Un detalle? ¡Qué pendientes más bonitos!

¿Te gustan? ¿Cómo no? ¡Son preciosos!

Son de jade blanco.

De jade blanco. ¿De dónde los has sacado?

Qué maravilla. Bueno...

Me gustaría decir que pasé por una joyería

y que no pude evitar comprártelo,

pero vivo con una policía lista y no va a colar.

Bueno, tú eres muy detallista, pero no eres de ir a joyerías.

¿De dónde los has sacado? Un paciente, en la consulta.

Era un representante de una firma de joyería italiana,

y caí en la trampa. No lo pude evitar.

Pues menos mal que no era un butanero.

Iba a quedar raro, ¿no? Envolver una bombona de butano.

Sí, sí.

Me encantan. Es que son preciosos, ¿eh?

De nada, pero no lo hice por ti.

Lo he hecho por mí, para que cuando lo vieras

te recordara a mí. Si me acuerdo de ti a todas horas.

Además, estoy muy agradecida. Tú siempre tiras de la relación

aunque yo no tenga fuerzas ni para mí.

Ahora vamos a llorar por unos pendientes de nada.

¿Unos pendientes de nada?

Son preciosos, de jade blanco. Además, tienen como brillantitos.

Sí. Te ha costado un dineral.

¿Y qué más da eso?

¿Cómo que qué más da?

Pues no, me encantan, y me los voy a probar de inmediato.

¿Sí? ¿Ya los quieres estrenar? Pues sí.

Estoy deseando ponérmelos.

Y entonces, ¿ese paciente tuyo va con el maletín de las joyas

por si cuela?

Sí. Tiene un maletín lleno de collares, de pulseras... De todo.

Pero elegí los más elegantes y los más discretos. No sé.

Pues has acertado de pleno. Me encantan.

Me gustan muchísimo. ¿Qué tal? A ver.

¿Estoy guapa? Muy guapa.

¡Ay! ¡Cariño! Qué guapa estás.

-Paty, te estábamos buscando.

-¿Qué pasa?

-Llevamos desde ayer buscando a Chacho.

¿No sabrás algo de él?

-No. La última vez que lo vi fue contigo, en el centro cívico.

-¿Sabes si ha ido a la ONG a preguntar por grupos de apoyo?

-Pues no lo creo.

Siempre me avisan cuando yo les mando a alguien.

-Pues nos tocará patearnos las calles de arriba a abajo.

-Y avisar a las demás patrullas.

(LIDIA) -Vale, vamos.

-Chicos, ¿por qué lo buscan con tanta urgencia, si se puede saber?

-¿Tú lo conoces? -Sí.

De que ha venido a La Parra. ¿Por qué? ¿Qué pasa con él?

-Sospechamos que tiene un arma y que prepara un atraco.

-¿Chacho? No, no puede ser. No lo creo.

-¿Por qué dices eso?

-Bueno, porque me dijo que está buscando trabajo.

-¿Trabajo? -¿Tú cómo sabes eso?

-Porque me lo dijo ayer.

De hecho, mi hermano iba a conseguirle

una entrevista con su jefe.

-¿Y le ha citado?

-Sí, justo hoy.

Bueno, me dijo Ángel que Joaquín le entrevistaría hoy en el hotel.

-¿Qué hotel es? -El Novasur. Sé cuál es. Vamos.

-¿Qué tal, jefe? ¿Cómo va?

-Bien, pero liado.

Me piden desde la central

una previsión de gastos, y aquí estoy, terminándola.

-¿Recuerda que hoy entrevista a Carmelo?

-Claro que me acuerdo. Qué marrón. (CHACHO CARRASPEA)

Buenos días, señor.

-Cuando digo "marrón" es que el informe es un incordio, ¿sabe?

-Claro, ya imagino.

-Bueno, Joaquín Rodríguez, Carmelo Camacho.

Carmelo Camacho, Joaquín Rodríguez.

-Encantado de conocerle, Carmelo. -Igualmente.

Puede llamarme Chacho. No es la primera vez que nos vemos.

-Ya. Disculpe que el otro día no le dejara entrar en el baño,

pero yo cumplo las normas. -Lo entiendo.

-Bueno, yo los voy a dejar. Diviértanse en la reunión.

-Siéntese y charlamos un momento. Claro que sí.

A ver, supongo que me habrá traído su currículum.

-Yo no tengo nada de eso. Nunca me ha hecho falta, la verdad.

-Bueno, pues dígame qué estudios tiene, qué experiencia laboral.

-Estudios, los básicos y gracias.

A los 14 años ya estaba currando en el taller.

-O sea, que sabe de mecánica. -Negativo.

El taller era de hierro y forja.

Ya es casualidad que me haya pasado media vida entre barrotes.

Le habrá contado Ángel.

-Sí, ya me contó, no se preocupe.

Me dijo que había cometido usted varios atracos, ¿no?

Y que nadie había resultado herido.

-No, por supuesto que no.

Eso es propio de gentuza que no sabe cómo usar la inteligencia.

-Ya, bueno. ¿Y qué más tiene que contarme usted, Chacho?

-Bueno, pues en la cárcel estuve un tiempo de pinche.

Y no se me daba nada mal, la verdad.

Y también trabajé algunos veranos de camarero

en un chiringuito, en Moreira.

-Interesante. Y bonito. -Ajá.

-¿Algo más?

-No. La verdad es que solo he podido acceder

a esos trabajos cortos y precarios.

No me ha ido muy bien, la verdad. -Ya.

Bueno, por cortos y precarios que fueran, como dice usted,

siempre serían mejores que estar en la cárcel.

-Yo creo que no.

-O sea, ¿para usted es mejor estar en la cárcel? ¿Es broma?

-Qué más quisiera.

La verdad, intenté ganarme la vida con el trabajo,

pero no tuve suerte

y solo pude salir adelante cometiendo atracos.

-Vale, bueno...

Pues a ver, Carmelo.

Lo siento mucho, pero en este momento

no veo ninguna vacante que encaje con su perfil.

-Caramba, pues sí que lo ha decidido usted deprisa.

Ya, imagino que cree que soy un viejo inútil.

-No, no piense eso, por Dios.

Simplemente es que con su trayectoria

creo que solo podría encontrarle algo en cocina,

pero está todo cubierto. Lo siento.

Así que... un placer haberle conocido.

Si surge algo, le llamaremos. ¿Qué le pasa?

¿Qué le pasa? -Siempre me ocurre lo mismo.

En todas las entrevistas a las que voy,

nadie quiere contratar a un tipo recién salido de la cárcel.

-No hable usted así, hombre.

Al final encontrará algo apropiado.

-Eso no es verdad, y lo sabe.

Acabaré tirado en la calle,

muriéndome de hambre y de pena.

-Que no. -La sociedad...

me ve como un trasto inútil que no merece ni una oportunidad.

Esto es lo que tiene el capitalismo salvaje.

-Bueno...

(RESPIRA AHOGADAMENTE)

-¿Qué le pasa?

-Que me falta el aire.

-Pero... -Necesito un vaso de agua.

-Enseguida le traigo uno. Espere.

(RESPIRA CON NORMALIDAD)

(SUSURRA) ¡Ábrete, Sésamo!

(TARAREA)

(Música de suspense)

¿Qué haces aquí? ¿Quién eres?

-Soy un viejo amigo.

¿No te acuerdas de mí?

-El abuelo que se hizo el héroe con la camarera.

Pero ¿qué haces aquí? ¿Qué quieres?

-¿Tú qué crees?

He venido a por ese maletín al que le tienes tanto cariño

y del que no te despegas ni loco. ¿Dónde lo tienes?

-Abuelo, no me haga reír.

A una manzana hay un centro de día de jubilados.

Vaya a jugar a las cartas o al dominó.

-No me gustan, y no estoy jubilado.

Sigo siendo un atracador que siempre se sale con la suya.

Dime dónde tienes el maletín o te meto un taponazo.

-Vale, tranquilo, ahora te lo doy. Pero deja de apuntarme, ¿vale?

(Puerta abierta)

(Esposas)

Lo siento. No puedo dártelo.

Más lo siento yo. Mira.

Nunca he tenido que matar a nadie por un botín,

pero contigo estoy dispuesto a hacer una excepción.

¡Eres un racista!

-¿Esto lo haces por la panchita del bar?

¿Qué, tienes un lío con ella? -Claro que no.

Mi reacción fue la de un ciudadano delante de una injusticia.

-Vale, tranquilo.

Mira, vamos a hacer una cosa.

Mira, yo voy a abrir la puerta,

tú te vas a marchar y aquí no ha pasado nada.

Yo te juro que no te denuncio.

-Desde luego, no te enteras de nada, idiota.

Lo que yo quiero es volver a la cárcel.

-¿Qué? -Sí.

Y si tengo que cargarme a alguien para estar una temporada, lo haré.

Solo lo sentiría por las "kellys",

que ya están bastante explotadas las pobres.

Y no me gustaría darles más trabajo limpiando sangre de las paredes.

-No sé dónde estará este hombre.

-Igual se fue mientras usted iba a por el agua.

-A lo mejor es eso, pero me extrañaría.

Estaba de los nervios.

-Bueno, se calmó y tomó la decisión sabia de irse.

-Pero que ha sido en un minuto. Menos.

Espero que no le pasase nada.

-A ver, dígame: ¿qué le dijo para que se pusiera a llorar así?

-No le dije nada del otro mundo. Ese tío está loco.

Viene a pedir trabajo y presume de atracar.

A no ser... No, espérate.

A no ser que me haya montado el número para robarme.

-No. No nos vamos a poner negativos, ¿no?

-¡Míralo!

Qué desgraciado. Y se ha llevado la llave maestra.

La tarjeta magnética que abre todo el hotel.

-Debe estar, espérese. -Que no. Que se la ha llevado él.

(Teléfono)

Sí. Dime, Carlota.

¿La policía aquí?

¿Y qué quieren?

Diles que pasen, venga. Sí.

Lo que me faltaba. Viene la policía a molestar.

-Pero ¿qué quieren? -No lo sé. No han dicho nada.

-Buenos días. -Hola, buenos días.

-Oficiales Alonso y Cepeda.

-No sé a qué vienen, pero llegan a tiempo.

Acabo de sufrir un robo.

-¿Han entrevistado ya a Carmelo Camacho?

-Car... Pues sí. Hace un momento.

Y sospecho... Bueno, no sospecho.

Estoy seguro de que me ha robado él. -¿Qué le ha robado?

-La llave maestra.

La tarjeta magnética que abre todas las dependencias.

-¿Algún cliente guarda algo valioso?

-Pues en la 204 tenemos a un representante de joyería

que tiene un maletín bien cargado.

-¿Tiene una copia de la llave de esa habitación?

-Sí. Por aquí.

-Si no quieres más problemas, dame la combinación de seguridad.

-Te juro que no me acuerdo. -Mira.

Solo tengo dos vías para regresar a la cárcel:

o robar un botín en condiciones o llevarme a alguien por delante.

-¿Por qué quieres ir a la cárcel? ¿Tú estás mal?

-Desde luego que sí.

Dame la clave o te dejo en el sitio.

Mira que estoy muy loco.

Dame la maldita clave, que se me acaba la paciencia.

-Vale, pero no me apuntes.

-Está bien, tú lo has querido.

Iré a la cárcel por un taponazo. -¡No!

¡Ya me acuerdo, te lo juro!

Mira: siete, dos, cinco, ocho.

-¡Suelta el arma! Chacho, pon las manos en alto.

-De ninguna manera. Yo no me voy sin este maletín

como que me llamo Carmelo Camacho.

-No vas a ir a ningún sitio.

Y deja ya el personaje.

Con lo que has hecho, es suficiente para lo que pretendes.

-Y tranquilo, que pasarás una larga temporada en la cárcel.

(SUSPIRA)

-Qué cabezota eres, ¿eh? Te has salido con la tuya.

-No quería haceros trabajar, pero... no me quedaba otra.

-No se fíen de él, que está como una cabra.

-Carmelo Camacho, quedas detenido por robo con intimidación

y tenencia ilícita de armas.

-Y secuestro. Que no se te olvide.

-Eso también. Y gracias por el apunte.

(SUSPIRA) -Bea, no sé dónde te metes, pero estoy esperando en La Parra,

llevo un buen rato, tenemos que ir al banco

y el director no te esperará.

Si no llegas en cinco minutos, yo me piro.

(SUSPIRA)

-Hola.

Hija, no pongas esa cara.

Solo quería preguntar qué tal está tu hermana.

-¿Mi hermana? Bien, ¿por?

-Por la movida de anoche en el Moonlight.

-¿Movida? -Hubo una pelea, Eva.

Llovieron tortas por todos lados.

Bea, su novio, Bruno, y el tío que la estaba acosando

acabaron en comisaría.

-Ya. Si Bea me ha contado, pero está bien.

Muchas gracias por interesarte por ella,

pero no necesito que vengas a cotillear de ella.

-No vengo a cotillear. Tampoco vengo a chivarme.

Pero es interesante ver que te estás enterando por mí.

-Te gusta pensar eso, ¿no? ¿Te hace sentir bien? Fantástico.

-Eva.

No hace falta que disimules. No pasa nada.

Pero... tu hermana está bien.

El que está peor es su novio.

-Ya. Pues gracias, pero tenía los datos.

-¿Seguro?

Ya le preguntaré a Bea y a Bruno qué tal están cuando les vea. Chao.

-La madre que te parió, Bea.

(Conversación inaudible)

-Pues sí que ha sido movidito

el dispositivo para pillar a los fitipaldis.

-Increíble. Menudo subidón de adrenalina, ¿eh?

Sí. Aunque pedimos refuerzos,

tuvimos que ir detrás de uno de los conductores,

que quiso darse a la fuga. Tuvimos que pisarle bien al zeta.

Ya. ¿Tu primera persecución en coche?

-A esta velocidad, sí. Hemos tenido suerte.

No ha habido daños materiales ni ningún herido.

Y en estas carreras, se suele acabar mal.

Muy bien. ¿Los detenidos siguen en el calabozo?

No, en dependencias judiciales.

¿Avisasteis a la empresa de alquiler?

-Íbamos a hacerlo ahora. -Bueno.

Cuidado al escribir los números de los bastidores en las diligencias.

Hay muchos abogados que se aferran a las erratas

para echar abajo los procedimientos y librar así a sus clientes.

Sí, justo lo hemos comentado antes.

Estaremos atentos. Bien.

(SUSURRA) -Fenomenal. Pues nada. (BEA) -Ay...

Ya llego. Perdona. -¿Dónde te habías metido?

-Me he quedado dormida. Ayer nos acostamos tarde.

-¿Os liasteis? -No.

Fuimos a cenar, tomamos una copa... Pero de tranqui.

-Mira, que llegues tarde porque sales de fiesta, va que va.

Pero que me mientas en la cara, no.

-¿Qué dices? No te miento.

-¿Salir de tranqui para ti es acabar en comisaría?

-Buah. ¿Quién te lo ha contado?

-No lo niegas. -No, no lo niego.

Estuvimos en comisaría declarando, denunciando a un payaso.

Pero no acabamos en el calabozo ni nada.

-Pues fenomenal. ¿Celebramos?

-Escúchame: no nos metimos en ningún problema.

Un idiota se me acercó... -Que no me cuentes tu vida, Bea.

-Vale. -La policía tiene que estar lejos.

¿Sabes que tenemos un negocio ilegal? -Sí, y puedes estar tranquila.

La policía sabe que nuestra versión es verdad.

-¿La de Bruno y tuya? -La nuestra, sí.

-¿Sabes qué? Que desde que está él solo sales de fiesta.

-No.

No es verdad. Eso fue anoche porque Bruno se va a Marbella por curro,

y quería estar con él. -Fenomenal.

Chantaje emocional. -No es chantaje.

Aun así, lo hablamos luego. ¿No íbamos al banco? Pues vamos.

-Yo voy. Tú te duchas, te cambias

y vas a la mensajería. -¡Eva!

(SUSPIRA)

-Bremón. Salgado.

Han llamado de Jefatura. Ya tenemos la respuesta.

Dime que nos han concedido los recursos que pedíamos.

Pues sí, han accedido

a que parte del personal de la Comisaría General de Información

se encargue de cribar todos los datos

sobre pacientes varones con traqueotomías.

Excelente noticia.

Supongo que también pedirán la orden al juez

para que podamos rastrear los expedientes de los médicos.

Pues no. Eso lo tendrás que hacer tú.

Claro que sí. Es una broma.

Ya que se ponen, hacen la gracia completa.

Pero hay una cosa que quiero comentarte.

¿Qué ocurre?

Nada, que no podemos dejarles solos con el marrón.

Debemos enviar a alguien durante el tiempo que dure la criba,

y no puede ser cualquiera.

¿Por qué no hablas con Miralles y decidís a quién mandamos?

Muy bien. Si esa es la condición, lo asumiremos.

Bremón.

(SUSPIRA)

Ese tipo era un estirado y un impresentable.

Se metió con la camarera de La Parra y lo seguí al hotel.

Lo que pasó después ya lo sabéis.

-Si querías una condena de varios años, lo has logrado.

No te caerán menos de tres. (LIDIA) -O cinco.

Por utilizar un arma de fuego, por intimidación...

Y porque el atraco fue en un edificio público.

-Pues me quedo más tranquilo.

Tenía la duda de si me aplicarían el artículo 242,

pero por lo que decís... -Veo que de leyes vas servido.

-Es de las cosas que más me gustan de la cárcel.

Allí tengo tiempo para estudiar, y hay una buena biblioteca.

Hasta que entré en la cárcel, nunca pude ver tanto libro junto.

-¿Y cómo conseguiste el arma?

¿Quién te la vendió?

-Nunca he sido un chivato, y no me voy a estrenar ahora.

Eso sí, conseguí un buen trato.

Pagué un fijo y le prometí un bonus dependiendo del botín.

-¿Tenías que llegar tan lejos?

Ha peligrado la vida de una persona.

Y lo de intentar reinsertarte, nada. Ni un intento.

-No te enfades, Néstor.

Conozco perfectamente el mundo en el que estamos.

Pertenezco a un colectivo que no tiene oportunidades.

Viejo y expresidiario.

El mundo sería mejor si muriera.

-Chacho, no digas eso. Nadie quiere que te mueras.

-Claro que sí: el sistema.

Con respecto al susto que se ha llevado el joyero,

se lo ha ganado a pulso.

-No digas eso. Nadie merece que le apunten con una pistola.

Es una experiencia muy violenta, y un trauma.

-Ese tipo se merecía un escarmiento.

Me trató como si fuera un mindundi, un cero a la izquierda.

Y lo mismo con Daniela.

-¿Y tú quién eres, Chacho?

¿En quién quieres convertirte?

-Yo he sido siempre una persona

con necesidades de cariño y de dinero, como todas los demás.

Pero por mucho que lo he intentado, jamás he podido tener una vida digna.

-¿Y eso lo encuentras en la cárcel?

-Es que allí tengo amigos.

No me miran como si fuera un apestado o un delincuente.

Entiéndelo, Néstor.

A ti te gusta tu trabajo, se te nota.

Tienes buenos compañeros, estás bien valorado...

Pues así me siento yo en la trena.

-En parte te entiendo. No lo has tenido fácil.

Pero podías haber hecho cualquier cosa antes que delinquir.

Cometer un delito tan grave para volver a prisión.

-¿De verdad lo crees? -Sí.

Te puse en contacto con Paty para que empezaras una nueva vida.

Ella te ofreció recursos, y tú ni lo intentaste.

Ni volviste al centro cívico. -Habría sido una pérdida de tiempo.

Ya soy mayor. Todo eso es imposible para mí.

Pero tú no debes preocuparte por eso, Néstor.

Si tú eres un buen poli, tío. Y has hecho bien tu trabajo.

-Chacho, si solo te hubieras esforzado un poco más...

-Ya lo hice.

Y acabé siempre golpeándome contra la misma pared.

(CEPEDA SUSPIRA)

-Mira que se toma a pecho este hombre lo de la reinserción, ¿eh?

No comprende que para que vosotros tengáis trabajo

debe existir gente como yo.

-Qué pena que seas tan cabezón, Chacho, de verdad.

Nunca es tarde para empezar de cero.

Si tú no has tenido valor para empezar una nueva vida,

pues mira, yo te respeto.

Pero entiende que para nosotros esto es un fracaso.

(SUSPIRA) -Dice Cepeda que habéis terminado con él.

-Sí, puedes llevártelo a calabozos.

(BEA) -"Sí, eso es".

El precio del envío varía en función del tamaño y del peso del paquete,

y del servicio que solicite.

No es lo mismo que la entrega sea antes de 24 que de 72 horas.

Eso es.

Sí, en la web... sí, están todas las tarifas.

Vale. Y cualquier otra duda, nos vuelve a llamar.

Muy bien.

A usted, adiós. Gracias, adiós.

¿Qué tal en el banco?

-Bien.

-Parece que sí que nos conceden la línea de crédito.

-Ah, bueno, guay, ¿no?

Porque supuestamente no tenemos liquidez. Bien.

-Sí.

-¿Tienes un segundo, para contarte una cosa?

-A ver, cuéntame.

-Lo primero, pedirte perdón por haberte mentido.

Pero en ese momento lo pensé y digo:

"No le digo nada de la pelea en el pub

y le ahorro un disgusto, que se agobie, o...".

-Pues para otra vez, que sepas que mentirme no nos ahorra nada.

Nunca. A ninguna de las dos.

-Vale. -A ver si maduramos, Bea.

-Tampoco me juzgues si no sabes qué pasó.

-Un poquito sí que sé.

¿No? Me han contado.

-Ah, te han contado. -Ajá.

-Pero mi versión no la has escuchado. -No.

-¿Es posible?

-A ver. -Vale.

Estaba yo con Bruno en el Moonlight tomando birras,

y Bruno se va al baño.

Entonces un tío me ve sola, se me acerca

y me empieza a acosar.

Entonces Bruno sale del baño, ve eso y se va a por él.

-Ajá. Un clásico. Vamos, que se lio, ¿no?

-Mucho.

El tío tiene la denuncia puesta, pero Bruno se llevó algún puñetazo.

-Pero ¿está bien?

-Bueno, bien... Le duele todo, tiene moratones...

Nada grave, pero le duele.

-Bueno, yo habría hecho lo mismo.

-Sé qué piensas de Bruno, y en parte es verdad.

Bruno a veces es un poco desastre, un poco bocazas...

-Sí. -Pero es muy buen tío

y tiene muy buen corazón, y me quiere.

Y me doy cuenta de que yo a él también.

-¿De verdad? -De verdad.

-¿Así que vas en serio? -Sí.

Sí, es...

No sé, confío en él, me parece muy honesto,

me cuida, nos cuidamos...

Es maravilloso, y me da rabia que se nos fastidiara la noche

por el tío ese.

Me duele que se vaya a Marbella.

Me duele mucho.

-¿Qué se va, hoy?

-Sí. Supongo que se pasará ahora para despedirse.

Serás testigo de cómo se me parte el corazón.

-Chica, se te parte el corazón.

No sois Romeo y Julieta. Puede venir a visitarte.

-O no. Bruno está harto de ir y venir todo el rato.

Quiere centrarse, quiere algo estable.

Por eso necesita tanto el trabajo.

-Allí lo tiene, ¿no?

-Sí, allí lo tiene. Bueno, dice que tiene un contacto, un colega,

que le consigue trabajo en el puerto.

-Pues ya está.

-Hasta luego. -Aquí me tienes.

Otra vez de vuelta por Distrito Sur.

Madre mía, cómo pasa el tiempo.

-Pues sí. Yo me alegro mucho de tenerte otra vez por aquí.

Oye, Néstor, sentí mucho lo de tu mujer, ¿eh?

¿Tú cómo lo llevas? -Bah...

Ahora mejor. Voy superando el duelo poco a poco.

Aunque eso no significa que la olvide.

-Hombre, claro que no. Fue el amor de tu vida.

¿Cómo olvidarla? Eso no se olvida nunca.

-Bueno, venga. Ya está bien de hablar de mí.

Ahora cuéntame cómo has acabado con el cascarrabias de Elías.

(MARÍA RÍE) -Sí. Cuando supe

que se casaba, y encima contigo, casi me caigo al suelo.

¿Tú te llevas bien con él?

-Que sí, hombre.

La verdad, nos compenetramos bastante bien.

Nos apoyamos mucho en lo bueno y en lo malo.

Aunque últimamente es más de lo malo,

porque entre el asesino suelto y la enfermedad de Israel,

la verdad es que no están siendo buenos tiempos.

Pero en fin, sí.

Lo voy llevando.

(LIDIA) -Hola.

-Hola, Lidia. ¿Te pongo algo? -No, gracias. Me voy ya.

¿Qué tal?

-Bueno, todavía fastidiado.

No se me pasa el cabreo por el Chacho.

-Ya. -Es digno de estudio.

-Ya me imaginaba que estarías así.

Es que preferir la cárcel que la calle es raro.

-El Chacho es una especie única.

Y a lo mejor puede que tenga razón.

-¿A qué te refieres?

-Pues que a cierta edad puede ser tarde para empezar de cero.

-Con nueve letras:

dícese de la persona que solo ve la parte negativa de las cosas.

-Pesimista. -¡Bingo!

Toma. Para ti.

No quiero que te pases la noche pensando en el Chacho.

-Muchas gracias, Lidia. -De nada.

Y me voy, que hoy he quedado y ya tengo las entradas.

Chao. -Chao.

-Hasta luego.

-Hola, Bea.

Buenas. -¿Te vas ya?

-Sí.

¿Puedo despedirme de Bea?

-Sí, claro.

-Bueno, quería agradecerte a ti también.

En el hotel me han tratado de maravilla.

-Me alegro. De nada. Y gracias a ti.

Por pararle los pies a ese tipo. -No hay que darlas.

-¿Te tomaste el antinflamatorio? -Sí, y el analgésico.

Me duele todo. -Ya.

-Oye, que me ha dicho Bea que te vas hoy, ¿no?

-Sí, bueno, voy a casa de un colega.

Dice que puede pillarme curro en el puerto.

De mantenimiento de barcos. No es glamuroso,

pero debo sacar la cabeza como sea.

-Pues sí. Y estoy segura de que te va a ir muy bien.

(BRUNO) -Ya. -Aunque te eche de menos.

-Yo también.

Pero no te preocupes. Nos volveremos a ver. Ven aquí.

(Música sentimental)

Bueno, que no... no quería entretener.

Me voy ya, ¿vale?

Ha sido un placer, Eva.

-Igualmente.

-Bueno, pues... me voy.

Cuídate. -Chao.

(Pasos alejándose)

Bueno, pues ya está.

Intentaré pasar página. No queda otra.

-O sea, que estás pillada de verdad.

-Sí.

Sí.

Bruno es...

(SUSPIRA)

Es muy especial.

Y lo nuestro es genial.

Era genial.

-Vale, vamos a hacer una cosa.

Le voy a dar una oportunidad a Bruno.

-¿En serio?

-En serio. Que empiece mañana a trabajar aquí.

Bea, como le digas algo del negocio familiar,

tenemos un problema. -No.

No. No le diré nada. Y no te arrepentirás.

-Eso espero. Corre, tira.

-Ay, Dios. ¡Dios!

Hermana, te debo la vida. Te quiero. -La vida, sí.

-¿Qué tal, María? Un agua con gas, cuando puedas.

-Ahora mismo.

-¿Te pasa algo?

Gracias, María.

Yo de ti tendría cuidado.

Si sigues mirando a la gente de este barrio de esa manera,

conozco a más de uno

que se ha encontrado con un serio problema.

Amigo...

-No soy tu amigo, Fernando Quintero.

(SUSPIRA)

Perdona, ¿nos conocemos de algo?

Si es así, podrías empezar por presentarte

y no mantener esa mirada tan retadora que te puede traer algún problema.

(CHASQUEA LA LENGUA)

Sé quién eres.

Y sé el daño que has hecho al barrio

inundándolo con esa porquería que te hizo tan rico.

Puede que todos lo hayan olvidado,

pero yo no.

-Claro... Ahora caigo.

Ya recuerdo quién eres tú.

Tú eras ese policía que iba siempre con Elías Guevara.

Hace ya... bastante tiempo.

Estabais los dos muy obsesionados conmigo.

No parabais de pensar cuál sería la mejor forma de trincarme.

¿Qué te trae por aquí?

-He vuelto a Distrito Sur. Igual es que te echaba de menos.

-Sí, seguro.

Seguro que es eso.

Supongo que ya sabrás que ya no tengo nada que ver

con ese mundo al que me dedicaba antes.

Soy un hombre nuevo.

-Sí, eso me han contado.

-Y por si no te lo han dicho,

he demostrado públicamente varias veces mi arrepentimiento

en este barrio.

A veces pienso que no lo merezco,

pero creo que la vida me ha dado una segunda oportunidad,

y no quiero desaprovecharla.

-Supongo que todos la merecemos, Fernando.

Pero te voy a advertir una cosa.

Si andas metido en cualquier asunto que no debas,

esta vez no te me escapas.

-Tranquilo, hombre.

Ya no estoy metido en ningún asunto en el que no deba.

O al menos intento no hacerlo.

Pero tendré en cuenta tus palabras.

No te preocupes...

-Néstor. -Néstor.

Eso es, Néstor.

Muy bien.

Pues nada, bienvenido al barrio, Néstor.

María, luego te pago... -Pago yo.

-Está bien. Muchas gracias.

-Hasta luego. -Hasta luego, María.

-¿Qué tal? -¿Qué tal? Bastante bien.

Tengo un poder de convicción increíble.

-¿Me va a contratar? -Ajá.

Empiezas mañana mismo.

-¡Vamos a currar juntos! -¡Sí!

También es verdad que ha ayudado contarle lo de la pelea en el pub,

que saliste en mi defensa y toda esa batallita.

-Yo creo que esta carita también ha debido influirle.

-Puede ser. No lo sé.

Si es que mi hermana va de dura por la vida

y luego no se permitiría romper una relación tan fogosa.

Creo yo. -Ah...

¿Ahora somos eso, unos fogosos?

-Supongo, ¿no? Por eso queremos estar juntos. ¿O qué?

-¿Qué hubieses hecho si tu hermana no tragase?

¿Me habría dejado irme solo? -No sé.

No sé, prefiero no pensarlo.

Escucha: debes prometerme que te vas a poner las pilas.

Mi hermana no te va a pasar ni una.

Con el curro es muy suya. De verdad.

-¿Solo con el curro?

Que sí. No te daré problemas. -Espero.

Pero dime de qué voy a currar.

-¿En la mensajería? De mensajero. No hay más.

-¿No había nada más? -Sí.

De limpieza. ¿Quieres currar limpiando la mensajería?

-Todo el día con la motillo. -Ajá.

No te viene mal. Así conoces la ciudad.

Y no tienes que aguantar que te vigilen.

Pero si no quieres el curro, yo busco otro chico.

Que lo haga otra persona. -Calla.

Yo por ti recogería las colillas del suelo.

-Sí, ¿eh? Ya...

Anda, me voy. Que llego tarde.

¿Te duele mucho? -Un poco, sí.

-Vale, pues cuídatelo.

Me voy. Adiós. -Chao.

(Móvil)

Celso.

Sí, ya lo sé.

Ya, sé que mi deuda va aumentando.

Pero te he dicho que pagaré.

Además, acabo de pillar un curro y creo que puedo sacar mucha pasta.

Vale.

-¿Se puede?

-Veo que no traes nada que enviar, y yo no tengo nada para ti.

Imagino que vienes a que te pague los desperfectos del Moonlight.

-¿Perdona?

-La pelea de ayer.

Estaba involucrada mi hermana.

Dime cuánto es y te lo transfiero.

-No te preocupes, mujer. No tuvo importancia.

Una pequeña gresca, y solo se rompieron un par de vasos.

Nada más.

-Ya.

¿A qué has venido entonces? -Pues verás, he venido porque...

me gustaría que me dieras información sobre tu amigo Vlado Khan.

-Pero... qué fantasía esta, ¿no?

O sea, me "hackeas" el ordenador, me engañas a través de Hanna

y ahora quieres que te ayude.

No sé lo que te fumas, pero yo también quiero.

-No fumo. Verás, Eva:

quiero que me digas quién está detrás de las cuentas de Vlado Khan.

-Pues es una muy buena pregunta,

pero no tengo la información. Lo siento.

-Supongo que sabrás desde qué bancos

o desde qué paraísos fiscales o desde qué cuentas

has estado recibiendo el dinero que te han estado ingresando, ¿no?

-Ni idea. Yo lo que sabía es que a mí me llegaba la cantidad acordada.

-Ya. Por lo que he visto, esa cantidad que acordasteis

estuvo muy bien negociada por tu parte.

Porque hablamos de unas cantidades muy importantes

por ayudarle a escapar de Madrid, y por andar jugando conmigo también.

-¿Me echas en cara esto?

-No. Yo no he venido a reprochar ni a echar nada en cara.

Solo quiero que me digas quién está tras el dinero de Vlado Khan.

-Que no lo sé, Quintero.

(Silla arrastrada)

Con tu permiso, y si no te importa,

¿sigues interesada en la ruta del sur, Eva?

Porque estoy dispuesto a dártela al completo.

-¿Al completo?

-Ajá. -O sea, no...

troceadita, como siempre. -No.

Te digo que al completo.

Me sentaría aquí, en esta misma mesa, contigo, te pasaría los contactos

y te diría cómo funciona toda la logística,

todos los enlaces, para que puedas mover y vender tus armas

por toda Europa sin dejar rastro y sin levantar ni una sospecha.

-No hablas en serio.

-Yo no bromeo con este tipo de cosas, Eva.

La ruta del sur sería tuya

solo a cambio de que me des ese nombre.

-Qué tentador.

Ay, qué pena.

Porque no tengo ningún nombre que darte.

Yo creo que sí lo tienes. Sabes bien de quién se trata.

-Yo lo único que sé

es que a mí me llegaba el dinero acordado.

Punto. -¿Por qué tienes miedo de Vlado Khan?

-¿Miedo? No. Yo no le tengo miedo a nada.

Y si no te importa, esta conversación se está alargando demasiado.

Te puedes ir.

-Está bien.

No es mi intención molestarte más de la cuenta.

Pero antes de irme te voy a decir una última cosa.

¿Sabes qué, Eva?

No deberías avergonzarte de reconocer que le tienes miedo a Vlado Khan.

Es lo más normal del mundo, cualquiera se lo tendría.

Pero si quieres dejar de temerle, dime quién controla sus cuentas

para que así juntos y de una maldita vez por todas

acabemos con todo esto.

-¡Te estoy diciendo que yo no le tengo miedo a nadie!

-Si no le tienes miedo, no te pongas así. No te enfades tanto.

-Eres un prepotente que cree saber todo.

No necesito a nadie que me defienda.

Vete. -Me voy.

Pero yo de ti me pensaría lo que te acabo de decir.

Porque sabes que tarde o temprano llegaré hasta ese tío.

Caiga quien caiga.

-Consejos y amenazas. Vete.

-Que tengas buen día.

(SUSPIRA)

(Música instrumental)

-Hombre, Mari. Por fin te encuentro.

Qué ganas tenía de verte. -Y yo, cariño.

Ya me dijo Daniela que viniste, pero luego no te he vuelto a ver.

-Sí. Es que llevo todo el día liada con el curro.

¿Qué tal por París?

-Bueno, pues mejor de lo que esperaba,

porque era muy difícil esa operación, y ha salido todo bien.

Parece que Isra y Armand están más tranquilos.

-Qué bien. ¿Y cómo lo lleva Elías? -Elías también.

Un poquito más positivo. Ya no lo ve todo tan negro.

Bueno, y que está con la nieta, que es un trasto...

-Sí, ¿no? No me imagino a Elías haciendo de abuelo, ¿eh?

-Oye, pues si lo vieras con la nieta, de dulce.

A ver si el próximo viaje te vienes.

(RESOPLA) -Anda que no queda para eso.

Al menos hasta dentro de una buena temporada, olvídate.

-Ya me dijo Daniela que estás muy agobiada.

-Agobiada no. Estoy desbordada. Desbordada, de verdad.

Es que no hay un día que no la cague.

-Bueno, que no será para tanto. Eres muy exagerada.

-¿Que no? No sabes la última que he liado.

Se me ocurrió programar dos actividades

en el mismo sitio a la misma hora.

Una reunión de comerciantes del barrio

y la presentación del libro de Mario Buendía.

-Ah. ¿Y qué has hecho?

-Pues como la presentación era de fotos antiguas del barrio,

eso estaba petado.

He tenido que dejarlos a todos en la sala.

Y los comerciantes han ido a una sala más pequeña.

No sabes qué cabreo tenían.

-¿Y qué ibas a hacer?

(RESOPLA) -Pues lo que he hecho, improvisar.

Pero algunos me están poniendo por las redes a caer de un burro.

(RESOPLA) Y estoy superagobiada.

No van a mandar ningún sustituto para Miguel.

-Ya me ha dicho Daniela.

¿Por qué no llamas a la ONG

y les pides que te manden a alguien de apoyo aunque sea?

-Otra igual. Si es que no hay presupuesto.

No hay. Y yo ya llego al límite de mis fuerzas. Te lo juro.

O sea, entre el cansancio y el agobio no puedo comer bien, ni dormir bien.

Estoy todo el día estresada. Yo no puedo más.

-Chica, ¿en esas estamos?

-Y tanto. Yo no sé si vale la pena tanto esfuerzo

para luego dejar la reputación del centro cívico por los suelos.

-Tampoco seas exagerada. Eso no es así, Paty.

Dejas el pabellón bien alto tú solita.

-Pues yo no lo tengo tan claro.

Yo solo sé que no puedo seguir así. No puedo.

-¿Qué me intentas decir?

Que estoy pensando en llamar a la ONG y presentar mi dimisión.

(Música de pub)

-Buenas noches.

-¿Por qué nadie me ha dicho

lo que pasó aquí anoche, la bronca que hubo?

-¿Quién te lo ha contado? -Eva Velasco.

Ella me lo ha dicho.

Me dijo que incluso su hermana estuvo involucrada en esa gresca.

Quiero saber qué pasó exactamente.

-¿Qué pasó? Una pelea de gallos entre el novio de Bea

y un impresentable que intentó entrarla.

Se pegaron y alguien llamó a la poli.

-¿La poli? ¿Estuvo aquí la poli? No fastidies.

Maldita sea.

¿Se llevaron a alguien detenido?

-No se los llevaron esposados, pero tuvieron que ir a comisaría.

Bueno, y al médico.

Que la paliza que se dieron fue buena.

-A ver, ¿qué pasó exactamente, Hanna?

¿Rompieron algo, hubo algún desperfecto o algo así?

-Bueno, no sé. Unos vasos rotos,

uno que intentó hacer un simpa pero que le pillé en la puerta...

No sé, Fernando, no...

-Y supongo que también Miki y tú tuvisteis que prestar declaración.

-Sí, y contamos la verdad:

que un cerdo se pasó con Beatriz. Ya está.

-Que sea la última vez que pasa algo aquí en el Moonlight

y no me lo decís de inmediato.

Soy el dueño del negocio. No me dejéis al margen.

-Fernando, te lo iba a decir cuando nos íbamos a ver.

Que por cierto, a mí tampoco me gusta

que me dejes al margen de ciertas cosas.

-¿Qué quieres decir?

-Acabas de decir que habías quedado con Eva.

-Sí. -¿De qué hablasteis?

(SUSPIRA)

De nada, Hanna. De nada.

Simplemente hice caso a lo que me estuviste diciendo.

Fui a intentar presionarla un poco,

a ver si me decía quién está tras el dinero de Vlado Khan.

-¿Y qué te dijo?

-Nada. No me dijo nada. Me dijo que no sabía quién era.

(SUSPIRA) -Fernando, es evidente que está mintiendo, ¿no?

-Lo sé. No me la creí en ningún momento.

Por eso también intenté tantearla o tentarla

ofreciéndole la ruta del sur al completo.

Por un momento la vi dudar.

-Si duda, tiene la información que necesitamos.

-Estoy seguro de que la tiene.

Pero también creo que no va a soltar prenda.

-Eva no está por la labor de ayudarnos.

-¿Qué sabes del chico este,

del chaval que anda liado con su hermana, con esa tal Beatriz?

-Pues sé que se llama Bruno y es su novio. ¿Por qué?

-Porque ahora mismo

todo lo relacionado con Eva Velasco me interesa. Y mucho.

-Buenos días. -Buenos días.

-Hola, morena.

-¡Epa! Bruno, aquí no, que estamos currando.

-Hasta luego. -Hasta luego.

¿Crees que podemos fiarnos de él? -Que sí. Eva, tranquila.

Tiene que aprender porque acaba de llegar,

pero es de fiar. De verdad.

-¿Cómo llevas lo tuyo? No habrás presentado ya la dimisión.

-No, aún no. Pero lo voy a hacer hoy mismo.

-Cuando deje ese puesto, ¿volverá al anterior?

-No creo, la verdad.

El centro cívico no puede tener dos personas en plantilla.

-¿Qué ha pasado? -Acaban de denunciar

la desaparición de una menor: Yaiza Cruz, de 16 años.

(MUJER) -¡Hola!

-¡África, ven aquí!

¿Qué tal? -Muy bien.

-Perdona que no haya ido a recogerte al aeropuerto.

Perdona, que os presento.

Este es Iván, mi compañero de trabajo,

y esta es África, mi amiga de toda la vida.

-Ajá. -Íbamos juntas al cole.

-Ahora que tienes trabajo, buscarás dónde vivir, imagino.

-Sí. Lo he estado pensando.

-¿Sabes cuántos días te quedarás en la habitación?

-No, ahora no te puedo decir. ¿Por?

(HOMBRE) -"Estoy preocupado por Afri.

Le envié un conductor a recogerla al aeropuerto y no sé más de ella.

¿Tú la has visto?". -Sí, no te preocupes.

Vino a comisaría a recoger las llaves de mi casa,

y ya está instalada. Acabamos de hablar.

Oye, ¿has llamado a Xisco?

Que no piense que no te pasé el recado.

-Sí, tranquila. Hemos hablado mientras estabas en la ducha.

-Tendré que cambiar el cable. -Vale.

-A Claudia y a mí nos va fenomenal.

El trabajo no ha interferido en nuestra relación. En absoluto.

Ni ninguna otra cosa.

-Claudia, lo último que quiero es incomodarte.

Te lo he contado para que estés prevenida.

Prevenida ¿por qué?

Él sabe que somos compañeros de trabajo

y nada más que compañeros de trabajo.

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Servir y proteger - Capítulo 878

15 ene 2021

Quintero quiere dar con el financiero de Vlado Khan y está dispuesto a darle a Eva lo que pida a cambio del contacto. Antonio lucha por recuperar la complicidad con Miralles y le sorprende con un regalo. Eva se ablanda al presenciar una escena de despedida entre Beatriz y Bruno y accede a contratarlo en la mensajería.

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