Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 846 - ver ahora
Transcripción completa

-Christian ha desaparecido. -¿Y dónde puede estar?

-Vive en La Pajarera con su familia.

-Si quieres ayudarme no vuelvas por el poblado.

Tenemos una nueva droga en el barrio.

Le está pasando algo.

Hola, buenas. Policía Nacional, ¿me enseñas lo que tienes ahí?

-¿Qué hace aquí la policía? -Tiene pinta de ser un soplo.

-Eso es Vivancos. Nos la ha jugado.

-¿Seguro que aquí localizo a Vivancos?

-Ayer hablé con él.

-Se sacó ADE con matrícula,

y un máster en Finanzas y Contabilidad en la Busi...

En una universidad del copón de Londres.

-¿Cómo se llamaba el padre?

-Enrique Velasco.

-¡No me fastidies! ¡El Balas!

-Esta noche a las 10:00.

Es el negocio de mi marido.

Por la puerta de atrás.

-¡A Chus se le cruzaron los cables!

¡Él me la jugó y yo solo se la devolví!

-Que sea lejos de aquí.

(Música emocionante)

-Buenos días, compañera. -Buenos días.

-¿Has madrugado o llevas aquí toda la noche?

-He madrugado. Tranquilo, es sano. -¿Con qué estás?

-Preparando la próxima visita a la Srta. Eva Velasco.

-¿Me puedes explicar por qué le das tantas vueltas?

-Porque estoy convencida de que sabe que Abel Cifuentes

es el tercer hombre del atraco y lo está encubriendo.

-¿Recuerdas lo que dijo Salgado?

-Dijo que no corriera, pero no que me quedara quieta.

¿No es raro que dos días antes del atraco

Abel Cifuentes tomara unas copas con Chus Vinuesa?

-¿Eso te lo contó Hanna?

-Sí, y me lo ha corroborado Quintero.

-Si trabajaron en la armería

igual quedaron para recordar viejos tiempos.

-¡Sí, claro!

O para planificar un atraco a la Red Star.

-¿En el Moonlight, delante de todo el mundo?

No van a ser tan patosos.

-¿Qué más da dónde quedaron?

Lo que hay que averiguar es por qué.

-Pero tómatelo con sangre fría, relájate.

-Si crees que voy acelerada,

¿qué hacemos con todo lo que sabemos?

-A ver...

yo no digo que Cifuentes no fuese el tercer hombre,

pero de ahí a que Eva Velasco esté en el ajo...

-En el ajo no sé si está,

pero seguro que fue quien vendió las armas para el atraco.

-Pues si ha salido a su padre no la vamos a pillar,

nunca se pudo demostrar nada.

-Estas cosas no se heredan, Elías.

Pero si Eva Velasco es una novata, solo hay que presionarla

y esperar a que cometa un error.

-¿Y has pensado cómo presionarla?

-Vamos allí y le preguntamos si conoce a los Vinuesa.

Si dice que no es que oculta algo.

-Le decimos que trabajaron para su padre, a ver qué cara pone.

-Vamos, no perdamos tiempo.

-Hola.

Venía justo a hablar con ustedes. -¿De qué?

-Del atraco a la Red Star.

-¿Tiene información nueva? -Sí.

Hoy es la primera vez que publican el nombre de los atracadores.

Chus y Jorge Vinuesa.

-¿Le suenan de algo esos nombres?

-Sí, yo conozco a los hermanos Vinuesa.

-Aquí tienes, rey.

-Entiendo perfectamente que a Miguel no le parezca bien

pero es que me ha dicho unas cosas...

No te puedes ni imaginar.

¡Como si hubiera matado a alguien!

¿Qué? ¿No vas a decir nada?

-Te lo estás diciendo tú todo.

-Unas palabras de apoyo o algo, ¿no?

-Paty, ya te dije lo que pensaba de que hubieras ido a La Pajarera.

Y no he cambiado de opinión.

-O sea que le das la razón a Miguel, muchas gracias.

-No es cuestión de darle la razón ni a uno ni a otro.

Es que las cosas depende de quién las mire.

Tú eres muy "echá" "p'alante", muy lanzada.

Y Miguel está en el papel de jefe, tiene que ser prudente.

-Que sí, que piensas que soy una niñata irresponsable.

-A ver, ¿he dicho yo eso?

No lo he dicho porque no lo pienso.

Tienes razón, perdón, María.

Es que estoy muy sensible con todo esto.

Tú no sabes lo que me dolieron esas palabras.

-Sí, cariño, yo te entiendo.

-A ver, que sí, que la he "cagao".

No lo he hecho bien.

Pero yo solo pensaba en ayudar a Christian, ¿es un delito?

-Claro que no. -Pues eso.

La bronca que me echó fue injusta.

Y, aparte, el tonito ese...

-Bueno, entiende la preocupación con la que se quedaría

cuando le contaste que fuiste allí sola.

-Eso también me fastidia.

Si no estuviéramos enrollados, no se habría preocupado.

-Se habría preocupado lo mismo. -No sé qué decirte.

Me habría echado la bronca igual porque le desobedecí, era merecido.

Pero ese tono, esa actitud tan paternalista y protectora

es que no la aguanto. No me gusta.

-Pues tendrás que hacerle caso, porque es tu jefe.

Y además sabe mucho más de esto que tú.

Y lo que dice será por algo.

-Ya, pero es normal cagarla en el trabajo,

y más al principio.

¿No te acuerdas de la que liaba con las comandas?

-¿Y te acuerdas de las broncas que yo te echaba?

-¿Y tú recuerdas que me escucharas quejarme? A que no.

¡No!

Te escuchaba, reconocía mi error e intentaba que no volviera a pasar.

Y tú no me dabas lecciones de vida

desde el pedestal al que se sube Miguel.

-Para mí ya estás hilando muy fino.

-En resumen, no está bien enrollarse con alguien del trabajo.

Y menos con tu jefe.

Esto no va a acabar bien por mucho que nos gustemos.

-Bueno, no exageres

porque hace dos días estabas encantada con todo.

Qué bien nos llevamos, qué maravilla trabajar con él...

-Otra cosa que me fastidia.

Lo poco que hemos tardado en tener la primera bronca.

-Mira, te voy a poner una de churros.

-Es que no me lo puedo creer. ¡Chus muerto!

-Srta. Velasco, no se sienta intimidada.

Esto no es un interrogatorio.

De hecho, le agradecemos su colaboración.

-"Gracias a ustedes.

Una pregunta antes de empezar".

Querría saber si Jorge está bien. Los periódicos no dan muchos datos.

-¿De qué conoce a los hermanos Vinuesa?

-De toda la vida.

Ellos trabajaban en la armería de mi padre

y yo era una chavalina.

-Y han seguido manteniendo el contacto.

¿Sabía que eran atracadores profesionales?

-Evidentemente no.

Lo que sí sabía es que habían venido a Madrid.

"Después de trabajar con mi padre

vinieron y montaron un negocio".

Y no sé...

Sé que se metieron en algún lío, pero no sé más.

-Nunca les preguntó qué tipo de negocio.

-Pues no.

Si no me lo contaban ellos, yo no soy muy de preguntar.

-Y ¿usted sabía que estaba aquí en Madrid

o se enteró por la prensa?

-No, yo sabía. Vinieron a la mensajería.

Estuvimos... hablando.

Me hizo mucha ilusión. Llevaba tanto sin verlos...

Pensar que era la última vez que vería a Chus con vida...

-¿Y de qué hablaron, de negocios?

-No. Hablamos del paso del tiempo, de la vida,

porque Jorge y yo además habíamos sido novios.

Bueno, novios...

Estuvimos juntos cuando éramos jóvenes.

Y se plantó en el hospital, de hecho, a ver a mi padre,

que le quería un montón.

Le impresionó. No sabía nada de lo del ictus.

-Igual quería tanto al Balas

porque le proporcionaba las armas para sus atracos.

-Yo no sé de qué me está hablando.

(ELÍAS SE TRABA)

-"¿Usted sabía a qué habían venido a Madrid?"

-"No.

Sé que se quedaban en el hotel Novasur.

Y que se iban al día siguiente".

-¿Le contaron algo más? -No.

Nada reseñable.

Yo qué sé... Cuando he visto eso en los periódicos...

Un atraco... Es que... Y pobre Chus.

-La veo afectada.

¿También fueron medio novios Chus y usted?

(Vibrador)

-Mire, no he venido aquí a que me insulten.

-Mi compañera no quería ofenderla.

¿Verdad, oficial?

-¡No! No, no, no. Lo siento.

Y perdone si la he ofendido.

(Vibrador de móvil)

-Salgado.

¿Cómo dice?

Eso es una gran noticia.

-¿Ha sabido algo de Abel? -No.

Le he llamado y sale apagado. Quizás está sin cobertura.

Es habitual en estos sitios.

Pero en cuanto sepa de él, vengo y les cuento. ¿Me puedo ir?

-Sí, por supuesto. Le estamos muy agradecidos.

-Gracias.

José Pedrosa, más conocido como el Napoleón.

Le hemos detenido por tráfico de estupefacientes.

Llevaba anfetaminas.

¿Os ha dicho algo interesante? No, la verdad es que no.

El tipo es un pobre hombre

que trapichea para sus vicios. No le da para más.

¿Y de dónde viene lo de Napoleón?

De una casaca militar. No se la quita ni para dormir.

Está fichado por posesión y un par de multas de tráfico.

¿Sabemos quién es su proveedor?

Proveedora, es una tal Susie.

No está al mando, suministra el material en la zona sur.

Es una especie de intermediaria.

Entonces no sabemos quién es el jefe, ¿no?

¿Alguna idea de por dónde empezar?

Napoleón, Napo, como le conocen en la calle,

dice que piensa que el jefe puede ser la misma persona

que cocina la meta.

Pero de cuál es su nombre o dónde encontrarle...

de eso no tiene ni idea.

Pero sabrá cómo localizar a la tal Susie.

Tampoco. Ella se pone en contacto con ellos.

Este tío sabe que con la cantidad que le hemos pillado,

el juez le va a dejar libre.

No ha dicho mucho, la verdad.

Pero nos ha dado un detalle interesante:

que esta Susie puede que haya sido una yonqui.

Hemos hecho un retrato robot.

Esto es lo que tenemos.

Pues hay que ponerse las pilas.

Os vais inmediatamente al polígono

y preguntáis a los consumidores habituales

si conocen a esta tal Susie.

Y también preguntad en el Samur Social

y en los centros de atención a drogodependientes.

Si es exyonqui, es probable que la conozcan.

Perfecto.

-¿Qué pasa, maestro? -¿Cómo te trata la vida?

-No me falta ni el trabajo ni los clientes. No me quejo.

-¿Tu hijo bien? ¿Qué tal los estudios?

-Pues ahí va.

A ver, que no va mal. Está atascado con el inglés.

Estoy ahorrando para mandarlo este verano a Irlanda.

-Es importante que estudie. Lo digo por experiencia.

Yo sin haber estudiado Química, a saber qué haría ahora.

Que no acabé la carrera, pero bueno.

Tampoco me van a pedir el título, ¿no?

-¿Me has traído el pedido?

-A tus pies, debajo del banco.

-Quieta. Lo coges cuando me vaya.

-Vale, perdona.

He cocinado póker para una temporada. Vende muy bien.

La gente ya empieza a pedirlo por su nombre.

-A la peña le molan tus pastillitas.

-Que no se jodan las cosas por culpa del Napo.

-Tío, tú tranqui. Si no sabe nada.

Aunque hablara no podría salpicarte.

Yo nunca le cuento nada.

-¿Seguro? -No tiene ni mi número de teléfono.

Le he vendido, pero siempre le contacto yo.

Lo tengo muy controlado.

-Sí.

Sí.

De acuerdo, muchas gracias.

Los de Distrito 2 han encontrado un pasamontañas

a 400 metros de donde apareció Victoria Castaño.

-Podría tratarse del asesino.

-No le pega ser tan descuidado. -Tenía restos de sangre.

Piensan que podría ser de Victoria Castaño

a consecuencia del disparo.

-Quizás haya cometido algún error.

-Mañana nos dirán algo más. Vamos con el tema que nos ocupa.

Alonso, que sea la última vez que le faltas al respeto

a un ciudadano que acude voluntariamente.

-Ah, ahora resulta que Eva Velasco es una ciudadana ejemplar.

¿No la ha visto?

Ha estado haciendo teatro.

Sabía que íbamos a por ella y ha venido a hacernos la escenita.

¡Por favor, es muy lista!

-¿Tú qué opinas?

-Es una tía bastante dura y su padre no era un santo.

Creo que sabe más de lo que dice.

Necesitamos evidencias, solo tenemos sospechas.

-Yo creo que no.

A ver, Abel es la mano derecha de su padre.

Los Vinuesa, amigos de toda la vida.

No lo digo yo, lo ha dicho ella. Blanco y en botella.

¿De verdad tenéis alguna duda de que Abel es el tercer hombre,

y de que fue él o Eva quienes proporcionaron las armas?

-Alonso, todos hacemos cábalas y tenemos nuestros sospechosos.

Pero necesitamos pruebas.

No podemos dar nada por seguro aunque lo veamos claro.

-Pues para ver si tengo razón

la única solución es vigilarla, ¿no?

Y, si nos autorizan escuchas, mejor.

-No hay indicios para que autoricen nada.

-Necesitamos más que simples sospechas,

por muy claro que lo tengamos.

-Y no quiero que actúes por tu cuenta.

No quiero más problemas.

(Móvil)

Salgado al habla.

-Oye, podrías apoyar un poquito, ¿no?

-Si te estoy apoyando.

Quedamos en presionar a esta tipa

a ver si la pillábamos en un renuncio.

Pero tú es que has ido a por ella como un miura.

Mira el resultado. -De acuerdo.

Como os decía, no podemos ir de frente a por ella.

Tenemos que ser más listos.

A sí que pico, pala y paciencia. Es lo que hay.

¿Algo más? -Nada más, Alonso.

-Vale.

-¿Qué le pasa a tu compañera? ¿Qué tiene contra Velasco?

-No le pasa nada, es así.

Se toma su trabajo con seriedad.

-Parece que tiene algo personal contra esa mujer.

-Pues la verdad es que yo la entiendo.

Esa mujer sabe más de lo que dice.

Se tiene que dar cuenta de lo que pasa a su alrededor.

-Puede ser, así que estate al tanto de ella.

No quiero que se meta en ninguna aventura

que tengamos que lamentar.

-Tranquilo.

Y si tiene noticias de Distrito 2, díganoslo.

-De acuerdo, yo te aviso.

-Salgado. -Gracias.

Hola, Claudia, ¿qué tal?

Bien. ¿Y tú cómo estás?

Bien, bien. Oye, muchas gracias por venir ayer.

Solo faltaría. Siéntate. Cuéntame qué tal Jaime y Marcos.

No están muy bien, estaban muy unidos a su abuelo.

Marquitos está destrozado.

Apenas habla, duerme fatal

y hoy no quería ir al colegio.

Menos mal que Jaime le está ayudando mucho.

Es increíble la madurez que está mostrando.

Sí.

Pero ya se ha mostrado protector con su hermano

en otras ocasiones, como cuando falleció su madre.

Pero, escucha, asegúrate de que lo saca todo.

Yo perdí a mi abuelo con esa edad y lo pasé fatal.

Pero no te quiero agobiar.

El tiempo todo lo cura

y son dos chavales muy fuertes y estupendos.

Gracias, Claudia. ¿Por aquí qué tenemos?

Hemos detenido a un traficante de anfetaminas en el Moonlight.

El caso lo llevan Carlos y Paula. Mira qué bien.

Me alegra que tu relación con Salgado sea tan fluida.

Es muy bueno para la comisaría.

Adelante.

Inspectora, ¿son suyas las diligencias de Vlado Khan?

Estaban en la impresora. Sí, gracias.

Escucha, Claudia.

Creía que había quedado suficientemente claro

que el caso de Khan estaba cerrado, al menos para nosotros.

Quedó claro.

Lo que pasa es que creo que el caso de las anfetaminas

tiene que ver con él. Si puedes, te lo explico.

Adelante.

Estas son las diligencias del registro que hicimos

en uno de los pisos de Vlado Khan.

Allí incautamos una gran cantidad de anfetaminas.

Las tenían a disposición de los clientes y las chicas.

¿Y qué relación tiene esto con la investigación actual?

Creo que puede tratarse del mismo proveedor de anfetaminas.

Verás.

Estas son las anfetaminas que llevaba el chico

que detuvimos en el Moonlight.

Tienen una forma un tanto curiosa, de picas.

Estas las llevaba otra de las traficantes.

Rombos.

O diamantes de la baraja francesa.

Y las que incautamos

en el registro al piso de Vlado Khan...

Corazones.

Corazones, diamantes y picas.

Ya son tres palos de la baraja.

Por eso creo que las cocina la misma persona.

Podría ser, tiene mucho sentido.

De hecho, nunca dimos con el proveedor de Khan.

Mi teoría es que ese proveedor,

al quedarse sin su principal cliente,

porque ha desaparecido Vlado Khan,

se ha visto obligado a venderlas en la calle,

a sacarlas al mercado.

Hay que estar seguros de que es la misma droga

y no solo una coincidencia.

Pide a Laboratorio un análisis de las tres partidas de droga.

Por supuesto.

Vamos a por ese proveedor.

Hola.

Vengo a por unos folios. -"Ok".

Paty, no los vas a encontrar ahí

porque he reorganizado y los he guardado aquí.

-Ah, vale.

Gracias.

Oye, ¿qué tal fue ayer la reunión con el concejal?

Con todo el lío no te pregunté.

-Bueno, como siempre: palabras bonitas,

muchas promesas, pocos hechos.

Hay que esperar a la respuesta oficial.

-Bueno, la política es así por desgracia.

-Paty,

Paty, me tienes que ayudar, por favor.

-¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? Ven, siéntate.

-Verás, es que no sé a quién contárselo.

-Tómate todo el tiempo que necesites, no hay prisa.

-Bueno, es mi familia.

No tenemos dinero para comer. Anoche nos robaron

y no sabemos qué hacer.

-¿Estáis todos bien?

-No te preocupes.

Os vamos ayudar con el banco de alimentos.

¿Lo habéis denunciado a la policía?

-Habíamos recogido el cartón para venderlo el fin de semana.

Sabemos quién lo ha robado, pero no podemos denunciarlo

porque nos detendrían a nosotros.

-Entiendo.

Tu familia se dedica a robar cartón.

-Mis padres recogían la chatarra que encontraban en la basura.

Pero eso ya no da dinero y ahora vivimos del cartón.

Pero las empresas del ayuntamiento se dedican a recogerlo

y nos estamos quedando sin eso.

-Voy a llamar al banco de alimentos para conseguiros comida.

-Paty, yo ya sé que no te parece bien lo que hago.

Pero me da igual.

Si estoy aquí es por mis hermanos pequeños.

Yo puedo aguantar sin comer,

pero ellos no tienen culpa de ser pobres.

Mala suerte.

-Lo sé.

Ni a ti ni a tus hermanos os va a faltar la comida

y esto te lo juro yo por lo que sea.

Cuéntame algo de ellos.

¿Están bien? ¿Van al cole?

-Claro que van al cole, casi todos los días.

Les ponen deberes y todo. Mira.

-Qué guapo. Vaya ojos, ¿no?

-Este es el Isma.

Es muy futbolero el tío y se le da bastante bien.

Dice que cuando le fiche un equipo nos saca del poblado.

-¡Vaya careto que tienes ahí, colega!

-Sí, un selfi tonto con los colegas.

-Oye...

¿No es la furgoneta de Fulgencio, el chatarrero?

-¿Lo conoces?

-Claro. Es habitual de La Parra.

-Es que antes vivía allí en La Pajarera.

Ahora viene de visita algunas veces, pero, vamos, es un buen tío.

-Sí. Sí, sí.

-El menudeo me pone de los nervios.

Lo mío es cocinar.

Prefiero ganar menos y vivir tranquilo, como antes,

cuando le vendía todo al rumano ese de los prostíbulos.

-Pero, tío, que no te rayes. En serio, confía en mí.

Si la cosa va bien, te vendo más pastis que diez de esos.

Te lo digo.

-Estás hecha toda una emprendedora.

Y estás ganando mucha pasta.

¿Para qué quieres tanto dinero?

-Pues una que tiene sus planes, a ver qué te piensas.

Le he echado el ojo a un local del barrio muy guapo.

Voy a abrir una peluquería.

-¿Eres peluquera?

-Estudié en una escuela muy buena antes de engancharme.

Curré con un peluquero de esos de pasarela.

¿Qué, cómo te quedas?

-Bueno, si has dejado las drogas,

seguro que puedes montar una peluquería.

-Y mira que me he metido caña.

Porque me he metido mucha caña.

Es que las drogas te joden la vida. Son muy chungas.

Así que ahora solo curro.

De algo hay que vivir.

Y como de modelo ya no me quieren...

(RÍE)

-Te voy a ayudar a darle un empujón a tu peluquería.

El finde hay un macrobotellón en el parque de la Dehesa

y solo tú vas a tener mercancía.

¿Cómo lo ves? -¿En serio?

Joder, tío, muchísimas gracias.

-Pero cuando abras tu pelu me debes un corte de pelo.

-Claro, hombre, y los que haga falta.

-Hola. -Hola, guapa.

-¿Están los bocatas?

-Ay, perdona, hemos tenido un aluvión de gente

y se me ha olvidado por completo.

Te los hacemos ahora. -¿De qué los quieres?

-De lomo y de tortilla, por favor. Y dos aguas.

-Sí. -El agua te la pongo yo.

-Gracias.

-María, ¿tienes mesa para dos?

-Sí, cariño, la que quieras. Ahora te la preparo,

que voy a terminar con Lidia.

-Gracias.

¿Qué tal? -Bien. Bien, bien.

Mucho trabajo. Lo de la Red Star se está complicando un poco.

-Yo te he dicho todo lo que sabía del tema,

no puedo ayudar en nada más.

-Bueno, igual sí. Tú conoces a Eva Velasco, ¿no?

-¿La dueña de la mensajería? Viene al bar de vez en cuando.

No es muy sociable.

¿Por qué?

-Por nada, de momento.

Pero confío en tu criterio, tienes buen ojo para la gente.

-No sé, es una tía con mucha personalidad,

de esas que saben lo que quieren.

-¿Y no le ves nada turbio, como si escondiera algo?

-Turbio es mucho decir, ¿no?

No sé, no la conozco tan bien.

-Pues no me dio esa sensación cuando os vi riéndoos en el "pub".

-Me pagan por tener a los clientes contentos.

Tú lo sabes mejor que nadie.

-¿Y a Abel Cifuentes lo has visto por el Moonlight?

-Sí, lo he visto, pero viene menos que Eva.

Lidia, te dije todo cuando me enseñaste la foto.

¿Me estás interrogando?

-No, esto es una charla informal.

Pero si lo ves, avísame, porque lo estamos buscando.

-Lidia, no trabajo para ti. Y no me van esos rollos.

-Hanna, ¿qué tal? ¿Tenemos mesa?

-Sí, la que sea. Ahora nos la prepara María.

-Pues aquí mismo. ¿Nos sentamos?

-Toma, calenticos. Como le gustan a Elías.

-Gracias. Apúntamelo, te lo pago luego.

-Vale. -Chao.

-¿Te ha estado molestando otra vez esa policía?

-Fernando, no tienes que preocuparte por mí todo el tiempo.

He estado toda la vida sola, ocupándome de mí.

-No me preocupo, Hanna, me ocupo.

Quería saber si te había preguntado por ese tal Rulfo,

pero si estabais hablando de vuestros asuntos, no me meto.

-No, no eran nuestros asuntos. Me preguntó sobre Abel.

-No han encontrado a ese viejo, ¿no?

-Y por Eva Velasco.

-¿Crees que sospechan algo de ella?

-Dice que piensa que está metida en cosas turbias.

-Mal asunto.

Es malo que vayan tras Abel y peor que vayan Tras Eva.

Solo nos traerá problemas.

-No creo que tenga nada firme contra ella.

-¡Da igual, da igual!

Eva será mucho más precavida a partir de ahora

y no tendrá prisa en organizar su negocio con la ruta del sur.

Luego tardará mucho más tiempo en darme información

para que encontremos a Vlado Khan.

-Chicos.

Mira, aquí tenéis la carta. O si queréis os canto el menú.

-Yo me lanzo al menú, María.

-¿Y tú, cariño? -Sí, menú también.

-Vale, estupendo. -Venga, gracias.

-Voy a por el coche, que lo tengo aquí a la vuelta.

-No hace falta que me llevéis, puedo ir en bus a la Pajarera.

-Ya, pero queremos llevarte nosotros.

-Estarás contento con todo lo que hemos conseguido.

-Bua, ya te digo.

Sobre todo con los cereales de chocolate. El Isma va a flipar.

Pero lo que más me gustó fue la cena en La Parra.

-Es que la Mari tiene una mano en la cocina...

Oye, cuando tu hermano vuelva a jugar en el barrio,

avísame y le invitamos a comer. -¿En serio?

-Se lo diré a Fulgencio, a ver si le deja.

-¿Y eso, es el entrenador de fútbol?

-No, pero lleva y trae a los chavales,

para jugar los partidos. Es un tío enrollado.

-¿Sí? Me extraña, porque no hace nada gratis.

Se dice que vendía la chatarra por cuatro perras.

-Eso no es verdad. Fulgencio nos ayuda mucho,

a veces hasta nos da dinero.

-Que os da dinero, ¿y eso?

-Por nada. Da igual.

-Nadie da dinero por nada, y menos Fulgencio.

-¿Y dónde está Miguel? Tarda mucho.

-Como me sigas esquivando,

voy a pensar que hay algo turbio tras ese dinero.

-No pienses cosas raras, anda.

-¿Entonces?

-Fulgencio es que nos compra el cartón.

Pero, mira, cuando mi familia anda mal de pasta

nos hace algún adelanto de las compras. Es un tío legal.

-Ya. Hombre, tiene su lógica.

Deja la chatarra para empezar con el cartón

y seguir explotando a la gente.

(Claxon)

-A mí no me explota nadie. Fulgencio es un buen tío

y no nos mira por encima del hombro como hace la gente.

-Pero sí lo hace, se aprovecha de vosotros.

Os paga una miseria por un curro superpeligroso y además ilegal.

-Para ti la vida es fácil: tienes tu casita

y con lo que te sobra ayudas a los pobres.

No sabes cómo vivimos.

Si lo supieras, no nos juzgarías.

-Subíos.

Hola.

Hola, ¿qué tal? ¿Qué te pongo?

Un refresco de naranja, por favor. Y agua.

Vale.

Hace mucho que no pasabas por aquí.

¿Estás malo o algo?

No. Es que tengo mucho trabajo.

Pero no estoy malo, estoy muy bien.

De hecho, la pastilla es para la resaca.

Ah, vale. ¿Resaca?

No te pega nada, y menos entre semana.

¿Celebraste algo?

Sí. Mi mujer, que quiere volver conmigo.

Ah, pues entonces sí que tenías algo que celebrar.

A ver,

no lo celebré con ella.

Estuve de celebración con Iván.

¿No lo celebraste con tu mujer?

Tiene más sentido, ¿no?

Ya, pero...

Bueno, igualmente me alegro por ti, Carlos.

Ya.

Es que no lo he celebrado con ella porque...

aún no le he dicho que sí. Me lo estoy pensando.

¿Cómo? Hace dos días estabas seguro, ¿no?

Bueno, no tanto.

¿Qué tal? ¿Te pongo algo? -Nada, gracias.

Va a ser un minuto. Carlos, te estaba buscando.

Inés, ¿qué haces aquí?

Así nos lo quitamos de encima.

Toma, los papeles del divorcio.

Si estás de acuerdo, firma y los llevamos al notario.

¡Chist! ¿Pasa algo?

Ayer quedamos en que era lo mejor.

(SUSURRA) Ya... ¿No te quieres divorciar?

Sí, sí. ¡Qué prisa tienes!

Ya me has dado los papeles, ¿contenta?

Corre a la notaría a pedir cita.

Ya tenemos cita. Mañana.

Luego te envío un mensaje con la dirección y la hora.

Sé que nos va a costar, pero es lo mejor para los dos.

Ya verás.

-Pues no me parece que tu mujer tenga ganas de volver contigo.

Daniela, perdona.

Soy un idiota.

Un amigo me dijo que a las mujeres os gusta

que los hombres os digan... Es un bocazas.

¿Qué dijo? Que nos gustan los chicos cómo.

Da igual. No sé por qué le hice caso.

Ya, pues...

Daniela, Daniela.

Si hoy no te toca cerrar, quisiera acompañarte a casa

y explicarte todo esto. Mejor te vas a tu casa,

te recuperas de la resaca y de paso le dices a tu amigo,

que parece bastante machista,

y que se guarde sus consejos para él.

No te hace ningún favor, al contrario.

-Buenas tardes. Venía para hacer un envío urgente.

-Lucho, ya atiendo yo al caballero.

Mira que esté todo listo en el almacén y te puedes ir.

¿Adónde?

-Es para ti.

-¿Tantas precauciones para...?

-Parece que te están vigilando

y no quiero que me relacionen contigo.

-Estás paranoico. ¿Qué te hace pensar que me vigilan?

-Que van detrás de ese viejo que tienes como socio

o como guardaespaldas,

y que piensan que lo puedes estar encubriendo.

-Te veo muy bien informado.

-Sé que están haciendo unas cuantas preguntas por ahí.

Concretamente a Hanna. Tienen mucho interés por ti.

Como comprenderás, es lógico que me preocupe, ¿no te parece?

-¿Quién, la oficial Lidia Alonso?

-¿Qué más da quién sea? -No da igual, ¿no te enteras?

Esa lo que tiene son celos.

Le gusta tu camarera y nos vio hablando el otro día.

-¿Os vio hablando dónde? ¿En mi local,

cuando vinieron preguntando por Chus Vinuesa

y por tu socio, Abel?

¿Qué está pasando, Eva? ¿Por qué los están buscando?

¿Son los que hicieron eso en la Red Star?

Dime la verdad, necesito saberlo.

¿Las armas que usaron para ese atraco son las tuyas?

-Yo lo siento en el alma,

pero esta información no se incluye en el servicio de mensajería.

-No pienso moverme de aquí hasta que me lo digas.

-Mira, Quintero,

cada uno lleva su negocio como puede y le da la gana.

Y nunca te he dado permiso para que te metas en el mío.

-Ni yo quiero meterme en tus asuntos, Eva.

Pero comprenderás que a ninguno de los dos

nos interesa tener a la policía rondando por nuestros negocios.

¿No te parece? (ASIENTE)- Me parece.

Por eso a mí que te interroguen por la muerte de Rulfo

tampoco me gusta. Pero son gajes del oficio.

-Ese asunto está cerrado.

Tengo coartada, no tienen nada contra mí.

-Lo mío también está cerrado.

No me pueden asociar con el atraco a la Red Star.

-A ti quizá no directamente,

pero a Abel tarde o temprano sabes que lo encontrarán.

-Te estoy diciendo que no.

¿Qué pasa? ¿Buscas una excusa para romper nuestro trato?

-No, yo no pretendo romper ningún trato contigo.

Pero sabes que no quiero que me salpiquen tus asuntos.

Bastantes problemas tengo encima.

-Pues vas listo.

Porque que no soy una santa lo sabes desde el día 1.

Quiero la ruta del sur,

con las condiciones que acordamos. -La tendrás,

si cumples tú también con las condiciones que acordamos.

Quiero a un contacto que me lleve directamente hasta Vlado Khan

y ya estás tardando.

-Y más que voy a tardar.

Khan no es ningún "aficionao",

así que te toca esperar.

-Esperaré, pero no tengo mucha paciencia.

-¿La discusión con Christian era sobre Fulgencio?

(ASIENTE)

-Creen que Fulgencio es uno de los suyos.

Como se ha criado en La Pajarera...

Y como encima les da dinero cada vez que alguien lo pide,

piensan que es un santo.

-Es que dicho así, la verdad...

-Ve a explicarles que Fulgencio solo quiere asegurarse

de que todo el mundo le vende cartón a él.

Ese es un interesado, solo se preocupa por su negocio.

-Me habían contado pestes de Fulgencio,

pero no sabía que se aprovechara así de la gente.

-Entiendo por qué estuviste callada en el coche.

-No quería decir nada delante de Christian.

Considera a Fulgencio de su familia, otra cosa que me pone mala.

-¿Qué piensas hacer?

-La verdad, no tengo ni idea.

Pero no quiero volver a cagarla.

Ya me ha dicho Christian una vez que no me meta en su vida.

-Es una decisión difícil.

-Ya.

Y lo peor es que, si no le denuncio,

va a seguir aprovechándose de ellos, de Christian y de todo el mundo.

¡No entiendo que puedan aprovecharse así de su propia gente!

-Es un asco, hija mía.

-Encima les obliga a delinquir.

Porque, aunque sea cartón, es robar.

Además del peligro de meter a los críos en los contenedores.

-No entiendo que en pleno siglo XXI, en España,

haya criaturas viviendo en esas condiciones.

Vamos, no hay derecho.

-Y no nos olvidemos de la cuestión de la educación,

de que esos chavales deberían estar en la escuela.

-A sus padres es lo que menos les preocupa.

Con poner un plato de comida sobre la mesa tienen suficiente.

-Pero también es cierto que tienen derecho a aprender,

a estudiar, a tener otras opciones en la vida,

por mucho que sus padres y abuelos se hayan dedicado a la chatarra.

El mundo está cambiando. -Sí.

Y ahora son las grandes empresas las que se ocupan de eso.

No hay espacio para ellos.

Y los padres a estas alturas no van a cambiar.

Pero sus hijos no deberían dedicarse a esto.

-Hombre, no creo yo

que a ningún padre le guste una vida así para sus hijos.

-Es que tendrías que ver con qué cariño

y con qué respeto habla Christian de sus padres.

No me imagino lo que le puede pasar a él y a sus hermanos

si le meten en la cárcel.

-Eso no va a pasar, no te preocupes.

Es difícil que vayan a la cárcel por robar cartón.

Aunque no estaría mal que se llevaran un susto

y vieran el futuro que les están dando a sus hijos.

-¡Yo qué sé! Estoy tan perdida con esto...

Es que quiero ayudarles y no sé por dónde empezar.

Me da pena, porque Christian es muy buen chico.

Debería estudiar y tener una vida decente.

-Eso sería lo ideal, Paty.

Pero si tú le ofreces ayuda y él no la quiere

mucho más no puedes hacer. -Ya.

¿Y tú qué harías?

-No sé. Es tu decisión, no la mía.

-Bueno, pero tendrás una opinión.

-María. Pues sí, la tengo.

Pero preferiría no dártela y que tomes tú la decisión.

-Sabes que así no me ayudas, ¿no?

-Mira, Paty,

tú eres la persona que más confianza tiene con Christian.

Eres la persona que mejor le puede ayudar.

Y seguro que tomarás la decisión correcta.

-O sea, que tú denunciarías.

-Lo que... -¡Vale, vale!

No me lo digas, tienes razón.

Es mi caso. Yo lo soluciono.

-Pero tampoco te agobies. Tienes toda la noche para hacerlo.

Consúltalo con la almohada y mañana me dices.

-Vale.

-Ven aquí, anda.

Que sepas que, decidas lo que decidas, te voy a apoyar.

(Llaman a la puerta)

(SUSPIRA)

-¿Dónde estabas? Te estaba esperando.

-Se ha complicado un poquito la tarde.

-¿Has averiguado algo de Vivancos?

-Solucionado. Olvídalo. -No, de eso nada.

Ese cerdo no se irá de rositas. ¿Dónde está?

(Música sombría)

-"Abel no parará hasta encontrarte.

Le detendrán, y eso no me lo puedo permitir.

-Desapareceré, me iré del país.

-Lo siento. Este es mi negocio.

Y esto es lo que habría hecho mi padre.

Que sea lejos de aquí y que nadie encuentre el cadáver.

-Voy a recoger la furgo".

-En el fondo del barranco de la Rueca.

Con seis palmos de tierra encima.

Montes se encargó. -Te dije que quería hacerlo yo,

quería ver a ese mierda suplicar antes de matarlo.

-Si quieres te cuento cómo fue, pero tampoco es nada épico.

-Si lo tenías claro, ¿por qué no me lo has dicho?

-¡Por favor, ya! Déjate de venganzas, de duelos...

¡Estás herido! ¡Te busca la policía!

Por favor te lo pido.

-Vivancos era cosa mía. -Y mía.

Porque tú me has metido en esto. Vamos, hay que sacarte de aquí.

-¿Crees que no puedo solucionar mis problemas? No eres mi niñera.

-Tú sabes que este no es mi estilo.

Es la primera vez que hago algo así,

y no ha sido fácil.

-Yo no te pedí que lo hicieras. -Pero lo he hecho.

Vamos con el plan.

-Que no quiero que me hagas de niñera, ¿vale?

Solo necesito un coche y munición, ya está.

-¿Y qué quieres, que te deje "colgao"?

Se entera mi padre y me mata a mí.

He hablado con los Carballal. Te vas a Galicia.

Mira qué suerte.

Te está esperando Carrizo abajo,

en el garaje, con un coche.

Te metes atrás, que no se te vea.

Por favor, le dejas conducir a él.

Y esquiváis todas las cámaras de seguridad.

-Lo tienes todo bien atado.

No puedes negar que eres hija de tu padre.

La verdad es que meterme en el atraco fue una cagada

y de las buenas.

Lo que más me jode es dejarte sola con el negocio.

Pero no queda otra.

Aquí no soy más que un estorbo.

(EMOCIONADA) -Venga, no te me pongas ahora ñoño.

Lo que tienes que hacer

es mandarme de Galicia una caja de Godello

y otra de marisco.

-A mi cuenta.

Cuídate mucho, vale.

-Vamos, Carrizo nos espera.

Ha ido todo muy rápido, ha sido como un bofetón.

Y a ella parece que le ha gustado la decisión, que se alegra.

A empezar de cero, tú ya tienes otro objetivo.

Vale. Pobrecillo.

-Pobrecilla yo, que vino y me mintió en la cara.

-Está muy afectado con el divorcio.

-No lo estaba tanto cuando intentaba ligar conmigo.

¡He quedado como un capullo!

Vale, me equivoqué, lo siento.

¡Si con la cobra la cagué, ya no vuelve a hablarme en mi vida!

Te gusta más de lo que dices. Deberías hablar con él.

-Pero es que no es tan fácil.

Yo nunca sé pillarle el rollo a este tío.

Y es un compañero, no quiero fastidiarla.

Los compañeros han determinado que las pastillas

que llevaba Napoleón

contenían las mismas sustancias y en la misma proporción

que las drogas de Vlado Khan.

Eso significa que las fabrica el mismo laboratorio.

Igual podríamos ir a buscar a una tal Susie.

Pedrosa les habló de ella.

Éric.

¿Quién es?

-El que le suministraba las anfetas.

"Paula, hoy habrá un macrobotellón en el parque de la Dehesa".

A lo mejor va Susie o uno de sus camellos.

"Eso es justo lo que he pensado".

Voy a denunciarle.

Creo que es la única manera de pararle.

-Me parece bien.

Mucha gente de La Pajarera trabaja para ti.

Sí, y bien orgulloso que estoy.

Soy un emprendedor, pero no olvido mi origen.

Quiero que esa gente pueda ganarse la vida.

-No, no ha pasado nada entre nosotros.

Ya no hay "feeling".

-Qué bien.

-¿Y tú qué?

¿Hay alguna mujer en tu vida?

Bueno, inspector, agente, ¿quién es nuestra invitada?

Susana Ponte Gotaño.

¿Cómo quieres que te llamemos? ¿Susana o Susie?

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Servir y proteger - Capítulo 846

25 nov 2020

Eva logra que Abel huya de Madrid con éxito.
Paty descubre quién está detrás de la “mafia del cartón” en el barrio.

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  1. SAGRARIO

    Yo me encuentro con una policía así de borde y maleducada y la denuncio. Su conducta es totalmente sancionable.

    29 nov 2020