Servir y proteger La 1

Servir y proteger

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No recomendado para menores de 7 años Servir y proteger - Capítulo 844 - ver ahora
Transcripción completa

¿Me explicáis qué hace aquí la policía?

-Tiene pinta de ser un soplo.

-Eso es cosa de Vivancos. Nos la jugó.

(GRITA)

-¡Llamad a un médico!

"El detenido se llama Jorge Vinuesa".

¿Que viene la poli? Pues tú, relajado.

Y las cámaras de seguridad:

las imágenes en las que salgamos con ellos, bórralas.

¿Sabemos quién dio el soplo?

Díaz ha rastreado la llamada y lo único que ha podido sacar

es que se hizo desde un teléfono prepago

y con número oculto.

-Cabos sueltos.

-Vivancos.

En el tiroteo, Chus y Jorge dijeron que seguro que él dio el soplo.

(ELÍAS) -Quizá ustedes no les vieran con nadie,

pero puede que las cámaras registraran otra cosa.

-Creo que este chico aún no encajó lo de la ruptura con su mujer,

y que sigue enamorado de ella.

Y a lo mejor va para largo.

(RIENDO) ¡Eh!

(Móvil)

Es Inés. Quiere que nos veamos. ¿Y dice para qué?

No, pero es una buena señal. (SARCÁSTICO) Sí.

-El banco lleva meses mandándome mensajes.

Pero está claro que... ya no va a haber solución.

(Música emocionante)

(Sirena lejana)

Parece que te has quedado sin energía. Va a ser un momento.

Vas a ver. ¿Quién es este chaval?

Estaba dentro de un contenedor sacando cartones con más gente.

Sí. Han salido todos corriendo menos él al vernos.

Sí. Se quedó atascado en el contenedor.

No ha podido saltar y meterse en la camioneta con los otros.

Que yo no estaba robando nada, tío. ¿Cómo tengo que decirlo?

Bueno, no lo sé. Quizá me lo puedes explicar otra vez.

¿Qué hacías dentro del contenedor?

Buscaba mi móvil. Se me había caído. (PAULA) -Ya.

Pero el contenedor estaba vacío. Ahí no estaba tu móvil.

-No sé. Se habrá enredado entre los cartones.

Qué coincidencia, ¿no?

Justo cuando estabas sacando cartones,

pasaron unos tipos que te los cogían

y se metieron en una furgoneta que además huyó.

Les vendría bien. Yo qué sé.

-¿Y por qué has intentado escapar cuando te hemos sacado?

-Me agobié. No sabía lo que estaba pasando.

Oye, chaval, en serio:

no hace falta que nos mientas tan descaradamente.

¿Vale? Se nota que conocías a esos tipos.

Que no, de verdad. No les había visto nunca.

-Siéntate, por favor.

Muy bien.

¿Cómo te llamas? -Christian.

-Christian ¿qué más? ¿Apellidos?

-Eso me gustaría a mí saber también.

No tiene ningún documento de identificación.

Dice ser menor de edad, que vive en la calle y sin familia.

-¿Es eso verdad, Christian?

-Pues claro. Llevo una vida muy chunga, ¿sabes?

A mí nadie me ayuda.

Para una vez que ahorro para un móvil,

lo pierdo y encima la policía me detiene.

Que no te hemos detenido. Ya te lo hemos dicho antes.

Has venido para que te identifiquemos.

Uf... -¿Qué te pasa, te duele?

-Nada, no se preocupe. Es un arañazo de nada.

-¿Un arañazo?

¿Me lo dejas ver?

Vale, no tiene mala pinta, pero debería verte un médico.

-¿Un médico? ¿Para qué? Si estoy bien.

Si yo quiero largarme de una vez.

-Espera. ¿Por qué no dijiste que estabas herido?

-Hasta ahora no me había molestado.

-Bueno. Javi, por favor.

Acompaña a este chico al centro de salud.

Que le miren una herida en el costado, ¿vale?

En cuanto pueda, voy.

Venga, Christian.

¿Creéis que dice la verdad, que vive en la calle?

-Yo creo que no.

Lo ha dicho para salir del paso.

O para proteger a los demás.

Tampoco tengo claro que sea menor de edad.

Ya. Bueno, voy a hablar con Asuntos Sociales,

a ver si lo identifico, si tiene familia... No sé.

¿Sí, tú te encargas?

Sí, sin problema. Ya os contaré, ¿vale?

Vale. Genial.

Así podemos seguir patrullando. Tenemos mucho trabajo.

Sí. Miralles nos quiere en los puntos conflictivos

donde se trapichea con droga.

Parece ser que están despuntando

los camellos que empiezan a vender metanfetamina.

Sí, es verdad. Algo había escuchado.

Pues nada, suerte. Gracias.

¿Y a ti qué te pasa? ¿Eh?

No, nada, que me ha escrito Inés.

Quiere que nos veamos esta noche, y seguro que solucionamos todo.

Genial, ¿no? Sí. ¡Sí!

A ver si hay suerte. Seguro que sí.

-Bueno, pues aquí solo hay objetos personales y algo de ropa.

-Sí. Parecen profesionales, sí.

-Pero lo lógico sería dejar el hotel antes de dar el palo.

-Debieron pensar que quedándose registrados en el hotel

con nombres falsos tardaríamos más en rastrearlos.

-Igual pensaron en quedarse un par de días

hasta que todo se calmara.

-Sí. De todos modos, el robo se evitó porque nos dieron un soplo.

Si no, a saber.

-Se habrían salido con la suya.

-De todos modos, a mí me mosquea otra cosa.

-¿El qué? -No sé.

Es raro que las cámaras no lo grabaran.

En algún sitio vería a los Vinuesa.

-Se verían en algún sitio más discreto.

-Os buscaba, compañeros. (ELÍAS) -Inspector.

-Novedades sobre el asalto a la Red Star.

Busqué imágenes cerca del hotel Novasur y tuve suerte.

Una de las cámaras de seguridad grabó a Chus Vinuesa con otro tipo.

¿Os suena de algo?

-A mí de nada. -No, a mí tampoco.

¿Podría ser el tercer hombre del atraco?

-Bueno, podría ser, pero no lo sé.

-¿Es reciente? -Dos días antes del atraco.

-Pues blanco y en botella. Es él.

-Tampoco os vengáis arriba, que esta foto no demuestra nada.

¿Podéis identificarlo?

-Pues me haríais un favor si lo hacéis vosotros.

Tengo mucho curro.

Miralles me ha pedido que revise unas cámaras de seguridad

en busca de camellos de metanfetamina.

-Tranquilo, yo me encargo. Mándamela en formato digital.

-Está en vuestros correos.

-Está usted en todo, inspector. (IVÁN) -Hasta luego.

-Sí. Cierra.

(Ladridos)

-Jefe, ¿tiene un minutito? -Sí, claro, hombre. Pasa.

-Pues... estuve pensando y... sí me interesa el tema.

-¿Qué tema? ¿De qué me hablas?

-De ser el de seguridad en las timbas.

-Ah, hombre. Qué buena noticia.

No lo esperaba. ¿Qué te hizo cambiar de idea?

-Un dinerito extra nunca viene mal.

-Sí. Las timbas funcionan,

siempre que controlemos desmanes como los del otro día.

Pero podemos sacar buena tajada.

-Cuente conmigo.

-Bueno, pues ya hablaremos del asunto.

¿Por qué no vuelves al tajo?

-Habrá que hablar de dinero, ¿no?

-Te he dicho que hablaremos más adelante.

-Me voy a arriesgar mucho, y pensé en una buena parte del pastel.

-Ya me lo suponía, sí. Tendrás un plus.

Obviamente, te lo daré en B.

Eso no puede aparecer en nómina.

-Más que un plus, pensaba en un fijo del total.

-No te embales. Hay muchas variables.

Nunca se sabe de antemano qué se sacará en una timba.

-Usted cobra 1500 a cada jugador, ¿no? Yo quiero la mitad.

-Pero ¿estás de coña? Eso es mucha pasta.

Ángel, yo arriesgo mucho más, como para ir a medias.

-Por menos de la mitad no lo hago.

Arriesgo que me metan en la cárcel. O me dan un navajazo, un balazo...

-A ver, por ese dineral yo contrato a dos o tres mostrencos cada timba.

¿No lo entiendes? -Pero no le conviene

tener gente que pueda chantajearlo con eso.

Usted necesita gente del hotel, de la plantilla, de su confianza.

-Te ofrezco 300 euros por cada jugador.

-Seiscientos.

-Quinientos y ni un euro más. Lo tomas o lo dejas.

-Lo tomo.

-Ahora, si por lo que sea tengo que rebajar las posturas,

tu parte bajará en la parte proporcional.

-Sí, no se preocupe. Intentemos ser honestos.

-Ni soy un avaricioso ni un imbécil. Estate tranquilo.

-Oiga, jefe.

¿Y cuándo es la siguiente partida?

-Ahora no es momento para eso.

La policía vendrá una temporada a hacer preguntas y registros.

Quita, quita.

-Voy a necesitar un adelanto.

-¿No has empezado y ya quieres cobrar?

No funciona así.

-Yo me arriesgo mucho,

y si no lo necesitara de verdad no se lo pediría.

-Y yo te digo que no soy un banco de crédito.

-Pues si no me lo da, no tenemos ningún trato.

-Conmigo rebaja esos humos, ¿eh?

Rebaja esos humos. Si esa va a ser tu actitud,

quizá me piense meterte en las timbas.

¡Y lárgate! Me has puesto de mala leche.

(Móvil)

-Bremón. ¿Cómo va todo?

No sabes cómo lo siento.

No te preocupes. Por supuesto, yo me encargo.

Bien, bueno.

Aquí estamos para lo que necesites. Un abrazo.

-Salgado. -¿Sí?

(LIDIA) -¿Va todo bien?

-Ha fallecido el suegro de Bremón.

-Augusto Contreras. No fastidie.

-¿Lo conociste?

-Sí. Estuvo alguna vez por comisaría. Lo siento muchísimo.

-Ayer le dio un infarto y no han podido hacer nada por él.

Bueno, ¿qué querías?

-Pues creemos que tenemos al tercer hombre.

-Qué rápido. ¿Quién es?

-Se llama Abel Cifuentes García.

-¿Qué pruebas hay contra él?

-Bueno, Iván nos ha conseguido una foto de Vinuesa con este tipo.

-Supongo que será una foto reciente.

-Es de dos días antes del atraco.

Y ya ha pasado por el reconocimiento facial.

-Ya. -Sí.

Nos ha costado afinar, porque la foto que teníamos es de hace 30 años.

-¿Por qué lo detuvimos?

-Por el robo a una vivienda.

Y antes de eso participó en varios delitos,

pero hasta el de la vivienda no se le ha detenido más.

-¿Y seguro que este tipo es el que estaba con Chus Vinuesa?

-Sí, mire.

-Sí. Sin duda, es la misma persona.

Pero ¿qué más tenéis

para relacionarlo con el asalto al furgón de la Red Star?

-Bueno, su grupo sanguíneo

coincide con el del tipo que salió a la fuga en el asalto.

¿No le parece suficiente para interrogarlo?

-Pues ya estáis tardando.

Ah, oye. ¿Sabéis si trabajó antes con los hermanos Vinuesa?

-En el asalto del que hablamos seguro que no.

De esto hace 30 años. Estos dos eran unos pipiolos.

-Ya. -Igual han colaborado después.

No lo sabemos.

-Sí, pero nos parece raro.

-¿Por qué?

-Los Vinuesa llevan sin dar señales de vida

desde hace mucho en España.

Y este tipo sí está aquí afincado.

Tiene un apartamento en el barrio, y trabaja en Mensajerías Velasco.

-No da el perfil del tipo que asalta un furgón blindado.

Aunque... tiene antecedentes por robo.

Podría ser nuestro tercer hombre.

-Quien tuvo, retuvo. Puede ser el típico delincuente

que vuelve a las andadas. (SALGADO) -Muy bien.

Pues venga, rápido a buscarlo a su casa,

y si os da problemas, me llamáis y os consigo una orden.

-Es lo que íbamos a pedirle.

-Y atención, porque es un tipo peligroso.

Si es nuestro hombre, va armado.

-No tuvo ningún problema

en disparar a bocajarro a todo el mundo.

-Al mínimo movimiento, pedid refuerzos, ¿eh?

Y por favor, no os la juguéis bajo ningún concepto.

¿Entendido?

Cuidado.

-No va a necesitar puntos.

Hay que desinfectar esa herida, pero nada más.

Y lo más importante: debes mantener limpia esa zona.

-Ya, jefe. Pues no sé cómo voy a hacerlo,

porque yo no tengo casa ni dónde ducharme. Vivo en la calle.

-Eso se acabó. Servicios Sociales se encargará de ti.

Hoy duermes bajo techo.

Hay que hacer una cura en Enfermería. Chelo.

-Christian.

Hola, Antonio. ¿Qué tal? -Hola.

-Cuéntame. ¿Cómo has visto a Christian?

-Bueno, pues... son unos rasguños, nada más.

Lo importante, que mantenga limpia esa zona.

Si se infecta, mala cosa.

-Ya. Pues a ver si le encontramos una vivienda en condiciones

y puede asearse.

-¿Es verdad que vive en la calle?

-Bueno, no lo sabemos, pero él dice que sí.

-¿Tú qué crees? -No.

Yo creo que vive en un poblado de chabolas y que encubre a alguien.

A alguna de las personas con las que robaba los cartones.

-La herida no importa. Me preocupa su delgadez.

-¿Sí? ¿Y eso? ¿Crees que puede sufrir desnutrición?

-No llegaría a eso.

Pero sí, es preocupante. Creo que está mal alimentado.

-Bueno, pues mientras se deje ayudar, haré que se alimente en condiciones.

¿Y le has encontrado algún signo de violencia, maltrato...?

-No. Aparte de esa herida en el costado, no. ¿Por qué?

-Porque no nos está contando la verdad sobre su vida.

Y si realmente, como pienso, está encubriendo a alguien,

quizá tenga miedo a las represalias.

-Bueno, le he visto una herida antigua mal curada.

Pero tal y como vive, me pareció normal.

-Ya. Mi teoría es que le explotan para robar cartones de contenedores.

-No. No vi signos de violencia. Lamento no poder ayudarte.

¿Y qué va a pasar con él?

-Pues nada, desde Asuntos Sociales y el centro cívico

le están buscando un hogar de acogida.

Y yo intentaré saber quién es, identificarle,

y a ver si encuentro a algún familiar que se encargue de él.

-¿Y si no lo consigues?

-Entonces la Comunidad de Madrid se encargará de su tutela.

Hasta que tenga 18 años y sea mayor de edad.

-Que tenga suerte. Parece buen chico. -Sí.

Yo también lo espero. La verdad, lo parece.

Antonio, gracias por todo. Te mantengo informado.

-De nada, mujer. -Venga, hasta luego.

(ELÍAS) -Buenos días. -Hola, buenas.

¿En qué puedo ayudarles?

-Venimos buscando a Abel Cifuentes. Nos consta que trabaja aquí.

-Así es, sí.

-Pues ¿le puede decir que salga?

-Es que Abel no está.

-¿Ha salido a hacer alguna gestión o...?

-No. Se ha ido de vacaciones, hace tres días.

-Hemos ido a su casa y no estaba. ¿Sabe por dónde puede andar?

-Pues no. La verdad, no tengo ni idea.

De hecho, creo que ni él sabía si se iría de viaje todavía.

-¿No le dijo ningún posible destino?

-No, yo creo que no.

Bueno, le escuché hablar con un amigo algo de Málaga.

Pero... no sé, igual la Costa del Sol.

¿Por qué le buscan?

-Por una investigación en curso.

-Caray, qué amplio eso.

-Podría estar implicado en el atraco a mano armada de un furgón.

-¿De un furgón?

¿Abel? Eso es imposible.

Pero si Abel solo piensa en jubilarse.

-Bueno, igual quería un extra para su retiro.

¿Usted sabía que estuvo en la cárcel?

-Sí, claro. Oí hablar de eso. Cuando era una niña.

Pero Abel cumplió condena. Para eso está la reinserción, ¿no?

-¿Desde cuándo conoce a Abel?

-De toda la vida. Trabajaba con mi padre.

De hecho, mi padre le contrató

porque le pareció un tipo muy listo, muy majo, muy...

-Y usted ha hecho lo mismo.

-Por supuesto. Es un gran profesional.

Y porque además, no es fácil encontrar un trabajo a su edad.

-Pues podríamos hablar con su padre. Igual él sabe dónde está.

-Pues mi padre me temo que no podrá ayudarles.

-Bueno, eso lo decidiremos nosotros, ¿no?

-Le dio un ictus hace tres meses y está en coma.

Pero vamos, si quiere intentarlo...

-Lo siento.

-Supongo que tendrá algún espacio suyo personal,

algún ordenador, o...

-No, personal no. Ese lo usa todo el mundo.

Lo usa Abel también. No tiene una mesa ni...

-Bueno. Aun así, ¿le importa que echemos un vistazo?

-No. No es que me importe, pero no hay nada de Abel aquí.

Y tengo mucho trabajo.

-Pero si no tiene nada que ocultar, no le importará.

-No tengo nada que ocultar. Tengo trabajo.

-Bueno, tranquila, que no seremos mucha molestia.

Igual buscando entre sus cosas

sacamos indicios de dónde está. Serán cinco minutos.

-Pues cinco minutos. Adelante.

-Usted primero.

-¿Qué haces?

(ÁNGEL SUSPIRA)

Aquí, contando los millones de propinas que gané hoy.

-¿Y cuánto hay?

-Mucho menos de lo que querría. No me diga que quiere un porcentaje.

-Déjate de tonterías. Solo quiero saber cuánto es.

-Pues no sé, yo qué sé. Menos de 20 euros, creo.

-Oye, ¿tú has pasado por la habitación 103?

-Estuve acomodando a los clientes. No debía estar ahí para nada, ¿no?

-El cliente que estaba ahí

denuncia que le falta una cartera con 100 euros.

¿Sabes algo del tema?

-Nada.

-Ya. Que yo sepa, eres la única persona

que tiene acceso a todas las habitaciones

y que anda desesperada por conseguir pasta.

-¿Y eso me convierte en un ladrón? -No.

Pero esta mañana reconociste que necesitabas dinero urgentemente.

-Que yo necesite dinero no significa que vaya a robar a nadie.

-Atracaste una gasolinera.

¿No vas a coger una cartera? Venga, hombre.

-Eso fue hace muchísimo tiempo.

Y ya me cansé de explicar que no soy un criminal.

Cometí un error y ya lo pagué.

Ni siquiera me acerqué a la habitación.

(Teléfono)

-Hotel Novasur, buenos días.

Ah, sí, sí.

No. No se preocupe. Todos cometemos errores, claro.

Sí, bueno. No.

Ya está. Todos cometemos errores. Sí.

No, ya le dije:

yo pongo la mano en el fuego por la honradez de los empleados.

A usted, gracias. Buenos días. (CARRASPEA)

Espera un momento, Ángel.

-Es mi hora de comida, jefe. Por lo menos déjeme irme.

-¿Quieres esperarte? Era el de la habitación 103.

Dice que encontró la cartera

en una bolsa de ropa sucia en la maleta.

Nos pide disculpas por la equivocación.

-Qué maravillosa noticia. Igual quien merece disculpas es otro.

-Pues sí. Te pido perdón por desconfiar de ti.

Lo siento.

-Está bien, no pasa nada.

Nada más. Mientras no me eche la culpa siempre que se pierda algo.

-Oye, déjame invitarte a comer.

Aunque sea para compensarte por la metedura de pata.

-No se preocupe, jefe. De verdad.

De momento me alcanza para comprarme un menú. Hasta luego.

(Pasos alejándose)

(ELÍAS RESOPLA)

Por la cantidad de pedidos que tiene aquí,

se ve que le va muy bien el negocio.

-Pues... bueno, sí. No sé, no me puedo quejar.

Para llevar tan poco en el barrio...

Por eso puedo pagar a mis empleados tan bien.

-¿Qué quiere decir con eso?

-Que dudo mucho que Abel necesite ir dando palos por ahí.

-Bueno, eso ya lo decidiremos nosotros.

-¿Puedo?

-Claro.

Pero vamos, que sé perfectamente a quién tengo contratado.

Conozco a mis empleados.

(RÍE) Es que... Abel no puede estar implicado en algo así.

-No sería el primer inocente con doble vida.

-"Doble vida". Es que dice unas cosas que...

Abel en un atraco. Es que no me lo creo.

-Ya, pero lo que usted crea... (ELÍAS) -Bueno...

(CARRASPEA)

Dice que no sabe nada de él desde hace tres días.

-Sí, así es.

Y mira, si se ha ido a Málaga, tiene todo el sentido.

Porque estará... no sé, comiendo espetos en la playa

sin imaginarse lo que pasa aquí.

¿Han probado a llamarle? -Sí, claro. Pero no contesta.

-Lógico. Yo de vacaciones no cojo el teléfono.

Y menos estando en un chiringuito.

-Ya, será por eso. ¿No le consta que haya cambiado de teléfono?

-¿Abel? No. Lleva 15 años con su número.

-Pues muchísimas gracias por dejarnos echar un vistazo.

Si supiera algo de él,

dígale que contacte con nosotros en comisaría.

-Claro. Yo le digo.

(ELÍAS) -Bien. -Estoy deseando que se aclare esto.

-Y nosotros.

Pues muchísimas gracias. -Sí.

-A ustedes.

-Uf. Qué mala pinta tiene eso.

-Tampoco te quejes. Te he traído un menú.

La comida de autor, en otro hotel. Y me harías un favor.

-Tampoco es para que me hables así.

-Para mí es un marrón tenerte aquí. No te estoy alojando aquí por gusto.

-Tú también ganas, que te paga muy bien Eva.

-Vale, pero si algo sale mal, voy a la cárcel.

-¿Ha venido hoy también la poli?

-No, por ahora nos dejan tranquilos con los registros.

Pero cuanto menos estés aquí, mejor.

¿Cómo tienes la herida? -Pues todavía me duele mucho.

Pero no me presiones para que me largue.

-A mí no me hables en ese tono. -¡Te hablo como me da la gana!

Y métete esto en la cabeza: ¡me iré cuando me convenga!

(Puerta)

(Música tensa)

-Hola y adiós. Yo me voy.

-Qué brío, ¿no?

-Aquí tu socio me está tocando las narices.

A ver si tú consigues que se calme, que su humor va a peor.

-Ya lleva un buen rato con la trabajadora social.

¿Sabéis si le queda mucho? -Me imagino que sí.

En los pisos del ayuntamiento ya no hay hueco.

Intentan buscarle otras alternativas.

-Pero tranquilidad. Le encontrarán un sitio, seguro.

-Si os digo la verdad, dudo que el chaval sea sincero.

No creo que viva en la calle, sino en un poblado de chabolas.

-¿Por qué lo dices?

-No sé, es una suposición.

Eso y que conozco a otros chavales que se dedican a esto,

a desvalijar contenedores de cartones.

Y siempre suelen vivir en sitios así: en poblados de chabolas.

-Ya. -Podría ser, sí.

Encontrar a alguien en ese tipo de poblado

es como buscar una aguja en un pajar. (LARA) -Ya.

A ver si investigo

y doy con la situación personal y familiar de Christian. No sé.

-A mí lo que más me llamó la atención fue su mirada.

¿No os parecía como que estaba muy asustado?

-Sí, pero esto confirmaría mi teoría.

Yo creo que le explota una mafia que trapichea con el cartón.

-A ver, yo creo que decir "mafia" es un poco exagerado.

¿No?

-Bueno, sí, mafia no. En realidad son redes.

Son redes donde el único que se lucra aquí

es el tipo que explota a esta gente sin recursos,

les paga cuatro duros por hacer el trabajo sucio

y luego él revende el material por el triple

en las plantas de reciclaje.

-Qué listo. (LARA) -Sí.

-Oye, Lara. Lo que no acabo de entender

es por qué estas plantas, cuando compran el cartón,

no piden un certificado de origen.

-Seguramente lo hagan,

pero ellos pueden decir que el material estaba en la calle.

-Sí, bueno.

Pero eso tampoco es cierto.

La gente está más concienciada.

Lleva el cartón al contenedor. (LARA) -Ya, sí.

Sea como sea, a ver si doy con el final de la cadena.

Pero no será por la ayuda de Christian.

El chaval está cerrado en banda.

-Imagino que le habéis preguntado ya sobre quiénes son sus jefes, ¿no?

-Sí, claro. Yo y mis compañeros cuando le detuvieron.

Le pillaron con las manos en la masa y aun así no suelta prenda.

Incluso niega que estuviese robando.

-Igual con nosotros se suelta más y nos cuenta algo.

¿Qué te parece? -No lo sé. Veremos.

Cuando salga de la reunión, le llevaré a cenar.

-Ah, bien. Pues a ver si tienes suerte

y con el estómago lleno se sincera.

-De hecho, ¿sabes qué?

Voy a bajar y le digo a María que prepare el menú.

¿Te encargas de lo del piso? -Sí. Y miro cómo va la reunión.

-Vale. -Bueno, yo voy a comisaría.

Si conseguís ubicarle en un piso, me lo decís.

-¿Bajas? -Sí. Vamos.

-¿Tú te has vuelto loco? Se te oía desde el final del pasillo.

¡Nos vas a meter en un lío!

-Lo sé, perdona, pero es que estoy de los nervios.

Y este tipejo tampoco ayuda.

-El tipejo este está colaborando.

Así que sé más amable, más agradecido, ¿no?

-Tampoco es un samaritano.

Lo hace por la pasta y porque lo tenemos trincado por las timbas.

-¿Y te voy a explicar yo que todo el mundo en esta vida

se mueve por interés? No. Eso ya lo sabes.

Deja de tirar de la cuerda.

Las cosas se están poniendo mal.

-¿Qué ha pasado?

-La policía fue a la mensajería. Preguntaron por ti.

-No puede ser. -Hombre, claro que puede ser.

Creen que eres al que buscan.

(SUSPIRA) -No puede ser. Si no dejé ni un cabo suelto.

Lo único fue lo del coche robado.

Pero te juro que evité todas las cámaras.

-Lo sé, Abel. Lo sé.

Y de eso se encargó Montes además.

-Entonces, ¿cómo han llegado hasta mí?

-Igual la noche que saliste de fiesta con Chus.

¿Te vio alguien?

-¡Mierda!

Esa noche no tenía ni idea de que acabaría en el atraco.

Y mucho menos que Vivancos se iría de la lengua con la pasma.

-Da igual. Si es que da igual.

La cuestión es que van a por ti.

Y no pararán hasta encontrarte.

Tienes que salir de Madrid.

-¿Cómo?

-No sé.

Pero tendré que pensar en algo, ¿no?

A tu casa no puedes ir.

La han registrado y está vigilada.

(CHASQUEA LA LENGUA) -No me gusta irme y dejarte con el tinglado.

-Pues haberlo pensado antes. Porque te lo dije. ¡Es que...!

La madre que te parió. ¡Cómo sois los tíos!

Todo por demostrar que estás en forma.

¡Tú todavía puedes!

Chus muerto y Jorge en la cárcel.

-Vale, me equivoqué, Eva.

Pero toda la culpa la tiene el Vivancos ese, ¿vale?

Ese tipo debe pagar.

No podemos dejar que se vaya de rositas.

-Y va a pagar.

Pero con cabeza.

No podemos complicar más todo.

-¿Has hablado con Castaña, a ver si sabe algo?

-Ajá. Sí. Me dice que él no tiene contacto desde hace tiempo,

así que me ha dado el teléfono de otro tío y...

Parece que él sí que le ve más.

-¿Le has llamado? -Sí. Hoy he quedado con él.

-¿Y sabes algo más de Vivancos o no?

-Parece ser que además de lo de los atracos,

trabaja de matón recaudando deudas.

Y se me ha ocurrido una cosita.

Yo creo que nos vendrá bien.

-¿En qué piensas?

-Te lo cuento otro día. Te voy a curar esto.

-Eva, muy bien.

Pero yo no me voy de Madrid sin matar a ese miserable.

-Muy bien.

-Tranquilo, que caerá rendida a tus pies.

Vale, Iván, hoy no tengo el cuerpo para tus bromitas, ¿eh?

Un poquito de humor en estos casos nunca viene mal.

Como te tomes muy en serio la reconciliación, vas de culo.

Ya. Lo que tú digas.

Te puso los cuernos con un compañero

en la comisaría donde trabajabais los tres.

Yo la habría mandado a paseo.

Cómo te gusta sacar el temita, ¿eh, Iván?

Lo peor de las historias.

Y tú, que no eres el más indicado.

Te recuerdo que lo estás haciendo fatal con Lara.

Estás siendo retorcido y no vas de cara, como debe ser.

Déjame. Hago lo que puedo.

Yo también hago lo que puedo. Así que déjame tú a mí, ¿vale?

Por favor te lo pido. Y cuando llegue Inés, fuera.

Sí. Cuando llegue Inés, me voy un rato.

Pero no te hagas muchas ilusiones en volver con ella.

Eso déjamelo a mí, ¿de acuerdo?

Porque me ha escrito,

y la conozco. Sé lo que eso significa.

Quiere que volvamos a estar juntos.

(Timbre)

Ya está aquí.

Qué puntual ha sido.

¿Cómo estoy?

Ni Brad Pitt, niño. Estupendo.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

Hola, Inés. Hola, Carlos.

Adelante.

Hola. -Hola.

-Soy Iván, el compañero de Carlos. Por partida doble.

-Lo sé, de piso y de comisaría. Me han hablado mucho de ti.

-¿Sí? Pues nada, un placer conocerte.

-Lo mismo digo.

-Sí, yo me voy, que...

Uy, me voy al cine y llego casi tarde.

Sí. Que tengáis una buena velada, chicos.

Gracias. Tú también pásalo muy bien.

No hace falta que llegues pronto. Te lo agradeceré.

Vale.

Hasta luego.

Chao.

(Puerta cerrada)

Iván...

Bienvenida.

Ponte cómoda. Déjame el abrigo.

Adelante. Estás muy guapa. Gracias.

(CARRASPEA) ¿Quieres tomar algo?

No, gracias. No te molestes.

No, si no es molestia.

Ya había empezado a hacer unos "gin-tonic" de arándanos.

Sé que te encantan.

He pillado unos esta mañana.

Están riquísimos.

Muchas gracias, pero insisto: no era necesario que te molestases.

De verdad, no me hables como si fueses una visita.

Entiendo que el momento es... particular,

pero... estamos bien, Inés.

Estamos bien. Al final ¿qué somos, eh?

Dos personas adultas que han decidido darse un tiempo.

Es lo normal cuando... en una relación se está en crisis.

Pero de las crisis se sale reforzado.

¿No te parece?

Sí, claro.

(SUSPIRA)

No sé tú, pero yo he estado dándole vueltas estos días

a nuestra relación...

(RÍE) ...y solo se me vienen a la cabeza...

momentos bonitos.

Recuerdos... mágicos entre nosotros.

¿No te parece?

Sí, claro. Mejor recordar los buenos momentos.

Exacto. Además, en nuestro caso

tampoco han sido tantos.

Estoy totalmente de acuerdo.

Aunque ahora estamos pasando por una situación...

bueno, un poco aparatosa,

lo más importante lo tenemos.

El resto...

con tiempo lo podremos arreglar.

Bueno, antes de... seguir

me gustaría decirte algo. Sí.

Claro.

Esto ya está, además. Ten.

Salud.

Quien no apoya...

Yo...

quería quedar contigo para mirarte a los ojos

y decirte que...

Bueno, han sido muchos años de relación,

y mereces que te trate con todo el respeto del mundo.

Esta vez me gustaría hacer las cosas bien, Carlos.

Como una persona adulta.

Vale, a mí también.

Verás, la verdad es que...

yo estoy saliendo otra vez con Luis.

(Música melancólica)

¿Cómo? Eso no puede ser. Me dijiste que ya lo habíais...

¿Él no cambió de comisaría?

Sí. Si todo eso es verdad, pidió el traslado.

Pero ya ves.

Nos seguimos gustando. Pero espera.

Mira, te prometo que yo intenté alejarme de Luis todo lo que pude.

Pero eso solo ha servido para saber que lo quiero de verdad.

Y a él le pasa lo mismo.

Con la distancia hemos visto que lo que sentimos el uno por el otro

es más fuerte de lo que creíamos. Por eso quedamos.

Ya, ya, ya.

Perdóname, pero creo que debía ser sincera contigo.

Es lo mínimo que te mereces. Sí, por supuesto.

Desde luego. Carlos.

Si aún tendré que darte las gracias. Yo...

¿Tú qué, Inés?

Solo quería ser sincera conmigo. Querías ser sincera.

Sí. Gracias por tu sinceridad.

Muchas gracias.

(SUSURRA) No sé, yo...

pensé que era lo mejor.

Pues yo creo que lo mejor es que te vayas, Inés.

Vale.

(Puerta abierta)

(Puerta cerrada)

-No acabo de entender por qué no quieres contarme nada.

-Porque yo no sé nada.

-Ya. Oye, si en algún momento quieres cambiar de opinión,

que sepas que tendrías absoluto anonimato.

-Ya, ¿y eso qué es?

-Eso es que nadie va a saber que eres tú quien ha hablado.

-Ah.

-¿Quién os pedía robar el cartón?

-Yo no he robado nada.

-Acaba de cenar, anda.

-Bueno, pues aquí tienes el postre.

-¡Toma, natillas! (MARÍA) -Sí. Son caseras.

Están hechas con mucho cariño.

Pero no sé si te van a caber después de zamparte dos platos.

-No se preocupe, señora. Seguro que me entra.

-Madre mía, qué saque tiene. Estaba desmayado.

-Mucha hambre. No creo que se alimente bien.

Quizá llevaba varios días sin comer.

(Música melancólica)

-No había visto en mi vida comer con tanta ansia como esta criatura.

-A mí me recuerda a después de las prácticas de supervivencia,

que teníamos un hambre horrible.

-Pues a este, aquí al menos, no le faltará un plato de comida.

Cuando tengas que traerlo, tráelo.

-Gracias, María. Apúntaselo al centro cívico.

-Calla. Por un plato no me voy a arruinar.

-No, María. Hay presupuesto para esto y quiero pagártelo.

-Vale. Ya veremos. -María...

(MARÍA RÍE)

(PATY) -Hola.

¿Qué tal? -Bien.

Bien. Christian está terminando de cenar.

Está con el postre. (PATY) -Muy bien.

-Estaba todo buenísimo. Muchas gracias.

-¿Quieres algo más? -Pues de momento no.

Pero que si le sobra algo, puede guardarlo en un "tupper".

-Y mil palabras más. Claro.

-¿Qué tal, Christian?

Ya te hemos encontrado piso.

-¿Sí? (PATY) -Sí.

Está bastante bien. Compartes el baño con dos chicos,

pero tendrás habitación para ti solo.

Y te he traído ropa.

Es de segunda mano, pero está limpita y planchada. Está como nueva.

-¿De dónde la has sacado? -De una ONG del barrio.

Hay cosas muy chulas. Habrá algo que te guste.

Y la mochila para ti.

De regalo. (RÍE)

-Oye, que muchas gracias, de verdad. Me estáis ayudando un montón.

-Hombre...

-Al final, ¿dónde has conseguido que lo lleven?

-Muy cerquita de aquí. En un piso de Ayuda a MENA.

No sé cómo lo hacen, pero encuentran solución a todo.

-Qué bueno. (SUSURRA) -¿Le has sacado algo?

-No, la verdad. Poca cosa.

Tenía mucha hambre, ha cenado, pero hablar, poco.

-Ya. ¿Y si lo intento yo?

-No sé, creo que es un poco tarde.

Mejor llevarlo ya al piso. -Sí.

Tienes razón. Venga, ¿nos vamos? -Sí, vámonos.

Vamos.

Christian.

-A ver, Christian. Aquí tienes.

Te he hecho dos "tuppers". No son sobras.

Esto es pisto murciano, sacado hace un par de horas.

Y unos pinchitos de tortilla. -¡Toma ya!

Oye, que muchas gracias, señora.

De verdad. -No hay de qué.

Ya me contarás si te han gustado. -Claro.

-¿Nos vamos al piso?

-¿Ya nos vamos? (PATY) -Claro.

Tendrás ganas de soltar todo esto, darte una buena ducha...

El médico te dijo que mantuvieras la herida limpia.

-Bueno, sí. Es verdad. (PATY) -Pues venga, vamos.

-Venga.

María. (MARÍA) -Hasta luego.

(PATY) -Chao, María.

-Ya acabé mi turno. Buenas noches. (JOAQUÍN) -Ángel.

¿Aún sigues cabreado conmigo por la metedura de pata?

-No. Está todo bien.

-¿Seguro?

-Sí, ya pasé página, jefe.

-Espera.

¿Puedo preguntarte algo? -Dígame.

-¿Por qué esa urgencia en ganar dinero?

-Cosas mías.

-Pero ¿te ha surgido un imprevisto, quieres comprarte un coche?

-Otras cosas.

-Creo que te he demostrado que puedes confiar en mí.

Sea cual sea la razón por la que necesitas esa pasta, no te juzgaré.

-Mire, si cree que esa pasta es para algo turbio,

por ahí no van las cosas.

Cuando estaba en la cárcel,

mi hermana contrató a los mejores abogados,

y tuvo que pedir un préstamo. 30 000 euros.

-Es un dinero, sí.

-Y entre la mudanza y que le robaron un dinero...

llevamos atrasados unos meses y vamos a ir a juicio.

-Pero tu hermana y tú tenéis un sueldo cada uno.

-Sí, pero apenas da para la renta y para algo de comer.

Mire, yo solo quiero el dinero

para poder pagarle a mi hermana lo que corresponde.

Y ya. -¿Y nadie puede echaros una mano?

No sé, la familia...

-Mi mamá se murió hace un año, y mi familia en México...

digamos que no está para ayudar.

-¿Y tu padre?

-No lo conocí.

Se ve que era medio borracho.

Siempre quise decirle unas cuantas cosas, pero ya me da igual.

-Ya. Ahora entiendo por qué me pedías ese adelanto, claro.

-Sí. -Espera.

Tres mil pavos. Te los descontaré de las próximas timbas.

Hasta que no me paguen seis, no ves un euro. ¿Está claro?

-Muchísimas gracias, jefe. Le debo una.

-No te acostumbres. A lo de los adelantos, digo.

-Gracias.

(Sirena lejana)

(Música de pub)

-¿Seguro que este número es de Vivancos?

¿Seguro? -Sí. Ayer mismo hablé con él.

(SUSURRA) -Ya...

(EVA SUSPIRA)

Gracias.

Tú otra vez.

No me estarás siguiendo.

-Tengo asuntos más importantes.

¿Tú vienes mucho por aquí?

-¿Qué pasa, es ilegal?

-Depende de a qué vengas.

-A lo que todo el mundo a los bares, ¿no?

A beber, a divertirme...

A ver a la camarera que prepara el mejor vermú de Madrid.

-¿Y tu socio tiene los mismos gustos que tú?

¿Suele venir por aquí?

-Yo con mi socio no salgo de copas.

Porque hablamos de copas, ¿no? -Claro. ¿De qué otra cosa si no?

Espero que cumplas tu palabra,

y si tienes información de Cifuentes nos lo digas.

-Soy la primera que quiere aclararlo. -Ya.

(LIDIA) -Hola. -Ahora mismo te atiendo.

-No. No quería pedirte nada.

-¿Y a qué has venido? Ah, a registrar el pub otra vez.

-No. Te quería preguntar por estos tipos,

por si los habías visto.

(HANNA SUSPIRA)

Sí, los había visto.

Hace cuatro días estuvieron aquí de copas.

-¿Cómo te acuerdas con tanta precisión?

-Pues me acuerdo con tanta precisión

porque quedé con una chica pero volvió a dejarme plantada.

Y me tuve que ir a casa.

Pero pregunta a Quintero. Estuvo por aquí. Quizá te ayude.

-Oye, Hanna...

-¿Desde ahora vas a venir aquí solo a interrogarme?

-Fuiste tú la que decidió acabar lo que habíamos empezado.

-Tengo mucho trabajo.

-Hola. -Vaya. Otra vez por aquí.

-Sí, pero no vengo a nada relacionado contigo.

-Muy bien. Pues tú dirás.

-Hanna dice que estos tipos estuvieron por aquí.

Concretamente hace cuatro días.

-Sí.

Estuvieron por aquí.

Vinieron, se acoplaron en una mesa,

estuvieron charlando, bebiendo mucho,

hasta que el más joven salió casi dando tumbos.

¿Por qué, qué pasa? -¿Recuerdas algo más?

-No, bueno.

Salvo que ese más joven

llegó un momento en el que se puso a dar saltos

y a cantar una canción de una banda de estas de rock.

Y al entrar un cliente, Miguel Herrera,

el trabajador social del centro cívico,

tuvieron un encontronazo y casi salieron de gresca.

-¿Y cómo acabó la cosa?

-Bueno, pues el más viejo pagó la cuenta

y se lo llevó de aquí antes de que salieran a hostias.

-¿Te pongo otro vermú? (DUBITATIVA) -No, gracias.

Yo no ahogo las penas de amor en alcohol.

-Oye, pues menos mal que tenemos eso en común.

Si no, estaríamos aquí bebiendo hasta el amanecer.

-Cuando uno bebe, ya se sabe:

hace cosas de las que luego igual se arrepiente.

-Eva, ¿estás intentando ligar conmigo otra vez?

-¿Yo? ¿Qué te crees que soy, un tío?

(HANNA RÍE)

Bueno, mira... Me alegro.

-¿Y por casualidad no les oíste hablar

sobre dar un palo o...? -No.

No. No les escuché hablar de nada.

No pego la oreja en las conversaciones de mis clientes,

la verdad.

-Ya.

Bueno, pues si recuerdas algo más,

pues... ¿nos llamas? -Sí, claro. Como siempre.

Si recuerdo algo, os llamaré. Colaboración con la policía.

-¿Sabes qué hago yo para el mal de amores?

(HANNA RÍE) -¿Qué?

-Tengo una técnica infalible:

comer helado.

Te lo juro.

Aunque últimamente me ha dado por los chips estos vegetales.

Llego a casa y me cuento a mí misma que eso es muy ligero, ¿sabes?

Pero llego y me pongo tibia. Empiezo a comer como una ardilla.

(IMITA ARDILLA COMIENDO)

(RIENDO) Te lo juro.

-Christian ha desaparecido. Se ha ido del piso.

-¿Y sabemos dónde puede estar?

-Parece ser que nos mintió. No vive en la calle.

Vive en La Pajarera con su familia. Nos lo ha dicho su compañero de piso.

-¿Qué es eso, Ángel?

-Mi primer pago de la deuda.

-¿Y de dónde sacaste todo ese dinero?

-De mi trabajo. ¿De dónde si no?

-¿En efectivo?

-Christian es un menor de 17 años, ¿vale?

Que creíamos que era explotado por una red de robo de cartón,

o lo que sea, ¿vale?

Eso es un asunto policial.

-Me lo dices para que no vaya a La Pajarera.

-Te lo digo para que no vayas, porque creo que es peligroso.

-Venga, a tocar el piano.

-Cuidado. Gracias.

¿Qué ha hecho esta?

Agredió a varias personas en el polígono, en el "after".

Me llama la atención la forma de rombo.

Pensó que se las habían robado y por eso lio todo,

pero no las encontraba en sus bolsillos.

Pues no recuerdo yo

que hayamos requisado nunca este tipo de pastillas.

Eso está lleno de niños, María. Está lleno.

Se me ha quedado un mal cuerpo...

-¿Cómo? ¿Tú has estado en La Pajarera?

¿Tú sola?

Esto explica el movimiento inusual de traficantes en zonas de marcha.

Hay una nueva droga de diseño en el barrio.

(IVÁN) Le está... ¿Qué está...? Le está pasando algo.

¿Están trapicheando? Sí.

-Se sacó la carrera de Dirección de Empresas con matrícula.

Tiene no sé cuántas becas.

Y un máster en finanzas y contabilidad en la bus...

Bueno, en una universidad del copón de Londres.

-Mucha formación para montar una mensajería, ¿no?

-Es un poco raro, sí.

-¿Cómo se llamaba el padre?

-Enrique Velasco.

-¡Velasco! ¡No me fastidies! ¡El Bala!

-Vivancos, ¿verdad?

Me han hablado muy bien de su trabajo.

-Me conoce poca gente. Y más vale que siga así.

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Servir y proteger - Capítulo 844

23 nov 2020

Lara, Paty y Miguel intentan ayudar a Cristian, un joven al que han encontrado dentro de un contenedor robando cartones.

Lidia y Elías sospechan que el tercer hombre que participó en el atraco al furgón de la Red Star podría ser Abel Cifuentes y acuden a la mensajería a buscarlo.

Para saldar las deudas de su hermana, Ángel acepta el puesto de vigilante en las partidas de póker.

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