Servir y proteger La 1

Servir y proteger

Lunes a viernes a las 17.15 horas

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5725487
No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 847 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Tiene información nueva? -Sí.

Conozco a los Vinuesa.

-¿Sabía que eran atracadores profesionales?

-Evidentemente no.

José Pedrosa, más conocido como el Napoleón.

Le hemos detenido por tráfico de estupefacientes.

Tienen una forma un tanto curiosa.

Y las que incautamos

en el registro al piso de Vlado Khan...

Mi teoría es que el proveedor, al perder a su principal cliente,

se ha visto obligado a venderlas en la calle.

Fulgencio es quien nos compra el cartón.

Es un tío legal.

-¿Resaca? No te pega nada, y menos entre semana.

¿Celebraste algo?

Sí. Mi mujer, que quiere volver conmigo.

Ya tenemos cita, mañana.

Luego te envío un mensaje con la dirección y la hora.

-A mí no me parece que tu mujer tenga ganas de volver contigo.

-Meterme en ese atraco fue una cagada y de las buenas.

Lo que me jode es dejarte sola con el negocio.

(Música emocionante)

(Música rock)

Buenos días.

(GRITA) ¡Buenos días!

¿Vas a desayunar o qué?

No te oigo. ¡Quítate los cascos!

¡Quítate los cascos! ¡Te los voy a tirar por la ventana!

Me paso todo el día hablando con las paredes.

Me he comprado los cascos porque no soportabas la música.

Tío, aclárate.

Da igual. ¿Has terminado ya? No, me queda una serie.

Por favor, siéntate. Ayer me pasó una cosa "superheavy".

¿Qué pasa? Ya es oficial.

Soy un casi divorciado.

Ayer se presentó Inés en La Parra con los papeles.

Yo sé que para ti es jodido, pero es lo mejor.

Hoy tenemos cita con el notario. En cuanto firmemos, ¡chao!

¡Pues ya está! A empezar de cero, tío.

Además, tú tienes otro objetivo en la vida.

¿Cuál?

Se llama Daniela.

Es preciosa y te gusta bastante.

Daniela es otro temita

que se ha girado un poquito, Iván.

¿Por qué? ¿Hiciste lo que te dije?

Hice exactamente lo que me dijiste.

Y fue un desastre. La he cagado muchísimo.

¿Qué hiciste?

-Me dijo que su ex quería volver con él

y que él no sabía si perdonarla o no.

-Bueno, no estaría seguro el muchacho.

-Qué va, María, si eran puras mentiras.

Ella sí quiere divorciarse.

-¿Y cómo estás tan segura?

-Porque un minuto después entró la ex por esa puerta.

-¿Aquí, a La Parra?

-Aquí a La Parra. ¿Y sabes con qué? Con los papeles del divorcio.

-Ay, qué oportuna, ¿no?

-Entró en el momento preciso y lo dejó con el culo al aire.

Si hubieras visto a Carlos... No sabía dónde meterse.

-Pobrecillo.

-¿Pobrecillo? ¡Pobrecilla yo, que vino y me mintió en la cara!

-Bueno, mujer, está muy afectado con el tema del divorcio.

-Pues no lo estaba tanto cuando intentaba ligar conmigo.

He hecho el ridículo más grande de mi vida

por hacer caso a tus consejitos.

A lo mejor la estrategia no era buena.

Mentir deliberadamente a Daniela no es una estrategia,

más bien es una cagada del tamaño de Singapur.

¿Entiendes? He quedado como un auténtico capullo.

Vale, me equivoqué, lo siento.

¡Es que si ya con la cobra la cagué

ya no vuelve a hablarme en mi vida!

Tranquilo, no te anticipes.

No te anticipes porque...

Que seguro que todavía le gustas.

-Me gustaba, en pasado.

Yo creí que Carlos era un chavo buena onda, ¿sabes?

Honesto, sincero... Pero me equivoqué al juzgarlo.

-Te recuerdo que no está en su mejor momento.

-Pero ese teatrillo que armó para llamar la atención

fue patético.

-No estuvo bien. Pero se nota que le gustas.

-¿Tú crees? No estoy tan segura.

-Ya ves lo que pasó cuando intenté besarlo, y ahora esto.

-Torpe sí que es, no te lo discuto.

-A mí más bien me parece muy listo,

porque en cuanto su mujer le dejó vino a probar suerte conmigo.

-Eso tampoco es, porque había habido un tonteo antes.

-¡Que no!

Además, yo no quiero ser la segunda opción de nadie.

¿Tú de qué lado estás? -Hija, del tuyo.

Pero si veo que te equivocas te lo tendré que decir.

-¿Y crees que me equivoco?

-Yo creo que el chico está preocupado por su divorcio.

-Ya. Pues si es así es porque todavía la quiere.

-No porque la quiera, a lo mejor es porque le importa,

le importa el fracaso de su matrimonio.

Pero no me parece que esté mal.

A mí no me gustaría que te liaras con un tío al que le da igual todo.

-Sí, tampoco lo había visto de esa manera.

Y seguro que le gustas.

Si no, no se metería en esos berenjenales.

Y por cierto, ¿qué vas a hacer para lo de la degustación?

-¡Ay, no! ¿Te puedes creer que se me había olvidado?

-Es esta noche.

-¡La madre, y no hemos preparado nada!

Pasad, por favor.

Tengo algo importante que contaros.

Sentaos, por favor.

He recibido el resultado del análisis

de las drogas incautadas a José Pedrosa, alias Napoleón,

y también el informe de Científica.

¿Y bien?

Los compañeros han determinado

que las pastillas que llevaba Napoleón

contenían las mismas sustancias y en las mismas proporciones

que las drogas encontradas en los pisos de Khan.

Luego las fabrica el mismo laboratorio

y la misma persona.

Sí, Claudia, tu intuición no te ha fallado.

¿Cómo supiste que eran las mismas pastillas?

Por la forma de las pastillas.

Las que encontramos en el registro a Vlado Khan

tenían forma de corazón;

las que le incautamos a Pedrosa, forma de picas...

Y las de Pasamán, forma de diamante.

Solo falta el trébol para tener los palos de la baraja francesa.

A nuestro narco le gusta el póker.

Eso parece, pero creo que lo más relevante

es que, si encontramos al tipo que fabrica esas pastillas,

estaremos más cerca de encontrar a su principal cliente:

Vlado Khan. No te precipites, Claudia.

Recuerda que cuando apareció el cadáver de José María Rulfo

tampoco obtuvimos ninguna pista sobre su paradero.

Son situaciones diferentes: el narco está vivo

y a un cadáver es difícil hacerle hablar.

Solo quiero que seáis prudentes.

Claudia, no hay que lanzar las campanas al vuelo.

Quiero que vayamos paso a paso.

Necesito que primero os centréis en encontrar a ese narco

y en desmantelar la red de narcotráfico.

De acuerdo. Podríamos interrogar de nuevo

a José Pedrosa, aunque haya pasado a disposición judicial.

No creo que le saquemos nada.

Ya le exprimieron bien Carlos y Paula.

Pero sí podríamos ir a buscar a una tal Susie.

Pedrosa les habló de ella.

Parece que es un mando intermedio entre el jefe

y los camellos a pie de calle.

Es la que les provee el material. Podría ser la clave.

Salgado, moviliza a las unidades que tengamos disponibles

para encontrarla. Cuenta con ello.

También quiero convocar una reunión con carácter de urgencia

para poner al día a la comisaría. Que no falte nadie,

quiero a todos atentos. Vale, yo me ocupo.

Te mantendremos informado.

Bremón.

-Hombre, Fulgencio. -Hola, bonita. ¿Qué tal?

-Bien.

-El otro día me dijeron que ya no trabajas en La Parra.

Qué pena, con lo rico que te sale el café.

-Ahora trabajo en el centro cívico.

-Un cambio total, ¿no? -Total.

-¿Estás contenta? -Mucho, mucho.

Mi trabajo es ayudar a gente desfavorecida

y a víctimas de explotadores indeseables.

-Seguro que haces una gran labor.

Yo soy de La Pajarera, ¿sabes?

No es fácil crecer en un poblado chabolista.

-Sí, tengo que ver cada día cómo familias enteras

intentan luchar para salir de ahí.

-La gente se deja los cuernos trabajando.

-Pero a ti ahora te va muy bien, ¿no?

-No me puedo quejar.

Pero a mí nadie me ha regalado nada, ¿eh?

Aquí nadie da duros a cuatro pesetas.

-¿Sí?

No sé, yo creo que sí. Tú, por ejemplo:

compras el cartón por una miseria y lo revendes a precio de oro.

-Una miseria es lo que yo gano.

¿O crees que te haces millonario vendiendo cartón?

Yo soy un trabajador, igual que la gente que recoge.

-Puedes hacerte el loco todo lo que quieras,

pero yo sé lo que haces.

Explotas a tu gente,

obligas a niños a meterse en contenedores para recoger cartón.

-Quien te haya dicho esas barbaridades te ha mentido.

Mi chatarrería es un negocio completamente legal.

-Puedes negarlo todo lo que tú quieras,

pero sé perfectamente y de primera mano

que tú explotas a la gente de La Pajarera.

-No, yo les ayudo dándoles trabajo, que es muy diferente.

Pregúntales, a ver si se quejan. -¿Es que se pueden quejar?

-Tú no te apeas del burro, ¿eh, bonita?

-Y tú no tienes vergüenza.

-A ver si voy a tener que denunciarte por difamación.

-Es lo último que me faltaba por oír.

Tú eres un caradura.

-¡Anda ya! Ah, por cierto,

que sepas que la chica nueva de La Parra,

la mexicana, es mucho mejor camarera que tú

y más maja, dónde va a parar.

-Si crees que eso me molesta, vas listo.

-No lo digo solo yo. Pregunta a los parroquianos,

todos dicen lo mismo.

¡Hala, con Dios! -Chao.

(PATY GIME RABIOSA)

-¿Todo bien con ese hombre? -Sí. ¿Sabes quién es?

Fulgencio, el chatarrero.

No me he podido morder la lengua... ¡Es que...!

-¿Has discutido con él? No merece la pena.

-Ya lo sé. Pero ha empezado a soltar barbaridades

y no me he podido controlar.

¡Encima dice que me va a denunciar por difamación!

-No te preocupes, no va a pasar eso.

-Ya. Anoche no lo tenía nada claro,

pero me acaba de convencer.

Voy a denunciarle.

Es la única manera de pararle.

-Me parece bien.

¿Quieres ir ahora? ¿Quieres que te acompañe?

-Sí, vamos.

-Vamos.

-Hola, Lara, ¿qué tal? -Hola, ¿qué tal?

¿En qué os puedo ayudar?

-Quería poner una denuncia

relacionada con el tema de los cartoneros.

-Venga, pues sentaos.

Lara, el informe está perfecto.

Esta tarde lo mandamos a los Juzgados.

Perfecto, yo me ocupo.

Me sorprende veros. ¿Algún problema?

Una denuncia por el tema de los cartoneros.

¿El chico está bien?

Miralles está al tanto del caso.

-Sí, Christian está bien. No es ese el problema.

-Continúa. ¿Qué es lo que quieres denunciar?

-Sé quién está explotando a la familia de Christian

y quiero denunciarle.

-¿Sabes su nombre?

-Es Fulgencio.

¿Fulgencio Gómez, el chatarrero?

¿Le conoce?

Sí, le conoce todo el barrio.

Y me lo cruzo cada dos por tres en La Parra.

¿Y cómo te has enterado?

-Christian me lo dijo. Vino al centro cívico.

Parece que otra familia que se dedica al cartón

les ha robado el material y eran sus únicos ingresos.

-Esta gente vive muy al día.

Nosotros intentamos ayudarles a través del banco de alimentos.

-Y Christian me dejó caer

que Fulgencio se llevaba muy bien con su familia.

Pero hasta tal punto

que es el propio Fulgencio quien llevaba al hermano de Christian

a los entrenamientos de fútbol.

Pues esa generosidad es rara en este tipo,

porque no hace nada si no consigue algo a cambio.

Eso pensé yo, y me puse a investigar.

Al principio Christian lo negaba,

pero al final me confesó que era él quien les compraba el cartón.

¿La familia de Christian estaría dispuesta a declarar?

No, no lo creo.

Él me lo contó así en plan confianza.

Busca el domicilio fiscal del negocio de Fulgencio.

Le pondremos vigilancia.

Bien. ¿Quiere que le sorprendamos cuando compre el cartón?

Sí. Si no, sería la palabra de Paty contra la suya

y la denuncia no prosperaría.

Redactaré lo que me has contado y cuando esté la denuncia

te llamo para que vengas a firmarla.

-Vale, perfecto. Muchísimas gracias.

Gracias a ti por tomarte tanto interés en este caso.

Ahora nos toca trabajar a nosotros.

Muy bien. -¿Vamos?

-Hasta luego.

-Hasta luego.

-¿Has vuelto a tener alguna visita inesperada

en tu empresa? (NIEGA) -Todo en orden.

-Ya sabes que cada vez estamos más relacionados

así que si tú tienes un problema es lógico que yo lo tenga.

-Pues quédate tranquilo.

En cualquier caso, si hay algo ya aviso yo a Abel.

Se ha tomado unos días de vacaciones.

-¿Sí? Me alegro por él.

¿Se ha ido a Benidorm o a la Manga del Mar Menor?

Aunque si estás aquí

no será para hablarme de sus vacaciones, así que tú dirás.

-Te traigo el recibí de la carta certificada

que enviaste ayer.

-¿Recibí?

-Éric.

¿Quién es?

El narco de Vlado.

Le suministraba las anfetas para las chicas.

-¿Y qué más me puedes contar de este tío?

-Que al parecer es un cerebrito, que estudió Químicas

y que es un "crack" cocinando anfetas.

Y debe de ser espabilado. No le han cogido todavía.

-¿Vlado era su único cliente?

-El único no. El más importante, seguro.

Por eso ha vuelto al barrio.

-He oído rumores de que hay material nuevo por las calles.

Hace unos días detuvieron a un camello de poca monta

que trapicheaba con esa mierda.

-Con Vlado fuera ha tenido que volver a la calle.

-Es un clásico. Si pierdes a tu mejor cliente,

no tienes más remedio que abrir mercado.

Gracias por el contacto.

-Oye, Quintero.

-Dime. -Que esto no es gratis, ¿eh?

En cuanto compruebes el nombre, quiero yo otro.

-Tenemos un trato. ¿Todavía dudas de mi palabra?

-No, no dudo. Pero con Rulfo se te fue la mano.

-No empieces otra vez.

Ya te he dicho que sé lo que estoy haciendo,

así que no te preocupes. Y tranquila, te invito al vermú.

-Y me llamas.

-Lo haré.

-¡Eh!

Si llego a saber que vienes me tomo el vermú contigo.

-Bueno, otro día.

(ASIENTE) -¿Todo bien?

-Sí. Todo bien. Bueno, he seguido tu consejo,

he ganado tres kilos...

Pero estoy mejor.

-Es que en la batalla desamor-helado

siempre gana el helado.

Nos vemos.

-Chao.

-¿Se puede saber a qué viene esto?

-¿A qué viene qué?

-El rollito que te traes con nuestra amiga Eva.

Ahora sois... eso, amiguitas, ¿o qué?

-Bueno, me ha preguntado que cómo estoy

y yo le he dicho que bien, por educación.

¿Para qué ha venido?

-A darme un contacto para seguir buscando a Vlado Khan.

Un tal Éric. ¿Te suena de algo?

-Miralles y Salgado tienen razón.

Se ha llenado el barrio de anfetas.

-Ese tío trabajó casi en exclusiva para Khan

y se ha visto obligado a abrir mercado.

-Pero es que ni sus propios camellos saben quién es.

-Ya. Igual la clave es dar con esa tal Susie,

como ha dicho el comisario.

-Es lo único que le sacamos a Pedrosa.

Dijo que era su proveedora. Es lo más cerca que estamos.

-Espero que deis con ella, y después con él.

-Daniela, los cafés, que tengo un poquito de prisa.

-Perdonadme. Estoy hasta arriba

con la degustación de comida mexicana

y María salió al mercado. Un minuto.

-Ponlos para llevar por si acaso.

(Notificación de móvil)

-Es Gus, que quiere que repitamos esta noche.

¡Qué pereza me da!

-El otro día también te daba y quedaste con él,

en lugar de ir al cine con Iván, como querías.

-Es que iba al cine con una amiga.

¿Qué voy a hacer, sentarme en medio? Quedo con Gus y punto.

-Podrías haber sido más clara.

Él a ti te gusta y tú a él también.

-Y por eso sale con una amiga.

-Él podría decir lo mismo de ti.

-Que no, que nos caemos bien, que tenemos conexión...

Ya está. -¿Nada más?

-A ver, chicas.

Van por cuenta de la casa. Y perdón, ¿eh?

-No te preocupes, que esto ya está pagado.

-Gracias, chicas.

-Venga, sigue contándome lo de Iván. ¿Qué pasa?

-A ver, es atractivo, tiene su punto, pero...

-Pero ¿qué? -Pero es un tío muy complicado.

Es complicado, es orgulloso,

y además nunca da el brazo a torcer en nada.

-Eso no es verdad.

Acuérdate de que se negaba a vivir con Carlos y, al final, mira.

-Eso es verdad.

-Y algo parecido pasó con el tal Ángel.

Iván es buen tío.

-Sí, lo demostró pasando página en ese tema.

-Creo que te gusta más de lo dices.

Deberías hablar con él.

-Pero es que no es tan fácil.

Que es que nunca sé pillarle el rollo a este tío.

Y es un compañero de curro, no quiero fastidiarla.

-Ya. Ese tira y afloja que tenéis que tanto te gusta

no quieres perderlo.

-¡A ti en un interrogatorio no se te pasa una!

(Móvil)

-Perdona, ¿eh?

Dime, Carlos.

"Hola. Hoy habrá un macrobotellón en el parque de la Dehesa".

A lo mejor va Susie o alguno de sus camellos.

"Eso es justo lo que he pensado".

Vale. Pues voy para allá y nos vamos.

Chao. Oye, que me voy.

Hay un macrobotellón y vamos a ver qué se cuece.

-Suerte con eso. -Chao.

-Buenas. -Eh.

-¿Qué tal el día? -Bien, bien.

Estamos detrás de la mafia de cartones de Distrito Sur.

¿Tú qué tal? -Pues hasta arriba.

En qué momento me fui de Galicia, con lo tranquilo que estaba.

-Ahí poniéndote hasta arriba de percebes.

-Nada, es broma. Mi trabajo me encanta,

pero el volumen de trabajo de esta comisaría

no se puede comparar.

Estoy...

Estoy que hoy me iría a tomar algo.

Me vendría bien para desconectar.

-A mí también me pasa. Si me voy directa a casa

me cuesta un rato entrar en modo relax.

¿Qué vas a hacer hoy?

-¿Después del trabajo?

Pues nada.

-Porque han abierto un restaurante hindú en el barrio

y me apetece probarlo.

¿Te gusta la comida india?

-Yo soy más de japo.

-Pues no he dicho nada.

-Pero no sé si me gusta porque no la he probado.

-Pues vamos, si quieres, y la pruebas.

Además hoy es la apertura y hay un 30 % de descuento.

-Pues sería una lástima perder la oferta.

-Venga, va, pues yo reservo.

-Perfecto.

Daniela, ¿me pones un café? -Sí, voy, voy.

-Éric era la persona que fabricaba drogas para Khan.

Lo sé por qué

yo misma consumía sus pastillas.

-Pero ¿llegaste a verlo en persona?

-No, lo conozco de oídas

y de las veces que Khan hablaba con él por teléfono.

-Muy bien. Pues vamos a ver

de qué pie cojea ese tal Éric,

si podemos conseguir hablar con él.

-"¿Quién habla?" -Éric, ¿eres tú?

Soy Fernando Quintero. Te llamaba porque

un conocido común me ha pasado tu número

y quería charlar contigo para proponerte algo.

-"¿Quién te ha dado este número?" -Alguien de confianza,

un amigo que tenemos en común. No te preocupes,

solo quiero verte para charlar de negocios.

-"¿Has dicho Fernando Quintero? ¿El exnarco?"

-Sí, ese soy yo.

Y me gustaría que quedásemos en persona

para hablar de negocios.

Tengo algo interesante que proponerte.

-"No me has dicho quién te dio mi contacto".

-Tranquilo, es alguien de confianza.

Hay mucha gente que tiene tu número, tranquilo.

¿Éric? ¿Éric?

-Ha colgado, ¿no? -Sí.

-Vale, vuelve a intentarlo.

-No, no voy a volver a llamarlo.

Ahora se estará haciendo muchas preguntas para averiguar

si le ha llamado Fernando Quintero

o si ha sido una trampa de la policía.

-Pues ¿qué hacemos?

-Esperar. Eso es lo único que nos queda.

-Pasa. Siéntate ahí.

-¿Vamos a tardar mucho? Tengo un montón de cosas que hacer.

Os pido que no me hagáis perder el tiempo.

No tengas tanta prisa, Fulgencio.

Te hemos pillado comprando cartón a un precio de risa.

¡A ver si voy a tener que regalar el dinero!

No sé qué hago aquí. Ni he robado ni le he hecho daño a nadie.

Pues te lo voy a repetir.

Has comprado cartón

a unos precios por debajo de lo que marca el mercado.

Esa familia lleva años trabajando conmigo.

Saben de sobra que el kilo lo pago a 6 céntimos.

Si no les interesase, no vendrían.

Y respóndeme a una pregunta:

¿a qué precio se lo vendes a las recuperadoras?

No creo que sea asunto tuyo.

Mucha gente de La Pajarera trabaja para ti, ¿verdad?

Sí, y bien orgulloso que estoy.

Soy un emprendedor, pero no olvido de dónde vengo,

y quiero que la gente de mi barrio pueda ganarse la vida.

Pero si trato de lujo a los cartoneros.

¡Pregúntales a ellos!

Les pago en el momento, al contado.

Incluso a veces les presto dinero.

-Pero la gente necesita un sueldo digno, no caridad.

¿O pagarles menos de la mitad de lo que vale el material es justo?

-Yo debo pagar los impuestos, los camiones, el local...

Eso no es gratis.

-Tú te aprovechas de personas en riesgo de exclusión

para tu propio beneficio. ¡Eres un explotador!

-Esto es cosa de Paty, la del bar.

Os ha venido con el cuento.

Pues no, hace tiempo que íbamos tras la mafia de los cartoneros.

Y, sinceramente,

me decepciona haberme enterado de que estás detrás de esto.

¡Pero qué mafia del cartón ni que...!

Soy un empresario que respeta la legalidad

y pago religiosamente mis impuestos.

Mi empresa está inscrita en el registro mercantil.

¡No tengo ni una triste multa de tráfico!

-Tú compras material robado por 6 céntimos

y lo vendes a 14 céntimos o más a las recuperadoras,

que lo revenden en las plantas de reciclaje.

-Cada cual se lleva su parte del pastel.

No, el ayuntamiento pierde dinero con tu negocio.

Yo compro lo que me traen y se lo vendo a las recuperadoras.

Es verdad que no pregunto, pero ellas tampoco.

Ya, ya.

Pero los cartoneros roban el papel y el cartón

de los contenedores del ayuntamiento.

Y eso tú lo sabes aunque no preguntes.

Si ganan poco, que se pongan las pilas como hice yo.

Yo crecí en La Pajarera,

pero en lugar de conformarme me monté un negocio.

He trabajado como una mula para tener lo que tengo

y no me lo vais a fastidiar.

Fulgencio, hazte un favor, cambia ese tonito.

Vosotras no sois quienes para darme a mí lecciones.

-Tienes razón, eso lo va a hacer un juez.

-Estoy harto. ¿Cuánto me va a costar esto?

Estoy harto de estar aquí y me voy a ir a mi casa.

¿A cuánto asciende la dolorosa?

-¡Guarda la cartera, haz el favor, que aquí las cosas no funcionan así!

Vas a ir a disposición judicial.

Y estas historias se las cuentas al juez, a ver si te cree.

Y de momento te va a tocar catar calabozo.

-¡Será posible!

¿Me vais a hacer pasar la noche aquí, a mi edad?

-Sí, a ver si se te bajan los humos.

Venga, conmigo.

-Esto no es de recibo.

Y tampoco lo que has hecho tú, Fulgencio.

Dile a Merinero que tiene visita por hoy.

Merinero, te está entrando trabajo por la puerta. Sube.

¿Qué va a pasar conmigo?

-Te tomaremos declaración,

quedas a disposición judicial y el juez decidirá qué hacer.

-¿Y mi abogado? Quiero ver a un abogado.

Bueno, inspector, agente, ¿quién es nuestra invitada?

Susana Ponte Gotaño.

Supongo que tráfico de drogas.

¿Y cómo quieres que te llamemos? ¿Susana o Susie?

Yo soy la inspectora jefe Miralles

y estoy al cargo de tu caso.

¿Dónde la habéis encontrado? En el parque de la Dehesa.

Oímos que había un macrobotellón y pensamos que habría suerte.

La vimos pasando droga a un chico.

Cuando nos vio salió corriendo. Y cómo corres, ¿eh, Susie?

Paró en una alcantarilla para tirar todo el material que llevaba.

Y esto es lo que hemos conseguido recuperar.

Sí, con esto.

Llevaba mucho grameo. Se estaba dando bien la noche.

La mayoría son billetes pequeños. También llevaba la documentación.

¿Me vas a decir para quién trabajas?

¿Quién te da estas pastillas?

No son mías, ya se lo he dicho a esta gente.

¿Entonces por qué corrías?

Porque me asusté al verlos detrás de mí.

Pero ¿si no habías hecho nada...?

Es que hubo un tiempo en el que me metía

y me acostumbré a salir corriendo.

Pero llevo años sin meterme

y de las drogas no quiero saber nada.

Pues para no querer saber nada

te has convertido en la camello más popular del barrio.

Me temo que esta noche tendrás que pasarla en el calabozo.

Ya estoy aquí, jefa.

Merinero,

llévate a Susana Ponce al calabozo.

Muy bien. Vamos, andando.

Venga.

¿Os ha dicho algo de camino?

Solo ha pedido un abogado.

Pues tenemos que encontrar

al tipo que cocina estas pastillas.

De lo contrario, se seguirán distribuyendo por el barrio.

Buen trabajo, pero es hora de que os vayáis a casa.

Ya me ocupo yo de ella.

Gracias, inspectora. Buenas noches.

Buenas noches.

Pues hala, esto para la mesa 2.

Los últimos tacos de cochinita. -¿Se terminaron?

-¡Sí!

La próxima vez tendremos que hacer una pieza más grande.

-Uf, ha sido un currazo, pero ha valido la pena.

Me da mucho gusto que a la gente le guste.

-Sí. A este paso le tendremos que cambiar el nombre al bar.

-Se va a llamar ¡Viva La Parra, Güey!

-Pues estaría genial, ¿eh?

Lo único que me sabe mal

es que casi nada probó los chiles en nogada.

-Pero lo demás se ha agotado prácticamente.

-Pero es que es casi el platillo más tradicional

de todo lo que preparé.

A lo mejor escogí los chiles muy picosos.

-Pues no te lo quería decir, pero yo creo que sí.

Porque a Dioni, que entra por la puerta pidiendo el tabasco,

se le salían los ojos de las cuencas.

-¡Ay, no!

Claro, se corrió la voz y la gente no se atrevió a probarlo.

-Se ha bebido dos vasos de leche y aun así le lloraban los ojos.

-A ver si no va a querer volver a La Parra.

Con lo majo que es.

-A ese lo convenzo yo con un plato de estofado.

Ese es de cuchara.

¡Daniela!

Hola, María, ¿qué tal? ¿Qué tal?

Tengo que ir a la cocina, ¿vale? Te quedas aquí.

-¿Qué te pongo?

Es que he visto el cartel de degustación de comida mexicana

y me ha entrado la curiosidad.

Bueno, lo que pasa es que ya casi estamos recogiendo.

Pero, si no te entretienes, igual todavía puedes comer.

Pero no me queda cochinita pibil.

¿Ah, no? ¿Se te ha terminado?

Qué bien, ¿no? ¡Menudo exitazo!

La próxima vez vendré antes, así me dará tiempo a probarla.

Apuesto a que estaba deliciosa.

Entonces ¿qué te apetece?

Pues...

ponme para beber una sin y para comer...

algo que no sea muy picante.

Por la noche no me sienta muy bien.

Si tienes alguna recomendación...

Pues sí, mira.

Te recomiendo los chiles en nogada.

Es una receta tradicional mexicana de mi abuela

y están buenísimos.

Perfecto, pues los chiles en nogada.

Oye, Daniela, sé que estás muy ocupada,

pero tenía que pedirte disculpas

porque ayer fui un ridículo. Estoy avergonzado, lo siento.

No pasa nada.

Pruébalos, para que me digas qué te parece.

Es más, me voy a servir yo también para acompañarte.

Claro.

Tengo mucho que aprender de ti, Daniela.

Creo que cualquiera en tu situación

se habría mosqueado mucho. Sin embargo, tú...

Eres la leche, Daniela.

Salud.

A partir de ahora, sin mentiras y sin rencores.

Todo olvidado.

(GIME DÉBILMENTE)

¿Te gusta?

(GIME DESCONCERTADO)

¡Sí!

Sí me gusta, sí.

Está buenísimo, ¿no?

(CONTIENE EL DOLOR) Guau, está espectacular.

¡Qué sabor!

Tienes que darme la receta, ¿eh?

Y un vaso de agua, ¿me darías un vaso de agua?

¿A que el queso crema suaviza un montón?

El queso crema suaviza muchísimo.

El queso crema suave, suave.

Espectacular.

Hacía mucho que no probaba algo así.

(GIME)

Te pongo un poquito más.

No, muchísimas gracias, pero así me he quedado bien

me he quedado lleno.

Además, Iván me ha invitado a cenar y, para una vez que se ofrece,

creo que me voy a ir para no dejarle colgado.

Pero esto estaba delicioso. Muchas gracias, Daniela.

Cuando quieras te paso la receta de esto también.

¡Cuenta con ello! Muchas gracias.

Que pases buena noche.

¿Qué tal, Merinero?

Ábreme la celda de la chica, por favor.

Sí, claro.

(HOMBRE) ¿Aquí se cena, no se cena?

Calladito estás más guapo, Fulgencio.

(FULGENCIO) ¡Hay que joderse!

Susie, ¿cómo te encuentras?

Bien.

Si tienes frío te traemos más mantas.

No, gracias, estoy bien.

¿Has comido algo?

No tengo hambre. Ya le he dicho que estoy bien,

pero me gustaría hablar con mi abogado.

Ya está avisado, mañana podrás verle.

Pero...

yo te aconsejaría que colaboraras con nosotros.

No pienso decir nada sin un abogado delante.

Eso sería lo más prudente en otras circunstancias,

pero en las tuyas...

Te hemos pillado in fraganti vendiéndole droga a un chaval,

en el macrobotellón.

No es verdad. Hay testigos.

Además, te hemos visto tirar la droga a una alcantarilla.

Por cierto, hemos recuperado parte de esa droga

y ya la están analizando.

Claro, que tú y yo sabemos que se trata de anfetaminas.

No he tirado nada, la habrán puesto ellos.

¿Y el dinero que llevabas encima?

Con esa cantidad te podemos acusar de tráfico.

Es que no me gustan los bancos, ¿sabe?

Era todo lo que tenía.

Bueno, si quieres seguir mintiendo, por mí vale.

Pero te vuelvo a decir que es mejor que colabores.

Te puede caer una buena.

Además, seré sincera contigo porque me has caído bien.

Quien verdaderamente nos interesa es tu jefe.

Queremos saber quién te suministra esas pastillas.

No sé de qué me habla, no tengo ningún jefe.

Encubrirlo no te beneficia, porque tarde o temprano

vamos a pillar a otro camello de los suyos

y ese sí que va a cantar.

Entonces tu lealtad no va a servir de nada.

Pero, si colaboras,

eso es algo que siempre te va a beneficiar en el juicio.

No insista, no voy a decir nada.

Vale, como quieras.

Tienes toda la noche para meditarlo aquí en el calabozo.

Valora tu situación.

Mañana volvemos a hablar en el interrogatorio.

¡Ah!

Si quieres avisar a alguien, tienes derecho a una llamada.

No, no hace falta.

¿No quieres avisar a nadie?

Algún familiar, alguien que viva contigo.

No quiero avisar a nadie.

Igual están preocupados.

Ah, ya.

Que no saben a qué te dedicas, ¿no? ¿Es eso?

Mire, eso no es asunto suyo.

Como quieras.

Procura descansar, mañana va a ser un día duro.

(Verja cerrada)

Merinero.

Adelante.

-Gracias. Pero solo una, ¿eh?

que mañana madrugo.

-Te lo prometo.

-Solo una, no te preocupes.

Ponte cómoda. Voy a sacar una cerveza.

La cena ha estado genial, ¿no?

-Sí, sé que el hindú no va a ser mi comida favorita.

Es que tantas especias juntas... No lo entiendo, la verdad.

-Vamos, que no te ha gustado nada. Menudo fracaso.

-Bueno, no, la verdad. Quiero decir que...

que no repetiría el restaurante.

Vamos, ni de coña. Lo único...

que...

que la compañía supera todo lo demás.

-Menos mal. Pensaba que nunca ibas a decir nada bonito.

-¿Por qué dices eso?

-Porque no hay quien te pille.

Nunca sé si estás de buenas o de morros.

-Soy un poco imbécil a veces. -No, hombre.

Lo que pasa es que eres de todo blanco o todo negro.

-Bueno, pero la vida y los años me han enseñado

que todo está lleno de matices y no quiero perdérmelos.

-¿No podrías ser siempre así de majo?

-Pues te prometo que no lo hago aposta.

Soy así, es mi forma de ser.

Supongo que por eso no tengo novia.

Cojo y borde.

Encima de que es cojo, ya podría ser simpático, ¿no?

Soy borde, pero al menos te hago reír.

-Sí, mucho. Y eso es un punto a tu favor.

Odio esas citas en las que el tío intenta impresionarte

para llevarte a la cama. Es patético, vamos.

-Cuando dices eso te refieres a Gus.

-Con Gus tuvimos una relación intermitente,

pero ahora somos amigos.

-¿El otro día no pasó nada?

-Lo digo porque, como siempre que quedáis, al final...

-No, no, no. No ha pasado nada entre nosotros, de verdad.

Ya no hay "feeling".

-Pues qué bien.

-¿Y tú qué?

¿Hay alguna mujer importante en tu vida?

-Pues sí, la verdad que sí.

-Será la chica con la que fuiste al cine el otro día.

-Qué va. No, no...

La chica que me gusta es especialmente guapa,

divertida...

Lo único, que tiene una pequeña manía.

Darme consejos como si fuese mi Pepito Grillo particular.

-Pues menuda pesada, ¿no?

-No, lo hace por mi bien.

-Ya, pues igual deberías lanzarle una señal

porque lo mismo no sabe que te interesa.

-Ella es superlista, es un lince.

No creo que necesite más pistas.

(Llave en cerradura)

Hola, chicos.

Carlos.

(RESUELLA CON URGENCIA)

¿Qué haces, Carlos? Coge un vaso, qué asco.

Necesitaba esto urgentemente.

Pero ¿qué te pasa?

Me arde la boca, me quema el estómago,

y se me sube para el pecho.

Lo mismo te has intoxicado con algo, ¿no?

Fiebre no parece que tengas, pero estás sudando como un pollo.

Gracias, es que no estoy enfermo.

¿Has comido algo...?

¡He comido unos pimientos de...! No me he quedado con el nombre.

En La Parra tenían una degustación de platos mexicanos

y me he ido a coger una tapita...

La más picante para quedar de chulo.

No, que a mí me daba igual,

lo único que quería era hablar con Daniela.

Lo mío con Daniela no tiene solución.

¡Bueno, tranquilo, mañana lo verás de otra manera!

¿Sabes qué es lo mejor para el ardor?

¿El qué?

Cuarto. Irte a la cama, tumbarte... hasta mañana.

-No le hagas caso. ¿Tenéis una infusión o algo?

Sí, aquí.

Una úlcera me va a salir.

No creo que sea para tanto.

Te voy a hacer una infusión digestiva. Siéntate.

¿No te importa? Muchas gracias.

Me haces un favor.

(SUSPIRA)

Me has arruinado la cita.

Tenía que estar ella sentada aquí.

Lo siento, te lo compensaré.

¡Estábamos a punto de besarnos!

(Música pop suave)

-Toma, aquí tienes. -Gracias.

-¿Estás bien? Tienes mala cara.

-Sí, no sé qué me pasa.

Me estoy pillando un trancazo de los gordos.

-Mira, acabo aquí, ocupo tu lugar y tú descansa un poco.

-Venga.

¿Qué tal? ¿Os pongo algo?

-Una birra.

Y una aclaración.

-No he entendido bien. ¿Una cerveza y qué más?

-¿No sabes quién soy? Pues me has llamado tú.

(RÍE)

-¿Tú eres...? ¿Tú eres Éric?

-¿Qué negocios son esos?

-Perdona, es que me ha sorprendido...

que te presentes así de pronto.

Creí que no ibas a venir

después de haberme colgado la llamada.

-No me gusta avisar de mis visitas.

Supongo que esperabas a un tío enorme y mal encarado

pero para eso llevo a este.

Me ha sorprendido tu llamada y quería comprobar

que el auténtico Fernando Quintero quería hacer negocios conmigo.

-Sí, tengo algo muy interesante que proponerte,

en lo que los dos podríamos ganar mucha, pero que mucha pasta.

Pero me gustaría hablar del tema en otro momento

cuando no haya gente por aquí.

-No nos escucha nadie. Dime lo que tengas que decirme.

-Vale, Éric, te pediría que vinieses después del cierre

y así podemos hablar tranquilamente.

-No, soy un hombre muy ocupado.

-Espera, te lo pido por favor.

Quería hablar contigo porque...

me han dicho que estás cocinando

material de primerísima calidad.

-Soy el mejor en lo mío.

-No tengo dudas. Eso me han dicho,

pero no tienes distribución, ¿verdad?

-Tranquilo, pronto mi producto se consumirá por todo el país.

-Eso espero, me alegro por ti si lo consigues.

Pero ¿sabes qué?

Yo te puedo abrir las puertas de Europa,

y te aseguro que ahí es donde está la pasta.

-Hasta ahora me ha ido de miedo sin socios.

¿Es lo que quieres que seamos?

-Sí, sí. No tengo ningún problema en reconocerlo.

Y creo que también te vendría muy bien a ti.

-Sé cubrirme las espaldas. Hasta ahora me ha ido muy bien.

Pero pensaba que ya no te dedicabas al tráfico de drogas.

-Sí, lo dejé un tiempo. Ya sabes... quise llevar una vida honrada,

pero la cabra tira al monte, ¿no?

Lo que te quiero proponer te puede hacer ganar mucho dinero.

-No me fío.

¿Dónde está la trampa?

-No hay ninguna trampa. ¿Por qué piensas que la hay?

-Si he aprendido algo es que aquí nadie te regala nada.

-Y yo tampoco. No te pienso regalar ni un solo céntimo.

Tú tienes la materia prima, yo te ofrezco la distribución.

Se trata de negociar y llegar a un acuerdo en los porcentajes.

¿Te conviene, Éric?

-¿Y por qué quieres ayudarme?

-Porque tras estar un tiempo intentando llevar una vida honrada

ya me he cansado de estar aquí,

poniendo copas a los cuatro niñatos del barrio.

Y, si trabajamos juntos, en un par de años

podemos conseguir suficiente dinero como para retirarme.

-Lo tengo que pensar. -Espera, hombre.

¡Éric, Éric, te lo pido por favor!

Ven y hablamos en otro momento cuando cierre el local,

así charlamos tranquilamente.

-Te he dicho que soy un hombre muy ocupado.

(Música dramática)

-¿Estás bien? -No.

No estoy bien ni va bien todo esto.

Ha estado a punto de morder el anzuelo

y al final se me ha escapado, ¡maldita sea!

Me dijo que no quería avisar a nadie.

Entonces no tiene familia.

Eso le pregunté, pero me dijo que no había nadie

a quien quisiera avisar. ¿Comprendes?

No es que no tenga a nadie, es que si hay alguien...

No quiere que sepa que la han detenido.

Quiero que investiguéis su vida familiar, sentimental...

Lo que sea.

¿Tú no estabas...?

-Ya sé que es pronto para empezar con las cervecitas,

pero es un día especial. Hay que celebrarlo.

-Pues celébralo en otra parte.

Aquí no nos gustan los delincuentes.

-O traéis a mi abogado o no digo una palabra.

Susie, escucha, nosotros no vamos a por ti.

Lo que queremos es sacar esas pastillas de Distrito Sur.

Dinos, por favor, quién te da esas pastillas

o te comerás el marrón tú sola.

(ÉRIC) "He pensado en tu propuesta. Deberíamos reunirnos.

Mi amigo te acompañará".

Ayer me quedé con la sensación de que hay alguien que te importa

y que no quieres que sepa a lo que te dedicas.

Pero si entras en la cárcel es inevitable que se entere.

Lo sabes, ¿no?

¿Denunciaste tú a Fulgencio?

-¿Te ha dicho algo?

-Le detuvieron por robar cartón. Fuiste tú, ¿no?

-Lo siento, pero tiene lo que se merece.

Y que no se queje porque está en la calle a la espera de juicio.

-A quien han dejado en la calle ha sido a nosotros.

Y todo por tu culpa.

-¿Y si lo que he hecho es meterle en otro círculo vicioso peor?

-Eso se te escapa a ti y no es tu responsabilidad.

Tú le has ayudado, ahora es él quien tiene que elegir.

-He escuchado lo que has dicho y he tomado una decisión.

No vuelvas a llamarme. No quiero que nadie se fije en mí.

-No, hombre, espera.

(GIMEN)

-¡Atrás! ¡Atrás!

-Tranquilo. -Pégate a él.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 847

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Servir y proteger - Capítulo 847

26 nov 2020

Miralles confirma que la nueva droga que se mueve en el barrio es la misma que usaba Khan.
Eva da el contacto de Eric, el narco de Khan, a Quintero.
Iván y Lara tienen por fin una cita, pero Carlos se la arruina.

ver más sobre "Servir y proteger - Capítulo 847" ver menos sobre "Servir y proteger - Capítulo 847"
Programas completos (940)
Clips

Los últimos 2.478 programas de Servir y proteger

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios